Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto

Capitulo 17 – Nuestro amor en peligro.

Los inocentes de Hinata y Neji Hyuuga iban corriendo tan rápido como su físico les permitía, directo a donde esperaban encontrar un poco de cordura, paz y tranquilidad. La mansión Hyuuga.

Al menos Neji imaginaba que podrían pasar un rato a solas en el dojo de la mansión para poder desatar sus peores fantasías sexuales. Por su parte, Hinata deseaba estar a solas con su primo en el jardín de la familia para pasear y conversar amenamente. Aunque no concedieran en lugares, y menos aun en los planes que tenían en mente cada uno, ambos coincidían en estar su deseo de estar a solas, y tener un minuto para al menos arreglar su situación.

Lo que no se imaginaban, es que lo que iban a encontrar en dicho lugar iba a ser mucho peor…

Llegaron agitados a la puerta de la mansión, y estuvieron a punto de abrirla, cuando una voz femenina los detuvo.

– ¡Hola chicos! – saludó sonriente una pequeña sentada sobre el muro de la fachada de la mansión.

– ¡Hola Hanabi neechan! – sonrió Hinata al levantando la mirada para saludar a su hermana, pero la sonrisa se le borró al momento que notó un extraño destello de maldad en los perlados ojos de su pequeña hermana.

Neji se limitó a observarla serio.

– Hola primo Neji. – le saludó agitando la mano, burlándose de él. – Dime, ¿Como has estado ultimamente? digo, ya que has estado tantos días lejos de "ese" lugar en el que te ví la ultima vez, ¿Recuerdas?

Se quedó pensando por un buen rato, hasta que logró recordar un incidente con ella frente a la puerta de la peluquería de la aldea de la Hoja, en donde había descubierto su más oscuro secreto, aquello sobre lo del laciado y el facial. (Recordar cap 7).

Luego de unos instantes, el Hyuuga sonrió con tanta confianza que desconcertó a la más joven.

– ¡Bah! – le dijo en tono de seguridad, borrándole la sonrisa del rostro. – Ya no hace falta que oculte ningún secreto, Hinata-sama lo sabe todo.

Hanabi saltó molesta hasta estar frente a ellos, molesta. "Rayos, ya perdí una, pero aun me quedan más..."

– ¿De que rayos hablan? – preguntó confundida Hinata.

Neji se puso colorado ante la pregunta. Recordó que no había tenido oportunidad de contarle a Hinata lo sucedido entre él y la menor, a demás que lo consideraba una historia no grata. Ya hasta la había olvidado.

– Hanabi-sama me estuvo chantajeando por… – bajó la voz para confesar, avergonzado, de que se trataba. – Por el tema en la peluquería y los estilistas gays y… –

– A, ¿Te refieres a eso? – Hinata sonrió burlonamente y tuvo que contener las carcajadas para no avergonzar más a su primo.

Luego observó molesta a su hermana menor, y en modalidad de hermana mayor, algo no muy común en ella, comenzó a regañarla.

– Hanabi, eso no se le hace a la familia. – Le dijo intentando sonar convincente. – la familia no se oculta secretos, ni se chantajea.

La pequeña se cruzó de brazos y sonrió. "Estos dos están jodidos"

– Creo que tienes mucha razón con eso de no guardarse secretos. – Le dijo con aires de superioridad y maldad. – La familia no se guarda secretos, ¿Cierto?

Comentó mientras posaba sus manos en las enormes puertas, lista para empujarlas.

– Exacto. – Le contestó seco el mayor de los Hyuuga.

– Entonces, – continuó la astuta Hyuuga, justo cuando comenzaba a abrir las puertas – ya que la familia no se guarda secretos, ahora mismo voy a contarle a otousan eso de que ustedes andan agarrados de las manos en medio del bosque de la perdición y que se andan besuqueando por ahí, deshonrando el apellido de la familia y…

Hanabi no pudo continuar porque dos manos la sujetaron por atrás y la detuvieron.

