A todos, muchas gracias por haber seguido este fic. Este es el capítulo final.

Advertencia: no dejar de leer hasta la última línea del fic, que hay una escena adicional.


Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto

Capitulo 19: El final

Parte 3: Nuestro amor triunfará, por sobre todo...

La joven pareja se dirigió rápidamente a la Mansión Hyuuga. Ese día se festejaba el festival de primavera, pero para los protagonistas del fic había algo más importante que celebrar.

Una fecha muy importante para ambos…

Su primer aniversario.

Si, iba a ser un día muy especial… más de lo que se imaginaban.


A la hora acordada, Neji bajó a la sala de la mansión.

Lucía más impactante que nunca. A su habitual aspecto serio y a la vez atractivo, había que agregarle cierto toque de misterio, que lo hacía ver como un galán de novela, o un agente de inteligencia ninja. Su atuendo era sencillo pero a la vez elegante, llevaba su sedosa y lisa cabellera que nunca sujeta por una simple coleta, y el cutis lo tenía más suave y tersa que nunca. (Definitivamente, el nuevo facial que le había recomendado Sai le había sentado de maravilla). Sin embargo, ni su mejor rostro podría ocultar que, en ese momento, estaba más nervioso de lo que nunca había estado en su vida.

Estaba caminando de un lado para otro, más bien dando vueltas en círculos, sudando frío, y contando mentalmente los largos e interminables seguros de la espera. Su mano derecha, metida en su bolsillo, no dejaba de juguetear con una pequeña caja que tenía guardada, motivo principal de su nerviosismo.

Desde su despacho, Hiashi estaba observando atento los movimientos de su sobrino a través de la cámara Nro 3 instalada en la sala de su residencia, mareado y con los ojos desorbitados de tanto ver a Neji dando vueltas de los nervios.

Luego de vomitar su almuerzo, de tanto andar mirando en círculos, prefirió buscar algo mejor con que entretenerse. Giró hacia la derecha para centrarse en el juego de cámaras que tenía instalado en la residencia de la Hokage. "Con un poco de suerte, me encontraré con Tsunade-sama tomando una ducha…" se dijo a sí mismo, poniéndose cómodo en su sillón y tomando una gaseosa para quitarse el mal sabor de boca.

Mientras tanto, en una habitación del segundo piso, (la cual había sido re-amoblada después que cierta visita arrasara con la anterior decoración), Hinata revoloteaba de un lado, presa de los nervios. A pesar que había dejado preparado con anticipación su kimono de fondo azul marino combinado con flores perladas y todo lo que utilizaría aquel día, no había contado con el poderoso factor de los nervios, el cual estaba aumentando su torpeza a límites insospechados.

Luego de tropezar por octava vez con su mesita de noche, se levantó y se puso frente al tocador para observarse al espejo. Abrió el estuche para guardar maquillaje que le había regalado Tenten el día de su cumpleaños (el cuál había venido originalmente con unas esposas, mordazas y otros) y lo observó por unos segundos antes de decidir que utilizar. Decidió comenzar con el delineador de ojos que le había regalado Ino, pero luego de tres intentos fallidos (en los que sus perlados ojos pagaron por su mala puntería), se dio por vencida. Suspiró profundo y pensó en continuar con el labial rosado que regaló Sakura, para terminar partiéndolo entre sus dedos antes de poder usarlo.

Por último, consideró la posibilidad de usar el rubor que le había regalado Temari, – Para colorear su pálido rostro – tal y como le había sugerido su amiga, pero pronto se puso colorada de los nervios. "Creo que mi sonrojo natural es más fuerte que cualquier rubor… " Se dijo a sí misma antes de deja el maquillaje a un lado. Guardó el set de cosméticos en un cajón y se volvió a mirar al espejo "Bueno, tendré que gustarle al natural" pensó, y con decisión, salió de su habitación.

Neji miró su reloj por millonésima vez, tan solo había pasado medio minuto. Si el tiempo seguía pasando tan lento, le iba a dar un infarto. Estaba a punto de arrancarse un par de mechones de su tan perfecta cabellera cuando oyó unos pasos provenientes del segundo piso.

Levantó el rostro y su mirada se encontró con la de Hinata.

Sonrió al verla, tan delicada, hermosa y seductora, todo a la vez. "Como siempre, hermosa, puntual e impecable, la novia que todos quisieran tener…". Su kimono combinaba a la perfección con su azulada cabellera, la cuál llevaba recogida en un moño sencillo pero elegante; y su piel lucía tersa y suave, siempre al natural.

