Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto lo he ideado yo, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, puedo cabrearme. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.
Aviso: está PLAGADA de spoilers de "Breaking Dawn". Se desarrolla en el libro y contiene los spoilers centrales de la trama. Y salen desde el segundo párrafo, así que si no has leído el libro y no quieres saber, por favor, no sigas en esta página. Y ya que estoy, esta viñeta se la dedico a Alchemist Souma, que me dijo que le gustaría leer algo mío basado en el cuarto libro :)
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Dependencia
Desde el momento en el que nos enteramos no supe qué decirle a Rose. No estaba seguro de si debía hablar con ella o querría olvidarlo hasta que todo se hubiese solucionado. Como si nunca hubiese pasado y todavía fuese algo imposible y totalmente irreal, ya que Carlisle lo arreglaría en cuanto regresaran y así no pasaría nada malo. Ni siquiera yo comprendía qué era lo que se esperaba de todos nosotros, realmente.
"Bella está embarazada, ya van a volver", había dicho Carlisle justo después de hablar con ellos por teléfono. Yo me quedé totalmente paralizado al escucharle. Fue la primera vez, desde mi transformación, que perdí totalmente la noción de la realidad, de absolutamente todo lo que me rodeaba. Exactamente igual que si me hubiese quedado dormido y estuviera teniendo una pesadilla. Y eso que ya prácticamente no conseguía rememorar cómo era sentirse tan ausente.
A todos nos pasó lo mismo, salvo a Rosalie.
Ella fue lo primero que quise ver cuando asimilé la noticia, y ella era la única que parecía a punto de explotar. Nadie se preocupaba de mirarla, por supuesto, todos iban de un lado para otro gritando y preguntándose los unos a los otros qué era lo que estaba pasando, menos yo. Me encontraba entre la espada y la pared, una situación que jamás me había agradado.
Estaba seguro de que no era el momento más apropiado para encargarme de mi mujer, pues debía preocuparme más por la salud de Bella, pero no podía evitarlo. Iba en contra de mi naturaleza. Sí, me sentía enormemente asustado por lo que podría pasarle a mi hermana, sin embargo, yo tampoco es que pudiera ayudar demasiado. Además, me aterrorizaba cómo podía estar sintiéndose Rose.
Ser humana, ella sólo quería eso. Ser humana y poder tener hijos, respirar, vivir y morir. Aquello jamás había sido un secreto para nadie de nuestra familia, menos aún para mí. Todo lo que nosotros nunca más podríamos tener, o eso creíamos. Se suponía que al ser vampiros, al estar muertos, no podíamos crear vida, pero ahora todo había cambiado. Y no hacía falta tener un doctorado en Medicina para averiguar lo que eso implicaba, cosa que, además, Rosalie sí tenía. Estaba seguro de que ella no se encontraba bien en esos momentos.
Noté cómo apretaba los puños y miraba al suelo sin decir nada porque ella misma era consciente de que no era el momento de hacerlo. Y de repente, salió del salón a toda velocidad.
La seguí y no llegó demasiado lejos, únicamente hasta las escaleras donde la agarré del brazo.
—Espera —le pedí y ella apretó los dientes—. No hace falta que vayas a ninguna parte, te vamos a necesitar aquí.
—No quiero saber nada de esto, y muchísimo menos voy a participar en ello —sus palabras no eran más que un siseo arrastrado y consiguió que yo frunciese el ceño levemente.
—Sé cómo te sientes, Rose, pero no es momento de que te comportes así. Tenemos que ayudar a Bella. Ella y Edward nos necesitan a todos.
—No, claro que no sabes cómo me siento. ¿Ayudarla? ¿Acaso crees que voy a ayudaros a matar al bebé? Debes de estar bromeando, espero que estés bromeando —matizó, muy enfadada. Aquello me descolocó muchísimo y también me dolió que pensara que yo no tenía en cuenta sus sentimientos. Había ocasiones en las que se precipitaba demasiado y debería pararse a pensar antes lo que decía.
—¿Qué?
—Que me dejes en paz.
No volví a hablar, cerré la boca y la miré a los ojos. Con esa actitud no íbamos a conseguir nada ni ella ni tampoco yo, así que solté su brazo y le señalé las escaleras, diciéndole que se podía largar si quería. Ella juntó los labios en una mueca y desapareció sin decir una sola palabra.
Ni se me pasó por la cabeza seguirla.