La puerta se abrió a penas unos centímetros, por los cuales pareció verse a Hiashi Hyuuga saludando sonriente, pero aquello apenas duró medio segundo. Rápidamente, Hinata se lanzó con rapidez a cerrar la puerta, dejando a Hiashi con la mano levantada y una gota en la cabeza.

Neji y Hinata se miraron aterrados. Lo último que deseaban era que Hiashi-sama se enterara de lo que pasaba entre ellos. Y es que aún deseaban algo de paz antes de enfrentar al patriarca de la familia y las muy estrictas normas del clan.

Con Neji sujetando a Hanabi, se movilizaron hasta la zona trasera de la mansión, que daba directo hacia la puerta de la servidumbre, antigua puerta oficial de entrada para el bouke.

Hanabi forcejeaba por soltarse del agarre de su primo, pero le era imposible vencerle.

Al cabo de unos minutos, y cansada de intentar inútilmente liberarse, asintió al pedido de los mayores de no hacer ruido no intentar huir. La soltaron.

Los tres quedaron sentados en el suelo, formando un círculo. (¿O triángulo?)

– ¿Cómo me pueden tratar así, después de todo lo que he hecho por ustedes? – se quejó la más joven.

– ¿Qué rayos dice? – le contestó a modo de pregunta, molesto, Neji. – Si lo único que ha hecho por nosotros ha sido seguirnos, espiarnos y, por lo que pude entender hace unos instantes, intentar chantajearnos.

Hinata se alejó un poco de ambos, bastante preocupada. Intentaba idear un plan para mantener callada a su hermana, pero por más que lo intentó, no lo consiguió. No, al menos que estuviera entre sus opciones el posibilidad el cortarle la lengua o hacerla desaparecer para siempre.

– No te… tenemos otra opción, Neji. – le dijo a su primo, intentando calmarlo. – estamos en sus manos.

Hanabi sonrió satisfecha. Se levantó, se sacudió el polvo, y de pronto notó que su sandalia estaba desabrochada.

– Amárramela – le dijo a Neji, señalándole su pie.

– Claro, seguro, por qué…. – estuvo a punto de caer, cuando de pronto notó lo que estaba a punto de hacer. – ¿Qué dijo? – le preguntó molesto.

– Que la amarres. – volvió a ordenar Hanabi.

Neji se quedó sentado frente a su prima pequeña deseando poder arrancarle los ojos con la mirada, aun sin entender que rayos quería.

– Bueno, si no lo quieres amarrar, será mejor que lo haga yo misma, y luego de eso iré donde otousan, apuesto a que le encantara oír las nuevas que tengo que contarle sobre ustedes y…

– Yo… yo lo hago. – asintió sumisa Hinata mientras accedía a la orden de su hermana. – Neji, es mejor que por ahora le hagamos caso.

Y es así como ambos quedaron bajo las órdenes de la menor de los Hyuuga.


Los siguientes días resultó un martirio total para la desdichada pareja en manos de la pequeña Hanabi, quien decidió tomar ventaja de la situación.

Entre hacerle reverencia, limpiarle las sandalias, lavarle toda la ropa, cederle todos sus juegos de kunais y shurikens, conseguirles las revistas para adultos, las entradas al cine permitidas solo para mayores de 14, su vida se había vuelto un infierno.

Si la vida los estaba tratando mal, había que considerar aparte de eso el no poder ni siquiera hablarse o decirse al menos una palabra sin la presencia de Hanabi, o el temor de ser descubiertos por el líder del clan.

Hinata y Neji Hyuuga estaban más que exhaustos.

Y eso sin considerar que tenían que cumplir con el castigo impuesto por la Hokage, la tan honorable misión de limpiar las cloacas de la aldea de la Hoja.


Pasados tres días desde su llegada, se encontraban todos los shinobis en medio de las cloacas más apestosas de la aldea de la Hoja, lamentándose de su mala suerte y obedeciendo al castigo que les había impuesto la Hokage.

