En fin, qué más puede hacer una pareja que, aunque nunca lo han admitido están loquitos, el uno por el otro... si se encuentran aislados en medio de la nada, desnudos y envueltos en una manta, tienen frío y hay todo un fin de semana por delante...

Esto no es lo que parece... Parte III - Final

- "¿Por qué sonríes?" Él miró hacia abajo. La cara de ella estaba aún debajo de su barbilla.

- "¿Cómo sabes que sonrío?"

- "Porque te conozco, Seeley Booth, y sé que estás empezando a encontrar esta situación bastante divertida..."

- "La verdad es que me he encontrado muchas veces en peores circunstancias"

- "¿Te das cuenta de que es probable que hasta el lunes nadie nos eche en falta? Dijimos que no volveríamos al laboratorio si no encontrábamos algo relevante para la investigación, así que no les extrañará si no aparecemos. Y hoy es viernes, los teléfonos se han estropeado en el agua helada y no tenemos manera de pedir auxilio"

Brennan se movió un poco, echó la cabeza hacia atrás y le miró. Ay, esa mirada. Su cuerpo le volvía loco, pero esa mirada le puso en órbita. Booth estaba sintiendo que algo se descontrolaba por ahí abajo. Al estar tan pegados, ella lo sintió también

- "Eh, ranger... ¿Movimientos sospechosos en el flanco sur?"

- "Yo..., de verdad, Huesos, yo no..."

- "No te excuses, Booth. Es algo natural, es lógico. Es más, antropológicamente hablando es lo correcto. El sexo es el recurso más efectivo para incrementar rápidamente la temperatura corporal entre los animales de sangre caliente. Los pueblos inhuit..."

- "¿Inhuit?"

- "Esquimales, Booth"

- "Aaaah"

- "Pues eso, que tradicionalmente dormían en grupo, desnudos y apretados y no tenían reparo en la práctica de sexo, era cuestión de supervivencia". Las palabras de ella y sentir su cálido aliento estaban haciendo estragos en su mente, cosquillas en su cuello y cosas más evidentes por otras zonas de su anatomía.

- "¿Quieres decir con todo esto que no te opones a..." ya se imaginó que no, porque ella le estaba besando en el cuello. "Te advierto que en un par de minutos, esto alcanzará el punto de no retorno, como un avión cuando despega..."

- "Piloto, aquí torre de control. Pista despejada, confirme posición"

- "Afirmativo, comienzo maniobra...". Ambos se reían mientras rodaban ligeramente de forma que ella estaba ahora debajo de él, sus ojos brillando como dos estrellas.

- "Sabes, lo llevamos atávicamente impreso en nuestro código genético... seguramente desde la época de las glaciaciones..." No pudo seguir porque los labios de Booth cubrieron su boca. Ah, esa dulzura que llevaba casi un año extrañando, desde la historia del muérdago. Ahora, sin la mirada de Caroline sobre ellos, el beso se prolongó más aún, dejándolos sin aliento. Y mientras comenzaba el baile más acompasado, él siguió besando más y más abajo, descubriendo que no era mármol después de todo, sino la piel más sedosa y cálida, que pareciera hecha para ser besada. Paró para mirar otra vez su cara.

- "¿Qué?"

- "Temperace... ¿No sabes que eres preciosa?"

- "Tú tampoco estás mal, Seeley, pero... venga, no te distraigas". Ella había cruzado sus piernas rodeando las nalgas de él y le impulsó con ellas hacia arriba, a la vez que apretaba la pelvis contra su cuerpo.

- "Dra. Temperance Brennan, es usted muy exigente..."

Unas horas después, Temperance se despertó, cómoda a pesar de permanecer casi en la misma posición. Él la había liberado de su peso, pero sus brazos y piernas seguían entrelazados, y sus cuerpos compartiendo el contacto de la piel, en una agradable tibieza en medio de la noche helada. Por un momento salió la luna e iluminó a través de la ventana la cara de Booth. Dormía feliz, con expresión de chiquillo contento. Tan grande, y sin embargo le inspiraba tanta ternura... Un perfecto ejemplar de macho de la especie humana, al que un gran número de hembras elegirían seguramente para procrear... El pensamiento la sobresaltó. Ella siempre había proclamado que no tendría hijos, pero a la primera que se la había cruzado su "macho alfa", aquel al que su cuerpo, más que su mente, había reconocido, ya no estaba tan segura. Quizás se pudiera plantear tener hijos... Dios, si hasta estaba pensando en plural, ya no pensaba en un hijo, sino en hijos. Y no se le ocurría nadie más que pudiera ser el padre de esos hijos que Booth, naturalmente. Se volvió a quedar dormida sonriendo.