Le tendió la mano en un gesto caballeresco al momento que ella llegó al final de las escaleras. Hinata sonrió ante el detalle, "Tan caballero, amable y tierno, el novio que todas quisieran tener…"

Como un cuento de hadas, ¿Cierto?, pero aun no digamos… colorín colorado…

Se quedaron mirándose fijamente a los ojos, con la típica expresión de idiotas enamorados, mientras sus dejaban volar su imaginación hacia sus más oscuras fantasías, que esa misma noche iban a hacer realidad…

Neji estudiaba el detalle del moño en el kimono de Hinata, ideando la forma más rápida y efectiva para deshacerlo, imaginándose los secretos que debían ocultarse debajo de tanta ropa (sobre todo cierto par a las que ya deseaba conocer… de cerca). Por su parte, Hinata posó sus delicadas manos alrededor de los fuertes brazos de su primo, imaginándolos rodeando su piel desnuda…

Hasta que un par de explosiones provenientes de la calle los despertaron de su trance mórbido. La mansión tembló por unos instantes

– ¿Estarán atacando la villa? – preguntó sonando preocupada Hinata.

– No creo – le contestó Neji, también confundido, pero luego lo analizó mejor – si estuviesen atacando, ya habrían dado la alarma. Seguro que son los fuegos artificiales. – concluyó.

Si, claro. Fuegos artificiales…

Hinata asintió a las palabras de su primo ý ambos se dirigieron a la puerta, para salir.


Abrieron la puerta y dieron un paso afuera, para ser golpeados por ráfaga de viento que casualmente pasaba precisamente frente a la mansión, ocasionando estragos en el moño de la Hyuuga y dejando totalmente despeinado al genio del clan.

Se quedaron como estatuas hasta que terminó el curioso fenómeno, total y completamente fuera de lo normal. Voltearon para verse hechos una desgracia total. Estaban a punto de hablar cuando otra ráfaga los golpeó de lleno, desarreglándolos aún más.

Y a esta le siguieron otra, y otra, y otra más.

Para cuando terminó, ambos lucían desastrosos.

A Neji le temblaba un ojo de la cólera, mientras que Hinata intentaba buscar las palabras para calmar la ira de su primo.

– A… al menos, nuestros trajes aun siguen intactos.

Medio segundo más tarde, Hinata deseó nunca haber abierto la boca.

Otra ráfaga se les venía encima, pero esta vez no era solo de viento.

Una tormenta de arena les dio de lleno, encargándose de lo único que había dejado intacto las ventiscas anteriores. Su vestimenta.

Cuando terminó, ambos lucían color gris, totalmente empolvados, y hechos un asco.

Hinata se miró decepcionada el kimono que tanto esmero le había costado arreglar. Neji intentó levantarle los ánimos…

– Al menos, estamos sanos y salvos.

Y como atrayendo la mala suerte, apenas terminó de hablar el Hyuuga, una ráfaga de armas atravesó de lado a lado la calle en donde estaban.

Al puro estilo de Matrix, ambos se contorsionaron de un lado a otro, saltando y sorteando cuanta shuriken, kunai, bomba explosiva o lo que sea que estuviese a punto de herirlos.

Cuando terminó de pasar la última herramienta filosa, ambos cayeron al suelo rendidos. Primero, explosiones por toda la ciudad. Luego, tremendas ventiscas totalmente fuera de lo normal. Después, las tormentas de arena. Y, por último, un arsenal suficiente como para armar a todo un ejército Ninja.

Algo definitivamente no andaba bien.

Al instante, Hinata reconoció a las cuatro dueñas de los ataques que acababan de sufrir.

– E… esas de… deben ser… – No pudo terminar porque de pronto sintió unos brazos que la alzaban en peso y la arrastraban.

Neji quiso ayudarla, pero no pudo ya que también fue arrastrado, en sentido contrario.


Para cuando Hinata abrió los ojos, se vio en una habitación toda rosada. "Apuesto a que esta es la habitación de Sakura" pensó. Volteó preocupada para verse rodeada de sus mejores amigas, las mismas que siempre estaban peleando con sus novios y la metían en problemas.

– ¡¿Cómo se te ocurre volver a dejarme plantada el muy idiota!? – gritó una kunoichi de cabellos rubios, amarrado en cuatro coletas, golpeando con fuerza el escritorio de la Haruno.

La última discusión de Temari y Shikamaru se debía a que el siempre olvidadizo de su novio había vuelto a dejarla plantada, por millonésima vez, pero esta vez ella estaba más molesta que nunca. Temari había conseguido conseguir que su casa esté a solas para ambos, y tenía todo fríamente calculado para hacer de esa velada, la mejor de todas. Pero que al idiota de su enamorado se le ocurriera regresar a su villa sin siquiera dejarle un mensaje, olvidándose por completo de dicha cita, la había puesto realmente furiosa.

