Y así, le pongo punto y final a uno de los fics a los que más cariño les he cogido. Pena y orgullo se funden maravillosamente en este momento. El Lily/Severus Angst fue la primera pareja de la que hice un fic y con diferencia una de mis preferidas en todo el Potterverso.

A todas las que leen mi fic, espero que este final esté a la altura de sus espectativas y que disfruten leyéndolo tanto o más de lo que yo lo hice escribiéndolo.

Un saludo y muchísimas gracias a todas las que siguieron y apoyaron este fic con sus reviews. Les estoy MUY agradecida.

Espero verlas en futuros fics. Ahora mismo acabo de comenzar un Dramione, en sustitución a este Lily/Sev. Lágrimas de Serpiente, se llama. Pásense por mi perfil y échenle un vistazo, puede que les guste.

Sin más preámbulos....


#LUJURIA

Soy incapaz de dilucidar dónde acaba la fantasía y comienza la realidad…

Dormir significa soñar contigo acariciando mi piel, recorriendo a besos cada centímetro de un cuerpo ansioso por tus caricias y tu calor…

Has convertido un juego en una necesidad, una sed de venganza en un castigo doloroso y personal…

Enemigos ante el mundo, pecadores al amparo del anonimato de la oscuridad y el silencio de cualquier esquina…

Destructivos, orgullosos, hambrientos, celosos, egoístas y perezosos…

Pecadores disfrazados de indiferencia y una estúpida rivalidad entre casas…

Seis pecados que para bien o para mal hoy se alzarán hacia su culmen…

Victoria o destrucción…

Sensatez o locura…

Dolor e incertidumbre, pero sobretodo… Lujuria.

oOoOoOoOoOoOoOoOo

-¿Severus? ¿Dónde estabas? Llevo más de media hora buscándote.

Quizás debería exagerar un poco más. No han sido solo los treinta minutos que llevo dando vueltas por el colegio desde que dejé a James y a Sirius medio borrachos en mi sala común, sino la más de hora y tres cuartos de cena de navidad en el Gran Comedor que he estado esperando como una estúpida a que entraras por las puertas. Lo mínimo que podrías hacer es girarte y mirarte a la cara, no me he recorrido los interminables pasillos para hablarle a tu huesuda espalda. ¿Por qué me haces esto? ¿Te divierte hacerme daño? ¿Qué es lo que ha cambiado desde ayer para que vuelvas a repudiarme como no lo hacías desde hace semanas?

-¿Sev? –nada, sigues sin reaccionar.

Me acerco a ti y te abrazo desde atrás. Incluso con las capas de ropa que llevas soy capaz de notar ese frío glaciar que te caracteriza. Te estremeces tras unos segundos y me alegra descubrir que aún soy capaz de despertar ciertas sensaciones en ti.

La verdad es que me esperaba esta reacción por tu parte. Ya desde niño siempre fuiste bastante posesivo conmigo y sé que estos últimos días no te he dedicado todo el tiempo que te merecías. Estoy segura de que me has visto junto a James, bajo el muérdago y paseando con él a orillas del lago. Aunque no te viera, sentí tus ojos clavados en mí en cada momento que pasamos separados. Conmigo siempre que estaba con James, conmigo en el despacho de Dumbledore, conmigo cuando la sala común de Gryffindor se vaciaba y yo no tenía el suficiente coraje para ir a buscarte, conmigo junto a mi cama en la intimidad que me proporcionaban sus gruesos cortinajes, testigos de mis más perversas necesidades.

-Tengo algo para ti –susurro, obligándote a mirarme de frente por primera vez.

Tampoco es que esperara una gran fiesta por tu parte, pero algo más que tu semblante indiferente puedes estar seguro.

-¿Qué es?

-Ábrelo –te incito y sonrío, esperando ansiosa una nueva reacción.

Algo fugaz cambia en tu expresión en cuanto ves lo que hay dentro del papel de regalo, pero rápidamente vuelves a adoptar ese aire indiferente y despreocupado. ¿A qué viene esa coraza indestructible con la que te has armado hoy?

-No tendrías que haberte molestado –susurras sin devolverme la mirada.

-No ha sido molestia –añado, dándole a mi voz la musicalidad de una felicidad que poco a poco estás apagando.

