NdA La historia se ha alargado un poco más de lo previsto -para variar- y he decidido subir hoy la continuación y publicar el final en Nochebuena, como estaba previsto. Espero que os guste!


XII

Cuando Draco se despertó al día siguiente se sentía todavía dolorido y mareado, pero al menos no quería morirse, como el día anterior, lo cual ya era un avance. Un examen rápido en el cuarto de baño le confirmó que su espalda estaba prácticamente curada. Draco se dio una larga ducha, tomó una poción para el dolor y después de desayunar, cogió su mochila y su Capa y se presentó, como cada mañana, frente a la casa de Potter.

A la hora de siempre, Potter salió a la calle para ir a comprar el periódico, pero primero miró a su alrededor con aire inquisitivo y luego, ya a mitad camino, se detuvo.

-Malfoy, ¿estás ahí?

Draco suspiró para sus adentros y no le hizo ni caso. Después de unos segundos, Potter siguió caminando hasta llegar al puesto de periódicos. De vuelta a casa, antes de poner los pies en los escalones, volvió a detenerse y a mirar a su alrededor.

-Malfoy, no seas idiota. Si estás ahí, di algo. No sé, si te quedas ahí en la calle te vas a helar de frío.

Y le llamaba a él idiota… Como si no existieran los hechizos calentadores. Draco apretó los labios como si quisiera asegurarse de que no respondían. No quería cambiar el modo en el que estaban funcionando las cosas y arriesgarse a estropearlas: el hecho de que Potter conociera ahora su plan ya era bastante molesto. Al final, Potter terminó encogiéndose débilmente de hombros, como si no estuviera seguro del todo de si él estaba o no estaba escuchándolo, y se metió en casa.

Al cabo de cinco minutos volvía a estar fuera.

-He llamado a Malfoy manor y los elfos dicen que no estás en casa. ¿Quieres dejarte ver de una vez? He de hablar contigo. –Draco apretó aún más los labios, sin entender qué narices le pasaba. Potter se pasó la mano por el pelo con además frustrado-. Malfoy, ¿no lo ves? No está bien que la gente no sepa lo que hiciste ayer. No sólo me salvaste a mí, también a ese otro hombre y…

Draco gruñó, fue hacia él y le dio un estirón en el brazo para volver a meterlo dentro de la casa. Una vez dentro, se quitó la Capa con además airado.

-Te prohíbo que le digas nada a nadie –dijo, con su voz más autoritaria.

Potter se negó irritantemente a parecer impresionado en lo más mínimo.

-¿Por qué? Ayer te portaste como un héroe, Malfoy.

-No seas ridículo, Potter. Te salvé la vida porque te lo debía, eso es todo.

-¿También se lo debías al hombre que ayudaste? Podrías haber huido o haberte escondido, pero te arriesgaste a quedarte para salvarlo.

-Obviamente el dolor no me permitía pensar con claridad.

-El que está siendo ridículo eres tú. Si la gente supiera…

-Si la gente lo supiera también lo sabrían los malos y entonces mi misión sería mucho más difícil. ¿Eso es lo que quieres, Potter? ¿Que nos maten a los dos? ¿O ver cómo paso el resto de mi vida esperando en vano una ocasión de saldar mi deuda?

Potter se lo quedó mirando en silencio durante un buen rato, como si estuviera pensando en lo que acababa de escuchar. A Draco no le constaba que Potter fuera muy listo, así que supuso que debía de costarle un poco.

-Está bien –dijo al fin, con lentitud-. Si no quieres que lo cuente no lo contaré. Pero… Malfoy, no tienes por qué hacer esto. Te salvé la vida porque sabía que odiabas a Voldemort, no para que te sintieras obligado a devolverme el favor. Seguro que ni siquiera estás recuperado del todo de lo de ayer. ¿Por qué no te vas a casa a descansar y te olvidas de toda esta locura?