– Al menos solo se olvidó de una cita, no es para tanto. – comentó desinteresada la dueña de la habitación, Sakura Haruno. – En cambio Sasuke ni siquiera se acordó de nuestro primer aniversario…–

Los hechos eran estos. Sakura Haruno había preparado una cena espectacular para el viernes anterior, con motivo de su aniversario. Durante días se encerró en la cocina para preparar los mejores platos que conociera (y que vinieran en la lista de "instantáneos y precocidos"), se había comprado la lencería más cara y compró los mejores licores para la ocasión. Pero llegado el día tan esperado, lo único que recibió fue una nota en la que el Uchiha se excusaba con una importante misión que solo le tomaría un día. Y precisamente, ese día.

– ¡Y al día siguiente el muy idiota se apareció de lo más contento como si nada! – concluyó la chica de cabello rosado, quien se paró al costado de Temari y golpeó con fuerza el mismo escritorio que antes había golpeado ésta.

El escritorio quedó hecho pedazos.

– Al menos sus novios solo se olvidan de sus citas, y andan armando citas con otras. – comentó Tenten. – Si antes me preocupaba de la hombría de Lee… – recordó sus días de novia con Lee, en los que el chico de mallas verdes le limaba las uñas y le hacía la manicure y… "¿Como rayos no me di cuenta?" y continuó – ¡Ya estoy harta de tener que estar vigilando al idiota de Kiba a cada instante! – gritó molesta, con el puño levantado. – Pero esto último… ¡Y con cuatro mocosas recién salidas de la academia! ¡No se lo pienso perdonar!

Retrocedamos una semana en el tiempo para entender el enojo de la joven kunoichi.

Tenten iba paseando por las calles sonriendo de oreja a oreja (y luego de haber dejado como coladoras humanas a dos chicas por atreverse a hablarle a Kiba sin su consentimiento) y se dirigía a la casa de su novio para iniciar una nueva discusión con él (la cuál de seguro iba a terminar en una reconciliación digna de película porno) cuando se encontró con la siguiente escena: Kiba sonriente, rodeado de cuatro jovencitas, casi unas niñas, remangándose el brazo derecho, y exhibiendo sus bíceps.

Enfurecida, la kunoichi de los moñitos saltó hacia la escena y dejó noqueadas a las niñas. Luego volteó a ver a Kiba y apenas pudo soltar unas palabras, antes de salir huyendo de la escena.

– ¡Ya dejen de quejarse! – gritó furiosa una rubia de ojos azul cielo. – A ustedes al menos sus novios las tratan con cariño. – en ese instante, volteó a ver a Sakura y sonrió maliciosa. – Bueno, al menos a casi todas.

La chica de cabellos rosas miró con ira a su amiga y con el puño apretado en forma amenazante.

– Ya déjate de idioteces, puerquita. – le gritó molesta, con una vena sobresaliendo de su amplia frente.

Las demás tuvieron que sujetar a la Haruno, quien se iba a lanzar sobre su amiga. Luego de que se calmara, Ino se sentó en la cama y soltó un suspiro. Volteo a ver a Temari, y comenzó a hablar.

– Disculpa Temari, pero déjame decirte que tu hermano es un completo insensible – le dijo molesta.

– Eso no es ninguna novedad. – contestó la rubia de ojos verdes. – todo el mundo sabe que Gaara no es muy sensible que digamos, es más, aun me pregunto como es que ustedes iniciaron una relación.

– Bueno… – Ino comenzó a sonreír bobamente recordando el primer encuentro amoroso con su actual novio. Luego de unos segundos de baba, recordó donde estaba, y el motivo de su pelea. – En serio que lo amo, pero… ¡Lo que me hizo la semana pasada fue el colmo! – gritó molesta. – ¡Cómo se le ocurrió darme ese estúpido regalo de cumpleaños¡

Ino había tenido demasiada paciencia con Gaara, ya que sabía perfectamente que su novio no era precisamente el más tierno de todos, ya sus otras cualidades hacían que valiera la pena el esfuerzo. Pero que al shinobi de cabellos rojizos se le ocurriera la genial idea de regalarle en su cumpleaños un traje de conejita de play boy, había sido el colmo. Para ella, eso había sido como rebajarla a un simple objeto sexual, como humillarla.

...

Las kunoichis reunidas echaron fuego por los ojos, emocionadas, exaltadas, con sed de sangre.

Hinata las observó con temor. Si sus sospechas eran ciertas, lo más probable era que….

– ¡Estamos en guerra! ¡Otra vez!– Gritó con furia Sakura.

– ¡De acuerdo contigo, frente de marquesina! – le secundó Ino.

