Capitulo siguiente… espero les guste n.n

Capítulo 8

Dos caminos

Los frescos acontecimientos en su mente, aún no terminaban de ser procesados. Las personas que había visto, las palabras escuchadas, el recuerdo que volvió a traerle un poco de alegría, inestabilidad, y ansia por otro más; todo se encontraba ahí, en el momento y lugar menos indicado.

This is me for forever
One of the lost ones
The one without a name
Without an honest heart as compass

Según lo que recordaba, los padres de Milo habían fallecido en un accidente cuando él tenía casi cuatro años...

¿Cómo podía entonces escucharlos discutir en el pasillo, fuera de su... habitación?

-"Yo hablaré con él..."- Decía la mujer rubia.

-"Soy oficial de un rango mayor que el tuyo"- Alegaba el peliazul. Ambos parecían sumamente molestos.

-"¡Tú no tienes ningún tacto para hablar con Camus!"- Gritó ella

-"¡No lo necesito para que entienda cual es su deber!"- Respondió él, en el mismo tono

-"¡Por un momento deja de pensar en el deber y piensa en tu hijo! Milo no sabe que estamos vivos; pero ambos sabemos la importancia de este muchacho en la vida de nuestro hijo. Si al menos tienes un poco de amor paterno, dejarás que sea yo quien trate de explicarle algunas cosas y lo calme"- El francés dejó de escuchar gritos, siendo cambiados por pisadas que se alejaban y otras más suaves que se acercaba a él, después de cerrar la puerta

-"Lo siento... No fue mi intención ser un problema entre ustedes..."- Se disculpó el taheño cual niño recién regañado. La mujer rubia tomó asiento a su lado, mientras se pasaba el dedo por debajo de los ojos, secándose algunas fugaces lágrimas.

-"Cariño, no es tu culpa. Orfeo y yo hemos tenido muchos desacuerdos últimamente."- Respondió ella con un tono dulce

-"De cualquier forma, yo..."

-"Oye, no le tomes tanta importancia a un problema que tú no causaste; además, hay cosas mucho más importantes en las cuales debes centrar tu atención."

-"Respecto a eso... yo..."- No sabía por donde comenzar, como tampoco podía creer el que estuviera entablando una conversación con ella, con alguien que estaba 'muerta'.

This is me for forever
One without a name
These lines the last endeavor
To find the missing lifeline

-"Camus, yo sé que para ti es muy difícil creer en todo lo que te han dicho..."

-"No señora, usted no lo sabe. Creo que ni siquiera puede imaginarse una mínima parte de lo que siento"- Negó el galo, poniéndose de pie -"Todo lo que ahora tengo en mi cabeza son infinitas telarañas... Hay muchas cosas que no puedo creer... que no puedo perdonar..."

-"Lo sé..."

-"¡No me diga que lo sabe!"- Gritó el francés, enfurecido -"Yo crecí la mayor parte de mi vida solo, en un orfanato... ¿Cómo quiere que ahora me haga a la idea de que tengo una hermana?"- Recordó su sueño, el lugar y la persona con quien en ese momento estaba, así como la causa de que llorara con tal sentimiento -"Milo pasó toda su vida en una calidad peor que la mía, angustiado por el recuerdo de su fallecida tía y la muerte de sus padres... ¿¡Tiene idea de cómo le afectara saber que están con vida?!"- Euridice también se puso de pie.

-"Camus, no puedes decirle que estamos vivos..."

-"¿Lo ve? ¡Me pone en un predicamento!"- Exclamó el taheño dando vueltas por la habitación -"¿Cómo puedo mentirle a una persona que me quiere tanto?"- Guardó silencio. Ese error ya lo había cometido con su prometida, y el resultado fue devastador. -"No puedo hacerlo de nuevo... ni puedo ocultarle la verdad ni decírsela..."- La rubia lo detuvo, mirándolo fijamente y sin reprensión, con sus ojos cristalizados por unas cuantas lágrimas

-"Cariño, sé que la muerte de ella te dolió muchísimo, y que no puedes perdonarte aunque no seas culpable; así que grábate esto en la memoria: tú no la mataste. Hades fue quien aprobó la orden, tu único error fue humano y el más hermoso del mundo: enamorarte de ella... de mi hija..."- Un suave gesto afable apareció en sus labios, mientras los ojos del galo se abrían más de lo normal y recordaba cuanto Marin y Mu le habían dicho

-"Entonces es cierto... Mariah tenía su apellido (Neveu), y Milo conservó el de Orfeo (Belafonte)... Eso quiere decir que son hermanos..."- No sabía como tomar la noticia; menos cuando ella hizo una seña afirmativa y sonrió con mayor amplitud

-"Sí. Son mis bebés... bueno... Milo es mi bebé"- Se le veía contenta, pese a que sus ojos se mostraban tristes; quizá debido al recuerdo de su perdida.

-"Pero Milo es mayor que ella por algunos meses..."- Recordó en voz alta el galo. La rubia negó.

-"No en realidad. Nacieron juntos; pero cuando tuvimos que hacernos pasar por muertos y mandarlos lejos, a un orfanato, cambiamos la fecha de su cumpleaños; bueno, sólo la de ella"- Explicó. Camus apenas terminaba de digerir tanta información

-"¿Eran gemelos?"

-"Sí."- Eso podía explicar el que fueran tan parecidos, incluso el que no se sintiera tan incómodo cuando estaba con él...

¿Qué pasaría si la única razón por la que estaba con Milo era porque le recordaba a Mariah?

Oh how I wish
For soothing rain
All I wish is to dream again
My loving heart
Lost in the dark
For hope Id give my everything

Lentamente caminó hasta la cama, donde volvió a tomar asiento para recuperar fuerza, valor; tal vez para tratar de pensar mejor las cosas y darse cuenta que no era eso lo que lo ataba a Milo. A él lo quería, tanto que se sentía muy mal por no poder estar en ese momento con él, y por no poder revelarle cuanto acababa de vivir.

-"¿Qué sucede?"- Le preguntó Euridice con una mueca bastante afable en su faz. Camus la observó detenidamente, un par de segundos.

-"Estoy muy confundido, señora."- Respondió francamente. La rubia se colocó a un lado

-"Debe ser por tanta información, cariño"

-"No es por eso... bueno... quizá lo sea..."- Contradijo el galo, inseguro.

-"¿Entonces?... ¿Qué pasa?"

