Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto lo he ideado yo, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, puedo cabrearme. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.

Hola, hola. Gracias por seguir leyendo y tal. Esta viñeta se desarrolla al final de "Twilight", en el baile de promoción. No tengo la menor idea de qué tipo de música podía estar sonando en un baile en Forks, pero en vista de que últimamente no puedo parar de escucharla, os recomiendo que leáis este capítulo con "Supermassive Black Hole" de Muse como fondo.

-.-.-

Movimiento

No nos quedamos a esperarlos, pues yo no quería y mucho menos pretendía ir a buscarla a su casa, así que nos fuimos directamente hacia el gimnasio. Los cuatro llegamos en mi M3 consiguiendo que todas las miradas se posaran en nosotros y aquello no hacía sino provocar que sonriera con autosuficiencia, aunque fuese interiormente.

La verdad, se dejaban deslumbrar por muy poco: un hermoso coche y cuatro vampiros dentro de él, todos ellos vestidos de etiqueta y preparados para bailar. Nada fuera de lo común en nuestra vida. No se daban cuenta de que sus más absurdos actos humanos resultaban mucho más impresionantes que cualquiera de nuestros trajes de importación e incluso más aún que nuestra imponente belleza.

Alice y Jasper se bajaron antes de que aparcara, ya que no me apetecía que ningún niñato llevase mi coche hasta un hueco libre mientras yo pudiera hacerlo por mí misma. Por el contrario, Emmett permaneció allí y pegó un salto hasta colocarse en el asiento delantero donde había estado Alice un segundo atrás.

Me guiñó un ojo y señaló con la cabeza el hueco libre que una chica de nuestra ya ex-clase estaba a punto de ocupar, pero yo fui mucho más rápida que ella. Por supuesto, un minuto más tarde y con tan sólo una ágil y directa maniobra, éramos nosotros los que bajábamos del convertible ante la estupefacta mirada de la muchacha.

—Emmett, ayúdame —le pedí al tiempo que señalaba la cola rizada de mi vestido. Necesitaba su ayuda para poder colocarlo en su sitio tras haber estado arrugado en el coche.

—En seguida, preciosa.

Mientras él la desenroscaba y la colocaba en su lugar, yo me aseguré de que el recogido de mi pelo no se hubiera debilitado en aquel rato.

—Listo —dijo al terminar, sin poder contenerse y pasando las yemas de los dedos de su mano izquierda a lo largo de mi descubierta espalda, suavemente.

En ese momento vi que un par de chicos nos estaban observando, si bien apartaron rápidamente la vista en cuanto los miré con desdén. Lo más probable es que ni estuvieran acostumbrados a que una mujer supiera que existían, y menos aún una como yo. De hecho, no estaba segura de si alguno de nosotros les había prestado la suficiente atención en estos años como para que sus miradas encontraran las nuestras.

Emmett hizo un extraño movimiento y me ofreció su brazo al tiempo que torcía la sonrisa, a lo que yo moví la cabeza y entrelacé mi brazo derecho con el suyo para, así, poder comenzar a encaminarnos hacia la puerta.

Conforme íbamos topándonos con los estudiantes era patente que se nos quedaban mirando tanto a mi marido como, sobre todo, a mí y a mi escotado vestido. Bien, así les quedaría una clara imagen de los Cullen cuando hubiéramos desaparecido de allí; ahora ya no importaba que quedase una huella de nuestro paso por el pueblo, eso ya había quedado claro con la peculiar relación de mi hermano, así que yo no estaba dispuesta a que nos olvidaran. No mientras pudiera evitarlo.

Ya se escuchaba la música que sonaba en el interior del gimnasio y me provocó que hiciera rodar los ojos debido al mal gusto que tenían. Eso era algo que yo jamás me dignaría a bailar; tenía demasiada clase como para hacerlo. Cualquiera de nosotros tenía más clase que eso.

