¡Argh! Por qué diablos me había besado de esa manera tan dulce, tan hermosa, tan encantadora?
No le había hablado desde ese día. Además de porque estaba enojada con él, no quería hablarle porque temía derretirme y caer enamorada en sus brazos. Lo amaba y lo odiaba. Lo quería y lo detestaba.
Todos los días debía ver su rostro en la tabla de puntuaciones. Yo iba primera, no había perdido ni un partido, y él iba segundo, con solo un partido perdido. Que odio que le tenía. ¿No podía haber jugado bien y ya? ¿Porqué tenía que dejarme ganar?
23 de diciembre
La entrega de premios del campeonato. Solo el primer y el segundo puesto subirían al podio. Sabía que no merecía estar ahí arriba. Pero tampoco debía dejarse ganar un partido para estar en el tercer puesto. No. ¡Maldito Fuji! ¡Diablos! La estaban llamando para que recogiera su premio de primer lugar. ¡Rayos! Ahí la esperaba el segundo puesto, Fuji.
Papelitos, coronas, trofeos. Y en medio del revuelo, Fuji se acercó a mi y me tomó la mano. Al oído, me susurró:
-No quise herirte. Perdoname.
Estuve tentada de perdonarlo, pero él se había perdido la oportunidad de estar donde yo estaba nada más por mi. Se acercó lentamente, me giró el rostro, y me besó.
-What the fucking...!-pensé. Ya no podía aguantar más de sus besos. Me derretiría de amor! Me separé de él y lo empujé, haciéndolo caer del podio. Cayó al suelo. Todo el mundo nos estaba mirando. "Fuck!" otra vez.
24 de Diciembre
El trofeo seguía allí, acosándome en mis sueños, y seguía allí, en el maldito estante de la maldita habitación. Maldita sea. Por suerte, en algunos minutos saldría de nuevo para Estados Unidos a pasar las vacaciones de invierno. Oh, si!
-Sophía! Hay un chico aquí que quiere verte!.gritó mi mama.
Maldita sea por segunda vez. Era él, seguro.
Entró sin pedir permiso. Cerró la puerta y me tomó de las manos.
-Sabes que son las seis de la mañana, en unas horas es Navidad, y estoy por salir para Estados Unidos y no volveré por dos meses?
-Si no hubiera sabido todo eso habría venido mañana.-me dijo él con una sonrisa, pero al ver que yo no sonreía, continuó- Perdoname, no sabía que te enojarías tanto, solo quise darte el gusto. Además, luego no podía dejarte ganar, quería ese beso, es que estoy enamorado de ti...
-Yo también -dije sin vergüenza- pero si me dejas ganar, no me dejas crecer, no me dejas ser mejor. Te amo, pero debes conocer en lo que me debes dejar ganar, y en lo que me debes dar batalla.
-Esta bien, no te volveré a hacer una cosa así nunca más. –dijo él con una sonrisa- pero no quiero que te vayas. Quiero que te quedes conmigo.
-No puedo- le dije.- Lo prometí. Pero puedes venir conmigo si quieres...
-No puedo –me dijo con rabia- un amigo debe entrenarse para la Gran Slam y soy el único rival decente que tiene.
Nos miramos con tristeza. No nos veríamos por dos largos meses. Pero supimos qué hacer. Fuji me tomó por la cintura y yo rodeé su cabeza con mis brazos, abrazándolo fuerte. Me besó con un "Adiós" en los labios, pero sus manos fueron desplazándose con una decisión que decía "No te vayas". Su lengua escarbó lugares que ni yo conocía en mi boca. Sus manos me provocaron una sensación de placer que no conocía. Aferrada a él caminé hasta la puerta, y la cerré con mi espalda. Me estrechó contra la puerta, casi no me dejaba respirar, y me empezó a desvestir.
-Déjame ganar esta vez.-le dije.
-Esta bien, está bien, tú ganas-levantó los brazos y así permitió que le sacara la playera. También yo le comencé a sacar la ropa. Su cuerpo parecía esculpido en mármol por el mejor escultor. Quedaban pocas horas para que me fuera a Estados Unidos. Mejor disfrutar, ¿no?
Esa tarde perdí la virginidad con el hombre más hermoso del mundo, el cual hizo la promesa de esperarme la vida entera. Hicimos el amor de las formas más hermosas esa tarde, hasta que en la noche se molestó en llevarme al aeropuerto donde mis padres me esperaban.
-Adiós-le dije. Lo besé de nuevo.
-Adiós. Te extrañaré mucho. Te escribiré cartas todos los días, y todos los partidos que gane serán dedicados a ti, a tu belleza y a tu hermosa persona.-me dijo él.
Bajé la cabeza. Era lo más hermoso que nadie me había dicho jamás.
-Sophie, ¿estás acaso llorando?
-No, se... me metió una... basurita en el ojo...-mentí. Sí, estaba llorando, me estaba despidiendo del hombre más dulce de la tierra para no verlo por dos meses. Él se acercó a mi y me limpió las lágrimas de los ojos con los pulgares.
-Tengo un regalo para ti-me dijo. Sacó de su bolso una raqueta. SU raqueta.
-No, definitivamente no puedo aceptarlo. Es tu raqueta!-le dije
-Pero me he entregado a ti, soy todo tuyo, y esta raqueta, también tuya. Además, es mi regalo de Navidad–y me dio la raqueta.-Te amo. No te olvidaré.
-Ni yo. Éste es mi regalo entonces.-le dije. Saqué una moneda de mi bolsillo y se la di- Es por aquella apuesta. Además, es lo único que tengo.
Sonrió y nos besamos por última vez.
Subí al avión y miré por la ventana. Él estaba ahí, en la pista de aterrizaje, despidiéndome con la mano. Abracé la raqueta y seguí llorando, esta vez sin mentir. El avión comenzaba a andar. Fuji corrió junto a él algunos metros, hasta que se quedó parado, despidiéndome con la mano, hasta que estuve bien arriba, bien alto, donde aún ahí no pude parar de llorar. Por dos meses, no pude.
