Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic escrito por la talentosa Nike Femme.

¡Sorpresa! Aquí les tengo un regalito, el siguiente capítulo dos días antes… ¿por qué? Pues no voy a estar durante el Feriado. ¡Ah, verdad! Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.

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Warning: some mention of shounen-ai in this chapter. Brief and non-graphic but there. If such things offend you, please skip this chapter. And please, no flames. Or I'll sic Auric on you.

Advertencia: Este capítulo contiene menciones de shounen-ai. Breve y nada gráfico, pero ahí está. Si tales cosas los ofenden, por favor no lean este capítulo. Y nada de críticas. O si no, le diré a Auric que los ataque. (Nikke Femme)

For an explanation of the Chapter Title, please see the end of the story.

Para una explicación del título del capítulo, por favor vean el final de la historia. (Nikke Femme)


Full Circle
(Círculo Completo)


Capítulo 8: Conjunción

El olor a huevos con tocino fritos, mezclado con el aroma a café fuerte y fresco, penetró lentamente en la consciencia de Roy Mustang. Había una cierta intimidad en esta experiencia de despertarse de esa manera, pensó perezosamente, ya que eso implicaba que había permitido que alguien pasara la noche con él, lo que pasaba muy raras veces, a pesar de su reputación de mujeriego. Lo que le incomodaba era esa promesa adicional implícita en el acto de levantarse juntos, sin mencionar la invasión de su privacidad. Evidentemente algo diferente había ocurrido esta vez. Confundido, intentó unir las piezas de sus dispersos pensamientos. A ver ¿a quién había….

"Te despertaste. Buenos días."

Y el corazón de Roy dejó de latir mientras su mente saltaba cuatro años atrás.

Él recordaba que había estado casi a punto de irse a dormir. El viento había estado ululando alrededor del alero del ático, y la idea de su cálida cama lo había estado tentando durante toda la noche mientras se había obligado a sí mismo a terminar la tambaleante ruma de papeleo sobre su escritorio. Justo cuando acababa de firmar el último reporte con una relevante rúbrica y se estaba levantando para estirarse y quitarse la tensión de la espalda, había sonado un furioso martilleo en su puerta de entrada. Una descarga de adrenalina lo había sacado de su estupor y se había movido para contestar el llamado, deteniéndose sólo para colocarse sus guantes. Asumiendo que quien quiera que lo despertara a esta hora no tenía nada bueno en mente, él había invocado una llama en la punta de sus dedos antes de abrir la puerta de un tirón… para encontrar a Edward Elric parado ahí, mechones de cabello volando sueltos en el temporal, ojos dorados encendidos con una extraña mixtura de triunfo – y pérdida. "¿Acero?.. ¿Qué…."

Roy no había podido continuar ya que el joven alquimista había pasado por encima del umbral de la puerta de su casa, había cerrado la puerta de una patada, había levantado la mirada con determinación – y lo había besado ahí mismo. Sin vacilación, sin miedo, sin duda. Y, para su sorpresa, él se había encontrado a sí mismo respondiendo con creces. Tratando de recuperar su respiración, había intentado hablar, decir algo, cualquier cosa, para articular su confusión, pero se había encontrado silenciado por una tierna mano sobre su boca. "No digas nada", había susurrado Ed. "Por una vez, deja que ocurra." Y él había obedecido. El acto había sido desenfrenado, casi animalístico, y a su vez tierno por sobre todo; y cuando ellos habían yacido allí, en los brazos del otro, completamente agotados, él había pensado que su corazón le iba a explotar por todos esos inusitados sentimientos que este hombre – ¡este muchacho! – había despertado en él, sentimientos que había pensado hacía ya mucho tiempo estaban muertos y enterrados, y que él nunca había esperado ser capaz de – o no quería – sentirlos otra vez.

Él se había despertado la mañana siguiente en una cama que se sentía extrañamente vacía y había seguido el olor a huevos con tocino fritos mezclado con el aroma de café fuerte y fresco, hasta llegar a la cocina. Ed había girado desde su puesto en la estufa, sonriendo, y le había ofrecido una taza de café. "Te despertaste. Buenos días." Él había tomado la taza en silenciosa incomodidad en cuanto sus dedos se habían rozado, sintiéndose curiosamente inseguro en su propia casa, como si él fuese el intruso. El íntimo conocimiento físico de cómo se sentían aquellos dedos sobre su piel, y la forma cómo se había visto su rostro, vulnerable e iluminado por la luz de luna mientras lo miraba a él, ojos oscurecidos y labios entreabiertos, parecía fuera de lugar en la delgada y vacilante luz de la mañana. Ed había parecido estar contento de dejar a Roy en aquel silencio, inclinándose contra la barra de la cocina y estudiando el rostro de Roy cuidadosamente por sobre el borde de su propia taza, como si estuviese memorizando cada facción del hombre. Luego de repente, el rubio había suspirado, y su usual máscara desafiante nuevamente había aparecido en su rostro. "Gracias por la hospitalidad, Coronel. Lo veo luego," había gruñido mientras dejaba su taza en el fregadero y se volvía hacia la puerta. Roy lo había observado irse, atónito.

