¿Qué se puede hacer si uno está congelado (y una también). Pues uno+una deberían darse calor...
Esto no es lo que parece… Parte II
Booth sintió como sus pies tocaban un fondo duro, de roca, y se estiró, sacando la cabeza del agua. Le llegaba a la altura de la boca. Brennan se había sumergido, por lo que tiró con ansia de su mano, y después de su brazo. Su mente volvió en un flash a aquella maldita cantera, a la vez en que la había sacado de debajo de la tierra. Ella emergió con una boqueada.
- "Hay que salir de aquí, vamos, vamos, Huesos". El agua parecía de color negro en contraste con el borde del agujero, de un blanco inmaculado. La levantó en brazos y la empujó hacia el borde más cercano a la cabaña. "Venga, mira si el hielo aguanta y deslízate despacio". Ella no podía hablar, no sentía su cuerpo. El siguiente empujón de Booth la colocó esta vez por encima del hielo, que parecía firme. Él se agarró al borde helado e intentó salir, pero ya no sentía sus piernas, le costaba tomar impulso para superarlo. Las manos de Brennan agarraron las suyas, y al siguiente intento, tiraron de él con todas sus fuerzas. Booth emergió hasta la cintura, colocando la mitad de su cuerpo fuera del agua.
- "Ve hacia atrás, si estamos los dos cerca del borde se puede quebrar otra vez…" Con otro esfuerzo sacó sus paralizadas piernas. Brennan pudo articular unas palabras
- "No nos podemos quedar parados, Booth, muévete". Muy despacio, deslizándose sobre el hielo cubierto por blanda nieve, llegaron a un pequeño terraplén, que indicaba el borde del agua. Subieron con pasos inseguros hacia la cabaña. Brennan había empezado a temblar intensa, descontroladamente. No quedaban restos de color en su piel, y sus labios estaban azules. Booth abrió la puerta de la cabaña de un empujón.
- "Tenemos que quitarnos esta ropa, o nos congelaremos". Booth miró a su alrededor. La luz de la tarde ya era escasa, pero suficiente para ver el pobre equipamiento del refugio. Una chimenea con la leñera vacía, unas velas sobre la repisa… Una estantería con unas latas de conserva, una garrafa de agua y una botella que parecía de tequila. En la pared del fondo, un camastro con mantas dobladas encima. Ni rastros de instalación eléctrica. Eso era todo. Brennan temblaba ahora violentamente. Él la abrazó, frotando sus brazos arriba y abajo.
- "Vamos, vamos, fuera esa ropa mojada". Se acercó a buscar las mantas, sacudiéndolas. Ella seguía temblando, intentando desabrochar los botones de su abrigo.
- "No… no puedo. Booth, las manos… no puedo". Él se las cogió e intentó echar sobre ellas su aliento caliente. Acto seguido, él mismo empezó a desbrocharla el abrigo, ayudándola a quitárselo, y después la camisa, y un jersey de cuello cisne. Ella se dejaba hacer, sin parar de temblar. Después, las botas y los pantalones. Él iba recuperando el tacto en las manos, pero sus piernas le dolían como si se las estuvieran cortando. Tocó la ropa interior, mirándola.
- "Está mojada, hay que quitarlo todo". Antes de que ella dijera nada, ya le había desabrochado el sujetador y deslizó los tirantes por los hombros hasta quitárselo. Sin mirar, hizo lo mismo con las bragas. Acto seguido utilizó una de las mantas para secarla, frotando fuerte. Después la envolvió con otra manta, mientras iba hacia la estantería y abría la botella de tequila.
- "Toma un trago largo, ya". Ella obedeció. El temblor ya había cedido. Sintió la oleada de fuego del tequila bajar por su sistema digestivo, lo que la hizo estremecer. Su piel dejaba de tener esa lividez cadavérica. Miró a Booth, él también temblaba ahora.
- "Quítate la ropa, no puedes estar así". Ahora le tocó a ella ayudarle, él se pudo deshacer del pesado chaquetón mojado y del jersey y la camiseta, pero el botón del pantalón y la cremallera se resistían. Ella se lo desabrochó. Con la misma manta con que la había secado se frotó bien, mientras que ella le ayudaba por la espalda, y acto seguido se envolvió en otra seca. Tomó la botella y echó a su vez un buen trago de tequila.
- "¿Cómo estás, aún mucho frío?", le preguntó Booth, viendo que los labios de ella ya no eran azules.
- "Mejor, pero necesitamos más calor. Creo que los dos estamos aún hipotérmicos, y debemos recuperar la temperatura normal. Vamos a tumbarnos, y nos tapamos con la otra manta. Si nos mantenemos juntos guardaremos más el calor…"
El camastro tenía una colchoneta con una funda de color indefinido. La sacudieron y la dieron vuelta. Se tumbaron juntos y echaron la manta seca que quedaba sobre ellos. Él la abrazó fuerte, apartando hacia atrás su pelo mojado. No había manera, el frío era insuperable. Al cabo de unos momentos, Brennan empezó a temblar de nuevo. Miró a su compañero a los ojos.
- "Sabes… no lo estamos haciendo bien. Es mejor que los dos estemos envueltos en las mantas, pero manteniendo contacto corporal para calentarnos. Piel con piel". Si hubiera tenido sangre circulando, se habría ruborizado intensamente, pero la sangre de ambos estaba aún bastante paralizada.
Se sentaron, echaron los dos otro trago de tequila y se deshicieron de la manta que envolvía a cada uno. Ninguno se atrevía a mirar abiertamente, pero por el rabillo del ojo Booth no podía evitar atisbar ese cuerpo que parecía de mármol blanco, con proporciones de Venus griega. Pusieron una manta debajo y los dos se envolvieron en otra. Se tendieron en el colchón poniendo la tercera manta por encima. Estaban apretados, tan confusos por la situación que ninguno se atrevía a decir nada. Acostados de lado, buscaron la mejor posición para estar cómodos. Los brazos de Booth la rodeaban, apretándola contra él. Por fin, uno junto a otro, podían sentir un mínimo de calor. Ninguno se sorprendió al comprobar lo bien que encajaban sus cuerpos. La cara de ella escondida en el cuello de él, sus hombros y brazos bajo los desarrollados músculos de los de él… todo él era duro, y al mismo tiempo, tan confortable y seguro. Por su lado, él estaba también empezando a sentir la tibieza del cuerpo femenino junto al suyo. O incrustado en el suyo, más bien, pues ella se apretaba cada vez más, dejando su completa anatomía adaptarse a la del hombre. A medida que recuperaba la temperatura corporal, el sentido del tacto volvía a su piel. Las manos de Booth se posaban abajo en su espalda, por debajo de su cintura, justo donde se empezaba a redondear ese trasero del que a veces no podía apartar la mirada. Al mismo tiempo, Booth también estaba empezando a sentir apretados contra su torso los pechos de ella, firmes y la vez tan suaves... Sintió que el calor le llegaba hasta los pies y sonrió.
Continuará... Un poco más hot, pero accesible a que cualquiera lo lea.
