Capítulo 9
Bella POV
Abrí los ojos lentamente y tardé un poco en acostumbrarme a la oscuridad que me envolvía. Me levanté y miré a mi alrededor. ¿Qué hacía en el bosque? Me esforcé en recordar lo último que había hecho a ver si encontraba una respuesta pero la última escena en mi cabeza era que Edward me llevó a mi casa… No recordaba nada después de pasar el umbral y eso era preocupante. Si había entrado en mi casa, ¿qué hacía ahora en el bosque? Entonces me percaté de que tenía algo en mi mano, un pequeño y moderno móvil que estaba segura no era mío. Todo cada vez era más confuso pero entonces escuché un ruido. Algo se movía a mi alrededor, en círculos cada vez más pequeños, tan pequeños que a veces me rozaba, pero no conseguía ver quien era, era demasiado rápido hasta que se detuvo de repente a milímetros de mi cara. Unos ojos rojos como la sangre me miraban, el ser lanzó un gruñido y desapareció tal y como había empezado, y todo volvió a quedarse negro.
"¿Estás bien, Bella?"
La fría mano que me tocaba la cara me hizo darme cuenta de que estaba soñando. El sonido del holter, al que estaba ya tan acostumbrada, me indico de nuevo que estaba en el hospital, pero seguía sin saber que diablos me había pasado. Aún sin abrir los ojos intenté levantarme, pero mi cuerpo no me respondía.
"Shh, no trates levantarte, estás muy herida y bastante sedada, no creo que tu cuerpo te haga caso ahora mismo. Pero háblame, Bella, ¿estás bien?"
Poco a poco abrí los ojos y pude ver quien era quien me hablaba, a mi lado, sentado en una silla y con su fría mano en mi cara se encontraba Edward Cullen, con cara de pocos amigos y pinta de estar algo cansado. Tenía el pelo más despeinado que de costumbre y su indumentaria no estaba perfectamente colocada en su sitio. Me recriminé a mi misma de nuevo por fijarme demasiado en él, pero era imposible no hacerlo.
"¿Qué ha pasado?" Preferí ir directa al grano, con Edward no eran convenientes los rodeos.
"¿Qué es lo último que recuerdas?" Noté que había más preocupación en su voz de la habitual.
"Mmmm… todo está muy borroso, recuerdo que me dejaste en casa, y que me torcí el tobillo…y entré en casa, y después estaba aquí en el hospital."
"¿No sabes que pasó entre que entraste en tu casa y ahora?"
"Parece que te alivia que no me acuerde. ¿Acaso me hiciste algo de lo que te arrepientas?" Las conversaciones con Edward Cullen tendían a sacarme de quicio.
"No, no es que me alivie ni nada, es solo que no debes forzarte demasiado, aún estás muy débil. Mira, yo tengo…algo que hacer, pero no te voy a dejar sola así que dejaré a alguien para que te cuide."
"Mira, no te ofendas pero sé cuidarme de mí misma y no necesito una niñera." Era evidente que ni siquiera yo estaba segura de lo que acababa de decir y Edward me miró con una cara divertida "Vale, quizás ahora mismo no soy el ejemplo de independencia pero, venga ya, estoy en un hospital, rodeada de enfermeras y médicos y tan sedada que no puedo ni controlar mi cuerpo, no va a pasarme nada."
"Quizás tengas razón, pero esta vez no me preocupa lo que te puedas hacer tú misma…" Edward dijo esto con un tono un tanto funesto que me asustó bastante, así que opté por callarme y darle la espalda. "Alice, pasa, por favor. Bella, sé que ahora no estás de acuerdo pero no voy a volver a dejar que acabes en el hospital, aunque consiga con ello que me odies. Te voy a dejar con mi hermana, Alice, supongo que la habrás visto en el instituto."
Me di la vuelta, porque si algo me había enseñado mi padre eran buenos modales y allí había una chica bastante menuda, con aspecto de duendecillo, que me miraba con curiosidad.