¿Cómo podía sugerir tal cosa? Era como si vivieran en universos distintos.

-Porque para descansar de verdad he de saber que no te debo nada.

Potter frunció las cejas.

-¿Tanto me odias todavía?

Había un brillo decepcionado en sus ojos que a Draco no le pasó desapercibido y, además, le hizo sentir algo raro en el estómago.

-¿Has de ser tan melodramático?

-¿Yo soy el melodramático? –replicó, con incredulidad-. El que ha decidido por su cuenta convertirse en mi guardaespaldas porque no soporta la idea de deberme la vida eres tú

Draco descubrió que era bastante difícil rebatir eso, así que decidió volver a un punto de la conversación donde sí pudiera seguir discutiendo.

-Eso no quiere decir que te odie. A los Malfoy no nos gusta estar en deuda con nadie, eso es todo.

Potter volvió a quedarse pensativo y Draco aprovechó para hacer sus propias reflexiones. Hasta decirlo en voz alta no se había dado cuenta de que era verdad que ya no odiaba a aquel idiota. Seguramente había dejado de hacerlo durante la guerra, cuando le había visto el pelaje a Voldemort. Si en la Sala de Menesteres había intentado entregárselo al monstruo había sido porque era el único modo que se le había ocurrido de volver a ganarse su favor y poner a sus padres a salvo, no porque quisiera realmente vengarse de Potter o verlo muerto. Si en ese momento Voldemort hubiera decidido que lo que de verdad quería era un traje lavanda como los de Gilderoy Lockhart, Draco habría ido directamente a San Mungo a sacarle a aquel tarado la dirección de su sastre y habría dejado a Potter en paz.

-Yo tampoco te odio.

-Ya lo sé, te he oído hablar de mí.-Pero no me respetas, añadió mentalmente.

Aunque quizás eso había cambiado desde ayer. Potter era un Gryffindor y acababa de decirle que había sido todo un héroe. En el top ten de los leones, aquello debía de ser la leche.

Potter arrugó un poco la nariz.

-Eso de que me andes siguiendo todo el rato también tiene su lado espeluznante, ¿sabes?

Draco se encogió de hombros.

-Soy un Slytherin.


XIII

Las cosas habían cambiado. Potter no le dijo nada a la prensa, pero sí a Granger y la comadreja. Draco no pudo estar presente durante la conversación, pero supo que sabían algo en cuanto los siguió a un restaurante y vio que ambos parecían suspicaces, miraban a todos los lados y bajaban la voz para hablar. Potter tampoco se comportaba con la misma naturalidad que antes, ahora que sabía que él podía andar cerca.

Y le hablaba. Cuando estaba solo, de vez en cuando, hacía comentarios dirigidos a él. Al principio Draco trató de ignorarlo, pero la verdad era que resultaba un poco más ameno pasar el rato si charlaban de vez en cuando. Era un alivio no tener que morderse la lengua constantemente para no intervenir. Y también era más relajante no tener que preocuparse tanto de no ser descubierto.

-¿Has pensado qué harás si nadie intenta matarme? –le preguntó una tarde, sentado en las escaleras de la entrada de Grimmauld Place.

La respuesta era obvia.

-Esperar a que tú solo te metas en peligro.

-Lo creas o no, no voy buscando edificios en fuego para salvar gatitos atrapados.

Draco sintió un escalofrío en la espalda a pesar del calor del verano y se alegró de que Potter no pudiera verlo.

-Tenías que mencionar el fuego, ¿verdad?

Potter miró en su dirección con expresión intrigada.

-No era una indirecta –le aseguró, al cabo de unos segundos, con aparente sinceridad-. Sólo quería decir que… bueno, no tengo tantos impulsos suicidas como pareces creer. Y tampoco me seduce la idea de meterme en problemas sólo para que puedas salvarme la vida y te quedes tranquilo.

-Eso es asunto mío, Potter. Tú sigue con lo tuyo y ya veremos si pasa algo o no.

