Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto lo he ideado yo, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, puedo cabrearme. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.
Ya estoy aquí otra vez, y gracias a vosotros por seguir leyendo. Con esta viñeta nos encontramos a comienzos de "Luna Nueva", enseguida os situaréis. Espero que os guste.
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Fiesta
Llevábamos viajando por África desde que comenzó el verano. Concretamente, desde que nos graduamos otra vez en el instituto. La gente de Forks pensaba que tanto mi mujer, como mi hermano Jasper y yo íbamos a ir a estudiar a la universidad de Dartmouth, pero no era así. Sólo fueron excusas para seguir aparentando que éramos jóvenes. Yo no tenía ganas de empezar una nueva carrera y Rose, tampoco; así que preferimos dar espacio.
Sí, en realidad se trataba de alejarnos un tiempo de Forks. Rosalie lo necesitaba y yo iba a acompañarla, evidentemente. Me pareció buena idea eso de viajar durante meses y hasta el momento todo había ido genial; ella parecía feliz y yo también siempre que estuviera cerca. El problema era que estábamos a cinco de septiembre y Alice acababa de mandarme un e-mail.
Solíamos hablar bastante a menudo con el resto de la familia tanto por teléfono como por Internet, pero a mi hermana se le olvidó contarnos antes el pequeño detalle que me había comentado hacía unos instantes: la semana siguiente iba a ser el cumpleaños de Bella, la novia humana de mi hermano. Y claro, le iba a celebrar una fiesta en casa a pesar de que a ella no le agradaba la idea. A veces Bella era algo rarita y no gustarle las fiestas fue algo que jamás entendí; nosotros nunca habíamos celebrado un cumpleaños, así que ese tenía que ser genial.
Quería ir y me hacía ilusión volver a verles, inclusive a Bella, empero, no estaba convencido de si Rosalie se tomaría a bien mi idea. Seguramente no le haría ninguna gracia porque, en cierto modo, Bella fue la causante de que estuviera tan predispuesta a que nos marcháramos de la ciudad durante meses. No me gustaba verlas enfrentadas o, mejor dicho, no me gustaba que Rosie estuviera a malas con ella.
Por eso desconecté el portátil y empecé a planear cómo podía pedirle a mi mujer que volviéramos a casa unos días para el cumpleaños de la humana a la que detestaba. Sería difícil.
La primera opción que pensé fue llevarla allí sin decirle nada de la fiesta, engañarla para regresar, si bien aquello haría que se pusiera en mi contra y no quería eso. Otra idea era chantajearla, prometerle que luego haría todo lo que me pidiera y sería su esclavo eternamente. Por los siglos de los siglos. Pero eso ya se lo había prometido antes, así que no servía. Y ya no se me ocurría nada más, me quedé en blanco.
Chasqueé la lengua, exasperado. No solía tener demasiada paciencia y tampoco la poseía para trazar planes de la nada con tanto peligro como acarreaba aquel. Me gustaba el peligro, mas no relacionado con Rosalie.
Empecé a toquetear las teclas del portátil, haciendo ruido.
—¿Ocurre algo? —me preguntó ella, apareciendo de repente junto a mí. Mierda, había conseguido llamar su atención con el ruido. Genial, Emmett, eres todo un as de la discreción, pensé—. Emmett, te estoy hablando.
—¿Qué? Ah, perdona, nena. Sólo estaba… No sé, me aburría.
—Vale, pero no sigas con eso, por favor, sabes que me pone de los nervios. Intentaba leer.
Llené de aire mi boca y formé una enorme bola que fui soltando poco a poco. Al mismo tiempo empecé a asentir con la cabeza ante lo que Rose me había pedido, pero ya se había marchado y no me vio. Tuve la tentación de volver a tocar las teclas, si bien pude detener mis dedos antes.
Me levanté de la silla y eché a caminar por la enorme estancia. La verdad es que nuestra suite era gigante, impresionante. Quizá demasiado elegante para mi gusto, pero la había elegido mi mujer y ella sabía lo que hacía. Lo más caro, siempre cogíamos lo más caro.
Me sentía algo nervioso; siempre era igual cuando tenía que pedirle algo a Rosalie. Normalmente resultaba más fácil a la inversa, ya que todo lo que ella quisiera yo acabaría concediéndoselo. Además, cualquier cosa relacionada con Bella Swan podía llegar a irritarla demasiado, por lo que, en teoría, no era algo excesivamente inteligente por mi parte. Pero qué importaba.
Debía afrontar la situación totalmente decidido.
Respiré hondo y me acerqué a la puerta del dormitorio. La abrí deprisa y vi que estaba sentada en la cama, recostada sobre el cabecero, con un enorme libro en las manos. No alzó la vista ni nada, luego decidí acercarme hacia ella. Después, me eché en la colcha apoyando la barbilla sobre las manos. Me quedé observándola y casi se me olvidó lo que quería pedirle, no obstante, reaccioné a tiempo.
