Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.
Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.
Full Circle
(Círculo Completo)
Capítulo 25: A las Doce y Media
Los soldados que estaban en servicio de guardia en el Cuartel General transcurrían normalmente su labor en turnos de dos horas cada uno, haciendo rondas que cruzaban la ruta de otro cada cuarenta minutos, cada encuentro con un guardia diferente, cada guardia reconociendo al otro con una clave y contraclave, antes de que el par original se encuentre de nuevo durante el cambio de guardia. Sin embargo, cuando el Fuhrer se encontraba en su residencia, o a falta de, el Fuhrer-electo, el número de guardias se incrementaba para permitir que los turnos se cambien puntualmente cada hora, con rondas más estrictas para permitir que los guardias se crucen cada media hora. De otro lado, eso ayudaba a intensificar la seguridad, ya que en teoría, los intrusos tendrían unos cuantos minutos menos para perpetrar sus fechorías. Por otra parte, más personas moviéndose significaba más partes moviéndose, más probablemente cerca de los cruces en los corredores – y más oportunidades para un guardia de escabullirse sin ser visto. Un cierto anonimato en números, y, ¿quién podría descubrir la identidad de un hombro o una espalda gris de uniforme que desaparecía doblando la esquina o caminando por un pasadizo?
Un grillo volvió a gorjear, fuerte, una vez, dos veces, en la pesada quietud que parecía hacer caído sobre Central. El oficial técnico de ojos grises frunció sus labios e imitó de nuevo el grito para los oyentes oídos, a pesar de que los silenciosos sonidos de sus botas golpeando el alfombrado corredor no revelaban ningún cambio en su manera de andar 'siguiendo las reglas'. Rodeó una esquina y advirtió al guardia que cruzaba el pasillo en dirección a él. Se intercambiaron clave y contraclave, un rápido y enérgico saludo con la cabeza hacia el joven cabo, y el larguirucho oficial continuó su camino. Su espalda permanecía recta y su postura impecable hasta que dio vuelta en la siguiente esquina y asintió una vez al soldado que emergió de entre las sombras. Nuevamente, se dio la clave y contraclave, pero esta vez, algo se deslizó entre las palmas de las manos, y luego el otro regresó desapercibidamente a las sombras mientras el oficial técnico volteó hacia un corredor, conduciéndose fuera de su recorrido y en dirección a su blanco. A pesar de que su pálido rostro y caídos ojos no revelaban signo alguno de emoción, por dentro él estaba retorciéndose con un miedo tremendo y una extraña anticipación que lo hizo aligerar sus pasos.
Revisó su reloj de bolsillo, más por nervios que por la necesidad de saber la hora, ya que estaba clavada en su mente. Las doce y media. El cabo no esperaría verlo de nuevo hasta la una en punto, y para ese tiempo el acto ya estaría concluido. Desde su posición actual, le tomaría diez minutos para escabullirse por entre los guardias que se encontraban entre él y su objetivo, debido a la ruta más larga que tomaría para evadir a los muchos hombres patrullando el edificio esta noche. Luego diez minutos para cometer el acto, teniendo en cuenta cualquier dificultad de acceso al objetivo, y otros diez para regresar sin ser visto a su puesto para el cambio de guardia. Él estaba confiado de que tendría éxito en esta asignación – el propio General Hakuro le había recalcado la importancia de sus acciones de esta noche, y su corazón se le hinchó ante la confianza que el General había puesto en sus habilidades. Aún así, se encontró a sí mismo echándole de nuevo un vistazo al reloj, apretándolo más fuerte de lo que debería, hasta que pudo sentir que el grabado en metal sobre el estuche del reloj le atravesaba la mano. Sólo respira, se dijo con firmeza a sí mismo y con un toque de impaciencia, es como cualquier otra tarea. Sin embargo, se dio cuenta para su fastidio que sus manos estaban sudorosas, y mientras se las secaba impaciente en sus pantalones en un completo incumplimiento al reglamento sobre uniformes, decidió que, en este caso, cierto grado de nerviosismo era perdonable en tanto no pusiera en peligro la misión.
