Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.

Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.

xXx

For an explanation of the Chapter Title, please see the end of the story.

Para una explicación del Título del Capítulo, por favor vean el final de la historia. (Nike Femme)


Full Circle
(Círculo Completo)


Capítulo 13: Amanecer

Polvo, humo y pólvora por doquier, precipitándose en el suelo, y en las lenguas y en los dientes y en el cabello y en los uniformes, oscureciendo la visión y entumeciendo la percepción. Esto era como Ishbal otra vez, pensó Maes Hughes, parpadeando para quitarse las lágrimas y legañas a través de los anteojos empañados por la lluvia, sus pies casi resbalándose en la lodosa mezcla de barro y sangre espesa bajo sus pies mientras trazaba su camino por entre las zanjas y trincheras cavadas en el suelo mientras intentaba ubicar su unidad. Pie izquierdo, pie derecho, una tortura de nunca acabar que hacía que sus músculos le dolieran ya que no se decidían por ninguna clase de ritmo coherente mientras luchaban por mantenerlo derecho. Todo lo que había a su alrededor eran hombres luchando entre ellos, sobrevivir era la única consigna, y él estuvo forzado a sacar el arma que tenía en su costado un par de veces para insertar una bala en la cabeza de alguna pobre alma cuyo único pecado había sido estar aquí. Oh sí, Ishbal otra vez, excepto que Roy no estaba junto a él. Pero esta vez eso estaba bien, porque Auric podía cuidar de Roy, él sabía que lo haría, y no solamente debido a ese maldito contrato. Él sólo esperaba que Roy no lo quisiera incinerar en cuanto descubra la artimaña que su mejor amigo había maquinado. Acaso si amenazara al Alquimista de Fuego con todas sus fotos de Alicia….

"¡Señor!" y un rostro conocido apareció de entre la oscuridad a su derecha. Era el Mayor Armstrong, luciendo mucho peor que su vestimenta. Si bien es cierto que la ausencia de su camisa no era algo inusual, sí lo eran las rasgaduras y cortes que estropeaban su físico, así como la expresión avergonzada que llevaba. Hasta el pequeño rizo rubio que normalmente colgaba orgulloso y rígido en su frente estaba débil y desaliñado.

"¡Mayor!" Qué bueno que esté bien," dijo Maes aliviado. "Pensé que habíamos llegado demasiado tarde. Auric se fue a buscar a Alphonse. ¿En dónde se encuentra el General?"

El regordete rostro sonrosado de Armstrong hizo una mueca terrible, y su bigote tembló como dando un mal presagio. "Nosotros…lo perdimos."

Maes se separó de él atontado, una parte de él rehusándose a escuchar lo que Armstrong estaba diciendo, intentando convencerse a sí mismo de que no había escuchado bien en medio de los gritos de los heridos y moribundos. "¿Lo perdieron?.. ¿Quieres decir que está muerto?" No. No. Roy no podía morir en manos de algún modesto soldado de Drachma, él era el Alquimista de Fuego, como para gritarlo a voz en cuello, la única razón por la que Maes aún estaba aquí en esta maldita armada. Para vigilarle la espalda a ese arrogante idiota y hacerlo Fuhrer. Para ayudarlo a cambiar el mundo.

"No…los homúnculos se lo llevaron ante el Fuhrer," dijo Armstrong entre hipos. "Alphonse-kun fue tras él y no ha regresado."

"¿Qué tienen que ver los homúnculos con el Fuhrer?" soltó Maes en confusión. Y de pronto una enfermiza y horrible comprensión le cayó encima como una tonelada de ladrillos, igualmente todas las piezas del rompecabezas encajaron perfectamente con un efectivo y ordenado click. Las repentinas hostilidades de Drachma. Los reclamos de ambas partes de que era la otra parte la que había violado primero el pacto de no-agresión. Las incontables conspiraciones hechas por varias facciones para lanzar aspersiones contra la reputación de Mustang y hacerlo arrestar – los múltiples atentados contra la vida de Roy, especialmente ahora que la guerra había escalado y las incesantes maquinaciones de Roy eran todo lo que mantenía en pie a cientos de hombres y los protegía de una muerte segura debido a alguna estúpida estratagema militar inventada por el Fuhrer.

