Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto lo he ideado yo, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, puedo cabrearme. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.

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Enfado

Debería haber imaginado que algo iba mal en el momento en que Alice empezó a excitarse con demasiada facilidad e iba por la casa dando palmadas cuando creía que nadie la miraba. Y el hecho de que Edward no hubiese regresado después de armar otro numerito con la humana, en principio, tampoco era buena señal. Sabía que no iba a poder contenerse, por mucho que mi hermana lo contradijera, pero él había decidido jugar con fuego, así que me daba igual si terminaba quemándose.

A decir verdad, las cosas habían salido mejor de lo que muchos creíamos. Al menos para ellos dos, no para nosotros. Y no, no iba a confiar en la palabra de Alice, ni tampoco en la de Carlisle y Esme. Para mí, aquello era antinatural y muy peligroso. Siempre lo sería. Y no pensaba permitir algo así con toda la pasividad que mi familia parecía haber adquirido.

Alice se encargó de hacérnoslo saber cuando no pudo guardarse más la información que tenía.

—Bella vendrá a casa en unas horas —su voz se tornó en un gritito molesto. Intenté olvidarla con todas mis fuerzas y por mis propios intereses, porque mi hermano no podía ser tan estúpido como para hacer algo así. O, probablemente, sí.

—¿Al final consiguió traerla de vuelta? —preguntó Emmett, levantándose del sofá—. Qué cabrón, me ha hecho perder doscientos pavos.

—Te lo dije —canturreó Alice, que ya nos había puesto en antecedentes hacía algún rato. A veces su propio mundo me resultaba demasiado voluble, pues no parecía tan convencida hacía un par de días y ahora estaba tan feliz.

—Págame —estupendo, Jasper había apostado a favor de Edward y su show. Creía que él todavía conservaba un poco de cordura, pero me equivocaba. Todos habían sido arrastrados a una espiral de demencia—. Ya deberías haber aprendido a no desconfiar de Alice.

Lo último que escuché fue a mi marido chasqueando la lengua.

Me levanté del sofá y subí a mi habitación, cada vez más irritada debido a que no iba a ser partícipe de toda aquella barbaridad. A mí no iban a obligarme a aguantar a esa estúpida humana, ni tampoco a Edward. Ya, no. Yo todavía tenía un mínimo de decencia y sabía distinguir entre vampiros y humanos, desgraciadamente. No iba a compartir mi vida con ella.

Cerré la puerta de un enorme portazo y casi le di con ella a Emmett en la cara.

—Rose, no te pongas así.

—Vete a la mierda —le espeté, acercándome hacia el tocador para estampar cualquier cosa que pillara a mano. Talvez eso conseguiría ayudarme a liberar tensión.

—Eh, no, la Play no, nena. Déjala donde yo pueda verla, despacio.

—¿Prefieres que te lance a ti por la ventana? —iba a hacerlo. Podría, perfectamente.

—No seas violenta, sabes que te pones fea.

No podía con su actitud cuando decidía ponerse a decir tonterías, estaba totalmente fuera de lugar en ese momento. ¿No era suficiente con haberse pasado al bando enemigo? Se suponía que iba a apoyarme en todo, siempre, y ahora iba con el contrario. Porque eso eran ahora y, a pesar de tratarse de mi familia, se comportaban como tal. No debería ser así. Necesitaba a mi Emmett pero parecía haber desaparecido en los últimos días para unirse a un ejército de zombis pro-humanos. Deseaba que todo fuese una pesadilla, si bien ya había demasiadas pruebas de la realidad.

La única solución viable que encontré fue marcharme de casa por unas horas, hasta que todo hubiese acabado y pudiera regresar como si nada hubiese pasado.

De repente noté que Emmett había extendido su brazo hacia mí y me acariciaba la mejilla con su mano.

—Rose, por favor, dime lo que te pasa. No puedo hacer nada si no lo sé —su voz sonaba un poco lastimosa, pero ya me daba igual. Él no podía o, realmente, no quería hacer nada por mejorar aquello.

—Como si no lo supieras.

—¿Es por Bella? —puse todo mi empeño en contener la mueca facial que solía salirme al escuchar su nombre—. ¿Es eso lo que te inquieta, que venga a casa?