—Preciosa, ¿estás ocupada? —frunció el ceño y ladeó levemente la cabeza.
—Lo estaba. ¿Qué pasa?
—Hay algo que… quería comentarte —mi cerebro empezó a trabajar a toda velocidad, aunque no salía ninguna frase decente que poder emplear en ese momento y Rosalie comenzaba a impacientarse. Dejó el libro abierto sobre la cama y movió su mano derecha delante de mis ojos—. Vale, he hablado con Alice.
—Ahá. ¿Y? Yo hablé con ella antes de ayer, eso no es ninguna novedad.
—¿Y no te contó algo en particular? No sé, ¿algún acontecimiento importante o algo parecido? —tanteé el terreno, ya que quizá a ella sí la había avisado.
—Que yo recuerde, no —apretó los labios, le salía siempre que se ponía a pensar concienzudamente en algo, incluso así estaba preciosa—. ¿Tenía que hacerlo?
—Puede —contesté, escueto y algo cortado—. Está bien, no me interrogues más, el caso es que en unos días será el cumpleaños de Bella —desistí, no pude soportarlo; no era capaz de esconderle nada durante mucho tiempo. Esta vez había sobrevivido casi media hora, todo un record.
—Ah, eso. Alice dijo algo, sí —corroboró, al mismo tiempo que se alisaba un mechón de pelo y lo colocaba detrás de la oreja—. Pensé que lo sabías.
—Pues no —estaba un poco pasmado—. Pero bueno, he pensado que quizá podríamos ir. Estaría genial poder asistir a un cumpleaños, ¿no crees? Nos lo pasaríamos bien y podríamos verles a todos. Hace meses que no les vemos.
Entrecerró los ojos de repente, fue como si sintiera un pinchazo en su interior. Mierda, lo había vuelto a hacer. Sabía que no le gustaba hablar de Bella y yo no hacía más que meter cizaña. Quedarme callado habría sido mejor; había estado muy tranquila todas esas semanas, no era necesario fastidiarlo.
Volvió a abrir los ojos y me miró. Su expresión no era demasiado amistosa, pero eso a mí nunca me importó.
—Si quieres, puedes ir. Yo no voy a prohibírtelo.
—Ya lo sé —le aclaré—. Quiero que vayas conmigo. Te quiero allí.
—No me apetece.
—¿Por qué? Será divertido.
—Seguro, eso por descontado. Un numerito más en el circo que tiene montado Edward, claro que será divertido —me dijo con tono ácido—. Yo no pienso ser partícipe de nada que se refiera a esa muchacha.
—Rose….
—He dicho que no. Y por mí puedes irte esta misma tarde si te apetece.
Tocado y hundido.
No iba en serio, estaba seguro. Sólo lo hacía para defenderse a sí misma; no quería empezar a discutir de nuevo a causa de la novia de mi hermano y prefirió zanjarlo todo de una vez. Por descontado que yo tampoco quería reñir con ella, pero no pensaba hacer nada que la disgustara, luego si ella no iba, yo tampoco. Y eso me hacía daño porque yo llegué a estar entusiasmado con la idea.
Me levanté de la cama sin mirarla y salí de la habitación.
"Enfadado" no sería la palabra adecuada para definir cómo me sentía, probablemente "cansado" sería más exacta; a veces era demasiado pesado tener que lidiar con el mismo tema constantemente, terminaba agotado. Yo iba a apoyarla en todo momento fuera cual fuera la cuestión, si bien no podía soportar la situación por más tiempo. Ni ella estaba bien, ni yo tampoco. Algún día tendría que agradarle Bella; Alice había dicho que iba a ser de la familia en cualquier momento y yo no quería ver a Rose enfadada veinticuatro horas al día. Ella no era así.
El resto del tiempo pasó de igual modo, ya que me planteé a mí mismo ignorarla para ver si así conseguía hacerla reaccionar. Sin embargo, era demasiado complicado y me ponía nervioso. Lo que tenía claro era que no iba a regresar a Forks yo solo, pues fue una especie de auto-promesa.
Creo que me tragué todos y cada uno de los horribles programas televisivos y jamás me había aburrido tanto. Ni siquiera el estar ante una pantalla plana de lo menos un millón de pulgadas me hacía sentir bien. Sólo me dedicaba a mirar disimuladamente a Rosalie cada vez que pasaba cerca, pero me escondía a tiempo para que no se diera cuenta, si no, mi plan no serviría de nada.
Me sentía imbécil.
Llegó un momento en el que empezó a colocarse delante de mí para ver si respondía, pero supe controlarme e incluso me pareció que ponía caras de desesperación, hasta que se sentó en un sillón cercano al mío. Cruzó las piernas y se recostó sobre el respaldo. Televisión, Emmett, televisión, pensé.
