Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto lo he ideado yo, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, puedo cabrearme. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.

Aviso: puede haber ¿spoilers? de los doce capítulos de "Midnight Sun" que Stephenie Meyer ha colgado en su web. Son referentes a actitudes de los personajes, no spoilers reales al uso. Quizá hay datos importantes, pero supongo que ya se conocen, así que lo dejo a tu elección si quieres leerlo o no. Sólo quería comentar eso.

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Entendimiento

Siempre supe que mi hermano estaba chalado, pero no me había imaginado que algo como esto pudiera llegar a pasar. Incluso en aquellos momentos parecía que todo había sido una broma; tenía cierta gracia aunque Rosalie no se la viera. ¿Mi hermano enamorado de una humana? Sonaba a coña, aparte de algo enfermizo y enloquecido.

Y sin embargo, seguía sin comprender cómo lo estaba sobrellevando Edward.

Al principio no lo entendía porque también a mí me parecía algo absurdo y demasiado arriesgado el haber salvado a una chica en mitad del aparcamiento, más aún a sabiendas de que él sentía mucha atracción por su sangre. No debería haberlo hecho, pues era una de las normas y no podía saltársela. Empero, llegó un día en el que dejé de darle vueltas debido a que era algo que ya no se podía cambiar. Además, si hacíamos caso a Alice, aquella humana iba a ser parte de la familia en el futuro (si Edward conseguía controlarse antes), lo que hacía que mirase las cosas desde una perspectiva distinta.

No obstante, a lo que no le veía ningún tipo de lógica era al comportamiento de Edward en los últimos días, incluso semanas: evitaba a la chica; no quería saber nada de ella y eso hacía que Alice se enfadase mucho. De hecho, estaba algo inaguantable con sus incesantes murmullos sobre intentar cambiar el futuro y poder hablar con Bella Swan. Mientras tanto, yo intentaba no pensar más en ello salvo cuando Edward se alejaba de todos nosotros y volvía a sumergirse en su propio mundo; eso no me gustaba nada. No era agradable ver lo que esa situación estaba haciendo con mi hermano, quien, tratando de luchar contra lo inevitable, lo único que conseguía era torturarse más a sí mismo constantemente. Alice ya le había dicho que sólo había dos opciones, ¿por qué seguía empeñándose en hacer otra cosa? ¿Desde cuándo no creía en ella?

La verdad era que, a pesar de eso, las cosas ya se habían relajado un poco en casa. El primer día fue complicado, sobre todo después de haber estado a punto de tener que marcharnos de Forks. El acto heroico de mi hermano resultó ser lo más arriesgado por lo que mi familia había tenido que pasar desde hacía décadas y algunos, como mi mujer, estaban especialmente susceptibles desde entonces.

Me sentía mal por no poder ayudar a mi hermano, pero no estaba demasiado comunicativo con nadie, así que era imposible deducir qué narices ocurría dentro de su cabeza. O si la había perdido ya por completo.

A todo eso había que sumar los esfuerzos que yo había tenido que derrochar intentando conseguir que Rosalie me perdonase. ¿Por qué? Porque decidí otorgarle a Edward la oportunidad de llevar a cabo su plan, si es que tenía alguno, en vez de mandarlo a matar a la chica mientras le daba palmaditas en la espalda. Cosa que, realmente, también había hecho. Y eso a mi mujer le parecía algo así como una traición a ella misma. A veces no conseguía discernir lo que correteaba por su cabeza y eso me ponía nervioso, quería entenderla más que cualquier otra cosa.

Estaba sentado en una de esas minúsculas sillas del instituto en lo que se suponía era una clase de Cálculo. No me estaba enterando de absolutamente nada, así que podía ser otra clase distinta perfectamente.

—No deberías ser tan descuidado, sabes que esto entrará en el examen —escuché que me decía Rosalie entre dientes. La miré y vi que ella no tomaba apuntes; tenía buena memoria.

—Nena, creo que esto ya nos lo sabemos de memoria. Y me aburre.

—Tú sabrás lo que haces, pero yo no te voy a dejar que copies de mi examen. Jasper, tampoco —a veces era algo rencorosa—. No tengas morro.

—Oh, no podré sobrevivir —me llevé la mano al pecho en un acto teatrero.

—Me reiré si te hacen repetir curso —comentó, mordaz. Justo después se desentendió de mí, como si no existiese, para seguir prestando atención.

Un pequeño examen no iba a poder conmigo, evidentemente. Tenía tiempo de sobra para estudiarlo todo antes de fin de curso y si no, encontraría la manera de engatusar a alguna compañera para que me dejase copiar. No se lo contaría a Rose, claro, no quería que volviera a no hablarme. O quizá podía matar al profesor el día de antes, esa podría ser mejor opción.