"Él es uno de ellos, señor," dijo suavemente Hawkeye, llegando entre chapoteos. Se la veía exhausta y sus ojos estaban rojos por el humo en el aire. Maes pudo distinguir vagamente los rezagos de lo que parecía ser una compañía tras de ella, y la reconocible figura larguirucha del Teniente Havoc con un cigarrillo brillando en su boca dirigiéndose hacia una sección de hombres para separarla y formar un perímetro defensivo alrededor de los oficiales. Cómo diablos hacía el hombre para mantener el cigarrillo encendido en plena lluvia era algo que no lograba entender. "El verdadero enemigo no es Drachma. Los homúnculos provocaron esta guerra para sus propios propósitos. Hemos pasado un verdadero infierno distinguiendo al amigo del adversario, porque algunos de los hombres siguen siendo leales al Fuhrer y otros estaban en alianza con él todo este tiempo."

Armstrong asintió. "Cuando los homúnculos atacaron – era obvio que sus blancos eran el General y Alphonse. Yo vi a Lujuria atravesándolo con sus largas garras, y con la lluvia…" se quebró, y por un momento Maes pensó que él iba a llorar allí, en medio del campo de batalla, en medio de toda esta muerte, y de pronto quería decir algo, cualquier cosa para recordarle que los hombres estaban observando y que por más que él compartiera los miedos de los Armstrong, él simplemente no podía hacer esto ahora, y luego el Mayor Alex Louis Armstrong se irguió y levantó su mentón bien en alto en esa orgullosa forma que definía las generaciones de los Armstrong al leal servicio de su país, y continuó, "…la lluvia dañó las capacidades ofensivas del General, señor. Yo pude haber ido tras él, pero sentí que era importante quedarme y reunir a nuestros hombres para no perder nuestro momento de avanzada. Hemos frenado la retaguardia de las fuerzas de Drachma, señor. Hemos perdido la mitad de nuestros hombres en el proceso, pero la línea está aún intacta. Nos hemos enfocado en contener las fuerzas de Drachma, y ellos no han interpuesto mucha resistencia desde que aparecieron los homúnculos – parece como si ellos empezaran a darse cuenta de quién es el enemigo real aquí. Los heridos están siendo evacuados al Hospital de Campaña (1). Los reportes recién están llegando y al parecer aún existen grupos de combatientes rodeando a algunos de los homúnculos. Estamos planeando reagruparnos y luego enviar un grupo de búsqueda y rescate para el General y el Mayor Elric."

"Yo debí haber ido con él," dijo amargamente Hawkeye. Havoc parecía que se moría de ganas por decir algo, pero en vez de ello se volteó, sus hombros caídos. Maes cerró sus ojos por un breve instante y el rostro de su amigo se le apareció ante sus ojos, luego dejó escapar una temblorosa exhalación, tragó saliva e irguió los hombros, ahora él era la viva imagen de un oficial a cargo de la situación. Literalmente podía sentir la tensión en el aire levantarse fraccionadamente, y los hombres reconocieron que la cadena de comando había sido reforzada, pero el peso sobre sus hombros parecía haberse incrementado exponencialmente. ¿Cómo diablos podía Roy hacer esto todo el tiempo? Quitó ese pensamiento de su mente y forzó una pícara sonrisa de confianza en su rostro.

"Buen trabajo, Mayor Armstrong," y dejó que su mano cayera levemente sobre el hombro del hombre, sintiendo que en respuesta, éste se relajaba. Si todos ellos sobrevivían, él iba a conseguirle una promoción a Armstrong, maldito sentimentalismo. "Voy a necesitar que usted lidere el grupo de rescate; si los Homúnculos tienen al General, dudo mucho que un grupo común y corriente lo pueda hacer. ¿Existen otros alquimistas disponibles?"

Hawkeye negó con su cabeza desoladoramente, los detalles operacionales en la punta de sus dedos como siempre. "No, señor. La mayoría de los reclutas civiles han muerto o se encuentran severamente heridos, y los pocos que se pueden mover están ayudando a contener a los combatientes enemigos y a re-establecer las líneas de reservas. Ninguno de ellos está particularmente calificado en ofensiva de guerra. Señor."

