Smiling in the Sadness
Fanfic by Karina Minamotocl
Esta vez sin responder Reviews... y en verdad lo lamento. Tal vez sea la tónica con todos mis fics. Ah, por cierto, después de Noviembre mi futuro es incierto en fanfiction, asì que dejarè todos mis fics terminados antes de la segunda semana de Noviembre. Eso!
Capítulo 3
Tears
-¡Esto no se va a quedar así! ¡Que me topo con Kouji y lo mando a freír!
Okenya y yo caminábamos hacia el instituto. Iba realmente enfadada. Y no puedo evitar sentirme culpable, de seguro le hacía algo a Kouji, y si fuera así no le perdonaría... y no me perdonaría.
-Pero ane-san, te he dicho que no es su culpa. Sólo tuve mala suerte, pero como tú misma haz dicho, de seguro que el chico correcto me espera.
-Aún así, haz llorado ¡y sabes que me patea las tripas cuando lloras!
Pateó un tacho de basura, lanzándolo por los aires.
-¡Así acabará Minanitos cuando le vea!
-¡Ane-san! ¡Si le haces algo a Kouji...!
-¿Qué?- le cortó Okenya, mirándome fjamente- ¿Acaso le defenderás? Te he dicho que eres bastante tonta como para defenderle a pesar de todo.
-Es mi amigo, ane-san, igual que tú.
-¡Y qué me importa! ¡Amigo mío no es!
Suspiré. Cuando a Okenya se le ponía algo entre ceja y ceja no hay quién le detenga. Es igualita a Takuya.
Tenía miedo, bastante. Okenya cuando se enoja es muchísimo más fuerte de lo que realmente es.
-Ane-san, por favor, te lo suplico.- Estábamos por llegar al insti- No le hagas nada. Debes pensar bien las...
Corrió hacia alguien y, antes de darme cuenta, pateó a Kouji en las costillas, quién venía con Aurea. Corrí un poco, mientras ella ponía un pie sobre él.
-Te dije que si le hacías algo malo, lo ibas a pagar Kouji-baka.- le dijo, Kouji cerraba los ojos del dolor.
-¡Ane-san, por favor! ¡Déjale!- supliqué nuevamente, sin ser escuchada.
-¡No le perdonaré nunca!- me adelanté, la tomé del brazo y traté de alejarle de Kouji para que no le hiciera más daño- ¿Le defiendes, Karina?
-Escúchame, Okenya.- respondí- No te lo tomes tan en serio, las cosas no son exactamente así. Por favor, déjale.
-Okenya...- la voz de Aurea sonó tranquilizadora.
-¡A mí no me hables, mala pécora!- gritó Okenya, soltándo a Kouji- Todo es por tu culpa.
Okenya se alejó, mientras ayudaba a Kouji a levantarse y Aurea observaba a Okenya sorprendida.
-¿Se puede saber qué le he hecho?- preguntó al aire. Inmediatamente salió de su letargo y me ayudó a levantar a Kouji.
-Será mejor que lo llevemos a la enfermería.- murmuré.
Aurea asintió, y juntas le llevamos al interior del edificio. Esta vez, Okenya se pasó. Hablaré con ella cuando el enojo se le pase. Esta fue la gota que rebasó el vaso. Hablaré seriamente con ella si no quiere que me enoje yo. Por que esta vez si que estoy realmente enfadada.
.-.-.-.-.-.-.-.
Kouji se encontraba tumbado en una camilla de la enfermería, con los ojos cerrados. Yo estaba sentada junto a él, mirándole con tristeza. En ese momento entró Aurea.
-Le he dicho a Nonaka-sensei que tardará un tiempo en despertar.- dijo. Asentí- Lo que no entiendo es por qué Okenya me ha dicho eso. No sé lo que he podido hacerle, no nos hablamos demasiado...
-Yo...- murmuré- Todo ha sido culpa mía.