"Hola, Bella. Yo soy Alice, la hermana del amargado de Edward, el señor "me preocupo demasiado". Sé que es bastante molesto tener a alguien cuidándote todo el tiempo pero piensa que puede ser un buen momento para despotricar de mi hermano con una amiga. Además llevo mucho tiempo queriendo conocerte en persona." La chica me agarró fuertemente la mano y me dio una espléndida sonrisa.
"Encantada, Alice. Supongo que no tengo otro remedio que aguantarme con la niñera, al menos pareces más flexible que él…"
"Veo que habéis hecho buenas migas, así que me voy. Alice, Carlisle vendrá ahora para lo que te he dicho, no molestes a Bella, necesita recuperarse lo antes posible."
Entonces Edward le dijo algo a Alice de lo que no pude enterarme y se retiró, no sin antes echarme una última mirada bastante preocupada.
"Bueno, ¿qué quieres hacer? Podemos hablar de chicos, de moda, ver la tele o puedo ir a comprarte algo de comida."
La hiperactiva chica no paraba de hablar, parecía que no tenía que respirar.
"Hay algo más interesante que hacer, podrías contarme lo que me ha pasado."
"¿Cómo? ¿No sabes por qué estás aquí?" La chica se puso seria por primera vez desde que la conocí. "Lo siento, Bella, pero eso no me corresponde a mí, si no te acuerdas por ti misma tendrás que preguntarle a Edward, yo ni siquiera estaba allí así que solo sé lo que me han contado. Pero no te preocupes, seguro que pronto lo recuerdas todo." Alice volvió a sonreírme y se volvió hacia la puerta donde estaba el doctor Cullen.
"Señorita Swan, nos vemos de nuevo. Parece que está destinada a interactuar con mi familia."
"Más de lo que quisiera…" Murmuré, aunque juraría que me habían escuchado.
"Bueno, ¿Cómo te encuentras? ¿Te duele algo?"
"Estoy bastante confusa, no puedo recordar que ha pasado. Pero gracias a la gran cantidad de sedantes no siento mi cuerpo, a veces apenas siento mi cabeza." Dije mientras me llevaba la mano derecha a la frente.
"Bueno, con lo de la memoria no le puedo ayudar, pero si voy a hacer que descanse un poco más, cuando despierte podrá irse a casa."
"Pero no quiero dormir, a saber cuanto tiempo llevo ya durmiendo…"
"Lo siento mucho, señorita Swan, pero no se preocupe, ahora nos pondremos en contacto con su padre y vendrá a recogerla cuando se despierte."
"Además yo me quedaré a tu lado por si te despiertas y necesitas algo"
"Gracias, Alice. Está bien, doctor. Dormiré un rato, quizás así recupere la memoria."
Sin mediar más palabras Alice se sentó en la silla en la que antes había estado Edward y el doctor Cullen inyectó algo en el suero. En pocos segundos estaba de nuevo en el bosque, pero ahora el ser de ojos rojos estaba a mi lado, junto a dos seres más. Los tres llevaban una túnica negra que solo dejaba ver sus marmóreas caras. Entonces me di cuenta de que pasaba.
"¿Qué demonios queréis de mí?"
"¿Te crees que somos los únicos cerca de ti? Deberías prestar más atención a las señales. ¿De verdad creías que ibas a estar segura cerca de él? Es el peor error que has cometido, y lo pagarás caro."
Quien hablaba era el que parecía más joven de los tres, aunque los tres eran tan atractivos e inhumanos que era difícil determinar sus edades.
"¿De quien me estás hablando? ¿Es que acaso hay más vampiros en Forks? ¿Qué demonios queréis de mí? Yo no os he hecho nada, no sé por qué la habéis tomado conmigo."
