Hermione despertó y el rubio ya no estaba. "Gracias", pensó sincera. Se había ido, nuevamente la había dejado sola.

-Prometo olvidarte, por ti, por mí-murmuró en voz alta.

Fin Flash Back

Lentamente empiezas a moverte. Según mis cálculos estas a punto de despertar. Efectivamente, mis cálculos no fallaron y pronto me choco con esos envidiables e irrepetibles ojos grises. Con una mirada me invitas a acercarme pero, también con una mirada, respondo que no quiero dormir, que me quedaré en ese sillón, acurrucada, tomando lo poco que queda de la Coca-Cola. Pronto te vuelves a dormir, como siempre. No te levantas hasta las ocho o nueve de la mañana y recién son las cinco. Pero en nuestros últimos encuentros no he podido dormir bien, cosa que generalmente hacía con normalidad.

Flash Back.

Tres meses pasaron de aquel encuentro clandestino. Roces, miradas, susurros, cruzaban los dos jóvenes en Hogwarts desde aquel encuentro. Diferente era cuando iban acompañados, ahí debían fingir indiferencia, superioridad, repugnancia. Hermione no lograba olvidarlo y eso le dolía mucho. Estaba sentada en uno de los sillones de su sala común abrazada por su pelirrojo mejor amigo, mientras, como muchas otras veces en aquellos tres meses, en sus mejillas se formaban surcos de lágrimas. El pelirrojo no sabía por qué lloraba, y admiraba la actitud de no preguntárselo.

La castaña lloraba muy a menudo, pero el pelirrojo creía que era por la situación que estaba viviendo el mundo mágico. Creía que la castaña debería exigirse menos, porque vivía estudiando y se estresaba. Hacía tres meses que venía llorando, pero sospechaba que si le preguntaba algo, le iba a mentir. Así fue como decidió consolarla sin ningún tipo reclamo ni queja.

El rubio con una expresión de pena la había vuelto a insultar. Sabía que no quería, solo debía.

Draco Malfoy tampoco se sentía muy bien. No había logrado olvidarse de ella, y buscaba amor en otras mujeres. Pero no lo había logrado porque en vez de buscar amor, erróneamente, buscaba pasión, una noche de cama. Cosas que solo llevaban al rubio a pensar mas en ella. Cosas que hacían que no pudiera sacársela de la cabeza. Cosas que hacían que Snape tuviera que llamarle la atención por haberlo encontrado mirando a la castaña en vez de hacer la poción. Se estaba volviendo loco, los Malfoys no aman, no debían querer; aunque él ya no creyera en eso, le convenía. Por él, por ella. "Si algún día me ves con otra no pienses que no te amo, piensa que te quiero y que intento olvidarte" pensó como si aquello pudiera llegar a Hermione; no lo sabía, depende de qué estuviera pensando.

Hermione se encontraba en la otra punta de castillo, junto a Ron, en su sala común. Se había quitado la cadena que llevaba puesta hace tres meses, esa que era un corazón de plata con una piedra verde. La pasaba entre en sus manos, jugaba con ella mientras pensaba que estaría haciendo su rubio amor. "Seguro está besuqueándose con otra mientras piensa que tan ingenua soy" pensó. Estaba a punto de arrojar la piedra al fuego, pero una frase iba apareciendo en la piedra verde, lentamente. Ella pudo leer:

Si algún día me ves con otra no pienses que no te amo, piensa que te quiero y que intento olvidarte.

"Seguro" volvió a pensar con ironía. Iba a reanudar su actividad se lanzarla al fuego pero no supo por qué no pudo. Algo dentro de ella se lo impedía, y nuevamente el rubio se hacía dueño de su mente.

El rubio miró el fino anillo de plata que llevaba en el dedo anular. Ese anillo se lo había dado su madre antes de morir, junto con una cadena de un corazón de plata con una piedra verde, diciéndole que se la entregara a la persona que amara. Le explicó que funcionaba mostrando los pensamientos de la persona que tuviera la cadena a la que tuviera el anillo y viceversa, siempre y cuando, los pensamientos sean sobre ellos. Esa noche que habían pasado en la sala Multipropósito, se había dado cuenta que estaba enamorado de su enemiga, de la única que lo había sabido ayudar. Que irónica la vida. Volvió a mirar el anillo, su madre le había dicho, también, que si la otra persona no lo amaba, no funcionaria. "Tal vez ya me olvidó", razonó. Pero pronto, en el anillo, comenzó a formarse la palabra: seguro. "Me ama", pensó. Pronto, en la otra punta del castillo, en una cadena con una piedra verde, se formó la frase: Me ama, pero la dueña no llegó a leerla.

