Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.
Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.
Full Circle
(Círculo Completo)
Capítulo 16: Despertar
"General. ¿General?" La voz era baja, pero insistente. El pelinegro enterró su cabeza aún más profundamente en la durísima almohada e intentaba valientemente ignorar ese zumbante sonido en sus oídos. "Mustang tienes que levantarse ahora. ¿Y puedes por favor soltar eso?" ahora el parlanchín y él se habían enfrascado en una lucha por su manta, y él estaba totalmente determinado a no perder. Tiró más fuerte y se acurrucó engreídamente en su premio mientras el otro se rendía con un suspiro irritado. ¡Ja!. Toma eso. Hubo una pausa, y luego la voz decayó un octavo de tono al tiempo que le susurraba amenazante, "Roy…levántate o llamaré a un oficial para que vaya y traiga a la Capitán Hawkeye, aunque mejor no, ya que ella estaría más que feliz de hacer un hueco en mi abrigo con tal de pegarte un tiro."
Roy Mustang, Alquimista de Fuego, General Mayor y actual oficial a cargo de lo que estaba empezando a llamarse la Batalla de la Aniquilación de Drachma, se sentó erguido sobre la desvencijada litera y casi de inmediato se arrepintió del abrupto movimiento ya que sus maltratadas costillas crujieron en protesta. Envolvió con sus brazos su cuerpo medio, parpadeando borrosamente mientras trataba de que el mundo se le aclarara, su cabeza estaba rígida por el incómodo ángulo en que ella había reposado sobre la inadecuada almohada. "¿Cuánto tiempo estuve dormido?" murmuró al todavía no-identificado parlanchín, tomando refugio en sus hábitos militares. "Café. Reporte de la situación."
"Como una hora. Deberías haber dormido el doble de eso, pero el deber llama, me temo," y una taza se puso en su mano que había estado buscando a tientas. "Toma, bebe eso. Y todo parece estar bajo control, excepto que uno de la división G1 insiste en que necesita verte y tienes una reunión de staff en media hora." Obedientemente, Roy torció su cabeza, sus facciones se fundieron en una expresión de pura felicidad al oler la bocanada de aromas que provenían de la ordinaria y maltratada taza de metal. Inhaló profundamente dos veces, casi ceremoniosamente, y luego, mientras los hirvientes sorbos bajaban por su cuerpo, la realidad se filtró de nuevo en su somnolienta y confundida mente en un rápido revoltijo de imágenes y sensaciones. Primero respirando superficialmente debido al vendaje que envolvía sus costillas. Luego el dolor y el mareo. Luego cayendo. Luego siendo recogido. Luego el placentero sueño que había tenido acerca de que Ed estaba aquí y de que finalmente había tenido la oportunidad de decirle… esperen un momento. Oh cielos.
Auric. Sintió que su cara se ruborizaba mientras intentaba recordar lo que – como si nada – él había dicho en voz alta antes de desmayarse abruptamente.
El Guardián se dejó caer en la silla plegable cerca de Roy, sosteniendo su propia taza de café y balanceando sus piernas hacia arriba hasta dejarlas reposar sobre el borde de la litera. Parecía irritablemente bien descansado, Roy observó resentido, mientras todavía luchaba por recordar lo que había pasado luego de que Auric lo había metido dentro de la litera. La resistencia de la juventud, no cabía duda, y algo de ese pensamiento debió habérsele notado en su rostro, porque una mirada de entretenido engreimiento revoloteaba en el rostro del rubio al tiempo que le asentía a la taza de Roy que se enfriaba rápidamente. "Anda, bebe, yo…persuadí…al Coronel que quería que regresaras en veinte minutos," y un centelleo en los ojos dorados del Guardián sugerían que había sido forzado a ser menos que cortés. "Se te va a enfriar y eso sería un desperdicio, después de todo lo que tuve que hacer para conseguirlo." Las cejas de Roy se arquearon hacia arriba como preguntando, y Auric rodó los ojos. "Parece que cuando las líneas de abastecimiento se abrieron de nuevo, a algún idiota intendente se le olvidó incluir el café entre los comestibles considerados 'provisiones indispensables', y tuve que transmutar los granos de café a partir de cocoa y hojas de té. No te preocupes, ya le dije a Hawkeye que se encargara del tipo." Tomó cautelosamente un sorbo de su taza. "Aún así, sabe bien. Soy muy bueno."
