Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.

Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.


Full Circle
(Círculo Completo)


Capítulo 24: Caduceo y Corona

Roy Mustang trató de encontrar sus llaves mientras permanecía apoyado contra la pared de sus habitaciones, la fatiga y unas lastimadas y todavía no recuperadas manos lo volvían torpe. El encendedor que Auric le había dado era un reconfortante peso en su bolsillo, ya que chasquear los dedos no era para nada una opción. Luego de dejar caer su llavero un par de veces más, logró finalmente abrir la puerta y buscó el cordón de la lámpara que colgaba del desnudo foco de luz en el pequeño vestíbulo de entrada. El Fuhrer había tenido una suite con habitaciones mucho más lujosa y costosa en el Cuartel General, y se encontraba ahí para su uso, pero Roy prefería la familiaridad de su propio y humilde espacio. Además, él todavía no era Fuhrer, aunque la corona ya estaba al alcance de su mano. Qué extraño, sentir tal ambivalencia sobre la única cosa por la que había luchado conseguir durante la mayor parte de su vida adulta – o no tanta ambivalencia como la horrible espera, como la sensación que siente en el estómago un clavadista cuando está al borde del trampolín, la gran aspiración de aire previa a la zambullida. Sabiendo que ésta era la culminación de todos tus esfuerzos, tu momento de triunfo, y a la vez se lamentaba porque…bueno…porque en cuanto te bajaras de la saliente del precipicio, todo se habría acabado en un instante, el trabajo de años y años corriendo a toda prisa para su realización. Y después la dura tarea de levantarse, ya que la próxima zambullida, la siguiente competencia, el siguiente capítulo, empezaría. Cansado, rió entre dientes a sí mismo al tiempo que las luces parpadeaban y se encendían, y caminó ingresando a la habitación, la cual le parecía simultáneamente la misma y a la vez diferente luego de su larga ausencia; todo estaba en su lugar apropiado y a su vez todo estaba rodeado de un aire de desolado abandono.

Él no había vuelto a utilizar sus cuarteles en Central desde aquella primera noche que Auric había pasado en Central, y la habitación todavía se encontraba en el estado de controlado desorden en que lo habían dejado – polvo de tiza sobre el piso donde habían estado trabajando con círculos de transmutación, un par de vasos enjuagados y dejados sobre el escurridero, la botella de whiskey a medio tomar sobre la destartalada mesa lateral. Al menos las literas estaban tendidas; Roy siempre tendía su cama justo después de levantarse, los hábitos de toda una vida con los militares eran difíciles de sacudírselos, y Auric había resultado ser un huésped sorprendentemente ordenado. La única evidencia real de que ellos habían estado alguna vez allí era el relumbrante jarrón de oro sobre la almohada que Roy tomó de la litera superior, y la prestada camiseta de cuello redondo que había sido doblada prolijamente en tres y colgada sobre la baranda al pie de la litera. Tomó la camiseta y caminó de regreso a la chimenea, dejándose caer en la silla que había ocupado aquella noche mientras hacía un ovillo con la prenda y la lanzaba hacia la silla de enfrente en donde Auric se había sentado hacía tantas noches atrás y le había contado a Roy de su miedo – de que él desaparecería, de que nunca sería recordado, de que sería borrado de la existencia con el regreso de Ed. Bueno, Ed había regresado. Y Auric…Roy de alguna forma sospechaba, no se había ido por completo.

"Habla con él Roy" Maes le había pedido con insistencia. "Todas estas evasivas entre ustedes dos son ridículas. Es probable que él simplemente esté tan inseguro como tú sobre dónde están ustedes parados. Y va a ser difícil para él lidiar con los recuerdos de Auric encima de los suyos. Y mientras Auric tenía una mano hábil para enfrentar las relaciones humanas, Ed siempre luchaba con ellas, si recuerdas. Y…." Roy había levantado una ceja ante la vacilación en la voz del hombre, y Maes había alzado los hombros avergonzado. "Y realmente yo no quiero que nada se arruine en la inauguración en la que he trabajado tanto en organizar – Ed siempre tenía el feo hábito de volar edificios por los aires cuando estaba molesto…."

Él había asentido con cansancio, demasiado exhausto para pensar en alguna forma de ingenioso contraataque. "Lo sé. Lo haré. Después. Es que ahora estoy tan ocupado, Maes, y él también, y…."