-¿Y si no pasa? ¿Vas a seguirme hasta que uno de los dos muera de viejo?

-El año que viene serás auror, ¿no? Entonces seguro que tienes un montón de misiones peligrosas.

-Y tú me seguirás.

-Si no me queda más remedio… La verdad es que para entonces confío en haberlo solucionado ya.

Potter meneó la cabeza.

-¿He olvidado mencionar que todo esto también tiene un lado bastante tétrico?

-Soy un…

-…un Slytherin, sí.


XIV

Draco llevaba un buen rato montando guardia frente a la puerta de Andromeda Tonks cuando Potter asomó la cabeza por la puerta.

-¿Malfoy? ¿Estás ahí?

-¿Dónde quieres que esté? –replicó, sin salir de debajo de la Capa.

Potter se mordió los labios unos segundos.

-Tu tía quiere saber si te apetece pasar y conocer a Teddy.

Draco dio un respingo sobresaltado. ¿Conocer a Teddy?

-¿Se convierte en lobo?-Las palabras salieron solas.

Potter resopló, disgustado.

-Es un niño de dos años, Malfoy –dijo, con evidente decepción-. Mira, déjalo estar.

Entonces empezó a meterse de nuevo en casa de Andromeda. Draco sintió una llamarada de rabia y se quitó la Capa de encima mientras iba hacia Potter.

-Oh, claro, para ti siempre es así de fácil, ¿verdad? –exclamó, sorprendido de lo sarcástica y amarga que sonaba su voz-. Tú tienes un hombre-lobo en tu vida y es el profesor Lupin. Claro, cómo no. Pues jódete, Potter, mi hombre-lobo era Fenrir Greyback y él no tenía niños, él se los comía, ¡así que no te atrevas a mirarme por encima del hombro!

Potter estaba ahora con los ojos muy abiertos, obviamente sorprendido por su reacción; un momento después esa sorpresa había sido sustituida por apenada comprensión.

-Teddy no ha dado señales de haber heredado la licantropía de Remus –dijo, en tono suave-. Los medimagos que lo han examinado dicen que es muy probable que no la desarrolle nunca. Quizás es porque es un metamorfomago, como su madre. Parece ser que nadie puede heredar ambas cosas a la vez.

-Los metamorfomagos tienen un dominio instintivo de su cuerpo –asintió Draco, más apaciguado-. Pueden estar infectados, pero no manifiestan los síntomas.

-¿Quieres pasar? –le ofreció Potter de nuevo.

-Le has dicho a mi tía lo que estoy haciendo, ¿verdad?-Potter se encogió de hombros, lanzándole una media sonrisa de disculpa a ver si colaba. Contra todo pronóstico, lo hacía. Y Draco se dio cuenta de que sí quería conocer a su tía y a su sobrino. Pensara lo que pensara su padre, eran su familia también-. Bueno, sería descortés rehusar su invitación.

Potter volvió a sonreír y le hizo un ademán invitándole a pasar.


XV

Una vez superado el susto de descubrir que su tía Andromeda era demasiado parecida a su tía Bellatrix, Draco se sintió bastante complacido por cómo había ido la visita. A pesar de las nocivas influencias muggles de las que se había rodeado, estaba claro que su tía era una Slytherin y una Black, lo cual facilitaba el éxito en aquella reunión familiar. Y el niño… bueno, era un niño. Con el pelo azul y manos pegajosas. A Draco no se le ocurría qué otra cosa podía opinar de un niño tan pequeño.

Después de pensarlo un poco, decidió contarles a sus padres lo que había pasado. Al fin y al cabo, ¿qué mejor momento para hacerlo, ahora que estaban en la otra punta del globo? Si se enfadaban, estaban demasiado lejos para tomar medidas. Pero la respuesta de su madre transmitía su aprobación y su padre, por su parte, parecía haber desarrollado una asombrosa capacidad para suprimir de su realidad las cosas que no le interesaban, porque no hacía ninguna mención al tema.