-No ha sido culpa tuya...- dijo Aurea con una sonrisa tranquilizadora.
-Sí lo ha sido.- murmuré de nuevo, mirando al suelo- Ayer me declaré a Kouji.
Los ojos de Aurea se abrieron más de lo normal debido a la sorpresa. Ella no lo sabía, nunca le dije.
-Él me rechazó porque bueno, él, esto...
-Está enamorado de Kouichi.- me cortó Aurea con seriedad. Le miré sorprendida, y asintí.
-Me puse muy triste, y bueno, Okenya se dio cuenta. Lo único que pude hacer fue decirle que me había rechazado porque estaba enamorado de ti. Esto último lo supuso ella sola.
-Y por eso ha golpeado a Kouji y me ha dicho esas cosas tan horribles.- prosiguió Aurea. No pude evitar el llanto, así que poco a poco una lágrima cayó de mis ojos.
-Lo siento.- sollozé- Yo no quería que las cosas acabaran así. No quería que Okenya lastimase a Kouji, ni que la tomara contigo. Es todo tan...
Hundí la cabeza entre mis manos, entregándome por entero al llanto. Aurea pasó su brazo por mis hombros.
-No te preocupes.- dijo, tratando de reconfortarme- No es culpa de nadie. Todo tiene solución...
-Sí claro. La única solución que me queda es olvidarme de Kouji, cosa que es prácticamente imposible. Le veo todo el día, hasta somos amigos. Me detesto...
-No tienes por qué odiarte.- dijo Aurea mirándome fijo- Las cosas se arreglarán, ya verás.
-Quiero decirte una cosa, pero aquí no, Kouji puede escuchar. Vamos a la cafetería mejor.
-Vamos.- Acto seguido nos levantamos y salimos de la habitación.
Yo seguía sollozando, y como trataba de dejar de llorar comenzó ese hipo insoportable que me da. Llegamos al casino, nos compramos unos bollos y nos sentamos a comer.
-Y bien, qué ocurre Kari-chan.
-La declaración ocurrió de la siguiente manera: ayer en el receso del almuerzo, Kouji se había ido al sauce. Cómo me fijé que no había almorzado llevé unos pastelitos. Allí me contó todo, lo que ocurrió el sábado, lo que sentía, todo. No soporté más y...- mi voz comenzó a entrecortarse de nuevo, volviendo a salir las lágrimas- le dije... le dije que me gustaba... fue ahí cuando él me dijo que me quería pero como una amiga. Nos abrazamos y... Bueno, eso sería en resumen. Por eso llegamos tarde a clases.
-Ya veo... pero, ¿qué rayos le ocurre a Okenya?
-La agarró contigo, y en verdad lo lamento. No debí mentirle diciéndole que Kouji estaba detrás tuyo, pero comprende que tampoco podía decirle la verdad. Y perdona las molestias. En todo caso no te preocupes, ella jamás golpearía así a una mujer por que...
Había hablado demasiado. No podía decirle todo sobre Okenya, cosas que ella sólo me confió a mí.
-¿Qué?
-Nada. Simplemente es por que es algo feminista. Siempre ha creído que las mujeres somos más que los hombres, por eso es la delegada de su clase, lleva lo de ser dirigente en la sangre.- Y eso era cierto, su padre había sido presidente del sindicato de obreros mucho tiempo, y su madre delegada de los apoderados en su curso todos los años.
-Lo que yo no comprendo es por qué tú, siendo como eres, eres amiga de ella, así cómo es, o por lo que he visto.
-Okenya es una gran persona, preocupada, aplicada, amable... pero las circunstancias de su vida han hecho que ella se oculte detrás de una máscara de niña fuerte y matona, por decirlo de algún modo.
-Sí, sé lo que se siente.
Nos quedamos unos momentos en silencio. Instantes después, Nicky apareció en el casino. Su cabello corto y rizado de color lila se movía al ritmo de sus pasos. Sus ojos castaños me miraron con alivio al verme allí sentada.