No, realmente no podía hacer eso. Supongo.

Noté que me zarandeaban. Cuando me giré vi que Rosalie y Jasper estaban esperándome de pie junto a la mesa.

Uno al lado del otro no tenían demasiado que ver físicamente hablando excepto por el dorado de los ojos, las marcadas ojeras que todos teníamos y el color rubio de pelo. No terminaba de entender cómo en todas partes se tragaban el cuento de que eran gemelos. Jasper no era tan guapo como mi mujer. Más quisiera.

—¿Pretendes quedarte aquí para siempre? —aquello tenía mayor significado para nosotros que para un humano, básicamente porque abarcaba un sinfín de años. Sin límite.

—Dios, no. No digas eso ni en broma, tío. No tiene gracia.

En el fondo, tener que pasar por el instituto de manera incesante después de tantas décadas lo único que hacía era desquiciarnos, emparanoiarnos, sobre todo a mí. Cada vez resultaba más aburrido e inacabable; por eso me encontraba tan a la defensiva a veces, igual que Rosalie.

Pude entrever un resoplido por su parte y enseguida se giró para encaminarse hacia la puerta.

Nada más salir al pasillo, Jasper se separó para ir en busca de Alice y nosotros fuimos a las taquillas, pues Rosalie quería guardar un par de libros y yo deseaba librarme del horrible tomo de Cálculo de una vez por todas.

Le pasé un brazo por los hombros y la atraje un poco hacia mí al tiempo que le acariciaba lentamente un enorme mechón de pelo. De todas formas, nadie nos prestaba atención, así que no pasaría nada por tratarnos de esa forma aun siendo, a ojos de todos aquellos, hermanos adoptivos.

Me di cuenta de que ella no paraba de mirar a todas partes, era algo que llevaba haciendo desde que ocurrió el incidente que ninguno de nosotros se atrevía a mencionar ya. Habíamos pasado página, habíamos tratado de olvidarlo y hacer ver que no había sucedido nada, pero yo sabía que había algo que preocupaba a Rosalie más que a todos los demás.

Estaba paranoica y eso no me gustaba nada, no si yo estaba imposibilitado para arreglar esa situación. No me agradaba verla asustada e incómoda. Empero, no podía dejar de pensar que había algo más aparte de lo evidente, algo que no quería contarme y que yo ni siquiera podía imaginar. No tenía ni idea de cómo ayudarla.

—Rose, ¿te encuentras bien? —le pregunté en cuanto llegamos a nuestras taquillas, la una junto a la otra. Ella abrió rápidamente la suya, mientras que yo me lo tomé con calma.

—Perfectamente.

—Estás un poco… tensa.

—¿Acaso te parece raro? —inquirió, mirándome de manera furiosa.

—Sí. No sé por qué te sigues empeñando, no me gusta que pienses cosas raras. Nunca hemos estado en peligro.

—Eso es lo que dices. Además, eso no quita para que sea un irresponsable —oh, ya empezaba con Edward otra vez.

—Pensaba que mi palabra contaba, antes lo hacía —le dije, molesto. Me recosté sobre la taquilla.

—Nadie había hecho algo así antes —aclaró. Cualquiera que nos escuchara pensaría que hablábamos en código y, realmente, así era. Tampoco podíamos permitirnos el lujo de comentar algo así en público, no debíamos levantar sospechas ahora que todo el mundo parecía haberlo olvidado y volvía a su indiferencia hacia nosotros—. Y por favor, vigila por si viene. No quiero aguantarlo aquí también —comenzó a rebuscar en su taquilla, ordenada de manera impoluta.

A eso me dedicaba ahora, a vigilar que mi hermano no apareciera delante de mi mujer más de lo necesario. Si el no encontrarse con Edward la hacía feliz, yo la ayudaría siempre, pero no me parecía lo correcto. Aunque, por supuesto, tampoco podía aventurarme a dejar que Rosalie se enfrentase a él en público. Podría llegar a producirse un derramamiento de sangre, aunque no literalmente; no teníamos sangre.

Me sentía como un traidor hacia mi hermano, si bien mi sitio estaba junto a Rosalie. Siempre.

Llegó hasta mí un descontrolado aroma dulzón, sobrepasando por encima a las esencias de todos los demás que se encontraban en el pasillo e incluso a los de los pisos cercanos. Lo siguiente que noté fue el enorme ruido de la taquilla de Rosalie siendo golpeada hasta cerrarse. Varias veces. Y otra más.

Me giré y vi que a lo lejos pasaba la chica nueva, Bella Swan, semi-agazapada entre sus libros.

