Im not like them
But I can pretend
The sun is gone
But I have a light
Quizás.
Cuando Remus se mira sus cicatrices siente asco de sí mismo. Siempre ha sido así. Pero es que esas líneas largas y rojizas que cruzan su cuerpo, esas marcas eternas y blanquecinas que brillan apagadamente cuando choca en ellas algo de luz le recuerdan lo que es. Un hombre lobo que en las noches de luna llena es un ser peligroso y descontrolado.
Y lo peor de todo es que corre libremente entre el resto de los magos.
Por eso trata de hacer todas esas cosas que el resto le costaría más, o se lo pensarían dos veces. Habla con los gigantes, o por lo menos trata porque siempre ha conseguido como resultado un ojo morado y nuevas cicatrices para su colección. Ha intentado persuadir a cuanta criatura mágica existe para que los apoye, o al menos para que no apoyen a Voldemort. Y siempre sin éxito.
Quizás es por eso que llega esa chica menuda y de cabello vaporoso a golpear su puerta, quizás la haya enviado alguien, alguien como un mortífago para matarlo, o quizás sea una prueba más para su paciencia.
Y aunque la chica luce fatal, él aprieta fuertemente su varita, como si aquel trozo de madera fuera su conexión al lado humano. O al que le queda. Porque Remus Lupin se siente cada vez más desplazado, más invisible. Más peligroso también.
- Disculpe, ¿Profesor Lupin?
Y momentáneamente no sabe que hacer frente a esa pregunta. Mueve la cabeza horizontalmente y dice -No, yo no soy profesor. -No dice que le encantaría serlo, no, eso no lo hace. Sabe que esa idea forma parte del montón de sueños estúpidos que ocasionalmente tiene, sobretodo por las noches, cuando está en ese limbo cálido donde el cuerpo no está dormido ni despierto.
- ¡Qué estúpida soy!- Escucha a la chica quejarse entre dientes. -¿Es usted Remus Lupin? -El la ve pero no ella a él, sólo puede adivinar un trozo de piel pálida y rasgada, a través de la delgada franja que ha dejado. No, no la conoce, nunca antes la ha visto.
¿Será peligrosa? ¿Peligrosa como yo? Piensa, y considera la idea de correr la cadena metálica, pero encantada en cada eslabón, no sabe por qué lo hace, pero finalmente posa sus dedos en la puerta, suena el ruido brillante del metal y la deja pasar. Quizás sean sus últimos momentos de vida, quizás la chica haya tomado poción multijugos y sea hasta el mismísimo Voldemort.
Es por eso que la toma del cuello, la empuja contra una pared y mete sus manos por entre la túnica para quitarle la varita. La chica se queja debajo de sus brazos, pero no opone mayor resistencia. -¿Quién eres y qué quieres? -Le pregunta, algo más calmado, con un trozo de madera ajena girando entre sus dedos, y la sigue mirando de un modo profundo, como si quisiera beber de sus ojos cafés y cristalinos toda la información que desea obtener.
- Mi nombre es...No creo que deba darle mi nombre, pero necesito su ayuda.
- ¿Mi ayuda, dices? ¿Cómo me encontraste y quién eres?
- Es una historia larga.
- No importa, tengo tiempo. -Entierra una mano en su pelo de tonos cenicientos y antes de darse cuenta de lo que hace su boca esta se mueve por sí sola y pregunta. - ¿Quieres té?
El resto es confuso, o demasiado claro. Imágenes que aparecen y desaparecen como si estuvieran cubiertas de niebla. La voz de la chica que no tirita, ni desvía los ojos. Nunca.
Sabe mucho, sabe de Sirius, de Peter y James. Saben que son animagos. Habló de Lily también. Pero lo más grave no es que sepa de ellos o de Dumbledore o de McGonagall o de cómo es la Sala Común de Gryffindor. Lo peor es que sabe de él, de el ser profundo que se esconde entre su carne y que le rasga la piel para nacer en cada luna llena.
Y cuando parece que ya no hay entendimiento posible para eso, cuando no tiene palabras, sólo se le ocurre decir. -¿Cuál es tu nombre?
- Jean. -dice la chica con las mejillas coloreándose rápidamente. -Jean Weasley.
- Pensé que todos los Weasleys eran pelirrojos y pecosos.
- Pues...yo no. -y le sonrié brevemente.
La chica le ha dado muchas pruebas de que puede ser de fiar, los conoce a todos, pero ellos no le conocen. Está perdida y sola, atascada por extraños motivos en una época en que no pertenece. Quizás sea un sueño, o una pesadilla, piensa Remus. Quiere hablar con Dumbledore para que le diga qué hacer con ella. No se ve peligrosa, pero quizás lo sea. Probablemente es un trampa y los matará a todos. Remus teme por sus amigos, por sus vecinos, por lo que fueron sus compañeros.