Entonces apareció un cuarto ser. Este no llevaba ninguna clase de túnica sino que iba vestido con ropa normal, aunque de apariencia bastante elegante. Llevaba la cabeza gacha y la cara tapada con un alborotado pelo color…bronce… bronce como el pelo de…
Entonces todo apareció claro en mi mente y una serie de imágenes pasaron ante mí como si de una película se tratase, un móvil que sonaba, me escondía en el baño y "él" me decía que me escondiese, pero yo me asomaba y una rama gigantesca me golpeaba, después el doctor Cullen me ayudaba y Edward aparecía de nuevo, mirando mis heridas…
En ese momento volví a despertar, pero ahora ya no estaba confusa.
"¿Dónde está tu hermano?" Le espeté a Alice que aún estaba tal y como la deje cuando me dormí.
"Tranquilízate, Bella. Él está ahora ocupado, vendrá en cuanto termine un trabajo."
"Alice" Las palabras fluían a través de mis dientes, y la rabia aumentaba. "Dile a tu hermano que deje a los Volturi y venga aquí ahora mismo… ¡YA!"
La cara de Alice se descompuso, rápidamente se levantó y cerró la puerta de la habitación.
"¿De qué diablos estás hablando, Bella? ¿Volturi, qué es eso? Creo que has tenido una pesadilla, llamaré a Carlisle para que te dé otro tranquilizante."
"Ni se te ocurra moverte de ahí, Alice. Y ni se te ocurra hacerte la tonta, después de todo, si Edward es lo que es tú también tienes que serlo… ¿Cómo tenéis el valor de decir que me estáis protegiendo si sois lo mismo que los que me han hecho esto?
"No sé de que me estás hablando, pero será mejor que llame a Carlisle."
"Llama a quien te dé la gana, pero no creas que me vas a hacer pensar que estoy loca." Suspiré a ver si me tranquilizaba un poco "Está bien, veo que no estás por la labor así que solo te pediré una cosa, dile al chupasangres de tu hermano y a toda tu familia que no os acerquéis a mí, me da igual si estáis de parte de los Volturi o vuestros motivos son otros pero no quiero tener más nada que ver con vosotros, ¿de acuerdo? No quiero volver a veros cerca de mí ni de nadie conocido."
Sin más me levanté y como pude salí a la puerta, teniendo esperanza en que Alice no intentara detenerme. Si mis sospechas eran ciertas podría tumbarme con un solo dedo. Como pude me dirigí a la puerta del hospital donde una fría mano me detuvo.
"¡Alice, déjame!"
"Solo quería darte esto." Dijo Alice mientras me acercaba su abrigo, tenía una mirada triste que me partía el corazón pero al instante recordé lo que era.
"Supongo que los de tu clase no lo necesitáis."
Me puse el abrigo y me dirigí a la calle donde cogí un taxi y me dirigí al único sitio donde podía encontrar algo de consuelo ahora mismo, lo que no sabía era lo que me iba a encontrar. El taxista me dejo en la puerta de la gran mansión de la familia de Emma. Emma odiaba a sus padres, por lo que siempre estaba en la biblioteca, donde decía que vivía. Yo era una de las pocas, si no la única persona, que sabía que en realidad Emma era hija de una muy buena familia. Tenía suerte de que fuera viernes, lo que significaba que los padres de Emma habían salido como cada fin de semana y mi amiga estaría en casa. Tenía que hablar con ella, tenía que contarle todo lo que me había pasado en estos días. Llamé a la puerta y el estirado mayordomo me abrió la puerta.
"Señorita Swan, la señorita está en su habitación, si me permite su abrigo."
"No, gracias Jonathan, lo llevaré conmigo. Por favor, dile a Emma que la espero en la sala."
A pesar de las pocas veces que había estado en la gran mansión todos los del servicio me conocían ya que era la única amiga que Emma alguna vez había traído a la casa. Jonathan era un anciano bastante estirado y severo pero sabía que de verdad quería a Emma, lo mismo que el resto del servicio, que lamenta que ella pase tan poco tiempo en la casa. Todos consideran que es digna heredera de la familia aunque los patrones no piensen lo mismo.
