Este capitulo es uno de mis favoritos... aunque sea un poco triste T.T… y digamos que apartir de aquí cambian muchas cosas.

Capítulo 11

El anzuelo

Tras el breve despertar de Kanon, Camus solicitó audiencia inmediata con Marín y Mu, para informarles sobre lo que este había dicho. Así que unas horas más tarde volvieron a reunirse en el almacén, en secreto, para que la SD-6 no los descubriera.

El alias de Neptuno abrió las sospechas y curiosidad de Marin, quien parecía conocer o por lo menos haber escuchado información sobre él. A Mu, por el contrario, no le era nada familiar aquella mención.

Para asegurar los temores de la pelirroja, ella llamó a la base de información de la CIA, para reclutar todos los datos que se tuvieran sobre el secuestrador de Shaka. Y por fin, al cabo de media hora ya tenía todo lo que necesitaba saber

-"En la mitología romana, Neptuno es el dios de los siete mares; es otra forma de denominar a Poseidón, como le conocen los griegos."- Informaba –"La persona a la que buscamos es un poderoso narcotraficante que tú, Camus, conoces."- El galo se sobresaltó.

-"¿Yo? Pero a mi el nombre no me suena."- Dijo.

-"Eso es porque tú lo conoces como 'Julian Winterson'."- El guardaespaldas permaneció callado, verificando en su interior aquella información, hasta que recordó que si, que efectivamente había escuchado hablar de él sin conocerlo en persona; y que toda referencia concordaba con los hechos presentes.

-"Kanon y él tienen varias cuentas pendientes... son rivales mortales..."- Habló en forma pensativa. Marin confirmó

-"Si. Y tú tuviste un encuentro con sus hombres hace un par de años. Tú y Kanon robaron algo que él quería comerciar..."

Camus se paralizó. Comenzaba a ver imágenes de hechos pasados como si tuviera una pantalla enfrente: El paquete que protegió con su vida, el estupor de Milo, los disparos, los maleantes, el como defendió al rubio, la bomba, el momento en que le dijo su nombre al millonario, cuando abandonaron el banco... ¡Todo estaba ahí otra vez! Ahora podía ver claramente las escenas que Milo le había contado...

-"¡Ya lo recuerdo!"- Exclamó el galo, emocionado. –"¡Ahí vi a Milo por primera vez!"- Y sonrió ampliamente, mientras sentía como los pómulos se le calentaban poco a poco.

-"Me da mucho gusto por ti, Camus; pero te estas olvidando que la vida de MI Shaka peligra"- Comentó Mu, en tono severo.

-"Lo siento."- Se disculpó el galo, sonriendo inquieto.

-"Resumiendo: Kanon y Julián son enemigos acérrimos y..."

-"Espera"- Interrumpió Mu a la taheña –"¿Insinúas que el hecho de que el orgullo de ese tal Julian este dolido, es causa suficiente para secuestrar a Shaka?"- Camus también había señalado que era una posibilidad

-"No puedo darte un motivo que justifique su acción; pero puedo decirte que todo está listo para la operación rescate"- Respondió Marín

-"¿Hablas enserio?"- Inquirió el ojiverde, emocionado.

-"¡No! Estoy bromeando para ver como reaccionas"- Mu le dirigió una mirada severa, que ella rechazó con un gesto burlón. –"Tenemos las coordenadas exactas donde se encuentra Shaka"- Informó, eventualmente.

-"¿Dónde está? ¿Cómo está? ¿Ese maniático le hizo daño?"

-"Mu, ignoro en que calidad se encuentra. Únicamente puedo decirte que su captor cometió muchos errores. Debió pensar que Kanon no hablaría y que sus cuentas bancarias no serían registradas, una vez teniendo el nombre de algún sospechoso"- Apuntó con júbilo. Pero Camus no creía que una persona catalogada por la SD-6 como 'extremadamente peligrosa', pudiera cometer semejantes errores. Había algo en el aire, una pieza que faltaba en el rompecabezas

-"No creo que Julian Winterson pueda darse esa clase de lujo. Él sería precavido. No sé... ¿Por qué cometería errores?"

-"Eso no lo sabremos hasta no ir en su búsqueda"- Dijo el pelilila; mas, Marin le hizo una seña negativa.