Las kunoichis formaron un círculo, cruzaron de miradas y extendieron las manos al centro, uniéndolas. Voltearon a ver a la Hyuuga, quien aún continuaba al margen, buscando instintivamente alguna posibilidad de escape.

Al notar como la observaban, esperándola, palideció. "Me pregunto, ¿Dónde estará Neji oniisan?"


Mientras tanto, en una cabaña destartalada y enmohecida por la falta de uso, llena de sapos, culebras, insectos y otros, se encontraban unos shinobis reunidos.

Neji se liberó de las manos de Sai, que no desperdiciaba la oportunidad de tocar material. No pudo evitar notar que el cabello de Sai estaba crecido hasta su cintura, y que lo llevaba sujeto por dos colas (al estilo de colegialas ardientes).

– Ya basta, Sai. – le reprendió Shikamaru. – No necesitas revisarlo para ver si trae armas ocultas o algo así.

– Eto… ¿armas? – preguntó confuso. – pero si yo solo me estaba aprovechando de la situación para manosear a.... – continuó hablando hasta notó la expresión de asco de los demás. – ¡A... Armas! Si, pues no trae armas.

Reunidos en esa habitación se encontraban sus... ¿Amigos? O algo así.

Uchiha Sasuke, quien aún se preguntaba que droga habían ingerido el día que accedió ser novio de Sakura Haruno, la chicha con temperamento más difícil de toda la aldea de la Hoja.

De su última pelea con Sakura, aun no le quedaba claro cual había sido el motivo. Solo sabía que ella estaba furiosa con él, más que nunca.

Había regresado cansado de su última misión, el sábado pasado, día de su aniversario, y lo único que quería era ir a ver a Sakura. Se dirigió a su casa dispuesto a incluso soportar el recibimiento cálido y amable al que ya lo tenía acostumbrado, pero lo único que recibió fue el puño de Sakura en su rostro, bañado con una alta concentración de chacra.

Luego de aquel día, no supo nada mas de ella.

Inuzuka Kiba, quien aun no sabía por qué rayos su novia se había molestado tanto con él, llegando al extremo de no querer ni verlo, ni darle al menos un misero golpe.

Su último encuentro con su novia le resultó de lo más extraño, incluso considerando que se trataba de Tenten. Se encontraba con sus primas menores mostrándole las marcas en su brazo que le había dejado un lobo salvaje con el que peleó en una ocasión, cuando de pronto apareció Tenten gritando y golpeando a todos. Al principio supuso que se había ganado gratuitamente una pelea más, lo que de seguro involucraba una noche salvaje de reconciliación, llena de pasión y dolor, pero pronto notó que se había equivocado. La indiferencia y el rechazo de su novia lo dejaron totalmente sorprendido.

Y hasta aquel día, no le había vuelto a dirigir la palabra.

Nara Shikamaru, quien aun se preguntaba que rayos hacía un cuerazo como Temari perdiendo el tiempo con un inútil como él.

La semana anterior, estando de misión en Suna, su novia le hizo una extraña invitación para cenar en su casa.

"¿En su casa?" se preguntó el Nara. "¿En su casa? ¿Dónde de hecho van a estar sus hermanos?" volvió a preguntarse, totalmente preocupado.

Algo, según el Ninja genio, no andaba bien. Primero, Temari le perdonaba todas las tardanzas y olvidos; luego, le pagaba las cenas y las entradas al cine, y por último, accedía a echarse a ver las nubes con él. Demasiado bueno para ser cierto. Y esa cita en su casa….y con sus hermanos presentes…

"O será que…" su mente comenzó a divagar más de la cuenta, buscando una explicación para todas las señales… "Me trata bien, me alaba, me mantiene, me invita a su casa, entonces ella quiere que yo…" Algo debe querer, algo… algo… "Quiere que le pida matrimonio"

Su primera idea fue huir cuanto antes del lugar. Cogió sus pertenencias y decidió escapar, pero en el camino comenzó el remordimiento lo atacó. Recordó todos los momentos vividos con su novia, desde la vez en que lo dejó como comida para buitres, pasando por la misión fallida, y terminando en aquella estúpida misión limpiando las cloacas de su aldea. Sonrió en ese y mil y un recuerdos más.

Respiró profundo y se dijo a sí mismo. "Temari es la mejor, y es la indicada para mí… a demás, quien más me va a aguantar…" Decidido, regreso hacia Suna para encarar la situación, y hacer lo que ella tanto deseaba, pedirla en matrimonio. Pero cuando volvió a Suna, se encontró con un cartel en la puerta que le prohibía estrictamente la entrada, y desde entonces no había podido hablar con ella.

