Disclaimer: HSM no me pertenece.
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¡Disfrutad de este capítulo!
Chocolatinas
×. Capítulo 3 .×
- No comprendo nada -susurró Sharpay a Gabriella, sentada a su lado-. Tantas cifras me vuelven loca.
- Es cuestión de atender atentamente, Pay -respondió su amiga con una pícara sonrisa en los labios.
Le respondió con un mohín y se giró de nuevo hacia la pizarra, donde Troy estaba explicando un ejercicio que debían de haber hecho como deber.
Desde casi siempre, Sharpay nunca había tenido ningún tipo de facilidad para las matemáticas, por mucho que se esforzara. A cada vez que se ponía a hacer un cálculo más o menos complejo le salía algo mal, por x o por z, y no era por no atender en clase, porque eso no se le podía reprochar: este año aún nunca se había librado de irse a una de esas clases aunque tenía que admitir que pasaba la mayoría de su tiempo observando a Troy que sus hojas. No era tampoco que no hubiese nunca querido coger cursos particulares; hasta Gabriella se había propuesto para ayudarla, pero había simplemente denegado su ayuda. Sabía que su mejor amiga era un verdadero cacho de pan, aparte cuando se hablaba de matemáticas. Se ponía demasiado rápido impaciente y Sharpay sabía de adelanto que no soportaría explicarle lentamente y varias veces lo que no comprendería.
- ¿Y si le preguntaras a Zeke? -intentó Gabriella después que el timbre sonara-. También se les da muy bien.
- Bri, no creo que sea una buena idea. Zeke es muy simpático, pero...
- Pero nada. Además, lo hará encantado.
- Te odio.
Gabriella se rió, mientras Sharpay se daba la vuelta y salía a grandes pasos de la clase, saludando de una simple y discreta sonrisa a Troy antes de salir. A fuera ya les estaban esperando los chicos, hablando entre ellos. Sin embargo, la rubia no se paró a discutir entre ellos pero se fue directamente a su taquilla en la cual sacó los libros que le harían falta para esta tarde. Cuando cerró la puerta, vio una figura de piel negra - que le sacaba sin ningún tipo de dificultad más de una cabeza, sonriéndole y apoyado contra la pared.
Zeke no era un chico malo, al contrario: era muy agradable y atento. Pero al conocer su obstinación por querer tener un día algo con ella, su compañía se volvía realmente extraña e incómoda. Sharpay simplemente le sonrió y puso su mochila sobre su hombro, hasta decidirse pararse y charlar con él. Irse sin decir nada hubiera sido de muy pocos modales.
- ¿Qué hay? -preguntó, sonriéndole.
- Gabriella me ha dicho que te interesaría que te ayudara para las mates...
- ¡Maldita seas! -pensó la joven, cerrando los puños pero continuando a sonreír para que no se diese cuenta de nada.
- ... y qué si quieres, pues qué te podría ayudar. Bueno, que no me importaría.
- Muchas gracias Zeke, pero sabes, no creo que mi caso se pueda arreglar. Pero te lo agradezco, de verdad.
Sharpay, en signo de gratitud, posó acarició su hombro y se puso a andar hacia la salida, esperando silenciosamente de encontrarse lo más rápido posible a Gabriella para dejarle claro dos o tres cositas. Pero su plan, una vez más, se fue a la nada, Zeke siguiéndola e insistiendo, enumerándole las numerosas razones por las cuales debería de aceptar. Fue hasta el momento que él empezó a hablarle de todos los tipos de galletas que le haría probar que la chica decidió poner fin a la situación.
- Está bien, acepto. Así por lo menos no me podré reprochar de no haberlo intentado.
xXoXx
Los martes, sus clases se acababan la última hora del horario, librándole a las cinco de la tarde, suponiendo que no tuviese que quedarse aún más tiempo por alguna que otra razón. Por eso, una vez todos sus alumnos fuera del aula, no dudó en estirazarse largamente sobre su silla. El día había sido bastante largo y sólo tenía ganas de irse a casa.