—Abre tu taquilla, Emmett. No voy a dejar las llaves en ese agujero.

—Joder, Rose, sabes que avisarán a Carlisle —se había cargado la taquilla totalmente. Por suerte, fue golpeando la cerradura y así no quedó rastro de su mano en el metal abollado. No era propio de ella comportarse así, puesto que alguien podría haberla visto.

—No si les digo que algún idiota le pegó un balonazo.

—Buena idea —coincidí con ella mientras le abría mi casillero—. No te lo tomes a mal, nena, pero deberías controlarte un poco. Al menos en el instituto.

—Probablemente, debería, pero no puedo evitarlo cada vez que la veo —sonaba demasiado resentida, más de lo que la había escuchado nunca. Su voz era muy dulce y suave habitualmente, como un trozo de terciopelo rozándote la cara. Todo lo contrario a lo que era ahora.

—Ha estado evitándola, así que no le des más vueltas al tema. La chica no se enteró de nada y eso no ha cambiado.

Me quedé mirando al suelo.

Se me pasó por la cabeza invitarla a saltarnos un par de clases y marcharnos a Seattle unas horas, si bien rehusé de mi idea debido a que habría alegado cosas del tipo "No es buena idea, Emmett, debemos continuar con nuestra vida normal." o "Si nos saltamos las clases, nos vigilarán. No queremos que nos vigilen.". Era como si una conspiración se cerniera sobre su cabeza y estuviera a punto de esconderse en un agujero negro o algo por el estilo. Sin embargo, ella sólo quería ser normal como todos los demás, y desde el accidente eso había sido complicado en algunos momentos.

Recordé que llevaba una pequeña pelota en el bolsillo delantero del pantalón, así que la saqué y empecé a lanzarla de una mano a otra.

Rosalie todavía arreglaba las cosas de su taquilla para meterlas en la mía, mascullando algún comentario que no iba dirigido a mí y al que no hice demasiado caso. Yo no paraba de mirarla por si así conseguía encontrar la respuesta a su comportamiento y a por qué se llevaba tan mal con Edward desde hacía días.

Nunca se habían llevado especialmente bien pero se soportaban, solían respetarse. Al menos así era antes. Sin embargo, ahora tanto el uno como el otro estaban deseando no tener que aguantarse, ni verse, ni escucharse. Y eso me incomodaba; los quería a los dos y no me agradaba tener que elegir entre ellos como si todavía fuésemos unos críos. Teníamos demasiados años como para comportarnos de aquella manera.

Seguía jugueteando con la pelota sin echarle un solo vistazo, lo que no era muy humano, así que recibí una advertencia por parte de Rosalie. Rodé los ojos y dejé que la pelota se escapara de mis manos para caer al suelo. Tampoco me gustaba tener que fingir descoordinación o poca destreza en los deportes, eso era lo peor.

Desganado, lancé la vista a seguir la pelota rodar por el suelo perdiéndose entre los chicos del instituto y me di cuenta de que Edward se acercaba por el lado izquierdo del pasillo. Su casillero estaba junto a los nuestros, así que era previsible imaginarse que iba hacia allí.

Respiré hondo y retiré la mirada de mi hermano. Lo siento, chaval. Pero en serio, arregladlo.

—Rose, vámonos —le dije, cuando todavía estaba mirando hacia la taquilla. Coloqué mi mano en su hombro.

—¿Qué?

—No te olvides el bolso, venga. Vamos a llegar tarde.

Cuánto deseaba que, por una vez, pudiera llegar a haber un entendimiento entre ellos. Que no fuese necesario elegir y pudiera disfrutar de mi mujer sin tener que preocuparme por alejarme de mi hermano. Ellos debían comprenderse mutuamente y sólo ellos sabían lo que tenían que arreglar, a mí no iban a decírmelo. Desgraciadamente. Todo eran secretos.

Antes de que pudiéramos salir del pasillo, Rosalie se giró y vio que Edward se apoyaba en la taquilla. Justo después me pareció escuchar el rechinar de sus dientes, otra vez.

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N/A: ¿qué os ha parecido? Yo no sé qué pensar del resultado, no me convence precisamente. De todas formas, Silvi, gracias por la opinión previa :)

No sé si se percibe demasiado el concepto hasta el final, encima, tuve que reescribir todo de cero por ciertas cosas. Y, en fin, quería algo que los involucrase a los tres, pero es un poco... chof.

Ya está, colorín colorado, nos vemos pronto. Y si podéis, dadle al botoncito de aquí abajo, ¡que sé que estáis ahí! lol. No me como a nadie, por si las dudas. Lo digo en serio XD.