—¿No vas a hablarme? —me preguntó con tono molesto—. Me parece perfecto, tu actitud es muy madura. Cualquiera diría que tienes noventa años —endureció sus facciones y entreabrió la boca mientras yo seguía sin hacerle caso—. Te he dicho que podías irte si querías, no vayas a echarme ahora la culpa de eso. Genial —terminó consiguiendo que su voz sonara demasiado aguda.
Tomó una de sus revistas y se puso a leer. Cada cierto tiempo la escuchaba resoplar y yo terminé apagando el televisor porque me estaba desquiciando.
—Está bien, ya me he cansado —dijo de repente, sacándome de una especie de trance de aburrimiento mortal—. ¿Prefieres que vaya a un sitio en el que no se me quiere? ¿Eso es lo que prefieres?
—¿De qué hablas, Rose?
—Vaya, habló. Lo sabes perfectamente, no creo que Isabella esté deseando que yo asista a su fiesta de cumpleaños. Y Edward, menos aún.
—Eso no es verdad —le rebatí. Seguro que mi hermano estaría encantado de que fuera, así al menos haría ver que no odiaba tanto a su novia.
—Sí lo es —alzó el tono—, y estoy harta. Me fui de casa para no verla, no voy a volver por ella. No me interesa.
—Pero a mí sí. Me hace ilusión ir, quiero volver unos días y quiero ir a su cumpleaños. Quiero verla abrir los regalos y ver cómo se sonroja por eso. ¡Es divertida!
—Pues búscate tú también una novia humana que se sonroje —me escupió, herida. Mierda. Se levantó deprisa y se alejó hacia una de las ventanas.
Salté el sofá y fui detrás de ella, más rápido aún.
—Eh, Rose, eh. Espera, nena —le pedí agarrándola del brazo—. No digas tonterías, sabes a lo que me refiero, por favor.
—No digo tonterías, parece que todos la queráis de novia. O de juguete humano, lo que os dé la gana. Todo es igual de absurdo.
—Me cae bien —dije, sintiéndome algo desconcertado. Ella desvió la mirada—. Pero eso no significa que yo necesite una humana en mi vida, no seas idiota.
—No me llames idiota.
—Lo pareces cuando te pones así —intenté que mi voz sonara dulce, no quería cagarla más aún—. Hace tiempo que no te pido nada y esto me hace verdadera ilusión, Rose. Sé que te portarás bien con ella. Pero, por favor, ven conmigo.
Dudó unos instantes e incluso llegué a pensar que no me estaba haciendo caso. No era habitual en ella pasar de mí, pero quién sabía: parecía enfadada de verdad. Además, yo lo había mandado todo a la mierda comentando cosas sobre la humanidad de Bella. Fui un gilipollas.
Se estaba mordiendo los labios y logró que me quedara mirándola otra vez, al parecer, esa especie de hechizo no había desaparecido con el paso de las décadas. En cuanto lo notó, se movió un poco y se acercó más al impoluto cristal de la ventana.
—¿Tan importante es para ti?
—Sí, de verdad. Me apetece mucho —le contesté, aunque después me di cuenta de la doble interpretación que podían tener sus palabras. Metí las manos en los bolsillos del pantalón.
—Está bien, iremos —dijo, pasados algunos segundos. No parecía demasiado convencida y yo creí que empezaba a tener visiones auditivas también.
—¿En serio? —me lanzó una mirada furibunda y no volví a preguntar. Lo decía de verdad—. ¡Genial! Eres maravillosa, Rose. ¿Te he dicho ya que te quiero?
—Hace horas que no, en realidad.
Yo era feliz, tremendamente feliz. Di un par de zancadas hasta la ventana y la agarré de la cintura, todavía de espaldas a mí. Incluso empecé a besarla en el cuello, pero de repente me detuvo.
—Espera —se giró un poco—. ¿También hay que regalarle algo?
—Ehm, supongo —alzó una ceja ante mi evidente confusión—. Esperaba que tú me ayudaras con eso, ya sabes, eres una chica.
—Oh, genial. Lo que faltaba.
Me pareció notar cierto toque de sarcasmo en su voz. ¿Qué se le podía regalar a una chica humana que no quería nada caro? No tenía ni idea. Bella era muy rara.
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N/A: bueeeno, con este conseguí contar lo que quería y quedó más o menos como lo imaginé en un principio. Así que estoy contenta, pero ya me diréis.
Me pareció bien comenzar ya con la época de los libros, porque de allí hay bastante que rascar en cuanto a momentos Rosalie/Emmett. En este caso, quería que se viera un poco el hecho de que Rosalie sería capaz de "soportar" a Bella si eso hiciera feliz a Emmett, ya que es lo que se saca en conclusión de esa parte en "Luna Nueva".
Traeré el siguiente a mediados de la semana que viene, y ya será el último porque me voy de vacaciones. Así que ya sabéis, inspiradme para que pueda escribir mucho en la playa xD.