Después de todo, no era cosa de todos los días que a un simple oficial técnico se le haya encomendado el imprescindible asesinato de un Alquimista Estatal, condecorado héroe de guerra y futuro Fuhrer.
Un par de sombras se movieron sigilosamente por el oscurecido pasillo, evitando cuidadosamente al guardia que marchaba erguido por el centro del corredor. Ojos mirando firmemente hacia adelante debajo del visor de su gorra, el serio soldado no notó a la figura con capa escondida en la sombra la entrada de una puerta y a la larga figura oculta detrás de una alta armadura, ni a los dos profundos y silenciosos suspiros en cuanto sus pasos amainaron. "Cuando termine todo esto, recuérdame de reescribir las políticas y procedimientos para el servicio de guardia," musitó el más bajo del dúo, colocándose su capucha mientras se asomaba fuera de la entrada de la puerta. "Lindo trabajo el que está haciendo. Podría haber pasado por aquí una manada de ganado y él no lo habría notado."
"Si estuviera haciendo un buen trabajo, habríamos sido descubierto," señaló el otro en un tono como callando al otro al tiempo que salía con cautela de detrás de la armadura. "Aunque…¿por qué estamos yendo a hurtadillas por ahí? Somos oficiales, tenemos derecho para caminar incluso después de que se apagan las luces. ¿No deberíamos de estar alertando a los guardias y llegando hasta donde está el General tan rápido como podamos?"
Edward Elric se encogió de hombros. "Porque todavía no estoy seguro de que mis sospechas están completamente fundadas, Al. No quisiéramos causar pánico innecesario en este momento, ¿no es verdad?" Sus ojos destellaron en la débil luz de un tragaluz superior, ligeramente divertidos. "Tal vez uno de los hombres tiene un grillo por mascota y lo ha traído de su casa. Aunque no estoy seguro por qué tendrías un insecto como mascota."
Alphonse Elric rodó sus ojos, sus labios se arquearon momentáneamente a pesar de la seriedad de la situación. Él sospechaba que Ed estaba disfrutando todo este asunto de la capa y la daga más de lo que se permitiría admitir. "Por favor hermano, ahórrate la humildad. Tú nunca te has equivocado respecto a tus instintos."
"Cínico," replicó Ed afablemente. "Bueno entonces, porque si estoy en lo cierto, existe una muy fuerte probabilidad de que al menos algunos de los guardias están metidos en el complot, y nosotros no querríamos alertarlos prematuramente. En fin, ¿De quién es la unidad que tradicionalmente provee el destacamento de seguridad?"
"Ése sería…déjame pensar…el General Hakuro," Al frunció el ceño. "Y él tendría mucho qué ganar si eliminan al General Mustang."
La apretada sonrisa que recibió en respuesta era animal. "Ah, ese canto de sirena – orgullo, poder y gloria. No he visto a Hakuro desde…bueno, desde mis exámenes, creo. O quizás Lior. ¿No era ya un General Mayor en ese entonces?" Al asintió sobriamente. "Entonces eso debe de habérsele quedado atascado en el buche al viejo, tener que observar a Mustang subiendo tan rápidamente de rangos hasta convertirse en su igual – y ahora tenerlo elevado a Fuhrer…tiene que saber que tiene los días contados; él estuvo tan cerca de Bradley y Mustang no es estúpido. Oh, espera, el idiota fue lo suficientemente descuidado como para ponerse en una posición vulnerable como ésta. Ese bastardo holgazán."
