Disclaimer: I don't own any of them
Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.
Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.
Les tengo un notición… vean el final del capítulo para enterarse.
Full Circle
(Círculo Completo)
Capítulo 12: Esperando por un Héroe
Auric movió sus hombros incómodamente dentro de los desacostumbrados pliegues de su nuevo abrigo. El abrigo que cierto Coronel le estaba haciendo usar. Al menos se le había permitido pasar un cuchillazo por las mangas de la chaqueta para asegurar que sus guantes estén sin la carga del exceso de tela. Probó la salida y entrada de los guantes de forma experimental, luego flexionó sus rodillas levemente, probando el rango de movilidad de las prendas. Bien. Todo en orden, y al menos se le había permitido mantener sus propias botas. No se podía decir lo mismo de su cabello, el cual tiraba de la parte posterior de su cabeza de una manera inusual. Él sabía que sólo los viejos hábitos eran difíciles de dejar, pero de todos modos éste era un cambio, y él no estaba tan apegado en cambiar sus hábitos personales, dado que todo lo demás en su vida parecía determinado a permanecer en un constante estado de cambio e incertidumbre. Maes paseó a su alrededor una vez más, los ojos entrecerrados, un dedo pasando áspero por un lado de su barba, pensativo. "Sí. Sí. El cuello abierto desabotonado te asienta – muy gallardo. Hmm. Ese sai metido en tu cinturón está arruinando la línea del abrigo. No se supone que tú debes…"
"No," dijo Auric rotundamente. Él a las justas había tenido dos horas de descanso desde que se había cerrado la Puerta, sus huesos le dolían, el café estaba frío, y extrañaba su antiguo atuendo. Él no se sentía tremendamente inclinado a comprometerse en ese momento.
"Oh bueno, supongo que una vez que estemos en medio de la batalla eso no va a importar," suspiró Maes. "¿Te sientes cómodo?"
Auric le disparó una mirada irritada. "No. ¿Cómo te sentirías en esta presentación?.. ¡Soy prácticamente un blanco andante!" Pero él sabía que eso no era del todo verdad. El verdadero problema que lo inquietaba era que estas ropas se sentían… demasiado cómodas. Demasiado familiares. Como si se las hubiese puesto cientos de veces, a pesar de que eran nuevas. Incluso le quedaban razonablemente bien… esperen un minuto… miró acusadoramente a Maes. "Tú planeaste todo esto desde un principio, ¿no es así?"
"Yo consideré esa posibilidad desde un primer momento, sí," admitió Maes. "Ésta es una guerra, necesitamos todas las ventajas que podamos tener, incluso las psicológicas. Alphonse se las ingenió para darme tus medidas. Además, tú mismo dijiste: Ed es el mejor para cierto tipo de trabajo."
Auric gruñó. "Yo no soy Ed. Y detesto jugar a ser el héroe."
"Pues pudiste haberme engañado allá en la Puerta. De todas formas, la percepción es nueve de diez la realidad," dijo suavemente Maes. "Al menos sabes aparentar ser él y sí sabes usar la alquimia. Así sea o no el Maestro de Disfraz, yo ni siquiera conseguí hacerlo… la única vez que Roy intentó enseñarme alquimia básica, estuve a punto de hacer un agujero en las tablas del piso, y a Gracia le tomó días para quitar el olor de los cuartos. Sin mencionar que mis hermosas facciones no van con tu coronada gloria."
Auric bufó, recorriendo tímidamente una mano sobre su dorado cabello. "Yo ni siquiera puedo hacer que mi cabello quede alineado, desearía que la gente deje de hablar sobre eso."
"Ése es uno de tus rasgos más característicos, Auric," apuntó Maes. El Guardián lo miró tercamente y Maes suspiró. "Mira…la gente necesita de héroes. Los héroes nos hacen creer…que lo imposible se puede lograr. Y resulta que tú pareces ser el hombre correcto en el lugar correcto en el momento correcto. Lo siento. Afróntalo," dijo, no sin dejar de sentir simpatía, sonando no como soldado sino más bien como el padre que era.
