Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto lo he ideado yo, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, puedo cabrearme. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.

Vengo de las vacaciones con las pilas cargadas y un montón de viñetas y oneshoots preparados para este fic, así que sólo será cuestión de seguir subiendo al mismo ritmo que hasta ahora. Hoy toca un nuevo Emmett POV, situado en época pre-Twilight que espero logréis adivinar sobre qué versa. Es fácil.

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Accidente

Caminábamos tranquilamente por la calle, cogidos de la mano. No hablábamos, al menos yo no. Nos dirigíamos hacia el cine que acababan de abrir tan sólo unos días atrás y que era la nueva atracción de la ciudad, en la que, por cierto, escaseaban las sorpresas.

Yo no era demasiado exigente con el lugar al que fuéramos a vivir porque, en realidad, eso me daba igual con tal de poder estar con ellos, pero sí notaba que a mi mujer ciertos lugares la deprimían demasiado. Y aquel era uno de ellos. No lo decía abiertamente, mas yo lo notaba; no era muy difícil darse cuenta si se la miraba habitualmente, algo que yo sí hacía.

Nada más llegar al cine vimos que había una enorme fila para sacar las entradas. Por lo visto, todos queríamos ir a ver la misma película: Rebecca, de Hitchcock. Yo no sabía quién era ese tío pero a Rosalie le gustaba, así que la seguí a verla.

La sala no era especialmente grande y ni siquiera sabía cómo pudimos entrar todos allí dentro. No tardé demasiado en empezar a sentirme algo nervioso porque, aunque Rosalie pensara lo contrario, para mí todavía era algo precipitado estar encerrado tanto tiempo con esa cantidad de humanos. Me ponía demasiado inquieto y me costaba controlarme más de la cuenta, por eso dejaba de respirar. Únicamente fingía que lo hacía, con una ligera subida y bajada de hombros cada cierto tiempo. No obstante, a veces me confundía y volvía a inspirar de verdad.

Aún así, logré sobrellevarlo durante la mayor parte de la película.

En realidad, lo conseguí hasta que alguien nuevo entró a la sala y logró lanzarme su aroma con una fuerza semejante que me golpeó en el pecho haciendo que no supiera si me faltaba la respiración o si lo que debía hacer era seguir elevando los hombros. Justo después, empecé a agitarme debido al enorme dolor que me acababa de llegar hasta la garganta. No era la sed habitual, esa sed que era capaz de controlar por Rose y nuestra familia, era algo que no recordaba haber vivido desde hacía mucho tiempo.

No es que yo no fuera capaz de mantener a raya mis impulsos y no poder así permanecer cerca de los humanos, ya que eso sí podía hacerlo la mayor parte del tiempo. El problema se encontraba en las grandes aglomeraciones, donde mi cabeza empezaba a dar vueltas como una ruleta sin control. Al principio pensé que se debía a eso y que había demasiados humanos a mi alrededor, pero no era así.

—¿Se puede saber qué estás haciendo? —me susurró Rosalie con tono molesto. Yo me había movido demasiado y estaba haciendo ruido, seguramente.

—Lo siento, es que esta butaca es muy incómoda —le mentí, ya que no me gustaba hacerla sentir mal por mis debilidades hacia la sangre. Ella enarcó las cejas. Y mierda, tuve que volver a coger aire soportando así otra bocanada de aquel olor.

—Pues para un poco, no quiero tener que discutir con ninguno de estos.

A partir de ese momento, no volví a enterarme de lo que sucedía en la película. Estaba en mi propio mundo, un mundo oscuro. Totalmente oscuro.

En seguida lancé mi mirada a rastrear de dónde podía proceder aquel increíble olor que me estaba consumiendo por dentro, y no tardé en encontrarlo: se trataba de una mujer. Tendría casi cuarenta años, probablemente.

No volví a retomar la respiración, por supuesto, pero eso no impidió que me deleitase con lo anterior. Rememorándolo constantemente aun sin querer. Ni siquiera fui capaz de controlar mi mente para mantenerla apartada del recuerdo; fue algo muy superior a mi autodominio y prácticamente consiguió que me olvidara de quién era y de dónde estaba.

Sentí una potente necesidad por esa sangre a pesar de que yo ya no me alimentaba de humanos. Sin embargo, noté que no podría sobrevivir sin ella, como si fuera lo que yo necesitaba desde siempre. Igual que si fuera a destrozarme por dentro si no la probaba.