"Él ha estado muy ocupado, hermano," Al objetó dócilmente, pero con un distintivo tono de acusación en su voz. "Y ha estado algo distraído últimamente. Él se preocupa por su gente, sabes – por unos más que por otros." Ed esquivó la mirada con aires de culpabilidad, y Al decidió que su flecha había encontrado su blanco deseado. "Vamos, debemos de apurarnos, sus habitaciones se encuentran por aquí, ¿no es cierto? Oye – ¿nos puedes teletransportar hasta allá?"
"Podría," admitió Ed. "Pero no creo que…ah, mierda," y tiró hacia atrás a Al hacia la oscuridad del umbral de la puerta al tiempo que se escuchaban pasos en la distancia. Estos se detuvieron, luego volvieron a moverse, una sigilosa figura pasó por el costado. Al pudo sentir el brazo de su hermano temblar cuando presionó al más joven contra la puerta de madera. Ellos esperaron, casi sin respirar, hasta que las silenciosas pisadas acolchadas se habían extinguido.
Ed caminó hacia el pasillo, su cara era lúgubre. "Ése probablemente era uno de ellos pasando el arma a ser utilizada – ésa no fue una entrega programada." Su burlón estado de ánimo pareció habérsele evaporado en un instante. "Al otro le tomará como diez minutos llegar a las habitaciones de Roy, asumiendo que intenta evitar toparse en el camino de los otros soldados. Tienes razón, tenemos que movernos rápidamente."
"¿Entonces por qué no los eliminaste?" preguntó Al preocupado, aunque una pequeña parte de su cerebro notó con satisfacción el cambio de estatus del General de "idiota" a "Roy". Su hermano le hizo una mueca.
"Qué más hubiera querido yo, pero no sé si tienen algún otro encuentro planificado – no quiero que soltemos lo que tenemos en nuestras manos demasiado pronto. Deberíamos separarnos." Al pudo sentir el aliento de su hermano haciéndole cosquillas en la oreja. "Yo iré donde Mustang, lo llevaré a algún lugar seguro, posiblemente donde Hughes hasta que podamos revisar la casa de Mustang y asegurarnos de que no hayan ningunas sorpresas desagradables esperando allí. Tú tienes que encontrar a la Mayor Hawkeye o al Coronel Armstrong y algunos refuerzos – necesitamos tener a todos los guardias en custodia tan pronto como sea posible porque tiene que haber por lo menos un par de ellos metidos en esto, y no queremos darles suficiente aviso para que huyan – o que avisen a Hakuro, si vamos al caso. Y envía un destacamento de confianza a la casa de Hughes para que vigile el lugar y así yo pueda salir de allí – quiero estar aquí para los interrogatorios."
"¡No voy a dejar que hagas esto por tu cuenta!" siseó Al tan callado como pudo mientras se jorobaba para escuchar mejor a su hermano. "Alguien te tiene que cubrir las espaldas. ¿Y si hay más que sólo un par de ellos?..¿Y si algo te sucede antes de que llegues hasta el General?..¿Qué le diría entonces a Winry?"
Ambos hermanos hicieron una mueca de dolor en simultáneo ante la idea de lo que Winry Rockbell Elric les haría si alguno de ellos resultaba lastimado. Entonces Ed rodó sus ojos malhumorado. "No voy a pelear contra ellos, Al, sólo sacar a Mustang de aquí. ¡Estás perdiendo el tiempo!" Él pudo sentir que su hermano tomaba aire para continuar la discusión, y le tapó la boca con una firme palmada antes que ningún sonido pudiera salir. "Mira, si es un asesinato, yo dudo que esto vaya a hacerse con una comitiva. Uno, a lo más dos hombres, ¿Okay? Confía en mí, yo he lidiado con esta clase de cosas antes. En fin, sólo voy a teletransportarnos a un lugar a salvo, eso no es gran cosa. O puedo transmutar a ese par en sillones y atrancar la puerta…¡sólo bromeaba!" añadió sin ser convincente ante la mirada de horror de su hermano. "Sólo trataba de relajar la situación."