"Acero…Ed…" Se suponía iba a ser una interrogación, pero en vez de eso había sonado como una súplica. Esto lo había sorprendido, y, supuso, también a Ed, por la ligera vacilación en sus pasos.

El rubio se había detenido en el umbral de la puerta, pero no se había volteado. "Más tarde, Coronel. Oh, y…cuídate, Roy."

Más tarde. Cuídate. Él había tenido ocasión de recordar aquellas palabras más tarde de aquel mismo día, cuando llegaron para informarle que Edward Elric, el Alquimista de Acero, había desaparecido, presumiblemente muerto en alguna clase de accidente. Que el hermano menor de Edward Elric había sobrevivido y que se había despojado de su armadura, y que estaba balbuceando algo como que su hermano había muerto para salvarlo, y que no era justo, y que habían tenido que sedarlo porque continuaba retorciéndose violentamente, gritando por su hermano.

Hawkeye había organizado un servicio fúnebre. Él había asistido, como Comandante en Jefe, e incluso había soltado algunas frases apropiadas sobre la pérdida y la vida y el significado de la misma. Estaba seguro de que Havoc había llorado. Luego él había salido con Maes y se había emborrachado. Estaba seguro de que en ese momento Maes le había sonsacado la historia, porque su amigo había estado demasiado solícito durante la semana siguiente, a pesar de las reglas jamás puestas en papel de que su amistad le prohibía jamás traerel asunto a flote. Roy Mustang era un hombre brillante. Él sabía lo que supuestamente tenía que hacer, intelectualmente; incluso podía escuchar una cierta voz sermoneando acerca de seguir adelante y nunca hacia atrás. Él entendió que lo que había sucedido era la forma de cierto joven prodigio de decir adiós.

Pero él aún se aferraba a aquellas palabras y a la promesa implícita en ellas. Más tarde. Cuídate.

"¿Te encuentras bien?"

Roy regresó al presente al tiempo que una taza de café era empujada bajo su nariz. "Toma, esto probablemente ayude. Yo me pongo fatal en las mañanas sin mi dosis de café." Auric lo estaba observando con una familiar mirada leonina que no mostraba nada más que una vaga preocupación por el estado desorientado de Roy. "Tómatelo. Y luego deberías comer tu desayuno antes de que se enfríe, no hay nada peor que huevos revueltos chiclosos. Espero que no te importe si me serví primero, pero quiero empezar temprano y ver a Alphonse antes de su examen."

Inclinando su cabeza, Roy se tragó el dolor que amenazaba surgir desde la boca de su estómago con una hirviente bocanada de café.


Alphonse Elric puso lo mejor de sí para ignorar el revoloteante sentimiento justo debajo de su caja toráxica. Había estado practicando alquimia por años e incluso había aprobado el examen escrito para ser Alquimista Estatal a la edad de once años. ¿Cuán difíciles podrían ser los exámenes prácticos? El famoso Alquimista de Fuego lo había propuesto y era su patrocinador. Pan comido.

Así es.

Gruñó, desplomándose contra la pared. Esto no estaba bien. Él no debería estar aquí. Él debería de estar en su pequeña casa en Risembool con su familia, solucionando los pequeños problemas que surgían en la comunidad, que iban desde la sequía hasta un arado roto o un techo para un nuevo establo. Ed siempre había sido el fuerte, siendo el que se enfrentaba, protegiendo a su hermano menor de los males de este mundo. Alphonse era un firme creyente del hecho de que algunas personas nacían para ser héroes. Ellas podrían no querer serlo, pero tenían todas las características necesarias y sólo requerían de la correcta serie de circunstancias para despertar a su destino. Una de las más importantes características, tener buena voluntad, incluso deseo, de implicarse en los asuntos del mundo. Digamos, como el General Mustang, o incluso Ed, a pesar de sus protestas. Al estaba bastante contento de vivir su vida a una escala mucho menor, y muchas gracias por ello.