Y no estaba mal lo de contar con la aprobación paterna, ya que Andromeda le había dejado claro que esperaba que fuera a verle, con o sin Potter, y él también se había quedado con las ganas de conocerla un poco más. Quizás por fuera se parecía a Bellatrix, pero su personalidad era más parecida a la de Narcissa. A Potter no parecía importarle en absoluto compartir esas visitas y a lo largo de aquel mes de julio se fue convirtiendo en una costumbre.

-Malfoy…

-¿Qué?

-El sábado que viene celebro mi cumpleaños. ¿Quieres venir?

Draco tuvo que pararse.

-¿A tu cumpleaños? ¿Con tus amigos?

-No tienen nada de malo. Y si vas a estar toda la noche vigilando la casa también puedes hacerlo desde dentro y parecer algo más normal, ¿no?

A Draco le había pillado por sorpresa y habló casi sin pensar.

-Potter, me consta que no eres un experto en fiestas, pero créeme si te digo que llevar a un mortífago a tu cumpleaños es una manera segura de arruinar el ambiente.

Él lo miró con la cabeza ladeada.

-Es mi fiesta y es mi cumpleaños y si quiero invitar al cadáver de Voldemort, lo invito. Y tú… bueno, sé que no va a gustarte oír esto, pero de momento lo has hecho bastante mejor como héroe que como mortífago.

Draco frunció el ceño un momento, lo cual hizo reír a Potter por lo bajo, y consideró su invitación en silencio durante unos segundos. Quizás era por los ratos que habían empezado a pasar con Teddy, pero tenía que admitir que le habría sentado mal descubrir que Potter estaba de cumpleaños y que él no estaba invitado. Y aun así una parte de él habría entendido que no lo hiciera, porque parecían ganas de buscarse problemas.

-Supongo que puedo honrarte con mi presencia un rato –dijo al final, haciendo que Potter pusiera los ojos en blanco-. Pero sólo un rato; imagino que tienes tan pocas ganas como yo de que tu fiesta de cumpleaños se convierta en un linchamiento.

Potter dijo algo entre dientes. Draco no había llegado a oírle bien, pero habría jurado que sonaba como a "melodramático".


XVI

Los amigos de Potter lo habían recibido con desgana, pero no sorpresa, lo cual quería decir que ya estaban sobre aviso. De momento se habían limitado a saludarlo con reparos y mirarlo desde lejos como si esperaran que sacara su insignia de la Brigada Inquisitorial y les quitara puntos o algo así. Mejor, porque él no estaba ahí para divertirse, sino para vigilar a Potter, y si los demás hubieran empezado a hablarle no habría podido cumplir bien su misión.

Mientras observaba a Potter reírse a carcajadas con varios Weasley sin determinar, Granger, una de las pocas personas en aquella casa que aún conservaba la sobriedad, se acercó vacilantemente a él.

-Hummm… Malfoy, ¿qué tal?

-Granger –dijo él, con un movimiento de cabeza.

-Quería…. Mmm… bueno, gracias por salvar a Harry. Lo que hiciste fue muy valiente.

-Ahora que un Gryffindor me ha llamado valiente ya puedo morir en paz.

Granger arqueó las cejas y Draco se sorprendió al ver que parecía divertida. ¿Cuándo habían desarrollado los Gryffindor un sentido del humor?

-Harry tiene razón, te estás transformando en Snape.

Draco no supo si sentirse halagado o insultado, pero no tuvo ocasión de decidirse porque Potter les interrumpió, acercándose a ellos.

-Eh, Malfoy, ¿piensas quedarte en ese rincón toda la fiesta?

-No, ya te he dicho que sólo iba a estar un rato. A no ser que vayas a emborracharte –se le ocurrió de pronto-. ¿Vas a hacerlo? La gente borracha tiene más posibilidades de sufrir un accidente.