Al gimió suavemente mientras se sobaba la frente. "Es demasiado tarde en la noche para chistes malos, hermano. Y te salen mejor cuando no te estás esforzando tanto."
"Aunque nunca demasiado temprano en la mañana," ofreció Ed, "después de todo, ahora son las doce y media." Su sonrisa era brillante y sus ojos endurecidos, y de pronto Al recordó preguntándose qué clase de vida te daba ojos como aquellos, y cayó en cuenta que su subconsciente había surgido con una respuesta. El Teniente Coronel Edward Elric estaba empezando a dar muestras de una asombrosa resemblanza de otro joven Teniente Coronel de cabello oscuro que había visitado el letárgico poblado de Risembool en una noche tormentosa hacía ocho años atrás. Aparte por supuesto de no ser un exhibicionista de sonrisa socarrona y un altanero yo-lo-sé-todo, añadió instintivamente en defensa de su hermano; el General era particularmente bueno al respecto.
Y entonces Ed…sonrió socarronamente.
"Vaya, Mayor Elric, yo empezaría llamando al restaurante El León Verde; creo que Havoc iba a llevar a cenar a Hawkeye ahí esta noche. Él puede llegar a ser tan predecible." Y con eso, retrocedió, se tocó la ceja con dos dedos en un burlón saludo militar y desapareció, con sólo el más leve torrente de aire sobre las mejillas de Al, al tiempo que las moléculas se arrojaban con ímpetu hacia adelante para llenar el vacío dejado a su paso.
Pues sí. Una definitiva resemblanza allí. Al suspiró mientras se dirigía en dirección a sus oficinas para usar el teléfono. Primero llamaría al León Verde, y luego a la casa de Armstrong. Bueno – al menos no tenía que preocuparse con que Ed se volviera un muy conocido mujeriego – con su belleza, eso podría tener repercusiones devastadoras. Aunque no tenía idea cómo iba a explicarle a Winry el por qué de ello.
"Las doce y media," dijo ligeramente Riza Hawkeye a su cita. "¿Para esta hora no deberíamos de habernos convertido en calabazas?" Ellos eran la última pareja en el restaurante, habiéndose quedado luego del café posterior a la cena mientras charlaban sobre lacre y navegar barcos, sobre coles y reyes, como lo diría el poema. La mayoría de las otras mesas estaban vacías, y un curvado y anciano portero arrastraba los pies alrededor del local, poniendo las sillas patas arriba sobre las mesas. Su camarero asignado parpadeó somnoliento desde la esquina del bar, demasiado educado como para decirles que se largaran. Después de todo, ellos eran una pareja atractiva, la rubia mujer de determinada apariencia y su larguirucho acompañante; por el porte de ambos, definitivamente militares, y dado que ellos acababan de ganar una guerra, él pensó que se merecían una pequeña consideración. Además, ellos le habían dado una muy buena propina cuando les había llevado la cuenta hacía un rato.
Jean Havoc sonrió perezosamente mientras se reclinaba al espaldar de su silla, flecos rubios cayendo en sus ojos. "Eso sólo sucede si la princesa no se supone que deba estar en el baile."
"¿Entonces yo no soy una princesa?" preguntó Riza con burlona aspereza. "En caso no lo haya notado, Capitán, yo todavía tengo un mayor rango que usted, así que yo mediría mis palabras de ser usted."
"Y estamos sin uniforme, así que eso no cuenta," fue la apacible réplica. "Aunque eres definitivamente una princesa. Para mis ojos, una reina. Pero estás destinada a permanecer justo aquí, conmigo, y yo no voy a dejar que te vayas, Cenicienta," rió Jean. "Después de todo, tardé demasiado en encontrarte." Él miró con admiración cuando un leve sonrojo tiñó las mejillas femeninas. El cabello caía suelto a la altura de sus hombros, y él pensó que nunca había tenido una vista más hermosa. "Nuestro baile va a durar por siempre."