Maes entonces se había estirado y delicadamente lo había sacudido por el hombro con insistencia para frenar sus balbuceos, aunque con cuidado de no sacudir ninguna de las heridas en recuperación. "Roy. Detente. Necesitas descansar, no estás pensando claro. Porque cuando amas a alguien – sí, amor, no me mires así – tú te das el tiempo." Sacudió su cabeza. "Es bueno el que se hayan enamorado el uno del otro – yo no conozco a nadie más que pudiese aguantarte a ti y a tus grandes ambiciones sin cometer el error de convertirse en un psicópata o una arpía. ¿Existe un nombre masculino para arpía?"

Roy había gruñido en su café ante la imagen de un fastidioso Ed con alas, garras y hendida cola. Ahora miró a través del bostezante espacio entre las sillas y se imaginó un par de medio divertidos ojos dorados riéndose fingidamente de él y con él. Dándose tiempo para él, demandando nada menos de él.

Mañana, se prometió a sí mismo, él hablaría con Ed mañana. En estos momentos, sin embargo, él iba a dormir un poco. Levantándose, vaciló, luego cogió la camiseta de donde yacía arrugada sobre la silla y la llevó hacia su nariz. Todavía olía a jabón, y a café, y a acero caliente, y a rayos de sol. Como Ed. Y mientras se deslizaba entre las sábanas y sentía al sueño alcanzándolo para reclamarlo con ávidos dedos, la apretó contra su pecho y respiró de ella, poniendo toda su fe en una promesa no tan lejana dada en un campo de batalla.

Mañana.


Alphonse Elric se dio vuelta, tirando las mantas hacia arriba mientras trataba de acomodarse. Sus piernas terminaron enredadas con las sábanas, y pateó irritado, luego profirió una palabrota cuando su pie hizo un doloroso contacto con el poste de la cama. Demonios. Su suspendida sesión de ejercicios con su hermano temprano en el gimnasio parecía haberle crispado los nervios en vez de agotarlo, y se debatía entre levantarse y leer o terminar su carta para su casa, pero se preocupaba por despertar a Ed. Se daba por sentado, durante su errante juventud, que su hermano había sido una de esas personas que podían dormir durante un terremoto, pero en el breve tiempo que Al había compartido la habitación con Auric, había notado que el Guardián tenía un sueño sorprendentemente ligero, un hábito probablemente desarrollado por necesidad, y esta nueva versión de Ed pareció haber adoptado esa práctica. Así que se dejó caer boca arriba lo más silenciosamente posible, mirando enfadado hacia el techo mientras deseaba con todas sus fuerzas cerrar sus ojos y esperar que le venga el sueño, aunque se estaba empezando a dar cuenta que incluso un Alquimista Estatal no tenía ningún control sobre el reino de Morfeo. El Alquimista de Tierra volvió a darse vuelta en la angosta y estándar cama hasta que se encontró con una cama similar a la suya. A diferencia de él, su hermano parecía estar durmiendo profundamente, su suelto cabello dorado desperdigado por encima y fuera de la almohada, su rostro llegando a ser tanto calmado como en guardia en su reposo. Al puso labios de preocupación mientras estudiaba los rasgos que eran más familiares para él que los suyos propios.

"Estás volviendo a mirarme fijamente, Al," masculló Ed somnoliento sin abrir sus ojos, aunque una irónica sonrisa tiraba de sus labios. "¿Tienes problemas para dormir?"

Su hermano menor se sobresaltó y negó su cabeza divertido. "Yo estoy con Hughes. ¿Cómo lo haces?" Maes había estado fascinado con la aparente habilidad de Auric para decir lo que estaba ocurriendo a su alrededor incluso con los ojos cerrados, probablemente porque sería una habilidad invaluable para un Oficial de Inteligencia, y al parecer Ed no había perdido su toque.

"Nosotros tenemos otros sentidos además de la vista, sabes. Por ejemplo el sonido – es difícil estar seguro, pero pienso que podrías haber sido más silencioso como armadura." Ed se movió, bostezando ampliamente, y abrió un somnoliento pero divertido ojo, una apenas pequeña rendija de oro visible a través de sus pestañas. "Además, yo no me llamaría Guardián si no pudiera decir cuándo alguien me está observando. ¿Qué te está molestando?"