-¡Karina-chan! Estuve preocupada por ti, ¿por qué no haz aparecido en clases?
-Hola Nicky-chan. Perdona, pero Kouji ha tenido un accidente, y Aurea y yo nos hemos quedado con él.
-Ah, hola Aurea.
-Hola.- repondió ella.
-En todo caso tengo toda la materia de hoy, así que te pasaré los cuadernos.
-Gracias, Nicky-chan.- respondí.
-¿Y cómo se ha accidentado Kouji?
-Ehm...
-Cuando subíamos las escaleras tropezó y se ha golpeado en las costillas, así que está en enfermería.- respondió Aurea.
-Ya veo. Bueno, que estén bien. ¡Adiós!
-Adiós.- dijimos las dos. En ese instante sonó el timbre.
-Bueno, será mejor volver donde Kouji.
-Sí.- respondí.
.-.-.-.-.-.-.-.
Volvíamos a la enfermería cuando vimos que Monique estaba afuera.
-Monique, ¿qué haces aquí?- preguntó Aurea. Ella giró la cabeza y se sorprendió un tanto.
-Kouichi está adentro con Kouji.
-¿Qué?- dijimos las dos muy sorprendidas.
Entrábamos a la enfermería cuando Kouichi iba retirándose. Nos pasó a traer y salió a paso apurado. Escuché un "¡Monique, espera!" por parte de Kouichi.
-Kouji...- susurré. Cerró fuertemente los ojos, tratando de que las lágrimas no salieran- Kouji...- repetí.
-No dejes que te afecte.- susurró Aurea. Kouji y yo la miramos.- Tienes que ser fuerte y mirar hacia delante. Por mucho que lo ames, él no cambiará de opinión, te lo digo por experiencia propia.- en ese momento, su voz se entrecortó- Siento decírtelo yo, sé que es duro, pero es la verdad. Todos sufrimos en esta vida, y sabes que lo tuyo con Kouichi es imposible, incluso si el te llegara a amar. Ríndete, Kouji.
Nos quedamos en silencio. Aurea nunca había sido tan borde para decir las cosas. Llegó a asustarme. Consternada, agaché un poco la mirada. Tal vez Aurea... no, lo dudo. Pero...
-Tengo que irme. Koushiro me está esperando.- Aurea salió por la puerta, dejándome a solas con Kouji.
-Le he dicho que me declaré.- susurré- Ambas queríamos hablar del asunto sin que tu escucharas nada, así que nos fuimos a la cafetería. Si lo hubiera sabido, yo...
-Cállate.- me cortó. Hice un pequeño gesto de sorpresa, y me dió una puntada en el corazón, como cuando mi padre me llama la atención por alguna cosa. Miró un poco hacia el lado- Ella tiene razón.
Miré al suelo, y otra vez comencé a sollozar. Kouji se percató de ello y me miró a los ojos.
-Perdona.- susurré, y salí al baño.
Corrí hasta el baño, en donde no había nadie, y abrí una llave. El ruido del agua al caer no logró callar mi llanto. Tomé un poco de agua y cerré la llave. Me miré por unos instantes en el espejo. Mis ojos estaban cristalinos por las lágrimas, que no dejaban de caer. Me mojé la cara y el cabello un poco. Suspiré.
-¡Cómo puedes dejar que Kouji te pase a traer! Siempre es lo mismo, Kouji no te trata como se supone que un hombre debe tratar a una mujer. Desde que le conoces es así, ¿por qué no dejas de ser su amiga y ya?
-No puedo, y lo sabes.
-Argh, Kari-chan. Pareces mazoquista. Un día de estos puede incluso golpearte.
-No lo hará, no le conoces.
-¡Pues si veo que lloras de nuevo por culpa de ese idiota, yo misma lo golpearé!