La cafeína finalmente le estaba surtiendo efecto, y Roy invocó a todos sus medios para desplegar una débil sonrisa socarrona. "Estoy complacido de que hayas sido capaz de hacer tan delicada transmutación sin mi supervisión. Y puedo ver que lo llevaste a cabo muy bien. Estoy tan contento de ver que adoptar la persona de Ed no ha opacado la pequeña finesa que tenías, Guardián."
"¿A quién le estás diciendo que es más pequeño que un grano de café, bastardo malagradecido?" refunfuñó Auric, tambaleándose en la endeble silla plegable mientras ponía sus botas en el suelo con un golpe sordo. "¡Te salvé la vida!.. ¡De nuevo!.. ¡Te libré de la vergüenza de que uno de tus hombres te encontrara durmiendo en horas de trabajo!" propinó un indignado respiro, y declamó en tonos sonoros y acusadores, "te hice café – literalmente – por el que el resto del campamento mataría por tener. ¿Y podría indicar que esto último no estaba en tu contrato?"
Roy lo consideró juiciosamente, inclinando su cabeza hacia atrás mientras observaba al joven a través de sus pestañas y adoptaba una fingida expresión pensativa. "Los primeros dos pueden ser considerados dentro de 'hacer todo lo que fuera posible,' ¿no lo crees? Y por lo otro, bueno…" levantó su taza en un brindis fingido, "el rango tiene sus privilegios."
Auric le lanzó una mirada asesina. "Tienes suerte de que todavía me preocupo por mi reputación de no haber perdido ningún cliente o ya estarías bien muerto en este momento."
Para su sorpresa, Roy inclinó su cabeza entendiéndolo y no dio ninguna contestación mordaz. "Me doy cuenta de ello. Y gracias por el café." Cayó un incómodo silencio, mientras ambos hombres se encontraban inmersos en sus pensamientos. Auric enredaba vagamente el extremo de su trenza, debatiendo si debía traer a colación lo que había sucedido – queriendo saber si acaso el hombre se acordaba. Mustang definitivamente había estado sucumbiendo al delirio del agotamiento en ese momento, así que había una chance de que no recordara. Tenía que admitir que era un alivio ver al General tranquilizarse – esto era definidamente preferible a la pálida figura que preocupadamente había observado durante la hora que pasó. El café caliente le estaba dando un toque de color a las pálidas mejillas del hombre, iluminando la elegancia de su estructura ósea, a pesar de que sus ojos todavía mantenían un brillo demasiado brilloso; y fue entonces que Auric se encontró contemplando – realmente contemplando – al General, a las delgadas y oscuras cejas que podían ser tan expresivas como las propias palabras, a los ensombrecidos ojos que podían destellar con fuegos internos que a menudo se mantenían al margen y escondidos de la vista del público, a las gráciles líneas de su garganta y clavícula reveladas a través de su camisa arrugada y medio abierta.
Al menos Ed había tenido buen gusto en hombres, no así en la ropa.
"Tu cabello es un desastre," observó finalmente Roy, encogiendo sus piernas grácilmente para sentarse de piernas cruzadas sobre la litera. Él sabía que debía de estar alistándose para su reunión de staff, pero una pequeña parte de él quería sólo unos momentos más en esta extraña y apacible intimidad.
"Ése es el por qué lo mantengo amarrado hacia atrás," suspiró Auric, deshaciendo el extremo de la trenza y dejando que su cabello cayera libre mientras lo sacudía. Aún enmarañado y con nudos por el esfuerzo del día, mantenía una hipnótica belleza, una cortina de ondeante oro amarillento, pleno y grueso. "Está demasiado largo para trenzármelo yo solo, salvo que lo jalara sobre mi hombro, pero entonces no me dejaría en paz. Maes lo había hecho por mí – me imagino que él había practicado lo suficiente con Alicia." Miró con ojos culpables hacia Mustang, vacilante, luego se tragó el orgullo y soltó la bomba. "Mira, Mustang…de veras lo siento. Acerca de la farsa, digo. A pesar que fue la idea del Coronel Hughes, yo al final… acepté… y realmente no creo que hayamos pensado en lo que podría pasar…después. Una batalla tiene cierta urgencia que impide pensar mucho más allá de ella, en las consecuencias, sabes."