Me senté en la sala que había más cercana a la entrada, donde siempre nos pasábamos horas y horas Emma y yo investigando lo paranormal. Parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que hablé tranquilamente con Emma. Mientras esperaba una de las sirvientas más jóvenes me trajo un té y unas pastas para pasar el tiempo y me dijo que Emma no tardaría en bajar, que estaba con una visita, cosa que me extrañó bastante.
Pero Emma aún tardó un rato más en bajar, al parecer estaba demasiado ocupada con su visita y no podía atenderme así que lo mejor sería irme, ya volvería en otro momento en el que estuviera menos ocupada.
"Jonathan, dile a Emma que ya me pasaré otro día que esté menos ocupada."
"Por favor, señorita Swan, espere solo un momento, si quiere suba usted, la señorita está en su habitación y no creo que no la atienda si es usted la que llama a la puerta."
"No sé, si no ha bajado a atenderme será porque está ocupada y tampoco es tan importante lo que tengo que decirle."
"Por favor, señorita, le suplico que vaya a hablar con la señorita, ha estado bastante extraña hoy, se ha encerrado en su habitación todo el día con su visita y no ha salido ni para su clase de los viernes."
El mayordomo se veía bastante preocupado por lo que no pude negarme y accedí a hablar con Emma. Así que llevaba el día bastante raro y había entrado con alguien en su habitación y no había salido… la última vez que vi a Emma estaba en una postura bastante…comprometedora y nada agradable a la vista así que aunque no quería me imaginé que pasaba, y a cada escalón que subía más me arrepentía de haber accedido a la petición del mayordomo. Finalmente llegué a la puerta de la habitación de Emma, era solo la segunda vez que iba a su habitación pero aún recordaba como se llegaba.
"¿Emma? ¿Estás ahí?"
Entonces con un pequeño crujido la puerta se abrió un poco dejando ver la cabeza de mi amiga, con el pelo alborotado y las mejillas sonrosadas. La miré sospechosamente y ella se puso algo más nerviosa.
"Ho…hola Bella. ¿Qué haces aquí?"
"Llevo un rato esperándote en la sala, creía que te habían avisado. Pero bueno, ya veo que estás, ejem, ocupada. Tenía que contarte algunas cosas pero ya volveré en otro momento."
Entonces sonó un sonido de algo cayéndose y una voz que podía reconocer en cualquier sitio empezó a lanzar maldiciones.
"¿Jacob? ¿Estás ahí con Jacob?" Bajé la mirada, dolida de que mi amiga estuviera con el único chico que alguna vez me había hecho sentir algo diferente. "Veo que estás ocupada así que mejor me voy." Sin más me di la vuelta y salí corriendo hacia la calle.
¿A dónde iba a ir ahora? Mi casa estaba descartada, tanto los Volturi como los Cullen podían encontrarme allí. El único sitio que me quedaba era la biblioteca pero era muy tarde y estaría cerrada…aunque podría buscar una forma de colarme. Después de todo era el único sitio que se me ocurría, pasaría allí la noche y mañana por la mañana ya pensaría que hacer.