-"Tú no irás, Mu. Orfeo ordena que permanezcas en el hospital"- Sentenció. El ojiverde parecía molesto

-"¿¡QUÉ?! ¡No puede pedirme eso...!"- Se exaltó.

-"Él sabe cuanto te importa Shaka; pero no quiere que toda la misión se eche a perder por un descuido tuyo. Piensa que si descubren que Mu Mudigliani es un agente secreto, pues... tu vida correría mucho peligro, y entonces Orfeo terminaría por expulsarte del proyecto y no volverías a ver a Shaka nunca más."- La euforia del pelilila quedó resumida a un simple suspiro resignado, y a un apesadumbrado inclinar de cabeza.

-"Entiendo..."- Respondió con tristeza, consiente de lo que Marin había dicho. –"¿Entonces, cómo salvaremos a Shaka?"- Preguntó, inseguro.

-"Shaka se encuentra en Francia, en Paris para ser más exacta. Julian y sus seguidores lo tienen cautivo en el sótano de un bar al que asistiremos Camus y yo. Aioria nos ha facilitado las herramientas para nuestra misión."- Explicaba, mientras sacaba de uno de sus bolsillos, un celular. –"Esto no es un aparato comunicador cualquiera, con este instrumento podremos medir las pulsaciones cardiacas, que será transmitido por este anillo..."- Les mostró una argolla dorada que adornaba su dedo anular, que no aparentaba tener nada extraordinario. –"Yo lo llevaré puesto, y tengo que colocarlo sobre el torso de Julián o alguno de sus hombres para que el celular –que tú portarás- capté la contraseña."- Dijo, dirigiéndose a su hermano.

-"¿Y eso para qué?"- Preguntó este, confundido.

-"Aioria investigó todo lo relacionado con Julián y descubrió que el lugar donde Shaka se encuentra no está protegido por sus secuaces, sino por una puerta que permanece hermética y que sólo puede abrirse con una clave..."

-"... Esa clave es su ritmo cardiaco."- Completó Camus, comprendiendo la situación.

-"Exacto. Pero si algo llegara a salir mal, debes saber que cuentas con menos de un minuto para abandonar el pasillo antes de que se active el sistema." – Informó la pelirroja. El galo asintió con la cabeza

-"De acuerdo."

-"Durante el vuelo te daré mayores instrucciones, porque Aioria no ha recabado muchos datos y puede que aún no sepamos todo."- Puntualizó, finalizando las recientes indicaciones.

-"Sólo espero que no nos salgan con una 'sorpresita'..."- Comentó con desagrado.

-"Todo saldrá bien Camus"- Lo ánimo el ojiverde. –"Recuerda que eres uno de los mejores agentes de la SD-6."- El galo no estaba seguro que eso le hiciera sentir mejor; pero sabía que las intenciones del otro eran de corazón.

-"Te lo agradezco mucho."- Respondió –"Te prometo que traeré a Shaka sano y salvo."- Aseguró. Mu afirmó con la cabeza, sonriendo y levantando sus pulgares

-"Lo sé, fénix."- Luego viró hacia la pelirroja –"Apropósito águila, ¿cuál será mi posición?"

-"Tendrás que quedarte al lado de Kanon y de Milo para certificar su seguridad"- Mu mostró cierto desagrado y desánimo a causa de su misión

-"Si no hay más que hacer..."- Respingó, resignado. Camus caminó lentamente hacia él, hasta poder colocar la mano en el hombro de su compañero, y mirar fijamente en sus pupilas.

-"Mu... te encargo mucho a ambos, por favor; sobre todo a Milo... él es... todo lo que tengo..."- El pelilila sintió compasión por el galo, percibiendo un destello en sus ojos que se mezclaba con la incertidumbre por el futuro.

-"Descuida Camus, no necesitas decirme cual importante es; además, si algo llegara a pasarle, ten por seguro que Orfeo es capaz de matarme."-

-o-.-o-

Mira en mis ojos y verás que siento por ti

Explora en tu ser me hallarás, no buscarás más

Cada vez que el guardaespaldas debía realizar alguna de sus misiones, Milo siempre tenía que experimentar el trago agridulce de la despedida, que era dulce las ocasiones en que Camus le permitía mayor y duradero contacto entre sus labios y sus cuerpos; transformada en agria al saber que pasarían días interminables en que la presencia francesa le sería privada.

