Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.

Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.


Full Circle
(Círculo Completo)


Capítulo 19: Intercambio Equivalente

El tiempo no parecía importar en este lugar. Siempre era el mismo. Más brillante que la luz de miles de soles, pero con la sensación de que había una oscuridad que no oprimía impaciente, y que tan sólo estaba esperando abalanzarse sobre uno. Estar aquí significaba ser capaz de ver todo, saber todo de todo en una sola vez, y a la vez, también el que te dejen sentir vacío y con ganas, como si algo importante estuviese faltando. Y siempre, la inquietante sensación de que habían unos ojos no-humanos observando, observando…realizando pruebas.

Eso habría hecho que su piel le doliera, de no ser por el hecho de que no tenía cuerpo en ese momento. Y por el tiempo que ése fuera el estado de tranquilidad en que se encontrara, decidió no preocuparse en exceso, y en vez de ello se ocupó más en rebuscar y seleccionar a través de los más interesantes trozos de información que de súbito ya eran parte de su conciencia, al mismo tiempo que dirigía sus pasos a través del cosmos. Interesante. Hmm. Wow. Huh, y qué de…oh, así que así era como se hacía…hmm…debo acordarme de recordar eso cuando me vaya. Qué gracioso, creo que ya había pensado en eso antes.

De pronto una voz venida de la nada, el sonido de muchos hablando como uno: No todo el conocimiento está destinado para las mentes humanas. La verdad es que tú has retenido más que todos. En este estado, tus fronteras son ilimitadas y deberías de comprender el infinito…cuando estás crucificado a un plano físico, ese mismo conocimiento te volvería loco.

¡Lo sabía! He estado aquí antes, ¿no es así?

Efectivamente. Una vez cuando moriste, y luego otra vez cuando te sacrificaste por tu hermano. Y con ésta sería la tercera vez. Tú eres…único en tu persistencia. La mayoría de los que han llegado a este lugar vienen una vez y nunca más regresan. Y muchos otros solamente lo intentan y fallan. Tú sobreviviste a ese primer encuentro a una temprana edad, aunque al parecer no escarmientas.

Como sea. Ahórrame todos esos discursos de sabelotodo, ¿quieres? ¿Qué es lo que tengo que hacer para salir de este lugar?

Aunque la voz nunca flaqueó en sus sonoros tonos, de alguna forma se las ingenió para sonar claramente divertida: Tú siempre haces la misma pregunta todas las veces.

¿Ah sí? ¿Entonces alguna vez me has contestado?

Se dio un silencio que pudo haber durado segundos, o minutos, o una eternidad durante la cual estrellas se hubiesen extinguido y nuevos mundos hubiesen nacido. Finalmente, una contestación, que no fue una respuesta: ¿Quién eres?

¿Qué tiene que ver eso?

Todo.


Roy acunó el laxo cuerpo en sus brazos. De algún modo esto era peor que la primera vez, ya que en esta ocasión él se había permitido a sí mismo a tener esperanza, a abrirse, a empezar a pensar que tal vez, sólo tal vez, ellos se permitirían tener su oportunidad. El tremendo dolor en su pecho sin lugar a dudas era causado por los lacerantes bordes que quedaron cuando le arrancaron esa esperanza. "Oh, Ed," susurró al tiempo que presionaba sus labios en la fría frente. Esta vez no había sangre. Sólo un vacío caparazón que estaba más hueco que la armadura en la que habitó Alphonse Elric por mucho tiempo. Él pudo sentir la tierra temblar debajo suyo cuando el Alquimista de Tierra arrasaba el suelo en su furia, lanzándose a ciegas, arrojando hacia los lados a aliados y enemigos por igual al tiempo que estremecía los profundos cimientos de la tierra en su agonía. Él pudo escuchar a Hawkeye gritarle a Al, tratando de sacudir al alquimista fuera de su locura, pero no servía de nada. Chispas y fragmentos de ceniza y residuos se arremolinaban en el aire, ardiendo luminosamente mientras caían brillantes en la tierra y luego se apagaban abruptamente. Roy cerró sus ojos, alejando las metáforas que venían a su mente. "Ed…" Extiende tus brazos. Grita fuerte mi nombre. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y una solitaria lágrima escapó finalmente de su agarre de hierro. "Ed…amor…vuelve a casa. Por favor. Lo prometiste. Vuelve a casa."