Me dirigí directa hacia el instituto. Si había alguien que conocía las entradas secretas y los puntos débiles del instituto esa era yo. Después de todo no tenía nada mejor que hacer en los recreos que dar vueltas por el instituto. Lo primero sería saltar la valla, algo fácil para una persona normal pero no para alguien como yo, por lo que en vez de saltarla desenganché la alambrada por uno de los laterales y me colé por debajo. Ahora debía ir hasta la parte de atrás del edificio central, colarme en la sala de calderas y de allí ya podría ir hasta la biblioteca. Llevé a cabo el recorrido sin problemas y por fin entré en el cálido y familiar ambiente de la biblioteca. Me dirigí a la zona más escondida, la zona con los libros de ocultismo que solo conocíamos Emma y yo y me senté a pensar un poco. Me di cuenta de que con todo lo que me había pasado no podía ponerme a pensar en algo como el amor, una estupidez como esa no podía ocupar mi mente en los momentos así. Lo más importante era que hacer al día siguiente. No tenía adonde ir así que lo mejor sería salir de la ciudad. Quizás podría ir a Vancouver, donde conocía a un joven librero que estaba convencida de que ayudaría. O podría ir a España, también tenía a dos amigos allí que me acogerían sin problemas. Primero tendría que ir a casa a por el dinero y el pasaporte. Y no se me podía olvidar lo más importante, el libro de los Volturi, había pasado por demasiado ya como para entregarlo ahora por las buenas. Lo mejor sería ponerme en contacto con mis conocidos a ver quien estaba dispuesto a ayudarme. Encendí uno de los ordenadores de la sala y mandé un e-mail a todos mis conocidos que podían ayudarme y no tardaron en contestarme. La mayoría eran unos geeks adictos al e-mail por lo que estaba segura de que me contestarían rápido. Lo que no me esperaba eran tantas negativas. La única respuesta afirmativa vino por parte de un amigo alemán, un conocido de un foro de ocultismo. Ahora tocaba encontrar un vuelo barato que me llevase lo más cerca posible. Tenía los ahorros de la universidad y por como iban las cosas empezaba a tener claro que la universidad no iba a ser mi destino así que a mi padre no le importaría que tocara el fondo. Entre en una cuantas agencias de viajes low cost online y encontré un billete para la mañana siguiente. Lo pagué con la tarjeta de crédito de Charlie y decidí que lo mejor era ir ya a prepararlo todo y dormir en el aeropuerto.
Volví a salir del instituto tal y como había entrado y esta vez cogí un taxi hasta casa, le pedí que esperara y salí corriendo en dirección a mi destrozada habitación. Fue un shock entrar y verla como había quedado. La rama se había llevado por delante la ventana y parte de la pared y había destrozado todos los muebles que encontró a su paso. Además todo el suelo estaba lleno de cristales y había sangre sobre la cama y en el baño. Moví la cabeza para despejar el olor que empezaba a invadirme y salté a coger el calcetín donde guardaba el dinero, que estaba junto a toda mi documentación. Cogí también una mochila donde metí mi portátil y el libro, una muda limpia y algo de ropa interior. Una vez todo acomodado en la mochila me dirigí a la cocina donde se me ocurrió dejarle una nota a Charlie. Seguramente no notaría mi ausencia y ni siquiera le importaría pero puede que así alejase a los dos clanes de vampiros que me seguían. Cogí una hoja de papel y un bolígrafo y garabatee tan rápido como pude que me iba a dormir a casa de Emma todo el fin de semana. Cuando reparase en que no estaba allí ya estaría a un océano de distancia. Por fin terminé y salí de casa pero el taxi ya no estaba allí.
"¡Jodido taxista! ¡No he tardado tanto, joder!"
"¿Se ha quedado sin carruaje, damisela?" La voz que oí me heló la sangre.
"¿Qué diablos haces tú aquí?"
"Bueno, le dijiste a mi hermana que me llamara, ¿no?"
"¿Y no te dijo que también le había dado un mensaje?"
"Ah, sí. También comentó ese detalle. Puedes ser muy hiriente cuando quieres."
"Y tú puedes ser mortalmente estúpido también."
"Bella, tienes que comprenderme, no quiero que te hagan daño."
"¿Qué irónico no? ¿Qué tú no quieres que me hagan daño? Me parece que no tienes del todo claro tu papel en todo esto. Tú depredador, yo presa, la presa no cómoda al lado del depredador, el depredador seduce a la presa pero aún así se la come… ¿de acuerdo?"
"Para creer todas las cosas que crees eres bastante cerrada de mente." Edward se apretó el puente de la nariz como si estuviera tremendamente frustrado. "Está bien, hagamos una cosa. Yo te cuento mis intenciones, tú me cuentas que piensas hacer ahora y si aún así no te convenzo de que estás equivocada no vuelves a saber ni de mí ni de mi familia. Claro que los Volturi no dependen de nosotros así que no tengo poder de decisión sobre ellos."