"Usted debería quedarse aquí y tomar el mando, Coronel," retumbó Armstrong, quien parecía haber rejuvenecido ante el elogio de Maes. "Los Armstrong tenemos una orgullosa historia de excelencia en operaciones especiales. Puedo llevarme al pelotón yo solo." Un pensamiento pareció venírsele al Alquimista Estatal. "¿Dónde está Auric-kun? Sus habilidades son poderosas, aunque inexpertas."

"Auric está…ocupado con algo que le mandé," dijo evasivamente Maes. Eso le ganó miradas desconcertadas, y Hawkeye estaba abriendo su boca para exigirle mayor información, cuando se escuchó un grito sofocante de uno de los centinelas.

Havoc lanzó una palabrota, dejando caer su cigarro. "¡Schmitty!.. ¡Repórtese!" Hawkeye había caído en una rodilla protectoramente frente a Maes, el rifle apuntando. La lluvia había acaecido y se había convertido ahora en una llovizna, pero la niebla de la madrugada estaba haciendo difícil ver más allá de unos cuantos metros. Por un momento los únicos sonidos eran los agudos clicks de los revólveres poniéndose a punto de disparo, yuxtapuestos contra el más apagado fondo del rugido del distante fuego de artillería. Y luego un sensual ronroneo se interpuso en el grupo.

"¿Son esos en verdad revólveres o es que ustedes caballeros sólo están felices de verme?" La curvilínea figura de Lujuria salió tranquilamente de la niebla sonriendo coquetonamente mientras se limpiaba la sangrienta mano en su vestido. El rostro de Riza Hawkeye se endureció y levantó su rifle, sólo para ser detenida por la mano de Maes que le presionaba insistentemente el hombro. El homúnculo asintió de manera divertida. "Yo tomaría en serio el consejo del Coronel, querida – tú serás hembra, pero no eres mujer y mucho menos estás a mi altura."

"¿Qué has hecho con el General Mustang?" preguntó fríamente Maes, ojos parpadeando sobre el homúnculo mientras trataba de descubrir una debilidad que pudiese explotar. Vamos, piensa, se supone que tú eres el astuto aquí…¿dónde diablos está Auric?

"Nada…sin embargo ciertamente me gustaría tener la oportunidad de hacerle algo," murmuró Lujuria, sugestivamente trazando pensativa un dedo por sobre su clavícula. "Mmm. Pero el egoísta de Orgullo se lo está quedando todo para él. Él es así, sabes. Y Envy se está ganando puntos para quedarse con cualquiera de los hermanos Elric que ustedes hayan traído aquí. ¡Ese muchacho es muy bueno guardando rencor!" Sonrió perezosamente. "Entonces pensé en venir aquí a jugar con ustedes. ¿No se sienten especiales por eso?" Y sin aviso previo, se lanzó ágilmente sobre Maes, sólo para ser lanzada al suelo dando un alarido cuando Hawkeye giró su rifle diestramente en sus manos y plantó la culata firmemente en el estómago del homúnculo en el momento en que ésta pasaba por encima de su cabeza. Una desagradable mueca sarcástica se formó lentamente en el rostro de Lujuria al tiempo que se levantaba con facilidad, sus dedos alargándose en feroces garras. Riza Hawkeye le devolvió la misma mirada, sin mostrar ningún desconcierto.

"¡Mayor Armstrong, lleve al Coronel a un lugar seguro!.. ¡Y vaya a buscar al General!" Nadie parpadeó ante el hecho de que Hawkeye estaba dándole órdenes a un oficial superior y de pronto Maes se encontró siendo arrancado del suelo y enterrado en la vasta mole que era el cuerpo de Armstrong mientras el alquimista lanzaba una pared de tierra, formando un escudo entre el par y el homúnculo.

Lujuria rió por lo bajo. "Con razón el General nunca te hizo caso, tú eres prácticamente un hombre. A los hombres no les gusta que les den órdenes, querida, a ellos les gusta ser seducidos por nuestros trucos femeninos. Realmente tú podrías empezar a ser menos…frígida."

"Compañía Alpha, ¡preparen sus rifles!" dijo fríamente Hawkeye. "Tienes diez segundos para rendirte, homúnculo."