Emmett se rió por lo bajo hasta que le miré con claras intenciones de clavarle un codo si continuaba. Oh, y aquello no mejoró cuando entramos, pues la decoración iba perfectamente acorde con el resto del pueblo. Y no, eso no era precisamente un cumplido.

Procuré no centrarme demasiado a las paredes, puertas y cualquier otro lugar que pudiera contener esos absurdos y antiestéticos artículos baratos de decoración, sino que me abstraje en localizar a mis hermanos. Eso era una tarea fácil debido a que destacaban por encima de cualquiera de los demás. También examiné el lugar para percatarme de que mi otro hermano y su novia aún no habían llegado.

Aquello me hizo sentir mejor, durante un estúpido segundo.

No pretendía prestarles ningún tipo de atención aquella noche; era mi noche. Nuestra noche. Era la última noche que íbamos a pasar en aquel instituto y había que despedirse a lo grande. Que no supieran lo que éramos realmente no significaba que no pudieran acordarse de nosotros durante los próximos años, y aquello era a lo único que podíamos aspirar.

Alice se estaba entreteniendo arreglándole a Jasper la solapa de la chaqueta, no obstante, se giró antes de que llegásemos. Sabía perfectamente que ya estábamos allí.

Mientras Emmett y Jasper iban de un lado a otro del gimnasio haciendo alguna tontería, Alice y yo nos dedicábamos a observar los trajes de los demás. Era aburrido, pero al menos podíamos regodearnos en la miseria de todos ellos. Y en su mal gusto, sobre todo.

—Señorita, ¿me concede este baile? —me susurró Emmett al oído antes de que yo pudiera percatarme de su presencia. Ni siquiera nos habíamos dado cuenta de que habían regresado a la música decente.

—Por supuesto, caballero.

Me tomó de la mano y nos acercamos hasta la pista, junto a mis dos hermanos. Escogimos el sitio en el que había menor acumulación de humanos, para sentirnos mejor.

—¿Preparada?

—Siempre —le contesté justo antes de que cambiaran a una nueva canción.

—Creo que a todos les parece que ese vestido es impresionante.

—¿Cómo que el vestido? —fingí cierto tono de ofensa, aunque estaba a punto de echarme a reír.

—Ya me entiendes.

Y comenzamos a bailar.

En ese momento, todo lo demás desapareció y sólo estábamos Emmett y yo. Nosotros y nuestros cuerpos, nuestros exuberantes cuerpos. Ya no había palabras, sólo movimientos.

Nuestra conexión hacía todo lo demás, abriendo paso a que girásemos con fluidez el uno al lado del otro. El uno en los brazos del otro.

Sentía cómo todo mi peso solía recaer sobre sus hombros sin que él notase ningún tipo de impedimento por ello, al mismo tiempo que yo sentía sus manos aferrando mi cintura y parte de mi espalda. Como si fuesen parte de mí, mi prolongación.

Sabíamos lo que debíamos hacer a cada momento, incluso antes de que sonase el resto de la canción. Porque los movimientos tenían vida propia, quizá más que nosotros mismos. Los movimientos eran expresión, nuestra expresión. La expresión de lo que sentíamos y lo que vivíamos en ese instante. De lo que éramos. Quizá no fueran tan gráciles y clásicos como los de Alice y Jasper, pero eran igual o más estilizados y ágiles. No obstante, mucho más intensos.

Al principio no me había parado a pensar en las distancias que solíamos abarcar cada vez que bailábamos, pues nosotros jamás permanecíamos en el mismo sitio y absolutamente siempre acabábamos recorriendo un gran número de metros. Ni siquiera nos dábamos cuenta de ello; era algo natural, involuntario.

Por eso mismo quizá debería haberme parecido extraño no chocar con ninguno de los estudiantes o no tener que pararnos para pedir permiso y continuar. Al parecer, teníamos sitio de sobras, campo abierto. De lo que ninguno de los cuatro nos dimos cuenta fue de lo que ocurría en realidad: todos se apartaban a nuestro paso; habían creado un círculo enorme a nuestro alrededor alejándose de nosotros. Probablemente entre asustados y avergonzados, básicamente por no poder compararse a nosotros en ningún aspecto, todo ello bajo su punto de vista.