No me quedaba más remedio que aceptar, o no me iba a dejar irme. Además había dicho que si seguía sin creerle se irían así que las cosas no podían ir mejores.
"Está bien, te escucharé mientras me llevas al aeropuerto."
"¿Al aeropuerto? ¿Es que acaso vas a alguna parte?"
"Eso no te incumbe, si quieres que te escuche llévame sin preguntar."
"No sabía que eras del tipo que huye."
"No creas que me conoces, Edward. No sabes nada sobre mí."
"Tú no me dejas conocerte."
Di la conversación por terminada y me dirigí al coche, ocupando el asiento del copiloto. Aún estaba un poco dolorida y la pierna me estaba matando pero no podía dejar que Edward lo descubriese.
"Está bien, ¿no pensabas explicarme algo?" Llevábamos un rato en el coche y aún no habíamos abierto la boca ninguno de los dos así que decidí romper el hielo.
"No sé exactamente por donde empezar…"
"¿Qué tal por decirme que os he hecho para que me queráis muerta?"
"No sé de qué me estás hablando."
"Venga ya, Edward. Sé lo que eres, sé lo que sois y sé que estás en el mismo barco que los tres tipos que han tratado de matarme dos veces. Y lo más extraño es que las dos veces me has salvado tú y no consigo entenderlo. ¿Es acaso una cuestión de propiedad? ¿Acaso me consideras tu presa, me estás engordando para después alimentarte de mí? Porque si es así, lo siento, chupasangre, pero he descubierto tu plan y para cuando te decidas a acabar conmigo estaré a miles de kilómetros de aquí."
"No podrías estar más equivocada… Eres bastante prejuiciosa."
"Quizás tengas razón pero creo que después de ver a la muerte de cerca dos veces tengo derecho a ser prejuiciosa. Pero venga, explícame por qué estoy tan equivocada"
"Es complicado…"
"Oh, sí. Tú siempre tan críptico."
Entonces de repente el coche se paró, de nuevo en medio de la nada, aunque esta vez Edward no apagó el motor por lo que las luces seguían encendidas.
"De acuerdo, ¿quieres una explicación? Pues aquí te viene, quiero protegerte, quiero estar a tu lado, no quiero que te pase nada y para ello me he tenido que enemistar con toda mi familia, poner en peligro nuestro secreto y enfrentarme al jodido gobierno de los vampiros, todo porque no puedo dejar de pensar en ti, en una niña humana que parece no comprender lo que realmente pasa en este maldito mundo."
Edward dijo esto bastante alterado y apoyó la cabeza sobre el volante con un suspiro. Yo me quedé con la boca abierta, ¿qué demonios había querido decir con eso? ¿Qué un vampiro no podía dejar de pensar en mí? ¿Qué de verdad quería protegerme y no matarme como sería lo normal en su raza?
"No deberías mentirme cuando he hecho el esfuerzo por escucharte." Dije en un susurro que estaba segura de que escucharía.
Edward me miró con una cara de frustración, con el ceño fruncido y podría decir que algo de decepción en sus ojos. La mirada que me echó hizo que mi corazón se encogiera y me dieran ganas de abrazarle para consolarlo, pero no podía hacer eso. Seguro que ese sentimiento venía por la traición de Emma con Jacob, tenía que ser eso, no podía empezar a sentir algo que no fuera rabia por un vampiro.
"Está bien, veo que sigues sin confiar en mi, te llevaré al aeropuerto y no volverás a saber de nosotros a menos que tú lo desees."
Entonces nuestra conversación se vio interrumpida por un sonido que me recordó el episodio más terrorífico que me había ocurrido en mi vida.
