Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto lo he ideado yo, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, me cabrearé mucho. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.

Nota: esto es algo así como la continuación de la viñeta "Enfado". Van seguidas en el tiempo, aunque ha pasado bastante. Esa era antes del baseball y ahora es durante la cacería de Victoria.

-.-.-

Promesa

Esme y yo hacía dos días que bordeábamos los límites de la casa del jefe de policía Swan, intentando protegerle de los que querían matar a su hija. Siempre era igual, tenían que recurrir a los seres queridos para así tratar de hacer más daño. Yo odiaba eso incluso tratándose del padre de esa estúpida humana. Él no tenía por qué pagar la insensatez de su hija.

Realmente, ni siquiera yo estaba demasiado segura de lo que hacía. ¿Estaba protegiendo a su padre, en vez de ayudar al mío? ¿En vez de luchar junto a mi marido? Y todo ¿por qué? ¿Porque Edward lo decía? Me parecía injusto; ella no era nada mío, así que no le debía nada. No tenía ningún lazo que me atara a ella hasta el extremo de proteger a los suyos en su ausencia.

Y ahora, además, había sido ella misma la que se había lanzado a la boca del lobo. La que había decidido desobedecer las órdenes de Alice y Jasper, obligándonos a realizar un ataque directo para salvarla. Jamás llegaría a entender el cerebro de aquella muchacha; era imposible, no había ningún tipo de coherencia dentro de él.

No se trataba de falta de fe en las posibilidades de mi familia contra el rastreador, es que no podía quedarme en Forks mientras ellos estaban allí y peleaban por salvarla. Me daba igual si la socorrían o no, pero ellos también estaban en peligro; siempre habría cierto riesgo por más que Emmett se negase a creerlo, así que no estaba tranquila guardando las espaldas tan lejos. Lo veía totalmente antinatural e iba en contra de mis principios; debía estar con ellos. O mejor aún, ellos debían estar aquí y olvidarse de batallas absurdas.

De todas formas, no iba a abandonar a Esme. No lo haría estando la otra por allí acechándonos, intentando crear alguna brecha entre nosotros para poder así atacarnos mientras el rastreador se divertía. Siempre me pareció extraño que ella no se hubiese unido al entretenimiento, pero yo no tenía la capacidad de comprender a alguien como ella.

No dejaría sola a mi madre, así que, atada como estaba a Forks, lo único que podía hacer era esperar.

El problema real se encontraba en mi incapacidad para todo lo referente a las esperas; nunca se me dio bien, en absoluto. Necesitaba estar en continuo movimiento, por tanto, no parecía demasiado prudente mantenerme en la retaguardia. Mis nervios crecían de manera exponencial en situaciones como esa. Además, no podía soportar que Emmett se estuviese divirtiendo mientras yo me aburría; los próximos días estaría inaguantable.

Hacía horas que no teníamos noticias suyas, concretamente desde que subieron al avión y se enteraron de la escapadita de la ingeniosa Bella. Esme no paraba de decir que no habrían tenido tiempo para avisarnos de nada y que sólo quedaba esperar un poquito más, pero yo iba a explotar si la cosa seguía igual.

Decidí hacer la siguiente ronda para así despejarme un poco.

Merodeé por los exteriores de la casa de los Swan, pues sentía una creciente curiosidad por todo lo referente a su inquilina, y en aquellos momentos vi que estaba ocupada por el jefe de policía y un par de quileutes, lo que hizo que una especie de resorte mental saltase en mi interior. No tenía demasiado claro si un antiguo tratado continuaba vigente después de que precisamente el muchacho que había en el interior de la casa lo hubiese roto al mentar cierta parte referente a mi familia. No obstante, debía mantenerme alerta por lo que pudiera pasar, si bien eran simples humanos.

Escuché sus conversaciones: sonaban preocupados y, sobre todo, tristes. Al parecer, Isabella había usado un trapo sucio familiar para hacer ver que se marchaba de la ciudad y eso hacía que su padre no estuviera especialmente contento. Hacía tiempo que no notaba tanta preocupación en una voz humana, aunque, de todas formas, hacía mucho que no tenía contacto con humanos. No como para llamarlo "contacto".

Su padre la quería, la quería de verdad, y se preocupaba por ella. Eso me provocó cierto resquemor.

De pronto escuché pasos acercarse y noté un roce en el hombro, por lo que me giré estrepitosamente generando un buen ruido a mi alrededor. Era Esme.

—Emmett ha llamado, él y Jasper vuelven a casa. Bella está bien —me lo dijo como si fuese un dato relevante para mí, nada más lejos de la realidad—. Te dejaste olvidado el móvil en el salón y tuve que contestar.