Dime que sientes mi calor

Y que correspondes mi amor

Sabes que si

Todo lo que hago, lo hago por ti

Milo aún no era conocedor del segundo deber del galo. Únicamente sabía que esas salidas eran por motivos vacacionales; esta vez sabía que su amado debía partir en busca de Shaka. Y como el millonario había encontrado la forma de comunicarse mediante los mensajes en los vasos, Camus le mandó un mensaje, de la misma forma, para que se vieran en la limosina y pudieran despedirse.

-"Ya sé donde tienen a tu primo"- Le informó. Milo mostró sorpresa

-"¿Dónde está?"- Preguntó, impaciente.

-"En Francia. Yo tengo que ir por él, es mi deber como su guardaespaldas…"

-"¡No, puede ser muy peligroso!"- Exclamó el rubio. Le tomó los brazos, mientras acercaba su rostro para que quedaran cerca y no huyera al contacto entre sus miradas -"Shaka es mi primo, mi única familia; pero entiéndeme, tú eres mucho más valioso para mi… ¡No puedo perderte!"- En sus pupilas cerúleas había un matiz de tristeza, que apuñaló el alma gala.

Mira en mis ojos y sabrás que nada te ocultan

Soy como tú eres, tómame

Camus únicamente sonrió, dulce, liberando sus brazos para colocar los dedos de sus dos manos bajo el mentón del millonario, y poder empalmar sus labios.

Al rubio, aquél beso le dolía, porque más que un roce placentero le sabía a despedida.

No hay amor como tú

Ni otro que te ame así

No hay lugar si tú no estas

Donde quisiera estar

-"Estaré bien"- Comentó en susurro el galo, uniendo sus frentes. –"Volveré con tu primo y podremos estar juntos. Es más, ¿por qué no vamos de vacaciones?"- Le propuso, con una sonrisa. Milo secó el temor, que liquido se había desprendido por el rabillo de su ojo.

-"¿Podemos?"- Inquirió, inseguro.

-"¡Claro!"- Exclamó el taheño, sorprendido porque aquella idea le emocionaba. –"Tú escogerás el lugar"- Indicó, cerrando fugazmente el ojo derecho. El millonario ampliamente sonrió.

-"De acuerdo."- Consintió. –"¿Es una promesa?"

-"Es una promesa."- Respondió el taheño.

Dime que tú sientes mi calor

Nada quiero más que tu amor

Quiero luchar por ti, sufrir por ti

Morir así, morir por ti…

Sabes que si

Por el resto del tiempo que permanecieron juntos, Milo trató de desvanecer aquella sensación que le asfixiaba. Se trataba de una punzada opresora, que percibía en su pecho. Una preocupación asesina de que aquella fuera la última vez que viera a Camus, considerando que este era una persona muy misteriosa, y que había decidido no contarle ciertas cosas por 'protegerlo de algo'. No entendía, ni siquiera intuía cual era el peligro al que el custodio se sometía día tras día; pero el conocerlo, en verdad le preocupaba más que nada en el mundo.

Todo lo que hago, lo hago por ti

-o-.-o-

Paris, la llamada capital del amor. En compañía de otra persona, y con una situación no tan desagradable, hubiera sido apacible regresar. Esta vez lo traía a su hogar una misión de rescate. Marin, su hermana biológica, lo acompañaba.

La misión era secreta. Camus había hablado con Hades y le había pedido que dejara que hiciera las cosas a su modo, lo que era equivalente a no hacer preguntas ni intromisiones de ningún tipo; prometiendo conquistar a Shaka al precio que fuera, aunque con eso, tuviera que quitar a Mu Modigliani del camino. Lo cual era parte de su engaño, obviamente.

Marín y él caminaban por el estacionamiento de un club nocturno. La pelirroja lo tenía prendido por el brazo, como un signo de caballerosidad.

-"¿Estás bien?"- Le preguntó ella al ver a su hermano tan contemplativo. Camus reaccionó, sorprendido.

-"S-si…"- Titubeó, sonrojándose. Marín intuyó que había estado pensando en Milo, ¿quién más le provocaría esa reacción?