"¿El General estaba metido en esto?" preguntó resignado el rubio.
Maes negó con su cabeza. "No pude contarle – él nunca hubiera estado de acuerdo." Por alguna razón eso hizo que Auric se sintiera ligeramente mejor. "Ahora recuerda, nuestra ventaja recae en la sorpresa y la ofensiva."
El Guardián rodó sus ojos en exasperación, luego su cara hizo una mueca ante el súbito hincón de dolor en su cabeza mientras luchaba por quitarse una oleada de mareo. "Por favor. La sorpresa es una de las fortalezas clave del Gremio. Y estoy seguro de que 'Ed' podrá manejar la segunda parte de tu afirmación, el pequeño boca-floja. Sin embargo debo admitir que existe algo de refrescante en ese candor."
"Me refería a la ofensiva como lo opuesto a un acercamiento defensivo, pero de cualquier forma tienes razón," dijo Maes, sonriendo nostálgicamente. "Oh, casi me olvido - ¡el toque final!" Auric miró escéptico a las cosas que se agitaban ante su rostro.
"No puedo usar esas cosas. Eso no me dejaría sentir mis armas."
"Tienes que hacerlo, al menos al inicio - ¡es parte del paquete!" argumentó Maes. "Mira, sólo tienes que ser visto con ellos y luego te los puedes quitar, ¿está bien? Ahora tenemos que irnos. ¿Listo?"
Auric se palpó de arriba a abajo en un chequeo final, luego sacó sus sais y los hizo girar experimentalmente, dándole un ojo agudo a las nuevas runas en sus hojas y empuñaduras. "Sí…oh, espera. ¿La última comunicación desde el frente no había dicho que se estaban acercando nubes de tormenta?"
"Sí. ¿Qué con eso?"
"Casi olvidé mi regalo para el General. Voy a necesitar que sacrifiques dos…no, quizá tres de esos marcos de fotos plateados sobre tu escritorio. Y tráeme café mientras estás allí, ¿sí? Tan caliente como lo puedas preparar, y un chorro de whiskey, si tienes un poco."
Maes palideció. "¡No las fotografías de Alicia!"
Frío. Tan frío.
Roy detestaba tener frío. Él sabía que en teoría, el frío técnicamente no existía – simplemente era una palabra utilizada para describir la ausencia de calor. Pero la vida le había enseñado algo más. El frío era una cosa viviente, una rencorosa e insinuante criaturita que lento pero seguro, trazaba su ruta hacia tus huesos. Él odiaba la forma en que parecía filtrarse a través de los más gruesos uniformes, subiendo en espiral alrededor de los extremos de las mangas y bajo los abrigos, haciendo que sus manos se sientan lisas, entumecidas, tiesas y frías al mismo tiempo. Y sus guantes no estaban ayudándolo mucho, ya que habían sido diseñados para otro propósito.
¡Chasquido! Y otro escuadrón de soldados de Dachma cayeron gritando bajo las llamas. Roy ni siquiera había girado su cabeza para mirar. Él sabía muy bien lo que vería, y después de todo, él tenía que mantener una imagen para sus hombres. Ellos no necesitaban observar la agonía y el dolor escrito en el rostro de su líder. Los rasgos normalmente considerados elogiables, incluso deseables, en un líder – empatía, compasión, una moral acompasada – no tenían lugar en el campo de batalla una vez que se comprometía a un determinado curso de acciones. Tú simplemente llevabas a cabo tu deber, porque habían compañeros que dependían de ti, gente que podía morir si vacilabas por más de un segundo. Es mejor sangre en tus manos que una tumba a tus pies. O así se dijo a sí mismo mientras el juramento que había hecho hacía tanto tiempo en un campo de batalla en Ishbal estallaba en llamas y se desmenuzaba en cenizas.
