Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto lo he ideado yo, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, puedo cabrearme. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.

Muchas gracias por la enorme acogida de lecturas, favoritos y alerts. De verdad, me quedé alucinada. Aquí os traigo el siguiente, esta vez desde el POV de Rosalie. No sé si os lo comenté pero irán alternándose los POV, así que 15 serán de Emmett y los otros 15 de Rosalie. Cronológicamente, este va justo después del anterior, pero han pasado unos meses.

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Devoción

Lo que comenzó como una especie de acto egoísta, con el paso del tiempo se convirtió en algo diferente. Algo que nunca pensé que yo pudiera haber llegado a permitir desde que Carlisle me transformó. Cuando le vi en la montaña no se me ocurrió que Emmett pudiera llegar a dejarlo todo por mí ni que yo lo hiciese por él. O que estuviera dispuesta a concederle acercarse a mí de ese modo.

Ya desde un principio vi en él la posibilidad de acercarme a todo lo que había perdido y estar próxima a eso que tanto echaba de menos y que me hacía falta: ser más humana. Obviando el desquiciante hecho de que eso ya era totalmente irreversible e imposible, necesitaba algo que me lo recordara para no volverme loca con el paso de los incesantes años. De no haber sido así, probablemente me habría convertido en un espectro sin vida que vagaba por el mundo durante toda la eternidad sin percatarse de lo que ocurría a su alrededor.

Por eso comencé a prestar más atención a Emmett de la que podría haber tenido anteriormente, porque me hacía feliz. O lo intentaba. Jamás entendí que se comportara de esa forma al inicio, pero no iba a ser yo la que se quejara. Ni tampoco podría negar lo que me hacía sentir el que él me considerara su ángel.

Fue complicado en un comienzo, debido a la mezcla de remordimiento y extraña predisposición que tenía sobre él a causa de haberle llevado a una existencia que yo tanto odiaba. Empero, poco a poco no pude evitar acercarme porque, de algún modo, sentía que era sincero conmigo. Como si pudiera confiar en él de verdad a pesar de tener sentimientos enfrentados a causa de ello. Hacía mucho tiempo que nadie me trataba con la delicadeza e interés que él me demostraba y eso no me pasó desapercibido.

Yo solía fijarme mucho en los detalles, incluso mentiría si dijera que esas cosas no me importaban. Lo hacían, y mucho. Probablemente ya no buscaba lo mismo que cuando era humana, pero no por ello iba a bajar el listón o dejar que cualquier cosa sirviera para mí. No iba a hacer eso; todavía conservaba mi orgullo intacto. Y era, precisamente, lo que me impedía que pudiera aclimatarme a una situación que no incluyera admiración hacia mi persona. Yo había cambiado después de algo más de dos años desde mi transformación, si bien no tanto como para dejar esa actitud de lado.

Esa era la razón por la que mantenía a Emmett cerca cuando lo encontré, para lograr que se preocupara de mí y fuera detallista. Y, bueno, no me equivoqué con eso, desde luego. Más bien al contrario. Él había sido el único que me había cuidado de aquella forma desde hacía tanto tiempo.

Jamás me paré a pensar las razones que podía haber encontrado para verme y tratarme de aquella manera. Él siempre lo vio como algo normal, ni siquiera pareció importarle el hecho de que fuésemos vampiros. Todo se lo tomaba bien, al contrario de lo que había hecho yo.

Los únicos momentos en los que verdaderamente me paré a pensar de manera detenida en lo que había hecho, fueron aquellos en los que Emmett no pudo contener lo que su nuevo cuerpo le pedía. Cuando me enteré de lo que había estado haciendo a nuestras espaldas, sin haberse dado cuenta prácticamente de todo el daño que con ello me hacía, fue una de las cosas más difíciles de soportar. Al principio llegué a aceptarlo; creí que con ello le hacía algún bien, pero pronto me percaté de que no podría seguir aguantándolo por mucho tiempo. No quería que matara humanos, quería que fuera como todos nosotros. Que fuera como yo.

Después de todo, él ya sabía a lo que se exponía si decidía formar parte de nuestra familia. Se le dejó bien claro cuando llegó.

Pero cada vez que él se acercaba a mí para pedirme perdón o tratar de alegrarme, aun a pesar de lo que había estado haciendo, yo sentía que no podía abandonarlo sin más. Lo cierto es que me sentía dolida, más por el engaño que por otra cosa, si bien llegó un punto en el que consideré que cualquier reacción que pudiera esperar por su parte era sencillamente imprevisible.

Me lo demostró el día que decidió dejarlo todo por mí.