Y efectivamente, el pelirrojo se encontraba pensando en la despedida de ambos, la cual había subido un par de escalas de intensidad, a tal grado que Camus tenía una marca amoratada en el cuello, cubierta perfectamente por la camisa que llevaba puesta.

-"Hermanito, hazme un favor…"- Su acompañante la miró a los ojos. –"Que 'eso' no sea motivo para fallar en tu misión…"- Él sonrió, nervioso.

-"No lo será."- Respondió, aspirando hondo para entrar en labor.

-O- Mientras Camus no estuviera en Londres para preservar la integridad física de Milo y Kanon, Mu debía permanecer en el hospital, como si le interesara el estado de salud del custodio.

Para el pelilila era una situación difícil, y aunque no le deseaba el mal a su rival, esperaba poder contender en su contra por el corazón de Shaka, ya que lo consideraba un valioso oponente, y no quería tener el corazón del rubio de una forma tan fácil como lo seria si Kanon muriera.

En ese momento se encontraba en la habitación del peliazul, sentado al lado de Milo, quien como Camus, no dejaba de pensar en su despedida. Pero sabía que no todo era miel, y que muy en el fondo estaba preocupado por la suerte que correrían él y su primo.

Entonces el rubio se puso de pie, caminando de forma inquietante por la habitación, acentuando las sospechas del agente incógnito, acerca de su preocupación. Mu se levantó con él, anteponiéndose en su camino y colocando las manos en sus hombros para que este le mirara directamente a los ojos. Y por un segundo, Milo creyó leer en ellos una frase de confort: "No te preocupes por él… todo estará bien.". Pero sabía que era imposible que el pelilila fuera conocedor de mayor información acerca del misterio de Camus…

-"Kanon se levantará, tranquilo."- Le dijo, a modo de apoyo, borrando la idea previa del millonario; aunque el ojiverde si había querido transmitirle lo primero, haciendo referencia al galo. Todo lo había hecho para disimular ante las cámaras de la SD-6

-"L-lo sé."- Respondió con un gesto afable y agradecido por parte de sus labios.

En la cama de hospital, a unos centímetros aparte, los dedos antes inmóviles de Kanon, lentamente reaccionaban. -O-

A unos metros de ellos se encontraba el bar, custodiado por un guardia de seguridad, que mantenía los brazos entrelazados por delante, y la mirada dirigida hacia diestra y siniestra.

-"¿Listo?"- Lo interrogó la pelirroja, apretando con su mano, el brazo de su acompañante; el cual lo palmeó con la extremidad libre como signo afirmativo.

El hombre encargado de vigilar la entrada y salida del club, observó a dos figuras acercarse a él. Se trataban de un hombre y una mujer: Él tenía el cabello corto, rubio, y vestía un esmoquin. Ella traía un largo y ostentoso abrigo de marmota, tenía el cabello largo, por debajo de la cintura y de color negro.

-"Buenas noches. Mi nombre es Mathieu Sardou, y soy representante de la bella señorita Garnier."- Habló el rubio en francés, señalando a su acompañante con un gesto de mano, a lo que ella respondió a la mirada del guardia, con un mohín prepotente. El centinela revisó el inventario que su jefe le había entregado aquella tarde, con la lista de las personas que tenían asegurada la entrada al lugar, observando que aquella dama cantaría aquella luna.

-"Bienvenidos"- Respondió, sacando un aparato que le servía para detectar armas de fuego, bombas y otros objetos que pudieran representar un riesgo para la seguridad del club. Pasó el detector de metales por las piernas del 'rubio', hasta que lo escuchó sonar cuando este ascendió hasta la pretina de su pantalón. –"¿Monsieur?"- Indicó, interrogante, esperando a que el agente sacara lo que hacia sonar el detector de metal. Mathieu sonrío, a modo de disculpa

-"Es un celular, indispensable traerlo como representante de madame Garnier"- Explicó el 'rubio', sacando su aparato comunicador del bolsillo y mostrándoselo. El guardia lo contempló, mas no mostró signo de desconfianza; continuó revisándolo sin encontrar mayores anomalías. Enseguida viró hacia la pelinegra y prosiguió con lo mismo, sin que ella dejara de mostrarse indiferente. El detector de metales comenzó a sonar cuando llego a su mano

-"¿Madame?"- Inquirió el guardia. Ella observó un anillo que adornaba su mano

-"Es una joya muy preciada para mi, como un amuleto de la suerte."- Expuso, frotando con sus dedos la sortija –"Me lo obsequió un amigo, es como un pacto entre nosotros…"- Explicó ella, enterneciendo su semblante.