Le mira de nuevo y parece dudar de sus pensamientos. Se da cuenta que le teme porque no la conoce, y él es como el resto, siempre desconfiando de lo desconocido.
- Por favor, ayúdeme profesor Lupin.
Llevándose la taza a los labios se convence de que quizás debe darle una oportunidad, tal como hicieron con él.
We can reach the sea.
They won't follow me. Shadows, they fear the sun.
We'll make it if we run!
Run from the memory.
Je nage, mais les sons me suivent.
Left my name with the border guards,
a name that I don't need.
Ce sera un long voyage
sur les vagues de l'oubli.
Sobre soles que no le temen a las sombras (ni a otras personas)
Cuando James ve a Lily Evans entrar en la oficina de Dumbledore, su estómago se retuerce brevemente. Y algo le aprieta el corazón. Aunque ese algo no es más que Lily quien le estruja el cuerpo con ese abrazo tan fuerte y estrecho en que lo encierra. Wow, eso es inesperado, inusual e increíble. Pero a James no le resulta incómodo.
No la veía desde que salieron del colegio, tres años atrás, y en ella no se percibe ningún cambio. El mismo pelo rojo, la misma sonrisa resplandeciente y los mismos ojos. Esos ojos verdes que le incendiaban la cara cada vez que se posaban sobre él.
Sí, Lily Evans sigue igual. Respira el olor que le ha dejado en la ropa después que le suelta. Una mezcla perfecta entre naranjas y manzanas.
Hasta huele igual.
Lo que James no se espera es que cuando Lily ve a su mejor amigo se asuste. No entiende por qué se le cae el bolso de las manos y las mejillas se tornen pálidas, ausentes de todo color. Es como si se hubiese encontrado cara a cara con el asesino en serie más grande de la historia. Y no es que hayan sido grandes amigos y que se llevaran de las mil maravillas, porque eso nunca fue así. Pero tampoco se ponía así de ¿débil?, ¿temblorosa? frente a él. James mira a su amigo para averiguar el por qué de esa reacción, pero él la mira fijamente de vuelta, con la boca levemente abierta.
- ¡Tú no te llamas Rose! -Y James ve como los ojos de Lily se dilatan y se hacen gigantes, cómo tuerce la boca un poco y cómo observa al borde del espanto a Sirius. Y las dudas que tiene James con el propio Sirius son varias, ¿Por qué le habrá hablado con ese tono tan acusatorio? ¿Y por qué le dijo que ella no se llamaba Rose? Eso es obvio, es Lily Evans.
James la reconocería entre quince mil mujeres. O al menos antes lo hubiera hecho.
- ¿Sirius?...¿Sirius Black? ¡Oh, no!-se queja con la voz cuasi enfadada o al menos así la escucha James porque Lily se ha llevado una mano a la boca horrorizada. -Grandioso.- murmura, irónica, antes de recoger su bolso y James la ve darse la vuelta e ir a sentarse al lado de sus otros mejores amigos. Remus Lupin y Peter Pettigrew están un poco más atrás.
James no entiende nada. Sólo ve a Sirius amurrado a su lado, y que evita deliberadamente mirarle de vuelta, está callado, estático. Sin duda algo malo ocurre. Porque los vellos de sus brazos gigantes se han puesto de punta, tiene el cuello tieso y el rostro congestionado.
Incluso le palpita una vena que tiene en la frente.
- ¿Qué fue eso? -James tiene muchos defectos, pero el más grande es su curiosidad.
- Nada. -Ladra, literalmente. Sirius Black le ha ladrado como respuesta. No ha sido ni un gruñido ni un murmullo ronco. Y parece que quisiera morderle si sigue preguntando. A James ese "nada" le suena a todo, pero prefiere callar.
- Vale. -Sabe que tarde o temprano Sirius hablará.
James pocas veces ha visto a tantos miembros de la Orden del Fenix. Sabe que son muchos, y que no todos pueden ir a las reuniones, también sabe que dentro de las filas hay gente que hace el rol de espías (y ese genero en particular no le agrada nada) y se pregunta desde cuándo Lily es miembro de la Orden, y qué función tendrá.
Dumbledore habla, explica y trata de insuflar confianza, seguridad y esperanza. Cosas que James no necesita, jamás ha dudado ni un sólo segundo sobre las cosas por las cuales le gustaría morir. Le queda bien el papel de héroe. Le queda bien y sobretodo le gusta.