Restringiéndose fuertemente del relámpago irracional de celos que recorría sus venas ante la sola idea de que Maes había recorrido sus dedos a través de esa fabulosa y sedosa cascada, Roy se concentró en la crisis más inmediata, llamada, por darle un nombre, 'asimilando después de caer en cuenta', y que se le manifestaba en la boca de su estómago. Auric sabía lo de Ed, pensó desolado el intensamente privado hombre. Respira. Sólo respira. Era obvio que Auric intentaba parecer indiferente ante los sentimientos de Roy al no ventilar el asunto directamente, y la compasión de ese acto de alguna forma hizo que las cosas fueran peores. El alquimista luchó para calmar sus turbias emociones incluso si esto se veía como si todo el aire de sus pulmones estuviera siendo succionado a la fuerza. O era que el doctor había vendado sus costillas demasiado apretado, – Él podría comprobar la posibilidad de que él había sido uno de los homúnculos disfrazados, pensó irónicamente – luego sacudió su cabeza en cuanto reconoció el humor negro como un mecanismo para sobrellevar y dilatar todo aquello. El Guardián se estremeció ante el gesto negativo y Roy extendió una mano para tranquilizarlo. "Dirás General de Brigada, y acepto tu disculpa por la intención con que la pediste, a pesar de que no era necesaria," dijo Roy calmadamente. "Fue una brillante estrategia – y funcionó. Tú has llevado al enemigo a la confusión, les has dado a los hombres un nuevo corazón y a mi causa una nueva fuerza, y te agradezco por ello…a pesar de cómo eso pudo haberme afectado a nivel personal." Balanceó sus piernas fuera de la litera y se paró, doblando cuidadosamente el abrigo rojo sobre su brazo, evitando los ojos de Auric, por miedo de lo que pudiera ver en ellos. ¿Disgusto?..¿Cautela?..¿Lástima? La sola idea hacía que se le revolviera el estómago, pero se rehusó a que se le notara en el rostro. Él se había vuelto bastante diestro en ello con el pasar de los años. "Debería de prepararme para mi reunión de staff – me sorprende que Hawkeye no se haya aparecido todavía con un informe resumen. Toma," y le ofreció a Auric el abrigo pulcramente doblado.
El Guardián no hizo movimiento alguno para tomarlo, sus ojos dorados se mantenían fijos en el rostro de Roy buscando…¿qué cosa? "¿Auric? Deberías quedarte con él, al menos hasta que regresemos a Central." Roy se presionó a sí mismo para hablar de forma normal mientras le ofrecía el ofensivo artículo de vestir.
Se elevó una fina ceja, y Auric pareció haber llegado a una abrupta decisión. "No puedo," dijo escuetamente. "Primero necesito ayuda para trenzar mi cabello." Sus ojos no vacilaron en ningún momento mientras caminaba hacia el espacio personal de Roy, sus ojos se entrecerraron especulativamente como cuando un gato había ubicado una rata particularmente atrayente. Roy no pudo darle nombre a la extraña emoción que vio en esa aureada mirada. "¿O es que ha cambiado de parecer acerca de las ventajas de que Edward Elric sea visto a su lado, General?" Su voz había bajado hasta ser un aterciopelado susurro que hizo que a Roy se le escarapelara la espalda. Tenía que admitir que era una interesante experiencia el sentirse desbalanceado en el otro lado de la ecuación depredador-presa.
"¿Oh?..¿Acaso te parezco un criado?" preguntó suavemente.
Ante eso, Auric levantó la otra ceja. "¿Realmente quieres saber lo que me pareces, Roy?" y el simple sonido de su nombre escapando lentamente de los labios del Guardián resultó ser más encantador que cualquier número de halagos que le habían sido lanzados a lo largo de todos estos años. Y entonces el sonido de un clarín marcando la hora rompió el hechizo y Auric apartó la mirada. "Te lo diría, pero el deber nos llama. Tienes una reunión que atender, y yo necesito encontrar a Al y asegurarme que no se meta en problemas."
Roy se preguntaba a qué estaba jugando Auric mientras le hacía señas al Guardián para que se sentara sobre la cama cerca de él. Por un momento, casi había parecido como si Auric se le estuviese insinuando…pero eso era ridículo. "Si insistes. Voltéate por favor – sí, así está bien. Ten presente que los peines son difíciles de encontrar en los campos de batalla, así que tendré que usar mis manos." Empezó a trabajar con los nudos más largos, los que se separaban con sorprendente facilidad. El cabello se sentía justo como lo recordaba – cálido, fino y suave como la seda, y a la vez lo suficientemente grueso para tener fuerza y peso. Él recordaba un cuento de hadas que su madre le había contado acerca de una princesa a quien se le había pedido convertir el lino en oro – asumiendo que la princesa había sido una alquimista razonablemente exitosa, él suponía que el resultado habría sido algo como el cabello de Ed…Auric. Roy frunció el ceño ante un nudo particularmente difícil. "Ya que estoy atorado con tu cabello, dame tus impresiones sobre lo ocurrido, así no tendré que leer el reporte. ¿Exactamente qué fue lo que le hiciste al Fuhrer?"