-"Es que usted no me trata con odio; al contrario, es muy dulce conmigo ¿Por qué?"- Ella mostró una sonrisa mucho más amplia

-"Ya te lo eh dicho: Yo no te culpo por la muerte de mi hija. Créeme cuando te digo que te entiendo, porque sé lo difícil que es guardarle un secreto a alguien que amas tanto ¿Y sabes que más? Te quiero porque has padecido inmoderadamente a mi niña, porque mi hijo te quiere demasiado, y sé que tú lo harás feliz"- Camus bajo la vista con algo de pesadumbre

-"Yo no puedo hacerlo feliz, no con la vida que llevo"- Euridice se levantó, le tomó ambas manos para que se levantara y lo llevó hacia la puerta mientras le decía:

-"Por ahora piensa que de ti dependerá cambiar esa vida. Orfeo hablará contigo y quizá pueda hacerte entender algunas cosas, o ayudarte de alguna forma para que no sigas en la SD-6 sin que tu vida peligre. Por cierto, no te dejes impresionar por su carácter. Desde que estamos 'muertos' ha cambiado mucho."- Abrió la puerta, saliendo con Camus hacia un amplio pasillo -"Al final del corredor lo encontrarás. Suerte, cariño"- El galo observó indeciso el camino que debía seguir

-"De acuerdo."- Dijo para sí mismo; después le sonrió débilmente a su ¿suegra? -"Gracias."- Comenzó a caminar, sintiendo la mirada cariñosa de la rubia; entonces se detuvo -"Señora..."- La llamó sin dar la vuelta

-"Dime"

-"¿Puedo pedirle un gran favor?"- Le preguntó tímidamente; está vez volteando a verla

-"Si está en mis manos concedértelo, ten por seguro que lo haré"- Respondió amablemente.

-"¿Podría... darme un abrazo?"- Ella volvió a sonreír ampliamente

-"¡Por supuesto!"- Exclamó caminando hacia él y brindándole aquél calmante para su pena.

Oh how I wish
For soothing rain
Oh how I wish to dream again
Once and for all
And all for once
Nemo my name forevermore

Camus cerró los ojos, mientras se aferraba al abrazo y le dejaba escuchar un par de sollozos, que más de abatimiento eran de felicidad, porque ella le había concedido un perdón que él se negó a proporcionarse.

Y como algunos dirían: ahora podía descansar 'en paz', entre comillas; puesto que aún había un par de cosas que aclarar.

-o-.-o-

Tras obedecer las señas de Orfeo, tomó asiento al lado de una mesa blanca, redonda, en una habitación compuesta por dos paredes de vidrio, y dos de concreto en las que habían unas computadoras, una gran pantalla blanca y televisores. Aquél cuarto se parecía al que solían utilizar en los Ángeles, en la SD-6, para recibir instrucciones. Camus se preguntaba si esa habitación no se utilizaría para lo mismo...

-"¿Te ofrezco algo de beber?"- El galo fijó la vista en el peliazul, el cual se encontraba sumamente serio, incluso se atrevería a afirmar que estaba molesto; lo cual no le parecería raro considerando los expedientes...

-"No"- Respondió firme, reservado, olvidando su conversación con Euridice.

-"Lo mejor será que comas algo..."

-"Perdone, pero lo que más quisiera en el mundo es terminar con este asunto"- Interrumpió aún más serio, con el entrecejo tenuemente fruncido.

-"Como quieras."- Se apoyó completamente en el respaldo de la silla, con sus manos entrelazadas y apoyadas en su regazo; observando a Camus de una forma cruel, que no le inmutó. -"Antes de tocar cualquier punto debo decirte que no tienes que preocuparte por la SD-6, mientras permanezcas aquí estarás a salvo."- Explicó.

-"Puedo preguntar ¿qué clase de lugar es este?"

-"Nos encontramos en un cuartel secreto de la CIA, un lugar que Euridice y yo hemos habitado durante años."- La mente gala maquiló la información

-"Eso quiere decir que ustedes viven como testigos protegidos"- Más que una pregunta aquello era una afirmación. Orfeo apoyó la nuca en la silla, observando el techo

-"Correcto. Mi esposa y yo tuvimos que abandonar a nuestros hijos por seguridad"- A Camus le interesaba mucho saber sobre los motivos que les habían orillado a realizar tan penosa medida; aunque no se consideraba con derecho a preguntar. -"Por el momento no hablaremos de ello"- Continuó el peliazul como si hubiera leído sus pensamientos. -"Esa información te lo proporcionaré llegado el momento, si es que debes enterarte."- Enseguida volvió a acomodarse de forma que pudiera verle a la cara. -"¿Sabes por qué estas aquí, hablando conmigo?"- El pelirrojo sabía cual era la respuesta; sin embargo, prefirió razonar cuanto había presenciado

-"Por venganza"- Dijo aún más serio, casi con un tono gélido. -"Ustedes me necesitan para acabar con la SD-6."- Para asombro del francés, Orfeo negó

-"Camus, no todo en esta vida gira en torno a la venganza. La razón de que te encuentres delante de mí es porque quiero salvar tu vida"- Las pupilas caoba titilaron. El semblante del peliazul ya no parecía tan severo, incluso parecía acongojado. -"A pesar de encontrarme tras estas cuatro paredes"- Señaló con desprecio la habitación -"Soy consiente de todo lo que ha acontecido en la vida de mis hijos..."- Camus bajó la mirada. De nuevo sentía esa espina de culpa. -"Sé que has hecho mucho por Milo y te lo agradezco"- El taheño volvió a sorprenderse ¿Acaso ellos eran conocedores de más información que él mismo? Es que no recordaba haber hecho grandes cosas por Milo... ¿Tendría algo que ver con lo que le dijo Mu, acerca de cómo la SD-6 sometió su mente para hacerle olvidar ciertas cosas? Si era por eso, tal vez había algo dentro del pasado que lo ataba aún más a Milo...

-"Quisiera recordarlo"- Pensó en voz alta.

-"Lo harás"- Afirmó el peliazul con una sutil sonrisa. -"Por ahora debes concentrar tu atención en lo que crees que sea más importante"- Hizo una pausa, esperando que el galo estabilizara sus ideas.

-"Nosotros te ofrecemos dos caminos, Camus."

-"Dos caminos..."- Repitió

-"Sí. El primero te convertirá en un doble agente, trabajando para la CIA y al mismo tiempo para la SD-6. Básicamente, tú nos pasarás la información más relevante que puedas obtener. Nosotros te daremos contra misiones y te mantendremos protegido. El único riesgo es que si te descubren tendrás que vivir como testigo protegido, tal como Euridice y yo lo hemos hecho."- El francés no pensaba que eso fuera vivir. Incluso creía que de pasar una situación como esa prefería morir antes que existir otra vez enclaustrado.

-"¿Cuál es el segundo camino?"- Orfeo se mostró un poco lúgubre.