Pronto comencé a precisar ayuda externa para no abalanzarme sobre aquella mujer, mucha ayuda. Miré a Rose, sentada a mi lado, concentrándome en ella y tratando de tranquilizarme.

Noté cómo la ponzoña revoloteaba en mi boca, jugueteando incluso con mi lengua, y empecé a temblar levemente. Por suerte, Rosalie no se dio cuenta de ello.

El problema actual parecía ser la poca importancia que para mí suponía estar en mitad de una sala repleta de personas inocentes, pues lo único que me interesaba era aquella sangre. Cómo tuviera que conseguirla, me era indiferente. La deseaba e iba a tenerla costara lo que costara.

No pude pensar en otra cosa hasta que sentí la mano de mi mujer sobre mi antebrazo, logrando así bajarme de mi perturbado mundo de tinieblas.

—En serio, Emmett, ¿qué te pasa? ¿Te encuentras bien? —me preguntó y pude notar que su voz sonaba algo asustada—. A la película no le queda demasiado, nos marcharemos pronto. Pero tranquilízate.

No iba a contestarle a su pregunta, evidentemente. No podía decirle, "oh, lo que me pasa es que no me importaría nada darle algún que otro mordisco a esa mujer de allí. En realidad, creo que voy a hacerlo, ahora vuelvo". Sería surrealista, aparte de que me pegaría una bofetada por el simple atrevimiento. También sabía que eso la decepcionaría y no deseaba volver a hacerlo. No después de los primeros meses, donde llené mi cupo de tormento hacia mi precioso ángel. Además, si regresaba a tomar aire para contestarle, no sería dueño de mí ni de mis actos.

Para no seguir obcecado en el olor de aquella mujer, tuve que concentrarme en la butaca que tenía delante, incluso en las virutas que veía cruzar la sala creando el foco de la imagen en la pantalla. Fue muy duro. Pasé por momentos en los que me daba igual la gente de allí dentro, en los que les habría matado a todos si con ello podía acercarme a ella. Sin embargo, me detenía en mis pensamientos al recordar que Rosalie estaba a mi lado y que, por eso mismo, no debía hacerlo. Se lo había prometido una y otra vez, así que no podía fallarle de esa manera.

En algún momento, ella me agarró de la mano fuertemente. Imaginé que pensaría que todo se debía al cúmulo de humanos y sería mejor así, desde luego, así que la agarré con ímpetu, incrementando cada cierto tiempo la presión. A lo que ella no se quejaba.

—Supongo que todavía no estabas preparado para esto —me dijo a la salida del cine mientras se ponía una pequeña chaqueta de tela muy fina—. Si lo hubieras dicho, podríamos haber salido antes.

—Es igual, no quería que te quedaras sin ver la película.

—Eso es una estupidez, Emmett. La película no me importa, tengo otras prioridades —eso, por absurdo que pareciera en ese momento, me hizo sentir mejor.

Regresamos a casa rápidamente y los días pasaron de manera tranquila. No volvimos a hablar del tema, aunque ella pensaba que no había mayor tema del que hablar. Por supuesto, no le comenté lo extraño que había resultado aquel irrefrenable deseo de sangre; no lo habría entendido, ya que yo tampoco lo hacía, y únicamente habría servido para que tuviéramos alguna discusión. Cosa que no quería que sucediera.

Pensaba que todo estaba controlado, de hecho, ni se me pasó por la cabeza volver a recordar aquella noche. Me lo prohibí a mí mismo y me hice creer que había sido algo pasajero o un momento de locura transitoria, mas resultó no ser así.

Un día, Edward me pidió que le fuera a recoger un libro a la biblioteca que había en el centro del pueblo mientras él iba a cazar con Rosalie, así que acepté. Le estaba echando un vistazo al enorme tomo cuando de repente me metí en una larga calle y volví a olerlo. Debería haber seguido el consejo de Carlisle de no respirar fuera de casa, pero no lo hice.

Alcé la vista de manera inconsciente, tratando de encontrarla; sabía que era ella, no podía ser nadie más. Estaba conectado a esa sangre. No sabía por qué, pero lo sentía de ese modo. Además, ningún otro humano olía como ella en absoluto. No se parecía en nada al resto, puesto que de ellos sí podía alejarme. De ella, al parecer, no.