Estuve días, semanas incluso, sin hablarle. Sin dirigirle una simple mirada. Hasta que se acercó y me contó que lo único que quería era ser lo que yo quisiera que fuera, sin importar lo que alimenticiamente hablando pudiera llegar a necesitar. Se iba a controlar por mí, porque sabía que era lo que yo quería, lo que yo necesitaba.

Y de pronto, vi algo en sus ojos aparte del color borgoña: vi cómo me miraba, cómo me había mirado desde siempre, más aún cuando supo que yo le había salvado. No era la simple adoración que había podido infundir en los demás mientras fui humana, no, era algo más intenso. Más cegador.

No necesité mucho más para creerle y saber que todo lo que me prometía era cierto. Sabía que lo haría, así que poco a poco retorné al acercamiento que había intentado comprender si podría ser capaz de llevar a cabo. Por supuesto, el sentimiento de comodidad y lo agradable que era para mí en aquella época ayudaron mucho.

Pasar los días a su lado me hacía comprender qué era lo que había visto en su mirada, porque yo comencé a sentirlo poco a poco. Quizá cuando era humana llegué a imaginar que aquello pudiera existir, pero yo no lo sentí por nadie. Quise a mis padres, a mis hermanos, incluso a mi amiga Vera, mas no era nada parecido. Ni siquiera era lo que o esperaba encontrar en mi marido si hubiese llegado a tenerlo. No era sólo amor, y lo comprendí el mismo día en que empecé a mirarle a escondidas cuando estaba entretenido haciendo cualquier cosa, igual que si todavía fuese una niña espiando a algún amiguito del colegio. Porque, por supuesto, no deseaba que me viera mirándole. No iba a confesarle algo así.

A cada minuto conseguía hacerme reír. De manera estúpida la mayor parte de las veces, y las que no, yo sabía disimularlo bien. Había muchos momentos de felicidad.

No era muy difícil comprender la solución a la que llegué con el paso de los meses, y es que, a pesar de lo que pudiera llegar a faltarnos a ambos y lo que jamás llegaríamos a tener, era todo lo que alguien como yo necesitaba.

Me lo dejó claro un día mientras cazábamos.

Habíamos ido los dos solos porque aquel día era mi turno de llevarle. Todos nos íbamos alternando, pues Emmett necesitaba alimentarse con mayor frecuencia que la nuestra y no era para que nos trasladásemos todos en cualquier momento. Debíamos ser consecuentes.

Era por la tarde, casi a punto de anochecer. Hasta aquella hora habíamos estado dando vueltas sin parar; parecía que todos los osos hubieran huido del lugar, pero por fin localizamos a uno aislado, en mitad de una hondonada entre la espesura y muy escondido.

Detuve a Emmett antes de que lo asustara y lo hiciera escapar, más que nada porque no me apetecía especialmente echar ninguna carrera en aquellos momentos. Después decidimos rodear un poco el terreno, para que cualquiera de los dos pudiera lanzarse y así el otro lo atrapara. De hecho, iba a ser yo la que saltara para inmovilizarlo.

Intentaba aislar los incesantes ruidos provenientes de Emmett, el cual no paraba de moverse, porque no quería perder detalle de los movimientos del oso. Si notaba nuestra presencia, escaparía y tendría que darle la razón a Emmett sobre lo de echar a correr. Y, ante todo, no deseaba darle la razón.

—Rose, ¿quieres casarte conmigo? —escuché que me decía de repente. Yo estaba agazapada detrás del tronco de un árbol, preparada para saltar sobre el animal. Noté que mi boca se entreabría por la sorpresa. No estaba segura de haberle escuchado bien—. Bueno, si no quieres, no. Pensé que te gustaría la idea. Se me ocurrió anoche —comenzó a sonreír y se encogió de hombros.

Fruncí el ceño, aunque fue un acto que realicé sin pensar. No esperaba que me preguntase algo así en una situación como aquella, en mitad de un bosque con un oso esperándonos. ¿Acaso no se había dado cuenta de que estaba a punto de ponerle un oso enorme en bandeja? Por lo visto, no.

Me eché a reír.

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N/A: Me parecía curioso emplear la palabra "devoción" con Rosalie, por todo aquello de que sea ella la menos demostrativa de los dos, quizá. Pero no por ello va a querer menos a su marido, ni nada por el estilo. Sinceramente, pienso que sus sentimientos por él son más fuertes de lo que cualquiera de nosotros podemos entender. Y lo de "devoción" va por la sensación que tienen ambos entre sí, algo que se ve en sus miradas sobre todo. No creí necesario incluir la palabra, me parecía mejor ver toda la consistencia del hecho en sí.

El final es un poco raro, pero bueno, me hacía gracia imaginarlo. A finales de semana, más. ¿No os han dicho nunca que los reviews adelgazan? :)