La sonrisa se evaporó del rostro de Lujuria. "Estás empezando a aburrirme, Capitán."

"Cinco segundos."

Con un silbido, el homúnculo envió sus dedos en forma de lanzas, disparándolos hacia Hawkeye quien los golpeó hacia un lado con su rifle. El súbito movimiento causó que se resbalara y cayera, y los desconcertados soldados abrieron fuego sobre el homúnculo, creando una distracción temporal mientras Havoc se apresuraba a escudar a Hawkeye. "¡Riza!.. ¿Estás bien?" Ella se ruborizó cuando lo miró a los ojos. Su confesión de amor en la víspera de la batalla había sido bastante vergonzosa, pero la desnuda honestidad en los ojos de él era demasiado como para abordarlo bajo estas circunstancias. Él pareció sentir su malestar y se retiró rápidamente, extendiendo una mano impersonal mientras ella trataba de levantarse.

"El viento me sacudió, eso es todo," dijo bruscamente, tomando su mano agradecida. La mano era cálida y seca, y curiosamente reconfortante. "¿Dónde está ella?"

"Los hombres la tienen – ¡AH!" gritó Havoc al tiempo que unas garras traspasaban su espalda y lo elevaban con fuerza por los aires. Riza observó con horror cómo Havoc se retorcía indefenso, incrustado en las hojas de Lujuria. Los sobrevivientes de la compañía trataban desesperadamente de recargar sus rifles, pero ella sabía que no había tiempo. El homúnculo le lanzó una fingida sonrisa de consuelo.

"Oh, no te preocupes. Después de todo tú no querías a éste, ¿no es cierto? Pobre pequeña Riza, sólo deseando al que no puede tener. Qué desperdicio, éste es bastante lindo. ¿Quizás me lo pueda quedar para mí?"

Y fue de pronto que Riza Hawkeye decidió que ya había tenido suficiente por hoy. Ligera y calmadamente desenfundó el arma que tenía en su costado, caminó directamente hacia Lujuria y disparó a quemarropa vaciando su revólver en la cabeza del homúnculo. Sus acciones habían sido tan inesperadas que de hecho nadie, y menos el Homúnculo, tuvieron tiempo de reaccionar antes que los sonidos del último disparo se desvanecieran, dejando atrás sólo el amargo olor de la pólvora. El Homúnculo se quedó pasmado, dejando caer a Havoc mientras se arañaba el rostro, y Riza lanzó el revólver hacia un lado al tiempo que deslizaba sus brazos bajo los hombros de Havoc y lo levantaba y movía hacia un lugar seguro. "¿Jean?.. ¿Te encuentras bien?"

"Recuérdame… nunca…hacerte enfadar…" sonrió débilmente.

Ella sonrió temblorosamente. "Bueno, entonces será mejor que no te me vayas a morir…yo no soy una de tus amiguitas fáciles. Yo espero que me invites a cenar y me sirvas vino, sabes."

"Qué conmovedor," vino la mofa. Lujuria ya se estaba enderezando, su rostro una parodia de su usual belleza siniestra mientras se regeneraba frente a sus ojos. "Pero no creo que ninguno de ustedes vaya a vivir lo suficiente para preocuparse por eso." Ella empezó a caminar hacia ellos, sus dientes revelando una sonrisa que parecía una mueca – y de pronto se puso a temblar en cuanto un grito de dolor se oyó a través del aire. "¿Orgullo?"

Todos los ojos giraron en dirección al sonido. La espesa niebla del amanecer parecía estar disipándose a pesar de la precipitación, y unos cuantos valientes, si no débiles rayos de sol luchaban por trazar su camino a través de las nubes para iluminar a la distancia la cadena de montañas a mitad del camino. Maes se liberó del protector agarre de Armstrong y corrió a empujones hacia una posición ventajosa en el claro. Él escuchó las expresiones de asombro que crecían a su alrededor mientras los hombres veían al Fuhrer retroceder tambaleándose, apretando su rostro. La alta y corpulenta figura del Alquimista de Tierra estaba de perfil contra la luz al tiempo que se agachaba, tomando en brazos a un hombre que se encontraba medio-tendido en el suelo, y quien sólo podía ser el General. E interpuesto entre el Fuhrer y los dos alquimistas estaba una menuda pero reconocible figura. Incluso si el abrigo rojo aleteando en la brisa no les había telegrafiado su identidad a todo el mundo, el rayo de luz que iluminaba el cabello y que destellaba oro puro les gritaba a voz en cuello.