Sobaku no Gaara, quien aún se seguía preguntando por qué estúpida razón estaba él, el Ninja más fuerte de la aldea de la arena, metido en una estúpida y apestosa cabaña, con un puñado de estúpidos shinobis de la aldea de la Hoja, y escuchando sus estúpidos problemas sentimentales.

Lo único que quería era hablar con su novia Ino para aclararle el verdadero significado de su último regalo. Había movido influencias, asesinado a unos cuantos, y amenazado a otros, para conseguirle a su novia un lugar en la tan popular serie: "Girls on the Playboy Mansión", todo un capítulo para ella sola como conejita Play Boy, según él para hacerla cumplir su sueño de llegar a Hollywood. Pero por alguna extraña razón su novia se había tomado a mal el presente y ahora lo quería degollar vivo.

En la misma habitación también se encontraban Chouji, Sai y Shino, quienes no tenían nada que ver con discusiones de pareja, pero que ya estaban hartos de tener que pagar las consecuencias. Porque ellos habían tenido que aguantar que…

Que Ino cerrara su florería por una semana, lo que había ocasionado graves daños en el ecosistema de las abejas. Tema de vital importancia para Shino.

Que Sakura hubiese golpeado al maestro pastelero de la panadería más grande de la ciudad (todo por cruzarse en su camino justo cuando regresaba de discutir con Sasuke), lo que había dejado a Chouji sin reservas de pasteles para por lo menos por un mes.

Que Tenten dejara de afilar las tijeras de las peluqueras gays de Konoha, lo que había detenido el trabajo de los estilistas gays de Konoha los últimos meses. El más afectado de todos había sido Sai, a quien le había crecido tanto el cabello que se había visto obligado a llevarlo amarrado en dos colitas, mismo colegiala adolescente.

Luego de ver a sus compañeros por unos instantes, le quedo claro a que se debía aquella reunión.

– No me digan que… – incómodo, comenzó a hablar Neji, pero fue interrumpido por Shikamaru.

– Si, Neji. – aclaró, ya sabiendo lo que iba a decir el genio Hyuuga. – Otra vez, estamos en guerra.

– Eso explica las explosiones, las ráfagas de viento, las armas dejadas por el camino – comenzó a enumerar el Hyuuga todos los ataques que recordaba, hasta que llegó a uno que no pudo descifrar. – pero, ¿Y quien de ellas maneja arena?

Todos voltearon a ver sorprendidos a Gaara.

– ¿Qué tanto me miran? – preguntó el shinobi de cabellos rojos, quien hasta entonces no había prestado atención a lo que hablaban sus acompañantes. Hizo un esfuerzo en tratar de recordar algún detalle en las palabras de Shikamaru, hasta que recordó una en particular, su favorita. "arena…".

De pronto, lo tuvo claro.

– Seguro que fue Ino. –

Todos lo miraron incrédulos.

– No me digas que tu le… – comenzó a preguntar tartamudeando Kiba. – le enseñaste… a…

– Si, le enseñé a manipular la arena, ¿Y que hay con ello?– preguntó totalmente inocente el shinobi.

Cayeron de espaldas.

– ¿En que pensabas cuando le enseñaste tu jutsu? – preguntó fríamente Shino.

– Me dijo que tenía curiosidad y le enseñé. ¿Qué tiene eso de malo?

Volvieron a caer de espaldas.

El Nara fue el primero en explicar.

– Imagínate que le enseño a Temari a controlar las sombras, ¡Me tendría atrapado bajo su dominio todo el tiempo!

– Ahora imagínate que le enseño a Sakura mi jutsu bola de fuego. – continuó Sasuke. – Me hubiera cocinado en su primer periodo menstrual.

– O imagínate que le enseño a Tenten a hablar con Akamaru. – habló Kiba. – ¿Sabes cuantos secretos míos se habría enterado?

Luego de unos incómodos segundos de silencio, todos voltearon hacia Neji, esperando oír sus palabras al respecto. El genio se limitó a veros más decepcionado que nunca.

– Eso no aplica en mi caso. – aclaró. – Hinata y yo tenemos las mismas técnicas, somos del mismo clan, ¿Recuerdan?

Se relajaron y, luego de haber expuesto su punto, volvieron a ver a Gaara.

– No debiste enseñarle tu técnica, es demasiado peligroso para todos. – le dijo serio Sasuke.

– ¿Peligroso? – preguntó el Kazekage. – No entiendo de que se preocupan tanto, de todas formas, es mi jutsu y soy más fuerte que Ino, y…

El sonido de un vidrio roto llamó la atención de todos, y cayó a Gaara.

Una kunai atravesó la sala de lado a lado y se estrelló con la pared, a medio centímetro de la cabeza de Kiba, quien chilló al notar que en su camino se había llevado tres moscas y había dado justo sobre una araña.