Y en un momento como aquel, también desde el mío.

Cuando nos dimos cuenta de que todos se habían apartado, continuamos a lo nuestro como si no hubiese pasado nada. A estas alturas ya nos daba igual si los humanos no deseaban acercarse a nosotros o si nos tenían miedo, ya que, realmente, debían tenérnoslo. Era mejor mantenerlos alejados, a pesar de que a mi hermano Edward le costase entender aquello.

Hablando de mi hermano, de pronto noté su efluvio en el gimnasio. A buenas horas habían llegado. Y seguí a lo mío, agarrando de nuevo la mano que Emmett me tendía para hacerme girar un par de veces seguidas, continuando después enlazándonos en un giro conjunto.

Hice acopio de todas mis fuerzas, pues me había propuesto no prestarles ningún tipo de atención, y únicamente tensé un poco los brazos. Imagino que Emmett se dio cuenta de ello, pues me besó en la frente, me sostuvo firmemente de la cintura y consiguió que nos fuéramos dirigiendo en dirección al otro extremo del gimnasio. Lo más alejado posible de Edward e Isabella. Le agradecía que hiciese aquello de vez en cuando.

Sentí que me apetecía apoyar la cabeza en el hombro de mi marido y así lo hice. Ahora era él quien dirigía todos nuestros movimientos, con fuerza y delicadeza al mismo tiempo. Con total seguridad, ninguno de los allí presentes podría entender lo que Emmett me estaba diciendo con aquello. Ni me interesaba que lo supieran. Ellos sólo notarían la parte física de nuestro baile, sin embargo, no era tampoco algo que me preocupase. Cómo nos viesen a ambos era algo que no me importaba lo más mínimo.

Poco a poco regresé a la realidad, la misma en la que de nuevo éramos dos estudiantes recién graduados en el instituto.

Hacía años que Emmett había perdido la cuenta de las veces que iban ya; pero yo, no. Aunque no pensaba admitirlo. Eso sí, no me apetecía nada comenzar una nueva carrera como nos había propuesto Esme, así que le pediría a Emmett que nos marcháramos de allí de una vez. A vivir por nuestra cuenta durante un tiempo, a ser posible.

No veía demasiado recomendable pararme a observar a la gente de mi alrededor, ni tampoco en lo que el futuro les deparaba a ellos y lo que nuestro no-futuro nos auguraba al resto, así que escogí lo más sencillo: quedarme con toda la paz y tranquilidad que Emmett había conseguido para mí.

Bajé mi mano derecha hasta posarla a mitad de la espalda de Emmett logrando que me sonriera justo antes de acercarme a sus labios y besarlo.

Lo habíamos conseguido, otra vez habíamos sobrevivido al tedio que suponía el instituto para nosotros. Si cualquiera de aquellos pueblerinos llegaran a imaginar lo que era repetir una y otra vez los años de estudios sólo para aparentar que eres joven, dejarían de quejarse por tener que sobrellevarlo una sola vez en la vida.

-.-.-

N/A: uhm, esto se me ocurrió sin más, en un momento de verano. Sabemos que aparte de ser almas gemelas y estar profundamente enamorados, Rosalie y Emmett tienen una gran conexión física, así que pienso que eso también se ve en sus movimientos y en cómo se relacionan entre sí delante de los demás. Eso es esto, básicamente.

I know, la canción de Muse es precisamente la que va a aparecer en la película ( supuestamente, una especie de remix ), y no sé dónde pretenden meterla, pero yo leo este capítulo con esa canción y me mola, qué queréis que os diga xD. Espero que os haya gustado y eso. Me gustó bastante escribirla, siendo sincera.

Ya sabéis que los reviews me ponen como tonta y esas cosas, además son gratis.