Naruto había ido a visitarlos, cuando notó cierta tensión en un rincón del lugar, donde se encontraban los Hyuuga limpiando, ambos de lo más callados.

– ¿Hey, y que les pasó a Hinata y Neji? – Dijo señalando a los mencionados – Se ven muy callados –

– No sabemos mucho – comenzó a hablar Sakura – Pero por lo poco que se, han tenido problemas en su casa desde que llegaron. –

– ¿Y eso? – preguntó curioso Naruto.

– Es que al parecer… – Sakura se adelantó y les contó al por menor los detalles de lo que estaban viviendo ambos.

Todos se acercaron alrededor de Sakura para escuchar mejor su historia, todos menos los mencionados, quienes consideraron incómodo estar presentes cuando ellos eran el tema de conversación.

Cuando la Haruno terminó su relato, todos voltearon a ver a los Hyuuga, quienes aun continuaban limpiando. En cierto modo, se lamentaron por ellos, después de todo, eran los que menos culpa tenían de lo que estaban viviendo.

Tenían que admitirlo, a todos les parecía que Hinata y Neji hacían una estupenda pareja, y les daba más que pena que tuvieran que pasar tantos malos ratos.

– Vaya, y pensar que esa chiquilla se veía tan inocente. – comentó Ino, quien recién se enteraba de los detalles. Últimamente había estado con la mente en otra parte, demasiado ocupada como para poder estar al tanto de los chismes y otros.

Naruto se levantó y miró hacia Hinata y Neji, bastante molesto, luego apretó los puños y les gritó.

– ¡Hey!, ¡Ustedes dos! – intentó llamar su atención. Apenas logró que voltearan a verlo. – ¡¿Van a dejar que una pequeña los manipule de esa manera?! – Lo miraron por un rato, pero luego lo ignoraron y continuaron con su tarea, ignorándolo.

– Déjalos. – le regañó Sakura. – Ya bastante tienen con Hanabi como para tener que aguantarte a ti.

Naruto bufó molesto. Luego se sentó y continuó comiendo su ramen, junto con sus compañeros.

A los pocos minutos, los Hyuuga se acercaron al grupo para comer, aun en silencio. Sin poder hablar…

Es necesario mencionar que una de las absurdas condiciones que les había impuesto Hanabi para guardarles el secreto, había sido que no hablaran hasta que ella les diera permiso. Y aunque ella no estuviese presente, al menos en forma visible, no podían confiarse demasiado. Después de todo, se trataba de una Hyuuga.

Cuando el rubio terminó su ramen, guardó sus restos y se levantó. Justo cuando pensaba en retirarse, volvió a mirar, esta vez hacia Hinata.

– Sabes, Hinata-chan, tú me caes muy bien. – le comentó, logrando hacerla sonrojar, y obviamente haciendo enojar a Neji. – ¡De veras! pero tu hermana me cae como una patada al hígado. – le dijo, logrando hacerla sonreír.

Por un momento, Neji se sintió como si estuviese dibujado en la pared. ¿Pero que rayos le vió Hinata durante tanto tiempo? Tenía que admitirlo, aun sentía algo de celos por todo aquello.

– Pues, a decir verdad, creo que a todos nos cae como una patada al hígado. – comentó Sakura, dándole la razón a su amigo.

Todos asintieron molestos, al parecer habían "demasiados" motivos para odiar a Hanabi. Tal vez mas de lo que conocían los Hyuuga.

– ¡Rayos! – Naruto gritó apretando el puño, molesto – ¡¡Cuando vea a Konohamaru le voy a decir que deje de salir con ella!!

Hinata levantó la mirada hacia el rubio, con un leve rayo de esperanza en sus ojos.

– ¿Ko… Konohamaru? – preguntó inocente, olvidando la "orden" de su majestad, Hanabi.

Otra de las condiciones impuestas por Hanabi era que desde ahora Hinata debía llamarla: "su majestad".

– Claro, ¿Tu lo conoces, cierto? – preguntó sonriente, totalmente inocente. – Es un buen amigo mío. – Comentó –Y solo por solidarizarme con ustedes, le voy a decir que si sigue saliendo con ella, lo tomaré como traición.