"Dime, Alice. … Lo siento, ya lo he decidido. … Sí, ¡claro que sé lo que has visto! Pero últimamente no estás siendo todo lo útil que deberías, y lo sabes. … ¡Me da igual lo que diga Rosalie! Ya sé lo que ha dicho, y sé lo que has dicho tú pero Carlisle está de acuerdo conmigo, no podemos seguir aquí. Ya sabes que eso no depende de mí, si ella así lo quiere así se hará, sabes que pasará si dice una palabra y si no nos vamos nos exponemos a eso. … De acuerdo."
Edward colgó el teléfono, bastante malhumorado pero no me atreví a decir nada. El resto del viaje fuimos en silencio, yo miraba por la ventanilla como empezaba de nuevo a llover mientras Edward parecía muy concentrado en la conducción. Tras una media hora pude ver el aeropuerto de Seattle aparecer ante nosotros. Edward detuvo el coche junto a la puerta principal. Esta vez no me abrió la puerta como la última vez así que me bajé yo sola mientras él mantenía la vista fija al frente y las manos en el volante, que parecía apretar con fuerza.
"Bueno, supongo que esto es una adiós…" Dije mientras lo miraba desde la calle.
"Sí, buen viaje." Dijo sin siquiera apartar la vista del frente.
Cerré la puerta y él salió del aparcamiento derrapando. Di un suspiro y me dirigí a la agencia de viajes que había junto a la sala de espera.
"Buenas noches, señorita. ¿En qué puedo ayudarle?" Una chica joven me habló desde detrás del único escritorio que había en el local.
"Hola, he reservado un billete para Alemania para mañana por la mañana por internet."
"Ah, sí. Aquí tiene." Dijo dándome el billete. "¿Va a pagar con tarjeta o en efectivo?"
"En efectivo" Dije mientras sacaba el dinero de la mochila.
Se lo di exacto, di las gracias y me dirigí a buscar un sitio donde sentarme. El aeropuerto estaba bastante vacío, debido a la hora que era pero la única persona con la que me crucé se chocó conmigo, resultando la caída al suelo de todas sus pertenencias y nuestros billetes.
"Perdone, señorita." Dijo con un marcado acento italiano. "¿Se ha hecho daño?"
"No, tranquilo, estoy bien. Pero mire por donde anda" Estaba bastante malhumorada por lo que la respuesta me salió más borde de lo que pretendía y el chico salió corriendo, siguiendo su camino.
Yo guardé mi billete en la mochila, para evitar nuevos problemas, y me senté junto a uno de los grandes ventanales, viendo caer la lluvia. Entonces me permití por primera vez desde hacía bastante tiempo relajarme. Me dolían todos los músculos del cuerpo de la tensión acumulada y la cabeza amenazaba con estallarme. Saqué una pastilla de un bolsillo de la mochila y fui a comprar una botella de agua. Pero cuando volvía a mi asiento una fría mano me agarró por detrás. Mi acción instintiva fue darme la vuelta para darle un puñetazo a quien fuera, no estaba para más bromas, pero el sujeto detuvo mi mano sin problemas.
"¿Qué haces aquí otra vez? Creía que estabas lo suficientemente enfadado conmigo como para ni siquiera girarte a decirme adiós."
"Lo siento, ¿vale? Quizás he sido un poco borde, y sí, estoy muy enfadado contigo. Pero eso no significa que quiera que mueras, ¿de acuerdo? No me he esforzado tanto durante estos días para que ahora porque eres demasiado terca te mueras."
"¿Y qué vas a hacer? No puedes impedir que me vaya." Aunque parecía segura de lo que decía estaba claro que sí que podía detenerme con una sola mano.
"No, no voy a impedirte que te vayas, pero sí te voy a pedir una cosa, cuídate por favor. Si por mí fuera subiría contigo a ese maldito avión que lleva a saber dios dónde, y espero que sea a un lugar soleado. Pero tú quieres que nos vayamos así que lo único que puedo decirte es que por favor no hagas nada peligroso y ten cuidado con quien se te acerca, no sabes quien puede quererte muerta."