Yo podía llegar a entender que no quisiera hablar del tema porque le resultara doloroso, incluso me habría parecido lógico hasta cierto punto el que se encerrase en nuestra habitación, desde luego que no se lo habría reprochado, pero lo que todavía no comprendía era que fuese capaz de creer que yo ni siquiera sabía cómo se sentía ella, como si no me importase. Eso no era cierto, nunca, y ella lo sabía perfectamente. Me daba igual que se sintiera mal, lo que me estaba hartando era que creyese que sólo ella sentía dolor y que eso no nos influía a los demás. No, no a los demás, a mí. Si ella estaba mal, yo también, pues para mí era infinitamente peor que ella se sintiera desgraciada a sentirlo yo por mí mismo. Y ya iban bastantes años como para que se hubiese concienciado sobre eso.
Por supuesto, sólo me sentí así durante la primera media hora en la cual me dediqué a leer alrededor de un millón de libros junto a Jasper. Carlisle nos hizo investigar algunas cosas por si, llegado el momento, fuese necesario algún otro plan diferente al de hacer desaparecer lo que Bella llevase dentro. Sin embargo, comencé a verme como un estúpido por la manera en que había tratado a Rosalie, así que decidí subir a hablar con ella.
No me percaté de que hacía un par de minutos había sonado un teléfono en el piso de arriba.
—¿Puedo pasar? —pregunté, al tiempo que entreabría la puerta.
—Claro —su voz sonaba apresurada, pero no hice demasiado caso a ese detalle.
Cuál fue mi sorpresa al ver que se encontraba cogiendo su bolso y guardaba el móvil, además de no prestarme especial atención ni siquiera cuando ya entré por completo.
—¿Qué haces?
—Voy a salir a comprar un momento, necesito un par de cosas —me contestó.
—Rose, creo que eso puede esperar. Abajo nos ayudarías mucho, en serio. No hace falta que te marches y no quiero que lo hagas.
—No insistas, tengo cosas que hacer. No sé cuándo volveré.
Y se fue, así sin más. Dejándome totalmente alucinado en el quicio de la puerta al tiempo que veía cómo Alice la miraba con un aire de crispación que no supe identificar.
Cuando regresó no estuvo mucho más participativa que antes, menos cuando Alice se la llevó fuera y se pusieron a discutir. O mejor dicho, Alice le hablaba, ella no respondía. No nos dijeron qué era lo que estaba pasando, pero si teníamos en cuenta que mi hermana estaba totalmente incapacitada para ver el futuro de Bella debido a la implicación de… lo que fuese que estuviese creciendo en su tripa, el querer hablar con mi mujer no era algo que alentase a la calma.
No pasó mucho tiempo hasta que se escuchó un portazo en el piso superior.
—A ella tampoco la veo —sentenció Alice en el momento en que estuvo con nosotros, sentándose al lado de Jasper en el sillón—, y no creo que sea casualidad. Por cierto, ha estado cazando —por alguna razón, se dirigió a mí. Igual que si yo estuviese más enterado que ella, tenía gracia.
—¿Cómo se supone que debo tomarme eso? —le cuestioné algo irritado.
—No empecéis ahora, por favor. Edward y Bella estarán en el aeropuerto en tres horas, no tenemos tiempo para esto —concluyó Carlisle acallándonos a ambos sin impedir que me inquietara todo lo que mi hermana parecía intentar insinuar. Aunque, verdaderamente, ninguno imaginábamos nada parecido a lo que sucedía en realidad.
Me fue imposible hablar con mi mujer antes de salir hacia Seattle. Lo que sí noté fue un cambio bastante significativo en su actitud. Parecía muy rara y me vi incapaz de entender qué era lo que le pasaba ahora, más aún lo que implicaba el comentario de Alice. Pero quedó bastante claro en cuanto vimos bajar del avión a Edward y Bella, sobre todo en el momento en que Bella se lanzó, literalmente, sobre los brazos de Rosalie.
No sabría decir quién de todos nosotros estaba más asombrado ante aquella peculiar muestra de afecto, pero egoístamente hablando, yo me pondría en el primer puesto sin preguntar. Siempre deseé que se llevasen bien y se quisieran, pero ahora ya entendía perfectamente lo que Alice no había visto, y no me gustaba en absoluto.
—Rosalie, apártate de ella. Ahora —gruñó Edward después de superar el shock como todos los demás.
—Cállate y sube al coche, tiene que descansar.
—¡Rose! —grité, logrando que me mirase. En sus ojos volví a ver la total decisión y supe que las cosas se iban a poner muy, muy mal. De lo que también me percaté fue de la intención de mi hermano por acercarse a ella, si bien le detuve antes—. Edward, no. Vamos a casa.
Al regresar, por supuesto, nada mejoró. De hecho, se tornó en una situación de lo más enfermiza por parte de todos nosotros. Mi familia terminó dividida entre los que querían hacer lo que fuera necesario para librar a Bella de aquel embarazo, los que apoyaban lo contrario y los que estábamos en mitad del conflicto y sólo deseábamos que todo se solucionara sin tener que lamentarnos por la pérdida de nadie. En ese último grupo estábamos Esme y yo, por el simple hecho de no querer que le pasara nada a mi mujer.