¡Chasquido! Y así tal cual, la batería de artillería que había estado cubriendo la retaguardia de las fuerzas de Drachma sucumbió en llamas, las cajas de municiones que explotaban hacían un particular sonido de satisfacción en cuanto detonaban. Él había sido cauteloso al dejar algunas cajas sin tocar, y podía ver a los no-oficiales forzándolas, repartiendo cartuchos y granadas para los hombres. Los sonidos de la guerra formaban un gruesa niebla alrededor del pelinegro, arremolinándose y espiralándose, ahora aquello que se avecinaba se hacía más claro, ahora era esto. Soldados encerrados en combate hombre-a-hombre de la forma más mortífera. Círculos de transmutación brillando en los guantes y en el suelo. El agudo y amargo olor de pólvora mezclado con el sangriento olor a muerte y a hedor de carne quemada. Y en medio de todo eso, caminaba la alta figura del Alquimista de Fuego, austera e intocable, su largo abrigo ondeando de un lado a otro a su alrededor. Los hombres cantarían luego canciones y contarían historias sobre aquellos ojos que parecían carbón ardiente en ese frío rostro inexpresivo, de cómo había repartido muerte tan fácilmente, casi sin preocupación, sólo con un chasquido de sus dedos. "Nuestro General" susurrarían orgullosos. "Él estuvo aterrador con su rectitud. Él nos salvo a todos. Él fue un héroe."
Eso hizo que Roy sintiera ganas de vomitar. O quizás meramente era el frío. Una tormenta se avecinaba. Él sólo esperaba que se mantenga alejada lo suficiente para terminar de llevar esto a cabo.
Un soldado se apareció corriendo, jadeante. "¡Señor! Estamos cerca del frente, señor, el enemigo está atrapado entre nuestras dos fuerzas."
El General asintió distraído. "Pásele la voz al Alquimista de Tierra y al Alquimista del Brazo Fuerte, vamos a necesitarlos aquí."
"¡Sí, señor!" y el muchacho salió disparado. ¿Muchacho? Después de todo, ese corredor tenía cuando menos veinte años. Y a la vez parecía tan joven. La juventud era relativa después de todo. Él mismo se había considerado absurdamente como muy joven para su rango – la guerra tenía una manera de disminuir la jerarquía militar rápidamente. Y él había conocido a un par de niños que parecían de lejos mucho mayores cuando tuvieron la mitad de la edad de ese muchacho. Uno de los cuales se estaba acercando a su costado en este momento.
El rostro redondeado de Alphonse Elric estaba cubierto de sudor y sus guantes estaban salpicados de tierra y lodo debido a su esfuerzo. Se secó su frente toscamente con el dorso de su mano, dejando una mancha marrón que cruzaba su ceja. "General, ¿me necesitaba?"
"Sí, Mayor. Vamos a intentar cerrar la brecha entre nuestras dos fuerzas." Él no necesitó decir nada más ya que el rostro de Al se endureció y asintió. Ellos se quedaron en silencio por un momento, contemplando lo que se les exponía más adelante. Finalmente Al se agitó.
"Señor…usted no ha sabido nada del…Coronel Hughes, ¿cierto?"
Roy sabía lo que él realmente quería decir. "No. Pero Auric aún estaba consciente cuando los dejé. Él es la persona más fuerte que conozco, Alphonse. Él lo va lograr." Al se mordió el labio.
"General." Armstrong se había acercado por detrás, extrañamente silencioso para alguien de tan gran tamaño. Sus mejillas rosadas estaban trazadas con lágrimas, pero él se mantenía rígido, sólo el ligero tic nervioso de su bigote traicionaba el dolor en la que esta delicada alma se encontraba. Roy asintió, sonriendo, pero no hubo ninguna alegría en ese gesto.
"Entonces, caballeros, ¿Nos vamos?"