Sin dejar que respondiera se dio la vuelta pero mi cuerpo se movió solo y le agarré la mano. Después habló alguien que no era yo, aunque dijo todo aquello que yo no podía decir.
"Tengo miedo." Mientras decía esto las lágrimas empezaban a inundar mis ojos. "Estoy realmente asustada… No quiero morir, y menos de una forma dolorosa. Tampoco quiero irme así de mi casa. Por favor, ayudadme."
Los sollozos no me dejaron continuar hablando y lo siguiente que sentí fue a Edward abrazándome fuertemente. Nunca nadie me había reconfortado tanto con un abrazo. Me llevó hasta una de las sillas de plástico de la sala de espera y continuó abrazándome contra su pecho hasta que me calmé.
"¿Estás mejor?" Dijo con preocupación en los ojos.
"Sí… Lo siento mucho, no sé que me ha pasado."
"Yo sí que lo sé, has confiado en mí por una vez."
Miré a Edward que me sonreía cálidamente y recuperé mi coraza de nuevo.
"¿Pero qué dices? ¡Simplemente me has pillado en un momento de debilidad!"
Me di la vuelta, avergonzada de lo que acababa de pasar.
"Vaya, qué bien. Ha vuelto la Bella testaruda… está bien, haz lo que te dé la gana. Yo te ofrezco mi ayuda si la quieres, ya sabes donde encontrarme."
Sin más Edward se levantó del asiento, se dio la vuelta y se fue por donde había venido. Entonces miré el reloj y vi que ya era la hora de que embarcase. Miré en el billete la puerta de embarque y me dirigí allí sin pensar en lo que había pasado hacia un momento, tendría 20 horas de vuelo para pensar en todo lo que había pasado. Entregué mi billete al azafato y subí al avión. No llamé a mi amigo alemán, ya le avisaría cuando llegase, con mi suerte seguro que me pasaba algo, así que lo mejor era no avisar a nadie aún. Una vez que estaba todo el mundo en sus asientos las azafatas dieron sus habituales explicaciones y el avión despegó. Me pasé casi todo el viaje teniendo el mismo sueño que tuve en el hospital, esos tres me decían que no eran los únicos vampiros en Forks y que era un error confiar en los Cullen, y concretamente en Edward, así que apenas descanse a pesar de llevarme todo el viaje durmiendo. Pero por fin llegamos a tierra y pude bajar del avión aunque lo que vi no era lo que esperaba. Al salir por la puerta de embarque vi que conseguía leer los carteles perfectamente porque…
"¿Italia? ¿Qué demonios hago en Italia?"
"Bienvenida, señorita Swan."
Un joven de unos 20 años vestido muy elegante se acercó a mí.
"¿Qué significa esto?" Dije nerviosa. Se suponía que ahora debía estar en Alemania, no en Italia. Estaba segura de que había comprado bien en el billete, pero entonces se me vino a la cabeza la voz de un joven con acento italiano, el chico que se chocó conmigo en el aeropuerto. "¡Joder, mierda!"
"Señorita, le pido que se tranquilice y venga conmigo."
"¿Por qué demonios tendría que ir con usted? ¿Y como sabe quien soy? Déjeme en paz, tengo que comprar un billete de avión."
Intenté irme en dirección contraria pero una fría mano me detuvo y me di la vuelta para mirar a los ojos del chico, ojos color borgoña, ojos de vampiro.
"Creo que ha comprendido que es inútil que siga intentando huir. Esos tres no consiguieron su cometido porque tenías a buenos protectores en casa pero ahora estás en nuestro terreno."
La amable voz del joven cambió a la voz de un depredador en un segundo. Entonces entendí que no podría cumplir con la petición de Edward, esta vez la había cagado y de verdad.
Sin abrir la boca seguí al vampiro hasta un lujoso mercedes aparcado en el parking subterráneo del aeropuerto. Me senté en el asiento trasero y esperé a que el coche arrancara, lo que fuera a pasar esperaba que pasase pronto.
