Madre mía, qué poca vergüenza que tengo. Este fic está prácticamente caído en el olvido y allá voy de nuevo, con un nuevo momentazo muuuuy tardío. Siento muchísimo este corte de lectura a los muchos o pocos que lo seguíais y prometo compensaros (aunque sea tarde).
Aquí os dejo con el momento dedicado por completo a Anhi, alias Lucy_Osita de la Orden Severusiana quien fue la que con muy buena voluntad me dio infinitas ideas para proseguir. Ahí va.
Defensa contra las Artes Oscuras. Le chiflaba esa clase. O más bien le chiflaba cuando el profesor narraba algo en referencia a las Artes Oscuras.
Alguna oscura anécdota sobre algun mago o bruja desgraciados o de cuando Grindelwald aterrorizaba a todos. Tenía trece años y soñaba con formar parte de esa élite de magos capaces de dominar las fuerzas oscuras, de hacer que se doblegaran a su voluntad, de escapar de los sentimientos y de la moral, de no tener remordimientos y sobretodo, de no temer a nada ni a nadie.
Lo único es que sabía que la iba a echar de menos.
Giró su cabeza hacia la derecha y sus ojos la localizaron solos, como si tuvieran un imán. Allí estaba, sentada, muy erguida, con los ojos verdes absortos en el profesor y el cabello pelirrojo flotando alrededor de su rostro.
Detrás de ella estaba el estúpido Potter que rozaba con sus asquerosos su preciosa melena encendida. ¡Cómo le detestaba! ¡Y cómo lo envidiaba! Podía compartir el espacio con ella, sentarse sin miramientos junto a ella y hablarle, mirarla directamente sin tener que esconderse.
Suspiró y volvió a prestar atención a la voz cansina del profesor. Explicaba cuáles eran las maldiciones imperdonables, las cuales eran tan censurables que habían recibido ese nombre.
Se las sabía de memoria: imperius, crucio y avada kedavra. Para dominar, para torturar, para matar. Brevemente imaginó la cara de Potter al ser víctima de cada una de las tres y tuvo que reprimir una carcajada. Después imaginó la cara de Black, la de Lupin y la de Pettigrew. ¡Ah! Un poema. Su humor mejoró un poco y no sintió nostalgia de los tiempos venideros en los que sería un gran mago tenebroso.
Al poco, volvió a empeorar en imaginar la cara que pondría Lily cuando revelara sus intenciones, su verdadera naturaleza. Ella jamás volvería ni siquiera a mirarle en cuanto cruzara esa línea. ¿Debería arriesgarse a cruzarla y perderla?
Sacudió la cabeza y volvió su mirada hacia ella. Ahora estaba anotando algo en el pergamino frente a ella. Estaba abstraída y él hipnotizado.
Su estado no pasó por alto a James Potter. El intrometido, engreído James Potter siempre esperando la mejor ocasión para ridiculizarlo, humillarlo. Desde el primer día en el que cruzaron sus miradas se habían declarado la guerra en silencio.
Cuando el profesor se giró para anotar algo en la pizarra, Potter chistó y llamó la atención de Severus. Éste le miró y vio como James señalaba a Lily y luego, moviendo sólo sus labios, Severus pudo entender lo que le decía; "patética serpiente".
Apenas se percató de que estaba sujetando la varita con fuerza, tanta que los nudillos se le tornaron blancos. La rabia, el odio que sentía salieron canalizados por ella y con un rayo de color verde, breve e intenso, golpeó a Potter en el pecho.
James cayó al suelo de lado y su cuerpo se sacudía espasmódicamente. Su rostro se congestionaba por el dolor que padecía.
Los gritos de asombro de sus compañeros alarmaron al profesor inmerso en su explicación. Acudió presto al auxilio de su alumno y ordenó a Black y Lupin que lo llevaran a la enfermería.
Después del susto intentó tranquilizar a la clase, una enfermedad, un accidente, cualquier excusa era válida. Que Severus Snape sujetara su varita y mirara al chico con ojos rebosantes de odio no quería decir que ese chico fuera el culpable del dolor de James.
Eran críos de trece años, esas maldiciones estaban mucho más allá de sus capacidades, como mucho conseguirían que a alguno le sangrara la nariz.
En cambio, Lily Evans sabía que Severus era capaz de eso y más. Estrechó los ojos mirándole y él esquivó su mirada. Al profesor no le pasó desapercibido ese intercambio y se conminó a informar al director.
No quería creerlo pero, si era cierto y un chico de trece años podía realizar una maldición cruciatus de forma tan perfecta, ¿qué no sería capaz de hacer siendo adulto?
Una de las ideas rescatadas desde el foro de la Orden era narrar un encuentro entre los merodeadores y Severus en el que este último saliera victorioso para variar. Quizá la idea no sea exactamente esta, quizá haya quedado algo más retorcida y cruel pero me ha encantado torturar a James Potter. Lo siento a todas sus fans pero un pequeño placer maléfico de vez en cuando no hace mal a nadie.
Espero que lo hayáis disfrutado y como siempre, dejad reviews, cien por cien bienvenidas. Un saludo y nos vemos en el fandom!!