-"El olvido completo. Tus recuerdos, tu vida entera será borrada de tu memoria. Camus Noiret dejará de existir, y vivirás con una nueva identidad, oculto, como un testigo protegido. Si alguien te reconoce, tú no podrás hacer lo mismo. En pocas palabras, nacerás de nuevo, salvo que esta vez lo harás con veintitrés años. El riesgo de esta operación es que puedes volverte loco, y permanecer internado en un hospital psiquiátrico, muerto a los ojos de todo el mundo."- Era un destino excesivamente funesto. Inclusive, la piel se le erizaba al concebir la segunda probabilidad; aunque era tentador pensar que sus fantasmas serían disipados.

-"Para abandonar este lugar tengo que escoger cualquiera de los dos"- De nuevo era una afirmación.

-"Ahora que conoces ciertas cosas, me temo que esa medida es necesaria."- Respondió Orfeo, dándole la impresión a Camus de que no estaba muy de acuerdo con las prevenciones.

-"No es fácil para mi tomar una decisión"- Respondió poniéndose de pie, frotándose la cara con las manos como si quisiera borrar algo.

-"No tienes que darme tu respuesta definitiva ahora, Camus. Te puedo dar un par de días para pensarlo"- El pelirrojo dejó de caminar como león encerrado.

-"Pero usted sabe que no puedo hacerlo, ya que si la SD-6 se entera de mi desaparición..."

-"Eso ya tiene arreglo."- Respondió Orfeo. -"En los días que llevas aquí planeamos una cuartada. Como te lo dije hace rato, mientras permanezcas con nosotros, tu vida no correrá peligro."- El galo formuló dos cuestionamientos

¿En que consistía la famosa cuartada?

¿Cuántos días pasaron desde que encontró a Mu robando el zafiro? A juzgar por lo que decía, consideraba que fueron semanas...

-"Milo"- Dijo de pronto un poco asustado, mirando sin querer, la cara de su padre.

-"Él esta tranquilo, no te inquietes"- Comentó como si de nuevo hubiera leído sus pensamientos; no obstante, tuvo la ligera sospecha que Marín le había contado lo que hablaron cuando ambos estuvieron secuestrados en México.

Ahora su cabeza era un caos. Había cosas que no alcanzaba a comprender, y por las que su mente pedía a gritos una respuesta. Podía percibir un tenue dolor que se acrecentaba en su sien izquierda, y un fuerte sonrojo en sus mejillas al saber que delante de él se encontraba su.. ¿Suegro?.

¿Por donde comenzar? ¿Qué decir?

-"Señor... ¿Cuál es la cuartada?"- Preguntó intentando dejar a un lado el tema sobre su relación con Milo.

-" Mu Modigliani se encontraba de vacaciones en Australia, navegando en su yate privado cuando te encontraron perdido en el mar, flotando. Parecía que estabas muerto cuando te subieron. Pasaste días en su residencia vacacional, siendo examinado por su médico personal..."- Hizo una pausa. Al parecer disfrutaba la mueca de asombro que tenía el galo plasmada en su rostro. -"Cuando despertaste, y como no te encontrabas en condiciones optimas para viajar, llamó a Shaka y le dijo que estabas con él, que habías sufrido un accidente y que ya estabas fuera de peligro; pero que aún te encontrabas convaleciente. Una vez sabiéndolo él, debía contárselo a Kanon y este a tus jefes –Minos y Hades-. Si estas en su mansión seria muy difícil ponerte en contacto con la SD-6"- Tomó un poco de aire. -"Mi hijo se mostró muy interesado en saber más acerca de tu bienestar, inclusive quería viajar hasta donde estabas para cuidarte él mismo..."- Camus volvió a bajar la mirada, sumamente acalorado. -"Mu lo tranquilizó y le dijo que pronto regresarías a la mansión, que no era necesario que él viajara. Unos días después, Mu Modigliani sufrió un asalto."- El pelirrojo se mostró asustado, provocándole una carcajada al peliazul -"Descuida. Todo fue planeado para ingresar a la segunda parte del plan."- El galo respiró, tranquilo. -"Habiéndote recuperado y viajando hacia el aeropuerto, su coche fue interceptado. Peleaste valientemente por defender a Mu Modigliani, incluso te hirieron de bala en el brazo; aunque la herida no era de cuidado. De esa forma te convertiste en el guardaespaldas provisional de Mu Modigliani. ¡Ah! Y he de agregar que Shaka esta muy complacido por tu trabajo"- Camus sonrió, mitad sorprendido, mitad fascinado; casi con la sensación en las palmas por aplaudir ante aquél relato, como si le acabaran de contar la mejor película de acción de todos los tiempos.

-"Vaya"- Finalizó. Parecía encantado con el plan. De pronto tuvo un pensamiento intranquilizador -"Pero, señor, ¿Qué pasaría si la SD-6 se encontraba vigilando? Se darían cuenta que yo jamás estuve con Mu Modigliani..."

-"También pensamos en eso. Lo resolvimos con ayuda de tu hermana"- Para una persona que toda su vida creció solo, aquella palabra le resultaba sumamente extraña. -"Marín se está haciendo pasar por ti, con ayuda de un muy buen disfraz"- Hubo un momento de silencio, en el que el pelirrojo intentaba acomodar todas las ideas que le llegaban a la cabeza. Inclusive sentía como si esta fuera una computadora, cuyo disco duro esta en proceso de partición. -"Como te darás cuenta, puedes tomarte un tiempo para pensarte bien las cosas. Sin presiones..."

-"¿Se da cuenta de lo que me ofrece?"- Interrumpió mostrándose ensombrecido otra vez. -"Durante un año he pedido olvidarme de todo y conseguir un poco paz ¿Quién le asegura que no voy a acobardarme y a elegir morir en vida?"

-"Por qué sé quien eres. Y créeme, la sangre que corre por tus venas no te lo va a permitir..."

«La peor parte aún no ha pasado, y las verdades están a medias. ¿Qué pasará cuando sepa que clase de personas fueron nuestros padres? Y lo que es aún peor... ¿Cómo reaccionará cuando sepa quién es su padre biológico?»

La voz de Marín, mientras él -según- se encontraba dormido, llegó a su cabeza de golpe

-"Quiero saberlo"- Dijo de pronto, poniéndose de pie para exigirle la verdad al peliazul, quien lo observó de forma desconcertada.

-"¿El qué?"

-"¿Quiénes son mis padres?"- Cuestionó. Orfeo pareció dudar

-"Si te soy sincero, no creo que sea correcto decírtelo ahora. Has recibido demasiada información y puede que..."