Esta vez fue Neji quien miró al rubio con ojos de esperanza.

Y no solo Neji, todos voltearon a ver a Naruto con ojos de gato con botas de Shrek.

Ahora tenían un arma para destruir a la joven espía, algo con que chantajearla. Si tan solo Hiashi Hyuuga supiera que su pequeña niña modelo estaba saliendo con un ninja fuera del clan, y sin su autorización, y precisamente con el busca líos de Konohamaru…

– Naruto, tu… – dijo Ino, intentando soltar una frase que jamás pensó que diría, pero las palabras le faltaron…

– Naruto, tu eres… – Sakura intentó completar la frase de Ino, pero tampoco pudo…

– Eres un… – Tenten se les unió, pero tampoco pudo completar la frase.

– Genio. – Completó la frase Temari.

Frente a él, se encontraban los Hyuuga con ojos de cachorro inocente observando con admiración al Uzumaki, quien aún no entendía nada.

Y no solo ellos, todos lo miraban con ojos de cachorro inocente.

Pocos segundos después el Uzumaki estaba en el suelo con todas las kunoichis sobre él alabándolo por su genialidad, y los respectivos novios observándolo con bastante molestia, aunque las noticias que les había traido el rubio bastaban para dejarlo pasar por alto.

Todos tenían motivos suficientes como para querer destruir a Hanabi, quien ya les había causado a muchos de los presentes más de un problema.

A los pocos minutos lo soltaron.

Mientras el portador del Kyuubi se acomodaba la ropa y se borraba la sonrisa de idiota del rostro, comentó.

– Rayos, ¿Quién los entiende? – preguntó confundido, rascándose la cabeza. – Primero, se la pasan como una semana golpeándome por… ¡Que se yo! Luego, me torturan, me dejan amarrado en una cabaña en medio del bosque, me mandan al hospital, me quieren volver a golpear, y… – respiró profundo, y continuó. – ¡Y ahora me adoran!

– Cosas del amor. – le contestó Shikamaru, dándole una palmada en la espalda. – No intentes entenderlas, vas a quemar tu neurona.

Todos estaban sonrientes disfrutando el momento de la venganza, sin notar que dos personas ya se habían marchado del lugar.

– Y ahora que piensas hacer, Hina… – Comentó sonriente Kiba buscando a su compañera y amiga, pero no la encontró.

– ¿Hinata? – Buscó con la mirada Sakura, pero no la encontró.

– ¿Neji? – Tenten buscó a su amigo, tampoco lo encontró.

– Parece que tenían prisa en arreglar cierto asunto. – Comentó Shikamaru.

No hacia falta que lo comentaran, todos sabían lo que debían estar haciendo en esos momentos los dos: dando cacería a Hanabi Hyuuga. Sonrieron satisfechos, felices por sus dos amigos y volvieron a sus labores.

Pero la paz y tranquilidad no les duró mucho. Luego de unos minutos, los gritos volvieron a darse a montones.

Y es que aunque todo se hubiese, aparentemente, solucionado entre ellos, los chicos y las chicas no dejaban de pelear ante la primera oportunidad que se les presentara.

Con parejas como estas, había "Guerra de los sexos" para rato…


Volvieron a la mansión Hyuuga más rápido que un rayo, pero no pudieron encontrar a Hanabi.

– Y ahora, ¿Dónde rayos puede estar? – preguntó irritado Neji.

– Bueno, hay algo que me he estado preguntando… – comentó dudosa Hinata. – ¿Cómo rayos sabía Hanabi que estuvimos en el bosque del sexo desenfrenado?

Neji sonrió al entender las palabras de su prima, y la miró con decisión en sus ojos. Ella, por su parte, sonrió también, y le cogió de la mano. Asintieron antes de partir.

En dirección al bosque de… ya saben, a ese lugar.


– ¡Byakugan! – gritaron ambos a la vez.