Su hermano decidió que Ed evidentemente había retenido los cambios de humor de Auric, dado que Ed estaba descaradamente conversador en ese momento, en escueto contraste a las horas anteriores cuando él había básicamente irrumpido dentro de su dormitorio luego de su sesión en el gimnasio y se había aventado a la cama, rehusándose a hablar. Ignorando cuidadosamente el hecho de que Ed se acababa de referir instintivamente a sí mismo como un Guardián a pesar de haber sido recertificado y restaurado, desde un punto de vista oficial, al estatus de Alquimista Estatal, Al tomó aire profundamente. El reloj de bolsillo igual al suyo yacía sobre la mesa de noche donde había sido arrojado despreocupadamente, destellándole con burla. "A decir verdad, hermano, tú."

Las cejas de Ed se elevaron en burlona indignación mientras se sentaba y se sobaba los últimos vestigios de sueño de los ojos. "Oye, ¡yo no soy el que ronca!..¿Cómo puede aguantarlo Winry?" Una almohada vino volando en su dirección, y se agachó, riendo. "Okay, okay, me rindo. ¿Qué te molesta de lo que hago?"

"Bueno…" Al se sentó, jorobándose ligeramente mientras abrazaba la almohada restante a su pecho defensivamente, una pose familiar que Ed había visto muchas veces cada vez que su hermano menor quería abordar un asunto delicado, pero no estaba seguro cómo lo tomaría Ed. Eso nunca era un buen augurio. Al menos para él. Entonces Al vaciló, luego, "Vi la cicatriz en tu pecho, sobre tu corazón. Hoy temprano, cuando estábamos dándonos una ducha en el gimnasio."

Él estaba más que seguro de que eso no era lo que Al quería decir, pero Ed le siguió la corriente. "Oh. Sabes, es un souvenir típico de la Puerta de la Verdad. ¡Ahora estamos iguales!" Su mano se arrastró hasta su pecho e inconscientemente se lo sobó a través de su camiseta. Cuando niño, él generalmente había dormido con el pecho descubierto, pero desde su retorno, había encontrado que dormir casi completamente vestido era un hábito difícil de romper, derivado de lo que era el instinto de conservación del Guardián y la necesidad de estar listo en un instante. Sus sais descansaban cerca de su mano bajo su almohada.

"No. No lo estamos, hermano." Los ojos grises de Al brillaron como luz de estrellas en la delgada luz rastreando a través de la rendija bajo la puerta de su habitación. "La tuya es diferente a la mía. No es una serpiente alada sobre una cruz. ¿Sabes lo que es?"

"Ah…Al, sabes que siempre te dejaba a ti ese tipo de investigación detallada," dijo Ed sin contestar. Al lo miró enfurecido, y el más delgado de los rubios gruñó. "¿Tenemos que hacer esto ahora? Estoy cansado, Al. Algunos de nosotros de verdad hicimos ejercicio."

"Entonces acuéstate y escucha," replicó su hermano ásperamente. "Pero no te atrevas a quedarte dormido, porque lo sabré, y transmutaré tu almohada en chicle, y entonces tendrás que cortarte el cabello. Y eso tú nunca lo superarás."

Ed se movió nerviosamente. "Eres malvado, ¿lo sabías? Debió ser la influencia de Winry. No tengo idea en qué estaba pensando, pidiéndole a ella que te cuidara. Debí dejar que te quedaras con Mustang…espera, entonces serías un bastardo manipulador, eso tampoco hubiera resultado, sin mencionar la idea de ustedes dos casados…¿Hawkeye? Oh, espera, lo tengo, ¡Hughes! A Gracia le habría encantado tenerte, y Alicia…."

"Deja de cambiar el tema, hermano," reprendió Al. "No hagas que te vuelva a dar una bofetada de nuevo Auric."

Una sonrisa de cariño tocó ligeramente los labios de Ed mientras miraba a su hermano con orgulloso afecto. "Realmente has madurado, Al. Ahora tú me estás cuidando – se siente casi como que yo soy el superfluo aquí. Tú ya no me necesitas más."