Pereza aulló, su usual dulce rostro se había transformado en un terrorífico hueco negro de dolor. "¡Ira! ¡Mi bebé! ¡Asesinos!"

Envidia sonrió sarcásticamente. "Whoops. Dos pájaros de un tiro – me imagino que los perdimos a los dos de una. Ése no era exactamente el plan, pero igual resultó. Aunque tengo que reconocer," y suspiró con fingido dolor, "voy a extrañar al chibi-san muchísimo más que a ese mocoso llorón. Él era lindo…y al menos no habría mojado mi cama."

La Homúnculo empezó a girar dirigiéndose hacia él. "¡Tú planeaste todo esto! ¡Tú querías que Ira sea destruido!" Y embistió contra el andrógeno Homúnculo, tirando a un costado al soldado que lo sujetaba con un despectivo movimiento rápido de muñeca y enviándolo, deslizando y chisporroteando, cuando un chorro de agua con la brusquedad equivalente a tres mangueras de bomberos lo golpearon justo en la cara. Envidia rodó sus ojos mientras saltaba hacia un lado ágilmente.

"Pues por supuesto que lo hice. Digo, en realidad – con alquimia o sin ella, yo sabía a quién iba a respaldar en un enfrentamiento entre esos dos. Y ése no era Ira." El Homúnculo de cabello puntiagudo rodó sus ojos. "Tú no tienes idea la lata que era el tener que ser amable con ese mocoso para que así él me ayudara a mantener a Alphonse atrapado lo suficiente para que chibi-san lo note y venga aquí. Pienso que debería de estar impresionado de que se las haya ingeniado para llevarse al chibi-san con él. Resulta gracioso que no consiguiera el cuerpo. Oye, ya sé," y sonrió disimuladamente. "¿Qué pasaría si usamos el cuerpo de chibi-san para traer a Ira de vuelta? Eso sería muy divertido, ¿no es cierto? Y el mocoso tendría el cuerpo que quería."

"¡No lo toques!" vino un chillido y Envidia de pronto se encontró atravesado y forcejeando por el agarre de una inmensa mano de piedra repleta de puntas que había surgido de la tierra y que estaba aplastándolo tan fuerte que apenas podía respirar. "¡Te voy a matar!" Los grises ojos de Al estaban atormentados y nublados con una rabia que de hecho asustó al Homúnculo por ser tan inesperada. ¿Acaso no se suponía que el hermano menor era el más calmado de los dos? Hawkeye merodeaba en el fondo, vacilante, debatiendo entre tratar de detener a Al de matar a Envidia – y el irrefrenable deseo de ver al Homúnculo muy pero muy lastimado.

Los ojos de Pereza se iluminaron con una diabólica y desesperada esperanza. "¡Entrégamelo!" dijo gruñendo mientras apuraba sus pasos hacia la arrodillada figura de Roy Mustang mientras éste bajaba su oscura cabeza sobre la dorada que tenía en brazos.

"¡General!" Hawkeye sacó su revólver y vació el cartucho en la espalda del Homúnculo, pero eso apenas si la hizo aminorar su paso. "¡General, cuidado!"

