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Hinata volvió a voltear en su futon, incapaz de dormir. La imagen de Sabaku no Gaara simplemente no le abandonaba.
Esos ojos, tan vacíos y melancólicos, inundaban cada rincón de sus pensamientos. La perseguían, con su triste y neutro ademán.
La chica se levantó, frotando sus ojos. Ya era claro que no podría conciliar el sueño aquella noche.
Kazekage-sama, ¿por qué clase de cosas habrás tenido que pasar? Se preguntó a si misma, teniendo una sensación de frío, sintiéndose inútil. Después de todo, ¿cómo podría pensar en proteger a alguien que podía con toda sinceridad decir que el complejo de los Hyuuga, un lugar tan vacío e hipócrita, era el lugar más acogedor al que ha ido?
La chica recogió sus piernas, abrazando sus rodillas y descansando su barbilla sobre ellas.
¿De qué le voy a servir, Kazekage-sama, si realmente viene el Akatsuki?
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Hinata salió al pasillo a las siete de la mañana, ya vestida en su casual kimono. Se mordió el labio, sin saber que hacer. No tenía la menor idea de cómo dirigirse al pelirrojo a la llegada de un nuevo día.
Después de estar parada en la salida de su propia habitación por unos minutos, la chica se decidió a guardar tradiciones.
Con cuidado de no arrugar el kimono, la chica se sentó en el suelo en frente de la entrada del cuarto del chico. "Kazekage-sama, ¿dónde desea desayunar hoy?" Preguntó, con cuidado de no hablar alto en caso de que el chico siguiese dormido.
Oyó movimientos dentro de la habitación, pasos tan ligeros que de no haber sido una shinobi no hubiese podido oír.
Su voz era cercana cuando respondió, y Hinata se dio cuenta de que el pelirrojo había decidido ir hasta la puerta para responderle, imitando sus acciones. Hinata sonrió, ¿sería que el kazekage tampoco sabía como actuar?
"No tengo preferencias." Había dicho. Podía imaginar perfectamente a su padre y una chica de la segunda rama en una situación parecida, pero estaba segura de que la reacción de su padre sería diferente. Probablemente no respondería de inmediato, y cuando lo hiciera seria desde el interior de la habitación con alguna exigencia.
De alguna manera, el hecho de que el chico no supiese muy bien como reaccionar le animaba- ella no era la única confundida.
Hinata respiró profundo, tomando el valor que le había dado el darse cuenta de que el pelirrojo no era infalible, y en un abrir y cerrar de ojos tomó una decisión diferente a la que tomaría generalmente.
Del otro lado de la puerta, Gaara esperaba la respuesta de la chica. No pensaba que esta fuese a estar preparada tan temprano y mucho menos ofreciéndole desayuno. Acostumbrado a vivir solo, o con personas que hacían las decisiones mundanas por el, el oji-verde se encontró sin saber que hacer ni esperar.
Por tanto, le sorprendió que la puerta se deslizase tan abruptamente, e instantáneamente acumulo su chakra. Toda esta se desvaneció, sin embargo, cuando su mirada encontró a la Hyuuga, a tan solo un metro de distancia de el, sonriendo de una manera tan brillante que le dejo confundido.
Sin la puerta de por medio, Gaara sintió que la chica estaba increíblemente cerca, y aparentemente el miedo era inexistente en aquel momento.
"Que le parece un desayuno en los jardines, Kazekage-sama?"
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