—Mierda —mascullé. Los nervios me hacían perder la cabeza y no fijarme en los detalles, como en el caso de olvidar mi teléfono.

—Esa boca.

Todo había terminado, pero sólo volvían mi marido y uno de mis hermanos. Aquello no terminaba de cuadrarme, no obstante, Esme no entró en mayores detalles. Simplemente lanzó una mirada hacia la casa, tornándose curiosa y dolorida, para después comenzar a regresar hacia nuestra mansión. Yo me encontraba algo más aliviada.

Una vez allí, expresó su preocupación por Charlie Swan. A ella no le hizo ninguna gracia la estratagema que su hija había empleado con él, si bien ya no podía hacer nada por evitarla y no iba a decírselo a nadie. Su ternura le impedía poder soportar ese tipo de sufrimiento hacia cualquier padre, más aún a sabiendas de que había sido provocado únicamente como un intento de protección. A mí, sinceramente, me daba igual.

Al final decidió que seguiría vigilando la casa unas horas más, como mera precaución.

Pasé el tiempo mirando fijamente el reloj, sin parar. No sabía por qué estaba tan nerviosa, ya que estábamos a salvo. Sin embargo, no podía evitar sentirme así, y no era una sensación agradable. Jamás me había gustado tener debilidades como aquella, pero se me pasó por la cabeza el que algo pudiera haber salido mal en Phoenix y que le hubiese sucedido alguna cosa a Emmett. Era absurdo, sí, pero mi cerebro trabajaba demasiado deprisa. Más de lo que me habría gustado. Y es que ni siquiera habíamos tenido tiempo de despedirnos.

Me estremecí con el simple pensamiento de que algo le hubiese sucedido. Era imposible, no podía pasarle nada a Emmett, él lo impediría antes. Y aún así, la idea no dejaba de rondarme la cabeza, pues ¿quién me decía que no se iba a producir una situación como esta, de nuevo? Y que las cosas no salieran bien en esa ocasión.

Decidí quedarme a la espera en las sombras de nuestra habitación, hasta que abrió la puerta y me vio sentada en una silla junto a mi tocador.

—Por fin.

—¿Cómo ha ido la pesca? —su voz sonaba normal, nada por lo que preocuparme.

—No apareció en ningún momento, así que me imagino que huyó —salí de la oscuridad para acercarme hacia donde él se había parado. Chasqueó la lengua.

—Siento que te hayas aburrido, nena.

—Bueno, sobreviviré —irónico, sí, pero yo no me aburría con la misma facilidad que Emmett.

No podía evitar mirarle después de todo lo que había estado pensando anteriormente. Yo no sería nada sin Emmett, jamás me permitiría perderle. Mucho menos por causa de una humana entrometida. Noté que él también me estaba mirando y sacudí la cabeza para despejarme de todas esas estupideces. Nunca iba a perderle, me lo había prometido; siempre volvería.

—¿No vas a preguntarme lo que ha pasado? —se balanceaba con las manos en los bolsillos, sonriendo de oreja a oreja.

—No me interesa.

—No es verdad, estás deseando que te lo cuente. Anda, no digas que no.

—Te he dicho que no. No quiero saber los detalles de cómo os habéis puesto todos en peligro —le corté y traté de mirar hacia otro lado.

Las cosas estaban así y yo no era quien lo había decidido, así que no tenía por qué estar de acuerdo con ello. No me gustaba que toda mi familia se lanzase a peleas insustanciales contra vampiros que, en otras circunstancias, únicamente nos habrían visitado y se habrían largado poco después. No era conveniente ganarse enemigos entre los nuestros, a pesar de que no los frecuentásemos.

Escuché cómo gruñía Emmett.

—No seas tan pesimista, sabes que eso me ofende —bufé, exasperada—. Lo digo en serio.

—Por supuesto, preocúpate más por tus bíceps que por tu cabeza. Eso es bueno.

—Rose, creo que te hace falta marcha. Y pronto —puntualizó, mirándome fijamente. Quizá tuviera razón y un buen fin de semana de caza me viniera bien—. Podrías haberte venido con nosotros.

—Supongo que no todos podemos divertirnos, porque también hay otras prioridades. Por si no lo sabías. Como por ejemplo, conservar todos los miembros intactos.

—Te puedo asegurar que el día que yo pierda un miembro de mi cuerpo, el otro quedará mucho peor.

Aquello era lo que más me molestaba de él, que no pusiera límite a las cosas. Todo le daba igual con tal de tener marcha, como él lo llamaba. Eso acabaría costándonos caro a alguno cualquier día de estos. Y yo no era capaz de contenerme ante tal cantidad de estupidez, pues de alguna manera debía entrar en razón.