Troy también había hecho todos sus estudios en East High. Todavía se acordaba de cuando estaba él sentado sobre esas mismas mesas, escuchando a sus profesores y contando mentalmente los segundos que quedaban hasta que se terminara la hora. Nunca se había imaginado ser un día profesor, aún menos aquí. El se imaginaba como un gran jugador de baloncesto, brillando en los mejores equipo del país. Sin embargo, mientras el tiempo iba pasando, sus ideas de futuro iban cambiando y finalmente, terminó estudiando matemáticas. La vida podía a veces dar vueltas totalmente inesperadas, pero no por lo tanto malas.
Sin embargo, antes de irse decisivamente de la escuela, pensó en pasarse por la sala de deporte para saludar a su padre, quién seguía entrenando al equipo de baloncesto tras tantos años. Cuando abrió la puerta los deportistas se dirigían hacia los vestuarios y no tardó en saludar a los que eran también sus alumnos. Su padre le esperaba en mitad del terreno, el balón bajo su brazo derecho.
- ¿Todavía por aquí? -se sorprendió Jack-. Pensaba que ya te habrías ido.
- He acabado ahora.
Una vez frente a él, le cogió el balón y lo lanzó en la canasta, marcando y corrió a buscarlo de nuevo. Estar de nuevo ahí con su padre le devolvía demasiados recuerdos. Había pasado tantas cosas impactantes sobre este mismo terreno que siempre le tendría ese cariño especial que la gente nunca había podido explicarse.
- Es una pena que no continuaras -se lamentó su padre-. Sabes que habrías podido llegar muy lejos.
- A lo mejor, pero estoy muy bien aquí como profesor, sabes. Creo que me vendría una depresión enorme si me fuera de Albuquerque.
Troy devolvió el balón a su padre, quien puso su brazo sobre sus hombros y ambos salieron de la sala. Desde luego que no quería irse de su ciudad natal. Había demasiadas cosas que lo retenían allí y no estaba preparado para abandonarlas. Por lo menos, no ahora.
Cuando llegó a casa junto a su padre minutos más tarde, se encontró también con su madre, los brazos cargados de bolsas de compras. Como buen hijo que obviamente era, la ayudó con sus cargas, dejándolas sobre la mesa de la cocina. Lo que más le extraño fue de verla sacar las llaves de la casa, las puertas estando cerradas.
- ¿Y Sharpay? ¿Supongo que estará con Gabriella?
- Pues no, sorprendentemente -respondió Rosaline, abriendo la puerta-. En casa de un amigo para que la ayude con tu asignatura. Creo que se llama... Steve...Sim...
- ¿Zeke?
- Sí, eso es, Zeke.
- Ah...
La verdad era que saberla en casa de Zeke le había dolido un poco. Era un poco estúpido que se fuera a casa de un amigo para que le explicase lo que él le esteba enseñando; ¿tanto le costaba pedirle un poco de ayuda? Y además, Sharpay siempre le había repetido sin cesar que prefería evitar un máximo estar a solas con él, porque él chico no paraba de declararse cada dos por tres desde siglos y que había llegado hasta un tal punto que ya no tenía más imaginación para darle una respuesta que no le hiriese. Al principio, Troy había simplemente creído que Sharpay exageraba la situación - su faceta de actriz siempre la llevaba a exagerar las cosas, pero poco a poco fue prestando bastante atención a la actitud del chico, lo más discretamente a cada vez que tenía oportunidad de verles juntos, como a la salida de clase o durante la pausa del mediodía y no, Sharpay no exageraba. Sabía que su hermana no era ni cínica ni dura hacia sus amigos, por lo cual siempre actuaba con la más grande naturaleza en frente de ellos y cuando Zeke la abrazaba o le daba un beso, no ponía caras de disgusto o decía algún comentario sarcástico. No sabía muy por qué, pero a cada vez que veía a un chico en actitud demasiado cariñosa con ella, sentía una especie de pinchazo en el estómago, sus puños se cerraban solos y sus pensamientos sólo estaban fijados en ella. Sabía que esa sensación tan estúpida como incontrolable.
xXoXx
Sharpay cerró la puerta de su casa, se quitó los zapatos y los tiró descuidadamente en la entrada. Como debía de ser, el primer curso con Zeke no se había pasado como un curso de matemáticas para una alumna que tenía realmente dificultades tenía que pasarse. En realidad, los primeros diez minutos fueron de maravilla, Sharpay explicando tranquilamente todo lo que no comprendía y Zeke escuchándola con su habitual atención, pero rápidamente las discusiones desviaron y la chica terminó explicándole lo maravillosas que eran sus amigas solteras, como por ejemplo Martha, aunque pese a sus kilos de más, era muy graciosa y agradable y con la cual se llevaba divinamente. Sin embargo, había un punto positivo: aunque Zeke quería hacerle comprender que le gustaba, esta vez, no se lo había dicho explícitamente.