—No quiero verla, ni tampoco quiero saber que existe. Para mí no es nada. Nada. ¿Lo has entendido? —el volumen de mi voz fue elevándose a cada momento, como me venía ocurriendo desde hacía tiempo. No podía evitarlo ni deseaba hacerlo—. Y por supuesto que no la quiero en mi casa.

—No deberías seguir empeñada en eso. Edward la quiere, mira todo lo que ha cambiado desde que la conoce. Y ya sabes lo que dice Alice…

—¿Debería alegrarme de que haya cambiado a mi hermano? —me crucé de brazos y alcé una ceja. Si iba a seguir por ese camino, que no contara conmigo. Obvié la parte referente a las visiones de Alice porque me parecían absurdas, en eso sí estaba de acuerdo con Edward.

—Sí, puesto que el cambio ha sido para mejor.

Aquella conversación ya había terminado para mí. Totalmente. No estaba dispuesta a escuchar una sarta de tonterías provenientes de Emmett ni de ningún otro, pues ahora parecía ser yo la única que todavía conservaba la cordura dentro de aquella familia. La única que todavía recordaba lo que éramos y lo que jamás podríamos volver a ser. La única que entendía que aquello no estaba bien y que no debíamos permitir que una humana entrase en nuestras vidas.

No me había fijado en que Emmett me sostenía suavemente del antebrazo. Traté de acompasar mi respiración al tiempo que miraba su mano y lo miraba a él, ya que no me apetecía siquiera pedirle que me soltara. Él lo entendió, me liberó y se dio por vencido haciendo un gesto con las manos.

Me acerqué a la puerta y volví a abrirla esta vez de manera algo menos violenta que antes. Bajé silenciosamente las escaleras y me marché.

Ni siquiera estaba segura de en qué dirección me había encaminado cuando comencé a correr, sólo sabía que deseaba alejarme cuanto antes de casa. Que necesitaba estar sola o intentarlo, al menos. Sentía demasiada rabia en mi interior, tanta que llegué a pensar que me estallaría la cabeza si continuaba así. Estar allí resultaba nocivo. Nada de nuestra situación me parecía justo, no lo era.

Me sorprendí necesitando alguna pausa durante mi carrera, sobre todo teniendo en cuenta que no se trataba de un problema de respiración —nosotros sólo respirábamos para aparentar, como todo lo demás—, sino que era algo distinto. Algo que no logré comprender. ¿Acaso estaba fatigada? No, para nada, eso tampoco podía sucedernos. ¿No tenía fuerzas? Tampoco era posible. Sencillamente, no sabía a qué se debía esa sensación. Empero, no era capaz de continuar; a veces la frustración era demasiado fuerte.

Recargué todo mi cuerpo sobre el tronco de un árbol que encontré a mi lado tras haberme detenido. Talvez si descansaba unos instantes, después podría continuar; por muy raro que resultase todo lo que me estaba sucediendo.

Me quedé allí apostada sin saber qué debía hacer o qué era lo más conveniente para mí. No ya para mi familia, que sabría de mi marcha tanto por Emmett como por Alice.

Giré la cabeza de manera casi imperceptible en el preciso instante en que comencé a escuchar un ruido a mi alrededor. Mi cuerpo se había colocado en una postura defensiva, si bien se relajó en seguida. No era más que el movimiento del aire chocando contra los numerosos árboles que me rodeaban, o eso pensé al principio.

—Rose, soy yo.

—¿Emmett? ¿Qué haces aquí? —le pregunté, mientras me enderezaba y alejaba del árbol. Me había cogido por sorpresa, y tampoco entendí cómo pudo hacerlo. Las cosas me estaban afectando más de lo que deberían.

Y no me gustaba que me hubiese seguido; deseaba estar sola, lo necesitaba.

—No iba a dejar que te fueras sola. Únicamente quería avisar a los demás, sobre todo a Edward.

—Edward puede darse por avisado él solo y si no, Alice podría habérselo dicho —mi voz era un siseo, estaba resentida. Jamás habría deseado sentir todo aquello por alguien de mi familia, no obstante, mi hermano me obligaba a ello con lo que hacía.

—No quiero que te guarde rencor por algo así, no sería justo. No quiero que lo haga.

—Vaya, gracias —qué gran honor. ¿Se suponía que debía sentirme mejor con eso?—. Pero, sinceramente, lo que piense Edward ya me da igual.