La dinámica de los días siguientes fue peligrosa, saltando entre la incertidumbre por no saber qué podía estar ocurriéndole a Bella y por lo que sucedería si ambas llevaban su plan hasta el final. Yo no quería comprobarlo y estaba seguro de que nadie en mi familia lo hacía salvo ellas. Ninguna de las dos se paró a pensar en las consecuencias, en la posible muerte de Bella a manos de esa cosa ni nada más aparte de querer traer al mundo a algo tan antinatural como aquello.
Ambas me daban escalofríos.
Todos estaban preparados para saltar los unos sobre los otros si así conseguían hacer entrar en razón a Bella para que abortase a tiempo, algo que Carlisle podría haber logrado sin acarrearle ningún tipo de dolor. Con lo que ninguno contamos al principio era la participación de Rosalie en el tema, la protección constante que ella estaba suponiendo sobre el feto y sobre la propia Bella, que no quería deshacerse de él. Yo no entendía nada, estaba claro, pero no parecía que los demás lo hiciesen mucho más. ¿Por qué deseaba pasar por algo así, si se suponía que la podía llegar a matar? Nunca pensé que Bella tuviese tal instinto maternal como para poner su vida en peligro por algo así, sin embargo, debería haberlo imaginado de parte de mi mujer. Sobre todo después de cómo había reaccionado al enterarse de la noticia y nuestros planes.
Según Alice, la culpa la tenía yo por no dejar que las separasen, por intentar proteger a Rose. Qué poco le decía lo mismo a Esme, quien hacía exactamente igual que yo. Todos me mareaban con lo mismo, minuto tras minuto, aun a sabiendas de que yo estaba de su lado y que únicamente interfería por la integridad física de Rosalie. Evidentemente, en eso no iban a conseguir hacerme cambiar de opinión.
Y día tras día era testigo de la enorme dependencia que se había formado entre ambas, pues la una no se movía si no lo hacía la otra, siempre juntas, sin permitir que nadie se les acercara. En su propio mundo, con mayor o menor sentido, pero el suyo.
Rosalie nunca había necesitado la compañía de nadie de manera tan fuerte y acérrima, tan inquebrantable. Se convirtieron casi en una sola, por muy raro que pudiera parecernos a todos. Cuando Bella dormía, Rose la cuidaba y vigilaba que nadie tratara de tocarla ni pasarse de lo que ellas habían estipulado ante todos nosotros. Ni siquiera me lo permitía a mí. Resultaba surrealista, más aún desde que empezamos a ver crecer la tripa de Bella de manera ininterrumpida a lo largo de las horas. Yo tenía miedo de que explotase.
Por primera vez en setenta años, no la entendí. No podía saber qué era lo que estaba haciendo ni por qué, como si se hubiera vuelto loca y actuase alguien totalmente distinto a mi Rose. Ella no podía desear la muerte de Bella de esa manera, era imposible. No podía tratarse de eso, pero tampoco recibía respuesta las veces que intentaba hacerla entrar en razón cuando Bella dormía y ella no tenía inconveniente en que me acercarse a dos o tres metros de ambas. Ya nunca me escuchaba.
—Rose, por favor, ¿qué estás haciendo? —la misma pregunta de todos los días, por si llegaba alguno en el que ella escuchase y decidiera volver a ser la de siempre.
—Baja la voz, la vas a despertar.
—En serio, creo que el menor problema de Bella ahora mismo es que se despierte. Está muriendo, deja que Carlisle la ayude.
—Matar al bebé está totalmente fuera de cuestión, Emmett. Punto.
—Eso no es un bebé, no puede serlo —ninguno sabíamos lo que podía ser aquello pero era totalmente imposible que fuese un bebé humano, no siendo lo que éramos nosotros. Sólo podía ser un monstruo, más aún si estaba destrozando a Bella de esa forma—. Sabes que no puede serlo. Déjalo ya de una vez.
—Si te manda Edward, ya te puedes marchar y dejarnos tranquilas —masculló entre dientes, enfadada. Inclusive parecía dolida—. No tenemos nada que discutir.
—¿Quieres que me vaya? Bien, entonces me iré pero deja de meter en medio a Edward, porque él no tiene nada que ver. Bastante está sufriendo ya —apostillé, por si eso la convencía un poco. No era Bella la única que se estaba deteriorando de manera acelerada, sino también mi hermano. Y yo no quería perder a ninguno de los dos—. Lo único que intento es hacerte entrar en razón, Rose, porque no la tienes. Esta vez, no.