El guardia, no encontrando mayores anomalías, les permitió el acceso.

-O- Kanon comenzaba a moverse cada vez más, un poco inquieto. Milo y Mu lo miraban con insistencia, esperando que volviera en sí.

-"Shaka…"- Dijo entre sueños. El pelilila sometió sus celos, bajo el yugo de la razón.

El rubio, por otro lado, no sabía como brindarle una paz que él no sentía. Únicamente se colocó a su lado, tomándole la mano.

-"Camus lo traerá de regreso…"- Pero lejos de tranquilizarle, sus palabras provocaron un efecto punzante en el guardaespaldas, que lo hicieron removerse en el lecho, desesperado.

Mu no pudo evitar que su mirada recriminara aquella comprensión, puesto que deducía lo que el millonario había querido transmitir en esa frase: un sentimiento del que tenía conocimiento, y al que no ponía objeción. Sin embargo, su aprobación no era todo lo que le molestaba, si no la misión secundaria de Camus, y a lo que el peliazul se exponía, si en su delirio, hablaba de más.

Las mesas redondas y los candelabros colgando en los techos, daban al club una apariencia elegante. La luz tenue y la música suave, acentuaban su apariencia.

Marin, vestida de 'Le belle Garnier', con su ostentoso abrigo y su cabello largo y negro, se dirigió al camerino para prepararse para su acto y lo que necesitaba para cumplir su misión. Entre tanto, Camus, haciéndose pasar por Mathieu Sordau -el rubio pelicorto, representante de la cantante-, ocupaba su lugar en el club, en una de las últimas mesas; la que pudiera quedar oculta durante la interpretación de su compañera para emprender su trabajo.

Un par de minutos después, las luces del club se apagaron, sin un silencio interpuesto debido a una melodía pausada; al punto, una luz se apoderó de la silueta de la pelinegra, cuyo sensual trazo reposaba sobre la superficie de un piano color vino:

-"You make me leave

My happy home

You took my love,

And now you're gone"

Cantaba, endulzando los sentidos del auditorio masculino. Los ocupantes de la primera mesa, la principal, no eran la excepción; mucho menos un peliazul, que degustaba su vino francés sin quitar sus pupilas de la silueta femenina.

Camus bebió la última gota de su vodka, esperó unos segundos y se levantó lentamente, intentando no llamar demasiado la atención.

-O- Milo se mordió el labio, incapaz de controlar el dolor que debía experimentar el cuerpo de su custodio, para provocarle esas sacudidas.

-"¿Qué podemos hacer?"- Preguntó en voz alta, mirando de forma suplicante al oji verde, quien no supo que responder.

-"Quizá debamos llamar un médico…"- Aunque no creía que eso fuera suficiente. Pensaba que si el rubio no hablaba, resultaría mejor para el peliazul, ya que cada vez que su voz inundaba la habitación, Kanon se revolvía mayormente.

Como sombra, el doble gante se deslizó por los corredores del club, internándose hasta llegar al punto que Aioria le había indicado en el vuelo de Londres a Paris.

-"Since I fell for you

My life

Brings surch misery and pain

I know

I'll never be the same"

Marin continuaba cantando, bajo la luz del reflector; caminando sensual por el escenario, descendiendo igualmente los escalones. Su voz dirigida al público en general, sus gestos dedicados al peliazul refinado de la primera mesa.

-O- Un hombre de cabello corto, y verde entró en la habitación. Llevaba vestimenta de practicante; pero algo en él hizo que Milo se paralizara.

-"Doctor, Weaver está muy mal. ¿No podría darle un tranquilizante o algún médicamente que detuviera su dolor?"- Se dirigió hacia él Mu. El peliverde le miró unos instantes sin pronunciar palabra.