-"Tengo la edad suficiente para tomar mis propias decisiones"- Protestó de forma fría. -"Y si voy a continuar con esto, no quiero más secretos en mi vida"- El oji azul pareció encontrar valido su argumento, por lo que le hizo una seña como invitación a tomar asiento de nuevo, tomó una bocanada de aire y se dispuso a hablar

-"De acuerdo."- Dijo. Aquello iba a costarle tanto trabajo, como el querer explicar la causa de la existencia humana. -"Para hablarte de ti, primero tengo que hablarte de mí. Antes de que tú y Marin nacieran, yo comenzaba a trabajar para la CIA. Después de algún tiempo, conocí a una mujer maravillosa: Euridice. Ella no era una agente del gobierno de los estados unidos. Nos casamos, y un par de años después, cuando Mariah y Milo nacieron, me confesó que trabajaba para la KGB. Yo me sentí traicionado, pese a que ella me juró muchas veces que su amor por mi la había reformado, yo estaba cegado por la ira"- Camus entendió el porque de la comprensión que Euridice había tenido, así como sus palabras tan reconfortantes. -"Tuvimos problemas por un tiempo, hasta que ella pasó meses en prisión, bajo investigación; pero no hubo pruebas contundentes que la acusaran de haber cometido crímenes. Ella jamás me traicionó. Le mintió a su organización para proteger nuestras vidas a costa del peligro que la suya corría."

-"Así fue como entró en la CIA."- Afirmó el galo.

-"Sí. Poco tiempo después, ella nos ayudó a encontrar más pistas sobre el paradero de las cuevas de Hitler, y toda la información necesaria. En una misión descubrimos cosas sorprendentes, pero por todo lo que estaba en juego, decidimos destruir esa información. Infortunadamente, la SD-6 contaba con dos peligros limpiadores, los cuales eran mandados como agentes especiales para hacerse cargo de nosotros. Camus, esos agentes eran... tus padres."- El pelirrojo se aferró a la silla, al mismo tiempo que sus ojos se dilataban como dos platos. -"Hilda y Apolo Augier..."

Cuando Camus salió del orfanato y fue reclutado por la SD-6, al no pertenecer a ninguna familia, Hades le proporcionó el apellido Noiret; en resumen, acababa de enterarse que su verdadero apellido era Augier.

El pelirrojo colocó las yemas de sus dedos sobre los labios, mientras se ponía en pie y fijaba la vista en un punto ilegible.

-"¿Unos asesinos?"- Fueron sus únicas palabras. Orfeo intentaba no mirarlo, aunque le preocupaba la forma violenta en que pudiera reaccionar.

-"Te dije... que no era buena idea..."- Murmuró el peliazul; sin embargo, el galo volvió a sentarse, tomó aire y se armó de todo su autocontrol para seguir escuchando.

-"Por favor. Yo necesito saber más"- Podría sonar algo masoquista; pero él era de las personas que preferían recibir todo el trago amargo de golpe, a tomarlo en suaves dosis. Orfeo parecía dudar

-"Tal vez debamos tomar un descanso..."

-"Fue por ellos..."- Lo interrumpió el taheño. -"De alguna forma mis padres los extorsionaron y ustedes tuvieron que esconderse"- El oji azul no respondió, se mostró atónito. -"Apolo e Hilda descubrieron que ustedes tenían información, así que los amenazaron y ustedes se vieron obligados a separar a la familia... de lo contrario matarían a Mariah... y a Milo..."- Por un momento le fue imposible tomar un poco de aire. Orfeo no aceptó su conclusión; lo peor es que tampoco la negó. Nuevamente la culpa envolvía al francés, quien ahora sabía que llevaba la sangre de las personas que había traído pena a la vida de los seres que más lo habían amado en el mundo. -"Soy hijo de dos asesinos..."- Masculló, tocándose la frente con las yemas de los dedos.

-"Camus, ven conmigo"- Dijo el peliazul serio, levantándose de su silla para dirigirse fuera del pasillo. El pelirrojo siguió sus pasos como zombi, aún perturbado por todo lo que acababa de oír.

Orfeo lo condujo por el pasillo, en la dirección contraria a la habitación donde había mantenido su conversación con Euridice. El galo se mantenía bajo el más estricto mutismo, sumergido entre las revelaciones e imágenes recientes que acudían a su mente, perforando su cráneo como ácido.

Después de algunos minutos, el padre de Milo se detuvo frente a una puerta amplia de color negro. Dio media vuelta y posó las manos sobre los hombros del taheño

-"No vamos a presionarte para que tomes una decisión."- Dijo con una diminuta sonrisa –"Únicamente quiero que seas consiente que una vez tomada, no habrá macha atrás. Piensa en lo negativo y positivo de cada opción."- A pesar de lo fácil que le mostraba la situación, Camus sabía que era cosa difícil ante tanto dolor; sin embargo, asintió, aceptando tomar su consejo. Entonces, pudo apreciar un gesto en los labios del peliazul, que juraría, no había realizado en años: En los bordes de la boca de Orfeo se plasmaba una paternal sonrisa. El galo también sonrió, agradecido por ese gesto.

El mayor se dio la vuelta, abrió la puerta y avanzó delante del taheño.

Aquella habitación era un amplio gimnasio; lo supo al ver las argollas y los demás instrumentos que ahí se encontraban; aunque en aquél momento no tenía la intención de apreciar el lugar, por lo que simplemente siguió a Orfeo hacia una esquina, donde se encontraba colgado un saco de boxeo. Camus no tuvo tiempo de preguntarle la causa por la que lo había guiado hasta ahí, ya que en ese mismo momento, el peliazul le colocaba una venda blanca por el dorso, por cada uno de los dedos, la muñeca y el resto del brazo hasta que llegara a su fin; de forma que pudiera cubrir cada una de las manos, para después, colocarle un par de guantes de boxeo.

-"Cuando me enteré del destino funesto que había mi tenido hijo, hace muchos años, supe que la vida tranquila que había planeado para él no funcionaría."- Explicaba, mientras terminaba de amararle las agujetas. –"Nosotros queríamos lo mejor para nuestros hijos, y para darles seguridad los mandamos a un orfanato; aunque para serte sincero, uno debía ser cuidado por mi hermano, dejamos instrucciones para que eso sucediera. Radamanthys tenía que buscar a Mariah en el orfanato de Francia..."

-"Donde estaba Milo..."- Dijo Camus en forma pensativa, sin darse cuenta. Al 'reaccionar', supo que el efímero recuerdo, o sueño, que había tenido, era tan real como Orfeo.

-"Hubo un error. Mariah terminó en el albergue de New York, y Milo en Francia; donde estabas tú."- La cabeza del taheño daba demasiadas vueltas, incluso percibía una ligera punzada en la cabeza, por arriba del oído derecho. Orfeo terminó de amarrarle los guantes. Se colocó detrás del saco de boxeo y continuó. –"Artemis era una agente que trabajaba en la CIA, por lo que fue de las primeras personas en enterarse del 'accidente'; no obstante, ella no sabía que seriamos reclutados como testigos protegidos. El hecho de que tampoco buscara a uno de los gemelos, también fue parte del plan."- Camus se mostró intrigado. –"Aquella noche teníamos una reunión muy importante. Alguien se iba a encargar de cuidarlos porque no podían ir con nosotros; pero, uno de ellos comenzó a llorar y no nos quedó más salida..."