Neji se quedó ligeramente sorprendido al notar la precisión en la forma de lanzar aquella arma. "La única que puede hacer eso es…".

– Acaso esa no fue… – estuvo a punto de mencionar a la autora de la hazaña, cuando fue detenido por la mano de Sasuke.

– Silencio. – le indicó.

Todos se concentraron en ver hacia el lugar por donde entró la kunai (menos Kiba quien aún seguía temblando y mirando de reojo el arma), pero pronto se relajaron.

– Parece que ya se alejaron. – advirtió el shinobi de ojos negros.

Kiba soltó un suspiro de alivio.

Shikamaru se levantó de su silla y cogió la nota que venía con el arma. La abrió y la leyó en voz alta.

Quince minutos antes de la media noche.

Frente a la puerta de la aldea de la Hoja.

No falten.

Los shinobis se miraron con diferentes sentimientos en sus ojos. Kiba, totalmente aterrado y comiéndose las uñas de los nervios; Shikamaru, aun confundido y sin entender por qué su novia estaba molesta con él; Sasuke, preocupado por el estado en que quedarían las murallas de la aldea luego de que su delicada novia las destrozara en medio de su discusión; Gaara, quien aun no entendía por qué estúpida razón seguía haciéndoles caso a esa bola de shinobis miedosos; Y los demás, quienes deseaban que se acabaran de una vez por todas esas estúpidas peleas de novios y que todo volviera a la normalidad.

De pronto, Shino miró su reloj.

– Será mejor que se apresuren si quieren llegar, les queda apenas cinco minutos.

Todos asintieron y se dirigieron veloces hacia el lugar indicado.


Parte 4: Nuestro amor triunfará, y eso es todo.

Quince minutos antes de la media noche, los shinobis llegaron a la puerta de la aldea de la Hoja.

Las cinco kunoichis se encontraban sentadas en fila mirando hacia las afueras de la ciudad, y frente a ellas se posaron los respectivos cinco novios. A un extremo, como testigos, y rogando a que se acabasen esas estúpidas peleas, se encontraban Sai, Chouji y Shino.

De pronto, la arena se arremolinó alrededor de las kunoichis, ocultándolas. Segundos más tarde, desaparecieron.

Los shinobis voltearon molestos a ver a Gaara.

– Si, si, ya entendí. – afirmó el shinobi al ver como su jutsu se volvía en su contra. Definitivamente, era el que menos sabía de mujeres.

Entre los restos de arena, pudieron ver una figura confusa acercándose a ellos. Al verla, Neji avanzó unos pasos, convencido de saber de quien se trataba. Al tenerla frente a él, le tendió la mano en un gesto cálido y la sombra asintió con un leve sonrojo en sus mejillas

Una ráfaga de armas les cayó de lleno, haciéndolos saltar del susto.

Solo Neji y Hinata se quedaron tranquilos, ignorando por completo los ataques. En esos momentos, ambos estaban en otro mundo, en su propio mundo…

– Hinata-sama, yo…

Los demás se vieron obligados a huir en diferentes direcciones.

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Hacia un extremo huía un shinobi de cabellos negros, esquivando ágilmente los golpes que le asestaba una chica de cabellos rosas que corría tras él.

– Pero ya te dije que era sábado, no viernes.

Fue lo único que se oyó antes de que ambos desaparecieran en la oscuridad.

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Volviendo al lugar frente a la entrada de la aldea de la Hoja…

Neji revoloteaba en su bolsillo nervioso. Estaba a punto de llegar la media noche, y ese debía ser el momento preciso en el que el le entregara aquello que tenía guardado para Hinata. Se quedó en silencio mientras sujetaba su mano y se dejaba llevar por su mirada.

Hinata lo observó expectante.

– Neji-oniisan, yo…

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En otra zona del bosque, un shinobi esquivaba ágilmente kunais, shurikens, bombas explosivas y otros que le caían con demasiada precisión encima.

– ¿Chicas? ¿Coqueteando? ¡Pero si eran mis primas!

– Si claro, primas… – remedó sarcásticamente la kunoichi experta en armas, sin creer una palabra de su novio y sin bajar la intensidad de su ataque.

Los gritos de dolor se pudieron oír por todos los alrededores.

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Los primeros fuegos artificiales comenzaron a iluminar el cielo, anunciando la próxima llegada de la media noche.

Neji hizo presión en su agarre sobre la mano de Hinata, haciéndolo más fuerte. Su otra mano fue saliendo lentamente de su bolsillo, sacando lo el paquete que llevaba. Respiró profundo y colocó la pequeña cajita en la mano de Hinata.