Potter intercambió una mirada exasperada con Granger.

-¿Lo ves? Es como tener un ángel de la guarda, pero psicópata.

-Vamos, Potter, no es culpa mía si tus posibilidades de morir joven son tan altas. Yo sólo intento postergarlo un poco.

Granger asintió lentamente, mirando a Potter.

-Sí, entiendo lo que quieres decir.

Draco no terminaba de entender esa conversación, pero su instinto le decía que le estaban insultando o algo por el estilo, así que se defendió un poco.

-Oye, no estoy diciendo que quiera que te mueras joven. De hecho, una vez saldada la deuda, preferiría que te refrenaras un poco, aunque sólo sea por Teddy. Yo me limito a ser realista.

Potter meneó la cabeza.

-Si algún día viene un OVNI a llevarte a tu planeta natal no voy a sorprenderme, Malfoy. Ni un poquito.


XVII

A raíz de aquel cumpleaños, las cosas aún cambiaron más entre ellos. Draco se dio cuenta de que Harry –en algún momento habían empezado a llamarse por sus nombres de pila- empezaba a sentirse culpable de que él dedicara tanto tiempo a vigilarlo. Parecía creer que le había dejado sin vida propia. No importaba que Draco le explicara que veía a sus amigos y hacía las cosas que le gustaban mientras él estaba en el Centro de Entrenamiento de Aurores, o que realmente quería hacer aquello. Draco enseguida notó que sus objeciones eran mucho menores si en vez de montar guardia fuera de su casa, por ejemplo, estaba dentro haciéndole compañía y charlando con él. No era la situación ideal, pero era mejor que arriesgarse a que Harry se negara en redondo a seguirle el juego y empezara a tomar medidas serias para evitar que pudiera seguirlo.

Y en realidad su única queja era respecto a su plan. Estar con Harry era, a fin de cuentas, más divertido que seguir a Harry.


XVIII

-Oye, Draco, ¿qué te gustaría hacer este sábado? –le preguntó Harry mientras paseaban juntos por el callejón Diagon después de sus clases.

-¿Mmm? –dijo, medio distraído con los escaparates.

-Bueno, me sabe mal que siempre tengas que ir a donde yo quiero ir.

-Ya hemos hablado de esto.

-Sí, sí, lo haces porque quieres. Pero de todos modos he pensado que este sábado podríamos hacer lo que te apetezca a ti.

Oculto bajo la Capa, Draco sonrió un poco, nada dispuesto a dejar pasar esa oportunidad.

-Muy bien, entonces quiero ir a ver el partido entre los Falcons y los Tornados. Y luego quiero cenar en el Kneazle Satisfecho. Dice Pansy que la comida es fantástica.

Harry asintió casi imperceptiblemente.

-Como quieras. Pero sin Capa, ¿de acuerdo?

-De acuerdo –cedió porque, al fin y al cabo, ¿cómo iba a cenar con la Capa puesta?

Harry tenía que comprar tinta y pergaminos, y Draco entró con él a la tienda. Había algunas personas más allí dentro: un chico algo más mayor que ellos que llevaba a su hija pequeña en un carrito, dos chicas que habían ido un curso por debajo de ellos y una señora mayor que estaba curioseando las estanterías al otro lado de la tienda. Nada más verlo, las dos chicas se acercaron a Harry para saludarlo con necias risitas de treceañeras. Draco apretó los labios con desaprobación, pensando que era patético el modo en el que los cerebros de la gente dejaban de funcionar con normalidad en cuanto Harry andaba cerca. Y con qué descaro se le echaban encima…

-No importa cuantas veces lo vea, siempre me parecerá un espectáculo deplorable –murmuró, al alcance del oído de Harry, cuando éste se quitó de encima a sus descocadas fans.

Para su sorpresa, Harry meneó la cabeza con pesar.

