Sí, me he retrasado... pero es que he estado bastante liada.
Espero que os guste el capítulo.
Weeeee MAÑANA Es mi cumpleaños!! No viene a cuento, pero a lo mejor así se os ablanda el corazón para dejarme más rr!!
Un kiss!!
En la oscuridad de mi habitación, busco tu mano y nunca la hallo.
Busco tus ojos entre las centenas de pares que se concentran en el Gran Comedor, pero no es a mí a la que siempre miras.
Sabes mentir e ignoras deliberadamente las súplicas silenciosas que te lanzo entre los murmullos y el rugir de los leones.
Grito, perjuro, reniego de ti y te maldigo… para acabar siempre igual: llorando amargamente por la debilidad y la dependencia que tú me has creado.
El verde siempre ha sido uno de mis colores favoritos, por no decir el que más. En la ropa, en las paredes de mi habitación, en mis ojos… verde siempre ha sido sinónimo de una inusitada alegría. Hoy en cambio, viéndolo alrededor de tu cuello, tú sentado frente a mí y con esa sonrisa insolente no puedo más que lamentarme y odiarle.
Ya ha pasado una semana. Una larga y nada fructífera semana sin cruzar ninguna palabra, escondiéndome y huyendo, resguardándome patéticamente en los brazos de James, rindiéndome a sus besos. Quiero que me odies, tanto o más de lo que ya me odio yo a mí. Necesito que lo hagas. Lo que empezó como un juego, se ha convertido en mi tormento. No quiero verte. No quiero hablarte. No quiero tocarte…
¡Levántate idiota!
¡Levántate y bésame!
-¿Qué quieres, Severus? –tu sonrisa se difumina y la potencia de tu mirada es más de lo que yo puedo soportar.
-¿Que qué es lo que quiero? Bueno, quizás una explicación a tu nueva actitud.
-No sé de que me hablas. –por favor, oye mi mentira.
Ni siquiera soy capaz de mirarte a los ojos. Te las has ingeniado para raptarme en mi camino a mi sala común. Ahora Sirius y James deben estar como locos buscándome. Tu brazo rodeando mi cintura, tu mano con olor a jengibre barato tapándome la boca impidiéndome gritar, tu aliento junto a mi oreja susurrándome que me estuviera quieta y el sabor de tus labios que casi había olvidado. Una semana flagelándome psíquicamente para nada. Una semana atada a la realidad para que me empujaras de nuevo hacia el vacío.
-No me tomes por el idiota que no soy, Evans.
Me rendí al placer de lo prohibido y la adrenalina del pecado. ¿Y para qué? Si solo cuando pronuncias mi nombre vuelve a derrumbarse el falso pilar que me obligué a crear.
-¡Mírame!
No.
No puedo. Lo siento.
-Lily… por favor.
No me supliques, no utilices ese sucio truco conmigo.
No puedes oírme, nadie puede ya hacerlo, pero estoy gritando. Desesperada e impotente. Desesperada por el rumbo que ha tomado este sucio y equivocado juego. Impotente porque ahora, por el sabor salado de las lágrimas en mi boca, sé que yo no soy ni seré jamás la ganadora.
-Pelirroja… -tu mano en mi mejilla me devuelve de nuevo a la realidad, abrasándome y consumiendo mis entrañas.
-No puedo más, Severus. ¿Es que no lo entiendes? ¡No puedo más!
¿Por qué pareces tan sorprendido?
-Creí que esto era lo que tú querías.
Te beso, profundizando el beso, agarrándome desesperada a tu cuello, arrastrándote a mi inquebrantable oscuridad. Saboréala y siéntela. Soledad, anhelo y el inconfundible deseo. Bebe de mí y déjame que yo me refugie en ti. Muéstrame el sentido que soy incapaz de hallar.
-Soy tuya –susurro mientras mi pulso se acelera por el esfuerzo.
-Lo sé, Lily. Lo sé.
Tus labios vuelven a buscarme y tus brazos me aprietan aún más contra tu cuerpo.
-Sé mío, Severus. Solo mío.
Tu respuesta viene en forma de una dura erección contra mi pierna.
-Olvídate de cualquier otra mujer –dudas y te alejas de mí. –No soporto cuando te veo rodeado de otras, cuando ríes con ellas, cuando les diriges las miradas que durante tantas noches han sido mías.
-¿Y qué pasa con James?
-¿Qué pasa con él?
-¿Crees que a mí no me molesta verle todo el día rondándote y babeando por ti? Piénsatelo Lily, cuando dejes de ver a James será cuando yo deje de verme con las otras serpientes. Lo quiero todo de ti Lily y si no lo entiendes por las buenas, te lo haré entender por las malas.
Por fin veo el verde también en tu mirada. Algo dentro de mí despierta y salta, orgullosa. Quizás todo esto estaba planeado desde un principio y ambos estábamos condenados a seguir jugando.
-Celos… -murmullo. Te sonrío. -¿Quién sucumbirá primero?
-Te recuerdo, pelirroja, que el verde siempre ha sido mi color, frío, calculador…
-Mía es la pasión, Severus.
-Lo sé. Esa será precisamente tu perdición.