-Lo digo en serio, no debías de haberlo hecho.

¿Acabas de rechazar mi obsequio de navidad?

-Por Morgana, Severus, ¿qué demonios te pasa esta noche? Creía que te gustaría mi regalo, pero ya veo lo equivocada que estaba. Perdóname por ser una estúpida.

No me puedo creer que hayamos acabado así. ¿Cuándo se transformó mi oferta de paz en una declaración de guerra? Te quito de un manotazo la única foto que tenemos juntos y me doy la vuelta para salir del asfixiante invernadero donde te he encontrado. Tu mano rápida frena mi marcha y aprisiona mi brazo bajo una garra inamovible destilada en veneno y presunción.

-Se acabó, Lily.

-¿Qué? –preguntó incrédula, segura de que debo haber oído mal.

-Lo nuestro, esta farsa de niña buena jugando a ser mala. Termínalo o acabarás siendo mordida por una serpiente.

Tampoco te inmutas cuando te abofeteo con todas mis fuerzas. ¿Es que ya no queda ni un ápice de sangre y arrojo en tus venas? No. Si esto acaba, seré yo la que le ponga el punto y final. Yo lo empecé, te atraje, te incité y te desarmé. Seré yo la que lo acabe, cómo y cuando me plazca, no ese estúpido orgullo masculino que parece haberte golpeado esta mañana.

-No –siseo sin apenas despegar los labios.

-Lo harás, si sabes lo que te conviene, pelirroja.

Algo en tu voz me pone en alerta. Un deje peligroso y una seguridad nada común en ti.

-No –vuelvo a repetir. –Teníamos una apuesta.

-A la mierda con la apuesta –gritas, aumentando la presión en mi brazo. –No lo entiendes, no te lo estoy pidiendo, te lo estoy exigiendo.

-¿Y se puede saber por qué tendría que hacerte caso? –me acerco a ti, dejando mi rostro a escasos centímetros del tuyo. No retrocedes e incluso en mi estado de rabiosa embriaguez soy capaz de notar tu turbación.

-Mañana voy a recibir la Marca.

De todas las respuestas que podrías haberme dado, esta es la que menos me esperaba y la que más me destroza por dentro. Retrocedo, envuelta en dolor y en una fe ciega a un fallo acústico improbable del húmedo invernadero. Mi cara debe de ser todo un poema y cuando llego al máximo que tu agarre me permite, se tuerce en una mueca de dolor.

-¡NO! –grito intentando zafarme inútilmente de tu mano.

-Escúchame Lily, se acabó el juego. Prométemelo y te dejaré libre.

-No, no, no y no.

-Lily escúchame…

-¡No, Severus, escúchame tú a mí! –freno un momento y trago saliva, intentando buscar unas palabras coherentes que respalden la impotencia y el horror que llevo dentro. –No puedes hacerlo, ¿me oyes? Aquel-que-no-debe-ser-nombrado tiene sus malditos días contados. Sus mortífagos o como quieras que os hagáis llamar ahora, no tienen más futuro que un par de años. El Señor Tenebroso caerá y con él todos los estúpidos que lleven tatuada su marca. ¡No eres un asesino! –mis manos se aferran como garras a las solapas de tu túnica. -¡No eres como ellos! No lo hagas, por favor…

-Está decidido –contestas, apartándome el rostro y la mirada.

-¿Es por lo mío con James? Prometo dejarlo ahora mismo si con eso…

-No. No es por lo tuyo con James, tranquila. Es solo que…

-¡Mientes! –contesto, negándome a escuchar una sola más de tus bravuconerías.

-No.

En un acto de desesperación, coloco mis manos a ambos lados de tu cara y de un tirón enérgico la dirijo directamente a mis labios. Tardas en reaccionar, pero el fuego que lleva horas consumiéndome a mí, está empezando a despertar en ti. Tus manos, inertes a tus costados, se dirigen raudas hasta mi cuello. Lo acaricias mientras nos besamos, y conforme va intensificándose la lucha de nuestras bocas, también lo hace la presión sobre mi yugular.

-Sev…

Me separo un instante para recobrar el aliento. Mi vista está nublada por una pasión altanera y vivaracha que me grita hacer más de una locura aquí mismo.