Mientras andaba hacia la cocina para irse a tomar algo, soltó un gran saludo general. Sus padres le respondieron desde puntos opuestos de la casa y se encontró a su hermano en la cocina, hablando por teléfono. Después de servirse fue a sentarse a la mesa, frente a él, sacando su propio teléfono y se puso a enviar mensajes, pero su pasatiempo no le duró mucho tiempo.
- ¿Por qué no me has pedido ayuda a mí? -dijo de repente, sin ni siquiera haberla saludado desde que había llegado. Sharpay se percató que en su voz se podía oír algo de recelo, lo que la hizo levemente sonreír.
- Troy, con el montón de horas que te pasas explicando matemáticas en la escuela, no creo que sea necesario que vaya yo después de las clases a que me expliques de nuevo lo que has estando diciendo.
- Sí en vez de estar en Babia mientras hablo escucharas, no tendrías que...
- ¡Claro que te escucho! -replicó la joven, sus pómulos algo sonrojados-. Pero no comprendo, que no es igual. Ya sabes que lo único que se me da bien es la geometría. Y, bueno, como tengo un amigo que se ha propuesto tan simpáticamente para ayudarme, no le pude decir que no.
Troy alzó las cejas, mirándola fijamente. Cada vez que Sharpay mentía, hacía lo mismo: primero miraba a sus manos, después se colocaba el pelo detrás de las orejas y al final se ponía a juguetear ansiosamente con sus manos. Todo eso para decir que lo estaba haciendo al instante y que, por consecuencia, Troy no había podido creerse nada en absoluto y no se retuvo de mofarse de ella.
- Yo creía que hubieras hecho lo que sea para no estar demasiado tiempo con Zeke a solas y que, si eso debía de ocurrir, te las hubieras arreglado para estar con otra persona más.
- Es que, estar a un curso particular con dos... ¿Y tú como sabes que Zeke me da las clases?
- Me lo ha dicho mi dedo -respondió simplemente Troy, levantando su dedo pequeño izquierdo-, y como suelo no equivocarse mucho, decidí hacerle confianza.
- Metiche... -chisporroteo Sharpay, levantándose, dispuesta a irse.
El chico, quien esbozaba una amplia sonrisa, se levantó también y la siguió hasta llegar a su altura, rodearla con sus brazos y besar su frente.
- Es tan fácil picarte, Pay. Te prometo que hasta puede llegar a ser gracioso.
- ¿Eso que era? ¿Un cumplido? -preguntó Sharpay aunque en realidad, no tenía ganar de saber la respuesta.
- No... Más bien unas de las razones por las cuales te quiero tanto -explicó, dándole otro beso, esta vez sobre la cabeza.
Sharpay, quien había también abrazado a su hermano, sintió una sensación extraña en las rodillas y como si su estómago hubiese dado mil vueltas en un segundo. Intentó actuar como si nada y se apartó, yéndose al salón para sentarse sobre el sofá y ponerse a mirar la tele. Definitivamente, Troy le hacía un efecto casi inhumano y no podía soportarlo más. Sabía que no iba a poder soportarlo muchos más tiempo, porque ese sentimiento cada vez le pesaba más sobre la consciencia. Siempre había oído decir que el amor era un sentimiento extraño pero precioso, magnífico. Ella, sin embargo, tenía la impresión de que era una verdadera carga, pero se lo explicaba fácilmente; debería de haberse enamorado de otra persona, de alguien que por lo menos no fuera ni su profesor, ni su hermano político, ni bastante más mayor que ella. Alguien como Zeke, por ejemplo, que siempre daría la cara por ella y que estaba dispuesto a todo por conquistarla.
A veces, hasta le entraban ganas de llorar. Llorar de rabia por no poder controlar sus sentimientos.