Algún día debería. O eso esperaba yo.

—Está bien, desisto. No puedo soportar más tus tonterías —coloqué las manos sobre mi regazo, intentando pasar de él para que desistiera de sus barbaridades.

—Venga, Rosie, ¡no seas mala! ¡Sólo estoy bromeando!

—No me gustan tus bromas. No hay nada de gracioso en todo esto, créeme.

Incluso del revés fui capaz de intuir una aviesa sonrisa en su cara; era como si emitiese una descarga en todas las direcciones. Justo después, se tiró en plancha de manera teatral sobre el colchón de la cama. Por supuesto, yo continué en mi empeño por no hacerle caso y ni siquiera me moví, si bien empecé a notar un cosquilleo en la espalda: era él, que había metido la mano por debajo de mi blusa y me acariciaba con las yemas de los dedos.

—Ya sé lo que pasa aquí —su tono de voz era zalamero, mala señal. Me pasé la mano por el pelo para mesarlo y colocarlo bien, totalmente indiferente—. Estabas preocupada por mí, ¿a que sí?

—Te equivocas.

—No, no lo creo. Por eso te has puesto así y por eso estás tan tensa, porque temías que algo pudiera pasarme —siguió subiendo la mano.

—Concéntrate en tus bíceps.

—Resultas tan tierna cuando estás preocupada, que me pondría en peligro sólo por eso.

Idiota. Fruncí el ceño, profundamente cabreada, y me moví espasmódicamente para tratar de sacar su mano de mi espalda. Sin tan siquiera mirarle, me levanté de la cama e introduje la blusa rápidamente en los pantalones.

—¿Lo ves? Yo tenía razón.

—Por si no lo has notado, Emmett, te estoy haciendo el vacío. No te presto atención, todo lo que dices me entra por un oído y me sale por el otro. Como el viento —me sentí tremendamente estúpida diciendo aquello.

—Ya lo veremos —me retó, consiguiendo que girase rápidamente la cara hacia él para lanzarle una mirada de "Cállate". A veces resultaban de lo más útiles.

Y allí estaba él, espatarrado boca arriba en la cama, con los brazos debajo de la cabeza y mirándome. Asimismo, tuvo la osadía de guiñarme un ojo y lanzarme un beso. A veces era tan tonto e infantil. No se tomaba nada en serio, ni siquiera en un momento como aquel, que no era precisamente comparable a un día común en nuestras vidas. Si le daba igual hacerme sufrir, no sería yo la que aguantaría sus estupideces. Que se fuese a bromear con Jasper por ahí.

Lo cierto es que él conocía perfectamente dónde estaban los límites de mi propio aguante, de ahí que tanteara en la línea divisoria de un lado para otro constantemente. Tentándome y chinchándome, pero sin pasarse de la raya. O intentándolo. No obstante, con cosas como aquella todo era muy diferente y él debería haberlo supuesto. En los últimos tiempos yo no me encontraba especialmente tolerante y eso no iba a cambiar en aquel momento, precisamente.

Me fui acercando rápidamente hacia la puerta y él se levantó más deprisa todavía.

—Eh, Rose, no. Espera —me agarró de los hombros, colocándose justo detrás de mí. Resoplé suavemente.

—Emmett, te agradecería que me soltases. No tengo intención de permanecer más tiempo aquí dentro.

—Lo siento. Lo siento, nena. No quería molestarte.

A cada segundo que pasaba, él me iba apretando más hacia su cuerpo, mientras me agarraba fuertemente ya de la cintura. No tardé en notar que también estaba depositando una serie de pequeños besos en mis hombros. Aunque si creía que así conseguiría que no siguiera enfadada, era un método muy pobre.

—Pero es cierto, ¿verdad? —seguía riéndose. Me contuve para no pegarle un empujón y tirarlo por la ventana.

—Ugh, ¡eres insoportable!

—¿Y eso te gusta? —ahora se había acercado más al lóbulo de mi oreja.

—No. Cada día eres peor, eso no me gusta.

—¿Ah, no? ¿Segura?

—No del todo, pero sí. Es igual, cállate y sigue.

—Lo imaginaba —dijo entre dientes, antes de reír contra mi cuello.

No supe cómo habíamos llegado hasta aquella situación o, mejor dicho, cómo yo había permitido aquello. No solía dejarme embaucar de esa manera y mucho menos en un momento en el que me sentía mal. Por más que yo lo intentara, Emmett jamás cambiaría su forma de ser como para conseguir que no buscara el peligro de manera tan inconsciente, y eso me hacía sentir demasiado impotente.