Él se preguntaba si existía el precedente de algún Alquimista Estatal que se haya convertido en ermitaño.

"Ánimo," se escuchó un divertido acento. "No debe ser tan malo. Yo lo pasé ¿no es así? No que yo recuerde cómo fue, claro está."

Al miró a Auric con pesimismo. El hombre de cabellos dorados se veía irritablemente animado y bien descansado. "De hecho tú querías aprobarlo, y aún sigues siendo el clasificado más jovenen los registros. Yo no estoy tan así de motivado."

"Es mejor que enlistarse," fue la negativa respuesta. "Vamos, muestra algo de tu lado fuerte, tú has pasado por cosas peores. Como casi haber muerto, por ejemplo. ¿Qué es lo que diría Ed?"

"Él me amarraría con alquimia para prevenir que me enliste, luego se iría a matar al General Mustang por el simple hecho de haber tenido algo que ver en todo esto," Al apuntó sarcásticamente.

"Oh, buen punto," meditó Auric. "Bueno, pondré eso último en mi lista de cosas por hacer, si gustas. No estoy seguro de que pueda hacer lo primero todavía, recién le he cogido el truco a esto de la alquimia…."

El resto de lo que iba a decir fue interrumpido ya que Al lo asió por los hombros, olvidando su ataque de nervios. "¿Recuerdas cómo usar la alquimia?"

"No del todo," admitió Auric. "Pero Mustang…me persuadió…para intentar activar un círculo sencillo. Resulta que el principio es bastante similar al control de energía que involucra trabajar con las Puertas. Y luego transmuté…."

"¡Tú transmutaste!" gritó Al mareado. Auric hizo una mueca e hizo un gesto con sus manos para que se callara.

"No es nada del otro mundo, es sólo una muy básica…."

"¡Es un inicio!..¡Oh, es maravilloso! Estoy seguro que serás fenomenal en eso, puedes leer todos los libros que hay aquí en Central y en la Biblioteca Nacional, y yo te enseñaré de la forma como me enseñabas, y…" Al continuó balbuceando entusiasmado mientras Auric lo arrastraba por el pasillo. El Guardián suspiró, sintiendo los inicios de una jaqueca por la tensión que ni aún el café de la mañanapudo mantener a raya. Al menos había mantenido la mente de Al lejos de los exámenes prácticos.


Maes levantó la vista con asombro cuando Auric entró tambaleando a su oficina y se desplomó en una silla, los ojos firmemente cerrados. Él dejó caer su nuevo álbum de fotografías, sólo para arrebatarlo de nuevo justo a tiempo ya que un sai se hundió estremeciéndose en la madera del escritorio a sólo una pulgada de su mano. Auric abrió un ojo y le dio una ceñuda mirada asesina. "Ni siquiera lo intente, Coronel."

"¡Hey, ése es un nuevo grupo de fotografías!" dijo Maes enfadado. "Espera un momento… ¿cómo hiciste eso sin ver?"

"Lo sentí," dijo brevemente Auric, sin molestarse en explicar. "Entonces. El General me dijo que debería pasar por aquí después de dejar a Al en las prácticas. El muchacho es una bola de nervios. ¿Alguna vez fui así de ingenuo?"

Maes sonrió con nostalgia. "Oh, sí. No que alguna vez lo hayas dicho, por supuesto. Tú eras un superficial, siempre buscando pelea. Yo siempre creí que era debido a que tú pensabas que la mejor defensa era un buen ataque."

Auric se encogió de hombros. "Y aún lo pienso así. ¿Tenías algo que decirme?"

Maes asintió. "Espera." Caminó hacia la puerta y le hizo señas a alguien para que entre. Auric levantó la mirada para ver a un hombre que parecía una inminente montaña rosada con un rizo en la mitad de su frente. "Auric, éste es el Mayor Alex Louis Armstrong, también conocido como el Alquimista del Brazo Fuerte."

"Encantado de conocerlo," dijo automáticamente Auric mientras se familiarizaba con el hombre, quien lo miraba solemnemente. Los ojos de Auric se achicaron. Esperen un minuto ¿el bigote de Armstrong estaba…vibrando?.. ¿Y acaso habían lágrimas en sus ojos? Y… de golpe, sus pensamientos fueron retirados de su cabeza cuando el gigante se abalanzó hacia él y envolvió sus fornidos brazos alrededor de Auric en un abrazo de oso, liberando una mano para despeinar su cabello vigorosamente mientras sollozaba. "Edward-kun…oh…no puedo creer que hayas regresado…."

