He vuelto! Sí!! Ya tenía ganas!!
Mi viaje en Londres, ¡GENIAL!, Con foto cruzando el anden 9 y 3/4 y todo!!
Muchas gracias a todos esos que con sus reviews me alegran un poquito más el día y me animan a seguir escribiendo. Gracias de todo corazón.
Espero que les guste este cap, a mí me ha gustado mucho escribirlo. Para qué engañarnos
A leer!
Lo quiero todo de ti.
Anhelarás mi cuerpo y sucumbirás a la desesperación.
Me lo darás todo o yo me encargaré de arrebatártelo.
Solo en el sonido del silencio y en el sabor de lo amargo lo comprenderás todo.
Y ahí se decidirá todo y sabremos si el ganador será el odio.
-Buenos días.
-Vaya pelirroja, hoy se te ve extremadamente feliz.
Sonrío. Y al contrario de las veces que lo hice en semanas anteriores, hoy mi sonrisa es completamente feliz. Tanto James como Sirius se sorprenden. Sé lo mal que lo han estado pasando teniendo que soportar mis volubles cambios de humor, por eso me he despertado y he llegado a la conclusión de que debería recompensarlos por ello.
Beso a mi novio. Un beso impersonal, pero lo suficientemente disfrazado como para que ninguno sospeche nada y en el ángulo perfectamente estudiado para que quede a la vista de cualquier par de ojos indiscretos que se encienden al vernos. Unos ojos negros, rodeados de plata y de veneno.
-¿Qué tal te fue el entrenamiento de ayer, James? –pregunto resueltamente mientras me llevo un bollo con mermelada a la boca.
-Bien, pero te eché de menos. Algunas chicas se sientan en las gradas y nos ven entrenar, ¿sabes?
-Pues deben de ser unas chicas muy poco ocupadas –replico, sin dar muestra alguna de que me haya percatado de la poca sutileza inscrita en su petición.
-El problemas es que quizás tú lo estés demasiado, Evans. –casi me atraganto por la interrupción del entrometido de Black. Le miro incrédula, ¿son imaginaciones mías o es reproche y suspicacia lo que venía impreso en su voz?
Respiro hondo y trato de serenarme.
-Bueno, no es culpa mía que gente como Berta Hamblin no sean tan magnífica como el dúo Potter-Black y necesiten que otra gente les ayude.
-Sí, ¿pero una Slytherin?
Me levanto enfurecida. James trata de detenerme, pero yo me zafo de su mano como si su mera proximidad me quemara y repugnara a partes iguales. Apoyo mis manos sobre la mesa del Gran Comedor y me inclino indignada hacia el mejor amigo de mi novio.
-Por poco que te guste, Black, mi gama de colores va mucho más allá del rojo y oro que te empeñas en mirar. Tú menos que nadie deberías renegar del verde y el plata. Ya sabes lo que dicen: La sangre siempre acaba por llamar a la sangre.
Salgo del salón antes de que un descuido de James o Remus haga que Sirius se abalance sobre mí, como seguramente estará deseando. Me he pasado, lo sé, pero es él el que me ha buscado y ha acabado encontrando la peor parte de mí. Esa parte que odio y que esta mañana me he propuesto enterrar. Soy incapaz de controlar esa parte, de controlarme a mí misma. La frustración acumulada en mi cuerpo busca ser sanada y en la soledad soy incapaz de lograrlo.
-Sabía que no tardarías en venir.
Ni siquiera se molesta en girarse hacia mí. Apoyado en el lavabo, con el grifo abierto y el agua fría corriendo cañería abajo, no despega sus ojos del espejo frente a él mientras sus manos recorren su rostro. Hay ira en su voz e incluso alguien tan despistado como yo se daría cuenta de la tensión en la que están todos sus músculos.
No es demasiado tarde y sé que alguien podría entrar en cualquier momento y sorprendernos en este baño de la segunda planta tan destartalado. Aún así no retrocedo, sino que mis pies se mueven en sentido contrario a la puerta, atraídos por el dolor de la prohibición y el masoquismo del deseo. Alzo mi mano y cuando ésta le roza el brazo, el hombre, en todo su porte y estatura, se vuelve hacia mí.
-Pero qué demonios… -mis dedos se tiñen de su sangre cuando le acaricio la mejilla.
-¿Esto es lo que querías? –me escupe él, más impactante que dos bofetadas.
