center Un mes sin ella /center
Los días pasaron sin mucho que hacer, poco a poco los Weasley se fueron restableciendo en sus puestos de trabajo, y la vida parecía que por fín volvía a la normalidad.
-Ron ¡quieres comer un poco más!- dijo Molly casi metiéndole el tenedor por la boca- Vaya, jamás pensé que te iba a decir eso hijo.
-El amor le ha quitado el hambré, mamá- dijo George comenzando una nueva discusión.
-Cierra la boca, idiota-
-¿Queréis callaros los dos? No se puede comer en paz en esta casa – grito Ginny.
-Bueno George, ¿y el trabajo cómo va?- dijo el señor Weasley para desviar el asunto.
-Bien, dentro de lo que cabe, aunque aumentamos las ventas una vez empieza Hogwarts. Creo que voy a buscar un ayudante, yo solo no puedo con todo.
-¿Puedo trabajar yo? – La voz de Ron resonó fuertemente en la mesa.
-¡¡¿Tú?!! ¿Estás loco? No consentiré que otro de mis hijos no acabe sus estudios en Hogwarts – dijo Molly alterada.
-Mamá, por favor, creo que soy lo suficientemente mayor para saber lo que tengo que hacer. No quiero seguir estudiando, y tú no me lo vas a impedir- contestó con resignación- Fred y George no acabaron sus estudios y les fue muy bien.
El nombre de Fred provocó un silencio sepulcral en medio de la discusión. Todos miraron a sus platos, bueno todos excepto la señora Weasley.
-No tan bien…-suspiró Molly mirando al cielo- De acuerdo Ron, haz lo que quieras, no estoy dispuesta a perder a otro hijo por una discusión.
-Gracias Mamá, no te defraudaré- se levantó de la silla y le dio a su madre un beso en la mejilla- te lo prometo.
Cuando Ron se dirigía hacia las escaleras, George lo interrumpió.
-Bueno, yo todavía no he dado mi aprobación. Sólo si superas la prueba podrás tra…
-Cállate George – dijo Arthur dándole un pequeño golpe en la cabeza que causó la risa de todos los comensales – tu hermano trabajará contigo y punto.
-De acuerdo, estás contratado, pero sólo porque Papá me obliga, no porque yo quiera-dijo haciéndose el resignado.
-Si ya, claro- contestó Ron mientras subía la escalera.
-¡Espera Ron!, voy contigo – gritó Harry mientras se levantaba de la mesa.
Los dos amigos subieron la escalera. Llegaron al dormitorio y allí comenzaron a hablar.
-¿Qué es eso de que vas a trabajar con George? – preguntó Harry extrañado- Pensé que querías ser auror.
-Y lo quería, pero este año me he cansado de perseguir a los malos y he pensado que no quiero pasar el resto de mi vida haciéndolo, eso es más para ti. Además no podía dejar pasar esta oportunidad, ¿sabes cuánto gana George con la tienda de bromas?
-No quiero ni pensar lo que vas ha hacer con tanto dinero en tus manos- dijo Harry divertido.
-Yo sí, ya he pensado lo que voy a hacer con mi primer sueldo.
-¿El que? ¿Un banquete para ti solo o una casa de chocolate?
-No, la verdad – contestó muy serio- será algo para Hermione, se lo daré cuando regrese.
-Pues sí que debes quererla para cambiar todo ese montón de comida que ha dicho Harry por un regalo para ella – dijo Ginny interrumpiendo la conversación, pues había estado escuchando desde la puerta.
-Ja,ja,ja . Sois una pareja de cómicos los dos. Por cierto, tú vas a ser la que me acompañe a comprarlo, quieras o no.
-Si que quiero, no me fío de tu mal gusto – dijo Ginny burlándose.
-Pensaba comprarte algo a ti también, pero se esfumó tu oportunidad Gynebra…- contestó Ron ofendido.
-Vale, tú decides: o me compras algo o se lo cuento todo a Hermione.
-Eres una chantajista… ohhh… ¡¡¡de acuerdo!!! –dijo desesperado- pero por favor no le contéis nada a Hermione del trabajo y mucho menos del regalo.
-¡¡Prometido!! –dijeron Harry y Ginny al unísono.
-Y ahora dejadme solo. Voy a escribirle a Hermione, y me molestáis bastante – dijo empujándolos hacia la puerta.
Ron cerró mientras que Ginny le comentaba a Harry el mal humor que a veces se gastaba su hermano.
Una vez estuvo solo, Ron comenzó a escribirle una carta a Hermione. Quería decirle tantas cosas que al final, no escribió casi nada, sólo una pequeña frase en medio del pergamino que decía: "No sabes cuánto te hecho de menos".
Ron enrolló el pergamino y se quedó observándolo mientras la lechuza se lo llevaba. Mañana escribiría un poco más, pero ese mensaje había sido suficiente…
