Hola! como andan?

Lei los rewievs y les agradezco porque están muy lindos! (les aviso que tambien acepto criticas)

Con respecto a lo de los titulos de las canciones: las que puse hasta ahora una es: Me duele amarte, de Reik; la otra es Solo quedate en silencio.

Bueno, los dejo leyendo y los invito a dejarme mas rewivs para saber que le esta pareciendo esta historia.

besitos y...

A LEER!

Flash Back.

Solo restaban poco más de doce horas para que los alumnos de Hogwarts abandonaran el colegio. Dos jóvenes, muy lejos el uno del otro, pensaban en su amor, en las despedidas que habían tenido, en las ganas que tenían de tener muchas otras… Ninguno de los dos pudo dormir esa noche en la que, sabían, era la última en el mismo lugar. Ella daba vueltas en la cama, pero el rubio no desaparecía de sus pensamientos. Él en cambio, ya se había resignado a que no podría dormir y se sentó en la cama, intentando concentrarse en el libro que tenía en las manos, pero poco pudo leerlo.

La castaña, ya decidida a que no podría dormir, se levantó y, enfundándose en una bata de invierno, bajó al lago quebrando algunas reglas de ese castillo que tanto le había dado… ¿Pero qué importaba? Era su última noche allí… Una regla más, una regla menos… ya había roto bastantes como para preocuparse por aquella. Allí estaba, aquel lago negro que tantas alegrías y tristezas le había dado. "Adiós a todo, adiós a el amor de mi vida, realmente había aprendido amarlo.", pensó. Paseó por el castillo tratando de guardar en su mente cada uno de esos maravillosos rincones. Inconcientemente caminó hasta la sala de Menesteres. Ese lugar le había dado a conocer uno de los momentos más lindos de su vida. Dudando, entró e instantáneamente se formó la misma escena que había la última vez que había estado allí con Draco. La cama, los sillones, la ventana… Se quitó la bata y lentamente se recostó en la cama. El corto camisón le llevó a pensar que tenía frío y que si tan solo el estuviera abrazándola… Pero no estaba. Por fin, en paz, en uno de sus lugares preferidos de Hogwarts, el sueño venció a Hermione Granger.

El ojigris había decidido deambular por el colegio porque no podía seguir encerrado en su cuarto, así que lentamente caminó sin rumbo, perdiéndose en los oscuros y vacíos pasillos del colegio. Pero el destino era traicionero y la suerte, poca. Así fue que se encontró a sí mismo en la Sala de Menesteres, observando a Hermione dormir, con un camisón muy corto, tentándolo a ver más, y temblando de frío. Pero su cara le restaba lo provocativo a esa situación. Se le notaba en los ojos que había estado llorando y que se había dormido con nostalgia. Solo se quedaría un momento, luego se iría sin decir nada, mientras ella durmiera. Lentamente se acostó, logrando que no despertara. Al poco tiempo, la ojimiel dejó te temblar y se acurrucó contra él.

La castaña despertaba cuando el sol apenas salía. Abrió lo ojos y se desperezó. Lentamente comenzaba a volver el frío que estaba segura que en alguna parte de la noche había desaparecido. Había dormido como un bebé. Juraría que en las sábanas había olor a menta, y no cualquier menta, sino la menta que él usaba. Y allí estaba la prueba de que no estaba enloqueciendo. Pequeños cabellos rubios descansaban en la almohada de al lado. No solo su cabello, si no que también había olvidado el suéter en el sillón.

-Draco, Draco-murmuró en voz alta.

Ahora tendría que volver a verlo para devolvérselo y eso sinceramente no la entusiasmaba ya que podría tentarse. Que malditamente traicionero era el destino o ¿las casualidades?

Todos los alumnos se agolpaban en el patio del colegio a la espera de los carruajes que los llevarían hasta el Expreso de Hogwarts. El rubio no le quitaba los ojos de encima a la castaña, mientras que ella conversaba, triste, con sus amigos. Pronto los carruajes fueron llegando y como los de sexto fueron los últimos en bajar, les tocaron los últimos. El Trío de Oro se subió al primero que divisaron pero como todavía faltaba gente, el carruaje no avanzó. Minutos después Draco Malfoy se acercó allí.

-¿Puedo sentarme?-preguntó.

-Sí, por supuesto-le respondió Hermione con dulzura, olvidando que sus amigos estaban allí.

El pelirrojo enrojeció. ¿Acaso Hermione había olvidado todo lo que el hurón le había hecho?

-Hermione, yo creo que…-objetó Ron.

-Déjalo Ron, no te hará nada-agregó la castaña.

El pelirrojo enrojeció aún más y el rubio sonrió con arrogancia mientras que el ojiverde solo miraba la escena. Gris y miel se chocaron, dos sentimientos se chocaron, dos personas de fusionaron en una mirada que no acabaría hasta que ese momento acabe. El pelirrojo miraba el paisaje, y el pelinegro se había hundido es sus pensamientos, que no eran pocos, tratando de ordenarlos. Nadie reparó en que rubio y castaño, gris y miel, blanco y moreno se fusionaban a pesar de la lejanía. Pero todo acaba, y la magia se rompió. Primero bajó Ron, luego Harry y los otros dos aprovecharon ese segundo de soledad para besarse.

-No me olvides-le rogó ella.

-No lo haré-afirmó él.

Hermione bajó del carruaje en busca de sus amigos sin volver la vista atrás.

-No me olvides, yo tampoco lo haré-murmuró antes de alcanzar a Harry y perder a Draco de vista, para siempre.