Un grito entrecortado escaló en los soldados de Amestris, intensificándose en un rugido que con justicia remeció la tierra. "¡Es el Alquimista de Acero!"

Maes sonrió macabramente, ignorando las miradas de asombro a su alrededor. "Mándalos al infierno…Acero."


"¿Ed?"

La nostálgica esperanza en la voz de Mustang, tan discordante con el normal aire de fría invulnerabilidad del hombre, le dio un tirón a la consciencia de Auric. Maes iba a tener que aceptar toda la culpa de esto cuando la verdad salga a la luz. Pero primero, tenía un trabajo por hacer – un contrato que cumplir – y el entrenado espía dentro de él puso a un lado la culpa y compasión de Auric y se interiorizó más en el personaje que tenía que interpretar, del que tanto había oído pero nunca había conocido salvo en sueños y en la luz de la luna. La ropa hace al hombre, recordó vagamente a Alp riéndose mientras se despojaban de los harapos de mendigo que habían apestado hasta llegar al cielo. Y así se permitió amoldarse a la desacostumbrada estrechez del abrigo alrededor de sus hombros, tan diferente del los sueltos pliegues de su capa, la dura rigidez de sus pantalones de cuero, la suavidad de los guantes contra su piel mientras empujaba más profundamente sus manos dentro de sus bolsillos, casi poniéndose erguido pero no tanto mientras rodaba sus ojos en irritación y caminaba hacia la yaciente figura del General, colocándose sutilmente entre el hombre y el Fuhrer. "Ahora no, bastardo, estoy ocupado limpiando tu desorden, ¡y será mejor que tampoco escuche ningún gimoteo acerca de que tengo que hacer un reporte más tarde! Al, llévate al General fuera de aquí."

Auric contuvo la respiración. Si alguien podía notar la farsa en este punto, ese seguramente sería Al – el joven no era estúpido, y estaba bastante familiarizado tanto con el Guardián como con su hermano. Cualquier expresión de duda de su parte y Auric perdería la ventaja psicológica con la que estaba contando. Afortunadamente, Al sólo asintió obedientemente y se movilizó hacia el General, sólo para frenarse cuando una idea pareció ocurrírsele. "Un momento," dijo suavemente – y volteándose, le plantó un violento sopapo de revés a Envy que se había desgarrado hasta liberarse del tubo que lo mantenía atrapado en el suelo. El homúnculo colapsó, inconsciente debido a la incontrolable fuerza con la que lo había golpeado el normalmente apacible alquimista, y Auric y Mustang se retiraron un poco en shock al tiempo que Al lo pateaba fuerte en el rostro, mirando con desprecio al inmóvil homúnculo. "Esto es por lastimar a mi hermano," reprendió el alquimista fríamente, su voz mezclada con una inmóvil y fuerte determinación que evocaban recuerdos de una mucho más alta silueta en armadura. Y luego Al se volvió a voltear y dirigirse hacia ellos, grandes ojos grises suaves y preocupados mientras se arrodillaba frente al General y deslizaba un amistoso brazo bajo sus hombros al tiempo que Auric le enarcaba una divertida ceja. Él estaba muy seguro de que Alp hubiera hecho la misma cosa, habiendo presenciado lo que había pasado con los pocos idiotas que habían subestimado la ira del siempre temperamental Guardián. A pesar del delicado contacto, Mustang siseó cuando los quebrados extremos de una costilla rota rozaron entre sí, sus ojos se nublaron con dolor y shock.

"¿Así que los rumores sobre tu muerte fueron exagerados, Acero?" emitió benevolentemente el Fuhrer King Bradley mientras recuperaba su balance, al parecer indiferente al hecho de tener veintiun pulgadas de metal atravesados en la cuenca de su ojo izquierdo. Levantó su brazo y sin esfuerzo se arrancó la daga, lanzándola descuidadamente hacia un lado y quitándose el parche del ojo con una caricatura de sonrisa paternal. "Y parece que has aprendido algunas cosas mientras andabas como desertor. Dagas en vez de lanzas, ¿eh? Ah, tú siempre fuiste un rápido estudiante, incluso cuando eras más pequeño."