-¿Lo que yo quería? –repito aturdida, sin poder apartar mis ojos del corte en su mejilla derecha.
-Está claro que si no le das a esa estúpido neardental que tienes por novio lo que todo hombre necesita, buscará otras formas de descargar su frustración. Y por lo visto yo le parezco un buen saco de boxeo.
De un movimiento brusco, aparta mi mano de su piel. No quiere que le toque, que le ablande, no quiere volverse débil frente a mí. Yo solo quiero tocarle, besarle, curarle y dañarme a mí en el proceso. Un halo de hastío inquebrantable le envuelve y solo deseo que aún, solo yo, siguiera siendo inmune a él.
-¿James te hizo esto? –pregunto estúpidamente. Solo quiero oír su voz, dejar de ser ignorada por él.
-Potter y ese estúpido chucho que le sigue a todos lados, sí.
-Déjame que te limpie eso, sino se te infectará.
Vuelvo a acercarme a él y justo en el último momento el Slytherin se vuelve contra mí como una fiera acorralada. La ferocidad de sus ojos y sus dientes afilados me advierten silenciosamente del peligro que corro estando allí, a merced de su amargura y su rencor. Llegados a este punto, solo mi corazón y mi orgullo podrían salir afectados. Afortunadamente, el orgullo lo perdí en algún punto entre el cuarto de las escobas y el baño de los prefectos. Y el corazón… ¡ja! A la mierda con él, solo ha sabido darme dolor.
-¿Qué quieres, Evans? Di lo que sea y déjame en paz.
-Quiero tantas cosas que no sabría por dónde empezar –respondo, al mismo tiempo que mojo el extremo de una toalla y comienzo a limpiar el rostro polvoriento y magullado de Severus.
-Te lo pondré fácil. ¿Qué quieres de mí? –freno, su mirada me taladra y tengo que hacer uso de las pocas fuerzas que me quedan para mirarle a los ojos.
-Todo –susurro.
-No te oigo.
La indignación comienza a abrirse paso rápidamente por mi rostro. ¿De verdad es necesario que me rebaje tanto?
-Todo –repito. –Lo quiero todo de ti, Severus.
-Pero no puedes tenernos a ambos, Lily. James o yo, tienes que elegir.
Le beso, lentamente, perpetuando el contacto, ofreciéndome poco a poco, avivando sus ansias por mi calidez y mi sabor. Nuestros cuerpos se acercan perezosamente y mi rostro encuentra, al fin, la postura perfecta que me permite profundizar el beso hasta el extremo. Nuestras lenguas danzan y mis labios acarician los suyos con una ternura tan inusitada en mí, que ni yo misma la reconozco.
Ojala este momento durara para siempre.
-Severus… -susurro.
Tardan, pero al fin sus manos se cierran sobre mis caderas. Y ahí se quedan, quietas, sin prisas ni ansias animales de aproximación o necesidades sexuales. Hace tiempo que dejó de ser sexo para convertirse en algo más. Un juego de niños que se tornó dolor y miseria, amor sujeto al odio y al prejuicio de décadas de adolescentes sin más interés que la lucha entre casas. Víctimas de la crueldad y rivalidad de una centena de adolescencias inconclusas y del temor al rechazo de una sociedad intransigente a la mezcla y disolución de la pureza de la sangre.
Niños que querían jugar a ser adultos.
Adultos que desearían volver a ser niños.
-Severus –digo contra sus labios, reacia a separarme de él más de lo estrictamente necesario. –Lo quiero todo, absolutamente todo de ti. Quiero cada latido que tu corazón emita, cada suspiro que se escape de tus labios, cada pensamiento que cruce tu mente. Te quiero para mí, solo para mí. Ser dueña de tu voluntad, protagonista de tus perversiones. Quiero vibrar al son que me marques, bailar sobre el fuego de tus deseos.
-La codicia es un pecado demasiado feo, pelirroja.
-Hemos pecado ya demasiadas veces, Sev, ¿qué importa una vez más?
Volvemos a fundirnos. Sus manos se deslizan habilidosamente bajo mi jersey y mis piernas se entrelazan tras sus caderas. Y allí, a merced de las piedras que todo lo oyen y los posibles ojos que todo lo ven, volvemos a amarnos tan intensamente como si fuera la última vez.
¿Qué? ¿Os ha gustado? Dadle al GO y decidmelo en una review!!