Harry, Ron y Hermione se encontraban en uno de lo primeros compartimientos del tren. Ambos en silencio, uno por enojo, otro por confusión y la última por tristeza. Los tres sabían que ese era su último viaje en aquel tren. Luego de algunas horas, la estación se hizo presente. Lentamente los alumnos se acercaban a las puertas del tren, mientras éste bajaba la velocidad, pero la castaña intentaba retrasar lo máximo posible esa situación. Dumblendore había muerto, ella debía dejar a Draco y al colegio, tal vez moriría en la búsqueda de los Horrocruxes, y lo peor de todo se había enamorado de aquel rubio que ahora dejaba solo, para que siguiera su camino sin ella. Se sentía sola, desprotegida, sin esperanza, sin nadie que la protegiera. El tren se detuvo y la castaña no podía seguir retrasando su abandono. Aferrada a Harry, Hermione, abandonó el tren mientras dos mercurios reparaban en que, de sus enrojecidos ojos, caían un sin fin de lágrimas.

La ojimiel abandonó la estación de tren con la seguridad y el lamento de que no volvería a ver esos pilares grisas que la enloquecían. Sus padres estaban inquietados por sus lágrimas, pero ella les dijo que luego hablarían. Mientras tanto, de la estación, desaparecían hacia su mansión un joven rubio y otro igual que éste con la excepción de que le duplicaba la edad y tenía el cabello mucho más largo.

"Lamento no haberte podido dar un futuro, Princesa. Lamento tener que casarme. Lamento que nuestros destinos no se unan. Lamento que tengas que irte y aún más que no seas tú quien se casará conmigo en lugar de ella." Pensaba el rubio ya muy lejos de ella.

Pronto el sol se fue apagando, corriendo, desapareciendo junto con los corazones, esperanzas de un amor, besos y momentos de ambos jóvenes.

Su amor se grababa más fuertemente. La semana pasó y pronto, siete días después, la castaña se encontró tirada en su cama, recordando Hogwarts. Un leve picoteo en la ventana se hacía cada vez más fuerte. Hermione se levantó, caminó hasta la ventana y la abrió. Encontró a una elegante lechuza gris que le hizo acordar a sus ojos y nuevamente esos mercurios invadieron su mente sin que nadie los llamara ni los requiriera. ¿De quién podría ser esa lechuza? No era de Ron, tampoco de Harry, tal vez fuera de Hogwarts. Desató el pergamino pero la lechuza no la abandonó, sino que se quedó, obediente, esperando una respuesta al que, seguramente, sería su dueño o dueña. La castaña desenrolló la carta y con cautela leyó las palabras que surgían de aquella fina, pulcra y prolija letra:

"Te extraño."

Automáticamente la castaña supo de quién era aquella carta. El rubio le estaba diciendo que la extrañaba. Lentamente, tomó un pergamino, una pluma y tinta azul y escribió:

"No creas que yo lo hago menos."

Enrolló el papel y se lo ató a la lechuza que salió con su prolijo vuelo, seguramente, a Malfoy Manor.

La ojimiel reparó por primera vez en aquella semana en la cadena que llevaba desde aquella noche en la sala de Menesteres. Brillaba. ¿Será porque estaban lejos el uno del otro?

Hermione, aquella noche, se quedó dormida en su escritorio esperando la respuesta a su carta que, estaba segura nunca llegaría.

Para la castaña los días cada vez eran más largos, pero para beneficio de ella, ya habían pasado un mes desde que dejó su segundo hogar, su colegio. Los días pasaban y Hermione debía organizar sus cosas para la misión que la esperaba cuando terminara el cumpleaños de su mejor amigo. Todavía no tenía nada organizado. Debería empezar ya si no quería que el plan fallara. Debía empacar todo lo que necesitarían ella y sus amigos, tendría que modificarles la memoria a sus padres y mandarlos a vivir otro país, olvidar a Draco. Por lo pronto empezaría con empacar las cosas, así que utilizando magia muy avanzada y el bolsito de cuentas que usaría para el casamiento de Bill y Fleur, lo agrandó por dentro, pero para los demás aquel hechizo era imperceptible. Seleccionó los libros, la ropa, los elementos y todos los objetos que ella tenía y debían llevar. Ya se ocuparía de recolectar otros… Y así, dos semanas más pasaron volando. Faltaba tan solo una semana para el cumpleaños de su mejor amigo. Aquellas dos semanas la castaña había descubierto que con la mente ocupada, no se ponía a pensar en el rubio, ni a extrañarlo. Por primera vez, había logrado borrar al rubio u mente, al menos por dos semanas, eso era un avance. Por primera vez había logrado no estar pendiente de aquella cadena. Y pensando en eso fue que la tironeó de su cuello y la observó. La cadena rezaba: "La amo". Hermione debía olvidarse de él, ese era su propósito. Con furia tironeó sacándose la cadena y la lanzó dentro del bolso de cuentas, perdiéndola por un largo tiempo. En eso se encontraba cuando una lechuza marrón ingresó por la ventana abierta de su cuarto. Tomó el pergamino y leyó:

Hermione:

El plan comienza. Mañana deberemos buscar a Harry y te necesitamos para ello. Harry nos necesita, el mundo nos necesita Hermione. Pasaré a buscarte por tu casa mañana a las cinco y te explicaré en que consiste el plan.

Ojoloco.

Eso no solo significaba que debería cambiarles la memoria a sus padres, si no que también significaba que comenzaba un periodo de transición donde todo podía salir bien o, hasta, perder su propia vida. Tendría que prepararse, pero lo más urgente era preparar a sus padres.

Fin Flash Back.