Al se lanzó fuera de su cama y hacia la de Ed al tiempo que abofeteaba – o mejor dicho, golpeaba – fuerte a Ed, la cama crujió duramente ante el nuevo peso. "¡Te lo advertí!..¿Acaso la frase 'Alquimistas Estatales dementes' no te suena?" Ed se asfixió cuando Al envolvió sus brazos alrededor suyo y lo apretó más fuerte de lo necesario. Él podía sentir a su hermano temblando bajo la musculosa banda de hierro, y levantó su brazo lo mejor que pudo para frotar la espalda de Al, sintiendo que la tensión menguaba lentamente mientras Al empezaba a relajarse. "Te juro que si vuelves a sacar otro de tus nobles trucos de auto-sacrificio, te voy a buscar donde quiera que termines yendo a parar y te voy a estrangular. ¡Al menos así yo sabré dónde estarás en todo momento!"

Ed sacudió su cabeza delicadamente, atrapada todavía en el hombro de Al. "Tú sabes que siempre encontraré una forma de regresar a ti, Al. Pero lo siento, lo que dije fue algo estúpido."

"Debes de sentirlo," dijo bruscamente su hermano, pero finalmente lo soltó y se movió para sentarse con su espalda contra la pared, sus largas piernas estiradas frente a él medio colgando fuera de la cama. Ed se sentó de piernas cruzadas a la altura de su ángulo derecho cerca de la cabecera de la cama, y por algunos minutos ninguno dijo nada. Al final Al se volvió a mover. "Entonces. Tu cicatriz."

"Es un caduceo (1) y una corona," Ed suspiró resignado. Él no podría estar tan interesado en minucias como su hermano – excepto en la medida que ellas se relacionaban con sus metas – pero tú no podías regresar de la Puerta de la Verdad tres veces y no tener una buena cantidad de cosas metidas en tu cabeza.

"¿Qué crees que signifique?" La ceja de su hermano se había arrugado mientras pensaba.

Ed dejó que su cabeza se inclinara contra la cabecera de la cama y cerró sus ojos. "Yo no bromeaba cuando me referí a las cicatrices como souvenirs, Al. La Puerta marca a todos quienes la ven para aquellos quienes entienden cómo interpretarla. La tuya nos dice que tu espíritu y alma han experimentado una exitosa fijación a este plano."

"Gracias a ti."

Ed se encogió de hombros. "Como sea. Tú habrías hecho lo mismo por mí." Abrió sus ojos, los cuales resplandecían espantosamente brillantes, como los de un gato. "En mi caso, el caduceo, con sus enroscadas serpientes gemelas, representa la unión de dos manifestaciones – Auric y Ed – alrededor de un alma. La bola dorada con las alas en la parte superior de la vara representa el producto de su exitosa unión, la Piedra, su vástago – yo. O al menos el yo en quien me convertiré…." Recorrió distraídamente su mano por su cabello. "Esto no es sencillo, Al. ¿Sabes lo extraño que es ver el mundo a través de dos pares de ojos, cada uno viendo la situación bajo los lentes de su propia experiencia? Es una lucha diaria el reconciliar a los dos en mi cabeza, y a veces siento que es una batalla perdida. La gente continúa esperando que yo simplemente continúe desde donde me quedé. Bueno, no puedo. Disculpa por volcarte todo esto, pero estoy cansado. Cansado de mantener la apariencia de normalidad. Porque ésta no es una situación normal." Su rostro se oscureció mientras inclinaba su mentón hacia abajo, y Al pensó distraídamente que era como si hubieran atenuado las luces al momento que la abrasadora mirada de Ed caía hacia las arrugadas sábanas.

"¿Entonces la corona debe representar la exitosa finalización de dicha unión?" preguntó Al tentativamente. "Pero tú acabas de decir que…."

La sonrisa de su hermano era triste. "Un poco presumible y prematuro por parte de la Puerta. Yo sabía que iba a tratar de regresar a mí para quejarse en voz alta." Se movió inquieto. "Es una burla que tengo que ver cada vez que me miro al espejo. Y eso también me recuerda…." Se detuvo y luego suspiró. "Olvídalo."

"Hermano…" Al instó gentilmente. "Nosotros siempre hemos compartido nuestros problemas, tú lo sabes. ¿Qué pasa?"

Ed parecía estar luchando consigo mismo, sus gráciles dedos vagando nerviosamente por entre las sábanas, alisando las arrugas mientras luchaba por articular sus pensamientos. "Bueno…mucha de la investigación alquímica se centra alrededor de crear una Piedra. ¿Correcto?" Esperó que Al asintiera estando de acuerdo. "Supón que tienes éxito en crear la Piedra. ¿Qué haces con ella?"