Empecé a dar vueltas por el lugar.

No se veía a nadie más allí, si bien no estaba lejos. Lo sabía. Y volví a notar una fuerte presión en la zona de la garganta, con el consiguiente dolor que eso me producía. Sentí que la ponzoña cobraba vida por todo mi cuerpo y yo me aceleraba.

Me dejé llevar por mis instintos como si en vez de en una calle, estuviera cazando en las montañas con el resto de la familia. Estaba harto y la quería, así que la busqué. Agudicé mi oído intentando escuchar cualquier muestra de movimiento en unas cuantas manzanas a la redonda.

Me dije a mí mismo que no pararía hasta encontrarla. Y en esos momentos no estaba Rosalie para poder contenerme, ni siquiera la tuve presente en el corto intervalo de tiempo que tardé en encontrar a la debilucha humana. Todo habría sido distinto si hubiera recordado por un instante a mi Rose, o si ella hubiera estado a mi lado.

Lo único que hacía era sostener el libro, no lo solté en ningún momento.

De lo que sí me di cuenta fue del gesto de asombro que puso nada más verme, pues salí de la nada para posarme a su espalda y eso consiguió asustarla. Estuvo a punto de decirme que sentía haberse puesto así, pero no le dio tiempo. Tampoco tuvo oportunidad de echar a correr.

Instantes después yo estaba arrodillado a su lado deleitándome todavía con el sabor de su sangre, la cual recorría cada parte de mi cuerpo llenándome de felicidad como hacía tiempo que no sentía. Logrando que me diera vueltas la cabeza, haciéndome jadear. Y, por supuesto, no me había recordado en nada a lo que había probado con anterioridad. En realidad, se parecía a la de uno de los primeros humanos que maté, sin embargo, jamás se había repetido. Ni lo haría de ahí en adelante.

Necesité permanecer a su lado algunos minutos más, igual que si todavía pudiera seguir oliendo su esencia a pesar de estar muerta. Sin parar de pensar en lo que había supuesto aquello para mí, desde un punto de vista totalmente animal.

Nunca me había sentido tan bien como entonces: tan pleno, totalmente lleno. Y tan fuerte. Notaba cómo mi interior se recomponía con su sangre, cómo me recorría de principio a fin entremezclándose con la ponzoña y mi propia esencia vital. Formando parte de mí, completándome. Hasta que la realidad cayó sobre mí como una puñalada por la espalda.

Me sentí como si acabase de salir de una especie de trance en el que no había sido dueño de mí ni de mis actos, no al menos de manera cien por cien consciente. Porque lo había hecho, la había matado. No había pensado en eso antes porque ni siquiera me había importado, pero ahora sí lo hacía; me vino a la mente la imagen de Rosalie.

Lo había vuelto a joder todo.

Empero, había sido sólo un accidente, yo no había podido controlarme. No lo hice porque quise. Al menos eso me decía a mí mismo, más por intentar convencerme que porque lo considerase cierto.

Eché a correr sin saber muy bien hacia dónde me dirigía y, después de horas de vagar hacia ninguna parte, decidí regresar a casa. Nada más llegar, evité cualquier tipo de contacto con Esme y Carlisle subiendo a la habitación que compartíamos Rosalie y yo. Me encerré allí dentro, atrincherado.

No recordaba dónde había dejado el libro, probablemente sobre la cama, pero no me paré a mirarlo y me acurruqué contra la pared en una de las esquinas cóncavas más anchas.

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N/A: exacto, se trata de la supuesta cantante que tuvo Emmett y a la que mató ( sí, tuvo dos, teóricamente, pero considero que la primera fue en su época de neófito ). Este me parecía un tema muy, muy interesante para tratar en el fic sobre todo porque los implica a ambos como pareja. Y sí, digo claramente que esto tiene continuación XD.

El dato de la película "Rebecca" no es más que para situar en el tiempo. Se estrenó en 1940, pero abarcó muchos años más, así que es básicamente para que sepáis que tuvo lugar en la década de los 40, yo pienso que a mediados. Es el único tiempo que vendría a ser más o menos asequible para que ocurriese esto, puesto que tuvo que ser antes de la llegada de Alice y Jasper.

Ya sabéis, los reviews adelgazan :)