Izquierda, derecha, norte, sur.

– ¿Donde rayos está? – pregunto irritado Neji, hasta que de pronto notó una pequeña sombra de largos cabellos moverse al este.

Sonrió satisfecho y desactivó su byakugan. Luego se acercó a Hinata y le indicó que había encontrado su objetivo.

– Ahora va a ver esa pequeña mocosa… – dijo irritada la Hyuuga, demostrando cierto aire de ira en sus ojos, que sorprendió hasta a Neji.

"No me gustará estar en el pellejo de Hanabi cuando la encontremos."

Sigilosamente, llegaron hasta donde se encontraba la joven, quien estaba bastante concentrada en observar los detalles de una pareja que al parecer la estaba pasando bastante bien, utilizando para ello su tan poderoso Byakugan. A su lado se encontraba un joven shinobi altamente equipado para labores de espionaje, con cámaras y filmadoras, listo para capturar cuanta imagen comprometedora encontraran.

– Te tengo. – Gritó una voz masculina.

Al instante, La pequeña reconoció la voz.

– Ne… Neji? – volteó lentamente para ver, sobre una rama de un árbol, a su primo.

En un árbol próximo, se encontraba Hinata.

Los gritos hicieron que la pareja que estaba siendo filmada en pleno acto, notaran que habían sido descubiertos. Desaparecieron en menos de un segundo, murmullando cosas que sonaron a… "Ves, seguro que los contrató tu esposo" o "Mas les vale que no se entere mi novia, o si no…"


Hacía mucho que Hanabi Hyuuga y Konohamaru Sarutobi venían trabajando juntos en su propia agencia secreta especializada en labores de espionaje. Si, a través de largas horas de vigilancia y espionaje, y haciendo uso del chantaje y extorsión, ellos se encargaban de resolver los más oscuros secretos de la aldea de la Hoja.

Y luego cobraban por guardar el secreto.

Por eso que Hinata le solicitó que espiara a Neji. (Ver cap. 3)

Por eso que Hanabi los espió tan fácilmente.

Por eso que estaban ahí con Konohamaru espiando a la pareja de hacía unos segundos.

Y por eso que ya muchos shinobis y kunoichis en la aldea deseaban darles una lección.


Volviendo a la escena de los protagonistas del fic…

Hinata observó al shinobi que estaba al lado de su hermana, de lo más aterrado.

– ¿Tu… tu eres Konohamaru, cierto? – le preguntó.

El joven asintió a la pregunta

– Entonces – su mirada de pronto cambió, y le gritó en tono aterrador. – ¡Será mejor que te retires!

La mirada de furia de Hinata, tan poco común en ella, dejó helado al gennin, quien optar por lo que llamó una "retirada pacífica" antes de intervenir en problemas familiares.

Esa "retirada pacífica" era, más bien, un acto vil y cobarde de escape.

– ¡Maldito cobarde! – gritó Hanabi al ver a su supuesto novio, abandonándola.

Ahora era Hanabi quien estaba acorralada, por ambos Hyuugas. Uno a la derecha, otro a la izquierda. Hanabi prefirió refugiarse en donde se consideró más segura, Hinata.

– Eto… hola hermanita – saludó sonriente a Hinata, dándole la espalda a Neji, pero pronto palideció.

La mirada de su hermana era de furia total.

– Eto, primo Neji, mi hermana me da miedo… – dijo retrocediendo hacia donde se encontraba su primo, tras ella, pero cuando volteó, palideció aun más, si era posible.

Si la mirada de Hinata asustaba, la de Neji aterraba.

Hanabi tragó saliva aterrada, pero luego se armó de valor.

– ¡No crean que van a poder contra mí!

Lo que se venía era una pelea como nunca antes se había visto.


Por la puerta principal de la mansión Hyuuga, entraron haciendo tremendo alboroto Hinata y Hanabi Hyuuga, gritándose e insultándose como nunca antes lo habían hecho.