Roy levantó su cabeza en lo que parecía ser una dolorosa cámara lenta. Delicada y tiernamente, dejó reposar el cuerpo de Edward Elric en el suelo, llevando cariñosamente hacia atrás los largos mechones y cerrando sus ojos con un suave movimiento, sus largas pestañas oscuras eran una curva de hollín frente a los cincelados pómulos que ya habían adoptado la palidez de la muerte. Se levantó con deliberada gracia, levantando algo del suelo mientras lo hacía. Y luego giró hasta quedar frente a Pereza, sus ojos se apartaron para encontrar los de Hawkeye por un instante. Ella lanzó un grito ahogado de sorpresa. Esos ojos oscuros, normalmente vivos con todas las emociones que el hombre no dejaría – o no podía – mostrar en su rostro, ahora estaban muertos, dos piezas planas de vidrio de obsidiana en donde chispazos de fuego rojo danzaban con frenesí.

El homúnculo derrapó, sus dientes descubiertos en una terrible mueca que contrastaba curiosamente con sus amables y tristes facciones. "Devuélveme a mi niño, humano. Y te dejaré ir."

"Lo haría si pudiera, Trisha Elric," fue la apagada respuesta. "De no haber sido yo tan cobarde para hacer lo que se debió de haber hecho en Risembool hace ocho años, tú estarías descansando en paz, y tu niño aún estaría vivo. Yo cometí un error en ese entonces. Pero no voy a huir de nuevo."

"¿De qué estás hablando?" dijo el Homúnculo entre dientes, su voz matizada con rabia y miedo. "Y no me vuelvas a llamar bajo el nombre de esa patética humana, ¡estúpido!"

Los ojos de Roy brillaron fríamente. "Nosotros somos quienes somos, homúnculo. Y puedes llamarme Roy Mustang. O simplemente General Mayor. Demonios, puedes inclusive llamarme el Alquimista de Fuego," dijo casi como ausente, como si su mente estuviera completamente en otro sitio. "Pero sobre todo, sólo recuerda el dolor."

Hubo un súbito silencio. Y Hawkeye supo con fatal certeza lo que iba a suceder después.

El Homúnculo arremetió contra el Alquimista de Fuego, transformándose en su estado acuoso mientras lo hacía.

Roy encogió los hombros lánguidamente con la apariencia de un hombre que sufría de extremo aburrimiento, inclinó levemente su cabeza, y lanzó su mano con negligencia, el pequeño objeto plateado que sostenía brillaba exponiendo un color rojo en cuanto parpadeó saltando a la vida. Su expresión no cambió una pizca cuando el Homúnculo explotó apenas a un pie de distancia de su rostro en una ensordecedora emisión de luz, calor y vapor que llevó a los atemorizados soldados a lanzarse al suelo mientras se escudaban los ojos. Hawkeye fue la primera en levantarse, tambaleándose hacia su Comandante en Jefe mientras trataba de parpadear para quitarse las borrosas imágenes púrpura de los ojos. Ellas parecían talladas en sus retinas, pero a medida que le echaba un fugaz vistazo a la sombría mirada en el rostro de Roy, ella de pronto pensó que quizás el no ver claro era una bendición.

No quedaba nada de Pereza excepto por un polvo marrón rojizo que se alejó con un soplo de brisa. Hidrógeno y oxígeno eran gases altamente inflamables que ardían por completo después de todo. Alquimia básica.

"Requiescat in pace, Trisha Elric. Te lo desea el hombre que ama a tu hijo." (1)


Deja de jugar, demonios, y sólo contéstame. ¿Qué es lo que tengo que hacer?

Eso es todo lo que tienes que hacer. Contestar la pregunta.

¿Qué? Se supone que tú sabes todo en este lugar, ¿por qué necesitas que yo te diga a ti quién soy?

¿Entonces por qué no contestas la pregunta? ¿Quién eres? Es una bastante pura y simple verdad que el conocimiento de uno mismo es el conocimiento más evasivo que existe. Tú casi podrías decir…que es oro.

La verdad es raras veces pura, y jamás simple. Me confiaste suficiente inteligencia para darme cuenta de ello.

Nadie nunca te ha acusado de menos.

Yo tengo un nombre, sabes.

¿Lo conoces?