-Poca gente quiere entender que lo hicimos entre todos –dijo, también en voz baja-. Incluidos tu madre y tú. Fuimos todos.

Draco se quedó mudo, aunque no sabía por qué. Hacía tiempo que se había dado cuenta de que Harry no era el cretino presumido e hipócrita que siempre había creído que era, pero oírle decir eso, verse incluido, resultó una pequeña conmoción. Harry, quizás pensando que no tenía nada que contestar, se fue hacia el mostrador de la tienda y se colocó junto al hombre con su hija. Después de unos segundos, Draco se acercó a él, todavía sin saber qué decir.

La niña, que tenía unos dos años, parloteaba para sí misma mientras meneaba vigorosamente su sonajero. De pronto, por el rabillo del ojo, Draco captó una especie de brillo naranja proveniente del carrito y reaccionó al momento lanzando su Protego más potente sobre Harry y él.

-¡Cuidado!

Cinco rayos naranjas salieron disparados desde el carrito; dos de ellos se estamparon en el padre de la niña y el dueño de la tienda. El escudo de Draco repelió los rayos que iban hacia Harry y hacia él y la señora mayor también había podido protegerse. El intenso brillo había cegado momentáneamente a Draco, quien necesitó unos segundos para volver a ver bien. Los dos hombres estaban tumbados en el suelo, quizás muertos.

-Oh, mierda –exclamó Harry, arrodillándose rápidamente junto al padre.

-¿Está vivo? –preguntó Draco.

Antes de que Harry contestara pudo ver por sí mismo que sí, ya que el hombre estaba recuperando rápidamente la conciencia.

-¿Se encuentra bien? –preguntó Harry.

El padre de la niña intentó contestar, pero sólo le salió un rebuzno. Draco lo miró con ojos desorbitados un momento y cuando volvió a intentarlo con el mismo resultado empezó a reírse como un loco intentando que nadie le oyera. Harry, intentando valientemente mantener la cara impasible, fue a asegurarse de que el dueño de la tienda no había sufrido peores daños y después de una hilarante sesión de rebuznos, que hizo rodar lágrimas de risa por las mejillas de Draco, consiguieron devolverlos a su estado original.

Como el hechizo de la niña no había sido mortal, lo que había hecho Draco no contaba a la hora de considerar saldada su deuda con Harry. Pero no le importó mucho; había sido divertido de cojones.


XIX

-Oye, Draco, este sábado voy a ir a la fiesta de cumpleaños de uno de mis compañeros del Centro.

-¿Dónde es?

Harry le dio la dirección y luego le puso una de sus miradas.

-En serio, ¿por qué no te tomas la noche libre? Voy a estar en una casa llena de aspirantes a aurores, seguro que entre todos somos capaces de afrontar cualquier peligro inesperado.

Pero Draco no quería saber nada de eso y el sábado por la noche se plantó frente a la casa del amigo de Harry, dispuesto a cumplir celosamente con sus labores de vigilancia. Harry había prometido avisarle en cuanto fuera a marcharse y Draco sabía que sus ganas de fiesta no solían prolongarse demasiado tiempo, así que confiaba en regresar a casa hacia medianoche.

La casa estaba aislada en medio del campo; no había razón para poner un hechizo de silencio y Draco podía escuchar claramente desde el exterior la música y el ruido de las voces y de las risas. Una o dos veces vio a Harry mirar por la ventana con cara de preguntarse si aún estaría allí. Draco no pudo evitar una oleada de afecto teñido de exasperación hacia él y su manía de preocuparse tanto por cualquiera que le importara un poquito.

Las horas fueron pasando y Draco comprobó, algo desalentado, que daban las doce y la fiesta no tenía visos de terminar. Más sorprendente era que Harry aún tuviera ganas de estar allí. A la una, empezó a preocuparse. ¿Le habría pasado algo? Hacía mucho tiempo que no lo veía asomándose a la ventana, ni siquiera pasar enfrente de una. Pero no había oído ni visto la más mínima señal de revuelo allí dentro, más allá del que había causado la propia fiesta.