-"Que llevarlo con ustedes"- Completó el galo frunciendo el entrecejo; no a modo de enojo, sino concentrándose. –"Así que para el mundo, Mariah Belafonte estaba muerta."- Terminó de decir en voz baja, aún pensando en la situación que tuvieron que armar, y porque ella no llevaba el apellido de su padre.

-"Exactamente"- Calificó el peliazul. –"Artemis era una de las mejores agentes activas que tenía la CIA. Fue una verdadera lastima cuando recibimos la llamada de auxilio y cuando perdimos contacto con ella..."- Cerró los ojos recordando aquél día, la última vez que la agencia central de inteligencia tuvo noticias de ella.

-"No creo que el agente Bolton me delatara, quizá ellos se dieron cuenta"- Se percibía su voz preocupada a través de la radio. En seguida se escuchó un disparo. La señal se volvió difusa. Orfeo y Euridice escucharon un sollozo, lo que les hizo palidecer al saber que su hijo iba en ese auto y que aquél clamor podía pertenecerle... –"¡Shaka! Dime que estas bien"- Por un segundo se tranquilizaron; pero, enseguida, el corazón les dio un vuelco al escuchar también la voz del pequeño Milo

-"No esta herido"- Inmediatamente la comunicación se cortó.

Orfeo aún recordaba que un sudor frío le corría por la frente. También se veía apretando los puños con impotencia, sabiendo que no podía hacer nada por ayudar, o por averiguar la suerte final que correría su pequeño.

Reclinó la cabeza en el costal, de forma que pudo ocultar su rostro para que Camus no se diera cuenta de la gota cristalina que pendía por su mejilla.

-"A partir de ese día continué vigilándolo desde las sombras"- Prosiguió su conversación, con la voz aparentemente cortada. –"Me maldije por no saber que había mandado a uno de mis propios hijos a la boca del lobo."- Camus no entendía porque se expresaba de esa forma, a menos que...

-"Entonces, ¿Esta usted enterado de lo que ocurrió después del accidente?"- Preguntó un poco incómodo. Podría ser obvia la respuesta; pero considerando que Radamanthys tenía muchos medios financieros, cabía la posibilidad de que lo mantuviera en secreto...

-"El hospital psiquiátrico..."- Le oyó murmurar en tono lúgubre. Eso era un si.

-"..."- Ya no encontró palabras para cambiar de tema, suponiendo que el peliazul se encontraba sumamente furioso.

-"Este saco me ayudó a descargarme muchas veces"- Continuó hablando Orfeo, señalando el bulto que sostenía. –"Puede que haga lo mismo por ti"- Camus se miró los puños, un tanto dudoso. Ya no sentía aquél veneno recorriendo sus venas; ahora sentía lastima y mucha tristeza. Nuevamente el peliazul leyó sus pensamientos, por lo que aún sabiendo el daño que le causaría, le obligó a entrar en un estado de catarsis –"Piensa que... tú propio padre te jugó de la manera más cruel..."

-"¿Mi padre?"- Masculló, retrocediendo, abriendo desmesuradamente los ojos.

«¿Cómo reaccionará cuando sepa quién es su padre biológico?»

Escuchó la voz de Marín.

Entonces comprendió.

Los labios le temblaron, al igual que las piernas y cada una de las partes de su cuerpo. Despegó los labios sin emitir sonido. Sus ojos poco a poco se mostraron gélidos, adquiriendo un tono rubí, en tanto hacia esfuerzos increíbles por retener las lágrimas.

Lentamente se acercó al bulto: El puño derecho se incrustó en el saco, seguido por el izquierdo, derecho y así, sucesivamente, mientras las palabras se agolpaban en sus oídos y hacían repique en su cabeza; como una campanada.

Hades le había mentido, lo había engañado de la forma más desalmada para retenerlo a su lado, para que acatara sus ordenes con el pretexto de cobrar la venganza contra la KGB; sin embargo, ya conocía la verdad, una cruel, demasiado dolorosa para soportarla, pero al fin al cabo la verdad. Sus puños cobraron fuerza y rapidez; mientras la oscuridad de su alma se limpiaba, al tiempo que los segundos avanzaban...

-o-.-o-

Euridice entró en la oficina con paso resuelto, pese a que no podía disimular incertidumbre. Unos minutos atrás, Orfeo la mandó llamar; y aunque no le explicó el motivo, ella sabía que era un asunto relacionado con Camus. Así que al entrar, no le asombró verlo sentado delante del peliazul. Lo que la cautivó fue la forma en la que su cabeza se encontraba inclinada, reposando sobre el puño cerrado, que se apoyaba en el brazo del sillón.

Orfeo, que se encontraba mucho más serio que en otras ocasiones, le hizo una seña para que tomara la silla al estribor del galo. Ella obedeció sin chistar, y sin apartar la mirada del muchacho francés. Al tenerlo de perfil, notó que tenía los ojos rojos, como si hubiera estado llorando. Su rostro –con visibles manchas de sudor-, al menos, ya no mostraba amargura, aunque tampoco se podía decir que estaba feliz. Euridice también se dio cuenta que llevaba vendados los nudillos de las manos; así que levantando las cejas y le dirigió una mirada a su marido, el cual asintió. Entonces ella arrugó el ceño, expresando su inconformidad.

Camus se encontraba pensativo, y ni siquiera parecía haberse enterado que la rubia estaba sentada a su lado. En ese momento lo único que le importaba era tomar la decisión más acertada: Exponer su vida para exterminar los planes de Hades, o, elegir el camino del eterno olvido.

-"No tienes..."- Empezó a hablar Orfeo, intentando asegurarle que tenía un poco de tiempo para reflexionar profundamente; sin embargo, el taheño levantó la cabeza

-"He tomado una decisión"- Los labios de Euridice se separaron unos milímetros, sus pupilas titilantes se posaron en el perfil galo, y su mano diestra rodeó la más próxima del muchacho. Camus suspiro. Miró a la rubia, después al peliazul y dijo: -"El cerdo al que no puedo llamar padre –Hades-, nos ha arrebato muchas cosas"- Sus ojos se mostraron llenos de odio, el cual desapareció ante la mención de otras personas –"Así que quiero ser agente doble por ustedes; pero principalmente por aquellos que tanto me han querido: Milo y Mariah."- Orfeo y Eurdice intercambiaron una mirada y una sonrisa conmovida. –"Sin embargo, antes de convertirme en un agente incógnito dentro de la SD-6, tengo... dos condiciones..."- Otra vez volvieron a intercambiar una mirada, salvo que esta vez, se mostraba intrigada.