– Hinata-sama, yo… quisiera decirle que… pedirle…

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En otro extremo, dos shinobis corrían veloces huyendo de sus perseguidoras, dos rubias con cuerpos de infarto y sed de venganza.

– Me puedes explicar, ¿Por qué huimos? – preguntó un shinobi de cabellos rojizos.

– ¿Quiere saberlo? – le contestó otro shinobi, uno de cabellos castaños en punta.

En el acto, Shikamaru hizo una señal y ambos se detuvieron. Frente a ellos se situaron las dos kunoichis.

– Muy bien. – Comenzó a hablar el genio, quien ya había pensado como explicar al Kazekage el motivo por el cuál huían – Ahora, ataca a Ino – le ordenó con una seguridad fingida.

– Claro, ahora yo… ¿Qué? – preguntó confundido mirando al novio de su hermana.

– Dijiste que eras más fuerte que ella, ¿Verdad? – le dijo el Nara. – Entonces, atácala.

El kazekage volteó con seguridad a ver a Ino. Buscó el contacto con sus ojos hasta que lo encontró, y en ellos quedó hipnotizado. La decisión en su mirada fue disipándose poco a poco conforme iba cayendo ante el encanto de los azulados ojos de su novia. De pronto, la vio como el ser más indefenso del mundo, alguien a quien jamás sería capaz de atacar.

Y en ese momento, todo le quedó claro.

Suspiró resignado, se volteó a ver a su compañero. De pronto, le pareció que Shikamaru era el hombre más sabio del mundo.

– Hacia donde. – dijo a secas.

– Hacia la derecha, yo voy a la izquierda. – Afirmó serio, y continuó. – para cuando esté lo suficientemente cansada, podrás hablar con ella.

Ambos asintieron y huyeron de la zona, siendo perseguidos por sus respectivas novias.

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Insisto, con parejas como estas, hay guerra de los sexos para mucho más…

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El pulso comenzó a acelerársele a Neji mientras depositaba el presente en las manos de Hinata.

Ella se sonrojó al reconocer la envoltura, tan tradicional en su clan.

– Neji, a…acaso e…esto es…

Con lentitud y torpeza, desató el nudo de la cinta roja que envolvía la cajita y la abrió. Dentro de ella estaba guardado un pequeño y viejo anillo de oro, con una piedra brillante en el centro.

Confundida, levanto los ojos para ver a su primo, y en ese mismo momento el cielo se iluminó por completo de hermosos fuegos artificiales.

Era media noche.

– Hinata-sama, yo… quisiera decirle que… pedirle…

Y el momento romántico fue interrumpido en ese preciso instante por un rubio hiperactivo y nada oportuno shinobi.

– ¡Hola Chicos! – Saludó Naruto por lo alto, sobre el muro de la entrada de la aldea.

– Naruto, ¿Quieres callarte? – le sugirió Shino.

Hasta ese instante Hinata y Neji notaron que a su lado estaban Sai, Chouji y Shino total y completamente expectantes a lo que estaba por ocurrir con la pareja.

– ¿Saben donde se han metido todos? – preguntó confundido el rubio. – Los estuve buscando por todos lados y…

– Es que están en guerra. – le aclaró Chouji.

– ¿En guerra? – preguntó confundido el rubio.

– Si, todos otra vez, chicos contra chicas, igual que el año pasado. – terminó con la aclaración Sai.

Y los malos recuerdos referidos a golpes, palizas, encerradas en cabañas extrañas, hospitalizaciones y otros recorrieron la mente de Naruto.

– ¡¿Qué?! – gritó sorprendido. Luego se volteó a donde estaban los Hyuuga. – No me digan que ustedes también… – se detuvo al notar que ya no estaban. – ¿Y a donde se fueron?

Miraron a los alrededores, pero no pudieron detectar a los Hyuuga.


Volvieron al mismo lugar donde todo había comenzado un año atrás, donde se habían dado su primer beso, y donde se habían declarado su amor.

Cuanto todo era felicidad entre ellos, justo antes de que Naruto llegara y les complicara la vida.

Hinata cogió con su mano temblorosa la prenda que se encontraba en el interior de aquella caja.

Una perla blanca.

Las palabras no fueron necesarias, no hacían falta. Ambos sabían lo que esa perla simbolizaba para ellos, una cuestión propia de su clan, un secreto que solo quedaría entre ellos dos.

En ese momento, y presa de la emoción, Hinata se lanzó y hacia su primo, hundiendo su rostro humedecido por las lágrimas en el pecho de éste, y envolviéndolo con sus brazos, aferrándose a él con fuerza y con pasión. Neji tardó unos segundos en reaccionar, y luego correspondió al gesto de su prima, envolviendo con sus fuertes brazos el frágil cuerpo de su prima en forma protectora y dándole un tierno beso en la nuca, sobre su cabello. "Siempre la protegeré, Hinata-sama".