Riza negó con su cabeza afectuosamente incluso cuando el pragmático lado de su mente asentía. "Nada en la vida dura por siempre, Jean. Somos soldados, ambos deberíamos de saber eso"
"Oh Riza…por un momento, olvídate de los militares," suspiró el hombre mientras estiraba su brazo sobre la mesa y le tomaba la mano, entrelazando sus dedos con los de ella. "Yo sé, yo sé, es parte de lo que eres, y te amo por ello. Pero sólo por un rato, pretendamos que no existe otra cosa más importante que nosotros. ¿Okay?"
Ella vaciló, insegura de si debería dar el salto. Su sentido de identidad se aferró protectoramente a su exterior militar ganado con mucho esfuerzo que la había definido por tanto tiempo, le había proveído protección, fuerza y un propósito. Y entonces se encontró con los ojos de él, amables, dulces, esperanzadores y tranquilizadores, ofreciéndole calor, amor y aceptación, y ella hizo lo que cualquier soldado de su envergadura haría. Respirando profundo, se encuadró los hombros, lanzó su cabello hacia atrás, se inclinó hacia adelante, y lo besó levemente. Sus ojos estaban brillantes al momento de separarse, así como los de él mientras éste se levantaba y se movía para jalar de su silla para que pueda levantarse. Le ofreció su brazo, y ella lo aceptó, y como si fuesen uno, se voltearon en dirección a la puerta, la sonrisa de complicidad de su camarero los siguió mientras se inclinaba sobre el mostrador para contestar al teléfono que sonaba detrás del bar.
"Espere, ¿quién llama? Dígame el nombre de nuevo…¿Alquimista estatal?..¡Oh!..Discúlpeme, ¿señor?..¿Señora?" La pareja se volteó sorprendida. "Lamento molestarlos, pero ¿es alguno de ustedes un Mayor Hawkeye?" La mujer caminó hacia adelante, la suave animación que había iluminado su rostro sólo segundos antes se apagó abruptamente, al tiempo que sus ojos marrón rojizo se agudizaron en viva atención, y el camarero se encontró sintiendo lástima por el hombre que la observaba ir con una expresión de irónico afecto en el cual se mezclaban la resignación y el resentimiento.
"Yo soy. ¿Qué sucede?"
"Le pido me perdone, Mayor, pero tengo a un Alquimista Estatal, un tal Mayor Elric al teléfono para usted, señora. Él dice que es muy urgente." Las cejas de Riza se arquearon sorprendida mientras alcanzaba el auricular, frunciendo el ceño. El camarero salió discretamente para darle algo de privacidad, acercándose sigilosamente al hombre que esperaba impaciente en la puerta. "¿Señor?..¿Usted también es militar?"
Havoc miró sorprendido al pequeño hombre. "Sí. ¿Por qué?"
"Me estaba preguntando…" eludió la pregunta nervioso. "Ese Mayor Elric – ¿es el famoso Alquimista de Acero?"
"No, pero estuvo cerca. Es su hermano, el Alquimista de Tierra."
"Oh." Havoc pudo ver que el camarero quería desesperadamente decir algo más, así que esperó. "¿Entonces usted conoce al Alquimista de Acero?"
"Claro, él es algo así como mi jefe, ¿por qué?" Havoc observó divertido cómo el hombre anudó sus dedos nerviosamente, una naciente esperanza en sus ojos.
"¿Podría pedirle un favor?..¿Sería posible…usted cree que pueda obtener su autógrafo?" El hombre se movía nerviosamente de un pie al otro. "Sabe, yo…toda mi familia…somos grandes admiradores de él."
Oh, el jefe disfrutaría de esto. Si no volaba el restaurante por los aires primero. Y luego todos esos pensamientos fueron apartados de su mente cuando Riza colgó violentamente el teléfono y giró bruscamente sobre sus talones. "Capitán Havoc. Tenemos que irnos. Ahora."