Traté de sonar autoritario, si bien era totalmente imposible persuadirla cuando ella estaba así de decidida. Era demasiado obstinada y persistente, algo que siempre me gustó excepto ahora. Y aún así debía agradecer que a mí al menos me dirigiese un par de frases calmadas, ya que no era eso precisamente lo que les dedicaba a los demás. Si yo no podía hacer que viese la realidad, nadie podría. De eso estaba seguro.
Ya no sabía qué más podía hacer por arreglar la situación, ni para conseguir que todo se calmase. En realidad, aquello era imposible, pues la vida de Bella dependía de que actuásemos a tiempo y ninguna de las dos parecía especialmente dada a ello. Asimismo, yo necesitaba desesperadamente comprender qué era lo que estaba pasando con mi mujer. Lo necesitaba para no terminar por volverme loco en aquella casa cada día.
Por las mañanas Carlisle se acercaba a Jasper y a mí y nos encargaba seguir investigando en cualquier sitio que pudiésemos para ver qué era lo que llevaba Bella y si había forma de solucionarlo, obviando la que ni ella ni Rosalie deseaban. Ya incluso nos inmiscuíamos en cuentos y leyendas ancestrales de cualquier país o cultura, lo que fuera para intentar hallar una respuesta cuando antes. Sin embargo, tampoco teníamos demasiado éxito. No eran muchas las historias sobre vampiros y humanos, para no mentir, no había ninguna a excepción de las que ya conocíamos y que auguraban la muerte de la madre durante el parto. Aquello era espeluznante y cada día tenía más miedo por Bella, había que hacer algo pronto.
Trataba de concentrarme en mi trabajo, buscar y rebuscar entre libros e Internet cualquier detalle que nos sirviera para algo, ya que así no pensaba más en el dolor de mi hermano ni en lo que estaba pasando con mi mujer. Deseaba que todo se solucionara pronto y volviésemos a estar tranquilos y regresar a la vida normal, ante todo, sin que ninguno sufriera daño alguno. Me ponía nervioso no poder arreglar yo mismo las cosas, así que era mejor no pararme a pensarlas. No quería recordarlo y no debía. No podía ponerme a discutir sobre ello otra vez, ni siquiera con Alice.
De pronto me sentía totalmente tranquilo, Jasper solía hacerlo desde hacía varios días. Nunca me gustó aquello pero en esos momentos se lo agradecía. No obstante, yo aprovechaba esos instantes de calma para ir a espiarlas cuando paseaban por el jardín o se sentaban a ver la tele, juntas.
Las observaba sin hacer ruido por si así conseguía que ni Rose se enterase, y las veía cogidas de la mano o con mi mujer pasándole el brazo por los hombros para sujetarla mejor. Incluso charlaban y se sonreían. También Bella se sujetaba la tripa y hacía algún comentario. Hablaban en serio cuando creían que aquello era un bebé humano. O todo lo humano que pudiera ser, supuse. Lo esperaban de verdad, las dos.
Nunca habría podido imaginar verlas de esa manera, llevándose tan bien. Lo había deseado, sí, pero no era tan idiota como para pensar que aquello iba a suceder de verdad. Rosalie siempre lo había negado insistentemente, también cuando yo se lo pedía. Y ahora, todo había cambiado. No me lo podía creer. Eso no servía para ayudarme a entender lo que sentía Rose.
Lo siguiente que vi fue a Bella casi cayendo de bruces contra el suelo y a Rosalie agarrándola antes de caer, tocándole la frente para comprobarle la temperatura. Estuve a punto de salir hacia ellas pero no me dio tiempo debido a que Esme llegó antes. A ella era a la única a quien se lo permitirían.
A partir de ese momento, volvieron a la situación de protección mutua, porque, sí, Bella también se encargaba de que no le pasase nada a mi mujer. Al menos en todo lo que podía referente a Edward, básicamente. Y aunque yo no lo entendiera entonces por lo que aquella extraña relación aparentaba a ojos de cualquiera de nosotros, estaba seguro de que había algo más que no conocíamos. Algo que las había unido de aquella manera tan inquebrantable y no común en Rosalie.
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N/A: uf, primera incursión en "Breaking Dawn" con Rosalie y Emmett. Vendrán más, muchas, si bien tardarán un poco aún. Quería dar un tiempo para que la mayor parte de la gente se hubiera leído ya el libro antes de nada, pero no he podido resistirlo. Muchas gracias a Sango por el beteo.
Siempre he pensado que la relación de Emmett y Rosalie es totalmente lo opuesto a la dependencia y por eso me gustó al principio, así que quise dar una visión diferente de la palabra, más para enseñar cómo podrían vivir algo así aunque no fuese entre ellos dos. En este caso la dependencia se crea entre Bella y Rose, y consiguen que Emmett no pueda entenderlo.
Y nada, críticas, flores, consejos, cualquier cosa al botoncito de aquí abajo, que me haréis feliz. Además, eso fijo que os añade puntos al karma xD.