-Voy a amarte, Lily. Por última vez, voy a hacerte mía –tu voz, enronquecida también por unas ansias animales, ahonda en mi ser martilleando peligrosamente mi cerebro y haciendo añicos mi razón.

Mi cuerpo se arquea contra el tuyo, demandando la satisfacción prometida por tus palabras. Cierro instintivamente los ojos cuando tus manos se deslizan lenta y casi dolorosamente por debajo de mi falda. Todo mi ser reacciona al instante por el tan ansiado contacto de tu helada piel. Un suspiro se escapa de entre mis labios antes de que pueda reprimirlo y deseo con toda mi alma poseer la magia necesaria para prolongar este momento para siempre.

-No es casualidad que me hayas encontrado aquí, pelirroja.

Tu voz me llega muy lejana. Algo me dice que lo que estás a punto de decirme es importante de verdad, pero mi frágil psique es incapaz de concentrarse lo suficiente en este momento como para hacerte caso.

-Aquí lo empezaste todo –continúas, mientras tus manos ascienden entre mis muslos, deshaciéndose de la fastidiosa barrera en la que se han convertido mis bragas. -Aquí pronunciaste tú desquiciada declaración de supremacía y poder femenino. Aquí me condenaste a noches en vela y días interminables de deseo y satisfacciones solitarias en los baños de prefectos.

Otro jadeo cuando tus dedos se abren paso hasta lo más íntimo de mi ser.

-Aquí enarbolaste la bandera del poder gryffindoriano frente a la insensatez y el poco control hormonal de un joven obsesionado con su musa inalcanzable. Aquí comenzaste mi transformación de niño a hombre. Aquí me lo diste todo y me arrebataste aún más. Aquí nació mi odio a cualquier ser capaz de tocarte o tan siquiera mirarte. Aquí hiciste crecer mi frustración cada vez que abandonabas mi cama antes de que rayara el alba.

Desabotonas mi camisa, ¿o soy yo la que acaba de hacerlo? Me deshago del sujetador y dejo al descubierto mis pechos con sus pezones duros y ansiosos, dispuestos a que los saborees uno a uno.

-Sí…

Entrelazo mis brazos detrás de tu nuca e intento guiar tus labios hacia ellos, pero de un tirón te libras de mi mandato, dejando claro quién lleva el control esta noche.

-Aquí lo iniciaste todo y aquí será donde yo lo termine.

Con un rápido movimiento, me alzas y me llevas a la mesa más cercana. De un manotazo me libro de los trastos que hay sobre ella y de más de un tubérculo llorón. Me tumbas, desnuda y desamparada sobre el frío tablón de madera. A tu merced, desarmada física y emocionalmente, frente a una escurridiza serpiente que amenaza con destruir la poca sensatez que me queda.

-Hoy volveremos a ser uno, Lily. De una manera tan irrepetible y profunda, que no la olvidarás nunca. Serás mía como nunca jamás lo serás de nadie.

Un grito desgarrador de deseo y frustración.

-Me odiarás por esto. No hoy y seguramente tampoco mañana. Pero llegará un día en el que tu insatisfacción con otros sea tan evidente e incurable que sabrás que este mismo momento fue el culpable de ello.

Antes de darme cuenta, ya estás sobre mí. Desnudo, acariciando mi vientre y saboreando mi cuello. Busco tus labios desesperadamente, como último asidero al que mi cordura puede agarrarse. De un rápido movimiento te fundes conmigo, hundiéndote lentamente en la calidez de mi cuerpo. Tierno, cuidadoso, grabándote a fuego cada una de las sensaciones que ahora mismo recorren nuestro cuerpo.

-Severus… -susurro, clavando mis uñas en tu espalda a medida que aumentan las embestidas. –Oh, Severus… No lo hagas, por favor…

Somos fuego y hielo.

Pasión y desolación, condenados al más incierto y solitario de los destinos.

Necesidad y separación. Piezas en el juego del cruel azar.

-Te amo.

-Feliz Navidad, pelirroja.


¿Qué tal? ¿¿¿Algún Review de despedida???

VOy a extrañarlas.

Una vez más, GRACIAS