Si él fuese completamente honesto consigo mismo, Auric habría tenido que admitir que su respuesta no era enteramente atribuible a que continuaba manteniendo su papel. La negación podía ser una cosa maravillosa a veces. "¿A quién diablos le estás diciendo que es tan enano que no tendría que agacharse si una espada fuese blandida y oscilada ante él porque su cabeza no llegaría más arriba del alto de tus botas, superdesarrollado, pomposa y pobre excusa de un déspota trol?" Él disfrutó de toda esa adrenalina que lo invadió al ejercitar sus pulmones, la corriente eléctrica en sus venas que atravesaba su sistema, removiendo las nubes de dolor y fatiga que habían estado plagándolo desde la última Puerta.

"Bueno, bueno, ¿es ésa la manera de dirigirte a tu Fuhrer, Acero?"

"¿Qué, quieres que te escriba un memorándum para que entiendas?" bufó el rubio. "Burócratas. ¿También archivas solicitudes de papel sanitario por triplicado cada vez que cagas, imbécil?"

"Ten cuidado, hermano," le advirtió Al mientras se levantaba cuidadosamente sosteniendo a Mustang, el General apoyando la mayor parte de su peso en el joven. "Él también es un Homúnculo. Orgullo."

"En serio," gruñó Auric hostilmente, archivando esa información en su cerebro bajo la categoría de 'esto yo no lo había visto venir'. La cual, tenía que admitirlo, había recibido muchas, muchas nuevas entradas desde que se había despertado en esa pequeña habitación en Risembool. "Bueno, creo que eso explica el por qué todavía no estás muerto."

Orgullo meneó su cabeza tristemente. "Acero, me rompe el corazón verte comportándote de esta forma. Después de todo, yo fui quien te dio la bienvenida en nuestras tropas.

"Yo me gané mi puesto por mí mismo, hijo de perra con aires de superioridad," renegó Auric, y curiosamente sintió que le fluía un genuino resentimiento. Antes de poder examinar con más detenimiento la razón de ese sentimiento, otra sensación, más familiar, más reciente, empezó a dársele a conocer. Frunció el ceño en confusión. Parecía provenir del Homúnculo frente a él, y se sentía como la señal de energía que usaba para abrir una Puerta. El Guardián revolvió rebuscando febrilmente entre su memoria fotográfica. ¿Qué era lo que Al y Mustang le habían dicho acerca de esas criaturas? Llamados así por los pecados capitales, ellos no tenían alma…poseían una increíble habilidad regenerativa…para poder imitar la forma humana, ellos requerían fragmentos de una Piedra Filosofal incompleta…las vidas que se perdieron para hacer la piedra le proveían de energía….

Energía. Oh, oh maravilla. Auric sintió un hermoso sentimiento bajándole hacia su estómago, como una dulce y cálida burbuja de satisfacción pura, y sus dorados ojos bailaron con un indicio de malicia mientras una amplia sonrisa se desplegaba sobre su rostro. "Al, muévete. No te preocupes por mí."

"Tú sabes lo que dicen, sobre el orgullo, Acero," rió el Fuhrer entre dientes, y más rápido de lo que un ojo podía seguirlo, había desenvainado su sable y se había lanzado hacia el menudo joven. Pero igual de rápido, Auric se había agachado y rodado, levantándose graciosamente y quedando en posición de listos, sacando sus sais. "¿Qué?" preguntó Orgullo con fingida preocupación. "¿Sin alquimia? Me decepcionas, Acero. ¿Acaso los años de descanso hicieron que perdieras tu toque? Tus certificaciones ya deben haber expirado completamente."