Desde entonces, Okenya se las ha tomado con Kouji. Todo por mi culpa, mi culpa... mi culpa... siempre es lo mismo, mi culpa...
¿Y si se las toma también con Aurea?
A Aurea no me la va a tocar. Eso jamás. Yo misma le protejeré si es así. Okenya jamás le levantaría la mano a una mujer, pero ya se conoce un caso con una chica de su antigua primaria, y es por eso que la expulsaron. A veces se excede, pero está en su naturaleza. Su padre siempre le enseñó a defenderse, y a defender a los débiles. ¿Acaso yo soy débil? A los ojos de ella sí, ¿y a los ojos de los demás?
Salí del baño con un extraño malestar. A lo lejos vi a Nonaka-sensei, que venía en sentido contrario.
-¡Karina!- me llamó a lo lejos, y fue lo último que escuché antes de sentir que todo se desvanecía.
.-.-.-.-.-.-.
Desperté con pesadez. Traté de incorporarme, pero una voz me detuvo.
-No te levantes.- Era Nonaka-sensei. Me encontraba en el sofá de su despacho- Toma, este té te aliviará. Te haz desvanecido en el pasillo, menos mal que no te haz golpeado en la cabeza.
Miré a mi alrededor. Unas fotografías estaban colgadas en su pared, medallas, diplomas y otras cosas más.
-¿Y cómo está Kouji?
De pronto recordé que estaba en enfermería. Traté de incorporarme nuevamente, pero el profesor me lo impidió.
-No te preocupes, ya iremos a verle. Primero tómate ese té, te hará bien.
Bebí un poco, mientras el profesor se levantaba y revisaba unos papeles en su escritorio. Tenía una oficina muy bien decorada para ser un profesor.
-Sensei...- dije, ya llevaba un buen rato sin hablar- ¿Qué curso es ese?
-Oh, te refieres a los de la fotografía.- dijo, levantándose y tomándola entre sus manos.- Fue el primer curso que tuve a mi cargo antes de tenerlos a ustedes. Era un curso bastante especial, es por eso que tengo su fotografía en mi despacho. Fue el primer curso de la primaria que tuve a mi cuidado, antes de que me asignaran a secundaria. Algunos de estos alumnos están ahora en primer año del bachiller aquí en el instituto.
Miré la fotografía y, para mi sorpresa, ví a Okenya, Tetsuya y demás amigos de ellos.
-Es Okenya...- murmuré. Tenía dos coletas a la altura de la nuca y cara de pocos amigos.
-Veo que la conoces. Varias veces te he visto con ella también. Y veo que ha cambiado bastante a cómo era en primaria.
-¿Qué?- pregunté. Primero, no sabía que Okenya había tenido a Nonaka-sensei como tutor y segundo, ¿por qué aparece tan distinta a cómo es ahora?
-En primaria, y cuando ella recién llegó en segundo grado, era una chica callada, se sentaba, hacía sus deberes, sacaba notas sobresalientes y no molestaba, era bastante introvertida.- tomé un sorbo de té mientras el sensei continuaba con su relato- Varias veces algunos profesores me hacían notar que ella, prácticamente, era como un robot. Excepto el de Ed. Física.
Miré al profesor, mientras dejaba el cuadro en su lugar.
-Él siempre me hizo notar que tenía una gran fuerza: encestaba limpiamente en el aro, corría más rápido que un alumno normal, en fin, hacía de todo y casi sin cansarse. Le preguntó si quería integrarse a algún equipo en especial, y ella aceptó integrarse a todos, pero el profesor le recomendó que sólo tomara dos. Entonces se decidió por las artes marciales y el basquetball.
Terminé de tomarme el té y deje la taza sobre el escritorio.