-"Camus, si en nuestras manos esta concedértelas ten por seguro que lo haremos."- Aseguró Orfeo, solemne.

-"Si cariño, ¿qué es lo que quieres?"- El galo permaneció en silencio unos segundos, hasta que se decidió a hablar.

-"Quiero recuperar mis recuerdos... todo lo que ese cerdo me arrebató..."- Habló con desprecio, oprimiendo enérgicamente los dientes, y comprimiendo los dedos. Euridice centró la vista en la faz seria de su esposo, el que entrelazaba las manos sobre su regazo y se recargaba en el respaldo de la silla para mirar mejor al taheño.

-"¿Cuál es la segunda?"- Preguntó Orfeo, comprimiendo suavemente el gesto. Camus dejó escapar un suspiro

-"Quiero saber donde esta ella... Mariah... Quiero visitar su tumba..."- Sus pupilas temblaron.

Tanto Orfeo como Euridice permanecieron en silencio, observando fijamente al pelirrojo. Ambos sabían donde se encontraba, porque también estaban al tanto sobre quien había corrido con los gatos: Milo lo había hecho sin saber que era su hermana. La cosa era que Camus no conocía estos pormenores...

-"De acuerdo"- Consintió el peliazul, para mayor asombro de Euridice. Con la silla se hizo hacia atrás, dejando un espacio entre el escritorio que le permitiera abrir uno de los cajones y sacar un fólder de color piñón. Depositó el documento en la superficie lisa, sacó un bolígrafo de la bolsa delantera de su camisa, abrió el fólder y firmó en la primera línea disponible. Al terminar se lo pasó a Euridice, quien miró primero a Camus y luego a su esposo; después, garabateó algo en la última línea. Cuando el francés iba a tomar el fólder, Orfeo se lo quitó. –"Prefería que firmaras una vez que cumpla mi palabra"- Explicó el peliazul guardando los documentos en su sitio.

-"Aunque parezca extraño, señor, yo confío en usted"- Comentó. El padre de Milo sonrió.

-"Gracias, Camus. Sé que en una situación tan delicada como la tuya, debe ser muy difícil confiar en alguien; aún así, permíteme dictaminar que seas el último en firmar nuestro pacto cuando cumplamos tus condiciones."- El pelirrojo abrió la boca, tal vez para emitir una protesta; pero un agarre por parte de Euridice, en su muñeca, le distrajo

-"Créeme cariño, es inútil discutir con él"- Dijo con una mueca solaz –"Lo mejor es que aceptes sus términos"- Camus no pareció muy convencido; aunque al final aceptó.

-"Muy bien"- Prosiguió Orfeo. –"Marin y Mu deben ocuparse de otras cosas; así que, tendremos que comenzar de inmediato a devolverte tus recuerdos."- Se dirigió a su cónyuge –"Ya sabes lo que tienes que hacer."- La rubia afirmó con la cabeza. Se levantó, y sonriéndole a Camus lo invitó a seguirla.

-"Todo estará bien"- Le dijo. El galo se despidió con una mirada del peliazul, para enseguida ser conducido por Euridice a través de un nuevo pasillo, que se encontraba más iluminado que los anteriores.

El trayecto terminó en una sala más amplia que la oficina de Orfeo. Aquella era una habitación con una silla reclinada, parecida a las que tienen los dentistas en sus consultorios; tenía tres paredes de sólido muro, mientras que una, se encontraba compuesta por vidrio. Del otro lado de la ventana se encontraba un micrófono, sobre un escritorio. Camus conocía una habitación como esa en la SD-6. Esta se usaba para los exámenes psicológicos; es decir, ahí los especialistas revisaban a fondo las mentes de los agentes, sobre todo cuando había información de por medio y estos, aparentemente, la habían olvidado.

-"Recuéstate"- Le indicó Euridice, amablemente, señalándole el sillón. Camus parecía entre asustado y emocionado, sin saber cuales serian los resultados finales de aquellas pruebas. Una vez acomodado, la rubia procedió a colocarle unos aparatos en la cien –"Esto medirá tus ondas cerebrales y me avisará por si tienes algún problema"- Explicó. Enseguida le descubrió un poco el pecho y le puso un cardiograma –"Como sabes, esto mide tus pulsaciones y prevendrá que te de un infarto."- Se dirigió a la habitación contigua, a donde se encontraba el escritorio y el micrófono. Se colocó tras el aparato amplificador de voz, contuvo aire, lo desechó y enseguida estuvo lista para realizar su misión

Camus estaba un poco inquieto, sin saber cuales serian los resultados finales y si podría recuperar los recuerdos que su propio padre, vilmente, le había robado. En ese momento se encontraba pensando en lo que podría descubrir de su pasado, cuando los párpados comenzaron a cansarse y el cuerpo le pareció cada vez más pesado. Se preguntó si aquello era un buen síntoma o algo que estuviera relacionado con lo que Euridice y él estaba haciendo; sin embargo, pronto las ideas parecían evaporarse, y las imágenes mezcladas con los sonidos, lentamente comenzaron a desaparecer.

- -

Después de desvelarse realizando un trabajo de investigación para la clase de sociales, ahora que tenia un momento para descansar en la biblioteca de la escuela, apoyó la cabeza sobre la mesa, intentado relajarse y descansar un poco los ojos; sin embargo, al cabo de unos segundos ya se encontraba con la boca abierta y roncando

-"Oye..."- Alguien estaba moviendo su hombro; pero se encontraba tan cansado que los párpados se negaban a replegarse –"Oye, despierta..."

-"Cinco minutos más.. por favor..."- Pensó; aunque enseguida aquél pensamiento lo hizo sobresaltarse, y por consiguiente caerse hacia atrás, con todo y silla. Cuando se dio cuenta se encontraba en el piso, con la vista fija en el techo. Escuchó algunas risas y supo que era él la distracción del momento. Un sonrojo no tardó en aparecer en sus mejillas. Acto seguido quiso incorporarse, quedando de rodillas delante de la mesa de la biblioteca, sanándose la cabeza por el golpe

-"Lo siento mucho."- Escuchó una voz suave, dulce. Levantó la cabeza y encontró una persona que se le hacia muy familiar: Tenia los ojos azules, la piel blanca y el cabello rubio, amarrado en una coleta, con unas cuantas ondas de cabello que le colgaban sobre la cara. Era una muchacha muy bonita, y tenía la impresión de conocerla, pese a que algo le dijera que ya la había visto antes. –"De haber sabido que reaccionarias de esa forma no te hubiera despertado"- Le dijo con una pequeña sonrisa. Se puso de cuclillas para quedar a su mismo nivel, sin dejar de sonreírle –"¿Te hiciste daño?"- Camus, que tenia la boca ligeramente abierta, negó con la cabeza.