"Aire…no puedo respirar…" resolló Auric. El gigante simplemente sollozó más fuerte. Bueno pues, no había otra cosa más por hacer – y se teletransportó hacia el otro lado del escritorio de Maes, causando que Armstrong diera un traspié hacia adelante sorprendido de que sus brazos de pronto se cerraran abrazando al aire. Las cejas de Maes treparon hasta el inicio de su cabello.

"Eso es… muy impresionante," dijo como una forma de entendimiento. "Um. Cálmese, Mayor. Orgullo de los Armstrong y todo eso. Más tarde ya tendrá tiempo para sus lágrimas y abrazos. ¿Podría por favor darle a Auric un resumen de lo que hemos descubierto hasta ahora sobre la identidad de los cuasi-asesinos del General Mustang?"

Armstrong tragó saliva una vez más, dándole una mirada triste a Auric, y se sentó, a pesar de que su espalda se puso rígida ante la invocación de la historia de su familia por el Coronel. "Sí señor."


"Se ve bien con uniforme," le dijo Riza Hawkeye como cumplido, mimando al nuevo calificado Alquimista Estatal Alphonse Elric, alias El Alquimista de Tierra (1). "Señor."

Al hizo una mueca. "Por favor ¿puedes dejar de hacer eso? Por alguna razónno parece correcto. Has sido como una hermana para mí durante todos estos años. Y nunca le dijiste a Ed 'Señor'."

La boca de Riza se movió ligeramente. "Él todavía era un niño. Ahora tú ya has crecido, eres un adulto. Y ahora que estás calificado, tienes un rango superior." Al se jorobó aún más, un hábito de sus días como una alta armadura.

"Sigue sin gustarme," suspiró.


"Sigue sin gustarme," dijo Auric rotundamente. "¿Por qué tengo que ser el aprendiz de Mustang? Ésa es apenas una posición donde puedo mantener el perfil bajo, y me mantiene lejos de Al. Sin mencionar que el hombre a veces puede llegar a ser bastante fastidioso."

Maes se quitó los anteojos y se pellizcó la nariz. "Tú sabes perfectamente por qué, Auric, así que deja de hacerte el difícil. Sería muy raro que Al contratara un aprendiz, dado que recién acaba de ser calificado como un Alquimista Estatal. El General Mustang tiene la antigüedad suficiente, el poder suficiente, y es sabido que tiene debilidad por Alphonse Elric. La historia de que él estuvo de acuerdo en contratar a un primo de los Elric como su aprendiz no es difícil de creer. Eso también explica bastante bien tu parecido con Al. Y dado que vas a ser familia, no parecería poco razonable que pases mucho tiempo con él." Sus ojos brillaron. "Ahora, lo interesante será hacer que todo eso suene como la historia encubierta que es."

Armstrong parpadeó. "¿Qué?"

Auric rodó sus ojos. "La gente de la cual estamos preocupados naturalmente va a sospechar que hay algo más en la historia, Mayor," sermoneó con pedante tono de voz. "Entonces ellos empezarán a investigar. Y lo que van a encontrar será que en realidad yo estoy en un operativo para Inteligencia Militar, trabajando para el Coronel y haciéndome pasar como aprendiz de Mustang. Eso va a satisfacer bastante sus pequeñas teorías conspiradoras y no indagarán más a fondo. Entonces, las preguntas que me hagan van a ser atribuidas a mi trabajo 'real' en Inteligencia Militar, y ellos estarán enceguecidos por su propio sentido de superioridad al haberme 'descubierto'. Mientras tanto, ellos asumirán que mi interés en la alquimia es estrictamente para sostener la ficción de mi historia encubierta y que tengo cuando menos una habilidad mínima, cuando la verdad es que estaré trabajando para recuperar el conocimiento que tenía. ¿Entiende?"

"No todos podemos ser niños prodigios en una combinación de capa y dagas, Auric," Mustang le reprochó agriamente desde la puerta.

La cabeza de Auric se levantó de pronto y miró fijamente al General, pero tuvo la gracia de no parecer disgustado. "Yo nunca dije que fuera uno," musitó. "Lo siento, Mayor…yo sólo…es que es mucho con lo que tengo que lidiar, eso es todo. Y he estado inquieto todo el día." Se sobó la nuca. "Necesito ejercitarme."