¿Estás diciendo que yo no conozco mi propio nombre? Es…es…no lo…. Mierda. Hay todo un desorden en mi cabeza. ¿Por qué no puedo recordar?..¡Es que hay demasiadas…cosas ahí en este momento! Demasiado ruido…no puedo…demonios. Bueno. Ya me perdí.

¿Quién eres?

Tú estás disfrutando bastante de todo esto, bastardo. Y ya que tú obviamente pareces que piensas que sabes, ¿por qué no me lo dices?

Porque esa no es la razón por la que estás aquí. debes contestar la pregunta. ¿Quién eres?

Yo…no lo sé. Aún. Pero lo voy a averiguar. Yo voy a recordar…

Ciertamente de todos quienes han venido antes, tú eres el que estás más cerca de lograrlo.

…y cuando lo haga, voy a hacer que te arrepientas mucho, pero mucho de haberte metido alguna vez conmigo.

Un divertido silencio. Luego: En ese caso, deberías apurarte. Aquí el tiempo es infinito…en cualquier otro lugar, no lo es. Y aquí hay algo más que tu propia existencia en juego. Por supuesto, si aceptas o no esos juegos depende de ti.

¿De qué hablas?


"No lo hagas, Al," dijo Roy suavemente. "Tú aún no eres un asesino…Ed no habría querido que lo seas. Déjamelo a mí."

"No," y la alienígena amargura comprimida en esa sola palabra salida de los labios de Alphonse Elric hizo que incluso el Alquimista de Fuego retrocediera involuntariamente. El usual rostro abierto y cálido ahora cerrado y hermético, la misma apariencia que Roy había visto en incontables hombres obligados a hacer lo incalificable y acabar con la vida de otra persona. Él la conocía bien. La había llevado con frecuencia, por un tiempo. Casi había muerto debido a ella, por esa apariencia que cortaba la vida, que te apartaba de todo lo que era bueno, y vivo, y humano. Maes lo había salvado, había abierto las cerraduras, pero había sido Edward Elric quien había enviado un viento limpio a través del vacío, soplando y llevándose los oscuros pensamientos que habían prevalecido por tanto tiempo. Lo había regresado a la vida. Le había enseñado lo que era amar.

Por el amor de Ed entonces, él tenía que salvar a Al de un destino oscuro similar. Después de todo, ellos habían tenido un contrato.

Algunos de sus pensamientos debieron haberse mostrado en su rostro a pesar de sus esfuerzos, ya que Al negó con su cabeza, un pequeño, decisivo movimiento hacia un lado y hacia otro. "Usted no puede decir nada que me haga cambiar de parecer, General," dijo Al sin tono específico. "Yo puedo llegar a ser tan terco como mi hermano. Y usted nunca fue capaz de hacerlo cambiar de parecer."

Roy forzó una sonrisa socarrona. "¿Ah sí? Pues debe de correr en la sangre de los Elric. Pero no creo que tu hermano vea esto como un tributo acorde a su memoria, ¿no lo crees?"

Al elevó sus grises ojos para mirar fijamente a su Comandante en Jefe. "Ni siquiera intente influenciarme con esa basura sentimental, señor," y a Roy le chocó cuánto se parecía el joven Elric a su hermano en ese instante. "Y yo tampoco intentaría detenerme por la fuerza. Alquimista de Fuego o no, usted sabe de lo que soy capaz. No quisiera que usted termine como un…daño colateral." Un repentino y suave hipo hizo una curiosa yuxtaposición contra el sombrío comportamiento, y de pronto la voz de Al sonó mucho más joven mientras éste se sofocaba, "Mi hermano no querría esto. Y yo odiaría ponerlo triste. Él ya ha sufrido suficiente por mi culpa."

"Eso no lo traerá a Ed de vuelta, Al. Te prometo que Envidia tendrá lo que se merece. Pero no de esta forma. Tú sabes que está mal."