La cabeza de Mustang se levantó de improviso, y una gris luz de entendimiento apareció en sus ojos. Auric no buscó su mirada, suprimiendo implacablemente la amarga bilis de culpa que le brotaba en la garganta. Una cálida ola de resentimiento surgió abruptamente, encarrilándose contra los hilos del Destino que lo habían encaminado hacia este momento en este lugar para ser la causa de tal decepción, y se aferró a la enrojecida furia para esquivar los ataques del Homúnculo, aún mientras su mente procesaba sutilmente el clamor de los soldados que los rodeaban, lanzándose de nuevo a la lucha con renovado vigor. Ellos entonaron un canto con el nombre del Alquimista de Acero en sus labios como una oración y una invocación, un grito de guerra, un saludo a su héroe que había regresado en su hora de necesidad. Él se había movido por puro instinto mientras se balanceaba en una danza macabra con el Homúnculo; cuchillada, esquivada, bloqueo, ataque, contraataque, recuperación, cuchillas haciendo movimientos rápidos, rápidos, rápidos, rápidos…y luego cogió el sable entre las hojas de sus sais, y Auric lo arrancó de las manos del Homúnculo, enviándolo volando por los aires. Orgullo retrocedió tambaleándose, y Auric enfundó sus sais contento, sonriendo salvajemente, sus ojos brillando mientras lanzaba su sudorosa y anegada trenza por detrás de sus hombros. Energía….

Al contemplaba al hermano que alguna vez tuvo con fascinación. El rubio lanzó su cabeza hacia atrás y rió. "¿Quieres alquimia, mein Fuhrer? (2) Yo te mostraré alquimia." Y en un súbito giro, él saltó hacia adelante, juntando sus manos en un aplauso y estampó sus palmas sobre el pecho del Homúnculo, dedos cerrándose en puños al tiempo que acercaba el rostro del homúnculo hacia él. El ojo sano de Orgullo se abrió desmesuradamente mientras luchaba con desesperación al momento que sentía la energía drenando de la Piedra Filosofal e introduciéndose en el humano que tenía esa dorada sonrisa burlona. Escarbó a tientas, sujetando los brazos del joven, y su boca se abrió en un grito sin palabras cuando sintió no sólo uno sino dos brazos de carne y hueso. Auric sonrió inocentemente. "Oops. Ya sabes lo que dicen sobre el Orgullo," y el Homúnculo dio un grito mientras se desintegraba en una chorreante y húmeda masa que se estremecía y caía hasta finalmente quedar sin poder distinguirse de la otra sangre espesa que decoraba el campo de batalla. Una apagada y parduzca piedra roja hizo una triste y pequeña salpicadura mientras caía dentro del fango bajo los pies y se desmenuzaba hasta quedar hecha polvo.

El Guardián pudo sentir la energía que había extraído del homúnculo recorriéndolo en zumbidos y hormigueos a través de su sangre, formando una sensación de ligero vértigo. Se concentró en dirigirla a través de su cuerpo y hacia la tierra, purgando el exceso, pero usando algo de ella para llenar sus gastadas reservas, saboreando la sensación de…plenitud. De sentirse recargado. Rejuvenecido. Vuelto a nacer. Se estiró con regocijo, y le dio una mirada de disgusto al tembloroso desastre a sus pies.

"Que se va justo antes de una caída."


Nota de la Autora:

Dawn: (n) 1. The time each morning at which daylight first begins; 2. A first appearance, a beginning

Amanecer: (n) 1. El momento de la mañana en el que empieza la luz del día; 2. Una primera aparición, un inicio.

(v) dawned, dawning, dawns: 1. Become clear or enter one's consciousness or emotions, to begin to be perceived or understood

(v) Caer en cuenta: 1. Que se hizo claro o que entró en la conciencia o emociones, para empezar a percibir o entender. (este significado se ve obvio para el caso todos los personajes de este capítulo)

Nota de la Traductora:

(1) Del fic original en inglés – MASH: Hospital Quirúrgico Móvil Militar (Mobile Army Surgical Hospital). Hospital de Campaña es una expresión que escuché hace mucho tiempo atrás y que significa lo mismo, pero más reducido.

(2) Mein Fuhrer: Mi Fuhrer… del idioma alemán…

Casi todos los fics en inglés llaman también a los homúnculos 'Sins' – Pecados. Este fic los llama indistintamente de las dos formas, pero me pareció que la traducción podía mantener sólo la que más se escucha en el anime, ya que sonaría un poco extraño de la otra forma.

Estamos culminando la tercera parte y un cachito del fic… así que aún queda mucho más por delante, no crean que esto está por concluir, así que ¡dejen review!