—Eso no es cierto y lo sabes.

Puede que tuviera razón y que una parte de mí no quisiera desagradar a mi hermano, aunque la otra parte era mucho más poderosa y la machacaba hasta dejarla aplastada sobre el suelo. Igual que estaban haciendo conmigo. Yo quería a Edward y deseaba que fuese feliz, pero esa no era la manera. No podía tener como novia a una humana y esperar que todo aquello nos pareciese perfecto, más aún después de habernos puesto a todos en peligro por su causa.

Jamás olvidaría aquel día en el aparcamiento, del mismo modo que jamás lo perdonaría por ello. Hiciera lo que hiciera, eso y cómo desobedeció todo tipo de regla para salvar a esa humana, siempre quedaría grabado en mi memoria. Ninguno de nosotros le importamos cuando sacó el superhéroe que llevaba dentro.

—Eso ahora da igual —le dije, tajante. El haberme marchado antes de que llegase con su novia era una clara declaración de principios, de los cuales no iba a arrepentirme por mucho que pudiera dolerme—. Lo único que quiero es irme de aquí.

—Entonces, adelante —se quedó callado un instante que para mí fue eterno, pues llegué a pensar que él regresaría a casa. Ya ni podía discernir si deseaba que se quedara conmigo o se fuera, necesitaba tranquilidad—. Yo te sigo.

Su ofrecimiento me reconfortó, no podía negarlo. Habría sido demasiado egoísta por mi parte el pedirle que me siguiera si él lo que deseaba era estar en casa con los demás, pero lo habría hecho de todas formas. Me sentía con derecho para ello, como siempre, porque eso me consolaba. Así que me sentí mejor al saber que no hubiera sido necesario y que no me precipité en hacerlo.

Se acercó a mí y echamos a andar. No teníamos un rumbo fijo, sencillamente se trataba de alejarnos de casa hasta que yo estuviera preparada pare regresar. Sin embargo, no me vi demasiado segura de querer hacerlo ese mismo día, luego podríamos haber acampado en alguna parte llegado el momento.

Me sorprendí a mí misma pensando en Edward y la muchacha, en su relación. Hacía algún tiempo que lo había estado meditando y siempre conseguía llevarme a la misma conclusión: no entendía qué había visto en ella. ¿Qué podía tener esa humana que le había hecho olvidarse de todo lo demás, incluso de su familia?

Mi hermano jamás se había interesado por una mujer, ni por una de las nuestras. Ni tan siquiera por mí. Y ahora todo le parecía poco al lado de ella, para él era hermosa. ¿Había sido su humanidad lo que le había atraído? Si era así, desde luego fue algo contra lo que yo jamás podría haber competido.

—¿Quieres que avancemos más o aquí es suficiente? —me preguntó Emmett sacándome de mis pensamientos, yo me encogí de hombros como respuesta.

Y en cambio, estaba Emmett. Él se maravilló de mí desde el primer instante en que abrió los ojos, mucho antes de que Carlisle pudiera convertirle en uno de nosotros, cuando lo llevé a través de las montañas para intentar salvarle. Él me había dado todo lo que alguien como yo necesitaba, todo lo que alguien en mi situación podía requerir, excepto ser humana. Y le estaba enormemente agradecida por ello, pues sin él yo no habría podido seguir adelante. Así que, si Emmett me amaba tanto como yo a él, ¿por qué Edward no lo había hecho del mismo modo? ¿Qué tenía Isabella Swan que yo no tuviera, aparte de sangre en las venas y todo un futuro por delante?

Comencé a sacudir la cabeza de un lado para otro, tratando de despejarme. No podía ser que tuviese celos de alguien como ella, era imposible. Yo era lo más hermoso que nadie pudiera ver, no era concebible que albergase envidia por Isabella Swan. Lo único que debía causarme era indiferencia y, quizá, repulsión.

—¿En qué estás pensando?

—En lo que tiene Isabella que yo no tengo —contesté, directa y sin pensar. Debería haberme quedado callada y no haberle hecho caso, debería haber contenido la rabia que todavía me recorría. Desde el primer segundo en que comenzó todo, me avergoncé de sentirme así y no poder evitarlo. Y por supuesto, nunca quise que se supiera, no quería quedar por debajo de alguien como ella, mucho menos quería que Emmett estuviera al tanto.