-"Es parte de su recuperación."- Fue todo lo que dijo; enseguida se volteó hacia el rubio, y este se vio reflejado en los vidrios de sus lentes. –"Necesito hablar con usted, señor Belafonte, en privado."- Milo sintió un escalofrío recorrer su espina dórsal. Y es que sospechaba de la misteriosa apariencia del doctor.

-"¿Es algo que el señor Modigliani no puede escuchar?"- Inquirió, intentando, en vano, no sonar desconfiado.

-"Me temo que es una información confidencial respectiva al estado lamentable del paciente Weaver"- Informó el peliverde, sereno, aún mirando vivaz al millonario. Milo asintió, aún inseguro, convencido de que sus temores eran infundados y que se sentía así debido a su preocupación por Camus. Entonces el pelicorto salió de la habitación y Milo le siguió sin replicar.

Mu volteó hacia el peliazul, quien lucía mucho más inquieto que antes y movía los labios sin dejar brotar sonidos.

-"¿Tratas de decir algo?"- Le preguntó el pelilila, inclinándose para tratar de escuchar o entender una mínima parte de lo que quería expresar. Asustándole, Kanon asió su brazo precipitadamente… -O-

-"Since I fell for you..."

Escuchaba la canción interpretada por su hermana; con el celular en la mano, capturando los latidos del corazón que ella le mandaba.

Y es que al descender del escenario, se había puesto a cantarle directamente al propio Julián y deslizar las manos por su pecho de una forma coqueta y atrevida, para obtener esa información.

Ahora Camus recibía aquellas pulsaciones y las colocaba como contraseña en la puerta que tenía delante, esperando poder acceder para rescatar a Shaka y volver de una vez por todas al lado de Milo.

-O- La presión que los dedos del peliazul ejercían sobre su brazo, le lastimaba; pero sólo se limitaba a cerrar los dientes y a prestar atención a lo que decía:

-"Camus no ir… Shaka… no peligro…"- Mu frunció el ceño, desconcertado.

-"¿Qué es lo que intentas decirme?"- Preguntó, algo que lamentó al sentir un apremio mayor en su extremidad.

-"Milo… anzuelo… Isaac cerca… Neptuno buscar Milo…"- Como si le hubieran propinado un fuerte puñetazo, el pelilila despertó de su estupor.

Ahora que Kanon había hablado, las cosas parecían tener mayor sentido; aunque para resolver algunas ya era demasiado tarde.

Se la había pasado advirtiendo a Camus para que no dejara desprotegido a Milo…

Por eso Julián había cometido esos errores con sus cuentas bancarias…

Él no había buscado matar a Kanon, esperaba que este lo delatara, que fueran en busca de Shaka y que dejaran a Milo desprotegido… ¿Para qué? No lo sabia; pero debía salvarlo de los garras de Isaac. –O-

-"It's too bad

And it's too sad

Bur i'm in love with you"

En el sótano del club, el galo se despojaba de su disfraz y se internaba todavía más en busca del joven Everett; no obstante, al dar la vuelta en una de las esquinas, se topó con uno de los guardias. Le apuntaba justo al corazón, indicándole mediante insultos en francés, que subiera las manos, se diera vuelta y se pusiera a su merced, en tanto sacaba el radio y se preparaba para informar sobre su captura…

-"Well, I guess

I'll never see the light

I get the blues

Most every night"

Mientras tanto, Marin continuaba seduciendo el oído de Julián, complacida por hacer estragos en los sentidos de una persona bisexual. Sin embargo, los hombres que lo acompañaban no eran los mismos de siempre, y eso le preocupaba.

-"Since I fell for you..."

Camus obedeció lentamente las ordenes de su captor, permitiendo que este se confiara para poder apoyar la pierna diestra en la pared, luego la zurda, hacer fuerza y darse un giro de noventa grados para golpear a su represor. En ese momento supo que no tenía mucho tiempo, y que debía correr en busca del rubio.

La pelinegra dejó a su complacido cliente brindando por ella, mientras ascendía de nuevo al escenario, tratando de omitir una corazonada acerca de un inconveniente en su plan. Se sentó de nuevo en el piano, tal como había comenzado y las luces se apagaron, seguido por una onda de aplausos, parecido a un aguacero.

-O- La sensación de estar encerrado en aquella 'caja' con el peliazul, por un motivo desconocido, lo ponía… nervioso. Aún faltaban dos pisos para llegar a la planta baja, y no sabía si esa sensación de vértigo era provocada por el ascensor, o por la compañía.