Los empleados las miraban bastante sorprendidos, ya que hasta ese momento apenas si recordaban haber visto molesta a la tan dulce y tierna Hinata, heredera del souke, y respecto a Hanabi, apenas si recordaban haberla visto hablando alguna vez.

Neji, por su parte, intentaba calmar la situación, pero detener a ambas resultaba una labor imposible. Nadie detiene una pelea de mujeres, ni siquiera el genio Hyuuga.

El alboroto llamó la atención de todos los que estaban dentro de la mansión. Sí, la atención de todos, de absolutamente TODOS los presentes, incluyendo al líder del clan Hyuuga.

Un ruido simulado que parecía ser una tos intentó interrumpirles.

– Cof, cof. –

Nadie le hizo caso al ruido.

– Cof, cof. –

Volvió a sonar aquel ruido, pero continuaron ignorándolo.

– COOOOF, COOOOF – Esta vez el ruido fué más fuerte.

Se hizo un silencio por dos segundos. Luego las dos volvieron a los gritos, y continuaron discutiendo.

De pronto, la toz que los había intentado interrumpir, y que había sido completamente ignorada, se convirtió en un grito estridente que hizo retumbar toda la casa.

– ¡¡QUE RAYOS PASA AQUÌ?!

Al instante Neji reconoció la voz, y por instinto retrocedió un paso, esperando el golpe de gracia.

Hinata palideció también al reconocer la voz.

– ¡¿Que qué rayos pasa?! – preguntó irritada Hanabi, aún sin ser consciente de quien se trataba. – ¡¡Pasa que estos dos han estado teniendo un romance a escondidas de mi otousan y ahora mismo me dirijo a contárselo para que…. !! – la joven volteó irritada a ver quien rayos se había atrevido a gritarle, cuando reconoció al dueño de la voz.

Lo tenía frente a ella.

Irritado.

Molesto.

Rojo de la cólera.

– ¿O… otousan? – tartamudeó nerviosa Hanabi, al puro estilo de su hermana mayor.

– A mi despacho, ¡AHORA! – gritó molesto el jefe del clan.

Todos asintieron aterrados y lo siguieron, a su despacho, como si se tratara del matadero.


Estaban todos en el despacho del líder de su clan, el tan respetable y temido Hiashi Hyuuga.

Hanabi fue la última en entrar al recinto, cerrando la puerta con demasiada lentitud, deseando poder escapar.

Los tres jóvenes se pararon frente al jefe de la familia, con las cabezas agachadas, y más aterrados de lo que nunca habían estado en su vida.

Neji levantó la mirada, hacia el patriarca.

– Hiashi-sama, yo… – intentó hablar, pero el mayor levantó la mano indicándole que se callara.

– Si no te doy permiso de hablar, no lo hagas.

Volvió a agachar la cabeza en señal de respeto.

Hinata, por su parte, apenas si se mantenía en pie, de lo nerviosa que estaba. Se le helaba la sangre de solo imaginar lo que su padre era capaz de hacerle a ella y a Neji.

Lo que es capaz de hacer a Neji…

De pronto, y por un impulso, Hinata levantó la cabeza con expresión de decisión en sus ojos.

Puedes hacer lo que quieras conmigo, padre, pero no voy a permitir que castigues a Neji por mi culpa.

Si, era ahora o nunca, Hinata estaba a punto de hacer lo que nunca había hecho, encarar a su padre.

Lo que ella no sabía era que…


Fin del cap.17.

Lo sé, un poco corto (a comparación de los demas), pero quería dejarlo en suspenso para el siguiente capítulo. Por cierto, nos acercamos al final del fic.

Gracias a los que comentan. Ya saben, preguntas y otros pueden hacerlas con sus reviews, que yo les contesto como siempre mediante la opción de Reply, o MP, o con un e-mail, etc. No lo hago en el mismo fic ya que según las reglas de fanfiction, eso está prohibido. (Salvo que sea por un tema general).

Gracias a todos por seguir leyendo el fic, que está cerca de su fin. Espero les guste este capítulo.