A las dos, el ruido de voces proveniente del interior de la casa había disminuido y cada vez parecía más claro que la fiesta estaba terminando. Draco, sin saber qué hacer, permaneció allí esperando a Harry. La música cesó abruptamente. Unos segundos después, las luces de la planta baja se apagaron y se encendieron las de arriba. Los dueños de la casa se estaban preparando para irse a dormir.

Cuando la casa quedó a oscuras, Draco aún se quedó allí unos minutos más, tratando de imaginar qué podía haber pasado. Lo único que se le ocurría era que Harry hubiera terminado tan borracho que alguien lo hubiera llevado a Grimmauld Place por Red Flú, o quizás incluso que lo habían acostado en cualquier cama de invitados de aquella misma casa.

Dudoso, Draco se Apareció frente a la casa de Harry, llamó suavemente a la puerta con los nudillos y pronunció el nombre del elfo doméstico en voz baja. Kreacher podía ser el elfo de Harry y guardarle absoluta lealtad, pero eso no quitaba que no tuviera una cierta debilidad por los Black. Tal y como esperaba, la criatura contestó desde el otro lado de la puerta.

-¿Señor Malfoy? –dijo, con su voz quejumbrosa.

-Hola, Kreacher. Sé que es tarde, pero necesito saber si tu amo está en casa.

-No, señor. El amo Harry no ha vuelto de la fiesta.

-¿Sabes dónde está?

-Kreacher siente mucho ser un elfo tan inútil y no poder ayudar al señor Malfoy –sollozó el elfo-. Kreacher no sabe dónde está su amo.

-¿Puedes intentar localizarlo? Quiero asegurarme de que no está metido en líos.

-Kreacher lo intentará. Kreacher siente mucho no poder abrirle la puerta al hijo de la señorita Narcissa. El amo Harry le dijo a Kreacher que no dejara pasar a nadie cuando él no estuviera en casa.

-No te preocupes por eso. Ve a buscar a tu amo, rápido.

-Sí, señor.

La magia de los elfos les permitía encontrar a sus amos en circunstancias normales, a no ser, por ejemplo, que éstos no quisieran ser encontrados o que se hallaran rodeados de hechizo específicamente diseñados para dejar a los elfos fuera. Draco esperaba que éste no fuera el caso. Desde luego, si estaba borracho durmiendo por ahí iba a enfadarse de lo lindo, pero mejor eso que en peligro.

O sea no, que estuviera en peligro tenía sus ventajas, claro está. Él podría ir, salvarlo y poner fin a aquella misión de una vez. Recuperaría su libertad, podría ir a ver a sus padres, a cenar con sus amigos.

Draco aún estaba decidiendo qué opción prefería cuando volvió a escuchar la voz de Kreacher.

-El amo Harry está en casa de uno de sus amigos, Marcus Belby.

-¿Está bien?

El elfo tardó un par de segundos en contestar.

-Kreacher no se ha atrevido a acercarse mucho. El amo Harry tiene feas costumbres muggles y le ha prohibido a Kreacher que se acerque a él cuando está teniendo relaciones sexuales.

Draco se sintió como si acabara de tomarse una dosis de poción para el resfriado y de pronto hubiera empezado a salirle humo hasta de las orejas. ¡Ese maldito bastardo lo había dejado tirado en plena noche con un frío de cojones para irse a follar por ahí como el putón verbenero que era! ¡Y con ese mugroso de Marcus Belby! Y daba igual que en realidad no hubiera pasado frío porque había usado un hechizo, era la esencia del asunto lo que importaba.

¿Salvarle la vida a Potter?

Iba a matarlo.


Aliena, Draco no es precisamente fan de Ginny, jaja. Me alegra que te haya gustado, gracias por comentar,

Lilian-Roxan 18, muchas gracias!