Se sabia embelesado; aunque no estaba del todo seguro si era por su belleza o porque le recordaba a 'alguien'.

–"Me alegra que estés bien"- Volvió a hablar la joven, sonriendo mayormente. –"Sólo quería decirte que uno de los profesores me mandó a buscarte, y me pidió que te diera esto"- Le extendió una hoja de papel doblado en cuatro partes. El pelirrojo miró su mano, luego tomó el recado

-"Gracias..."- Dijo apenado. La muchacha se levantó sin dejar de sonreírle

-"Nos vemos."- Y se marchó, dejando aún pasmado al francés.

Cuando Camus reaccionó desdobló la hoja

«Cuarta hora. Gimnasio. Permiso concedido por el director Lune...»

Un código. Debía faltar a clases para encontrarse ahí con uno de sus superiores y que este le dijera si había pasado la prueba y se convertiría en agente de la CIA (Aunque ahora sabemos que era para ingresar a la SD-6). La pregunta era, ¿Aquella rubia era parte de la agencia?

Sin pensarlo dos veces se levantó del suelo, tomó sus cosas y fue tras ella...

- -

Camus se levantó sobresaltado.

Ahora entendía porque Hades le había quitado sus recuerdos con Mariah...

-"Cariño, ¿Estás...?"- Pero el galo se zafó como pudo del sillón y corrió fuera de la habitación. Cerró la puerta con fuerza, como si no quisiera que en la vida volviera a abrirse, y se apoyó en ella, respirando con dificultad

-"¡Maldito!"- Injurió en un susurro, cerrando los puños –"Hades lo manipuló todo desde el principio..."- Dijo para si mismo, sintiendo que las pupilas le ardían, y que nuevamente el odio invadía su sistema. –"Él quería que me encontrara con Mariah, que le contara mi secreto para que él tuviera una excusa para matarla..."- Porque si hubiera sido una agente de la KGB, ese recado no se lo hubiera entregado ella; y si Camus hubiera recordado aquella escena, inmediatamente sabría que su fallecida novia no era una traidora. Como si no fuera suficiente, ahora presentía que Hades conocía la identidad de Mariah como hija de sus enemigos: Orfeo y Euridice Belafonte... ¿Entonces, sabía que Milo también era su hijo y lo había mandado precisamente a él a la mansión para que también lo lastimara?

-o-.-o-

Unas cuantas semanas a tras había sido conocedor de las más crueles verdades, también había tenido en sus manos la oportunidad de escoger el olvido para que los fantasmas del pasado dejaran de atormentarlo. A cambió decidió recuperar sus memorias y visitar el último lugar donde reposaba la mujer que tanto había amado.

En aquella tarde del mes de Agosto, de camino al cementerio, sentado al lado de Milo, Camus observaba por la ventanilla de la limosina las calles, las casas, los habitantes; todo lo se mostraba delante de él en esos momentos.

Para empezar, el custodio recuperó parte de sus recuerdos gracias a Euridce. Un par de días después, regresó a la mansión, donde un ansioso Milo lo derribó al suelo al abalanzarse sobre él; abrazándolo, besándolo, y diciéndole las mismas palabras que pronunciaba sólo para Camus, donde expresaba sus sentimientos más profundos. El pelirrojo recibió con vasto agrado sus mimos, aunque le resultó a sí mismo muy difícil explicar la sensación que lo había atacado al verle...

Euridice y Orfeo esperaron un tiempo prudente para revelarle la localización de la tumba de Mariah, advirtiéndole que la SD-6 podía tenerla vigilada. De esa forma, cuando Shaka permitió que Camus volviera a tener vacaciones, y que Milo argumentó que no podía permanecer más tiempo lejos de él, ambos se encaminaron a visitarla.

Cuando la limosina se detuvo en el cementerio, al rubio por poco le da un colapso al reconocer ese lugar. Observó la espalda del custodio, quien caminaba lentamente entre las criptas, con la mano, aparentemente, sobre el lóbulo.

-"Dispones de quince minutos 'Fénix (1)'..."- Le dijo una voz en el oído–"Sabemos que no es mucho, pero si la SD-6 te descubre..."

-"Descuida 'vigilante' (2)Muchas gracias"- Terminó la comunicación. A partir de ese instante gozaría de quince minutos de intimidad; aunque algunos agentes aún se aseguraban de que el terreno fuera seguro, pero ellos se ubicaban a varios metros de distancia del galo y del millonario.

En cuanto notó que Milo no lo seguía se detuvo, y volteó la cabeza para saber el motivo por el que le había dejado solo.

–"¿Qué pasa?"- Le preguntó dando la vuelta completamente. El rubio no respondió.

¿Qué pasaría si Camus se enteraba que él había enterrado a su novia? No consideraba que tuviera algo de malo, pero Camus no recordaba que se vieron en el pasillo la noche que ella murió; eso quería decir, que Milo no conocía nada acerca de su vida –relativamente-. Era una situación complicada, y no se sentía con ánimos de hacer comentarios alusivos a esa situación.

-"No me digas que los cementerios no te gustan, puesto que has visitado a tu tía cientos de veces"- Dijo en tono indignado, fingido. Milo negó vigorosamente

-"No se trata de eso... es que... preferiría dejarte solo, un rato"- El pelirrojo le sonrió. Caminó hasta él, le tomó la mano y avanzaron por entre las tumbas, caminando hasta el lugar que le habían indicado.

La compañía del rubio lo tranquilizaba, lo hacia sentir más fuerte; sin embargo, esa fortaleza pareció disolverse en cuanto estuvo a dos metros de la lápida y leyó la siguiente inscripción, en letras doradas:

«Mariah Neveu.

Una criatura encantadora.

( – 2006) »

Milo se mordió el labio, angustiado.

El nombre de la chica lo supo gracias a los vecinos. La segunda inscripción se la había recomendado una señora que la conocía, y que vivía en el mismo piso. El único dato del que no había sido conocedor, era de la fecha de su nacimiento.

A pesar de lo que le preocupaba al rubio, Camus no tenía cabeza, ni corazón, para criticar la falta de información en la cripta; en ese momento se encontraba destrozado. Milo le escuchó emitir una exhalación angustiada, mientras se llevaba la mano a la frente; después le soltó la mano, y en lugar de caminar hacia la tumba, se colocó delante del rubio y lo abrazó con fuerza. El millonario le escuchaba sollozar; ya que aunque tuviera la cara hundida en su pecho, el sonido no se apagaba. Milo le rodeó con sus brazos, desplazando sus manos por la espalda y caballera gala, para tranquilizarlo, para hacerle sentir que se encontraba a su lado, que nada lo lastimaría mientras él estuviera cerca. Milo sentía que se le partía el corazón, y que el mismo dolor que Camus estaba experimentando, poco a poco lo invadía; como si hubiera conocido a la muchacha y lamentara su muerte.