No es que normalmente me preocupase, ya que sus actos se resumían en peleas con Jasper, con Edward si se dejaba y todo lo demás lo llevaba a cabo en los momentos de caza. Sin embargo, ahora era algo totalmente distinto. No estábamos habituados a mantener peleas con los de nuestra especie.

Le aparté de mí sin ningún tipo de suavidad cuando continuaba jugueteando con mi cuello, por lo que conseguí que se me quedara mirando un poco extrañado.

—No insistas —le dije, totalmente tranquila.

—A veces consigues que no te entienda. ¿Qué he hecho ahora?

—Tomártelo todo como si no tuviese importancia, como si fuese normal que vayáis peleándoos por ahí con otros vampiros. Que vayamos enemistándonos con quienes no deberíamos.

—Querían matar a Bella, no podíamos hacer otra cosa —masculló, enfadado.

—Sí, podríamos no haberla dejado venir a casa. Era muy fácil —elevé el tono de voz sin poder, ni querer, impedirlo—. Podríamos haberla sacado de nuestras vidas antes de dejarla entrar. no querías hacer otra cosa.

—Va, Rose, ya es suficiente.

Suficiente, sí, claro que era suficiente. No iba a conseguir convencerme de lo contrario, no se lo permitiría. Yo tenía bien claras mis prioridades como para dejarme arrastrar por aquella estupidez. No estaba de acuerdo con nada de lo que sucedía a nuestro alrededor últimamente, pero lo que más me preocupaba seguía siendo mi familia. Mi marido. ¿Por qué no podía entender que no quería perderle?

—Está bien, haz lo que quieras. Todos podéis hacer lo que queráis, está claro que a mí no vais a escucharme.

—¿Habrías preferido que hubiésemos dejado a Bella ante sus narices? —no recordaba haberle escuchado tan horrorizado. Fruncí el ceño—. Edward la quiere, ya es parte de la familia. No podemos dejar que le ocurra nada.

—Entonces, ¿es mejor que nos ocurra algo a alguno de nosotros? ¿Ella es mejor que tú o que yo?

—A nosotros no va a pasarnos nada nunca, así que ¿por qué no podemos intentar cuidarla?

—¡Porque no somos indestructibles! ¡Por eso! —grité, gesticulando demasiado.

Empecé a temblar de pura rabia y él trató de acercase a mí, pero me aparté antes de que lo consiguiera.

Vi en su cara que estaba asustado por mi comportamiento. No asustado de manera terrorífica, sino teniendo cierto temor hacia lo que yo pudiera estar sintiendo. Alzó las palmas de las manos hacia mí como solía hacer para indicar que venía en son de paz, así que no le dije nada ni tampoco le impedí que tratara de acercarse.

Me quedé de espaldas, un poco encorvada y sujetándome a un armario que tenía al lado.

Me sentí profundamente vulnerable, como si yo no fuese más que un insignificante bicho microscópico en mitad de un enorme anfiteatro lleno a rebosar de peligros enormes dispuestos a aplastarme. Y yo jamás había sido insignificante. Jamás. Ni lo sería nunca.

Emmett cogió delicadamente la mano que apoyaba sobre el armario, donde dejé la huella hundida de mis dedos, y me giró para poder abrazarme. Me enterró contra su pecho y me tapó con sus enormes brazos. Yo ya no podía luchar más, no tenía fuerzas después de todo lo que nos habíamos dicho.

—Rose, te prometo que nunca nos pasará nada. ¿Me has oído, preciosa? Nunca.

—Es imposible que puedas asegurarlo —susurré, agarrándole fuertemente de la camiseta.

—No, claro que puedo.

Y traté de creerle; el momento era perfecto a pesar de lo que había pasado horas atrás y no tenía por qué esquivar lo que mi marido me prometía. Sabía que si dependiera de él, no nos pasaría nada a ninguno de nosotros. A nadie de mi familia. Sólo esperaba que él pudiera cuidar de sí mismo también, porque no siempre podría estar a su lado para ayudarle. Lo intentaría, sí, pero siempre habría algún momento como aquel en el que las circunstancias me lo impedirían.

-.-.-

N/A: esto básicamente es un intento de demostrar lo mucho que significa Emmett en la vida de Rosalie y como sin él, ella no podría seguir ( parece que sólo Edward moriría si Bella muriese, el resto bailaría la conga si sus parejas fueran destruidas, por lo visto ). Además, considero que Rosalie es de las que más presente tienen eso de "no ser indestructibles".

Aparte, creo que el carácter de Emmett hacia todo peligro es capaz de sacar a Rosalie de sus casillas, más aún teniendo en cuenta que podrían haber muerto.

Y ya está, no es lo mejor que he escrito, pero en fin. Los reviews me ayudan a seguir escribiendo, lalalá.