La única que sabía de su relación clandestina era Ginny, que no la apoyaba. Pero era obvio, nadie que la conociera lo haría. Hermione estaba triste, quedaba solamente una semana para que termine el año, y hace unos días se había enterado que no podría volver el año siguiente a Hogwarts porque debería ir con Harry tras los Horrocruxes, por orden de Dumblendore. No solo temía no poder volver al colegio, si no que la idea de alejarse de Draco se le hacía terrible. Tal vez no lo fuera a ver nunca, eso la preocupaba. "Debería hablar con él, no le gustaría nada si no se lo cuento", pensó. Por el momento eso lo dejaría para la semana entrante, ahora debería estudiar, porque tenía los exámenes finales. Hermione iba a la biblioteca con la intención de estudiar, lo que no sabía era que estaba muy lejos de poder memorizar alguna palabra.

Draco Malfoy estaba en la biblioteca con el fin de encontrar algo que lo distrajera, corriendo el riesgo de cruzarse con la castaña, pero no había rastro de ella. Él iba por la mitad del libro cuando la castaña, seguramente la alumna que más visitaba la biblioteca al año, entró con una sonrisa cargada de tristeza. Draco la miró. Al instante se recriminó y murmurándose: "debo concentrarme" se enfrascó en el libro nuevamente. Con gran satisfacción logró no volver a mirar a la castaña. Diferente fue en el caso de la joven que desde que entró no pudo sacarle la vista de encima. Le inquietaba que el no la mirara, le inquietaba que no levantara la vista. Miró la cadena y nuevamente en la piedra aparecía una frase:

"No debo mirarla"

Instintivamente levantó la vista y chocó con los hermosos mercurios que rápidamente volvieron al libro que el joven tenía en las manos. El rubio observó el anillo y allí decía:

"No lo entiendo… Pero se ve tan lindo"

Draco sonrió con arrogancia. "¿Sabrá que eso le comunica mis pensamientos involucrados con ella?". Instantáneamente la ojimiel leyó aquel pensamiento y se dijo así misma: "lo sospeché". Como evidentemente no podría estudiar con aquella presencia que la perturbaba, decidió irse. Pero para salir tenía que pasar por delante del ojigris así que inspirando fuertemente caminó, segura, hacia la salida.

En su hazaña para salir de aquel lugar el elegante zapato del rubio se interpuso en su camino logrando que ella cayera sobre él. El rubio, ni lerdo ni perezoso, le dio el beso que ambos ansiaban hace exactamente tres meses. Cuando inevitablemente tuvieron que separarse para que no los vieran, y de paso respirar, la castaña se levantó y, haciendo uso de la poca fuerza de voluntad que le quedaba, se alejó de la biblioteca con prisa sin volverse para mirarlo, porque sabía que si lo hacía, no se iría más de allí.

El rubio sonrió y se miró la mano donde la castaña, durante el beso, había colocado una nota. Como si su vida dependiera de eso, desdobló el papel y leyó:

Draco:

Sé que esto está mal y no debería hacerlo. Tengo algo muy importante que contarte y, que tal vez, solo tal vez, te interese saber. Quisiera que nos encontremos durante la semana, ya que temo que se termine Hogwarts y no poder habértelo dicho. El martes, después de pociones, en la Sala Multipropósito.

Si no vienes lo entenderé.

Hermione.

Obvio que iría. Hermione lo había intrigado con aquella carta y, de alguna forma, tendría que averiguar qué le quería decir. Sonrió al pensar que linda estaba, tal vez nunca lograría olvidarse de ella.

El martes llegaba por fin y con él una tarde bastante inquietante para la castaña. En exactamente una hora se reuniría con la perdición, su perdición. Pensar que solo estaba a unos metros de ella (porque estaban en la clase de Pociones) y ella ni siquiera le podía hablar, simplemente mirarlo. Aquella hora, para ambos, fue la más larga de todas sus vidas. Pero bueno, el tiempo no se estancaría y pronto se hizo presente el fin de la clase de Pociones. Era la hora y ambos corazones parecían salirse del pecho de su respectivo dueño.