-Desde que ingresó a artes marciales, comenzó a desenvolverse mejor con sus compañeros, aunque no con todos. Había un grupo de niñas, las autollamadas "Las maravillosas", que de maravillas no tenían nada. Sólo eran unas chicas que se creían superiores al resto por ser mejor dotadas en belleza. Siempre la molestaban por jugar con chicos y estar en equipos de deportes. Un día ella no soportó más y golpeó a la líder, mándandola a enfermería y una semana en el hospital. La expulsaron. Iba en sexto grado.
-¿Tan fuerte fue la paliza que la mandó al hospital?- pregunté. Okenya sólo me había dicho que le habían expulsado de primaria por haberle dado su merecido a una chica, pero jamás me dijo que la había mandado al hospital.
-La dejó con tres costillas rotas, con un órgano comprometido: el pulmón, y hemorragia interna. Menos mal que la chica logró sobrevivir, y sus padres se la llevaron de la ciudad.- guardó unos papeles en su escritorio. Mis ojos se abrieron más de lo normal y me llevé una mano a la boca. ¿Y si Kouji también...?- Cuando me asignaron a este instituto, no creí volverla a ver. Entonces ella iba en tercero y los tomé a ustedes en primero. Le hablé un día, diciéndome que había cambiado, pero que seguía en sus amados clubes. Me alegré mucho de volverla a ver...
Me levanté del sofá, a pesar de que todavía me sentía un poco mareada.
-Gracias, Nonaka-sensei. Y disculpe las molestias, pero olvidé que Kouji estaba en enfermería y que me había comprometido a quedarme con él hasta que esté mejor.- hice una reverencia y salí presurosa de su oficina.
Corrí, subí las escaleras y llegué a enfermería. La enfermera estaba revisando a Kouji, y ambos me miraron cuando entré.
-¿Dónde se había metido, señorita? En este momento estoy revisando a su compañero. Pase, no se quede en la puerta.- Me senté y ella comenzó a palpar a Kouji en las costillas, haciendo que él hiciera un gesto de dolor.- Mmmm... por lo visto no tienes costillas rotas, Minamoto. Claro que te quedará el moretón.- Suspiré aliviada. Comenzó a anotar cosas en una libreta y después arrancó la hoja.- Le entregas esto a Nonaka-sensei. No podrás hacer Ed. Física por al menos dos semanas. Y debes ir a ver un doctor, no te vaya a afectar en algo más todo esto. ¡Ah, por cierto! Si mañana no te sientes bien no vengas a clases, ¿de acuerdo?
-Pero si yo estoy bien.- dijo Kouji.
-No creo si tanto. Ni siquiera puedes levantarte. Así que nada de rezongos, caballero. Ella me informará de todo, ¿de acuerdo?
-¡Por supuesto!- respondí alegre.
-Bien, Minamoto-san ya puede regresar a casa.
La enfermera salió y Kouji trató de incorporarse.
-Kouji...- murmuré. Me puse firme.- Déjame que te ayude.
Le tomé de los brazos y lo levanté con cuidado.
-Yo puedo solo.- dijo, mientras le levantaba.
-Sí, claro. No seas porfiado hombre.
Se sentó en la camilla y trató de alcanzar su camisa, pero no pudo.
-Por Dios, ¿no sabes pedir ayuda?- le alargué la camisa. Trató de ponersela, pero el dolor se lo impidió. Tome la camisa y se la coloqué.
-Debo verme patético...- dijo.
-¡Nada de cosas aquí! Usted está enfermo, señor. Así que deje de reclamar tanto.
Saqué mi celular.
-¿Qué vas a hacer?- preguntó.
-Llamaré a mi padre para que venga a buscarnos.
-Karina, no hace falta, en serio. Yo puedo irme a casa y...
-Ay Kouji, por favor. Pide ayuda alguna vez en tu vida. Además, ya te dije que estaré para lo que haga falta.- dejé de hablarle por que mi padre contestó.- Aló papá... sí, estamos aquí todavía... claro, claro... sí, no hay problema... ok, entonces te esperamos en la entrada. Adiós.- corté- Mi padre ya viene en camino, así que vamos andando.