Porque se siente un microcosmo importante, un revolucionario. Es casi un niño pequeño jugando a ser soldado en medio de la guerra, aunque él no lo vea así.
El cree que es un sol, rodeado de muchos otros soles más, y que con su luz y su calor podrán derrotar cualquier intento de maldad/sombra/intentosdemortífagos/Voldermort que se cruce en su camino.
Estar en la Orden es bueno, no sólo por las personas inocentes, sino porque James siente que es su complemento. Es lo que le llena y le hace feliz. Está completamente seguro que no puede haber ocupación en el mundo más entretenida que esa. Goza con la adrenalina de cada misión, desarrolla tácticas y estrategias, averigua sobre nuevos hechizos y crea -en sus ratos de ocio- artefactos que resultan una mezcla de bromas y bombas -peligrosísimas- de tiempo. En la guerra todo vale.
Lily no se ve sorprendida, es como si estuviese informada de todo lo que habla Dumbledore, eso le lleva a pensar a James que quizás hace mucho tiempo está en la Orden y él no lo sabía. Sus amigos tampoco, porque se lo hubiesen comentado, ¿O no?
Ahora que lo piensa bien, está seguro que no, que nadie le hubiese dicho algo porque estaba prohibido. Cosas que no permitía el Tratamiento de Desintoxicación. Y sentado casi al final de la oficina, sentado al lado de su mejor amigo, sonríe solo. En realidad la sonrisa se le escapa de la boca, porque estaba sonriendo para él, está contento, feliz. Casi pletórico. Sólo después de tres años puede comprobar que todas las estupideces que hizo funcionan a las mil maravillas. Sí, funcionan.
Muchas gracias a Merlín, y a Circe, y a todos los que me han ayudado.
Sí, porque quemar todos los pergaminos en los que brillaban inscripciones raras (similares a una L.E.), pedirle a tu mejor amigo que te haga un obliviate para olvidar su número tefelonico y su dirección. Y conjugar a tu lechuza para que traiga de vuelta todos esas extensísimas cartas que le escribía rogándole, suplicando "...por favor, sal conmigo, sólo una vez...", han dado los frutos que no ha podido saborear hasta hoy.
Lily Evans es una chica guapa, inteligente y simpática. Tal como siempre. Punto. Nada más. Sí, como todos lo han oído, nada más. Y se quiere abrazar y besar asimismo, porque por fin no le duele pensar en su nombre, por fin su corazón no es un órgano con vida propia que bailaba samba cada vez que ella se cruzaba en su camino. ¡Por fin!
Una chica un tanto bajita y con el pelo muy enmarañado le mira. Suspira, para luego fruncir el ceño mientras oye a Dumbledore. Es tan joven como él pero nunca la ha visto. Ni en pelea de perros, es decir, que ni siquiera la ha visto con Sirius que suele involucrarse con cuanta mujer que esté en condiciones de cooperar. Raro. ¿Otra nueva, cierto? Creer eso no es tan raro. El ni siquiera sabía lo de Lily.
Ve a saber con cuántos trucos cuenta el vejete.
La chica, un tanto ojerosa y despeinada, cruza los brazos sobre su regazo y se acomoda en la butaca que ocupa, mientras mira ahora, con ese mismo ceño fruncido, a Lily.
¿Por qué? ¿Qué le hizo Lily? ¿O le hice algo yo?
No es la última maravilla, tampoco es fea. Pero no es su tipo. Deja que sus ojos sigan vagando y se encuentra con los ojos negrísimos de Severus Snape. No siempre todo es bueno, James lo sabe. Cierra los ojos hasta dejarlos abiertos a medias, y ambos se miran fijamente por un segundo. Eso, no tiene nada que ver con Lily, lo de ellos es anterior, casi endémico. Y James espera no ser tan estúpidamente iluso y jamás confiar en él. De lejos, mejor.
Por mi que se vaya a vivir a la estrella más cercana después del sol.
Porque no le cree ni el aire que respira, sólo ve oscuridad, destellos negros y sombras a su alrededor. La clase de sombras que está llamado a espantar. Severus Snape no debería estar ahí, o al menos eso piensa James.
La reunión termina, y todos los presentes se desordenan como cometas que buscan su orbita en un mar de fuego. Algunos giran en torno a tomarse algo en un bar y hablar de cosas sin importancia. Distraerse un rato y generalmente esa es la órbita de James. Otros se van a visitar a los amigos enfermos o internados en San Mungo. Algunos vuelan de vuelta a sus trabajos u hogares. Y ahora, otros giran en una orbita totalmente anormal.
