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Hinata miró al calendario, tachando otro día más. Diciembre Siete. Veinte días más para mi cumpleaños. Aquel pensamiento era casi un lamento. Para distraerse de sus problemas, la chica se dirigió al área de entrenamiento. Eran las cinco de la mañana, así que probablemente podría contar con que estuviera vacía.

Sin embargo, la probabilidad estaba en su contra aquel día – cuando llegó al área de entrenamiento, definitivamente no estaba vacía.

"Hinata." Le llamó el chico, acercándose. Su rostro era impasible.

"Neji-nii-san." Con movimientos un tanto rígidos la chica caminó hacia su primo. "Solo veinte días." Le dijo sin pensarlo. Fue como si aquella sola frase fuese capaz de drenar toda su energía. En momentos su cuerpo se desmoronó, evitando la colisión contra el suelo tan solo por la presencia de los fuertes brazos de Neji. El chico sostuvo a su prima con dicha fuerza, apretándola contra si ligeramente. Hinata apretó las ropas de su primo, hundiendo su cabeza en ellas, inhalando su olor. Dios, como le había extrañado todo aquel tiempo.

Cuando los sollozos comenzaron, el abrazo de Neji cogió más fuerza. Lentamente, bajó al suelo, para que la chica se recostase sobre su hombro con más comodidad. Ya en el suelo, Neji comenzó a acariciar los cabellos de la chica. "¿Es esta la primera vez que te hundes así?" Preguntó el chico, su tono neutro. Su prima asintió contra su pecho, sin hacer ningún intento por parar las lágrimas. Neji sonrió, besando la cabeza de la chica de manera cariñosa. "Actuaste bien."

Pensaste bien. Hinata se despegó de su primo con lentitud, sus ojos teñidos de un color rosáceo. "¿Qué?" Preguntó la chica, las lágrimas aún corriendo.

"Dije que actuaste bien." Por alguna razón aquello hizo que el dolor en la garganta de Hinata incrementara, y un sollozo escapara sus labios. La mano de Neji que había estado enredada en el cabello de la chica bajó por este, subió por su cuello y lentamente delineó su rostro hasta posarse en su barbilla. Hinata miró a su primo atentamente, extrañada por aquello.

Sus ojos clavados en los de su prima, Neji la besó.

Fue un beso corto y tentativo, pero al mismo tiempo fuerte y demandante. Como Neji. Cuando el chico se separó, Hinata aún le miraba. "¿N-Neji-nii-san…?" Sus ojos aún brillaban, pero las lágrimas ya no salían.

Neji sonrió. "Hiashi-sama dijo que después de la ceremonia de Diciembre te convertirás en mi prometida, y poco después en mi esposa."

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Ouch.