Tomé su chaqueta y su bolso. Como Kouji apenas podía caminar pasé su brazo por sobre mis hombros.
-Vamos.- dije.
-Karina.
-¿Neh?
-Gracias.- sonrió.
-De nada.- sonreí.
Salimos del edificio y, efectivamente, mi padre ya nos esperaba abajo.
-¡Woa, de seguro ha sido grave, por cómo te trae!- comentó mi padre.
-Así parece.
-Ya, vamos andando.
Ayudé a Kouji a subir al auto y nosotros nos subimos.
-¿Vas bien?- le pregunté a Kouji.
-Que sí.
-Te preocupas mucho por él.- dijo mi padre.
-Más de lo que debe...- susurró Kouji.
-Papá, sabes que me preocupo por todos mis amigos. Y más de los que son muy importantes para mí.
-Bien hecho hija.- dijo. Y mirando a Kouji por el retrovisor añadió:- Te haz sacado la lotería con mi hija, Kouji. Si no se preocupara por ti a estas horas estarías a la deriva.
Kouji sólo sonrió y yo también. Fuimos a dejarle a su casa, en donde una preocupada Satomi nos recibió en la puerta. Después volvimos a mi casa.
Allí se encontraba Okenya. Le dije a mi padre que saldríamos un momento. Llegamos hasta un lugar cercano, en donde le hablé directamente.
-Esta vez te haz pasado de la raya, Okenya. Kouji estuvo en enfermería todo el día, y apenas se puede mover.
-Bien merecido se lo tenía. Sabe muy bien que...
-¡Y tú sabes muy bien que te he dicho miles de veces que no te ensañes con él!
Okenya se sorprendió por mi actitud.
-¡Deja ya a Kouji!
-Siempre le defiendes. Y eso es por que te sientes atraída por él. ¡Pero comprende de una vez que yo...!
-¡Nada! ¡Ya deja de protegerme cómo si fuera una niña pequeña, que no lo soy!
Okenya me miró bastante sorprendida y luego agachó la mirada.
-Lo siento...- dije.
-No, tienes razón.- levantó la mirada- Siempre te veo como mi Akira, por que te pareces tanto a ella...
Enmudecí.
-A ella no la pude proteger, ¿comprendes? Yo vi cómo esos ladrones la mataron, delante de mis ojos. Y yo no pude defenderla. ¡Tan sólo tenía cuatro años, carajo! ¡Y yo tenía siete, y no la pude salvar!
Agaché la mirada. Okenya dió un puñetazo contra un árbol, haciendo que varias hojas cayeran.
-Desde que vi cómo esos hombres la mataron a golpes por que no les quería decir dónde estaban las joyas familiares, me decidí terminantemente a no golpear a una mujer. Es por eso que yo jamás golpearía a Aurea. No quiero que alguien más sufra lo que yo sufrí.
-Pero Okenya, varias veces hemos hablado de lo mismo, y sigues igual con Kouji.
-Esta vez me pasé, y lo siento.
-Mañana le pedirás disculpas a Kouji.
-Está bien.- suspiró.
Sonreí. Nos abrazamos y nos reconciliamos. Espero que cumpla su palabra, aunque siempre lo ha echo.
Mañana será un nuevo día, y espero que Kouji se encuentre mejor para entonces, y que todo esto haya sido sólo un mal rato. También espero que Aurea logre perdonarme, a mí y a Okenya, por las molestias. También espero que Kouichi logre corresponder a Kouji, por que él se lo merece, merece ser feliz. Y espero que Monique, Aurea y yo logremos ser las mismas de siempre.
También espero que todo esto sólo sea un mal sueño.
Tears...
¡Bien, ha acabado! Espero que les haya gustado, y me quedó largo el epi, jejejeje!
No se olviden de pasar por el fic de mi nee-chan -w-
dEwah!!
¡¡Poxolate Power!!
