Sabaku no Gaara. La chica probó el nombre, haciendo los movimientos con sus labios. No se atrevía a pronunciarlo, simplemente era demasiado vergonzoso.

Sus ojos volvían a estar fijos en el suelo, y luchaba contra la fuerte necesidad de morder su labio inferior viciosamente. Sabía muy bien que ya parecía muy débil de por si, y aquel gesto quitaría toda la dignidad de shinobi que aún le quedaba.

Soy tan débil que no puedo mirarle de frente, ni si quiera eso. Hinata parpadeó un par de veces, resistiendo el impulso de empezar a llorar. ¿Qué he aprendido en todos estos años? ¿Sigo siendo esa misma chiquilla, aquella que era vulnerable a todo?

Pero era tan difícil…

Gaara bajó el lapicero que sostenía lentamente, al tiempo que su mirada subía hacia el rostro de la chica. Este estaba oculto detrás de su cabello, y su cuerpo temblaba ligeramente.

No, no soy aquella chica. ¿Verdad, Neji-nii-san?

El pelirrojo seguía observándole cuando ésta levantó la cabeza, su rostro cubierto de lágrimas que seguían corriendo. La chica ladeó la cabeza con dificultad, y una pequeña sonrisa se formó en sus labios a pesar de que las lágrimas continuaban.

Una sola oración sin titubear, Hinata. Una sola.

Abrió y cerró los labios abruptamente, dejándolos cerrados por un momento. Meneó su cabeza un par de veces, sus cortos cabellos bailando en el aire. Cuando volvió a subir su cabeza miró al chico de frente, y esta vez la sonrisa era mucho más brillante que la anterior.

"Kazekage-sama, ¿Desea un recorrido por nuestro humilde hogar?"

Hinata limpió las lágrimas de su rostro con la manga de su sencillo kimono, y volvió a sonreírle al pelirrojo.

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Hinata caminaba delante, dando descripciones de cada habitación – sus usos, historia y los horarios en los que podrían estar disponibles. Gaara le miró intensamente mientras ésta seguía con su presente descripción – El comedor para los desayunos.

Desde que había comenzado el recorrido la chica no había derramado una lágrima más, y ya no titubeaba. Su voz se volvía diminuta cada vez que le veía, sí, pero ya no paraba en medio de las palabras. El Kazekage se preguntaba la razón para esto. Estaba acostumbrado a que las personas le temiesen, así que esa parte no le era nueva. Pero nunca se esforzaban tanto. Tampoco había conocido a alguien que se dedicase tanto a algo como para olvidarse completamente de él.

¿Cuál era esa sensación que despertaba en él? ¿Asombro? Seguía mirándole atentamente a través de todo el recorrido, prestando atención a todas sus palabras, de vez en cuando haciendo sonidos que denotaran su interés.

La chica paró frente a una puerta, al parecer sin atreverse a abrirla. Volteó hacia él sin mirarle. "Etto – Está vendría siendo su habitación." Paró por un momento, sus dos manos entrelazándose para evitar algún tic causado por su nerviosismo. "Los miembros de la segunda rama de nuestra familia se han esmerado en hacerla digna de usted." Miró a la puerta que seguía distraídamente. "Y… aquella vendría siendo mi habitación, justo al lado de la suya."

Gaara asintió, e hizo ademán de querer entrar a su habitación, a lo cual la chica se quitó de su camino de inmediato. El pelirrojo no se detuvo en apreciar la decoración, simplemente se dirigió a una mesa que había en el lado derecho. Hinata le siguió con la mirada, hasta que este le miró de vuelta. La chica casi dio un brinco al chocar con la intensidad de aquellos ojos, y volvió a ocultar su rostro entre sus cabellos.

"¿No piensas entrar?" Fue lo único que dijo el chico.

"¡Hai!" Respondió la Hyuuga volviendo en sí, y se apresuró en sentarse junto a él en la mesa. Le tomó unos segundos recobrar su voz. "¿Q-Qué le par-pareció el recorrido, K-kazekage-s-sama?"

Volvía a titubear. ¿Sería porque le molestaba estar en una habitación cerrada con él?

Las comisuras de sus labios casi subían en una sonrisa de apariencia sarcástica. "Es el lugar más acogedor al que he ido." Su tono era neutro y monótono, pero algo en este causó que Hinata comenzase a temblar.

La chica apretó sus puños, su mirada fija en ellos. "Kazekage-sama…"

El chico le miró, interesado en saber cual era la causa de aquella nueva muestra de debilidad.

"…no tiene porque ser tan cruel y sarcástico." Susurró la chica, subiendo su mirada hacia él.

La voz de Gaara fue calmada y controlada, cuando musitó la respuesta que dejó pasmada a la Hyuuga.

"¿Qué te hace pensar que no es verdad?"