Al abrió su boca reflexionando, luego la cerró. ¿Su hermano hablaba en serio? "Um…bueno, la usas."

"¿Para qué?" peguntó Ed. "Y no estoy bromeando."

"¡Para lo que quieras!" dijo Al, confundido. "Restaurar cuerpos, prolongar la vida – es una fuente de poder, eso es todo."

"¿Y qué haces cuando has alcanzado todo lo que te propusiste, Al?" preguntó suavemente su hermano, y con esa delicada pregunta, las confundidas piezas se colocaron en su lugar. Los ojos de Ed estaban apagados mientras se sentaba un poco más derecho y cruzaba cuidadosamente sus manos en su regazo.

"Una piedra no sirve sin un propósito."


Era triste, realmente, el que Mustang tenga que ser eliminado. Puede que él sea un arrogante, condescendiente, manipulador hijo de perra, pero el hombre tenía agallas, y a decir verdad había contribuido a cambiar la situación de la guerra de Drachma. Y la gente lo adoraba; él encajaba en el perfil del brillante, gallardo héroe de guerra, y el hombre tenía carisma saliéndole por las orejas. Sin mencionar toda esa extravagante Alquimia a la que el Fuhrer Bradley le había prestado demasiada atención, para el eventual perjuicio del hombre. Así que el Alquimista de Fuego era un fuego artificial humano, gran cosa. Pura chispa sin sustancia. Aún así, presentó un buen espectáculo, y ése era el problema…el hombre se había vuelto demasiado grande para entrar en sus propios pantalones gracias a la adulación general que lo acogía donde quiera que iba. Demasiado…popular. Y eso siempre era peligroso.

Las personas, pensó el General-Mayor Hakuro, eran como ovejas. Estaban ahí para ser guiadas. Para ser utilizadas. ¿Y a quién le importaba lo que pensaban las ovejas? Ellas no entendían que lo que necesitaban era un pastor con mano dura que las guíe y las haga correr aprisa en la dirección correcta, y que ese playboy caprichoso y mujeriego de seguro no era lo que Amestris necesitaba en estos momentos. El país casi había sido destruido, ¡por Dios!, necesitaba ser unificado y reconstruido, y Mustang no era el hombre para ese trabajo. No señor, lo que ellos necesitaban era un líder experimentado, un gobernante fuerte, un decisivo déspota. En otras palabras, él. Él se había ganado su rango, no como Mustang, quien había brincado como un sapo su camino a la cima… probablemente besando más que traseros para favorecer sus ambiciones. ¿De qué otra forma se podía explicar la peculiar lealtad del Alquimista de Acero y su hermano? Y del resto de su irritable y muy unido personal… él había intentado conseguir que sus espías se integren al círculo íntimo de Mustang incluso antes de que se inicie la guerra de Drachma, pero extrañas cosas parecían ocurrirle a la gente que se acercaba demasiado. Uno de sus mejores espías se había despertado desnudo en medio del Cuartel General después de beber unos tragos con Havoc, con un blanco tatuado nítidamente sobre su nalga izquierda. Otro había intentado cortejar a la ayudante de campo de Mustang – ¿cuál era su nombre? Liza, Rosa, algo por ahí – y había regresado con su brazo derecho en un cabestrillo. Aparentemente la mujer le había metido dos balas en su antebrazo luego de que él había intentado deslizar su brazo alrededor de ella, haciendo añicos su húmero. Hasta ese callado especialista, el de anteojos, de alguna forma se escapó de ellos la vez que intentaron acorralarlo y sacarle información sobre las actividades de Mustang, y luego de eso sus teléfonos no habían funcionado por semanas.

