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Hinata caminó despacio, su cuerpo adormecido y su mente rondando lejos.

Este diciembre ya cumples diecisiete.

La chica paró, e inconscientemente llevó su cara a sus manos. Cuando las lágrimas comenzaron a caer, también lo hizo su cuerpo, perdiendo todo su equilibro.

Como si necesitase que me lo recordaras. Hinata se quedó en suelo, como una marioneta cuyos hilos se habían roto, las lágrimas aún rodando por sus mejillas.

Sé perfectamente lo que esto significa para ti, y me aterroriza el pensar que tú sabes lo que significa para mí.

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Hinata vio al Kazekage comer su desayuno con mucho más gusto de lo que parecía haberle dado la cena de la noche anterior. Bueno, no realmente. Quizás el cambio de ambiente le daba esa impresión, puesto que el chico era en aquel momento igual como había sido el día anterior.

Aún así, Hinata sonrió. No importaba si fuese tan solo una impresión, igual hacía que su humor mejorara considerablemente.

"Es un desayuno ligero." Hinata tuvo el impulso de bajar su cabeza, pero lo resistió. Aunque de todas formas no pudo mirarle a los ojos al hablar.

"Hai. Pensé que sería un buen cambio comer solo frutas. La cena de ayer fue pesada."

"Pensaste bien." Dijo el chico, tomando otro pedazo de fruta. "Nunca había probado estos frutos. En Suna, lo único que se pueden encontrar son frutos secos."

Hinata le miró sorprendida. El Kazekage le estaba revelando información personal - cuan mundana pareciese no importaba, seguía siendo información irrelevante y personal.

"Kazekage-sama…" La chica dejó escapar su título sin así premeditarlo.

"Hyuuga-san." Los ojos de la chica se agrandaron, la sorpresa visible. Era la primera vez que el chico le llamaba.

"¡¿Hai?!" La chica se sentó lo más recta que pudo, aunque estaba cabizbaja.

"Si me ibas a llamar por mi título, no te habrías molestado en preguntar mi nombre."

Hinata levantó su cabeza, sorprendida. ¿Era aquella su forma de pedirle que le llamase por su nombre? La chica tragó profundo.

"Ga… Ga… ¿Gaara-sama?" Probó la Hyuuga, en voz baja, su mirada volviendo a estar fija en sus manos.

"¿Hai?" Hinata dejó de mirar a sus manos y cogió el valor para mirarle a la cara.

"¡Gaara-sama!" Dijo ahora con más seguridad, dejando que una pequeña sonrisa adornara su ruborizado rostro.

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