—Ella no tiene nada que tú no…

—Es humana —le corté. No había necesidad de decirle nada más, él ya sabía que yo habría dado cualquier cosa por volver a estar viva, pero aún así había algo más. Algo totalmente absurdo y sinsentido—. Y al parecer, a Edward le gustan las humanas.

—¿Qué más te da lo que le guste a Edward? —cuestionó a la vez que fruncía el ceño.

—Yo no le gusto, eso es lo que importa.

Noté cómo la crispación le recorría el rostro. Yo había sido demasiado directa y, al mismo tiempo, poco esclarecedora. No deseaba que pensase que yo tenía algún tipo de interés por mi hermano, pues no era así. Aunque él tenía la culpa por malinterpretar mis palabras a estas alturas, tantos años juntos deberían lograr que ese tipo de cosas no necesitasen ser explicadas. Además, se trataba de otra cosa distinta y que resultaba un lastre para mí: la vanidad. Tener la belleza más pura te crea ciertas inseguridades a la hora de no gustarle a la gente y ante todo, yo deseaba ser querida.

—Ella lo ha cambiado de la forma en que yo no pude hacerlo, ya está.

—Creo que no termino de entenderte —su voz sonaba confusa y, sobre todo, muy cuidadosa.

—Oh, vamos, Emmett, no voy a tolerar que me consideres tan rastrera —agregué, herida. Me parecía increíble que pudiera sentirse traicionado por algo así cuando no tenía por qué—. Nunca he sentido nada por Edward, y él tampoco, ahí está el problema.

No tenía demasiado claro cómo habíamos llegado a discutir sobre esto, aunque quizá tuviese relación con el hecho de no encontrarnos en casa para recibirlos y dejarlos entrar por completo en nuestras vidas. Aquello me llevaba a todo este debate mental que no me habría gustado tener si hubiese podido evitarlo, era preferible resultar desinteresada.

Él no tardó en percatarse de la realidad detrás de todo, precisamente lo que yo había deseado con todas mis fuerzas poder ocultar.

—No puedes dejarte llevar por la vanidad, eso no está bien.

—¿Quién ha dicho que yo vaya a…?

—¿Qué te retiene aquí, entonces? ¿Acaso sólo la ves como un estorbo por haber conseguido algo que tú no pudiste? Rose, tú no eres así —su voz todavía no sonaba enteramente normal, así que empecé a preocuparme. No debería haberle dicho aquello, ya que ni yo estaba orgullosa de pensar así. Y aún así, era increíble la capacidad que poseía mi marido para olvidar los temas escabrosos y salir adelante.

—¿Y si verdaderamente soy así, Emmett? ¿Qué pasaría si todo este tiempo lo hubiese sido? ¿Cambiaría eso algo? —pregunté, presurosa. Pero ¿quería saber la verdad?

—No para mí, probablemente. Te quiero y te prometí que estaría contigo siempre, igual que tú, pero no debes dejarte llevar por ese tipo de sensaciones. Nosotros estamos por encima de ellas.

—Nosotros no estamos por encima de los humanos.

La vanidad era un sentimiento puramente humano y debería sentirme mejor por haber podido conservarlo, sin embargo, nunca me gustó que Emmett viera las cosas de esa manera. Ser vampiro no nos hacía ser superiores a los humanos, debía entenderlo. Podríamos ser más fuertes, infinitamente más rápidos, mucho más hermosos, pero jamás tendríamos lo que ellos tenían. Jamás. No éramos una raza superior, simplemente estábamos muertos. Muertos.

—En ese caso, olvida que es humana y únicamente recíbela en casa. Sólo eso. No tienes que hacer nada más. La chica no es mala persona y parece simpática.

Bien visto, talvez Emmett podía llegar a tener razón. No perdía nada por formar parte del show aunque fuese de manera silenciosa. Yo no tendría que hacer nada, únicamente aparentar. Estar allí. Como había hecho hacía tanto tiempo, dejarme ver. Mientras no me pidiera que fuésemos amigas, todo podría estar bien. Y ya no suponía un peligro directo para nosotros, pues, al parecer, las noticias de su relación con Edward no habían llegado hasta Italia. No obstante, siempre sufriría cierto riesgo al estar cerca de nosotros.

No. No podía hacerlo. No.