Booth despertó sobresaltado. Había soñado... ¡No!, era real, ella estaba allí, acurrucada en sus brazos. "Dios quién puede dudar de que existas", dijo para sí. Recordó todos los detalles. Aquello había sido maravilloso, mágico... grande. Se le recalentaba la sesera de pensar en adjetivos que pudieran expresar lo que había sentido... nada era suficiente. Se encontraba... completo, sí, eso era, completo. Nunca, nunca, había sentido nada igual. Miró su preciosa cara, tan relajada, tan inocente. Le recordó la fotografía que estaba en el expediente de la desaparición de sus padres. Cuando la había visto entonces, su expresión infantil de niña confiada le había inspirado un sentimiento aún más protector hacia ella y todo lo que tuviera que ver con ella. La abrazó más estrechamente, suspirando. Ella abrió los ojos y sonrió.

- "Sabes, Seeley, estaba pensando hace un rato que esto puede traer unas consecuencias inesperadas. Como este último año no he tenido pareja, no estoy tomando anticonceptivos... total, que he estado recordando la fecha de mi último periodo, haciendo cálculos, y ¡bingo! estoy en mis días fértiles. Así que como de puntería tú tampoco andas mal, y Parker es la prueba..."

- "¿Sería un gran problema?" Booth siempre se quedaba desarmado por la franqueza y sinceridad con que ella exponía las cosas

- "Creo que no. En realidad no sé por qué mi forma de pensar ha cambiado tan radicalmente, pero ya no me parece nada terrible"

- "Mejor, porque nos quedan un par de días sin nada más que hacer... y ya no me creo capaz de mantener la castidad, ¿y tú? "

- "Desde luego que no. Oye, Seeley, se me están quedando fríos los pies otra vez"

- "¿Y qué podemos hacer al respecto". De pronto la mano de ella se movió, cálida e interrogativa, hacia zonas delicadas. A su contacto, el cuerpo de él respondía como un instrumento musical bien afinado.

- "Iza la bandera, soldado, que el deber te llama...". La risa de ambos se ahogó entre le montón de mantas.

- "Pero hemos quedado en que esto que estamos haciendo no es fruto de nuestro raciocinio y libre voluntad sino que es más bien la respuesta a condiciones adversas desde le punto de vista antropológico, biológico y no-sé-que-lógi... " Esta vez fue ella la que no le dejó de terminar su parloteo, plantando su boca exigente en la de él.

La primera vez había sido mágica, la segunda totalmente placentera... Se encontraban relajados, felices..

- "¿Sabes de lo que me alegro?", a Booth le daba la risa al decirlo... "de haber venido contigo y no con Hodgins... ¿te imaginas? Aunque mira, él no se podría quedar embarazado". La Luna asomó otro poquito, iluminando con claridad plateada la cara de los dos.

- "Sí, tómatelo a broma.... ¿Ves?, para los esquimales el dios de la Luna es el que rige la fertilidad... y esa descarada ha salido dos veces, después de cada vez que nosotros... Y nos está mirando, Seeley". Él la escuchaba somnnoliento, sonriendo.

- "Yo quiero una niña", suspiró, antes de dormirse

El lunes a medio día, habían acabado con las latas de conservas y la botella de tequila estaba vacía. Las ropas de ambos estaban aún esparcidas por la cabaña, completamente tiesas e inútiles para ser usadas. Los del equipo de rescate les encontraron desnudos bajo las mantas. Llegaron en tres motos de nieve, con Ángela y Hodgins en una de ellas. Habían localizado el coche volcado, y desde allí, como les pasó a ellos tras su accidente, habían visto la cabaña.

Cuando irrumpieron en ella, con toda la preocupación de saber si se hallaban indemnes, ellos estaban otra vez ocupados en asuntos antropológicos, un poco perdida la noción del tiempo. Miraron con susto a los recién llegados (la boca de Ángela nunca les pareció tan grande como aquel día, ni los ojos de Hodgins tan pícaros)... Como si lo hubieran ensayado, ambos dijeron al unísono

- "Esto no es lo que parece..."

Fin

Tengo una secuela en diez capítulos que iré publicando si esta historia os ha gustado.

Paz