En realidad, después de éste capítulo, deberían de ir algunos diez o quince. Así lo había planeado al principio, con toda una trama planeada después de esto. Sin embargo, mi inspiración ha sido totalmente succionada, y no deseo dejar esta historia a medias. Es por esto que la terminaré dentro de dos capítulos. Espero que, aunque no sea ni cercano al gran final que yo tenía planeado, el que vaya a escribir ahora sea de su agrado.
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Gaara vio a la Hyuuga salir del vestidor, extremadamente asombrado con la imagen de la chica que estaba frente a él. Vestida en un blanco kimono con detalles en grises y beige, terminado con un obi azul marino, Gaara podía decir con sinceridad que jamás había visto a alguien tan elegante.
Las ropas de un kage para una celebración no estaban ni cerca de aquello.
Neji se tumbó en el suelo, resignado a contarle al Kazekage lo que este quería saber.
"El clan Hyuuga es el clan más grande existente, y gran parte de su población se dedica a servirle a la primera rama. Inclusive hay casos de jóvenes de la primera rama, que sirven a la 'elite' de esta." Comenzó el chico, jugando con un mechón de su largo cabello. "A causa de esto, la primera rama tiene que encargarse parcialmente de mantener a todo el clan. Para esto se necesita una gran cantidad de dinero."
Gaara asintió ligeramente, esperando a que el chico llegase a su punto.
"Generalmente, el heredero, el hijo o la hija del líder del clan, tiene que cumplir la tarea de conseguir por lo menos la mitad del dinero necesario para el clan. La otra mitad se consigue tomando un porciento de las ganancias de los ninjas del clan. Siendo los Hyuuga los ninjas mejor pagados, casi un noventa porciento de las ganancias del ninja, y el otro diez porciento lo puede utilizar como desee. El clan paga alojamiento, comida, y cambio regular de armamento. Es un buen trato."
Neji, entonces, caía en aquella categoría.
"En cuanto a los herederos… Si es un hijo, se espera que desarrolle habilidades óptimas de shinobi. Mientras los otros ninjas pueden conformarse con el rango de chuunin, se espera que el heredero se convierta en un miembro del anbu. Las ganancias del heredero van en su totalidad al clan. Este continua financiando al clan después de convertirse en líder, hasta que tenga un hijo y este se convierta en el líder, o cuando tenga una hija."
Gaara nunca había visto a la Hyuuga usar maquillaje, así que aquello era realmente impactante. Su rostro estaba más pálido de lo normal, sus mejillas tenían un color rosado suave, sus labios un rojo carmesí, y sus ojos estaban delineados con negro. De hecho, sus pestañas parecían más gruesas también.
Y aquel con aquel Kimono se podía ver perfectamente su pálida espalda, que tenía un diseño en blanco, además de mostrar donde comenzaba su busto.
"Hiashi-sama dejó de hacer misiones cuando Hinata entró a la Academia. El consejo del clan decidió que Hanabi deberá de llegar a Anbu, como si fuese un heredero, al ver la habilidad de Hinata. Aunque claro, como Hinata tendrá que llegar a cumplir sus deberes de toda forma, Hanabi recibe un cinco porciento del total de sus ganancias."
Neji sonrió. "Es obvio por la forma en que me miras que mueres por que te diga cual es la diferencia cuando es una hija."
"Entonces, deberías de decirme." Contesto Gaara, estoico.
"Cuando es una hija, ésta es una kunoichi tan solo hasta sus diecisiete. Esto es porque en el día de su cumpleaños, en un solo evento, ésta recauda una suma enorme de dinero que generalmente puede mantener al clan hasta su muerte. Aunque claro, cuando tiene un heredero o heredera este sigue el patrón y deja que ellos también se encarguen.
De vez en cuando, cuando son dos hijos, por lo menos uno de ellos siendo una hija, dejan que la chica decida si desea que se le haga propaganda al evento."
Pero lo más impactante, lo más asombroso de todo aquello, no eran sus ropas o su maquillaje. Gaara sonrió levemente.
Era la expresión serena y decidida de su rostro. Una perseverancia impasible de la cual sabía que la chica sería capaz.
La chica le miró, sus ojos preguntando su opinión. Gaara asintió levemente, sin saber muy bien que decir en aquel tipo de ocasión.
Después de todo…
… era la primera vez que asistía a la venta de la virginidad de una chica.
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