Tenìa muchas cosas que hacer, pero debía principalmente unirme al equipo de porristas-para eso debía hablar con Lauren la jefa

Tenìa muchas cosas que hacer, pero debía principalmente unirme al equipo de porristas-para eso debía hablar con Lauren la jefa de las esplendidas y actualmente de las porristas. No debía olvidarme del vestuario, es muy importante estar vestida como una perra para que no te ignoren y sobre todo ir con la frente en alto, no podía pasar desapercibida.

Mañana en mi primer día de clases después de las vacaciones de invierno-que duraron dos semanas-tenia que ser espectacular así que decidí ya empezar a planear el vestuario, maquillaje y peinado.

Luego de horas de decisión con la ayuda de Rosalie- que por cierto no estaba enterada del todo de mi plan-tuve que mentirle, como ella me dijo que vendrían unos chicos lindos para empezar el tercer bimestre con nosotros, le dije que me vestía linda para ellos deseando que no se diera cuenta.

Me fui a dormir con la ropa apoyada encima de la silla por si me olvidaba de algo o lo perdía y me desperté dos horas antes para arreglarme-aunque por lo general tardaba media hora. No bien me levante me fui directo a bañar, me lave el pelo con mi shampoo con olor a fresas, mi preferido. Me ricé el pelo-ya que siempre lo tenía muy lacio- y me lo até en una especie de media colita dejando afuera un mechón de pelo en forma de flequillo hacia el costado. Mi ropa era excesivamente llamativa, nunca me hubiera puesto eso en caso de no tener estos planes en la cabeza. Mi vestuario consistía en una falda roja de cuero excesivamente apretada y muy corta, se cortaba unos centímetros antes de la rodilla y tenía un tajo un tanto alto que no pasaba disimulado. Mi remera no sobrepasaba el ombligo, esta era blanca muy ceñida y relucía mi esbelto cuerpo. Abajo llevaba un corpiño rojo con encaje que estaba pensado a propósito para que se marcara y que el escote deje entrever las tiras. Mis zapatos no quedaban atrás, tenía unos tacones también rojos que sin duda no sabía como iba a hacer para mantenerme estable en ellos.

Mi maquillaje no era nada suave, me había sobrepasado con el delineador y mis labios relucían con un rojo sangre.

No podía olvidarme de los accesorios, llevaba tres anillos a juego con mi vestimenta y un par de aros redondos demasiado grandes.

Estaba lista para irme, solo tendrìa que esperar a que Rosalie terminara de alistarse y estarìa en el colegio poniendo en marcha mi plan. Gracias a esos interminables minutos de espera pude pensar en mi cambio, este fue brusco, nunca imaginé vestirme así, realmente era otra persona, una chica atrevida, una chica desenvuelta, una cualquiera, una zorra. Pero la pregunta era ¿Quería realmente convertirme en eso? ¿Sería demasiado para mi? ¿Podrìa conseguirlo?