Hakuro gruñó. Por supuesto, la popularidad del hombre significaba que un obvio ataque contra él era inútil. Incluso si el intento fuese exitoso, él no necesitaba que Mustang se convierta en un mártir o que el pueblo se vuelva más agitado por el estado de gobierno de lo que ya estaba. El clamor popular de apoyo más que seguro significaría que aquellos responsables fuesen linchados, y mientras él estaba más que seguro de tener suficientes hombres y armas para defenderse, bueno…tú no podías matar a todas las ovejas, ¿de quién vivirías entonces? Lo que dejaba tres alternativas. Desacreditar a Mustang a estas alturas sería difícil, especialmente con esa máquina giratoria de Maes Hughes firme a su lado manipulando propaganda. Él hacía que sus propios oficiales de inteligencia parezcan como los torpes tontos que a menudo eran. Luego estaba el persuadir al único hombre más popular que Mustang para que transfiera sus lealtades hacia Hakuro. Aunque dada su pasada experiencia con el Alquimista de Acero, Hakuro estaba bastante seguro de que esa posibilidad no estaba sobre la mesa, lo cual era una lástima, porque el muchacho ciertamente había crecido hasta llegar a ser impresionante. Aquellos ojos…aquellos labios casi rojos…se movió incómodamente mientras sentía que su rostro le quemaba del sonrojo.

Oh. ¿Acaso podría ser así cómo Mustang estaba reteniendo a Acero a su lado? Claro, ese astuto, pervertido bastardo, pensó Hakuro santurronamente, eso era morboso. Un personaje con poca moral, ahí lo tienen, no podemos tener un Fuhrer así, ¿no es cierto? Así que entonces tendría que ser la tercera opción. Era algo bueno el que todavía tuviera hombres apostados en el Cuartel General desde los días en que habían servido como seguridad destacada para el Fuhrer, aunque estaba seguro de que Mustang se movería rápidamente para removerlos y reemplazarlos con sus propios hombres, así que ellos tendrían que moverse rápido. La repentina y pacífica muerte del ilustre Alquimista de Fuego, héroe de las guerras de Ishbal y Drachma por asesinato – sí, por su puesto sin esa última parte, de hecho se leería muy bien en los periódicos.

Miró a través de la ventana. Una noche pesada, oscura, silenciosa. Una buena noche para conspiraciones e intrigas. Aunque sería bueno acostarse temprano, él necesitaría estar fresco, alerta y listo para expresar su pesar en la mañana cuando vengan a darle las trágicas noticias de que las heridas que el Fuhrer-electo había sufrido en la guerra habían probado ser demasiado, incluso para su noble cuerpo. Y él por supuesto se ofrecería para conducir la nación durante este tiempo de dolor y crisis. Tal vez podría incluso consolar al Alquimista de Acero. Una cruz muy pesada que cargar, pero el General-Mayor Hakuro, naturalmente, estaría más que dispuesto para esa labor.


Ellos habían permanecido sentados en la oscuridad por un rato, Al porque no sabía qué decir, y Ed porque ya había dicho todo lo que tenía que decir. El Cuartel de Oficiales Solteros estaba inquietantemente silencioso – normalmente debía de haber gente conversando en los corredores, murmurando silenciosos buenas noches y nos vemos mañana, pero por alguna razón nada se revolvía. Hasta la brisa que hacía rato había estado soplando dentro a través de la ventana abierta se había calmado. Finalmente Ed rompió el silencio.

"Anda a la cama, Al, ya es tarde, y mañana tenemos todo un día de trabajo con Armstrong en esos planos de reconstrucción. Pienso que vamos a tener que enviar a Winters y a Klimt al norte para que ayuden, ¿qué te parece?"

Al reconoció el valiente intento de su hermano para llevar la conversación de regreso al día a día. "Um. Sí. Claro, eso podría funcionar, Winters es un alquimista civil bastante bueno, y la Ciudad del Norte tuvo el mayor daño." Forzó una nota de jovialidad en su voz. "Oye, quizás podríamos ofrecernos de voluntarios para ir a Ciudad Oriental, de esa forma podríamos parar en Risembool y tú podrías ver a todos."

Él sintió, más que vio a Ed sonreír levemente. "Claro, Al. Lo que quieras. Lo haremos después de la inauguración, ¿de acuerdo?"

"Sí. Deberíamos quedarnos para eso, y Winry dijo que le gustaría venir también. No todos los días tienes asientos en primera fila para observar al nuevo Fuhrer asumir el poder, ¡y tú estarás en el centro y frente a él! Después de eso podemos regresar todos juntos a Risembool – te sentirás mejor en el campo," añadió Al esperanzado. "Allá es apacible. Y puedes ver las estrellas en la noche, no como aquí. Y oír gorjear a los grillos…hey, escucha, ¡puedes escuchar uno ahorita! Me imagino porque está todo tan tranquilo esta noche. Ésa es una señal de que debemos de regresar a casa."