"Yo voy al gimnasio a menudo para entrenar," ofreció Armstrong, calmado y sin alterarse. "Es bienvenido para acompañarme. No me molestaría tener un compañero de lucha."

"Eso me gustaría," sonrió Auric sorprendido. "Gracias."

Mustang sonrió maliciosamente. "Excelente. Yo no podría contratar a un aprendiz incapaz de defenderse en un duelo. No se puede entrenar la mente a su potencial sin entrenar también el cuerpo."

Auric estuvo a punto de estallar, pero se rehusó a picar el anzuelo. "Sólo no esperes que te diga amo," finalmente rechinó. "Eso es reservado sólo para tus perros de guerra."

"Tú una vez accediste ser un perro de los militares…a cambio de un precio."

Un cargado silencio cayó, Maes y Armstrong conteniendo la respiración mientras que el aire entre Auric y Mustang crepitaba con invisible electricidad. Finalmente, Auric dijo con una voz extraña y sin inflexión, "Equivalencia de Intercambio."

Mustang asintió. "Conservación de la Energía. Ayúdame a cambiar todo esto. Préstame tus habilidades, tu fuerza y tus poderes para terminar con esta guerra…para cambiar este mundo."

"Jura que mantendrás a Al entero y a salvo. Jura que luego que esta guerra termine él verá de nuevo a Winry y a Risembool. Y lo haré…cueste lo que cueste."

Asintió. "Lo juro. Por la memoria de la persona a quien amé. Y que aún amo." Más tarde. Cuídate.

Auric frunció el ceño ante el curioso tono en la voz del hombre y lo guardó en la mente para preguntarle en el futuro, sin embargo pudo sentir la sinceridad en la voz de Mustang. "Entonces nuestro contrato está negociado, sellado y con testigos presenciales," dijo utilizando las palabras formales usadas por todos los Guardianes, inclinando su cabeza ligeramente. "Estoy bajo su servicio hasta que nuestro contrato concluya, o usted me libere del mismo, o mi muerte lo disuelva." Se enderezó, añadiendo socarronamente, "Me sorprende que el Gremio no haya incluido una cláusula considerando a la amnesia como una razón válida para el término de un contrato. Un asunto delicado, creo yo."

"Auric,"cuestionó Maessuavemente, "¿sólo tu muerte disuelve el contrato?"

El Guardián asintió. "Es una cuestión de honor. Incluso si nuestro cliente muere sin que lo hayamos buscado, estamos moralmente atados a honrar nuestro contrato. No puedes seguir adelante hasta que no hayas dejado atrás tu pasado." Una expresión fantasmal cruzó el rostro del General, y Auric de nuevo frunció el ceño al notar que Maes le dirigía al hombre una mirada de preocupación. Al parecer todos tienen un pasado, pensó, moviéndose nervioso en su sitio al sentirse incómodo por ello.

Todos dieron un salto en cuanto Armstrong se echó a llorar. "¡Todo esto es tan noble y sacrificado! Eso me recuerda una tradición que ha pasado de generación en generación en la familia Armstong que se refiere a …."

Auric dirigió su mirada hacia Mustang. "Entonces, venerable Alquimista de Fuego… ¿conoces alguna solución alquímica para callarle la boca a alguien?"


Nota de la Autora:

Conjunction is the fourth operation in alchemical transformation. It is the coming together of the opposing archetypal forces of the Sun and Moon or the King and Queen.

Earth is one of the Four Elements of alchemy. Earth in the alchemical sense carries the archetypal properties of manifestation, birth, and material creation. It is associated with the operation of Conjunction and represented by the green ore of copper.

Conjunción o Unión es la cuarta operación en la transformación alquímica. Es la unión de las fuerzas opuestas arquetípicas del Sol y la Luna o del Rey y la Reina.

Tierra es uno de los Cuatro Elementos de la alquimia. Tierra, en el sentido alquímico, lleva las propiedades arquetípicas de manifestación, nacimiento y creación material. Es asociada con la operación de Conjunción y es representada por el mineral de cobre.

Nota de la Traductora:

(1) En realidad, el título de Alquimista que recibe Al en este fic es el de 'Earth Moving Alquemist', o sea 'El Alquimista que Mueve la Tierra', 'El Alquimista Mueve-Tierra', 'El Alquimista Movedor de Tierra'… y lo vi bastante extraño para esta traducción, así que yo, por iniciativa propia, lo reduje. Pongo esto en claro en caso alguien leyera el original en inglés y luego me critique por ello… sorry.

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¿Les gusta el fic?.. me gustaría saberlo.. ¡Review!

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