"Bueno, ¡eso fue algo diferente!" dijo ahogadamente Maes mientras Auric soltaba sus hombros sin ninguna gentileza. Después que habían intentado contactar sin ningún éxito la fuerza secundaria que lideraba el General, el Guardián los había teletransportado al sitio donde inicialmente él había colocado la señal, el que ahora asemejaba haber sufrido de una estampida de vacas, el panorama estaba tan destrozado y diezmado. Auric cayó con una rodilla al suelo, sintiéndose enfermo ante la carnicería que lo rodeaba. Él y Alp acostumbraban siempre a ir al frente por turnos, porque de otra forma se hacía insoportable – el olor, la sangre, el dolor. Poniendo sus sentimientos determinantemente a un lado, revisó el área con agudos ojos, los que parecían no perder nada de vista, lo que le hizo a Maes recordar a un depredador en plena cacería, ojos dorados brillando como los de un gato en la oscuridad.
"Parece que el General ha hecho un buen trabajo señalando el paso," dijo Auric neutralmente, levantándose y empezando a caminar con decisión. "Por aquí. Nos tardaremos en alcanzarlos, ¿Estás listo?"
"¿No podrías simplemente teletransportarnos hasta allá?"
"Podría si supiera dónde queda ese allá," dijo Auric algo áspero. "¿Salvo que quieras que te suelte justo en medio de la líneas del frente?" Se puso rígido en cuanto una helada brisa los apaleó. "Esa tormenta se está moviendo más rápido de lo que pensaba," murmuró. "Estará aquí justo antes del amanecer."
El rostro de Maes se oscureció. "Entonces, vámonos."
El Alquimista de Fuego contuvo un grito de dolor mientras una bota aterrizada en sus costillas. Una vez más. "Ah, Mustang. Mi fiel perro. ¿Cómo pudiste guardarle secretos a tu Fuhrer?" su torturador sonaba casi cordial, como siempre lo había hecho.
"¡Traidor!" dijo Roy entre dientes, levantando apenas su cabeza del lodoso y húmedo suelo. Eso le ganó otra relajada patada. Él ya estaba comenzando a delirar por el dolor, él lo sabía – su visión estaba empezando a hacerse borrosa. ¿O tan sólo era la lluvia? La tormenta había llegado sobre el campo de batalla hacía media hora, justo antes del amanecer, oscuras nubes de lluvia que se abrieron y liberaron láminas de congelante aguanieve y lluvia, apagando las llamas y dejando al infame Alquimista de Fuego…completamente indefenso. Armstrong y Alphonse Elric habían hecho lo mejor para levantar la moral, pero los soldados de Amestris estaban comprensivamente asustados por la súbita pérdida de una de sus mayores ventajas. Aún así, ellos habían continuado batallando valientemente, y por un momento había parecido como si no todo estuviera perdido. Y fue entonces que habían aparecidos los homúnculos.
Mustang luchó por permanecer despierto. Le dolía el respirar – estaba muy seguro de haberse fracturado algunas costillas, pero al menos sabía que no se había perforado ningún pulmón si todavía podía inhalar. No que eso realmente le importara, ya que la probabilidad de que fuera a morir era bastante alta – en realidad, eso era más que seguro, considerando la situación.
El Fuhrer. No sólo en alianza con los Homúnculos, sino que era uno de ellos. El alquimista estaba sorprendido de cuán calmadamente estaba reaccionando ante esas revelaciones – acaso el latente fatalismo de Auric estaba empezando a traspasársele. O era que su cuerpo estaba a punto de entrar en shock. Él se preguntaba si volvería a ver al rubio Guardián y decidió que no. Él se preguntaba si volvería a ver a Edward Elric en cualquier mundo que lo esperaba más allá de éste y decidió que finalmente sí. De seguro una de las compensaciones del más allá tenía que ser el regreso de tus recuerdos.