Ed abucheó con fraternal mofa. "¿Diversificando ahora tus actividades hacia la adivinación? Eso es en verdad una 'señal'. Quizás también debieras estudiar…" y entonces se puso rígido y se detuvo abruptamente. Su máscara de afable diversión fue sacudida y reemplazada por una mirada de feroz intensidad. De un salto ya estaba fuera de la cama, abotonándose sus pantalones y deslizándose hábilmente dentro de sus botas mientras echaba mano de las dagas ocultas bajo su almohada. "Al. Apresúrate, vístete, tenemos que irnos."

"¿Ahorita?..¡Pero si los trenes no salen hasta que sea de mañana!" protestó Al en shock, incluso si se deslizaba saliendo de la cama de un salto y empezaba a colocarse la camisa sobre su cabeza, automáticamente obediente a las órdenes de su hermano.

Ed ya estaba hurgando en un cajón en busca de un lazo mientras se echaba el cabello hacia atrás en una baja y suelta cola de caballo. "Central no tiene grillos, Al, está demasiado fortificada y el clima no les sienta bien. Salvo que esté equivocado, ésa sí es una señal, pero no para nosotros." Tomó el par de guantes de su mesa de noche y se los colocó, ajustándoselos bien alrededor de sus antebrazos con experta facilidad, luego vaciló un momento, mirando el reloj de plata que había estado tendido al lado de ellos, antes de recogerlo y metérselo en su bolsillo. Su viejo reloj se había perdido hacía cuatro años, lo cual no era exactamente algo malo, pensó filosóficamente mientras sujetaba la cadena del nuevo a su cinturón. La fecha marcada en la parte interna de la tapa nunca sería olvidada, pero su significado era, en varias formas, algo de su pasado, algo que pertenecía a un capítulo de su vida que ahora se encontraba cerrado. Era tiempo de seguir otro rumbo a partir de ambos pasados. Algo había cambiado dentro de él durante estos últimos minutos, había sacudido las oscuras ataduras de la depresión y empezaba de nuevo a tomar un incisivo interés en el futuro, y no estaba tan seguro por qué. ¿Quién sabe si sólo necesitaba compartir sus preocupaciones con Al? Archivó ese pensamiento para considerarlo posteriormente; habían otras cosas que demandaban su atención en ese momento.

"¿Crees que es alguna clase de señal?" preguntó Al mientras tiraba frenéticamente de los cordones de sus botas. Ed arrancó su capa y la hizo girar suavemente sobre él, se palpó el cuerpo en un chequeo final, luego asintió, satisfecho. Se movió silenciosamente hacia la puerta, sus botas apenas emitían sonido, notó de pronto Al.

"Sí. Y si hay gente merodeando a hurtadillas por el Cuartel General con claves encubiertas, eso no puede significar nada bueno. Yo supongo que tenemos compañía aproximándose – y yo sé quién sería mi blanco si fuera un asesino. Vamos, es hora de salvar nuevamente el trasero de ese bastardo." Y ya se había ido, deslizándose por la puerta como una sombra, y Al lo siguió, frunciendo el ceño, porque la mirada de su hermano había sido de preocupación, de aguda concentración – y de un secreto y fiero gozo.


Nota de la Traductora:

(1) Caduceo (Caduceus): Mitología Griega Una vara alada con dos serpientes enroscadas alrededor de ella, llevada por Hermes (Mercurio).
Una insignia (emblema usado para mostrar una posición oficial) utilizada en la profesión médica.
Fuente: The Free Dictionary

…Los alquimistas adoptaron el caduceo debido a que Hermes, el Dios de los Mensajeros, también era el patrono de los jugadores, ladrones, estafadores y alquimistas. Para fines del siglo XVI, la alquimia se volvió ampliamente asociada con la medicina en algunas áreas, llevando a algunos a usar al caduceo como un símbolo médico…
Fuente: Wikipedia

Quédense con lo de la insignia, yo sé por qué se los digo…

La escena de la conversación de Roy y Auric en el dormitorio de Roy se encuentra en el capítulo 7 y la de la promesa en el campo de batalla en los capítulos 15 y 16. Para todos los que quieran refrescar la memoria.

¿Listos para un poquitín más de aventura? Pero antes… review!