Hermione pasó por su sala común a dejar la mochila y pronto se encaminó a la "cita". Allí estaba el rubio, en una habitación pequeña y con solo un sillón. Pero cuando la castaña ingresó la habitación se agrandó y otro sillón como en el que estaba sentado el rubio, apareció.

-Sabes que no me gustan las mujeres impuntuales, Granger-soltó el rubio, frío.

-Sabes que no quiero gustarte Malfoy-dijo Hermione igual de fría que él-. Además sinceramente pensé que no vendrías.

El rubio decidió hacer como si no hubiera escuchado y dijo como si nada:

-¿Podrías ir al grano, Granger?

Hermione no entendía nada. Aunque tenía sus dudas, ella pensaba que el rubio todavía sentía algo por ella, por algo estaba allí; y ella… ella todavía lo amaba como o más que la última vez que estuvieron juntos sin público. Entonces, ¿por qué se trataban así? ¿Por qué no simplemente se besaban y se abrazaban hasta que el tiempo se acabara? ¿Por qué estaban lejos, uno en un sillón y otro en el otro? Por nosotros, se repitió por décima vez en el mes. Yo por él; él por mí.

-Malfoy, yo…

-Recuerdo haberte pedido que no me llamaras Malfoy en privado-admitió como si se arrepintiese de haberla tratado mal minutos antes.

-Yo…-repitió sin nombrar aquella palabra que tanto la perturbaba: Draco-Cuando el año

termine, yo…

Te encuentro despierto
me dices lo siento
con una lágrima derramas.

-¿Qué Hermione? ¿Tú qué?

-Yo…

Debería concentrase y juraría que ese sería la última vez que le diría algo a Draco Malfoy. Evidentemente no podía seguir así, no estaba bien, él tampoco; y aunque separados se hicieran daño, no se haría tanto como el que los dañaría cuando cortaran algo que ya había empezado. Hermione no se podía borrar al rubio besándola, sacándole la ropa, acariciándola… Tampoco podía quitarse lo suave que era su piel de su sentido del tacto, ni lo rico que olía, ni lo hermoso que era besarlo.

Me abrazas, me hielo
me pides un beso
y yo me quedo sin respirar.

-Me iré, Draco… No me verás…

-Herms, yo también mi iré. Todos los alumnos hasta el más pequeño, se irá. Pero son sólo unos meses…-no entendía porque la castaña hacia tanto drama si, como todos lo años, se irían de vacaciones y luego volverían.

-No… ¿No lo entiendes? No volveré a Hogwarts, debo ir a una misión con Harry y para eso es preciso que no vuelva a Hogwarts. No te veré nunca más. No regresaré.

Gruesas lágrimas se deslizaban por el delgado rostro de la castaña y leves sollozos se escapaban de su boca sin que ella los pudiera reprimir. El ojigris estaba paralizado con el cerebro funcionándole a mil por hora. Él quería olvidarse de la castaña, pero no dejar de verla. Debía protegerla y si estaba lejos, eso se le haría imposible.

Solo espera un momento
solo dime no es cierto.

-No, no puede ser… No me hagas esto, prométeme que no te irás. Dime que es una broma… Por favor…

Pero el silencio y las lágrimas de la castaña hacían más que evidente que no era una broma.

-¿Y qué haré cuando te vayas y extrañe tus besos? ¿Qué haré cuando no te tenga en la biblioteca para robártelos? ¿Qué voy a hacer, Hermione?-preguntó a modo de súplica.

-Me olvidarás. Buscarás besos en otras mujeres y pronto te olvidarás de mí. Harás como si nunca te hubiera besado y volverás a ser el Draco Malfoy de siempre.

Solo quédate en silencio cinco minutos
acaríciame un momento, ven junto a mí

-¿Y qué haré cuando quiera tocarte? ¿Qué haré cuando quiera hacer el amor contigo? ¿Qué haré cuando llame a la mujer de turno en mi cama Hermione?-cuestionó el rubio desesperado.

-Buscarás pieles similares a las mías, las tocarás y las tendrás a tu merced. Y si por alguna razón la llegas a llamar Hermione, fingirás que has dicho otra cosa, que ha escuchado mal.