Un convulsivo escalofrío y de pronto Roy Mustang estaba despierto, su consciencia despertándose de un agitado sueño, aunque no podría haber explicado por qué si lo intentaba. Las viejas costumbres de una vida transcurrida en garde (1), supuso, de una vida transcurrida navegando laberintos serpenteantes de engaño y traición y de la consecuente necesidad de cuidarse las espaldas y las de aquellos hombres – y mujeres – que lo seguían. El pequeño reloj sobre la repisa de la chimenea tocó la suave campanada de la media hora al tiempo que permaneció tendido, inmóvil, los nervios temblantes y alertas mientras sus sentidos se extendían en la oscuridad más allá de sus párpados tratando de averiguar por qué sus instintos estaban crispadamente tensos. Y luego lo volvió a escuchar. El casi imperceptible crujir de tela, tan suave que podría haberse confundido con uno de los sonidos normales de la noche, excepto que él sabía con seguridad que no lo era. Alguien más estaba en su habitación, y dado que no había habido ningún anuncio de la presencia de esa persona, él pensó que tenía motivos para asumir lo peor. Por lo general, las personas no entraban en su habitación a las doce y media con benévolas intenciones, y no, esa muchacha perdidamente enamorada que se había metido en su litera cuando era un recién nombrado Mayor todavía en pañales no contaba, porque por más linda que ella había sido, mover el cuerpo de esa forma no precisamente podía interpretarse como un acto benévolo. O uno cuerdo, en ese aspecto. Aunque había hecho maravillas para consolidar su creciente y rápida reputación.
Él se había quedado dormido acurrucado sobre su costado; fingiendo que todavía dormía, se volteó sobre su espalda, permitiendo que su respiración se profundizara y relajara a medida que se acostumbraba a su nueva posición, la cual tenía la ventaja de dejarle libres ambas manos. El aguerrido soldado dentro de él se maldijo mentalmente a sí mismo por no tener el encendedor o los guantes a la mano; tendría que hacerlo de la manera antigua entonces, y él tendría que estar volviéndose viejo, porque podría jurar que sus manos le picaban anticipándose a los golpes que ellas tendrían que dar, rápidos, fuertes, designados a incapacitar instantáneamente o al menos, a desarmar. Nota mental, pensó con pesar, hacerle recordar a Hawkeye para que haga tiempo en su agenda regular para rehabilitación física y entrenamiento si es que ya no lo había hecho. Silenciosos pasos se acercaron a su cama, y él se puso ligeramente tenso, conteniéndose las ganas de lanzarse sobre el intruso; el encendedor que tan descuidadamente dejó en su bolsillo presionaba dolorosamente contra su pantorrilla al tiempo que rogaba con todas sus fuerzas que su cuerpo permaneciese en quieta alerta. Los pasos se detuvieron. Y luego un sarcástico y divertido susurro llegó flotando a través de la oscuridad.
"Sabes, mientras es de inmensa gratificación el que finalmente estés empezando a meterte en tu burro cráneo que necesitas ser cuidadoso cada vez que no estoy cerca para salvar tu pobre trasero…eso no aplica en esta situación dado que yo estoy parado justo aquí."
Nota de la Traductora:
(1) en garde: 'en guardia' del francés original.
Casi no la hago, esta semana he tenido un orzuelo que me impidió traducir. Pero ayer en la noche me senté y entre idas y venidas terminé. Y Seika es lo máximo. Ella lo revisó en tiempo récord. Y recién actualizo porque mi internet a veces no me quiere.
Editado el 26 Jul 08: A los que dejan reviews anónimos no dejen de dejar su email para poder contestarles. Gracias por las lindas palabras en tus reviews Ayame chan, me gustaría poder contestarte directamente :)
Y ayer publiqué una traducción pequeñita y linda. Vayan y denle una mirada.
¡Ahora, Review!
