Azul
"Satélite"
—¿Porqué me llamo Luna?
—¿Acaso no has volteado al cielo?
—Si, es precioso.
—…pues en las noches un satélite lo ilumina con fuerza, como queriendo evitar que los ciegos en la oscuridad tropiecen.
—La luna.
—Exacto…
Luna observaba el satélite con el cual su padre solía contarle historias de pequeña. Su brillo resplandecía a través de los barrotes que se volvían más delgados a medida que los observaba con meditación. Luego de unos minutos podía verla completamente como una ventana normal en cualquier lugar, y no como una reja en el sótano de la mansión de los Malfoy.
Llevaba dos semanas sola, el frío implacable que en las noches solía pegar se burlaba de ella al entrar por el mismo espacio por la cual la luna llena se lucía ante ella, dejándose ver casi totalmente a través de la ventana, parecía tratar de confortarla…
—Alguna vez has visto el conejo de la luna…
Luna lo había visto, incluso bailar si así lo quería, su gran imaginación parecía complacerla cuando ella más lo necesitaba, pero ahora el conejo estaba quieto, en silencio, al igual que ella. Quería entender porque estaba ahí. Sabía la razón básica, pero Luna nunca se conformaba con lo que todo mundo parecía comprender, ella iba más allá, y algo le decía que tenía que estar ahí, aunque la idea pareciera más absurda de lo que alguna vez soñó.
Cerró sus ojos, casi pidiendo perdón por perderse unos minutos de esa noche. Suspiró. Su pecho se hinchó con dos largas aspiradas del aire rancio que se movía por el lugar, olor a odio y desprecio. Olor a restos de comida olvidada en un rincón. Sus ojos se volvieron a abrir lentamente mientras en la parte de arriba se escuchaban gritos y empujones. Traían a alguien más.
Su primera reacción fue alejarse hacía el rincón. Ella no tenía miedo, bien podía quedarse al frente y esperar. Aunque sabía que mejor era el rincón oscuro, sin moverse, a la espera de que algún mortífago o en su caso Peter hicieran chirriar la puerta desvencijada de madera. Tres segundos después, la escasa luz que le llegaba desde unos de los pasillos hizo que viera dos siluetas. La primera torpe y voluminosa entró con algo de esfuerzo, empujando la puerta en su totalidad. La segunda fue traída a rastras, con el aliento jadeante, sus ropas desarregladas y tiritando. A la luz de la débil luz de los pasillos lo podía notar, pero a la luz de la luna colándose en el lugar, Luna vio más allá de una débil silueta, los ojos que le regresaron una inminente preocupación, eran cálidos. El brillo "azul" era cautivador.
En cuanto lo vio dar un paso hacia la pequeña cárcel, su instinto hizo tomarle los dedos fríos y huesudos que mantenían temblores de miedo. Lo ayudó a entrar y lo sentó en el suelo, donde minutos antes había estado Luna viendo las estrellas y soñando con ellas.
—Tú… tan pequeña, aquí encerrada… esto es terrible —El suave murmullo del viejo Señor Ollivander resonó en cada pared. Ella débilmente le devolvió una sonrisa.
—¿Ha visto el conejo de la luna, Sr. Ollivander? —La pregunta lo desarmó, dejándolo completamente sin nada que decir. La observó, fijándose en sus ojos, en los dedos delgados que sostienen sus manos.
—Dime, ¿quién eres?
—Luna, Luna Lovegood —Le responde con voz clara y melodiosa.
-Ah, la hija de Xenophilius, tu padre ha estado muy preocupado por ti —Luna baja la vista, por primera vez en esas dos semanas en que su corazón había luchado por mantener el ánimo alto, siente que algo puede resquebrajarse. Regresa la mirada, y sus ojos son sinceros mientras una lágrima se desborda por su rostro.
—Él es fuerte, se que aguantará —Su voz es temblorosa.
—Lo sé pequeña, lo sé… ahora, ¿qué me decías de ese conejo en la luna? —Luna lo observa de nuevo fijamente. Y parece animarse con tener compañía, con tener con quien hablar, con quien compartir sus historias. Mientras la luna se deja ver una vez más por ese pequeño hueco en la pared.
Beteo: Nayades...
Gracias por haber leído... Tanto si dejas rr o no.. SOWELU