-Pero no es lo mismo, yo te quiero a ti…

-De todos modos tienes que olvidarme y yo a ti. Tarde o temprano teníamos que hacerlo y vez esta sea la mejor forma… Es difícil olvidar si la otra persona se pasea tan campante por alrededor nuestro. No me verás más, ni yo a ti. Olvídate de mí, tal vez así, yo me olvide ti-las gotas que caían de sus ojos ahora resbalaban con más fluidez.

Te daré el último beso, el más profundo
guardaré mis sentimientos y me iré lejos de ti.

-No, princesa, no puedes irte…

-¿No entiendes? No quiero irme, TENGO que irme.

Tengo tanto miedo
y es que no comprendo
que fue lo que yo
he hecho mal.

La besó con desesperación.

-No, basta-se le notaba la tristeza a flor de piel.-No podemos seguir, debemos empezar ahora. Tú tienes que ser el asqueroso Slytherin y sangre pura de siempre para mí. Si me besas no podré olvidarte.

Me abrazas, me hielo
me pides un beso
y yo me quedo sin respirar.

-Al menos déjame abrazarte.

-No, no toleraría que me toques-admitió fingiendo una entereza que no tenía.

Solo espera un momento
solo dime no es cierto.

-Debo irme.

Hermione se giró sin esperar respuesta del rubio y se encaminaba hacia la puerta, pero de pronto la puerta desapareció. El rubio estaba deseando que no se fuera.

Solo quédate en silencio cinco minutos
acaríciame un momento, ven junto a mí.

-Déjame ir, te lo ruego. No mes hagas daño-le rogó.

-Escapémonos, hasta que la guerra termine, hasta que ya no tengamos que escondernos. Tengo suficiente dinero como para vivir todas nuestras vidas sin que nos descubran…

-Ya basta, debo irme, en serio… No me tientes, te lo ruego.

Te daré el último beso, el más prefundo
guardaré mis sentimientos y me iré lejos de ti.

-Sin embargo quieres tentarte…

Se acercó y rozó sus labios. Hermione no entendía como en un momento así, él podía ser tan fuerte.

Dame tu mano, devuélveme el aire
di que me amas, que no eres culpable.

-Te amo, pero déjame ir. Juro que te dejaré en paz, no volveré a hablarte.

Él le tomó la mano y con la otra le acarició la mejilla por donde todavía le resbalaban lágrimas por la suave piel.

Por lo menos un momento
dime que esto no es cierto.

-Quisiera decirte que miento, que me quedaré contigo hasta que tengas que casarte, pero debo irme, por mi bien, el de Harry y el del mundo mágico. Lo siento, y te recomiendo que participes lo menos que puedas en la guerra que se desatará, por tu bien, hazlo por mí.

Solo quédate en silencio...
acaríciame un momento...

Y por primera vez en la noche, ella lo acarició, y él cerró los ojos al contacto con su suave piel.

Te daré el último beso...
guardaré mis sentimientos
y me iré lejos de ti.

-Un último pedido…

-El que quieras, Princesa.

-Bésame.

Con los cuerpos muy juntos y todos los sentimientos que venían guardando, se unieron en el beso más largo de sus vidas, más dulce, más salvaje y repleto de esperanzas.

Solo quédate en silencio cinco minutos
acaríciame un momento, ven junto a mí.

Ella se aferró a él y le acarició la mejilla. Y lentamente se fue separando de su perdición.

Te daré el último beso, el más profundo
guardaré mis sentimientos y me iré lejos de ti.

-Te extrañaré-le dijo mientras aún más lágrimas salían de sus hermosos ojos color miel.

-No creas que yo lo haré menos-admitió con una sonrisa melancólica.

-Te amo, adiós-y sin esperar respuesta, aprovechó el descuido del rubio en que la puerta había vuelto a aparecer, y se escabulló, se alejó de allí, corrió hasta el lago, llorando. Si tan solo se hubiera quedado unos segundos más, hubiera escuchado el solitario "yo también" que emitió el ojigris.

Fin Flash Back.

Junto con ese recuerdo, la castaña dejó salir una solitaria lágrima por todo lo que habían vivido. Últimamente estaba demasiado sensible, el rubio se lo había dicho, y sinceramente, tenía razón.