Auric se encogió de hombros, sus ojos cerrados se movían bajo el tranquilizador toque de los dedos de Roy desenredando sus cabellos. "A diferencia del café – lo cual, por cierto, considero un logro mucho más grande – no involucró nada de alquimia, me temo, sólo nuestras habilidades básicas de Guardián. Parece que las Piedras Filosofales que le dan vida y forma humana a tus Homúnculos contienen la misma forma de energía que yo uso para manipular las Puertas. Yo sólo se la extraje… dejé que la mayor parte retorne a la tierra, y dispuse de un poco como refuerzo. Lo necesitaba, habiendo estado corriendo casi fuera de hora, y otro efecto práctico es que previene la necesidad de dormir, al menos por un rato.
Roy lo miró pensativo, oyendo el curioso tono en su voz. Luego sus manos se paralizaron por un momento cuando una pieza del rompecabezas encajó perfectamente. "Eso es lo que has estado escondiéndole a Al – que tú sólo lo puedes hacer hasta que te agota la energía, a lo cual todos llegan al final. Y luego pierdes el control, y te mata. Ésa es la razón por la que has estado tan cansado, y ésa es la razón por la que has estado tosiendo sangre incluso desde la primera vez que te conocimos."
El Guardián se quedó testarudamente en silencio hasta que Mustang le jaló el cabello con insistencia. "¡Auch!..¡Córtala ya, bastardo! Está bien, ¡sí! Pero eso no volverá a ser problema por un tiempo. Extraje suficiente de ese Homúnculo para ayudarme a salir del apuro. Estaré bien salvo que tenga que abrir otra Puerta así de grande, así que mientras no requieran de una, eso ya no es un problema. Y esto no debe de llegar a oídos de Al. ¿Entendiste? No quiero que esté por ahí armando un escándalo como si fuese una mamá gallina. Además," y el rostro de Auric se oscureció, "por lo que él me ha contado, nuestra madre murió de una clase de mal que la consumía, algo similar a lo mío. Casi suena como si alguien hubiera estado explotando sus energías vitales para algún otro propósito. Él no necesita que se lo recuerden."
Roy notó el uso del término 'nuestra madre'. Ésta era una interesante revelación – de hecho Auric parecía estar gradualmente aceptando su vida previa como Ed con todos los lazos que esto involucraba. Mientras que para el tópico que estaba en cuestionamiento, sin embargo…Roy frunció los labios, pero reconoció, luego de un momento de reflexión, que el rubio tenía razón. "Está bien. Pero quiero enterarme en el instante en que no te sientas bien, ¿estamos claros?" Volvió a jalarle el cabello, esta vez con más suavidad.
"Dictador," murmuró Auric.
"Ése es justo el punto por el que todos estamos aquí," Roy señaló sarcásticamente al tiempo que terminaba con la trenza y levantaba el pedazo de elástico que Auric había utilizado para asegurarla. Sin embargo, en cuanto envolvió el elástico alrededor de sus dedos… "¡Demonios!"
Auric medio giró. "¿Qué pasa?"
"Nada," vino la aguda respuesta. Rodando sus ojos, Auric levantó su brazo y tomó el extremo de su trenza, luego giró para ver a Mustang frotándose delicadamente los dedos.
"Diablos, olvidé que tenías una mano lastimada," maldijo Auric. Arrebató el elástico de la cama donde Roy lo había dejado caer y se amarró el extremo de la trenza, luego buscó la mano de Mustang, recorriendo gentilmente sus dedos sobre los de Roy mientras fruncía el ceño ante los dedos hinchados. "Huh. Sí, no vas a chasquear sus dedos por un tiempo, Alquimista de Fuego. Afortunadamente, tienes prometidos los servicios de un Guardián particularmente previsor." Roy le arqueó una escéptica ceja al joven mientras éste rebuscaba entre los bolsillos de su abrigo. "¿Dónde está?... no puedo haberlo tirado, ¿o sí? Salvo que…durante la pelea quizás…si lo hice voy a volver a matar a ese idiota de Orgullo por hacerme perder mi… ¡Ajá! Extiende tu mano."