Cuando la puerta se abrió y distinguió a la recepcionista del lugar, se alegró de llegar; sin embargo, el misterioso practicante no lo llevó hacia la entrada del lugar. Milo caminaba sin saber exactamente hacia donde iba –O-

Camus escuchó que una puerta se abría, como reacción se replegó hacia la pared, sosteniendo el arma a una distancia prudente que pudiera otorgarle protección.

-"¡Camina!"- Percibió aquella orden, que la daba un hombre de voz ronca. Eran dos pares de pies los que se acercaban por el cruce del pasillo, podía distinguirlos gracias a sus oídos.

-"¡Dejeme ir, por favor!"- Era la voz suplicante y aterrada de Shaka.

-O- Aquella situación ya había pasado de lo inquietante a lo extraño en el amplio sentido de la palabra.

El olor a fermento, las batas blancas, los teléfonos sonando, la gente transitando de un lugar a otro; todo lo que normalmente podía encontrarse en un hospital quedaba atrás. No es que esperaba que hubiera actividad de noche, como la había de día; pero tampoco se había imaginado que fuera un lugar completamente desierto. Lo que más le desconcertaba era el hecho de que el peliverde le hubiera pedido un poco de privacidad para tratar el estado lamentable de Kanon, que ya hubieran recorrido demasiado tramo a solas, y que ni siquiera le hubiera dado la cara para hacer referencia a dicho tema. Eso omitiendo la corazonada que no dejaba de molestarle.

-"Doctor… eh…"- Intentó llamarle, acelerando el paso. –"Acerca de mi guardaespaldas…"

-"El perro de Kanon ya ha cumplido con su cometido."- Dijo en un tono gélido, paralizando el sistema muscular del rubio. –"Haga lo que haga, diga lo que diga, no podrá evitar tu destino…"- Milo observó como si tratará de una película que lo reproducía todo en cámara lenta, como los lentes del peliverde terminaban en el piso y su rostro, su ojo desgarrado, quedan frente a él.

-"¡NO!"- Exclamó, un pávido ojiazul, reconociéndole. –O-

Sin pensarlo dos veces, Camus se abalanzó sobre el maleante, apuntándole a la cabeza con su propia pistola

-"¡Suéltalo!"- Le ordenó. Shaka, sujetado por el brazo de su agresor de una forma que jugaba el papel de escudo, miró al galo con sus edenes de una forma atemorizada y suplicante. El pelirrojo no tenía su atención centrada en él; pero sabía que de un momento a otro sus nervios colapsarían.

El maleante permaneció pasmado por unos instantes, observando el agujero negruzco en esa arma de fuego, hasta que una gota de sudor procedente de la frente de Shaka, le mojó la dermis.

-"¡Rétirate!"- Imperó este, colocando la pistola que portaba en la cien del rubio. El francés maldijo por lo bajo, mientras observaba como el color abandonaba las mejillas de su protegido.

-"Bastardo…"- Escupió Camus, fulminándole con la mirada.

-"Por favor…"- Gimió Shaka, siendo arrastrado por su captor.

Entonces se vio acorralado entre permitirle vivir, privado de la libertad, pero al final y al cabo vivo, y entre jugar una última carta.

El rubio dejó de percibir esa fría presión sobre su cien, por lo que cerró los ojos un momento, y al siguiente escuchó un sonido de cañón, seguido por un silbido que tajó el aire…

-O- Milo apenas tuvo tiempo de reaccionar, intentando tomar una medida de escapatoria, cuando dos sombras lo tomaron por los antebrazos, evitando que diera un solo paso

-"¡SUÉLTENME!... ¡AUXILIO!... ¡POR FAVOR!"- Gritaba, lidiando contra sus captores, conocedor de lo que sucedería consecutivamente.

-"Es inútil, amor."- Le habló una voz melosa, propiedad del único hombre que podía causar pánico en él, tanto o más que un arma de fuego. El rubio quiso creer que aquella era una quimera, que se había quedado dormido en el sillón del cuarto de Kanon, y que Camus lo despertaría de un momento a otro.