—¿Qué dices, Rose? —Emmett volvía a sonreírme. Agaché la cabeza y me llevé la mano derecha a la sien, como si por masajearla fuese a sentirme mejor.

—¿Por qué ahora te cae bien? Antes, hace tiempo, estabas de acuerdo conmigo en que era arriesgado. No, perdón, en que era absurdo y un completo estorbo.

—Las cosas cambian.

—No, las cosas no cambian, Emmett. No para nosotros. Las cosas siguen su curso, un curso por el que nosotros no fluimos y el cual no nos dirige. Por lo tanto, un curso al que no deberíamos siquiera prestar atención.

—Edward es feliz y eso es lo que importa para mí. Y también debería serlo para ti.

Feliz. Edward es feliz, la frase favorita de los últimos días. Igual a si ninguno de nosotros le hubiese visto nunca sonreír y puede que no como un idiota, pero sí lo había hecho. Mi hermano no había sido desdichado, únicamente había estado solo. Aquello no eran sinónimos, al menos no deberían serlo. Empero, él jamás había demostrado que necesitase algo más.

—Y ¿por qué no puede ser feliz de otra forma? Esto no está bien, no lo está en absoluto —repetí, como si fuese un disco rayado al que nadie prestaba atención. No me gustaba ver que no se me tenía en cuenta.

—Es lo que él ha elegido, nena. No podemos hacer nada por impedirlo y yo no tengo nada en contra de Bella. Ni tú tampoco —especificó, cruzándose fuertemente de brazos como si fuese un niño enfurruñado.

—No hagas que me enfade más, Emmett. Eso sí que no vas a poder cambiarlo, yo no la soporto y las cosas seguirán así. No quiero saber nada de ella.

—Eres lo suficientemente sensata como para saber lo que debes hacer, confío en que te des cuenta de lo que es correcto ahora. Deberías estar en casa con los demás, Edward se sentiría bien. Y yo, más aún.

Chantaje emocional, perfecto. Yo tenía demasiada fuerza de voluntad antes que caer en cualquier burda treta que Emmett pudiera intentar urdir contra mí, si bien él tenía razón y yo lo sabía. Sabía que eso les haría felices tanto a él como a Edward, incluso a Esme y Carlisle; pero no a mí.

Miré hacia otro lado, pues no podía sostenerle la mirada después de aquello. No me gustaba hacerle daño y habitualmente no me lo permitía a mí misma, mas tampoco era capaz de someterme a toda esa situación. Resultaba demasiado dañino para mí, tenía que entenderlo.

—Rose, no es mi intención presionarte con el tema pero sigo pensando que no está bien que la veas de esa forma.

—No quiero hablar de eso —susurré y le escuché soltar aire.

—Es únicamente que no me parece que sea bueno para ninguno, tampoco para ti o para ella. Además, no creo que haga falta que te diga que eres lo más hermoso que he visto nunca —añadió e incliné la cabeza. A veces, y sólo a veces, resultaba demasiado fácil hacerme un poquito feliz. Y Emmett lo sabía—. Por cierto, Alice ha dicho que habrá tormenta…

Me giré hacia él por completo, a sabiendas de que mis ojos estarían brillando de manera muy intensa. Él no paraba de sonreír mostrando todos sus dientes, mientras que su pose estaba entre lo divertido y lo peligroso. Ambos teníamos una apuesta atrasada.

—¿Baseball? —pregunté, curiosa. Mi cuerpo ya se estaba acelerando.

—Claro, nena.

Quizá, por una vez, podía dejar a un lado mis rencillas personales con Isabella y aprovechar el momento. De todas formas, así también estaría haciéndoles un favor a mi marido y a mi hermano. Bueno, tampoco podía obviar el hecho de que así podría demostrarle a esa humana de lo que éramos capaces los Cullen y ella, no.

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N/A: he revisado esto unas cuatrocientas veces en los últimos días y todavía sigo pensando que hay muchas cosas mal, en fin. Intentaré consolarme pensando que lo escribí hace más de mes y medio, por lo que he tenido que cambiar varias partes del contenido en sí. De todas formas, gracias a Nika y Weny por intentar ayudarme con mis idas mentales xD.

Porfa please, decidme lo que os parece, que si no yo ya no sé qué pensar. En serio. Yo seré feliz con lo que me digáis y a vosotros no os cuesta nada, nada, nada. Es gratis :DD