"¿Mal? Mi hermano…está muerto. Debido a esta abominación," y los dedos de piedra apretaron más fuerte. Roy pudo oír el crujir del hueso y de hecho el homúnculo soltó un quejido y se desplomó, aparentemente inconciente. "Vamos, General. Si alguien debiera tener la satisfacción de vengar a mi hermano, ése debería de ser yo. Es mi culpa – siempre ha sido mi culpa. Y por eso, nadie – pero nadie – entiende la Única Verdad como yo…." La voz de Al se detuvo como soñando. "Es como mi hermano siempre decía: Intercambio Equivalente."

"Venganza no es Intercambio Equivalente, Al. Y tu hermano siempre luchó contra eso – su meta entera en la vida era sortear y revertir el error que él hizo, ¿recuerdas?" El Alquimista de Fuego mantuvo su tono calmado, razonable, medido. "¿Por qué querría que tú te vincules ahora con esto?"

"¡Porque al final incluso él no la pudo engañar!" aulló Al de repente. "Mi hermano, el Alquimista de Acero – ¡no pudo hacerlo!.. ¡Para devolverme mi cuerpo, él tuvo que sacrificar el suyo! Y después cuando lo tuvimos de vuelta…yo no pregunté cómo…yo no pregunté por qué…yo sólo quería creer que sí lo podíamos hacer, que habíamos superado la Única Verdad, que si alguien lo podía hacer, ése era mi hermano. Y nosotros íbamos a ser felices…a pesar de que había una guerra y todo lo demás, nosotros al final íbamos a ser felices. ibas a ser feliz. Él te amaba. Él te amaba, bastardo – ¡y a ti ni siquiera te importa!"

Roy negó con su cabeza atontadamente cuando la acusación de Al azotó contra su herida abierta. "Por supuesto que me importa, Al – yo lo amé. Y siempre lo amaré. Pero el que mates a Envidia no va a cambiar nada, Alphonse-kun. Por favor. No lo hagas."

"Y tú eres el que hablas, con toda esa sangre en tus manos," señaló Al rotundamente. "La Única Verdad, General, es que para conseguir algo, uno tiene que entregar algo de igual valor. Debimos de haber sabido que traer de regreso a Ed sin sacrificar nada no iba a durar mucho. Y ahora que lo hemos vuelto a perder, junto con todas nuestras esperanzas y todos nuestros sueños. Oh, yo voy a ser un buen hermano menor – voy a obedecer sus últimas palabras dirigidas a mí, cuando me dijo que viva. Pero primero, tengo que asegurarme de que esto nunca vuelva a ocurrir." Su voz se volvió áspera. "Intercambio Equivalente, ¿recuerda? Una vida por otra vida. Aunque esta abominación sin alma no es ni la mitad del hombre que es…fue mi hermano…."

Intercambio Equivalente, pensó Roy con desesperación. Algo estaba mal. Algo lo estaba inquietando, y casi pudo escuchar la voz de Ed haciendo una frenética rabieta en su cabeza: General bastardo, ¿cómo puedes ser tan estúpido? ¡Levanta tu ocioso trasero y piensa! En el Intercambio Equivalente, algo se tiene que entregar para así conseguir otro algo de igual valor. ¿Qué se llevó la Puerta esta vez?

Un brazo y una pierna. Los restos de un pequeño niño. Una Piedra Filosofal. Un alma…un espíritu….

¿Y así te consideras un Alquimista Estatal? No te vayas por las ramas, bastardo – ¿qué conseguiste a cambio?

Nada. No había habido intercambio equivalente.

¡No había habido intercambio equivalente!

"¡Él no está muerto!" dijo Roy ahogadamente.


Nota de la Traductora:

(1) Requiescat in pace: 'Descanse en Paz' del idioma latín.

Díganme si la Puerta no es lo máximo. ¡O díganme si Roy no lo es!, bueno, para mí sí.

Si tienen alguna duda, cualquier pregunta, de éste o de otro capítulo no duden en hacerla. Es muy importante que entiendan todo, ya que estamos en una parte super importante del fic.

¡Ahora dejen Review!