¿Cómo alguien podía haberlo sabido? La verdadera guerra no era entre Drachma y Amestris. Los conflictos habían sido azuzados por los Homúnculos para sus únicos propósitos de debilitar a los humanos que ellos despreciaban y a la vez añoraban ser. Y para obtener más vidas que fortalezcan las incompletas Piedras Filosofales que les habían dado vida. Roy cerró sus ojos. Con razón Edward Elric había sido un ateo. A él le había sido difícil tener fe en la bondad de cualquier poder supremo en aquel entonces. Él podía escuchar los remotos gritos de los hombres muriendo, y entonces una cálida oscuridad empezó a inundarlo. Él le dio la bienvenida como un respiro a la fría lluvia que caía a cántaros sobre su impotente cuerpo, a pesar que el entumecedor frío disminuía el dolor de los agujeros en su costado hechos por las puntas de aguja de Lujuria cuando ella lo había arrastrado y volcado bruscamente a los pies de su líder.
"¿Qué es esto?" el Fuhrer – no, Orgullo – preguntó burlonamente, tocando el rostro de Roy con la punta de su bota, regresándolo rudamente a la dura realidad. "No te me vayas a dormir ahora, Fuego, quiero que veas esto. El principio del fin de tu amado Amestris."
Roy giró su cabeza rígidamente. Pudo distinguir a Alphonse Elric luchando con Envy, y mientras observaba, el Homúnculo alteraba su forma como si fuera algo habitual. El rostro del alquimista se retorció en repulsión mientras Envy le sonreía ampliamente con la sonrisa y el cabello de Ed y con…no, no con los ojos de Ed. Nunca los ojos de Ed, porque los ojos eran los espejos del alma, y eso era una cosa que ningún homúnculo podía falsificar. Orgullo meneó su cabeza con nostalgia. "Lástima que el otro chico Elric también tenga que morir, tan lindo muchacho. No hay duda que él fue quien te trajo hacia la retaguardia de las líneas de Drachma, ¿eh? Muy impresionante, me tendrás que decir cómo hizo eso. Por supuesto, podríamos dejarlo vivir y hacer que él mismo nos lo diga, pero eso arruinaría el espíritu de los soldados para ver a sus héroes caer de una forma dramática – una táctica psicológica muy útil, eh, ¿General? Recuérdeme de escribirlo en el Manual del Oficial, ¿sí?"
Todo esto era su culpa, pensó vagamente Roy. Si hubiera sido más observador, si hubiera sabido que había algo malo en el Fuhrer además de una general monomanía, si me hubiera movido más rápido en llegar al poder para detener esto…. "Pudiste, Debiste, Deberías," dijo una irritada voz en su cabeza, y él casi rugió de regocijo al reconocer que era la voz del mayor de los hermanos Elric. "Levanta tu perezoso trasero y has algo al respecto, ¡Coronel bastardo!"
No puedo, contestó Roy. Me siento tan cansado Ed. Y te he extrañado tanto. No sabía cuánto podía extrañarte hasta que te fuiste.
Sí puedes. Al te necesita. Y la ayuda ya está en camino. Sólo cree.
¿Creer? El delirio debe de estar afectándote a ti también, ya que sólo eres un producto de mi imaginación. ¿Desde cuándo Edward Elric se ha convertido en un creyente?
No dije que creas en Dios, vino la sarcástica respuesta. Cree en mí. Espera por un héroe.
Los héroes son para los niños y los cuentos de hadas, Ed.
Siempre es más oscuro antes del amanecer, bastardo, ¿nunca nadie te había dicho eso? Observa, está empezando a amanecer.
Roy elevó su cabeza. Habían realmente franjas rojas empezando a teñir el horizonte, luchando por atravesar las oscuras nubes de tormenta que envolvían el campo de batalla. Orgullo estaba observando cómo lentamente Envy tomaba ventaja en su pelea con Alphonse, Mustang olvidado temporalmente por el momento. Lenta y dolorosamente, Roy retiró una mano de su protector agarre a su caja toráxica, y silenciosamente empezó a trazar con su dedo sobre el lodo. Ya que no tenía fuego para actuar – él todavía era un Alquimista Estatal ¿no es cierto? Un círculo de transmutación se empezó a formar bajo su mano, uno pequeño – el tamaño no importaba, más para sorpresa de los 'novatos'. Los círculos más grandes simplemente eran más fáciles de dibujar, pero en tanto los símbolos estén trazados claramente, un pequeño círculo podía ser tan poderoso como uno grande. Él dobló sus dedos experimentalmente, luego sumando los últimos vestigios de su fuerza, dejó que su mano cayera sobre el círculo.