Porque James ve a Dumbledore abrazar por lo hombros a Lily y baja con ella la escalera circular de su oficina. No sabe a dónde van. Sirius sigue a la chica con la mirada, y después la fija en él, en James. Hace un gesto con la cabeza indicándole que salieran de ahí, que hoy no habría bar en comunidad con Frank ni con el resto. Hoy, Sirius parece que tiene algo importante que decir.
- ¿Te gusta Evans todavía? -la voz es cautelosa, la actitud es distante. Y los ojos siempre fijos en los de él.
- ¿Por qué?, ¿Te gusta a ti, acaso? -es un tic, no puede evitarlo. Lleva esa mano grande y huesuda hasta sus cabellos y con un movimiento seco se lo enreda. -No me extrañaría, Lily está igual de bonita que siempre. -Sabe que no le ha respondido y no es porque esquivar el tema. No, señor. Es sólo que su curiosidad le gana al orgullo que siente por ser dueño de sí mismo delante de aquella chica que antiguamente lo transformaba en un troll.
- No está igual de bonita...Está mucho más bonita. -Y James tiene la sensación que hay algo raro en la voz de Sirius, tal vez son unas disculpas, tal vez son excusas. O una mezcla de las dos cosas.
- ¿Más bonita? ¿Por qué no lo dices de una vez? ¿Qué es lo que pasa con Lily Evans?- Y apoya la espalda en los muros de piedra y se cruza de brazos. Con Sirius nunca se sabe, por lo tanto no trata de hacer especulaciones sobre el tema. Sonríe, porque la situación le hace gracia. Frente a él, su mejor amigo tiene el rostro apretado y sus ojos se le oscurecen brevemente. Le ve tomar mucho aire, y le escucha decir con ese vozarrón ronco que tiene el muy cabrón.
- Lily y yo nos besamos hace un par de días atrás. -Sirius no tirita ni tiembla. Es sólo decisión, o eso cree James. Pero James no cree ni una sola palabra de su mejor amigo porque siempre se le ha dado muy bien mentir. Es algo genético. -Fue esa noche que salimos y tú te quedaste con Remus en la parte de atrás. La vi en el bar, sola, y no la reconocí, ella estaba algo ebria, no. Corrección. Ella estaba completamente ebria y debo reconocer que yo también. Ya sabes, Jimmy. Lo tipico, un par de besos, después subí a su departamento y cuando ibamos a ...-Se calla sólo porque James le ha hecho un gesto. Y es porque James, en ese momento ve a Lily caminar de vuelta a la oficina de Dumbledore, con él siguiéndola muy de cerca. Es casi volver a las orbitas habituales.
Casi. Porque algo ha cambiado en ella. No sabe qué es, pero a James no le pasa desapercibidos algunos detalles. Es como si Lily tuviera la cara llena de mensajes escritos con tinta invisible. Puede ser la expresión de sus ojos que mutaron a una pesada solemnidad. Puede ser la leve arrugita que tiene sobre el ceño como si estuviera preocupada. O puede que sea sólo Sirius, porque cuando le ve aprieta los ojos tanto como James los aprieta cuando ve a Severus Snape. O incluso puede ser que no sea nada.
- Porque entre tú y yo, jamás ha pasado nada, Sirius Black, ¿Cierto?
- Por supuesto, no ha pasado nada, Lily.
Salvo un snack de besos jugosos y apretados que James casi los puede ver en su cabeza, pero ¡otro premio para él! porque no se le mueve ni un pelo con todo aquello. No es que no le importe porque Lily es una buena niña y siempre le importará y Sirius, Sirius es su mejor amigo, es su hermano, es en quien gastaría un riñón, y pensaría en darle hasta la mitad de su cerebro si lo necesitase. Importa, pero no le hace daño. Hasta piensa que quizás...
¡No, ellos dos jamás!, porque James se desengaña al segundo.
Hay cosas que no se deben, ni se pueden mezclar: el agua y el aceite, el fuego y el agua, el sol y la noche, la luz y las sombras y Lily y Sirius, por supuesto.
Nota de Autora: Dudo mucho que no entiendan lo que ocurrió. Lily cuando fue a ese bar, conoció a Sirius...hahahahahha. Lo siento, fue un gusto que me dí. Prometo que no volverá a pasar (se flagela los dedos) Ahora, creo que está un poco más claro todo. O por lo menos va tomando forma. YAY!
Querida Marcela, YA VIENE LO QUE QUIERES, BITCH. Así que no te enojes, ni me putees. Porque yo iluuuu, de todas formas.
Y muchas gracias por leer. En serio, que eso actualmente es un bien escaso.
Besos!!
pdta. No tardaré en actualizar.