Movió una mano hacia el mentón de ella y la levantó levemente. Con sus dedos le limpió los surcos formados por las lágrimas en su rostro, y le dedicó una sonrisa, la cuál fué ampliamente correspondida. Se acercó lentamente hacia ella, y juntó sus labios a los finos y delicados labios de Hinata. La besó con un gesto que le demostraba todo el amos que había en él para darle. Y ella correspondió al gesto, feliz de ver sus sueños convertidos en realidad.

– Te amo... – Dijeron ambos al mismo tiempo, sonrojandose de su propia torpeza.

Volvieron a fusionarse en un abrazo y se quedaron en la misma posición por unos minutos más, en silencio.

Y en ese momento, sellaron su amor para siempre.


FIN DEL FIC


Gracias a todos los que apoyaron esta historia desde su comienzo, y a aquellos que se unieron en el camino. Y a todos aquellos que llegaron hasta éste, el capítulo final. Este fic está dedicado a todos ustedes.

Y gracias por los reviews a (Colocados en orden ascendente por fecha de review e intentando no repetir): Star Flowers, Esme-chan TS-DN, hanahakyruhyuga, Miyako Hyuuga1912, Yukari03, Tia Juh Thereza, Angel-Truesdale, Sakura kunoichi no power, zxceve, nekos dream, DxL-hyuuga, tsuki-airen, elieluchiha, a-grench, GoraT, lety-chan, rukiachan25, Gloria Inazuka Kambara, Monserrat, Aanto-chan, NeS, AngelYueGuang, ino-sakura14, Dianii, gerlin, dagorfly, Akeshi 03, , LorenLoup, Lady-Satanika, Jessica, Lily-chan, Sophix, marze, Starfire88, marze-uchiha, , Kisame Hoshigaki. Y si me he olvidado de alguno, mis disculpas y puede quejarse, que lo agrego a la lista.

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Si les ha gustado, si creen que debo dedicarme a este tipo de fics, o si soy mala, o si debo corregirme en algo, déjenme un review que lo tomaré en cuenta para mis siguientes fics.

……

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y…

¿Recuerdan esas escenas que aparecen después de los créditos?


En la puerta de la entrada a la aldea de la Hoja, cuatro shinobis solteros y totalmente libres de los problemas del amor se encontraban conversando tranquilamente, en paz y despreocupados. Se quedaron un rato más, respirando el aire puro del bosque y escuchando los gritos de auxilio y ayuda provenientes del bosque, gritos a los que prefirieron no hacerles caso.

Cuando notaron que los gritos y golpes cesaron, lo que significaba que: o sus compañeros descansaban en paz, o que se habían reconciliado con sus novias, decidieron que era hora de volver a la ciudad.

Dieron vuelta para ingresar a la ciudad, y entraron a paso lento mientras comentaban tranquilamente ideas sueltas…

– Yo quiero ir a ver que bocaditos y platos están vendiendo en la feria. – comentó Chouji.

– Yo prefiero ir donde Ichiraku para comprar un plato de ramen – dijo sonriente Naruto.

– Yo quiero ir a ver si los estilistas gays consiguieron alguien que les afile las tijeras – soltó incómodo Sai mirando su larga cabellera.

Pasearon tranquilamente por la feria respirando la libertad que les daba su soltería. Nada que envidiar a las problemáticas vidas amorosas de sus amigos que andaban por ahí en medio del bosque siendo degollados y masacrados por sus novias.

En el camino se encontraron con Kankuro, quien iba paseando solitario por las calles y con dos extrañas marcas de manos rojas en el rostro. Al ver a los más jóvenes, tan tranquilos y despreocupados, no pudo evitar comentar.

– Por eso digo, es más sano no complicarse con esas cosas del amor y…

Estaban escuchando atentos las sabias palabras del shinobi maestro de las marionetas, cuando de pronto se toparon con un grupo de cuatro jóvenes kunoichis levemente vestidas y altamente provocativas, quienes iban acompañadas de shinobi alto y fornido. Los cinco eran forasteros.

Las cuatro jovencitas se detuvieron para sonreír coquetamente y enviarles besitos volados a Naruto, Kankuro, Shino y Chouji, mientras que el guapo ninja le guiñaba el ojo a Sai.

Los cinco varones se miraron entre sí, aterrados, y prefirieron salir gritando y corriendo antes de caer en las terribles redes del amor.

– ¡¡¡Nooooo!!!


Si, lo anterior fue una escena adicional solo para hacerlos reír un poco.

El siguiente capítulo será uno de regalo para todos los lectores.