Roy suspiró y obedeció, ofreciéndole la mano menos dañada. "Aquí tienes. No lo vayas a perder; tuve que hacer que Maes sacrificara tres marcos de fotos por esto," sonrió ampliamente Auric, no pareciendo arrepentido de lo que había hecho en lo absoluto. Dejó caer un pequeño objeto rectangular de aproximadamente dos tercios de la palma extendida de Roy. Éste lo volteó perplejo en su mano. Era sorprendentemente pesado para su tamaño y extraordinariamente bien hecho, con extremos redondeados y un acabado de espejo plateado, deslucido sólo por miniaturizados pero meticulosamente definidos círculos de transmutación grabados en cada una de las caras, y Roy inhaló profundamente al reconocer los círculos que normalmente se encontraban bordados en sus guantes. Lo abrió con un movimiento rápido.
"Un encendedor."
"Un encendedor a prueba de aire, a prueba de agua, y listo para hacer alquimia, idiota," corrigió exasperado. "Preferiría no tener que atender a tu funeral por el simple hecho de que no fuiste lo suficientemente cuidadoso y perdiste tus guantes – siempre tendrás una forma de iniciar un fuego y esa forma es presionando un círculo en tu palma. Sabes, ustedes los alquimistas están tan atrapados en sus pequeños símbolos de estatus – guantes, relojes, lo que sea – que a veces olvidan ser prácticos con las cosas. Por ejemplo, poderoso Alquimista de Fuego…usted podría empezar a considerar la simple composición química del agua en su tiempo libre. La última vez que la revisé, tanto el hidrógeno como el oxígeno eran gases altamente inflamables."
Roy abrió su boca para rebatir lo expuesto, luego la volvió a cerrar malhumorado y sonrió socarronamente para encubrir su disgusto. "Pero lo tengo a usted para cubrirme las espaldas, oh gran Guardián."
"No siempre voy a estar cerca cuando necesites ser salvado, bastardo," gruñó Auric, arrebatando su abrigo y volteándose para retirarse. Ante esto Roy parpadeó. El lenguaje de Auric se había vuelto ciertamente más…colorido a la vez que se incrementaba su comodidad en la aceptación de Ed como parte de su ser. "Hasta más tarde, Mustang. Trata de no incendiar la carpa." Roy lo observó levantar el extremo de lona de la entrada de la carpa, luego se detuvo de improviso. "Hey, ¿General bastardo?"
"¿Sí, Fullmetal enano?" dijo claramente en beneficio de los oídos que pudieran estar escuchando. Recibió un reflexivo gruñido, pero el ceño se deshizo cambiando a una melancólica sonrisa.
"Gracias por confiar lo suficiente como para dejarnos caer," dijo suavemente el rubio, diciendo esa palabra con un énfasis tan suave que resultaba casi imperceptible para cualquier fisgón, y cualquier observador particularmente interesado podría haber asumido que esa palabra se refería a los hermanos Elric. Pero la mirada en los ojos de Auric decían otra cosa. "Nosotros nunca fuimos personas para 'quizás' o 'qué pasaría si'. Pero cuando todo esto acabe…él y yo…regresaremos a casa para quedarnos. Si crees que todavía quieres encontrar ese punto intermedio." Y después de eso se había ido, agachándose grácilmente para salir de la puerta de la carpa.
Roy miró con ojos enceguecidos dentro de su pasado mientras contemplaba su futuro en los pasos que suavemente se alejaban. Permaneció inmóvil por un largo rato. Luego guardó el encendedor en su bolsillo, se puso de pie y se arregló el uniforme, enderezándose la chaqueta y peinándose el cabello con sus dedos para asemejar normalidad, vistiéndose con la máscara de un líder que todo-lo-ve, todo-lo-puede, todo-lo-sabe. Por ahora su presente lo llamaba.
Pero cuando todo esto haya acabado, él lo traería de regreso a casa para que se quede.
Se detuvo e hizo una nota mental. Y ellos iban a quedarse en la cama por una semana. Por lo menos.
Nota de la Traductora:
Mil gracias por seguir leyendo esta traducción.
Sigan recordando la letra de la canción… ya van a saber por qué…
xXx
¡Hagan feliz a esta traductora y dejen review! Nos vemos.