El peliverde le mostró una pantalla portátil, donde el rostro fresco y refinado de Julian Witerson se asomaba; sonriendo complacido por su adquisición.

-"Cuando rompiste conmigo te dije que tarde o temprano serías mío de nuevo, y que no me daría por vencido hasta tenerte de nuevo conmigo."- Si lo había dicho, Milo recordaba esas mismas palabras; pero nunca pensó que cumpliría o que se lo tomaría todo tan apecho. Sencillamente Julian era un demente que jamás comprendería que él ya había encontrado al amor de su vida, a la persona que había amado desde que tenía uso de razón y dudaba que alguien más pudiera ocupar ese lugar.

-"No puedes…"- Pero antes de que terminara de hablar, Sorrento ya le daba directo a su talón de Aquiles, apuntándole con una beretta de nueve milímetros, a la frente.

-"Muévete… niño bonito."- Se burló el pelimalva. Pero Milo no podía, regresaba diecisiete años en el pasado, a aquél auto, a ese accidente, a ese papel con tantos números y letras… -O-

Las rodillas de Shaka golpearon el piso, en tanto gritaba como demente y se agarraba la cabeza en la misma calidad nerviosa. Un ente lo tomó por los brazos, gritándole o hablando cosas que no entendía, como si las dijera en otro idioma; pero él no se calmaba, continuaba gritando, suplicando por su vida y por su libertad…

-"¡SHAKA!"- El nombrado abrió desmesuradamente los ojos, encontrando el semblante pálido de su pelirrojo guardián, quien lo había tomado bruscamente por el espacio entre la barbilla y el hombro.

-"Camus…"- Pronunció su nombre con la voz como un hilo. Sus manos se colocaron sobre las que el galo tenía en la parte trasera de su cabeza; sonriéndole aliviado y afligido a la vez. Se sentía tan bien protegido… tan sólo y afligido al mismo tiempo. La palma se deslizó suave por el dorso de la mano del otro, sonriéndole, aproximándose lento y peligroso…

El pelirrojo se sorprendió por la reacción de su jefe; pero aún más al pensar que esta era su oportunidad para cumplir con lo que Hades esperaba de él, obteniendo al cien su confianza, y apuñarle por la espalda como este lo había hecho: ojo por ojo, diente por diente. Únicamente debía omitir la pequeña lágrima que se resbalaba por la mejilla de Shaka, y la culpa experimentada cuando volviera a Londres y finalizara todo trato con Milo…

-O- Conducido por una corazonada, Mu se precipitó hacia el estacionamiento, justo al punto donde el rubio rizado se desvanecía, y un castaño claro lo atrapaba

-"¡MILO!"- Gritó el pelilila, intentando que el volumen de su voz lo despertara; pero únicamente logró que un moreno albino le dispara sin clemencia. Para preservar su vida, el ojiverde se ocultó detrás de un árbol, consiente que esa fatal distracción sólo había servido para llevarse al joven Belafonte.

Se oyó el ruido de un motor acompañado por el rechinar de las llantas, que fue una señal para Mu referente a su fracaso en la misión

-"Orfeo y Camus van a matarme…"- Murmuró, consternado; con un doble problema mayúsculo, puesto que una bala le había abierto una herida en el brazo diestro. –O-

El guardaespaldas simplemente bajó los brazos hasta que estos pudieron envolver la figura del rubio con fraternidad, sin la muestra de algo más que aprecio humano; comprendiendo que en sus labios sólo había un sabor, y que después de haberlo degustado, no podría volver a besar a nadie más que no fuera Milo.

-"Vamos a casa…"- Le dijo a Shaka, sin imaginar las terribles noticias que a su llegada a Londres, le esperaban.

.o.o.o. To be Continued... .o.o.o.

Canción 1: Lo hago por ti – desconozco el intérprete, pero si quieren puedo pasarles la canción… es muy bonita.

Canción 2: En alias la misión de rescate que puse aquí, Sydney la hace para reclutar información de su madre… así que la canción que puse aki y que canta Marin, es la que canta Sydney… por lo que no tengo nombre de autor ni demás /

Sobre el secuestrador de Milo… jejeje n.nU… como verán, el verdadero objetivo de Julian era que Camus fuera en busca de Shaka y este pudiera raptarlo… Ya saben, es una especie de novio obseso -.-U