3. Duelo

Él no pasó por las cinco etapas. Y no lo haría. Simplemente, se derrumbó.

Lo creía, lo había visto, la negación no tendría sentido.

Negociación… ¿para qué? El desgraciado no volvería.

La aceptación estaba fuera de toda lógica: nunca se acostumbraría.

Depresión era una palabra muy pequeña para describir el vacío que sentía, la falta de vida.

En fin, todas sus emociones se traducían en ira. Y todo, como siempre, era culpa de Potter. Por aparecer, por ser tan jodidamente indispensable, porque al maldito cara rajada se no le ocurría nada mejor que seguir salvando vidas, a costa de la suya.


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