XxXxXxXxX

Gaara siguió a la chica hasta el borde de un bosque. Al parecer aún estaban en la propiedad de su familia. La Hyuuga volteó a mirarle, evidentemente algo incómoda. Como era común, un rubor teñía sus mejillas. "Etto…" Si, realmente estaba incómoda. "Si seguimos en aquella dirección llegaremos."

Gaara asintió, esperando a que la chica le revelara la razón de su incomodidad. Los ojos de la chica se habían activado. "Esto debe de ser suficiente prueba de que uhm, soy Hinata." Murmuró la chica. "Uhm, solo yo puedo llegar allá, Kazekage-sama, así que… etto… tendrá que agarrarse de mí." Con movimientos torpes y tímidos, Hinata tomó las manos del Kazekage y las colocó en su cintura. Colocando sus propias manos en los hombres del chico, Hinata acercó su cuerpo al de él hasta que no hubo espacio entre ambos.

Gaara sintió una sensación rara en sus mejillas y se preguntó si quizás se había ruborizado. En aquel momento todo en el se sentía raro. Jamás había sentido el cuerpo de alguien de aquel modo, y aquello le hacía sentir torpe y vulnerable.

Trató de buscar los ojos de la Hyuuga, con esperanzas de que estos contuviesen las respuestas a las preguntas que tantas nuevas sensaciones incitaban en él. Sin embargo, los ojos de la chica se escondían detrás de su corto cabello.

"Sujétese bien." Fue lo único que ésta dijo, y en un instante estaban en la copa de un árbol. Sintió el chakra de la chica concentrarse en sus piernas y, con una velocidad inhumana, comenzó a moverse de copa en copa. Lo que más le intrigaba a Gaara, sin embargo, era la gracia con la cual lo hacía. Estaba girando, y cuando se movía parecía un baile – una coreografía, un grupo de movimientos precalculados y practicados con dedicación. Gaara perdió la cuenta de cuantos árboles pasaron por debajo de sus pies en aquel minuto, pero estaba seguro de que el número pasaba de los doscientos.

Cuando cayeron al suelo, la chica se separó de él inmediatamente, volteándose para que este no viese su rostro. Su pecho subía y bajaba, y Gaara imaginaba que la chica tendría que estar exhausta. Aquella velocidad era impresionante, y la chica había cargado con ella a otra persona. Su byakugan también había estado activado.

No obstante, el chico estaba equivocado. El pecho de la chica no subía y bajaba a causa del cansancio. Su respiración era entrecortada, pero solo porque estaba totalmente avergonzada. Hinata cerró los ojos tratando de controlarse. En aquel momento se sentía completamente desnuda. No solamente había traído al Kazekage a un lugar tan personal, también le había enseñado parte de sus habilidades y…

…la forma en que sujetaba su cintura se había sentido tan bien…

El simple hecho de que estuviese teniendo pensamientos tan impúdicos hacía que sus mejillas ardiesen.

Hinata tomó unos cuantos segundos más para calmarse. Cuando lo logró, volteó hacia el chico con una débil sonrisa. "Arigatou, Gaara-sama." Dijo, volviendo a voltear. Estaban en una especie de jardín. Sin embargo, este parecía descuidado; las flores crecían sin ningún patrón, la hierba llegaba hasta sus rodillas en algunos lugares, y apenas se podía distinguir el pequeño camino de piedra.

La chica comenzó a caminar a través de aquel pequeño camino, así que Gaara decidió seguirle. Llegaron a un lugar despejado, donde solo habían unos cuantos bancos, cuales mostraban su antigüedad.

La chica se sentó en uno de los bancos e invito al Kazekage a que hiciese lo mismo. "Cuando mi madre aún vivía, este era su jardín preferido; todos los días venía y revisaba el crecimiento de sus flores." Susurró todavía un tanto bajo los efectos de su vergüenza. "Cuando murió, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas fueron tiradas en este jardín. Mi padre prohibió la entrada de los sirvientes a este, así que el jardín terminó perdiendo su belleza." La chica miró alrededor. "Este había sido un gran jardín. Aún lo es, aunque no guarda la magnificencia que antes tenía."

Poco a poco, la presencia de su madre comenzaba a tranquilizar a la chica. Cuando estaba allí sentía que esta le acompañaba, le cuidaba, se ponía al día con los cambios que acontecían cuando Hinata no venía. "Tadaima, Oka-san." Murmuró Hinata, cerrando sus ojos.

Gaara decidió que sería prudente no interrumpirle hasta que este abriese los ojos. Por esto, se puso a esperar en silencio, admirando sus alrededores.

Al abrir sus ojos, Hinata se encontró con la mirada del chico.

"Amabas a tu madre." No era una pregunta, sin embargo Hinata no pudo evitar confirmarlo.

"Hai. La amaba mucho."

Gaara dejó de mirar a la chica para voltear a las flores que habían sido abonadas con los restos de la madre de la Hyuuga. Amor. Gaara suponía que amaba a su madre. No la odio, aunque por algún tiempo lo hice. Supongo que le agradezco mi vida, aunque yo le haya robado la suya.

De repente, los ojos del chico volvieron a fijarse en la Hyuuga. "¿Cómo murió? ¿Causas naturales?"

Hinata meneó la cabeza. "Iie. Madre murió en una misión. Sus compañeros trajeron su cuerpo. Su nombre está escrito en la lápida de Konoha."

"No pensé que tu madre fuese una Kunoichi."

Hinata sonrió. "En cambio, yo no puedo imaginar a mi padre unido a una mujer común. Eran primos."

Ya totalmente calmada, la chica volvió a dirigirse al chico. "Arigatou," estaba mirando a las flores cuando lo dijo, "por dejarme venir. Ya me siento mejor. Podemos regresar." Con aquellas últimas dos palabras, ambos sonrojaron.

Acababan de recordar como regresarían.

XxXxXxXxX