Envy aulló de sorpresa cuando el suelo se levantó repentinamente bajo sus pies, rompiendo su agarre de Alphonse. Tomando ventaja de esta bendición del cielo, Al brincó hacia atrás y juntó sus manos en un aplauso, transmutando la primera cosa que tuvo a la mano, lo que resultó ser un rifle caído. Haciendo regresar su brazo, lanzó el nuevo arpón creado al sorprendido Homúnculo, sujetándolo al suelo. Envy se retorció furiosamente. "¡Tonto!.. ¡Esto no me detendrá por mucho tiempo!" gruñó mientras tiraba del mango, ignorando las lágrimas en su carne mientras se retorcía para arrancárselo.
Orgullo se volteó para mirar la casi desfalleciente sonrisa socarrona de Mustang. "Pero, General, Yo no sabía que tenía eso dentro suyo. Un gesto tan noble, una vez más tratando de jugar a ser héroe, pero en última instancia, un gesto tan…frívolo." Deliberadamente se paró sobre la mano de Mustang, ignorando educadamente el aplastante grito de dolor mientras presionaba aún más profundo su talón. Su víctima musitó algo, ya cercano al estado de inconsciencia. "¿Qué fue eso, Fuego? Ni siquiera te oigo bien, me temo. Con todo ese gemido y gruñido, sabes."
Roy se lamió sus agrietados labios, saboreando el escozor de sangre y lágrimas en su lengua. "Dije…que no estoy jugando a ser héroe. Estoy…esperando uno." La mirada desconcertada en el rostro de Orgullo valió la pena todo el esfuerzo que le había tomado para articular claramente.
"Está empezando a fastidiarme, General," dijo siniestramente el Homúnculo. "Creo que me gustaría mucho verlo sufrir." Sacó su sable ostentosamente. "¿Acaso será primero su mano?" La hoja brilló roja bajo los rayos del sol naciente mientras la levantaba en alto, y Roy cerró sus ojos, esperando el golpe…que nunca llegó. En vez de ello se escuchó un grito de dolor, y abrió sus ojos, esperando el caos, sólo para ver a Orgullo tambaleándose hacia atrás, agarrándose el lado izquierdo de su rostro, donde algo parecido a una daga había perforado su parche y se había incrustado hasta el mango, la punta de la daga saliendo prominente por la parte posterior de la cabeza del Homúnculo.
"Sabe, el problema con todos ustedes, los del tipo dictador, es que hablan demasiado," comentó secamente una voz ronca.
Roy medio-giró su cabeza para mirar a su salvador – y de pronto dejó de respirar. Quizás él sólo había estado soñando durante los últimos minutos y de veras ya había muerto. Porque parado allí, brillando en la luz del día – estaba Edward Elric. Su cabello dorado y sus ojos emanaban chispas donde la luz del sol los tocaban, su trenza volando por detrás, el abrigo rojo ondeándose en la brisa mientras hundía sus manos en los bolsillos de su pantalón en una forma despreocupada, una sonrisa cínica en sus labios. "¿Ed?"
Nota de la Traductora:
¡Sorpresa! Adivinen qué… Neferyami con su gran talento ha publicado en DeviantART cuatro bocetos de Auric… Sí… Auric…. Están buenísimos… al igual que todos sus trabajos; pueden encontrar los links en mi profile, que lo disfruten.
Gracias por haber hecho que este trabajo de traducción haya llegado a los 100 reviews, el fic se merece muchos más… ¡dejen review!