El pelirrojo se apartó del rubio, quedamente; lo miró directamente a los ojos con sus pupilas cristalinas, y le sonrió con amargura. Colocó sus manos en las mejillas del rubio, y depositó un beso suave en sus labios; después, deslizo los dedos por sus pómulos, secando el recorrido de aflicción

-"Ojalá supieras que tus lágrimas son por tu hermana..."- Pensó el galo.

My flower, withered between
The pages 2 and 3
The once and forever bloom gone with my sins

A continuación, se dio la vuelta, exhalando; caminó hasta la tumba de Mariah, donde colocó una flor que había llevado consigo todo el camino: una Black-Eyed Susan (3). Enseguida se puso de rodillas, tocando con sus dedos la inscripción dorada. –"Estoy aquí, mi amor..."- Dijo en voz baja, sintiendo aún el nudo en la garganta. –"No sabes como pensé en ti... en nuestro hijo..."- Sonrió con aflicción, al mismo tiempo que dos gotas se desprendían de sus ojos y tocaban el dorso de su mano, que ahora reposaba en la pierna. –"Tengo tanto que decirte... Yo..."- Incapaz de articular palabra, se llevó una mano a la boca, cubriéndola. Agachó la cabeza y continuó llorando.

Walk the dark path
Sleep with angels
Call the past for help
Touch me with your love
And reveal to me my true name

Milo se encontraba detrás de él, observando sus movimientos, su desconsuelo. Según lo que él podía observar, esa mujer había significado demasiado para Camus; así que la tarea para conquistarlo resultaba más titánica de lo que se hubiera imaginado. (4)

¿Desistiría en su intento?

-"Sé que sabrás perdonarme..."- Continuó el francés, levantando, otra vez, la cabeza. –"Siempre supiste hacerlo"- Sonrió de forma añorante, para enseguida, limpiarse el rostro con la mano zurda. –"Y... hay alguien que quiero que conozcas..."- En la misma posición, movió la cabeza hacia atrás, junto con el brazo diestro para indicarle a Milo que se aproximara. El rubio se mostró inseguro; después, le sonrió y le tomó la mano, para arrodillarse a su lado. –"Helo aquí."- Dijo el taheño apoyando la cien en el hombro de su pareja –"La persona a quien le debo volver a nacer: Milo Belafonte"- El mencionado sintió que sus mejillas ardían; pero no se atrevió a pronunciar palabra. –"Milo, quiero presentarte a Mariah Neveu, mi prometida... ex prometida"- Rectificó. –"Tu hermana"- Pensó. El rubio hizo reparo en como su voz volvió a quebrarse y el temblor que le había azotado.

-"Mucho... gusto..."- En ese momento se apoderó de él una profunda tristeza; y nuevamente tuvo la idea de que eso se debía al hecho de que ella hubiera muerto. Ni siquiera la conocía, pero la afligía el saber que ya no estaba.

Oh how I wish
For soothing rain
All I wish is to dream again
My loving heart
Lost in the dark
For hope Id give my everything

Camus, por su parte, sintió que no podía ocultarle más información; pero tampoco podía proporcionársela o lo pondría en peligro.

« Sé que algo te preocupa. Cuando te veo a los ojos ellos me lo dicen todo... »

Recordó esas palabras que le dijo en su habitación, la mañana que se despertó sobresaltado.

-"Milo... ella... ella murió por causa mía..."- El rubio lo observó de forma inquisitiva. Camus no se atrevió a corresponderle –"Ahora no puedo decirte la verdadera razón; pero... quiero que sepas que te quiero mucho, y que si decirte la verdad no significara enterrarte... en este mismo momento te lo diría todo."- Milo no comprendió el significado de aquellas palabras, y prefirió no pensar en ello. –"Sólo puedo confesarte que ella es la persona que más amé en el mundo. Con decirte que íbamos a tener un hijo... por eso le pedí que se casara conmigo; quería darle el hogar que nunca tuve"

-"¿Recudas el orfanato?"- Le preguntó sorprendido. Para su mayor alegra, el custodio asintió, mirándole a los ojos

-"Recuerdo el día que llegaste; pero aún me faltan muchas cosas..."

-"No te preocupes. Yo te ayudaré a recuperar tu memoria"- Concluyó con una sonrisa.

Sabia que el galo tenia secretos, que era una persona misteriosa en todo el sentido de la palabra; pero eso no lo hacia entristecer, ni le hacia dejar de quererlo. Ahora se encontraba satisfecho, puesto que Camus le había permitido conocer un poco más de él; así que le soltó la mano para abrazarle, y plasmar un dulce beso en su frente.

Oh how I wish
For soothing rain
Oh how I wish to dream again
Once and for all
And all for once
Nemo my name forevermore

El galo se dejó envolver, sin replicar, sin pensar en más cosas negativas.

Los siguientes minutos que le restaban de plazo, los usó para explicarle que había estado mucho tiempo molesto con ella, sin tener un motivo certero, omitiendo la información que Hades le había dado y lo dicho por Mu y Marin. También usó ese tiempo para decirle lo que había soñado la primera noche que durmieron juntos. De aquella forma se aseguraba de mostrarle el Camus guardaespaldas, y no al agente doble que había puesto en peligro su propia vida, por las mentiras de Hades, el cerdo al que no podía llamar 'padre'...

.o.o.o. To be Continued... .o.o.o.

Song: Nemo... interpretada por nightwish

(1) Fénix es el sobrenombre que le fue asignado a Camus.

(2) Vigilante es el alias de Mu. Pensé en ponerle fantasma o sombra porque nadie sabe que es un agente, pero me gusta más vigilante.

(3) Esta especie crece silvestre en zonas secas de Estados Unidos y además se cultiva por sus flores de vivos colores. Tiene hojas rígidas vellosas y tallos tenaces. Las flores son compuestas, y tanto el disco central como los "pétalos" están formados por flores diminutas. No sé si ya lo dije... pero es la flor favorita de Mariah n.nU ...

(4) Bueno... no es que Mariah signifique demasiado para Camus... sucede que la culpa es la que lo hace atormentarse de ese modo. Cuando ponga alguno de los recuerdos del orfanato, se comprenderán -espero ..u -

Es el capítulo más largo que he escrito en toooooda mi vida 9.9... no, esperen, creo que el final de Day and night también estaba largo... ash... ya no me acuerdo xDDD... pero el que sigue esta más largo todavía. De hecho creo que tendré que partirlo en dos ..U... y aún así serán dos post por mitad (ya saben que no se admiten más de 30 000 caracteres, y ni la mitad del capitulo ya los abarca)

En fin... ahí esta el capítulo... espero que les guste y que no se les hiciera tedioso .

Besitos .x. .x. .x.