Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.

Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.

xXx

For an explanation of the Section Titles, please see the end of the story.

Para una explicación de los Títulos de las Secciones, por favor vean el final de la historia (Nike Femme)


Full Circle
(Círculo Completo)


Capítulo 27: Decisiones

I. Litargirio

El oficial técnico de ojos pálidos miró con insolencia a su interrogador mientras éste resplandecía amenazadoramente ante él. Típico de los alfeñiques que seguían a un hombre como Munstang. Así que de alguna forma lo habían averiguado y habían hecho escapar al cobarde infeliz de sus habitaciones a tiempo. Y ahora ellos esperaban que él delate a su propio líder, de la misma manera que lo harían ellos de estar en un aprieto similar, sin duda alguna. Bueno, ellos pronto descubrirían que los hombres del General Hakuro no se intimidaban tan fácilmente. Él continuaba mirando con rebeldía al corpulento alquimista con mostacho de morsa y estrecho rizo en el medio de su frente. Nada lo haría hablar. Ningún señor. Ni tampoco ningún extravagante truco alquímico. Aunque no entendía cómo este idiota podía ser un alquimista estatal. Tal vez era el estrés, pero él casi podía ver las chispas rosas saliendo de los tensados músculos del hombre, los cuales estaban plenamente expuestos dado que había hecho trizas su camisa ni cinco minutos de empezada la sesión, lo cual le había inducido un leve malestar. Pero el oficial técnico había sido entrenado mejor que eso, y aparte del tic que se le había formado debajo de su ojo izquierdo, él permanecía estoicamente callado.

La jeringa vacía que él había estado llevando consigo fue tirada violentamente sobre la mesa ante sus narices y saltó con sorpresa, las esposas que ataban sus muñecas bajo el asiento de su silla traquetearon débilmente antes de que fuera regresado a su silla atornillada al piso por sus propios brazos que protestaban del dolor. Él fue forzado a inclinarse hacia delante en un ángulo incómodo para así aliviar la presión en sus hombros, su rostro casi plantado al borde de la mesa, y así sus ojos se encontraron a sólo pulgadas del destellante objeto mientras éste se balanceaba levemente de un lado a otro.

"El arma de un cobarde," retumbó su interrogador. "Con la intención de ser usada en una víctima dormida. Un agujerito, una pequeña burbuja de aire introducida en el flujo sanguíneo, para que viaje hacia el corazón, para parar su latido, una repentina y pacífica muerte con prácticamente ninguna evidencia de que haya sido un crimen." Siseó el hombre entre dientes despectivamente. "En otras palabras, un asesinato." Sacudió afligidamente su corrugado rostro de lado a lado en fingida consternación. "¿Qué pudo hacer que un distinguido y condecorado veterano como usted se rebajarse a tan mezquinas acciones, Oficial Técnico? ¿Para apuñalar a su víctima por la espalda en sus habitaciones en vez de enfrentarlo en el campo de batalla y darle la oportunidad de defenderse como lo haría un hombre? Yo sencillamente no puedo concebir que usted sea el único instigador de tan mezquina acción."

No digas nada, pensó el oficial técnico, él sólo está tratando de cabrearte, de engañarte para que te entregues. No digas nada…pero su mandíbula se endureció y supo con certeza que esos tranquilos ojos azules estaban notando su reacción al ser aguijoneado. El hombre se inclinó más cerca, y las chispas rosas parecieron intensificarse. "Al menos salve su honor, Oficial Técnico. Ayúdenos a descubrir a los verdaderos autores detrás de esta traición."


Desde detrás del espejo unidireccional, dos cabezas rubias observaban intensamente a Armstrong interrogar al asesino, una rubio pálido y la otra de hilos de oro. Ambos estaban casi al mismo nivel, aunque la forma cómo el varón se abrazaba lo hacía parecer un poquito más alto. Edward Elric negó con su cabeza cansadamente y se alejó del espejo. "Eso está todo mal. Él simultáneamente aguijonea el honor del hombre y luego le pide que traicione dicho honor delatando a sus camaradas – a su líder. Eso podría funcionar con uno más estúpido, pero este Oficial Técnico – Hendricks, ¿no es así? – no es tal persona, no por su file personal. Tú casi tendrías que admirar su lealtad, la que no estaba tan fuera de lugar." Él había optado por observar el interrogatorio en vez de participar, aunque estaba empezando a arrepentirse de tal decisión ya que se moría de ganas por hacer algo.

Riza Hawkeye lanzó un sonido de desprecio, sus labios apretados mientras continuaba mirando intensamente a través del vidrio como si sus ojos pudiesen abrir un agujero a través del cual pudiera entrar a la habitación y estrangular al Oficial Técnico. Sus manos estaban apretadas en puños de nudillos emblanquecidos a sus costados. "El Teniente Coronel Armstrong es un interrogador experto, él generalmente ha logrado su propósito. Y si no, bueno, aún contamos con suficiente evidencia para culpar a este hombre y sus cómplices de la guardia. Incluso hasta Juicio Sumario."

"Ése no es el punto," dijo suspirando su compañero, sobándose la longitud de su nariz mientras cerraba los ojos y se dejaba caer en una destartalada silla plegable. Eran ya, ¿más de las tres de la mañana? La piedra del edificio había alcanzado esa sensación de sudor frío que hiela los huesos y envolvió su capa más firmemente a su alrededor. Al podría estar bien con el uniforme puesto, pero Ed ciertamente no lo estaba – eso le recordó la razón por la que se había enrolado en primer lugar, y eso no era algo en lo que particularmente disfrutaba meditar. Aunque había accedido a usar ese uniforme de gala para la investidura en un momento de debilidad – maldito Maes y malditos álbums de fotos, pensó malhumorado, ignorando cuidadosamente la vocecita en su cabeza le que estaba sugiriendo asolapadamente que eran otras las motivaciones. Sacó a rastras a esa distracción de su mente y miró a Hawkeye, quien se había volteado hacia él, perpleja. "Este hombre es sólo un peón, y en la vida, como en el ajedrez, todos jugamos por el rey. Ponte a pensar – yo podría sacar a Hakuro sin siquiera derramar una gota de sudor, pero podría levantar sospechas – tenemos que desacreditar a Hakuro para así poder purgar a la milicia de él y su ruin poder mientras hacemos aparecer a Mustang por encima de todo eso, así como también enviar un claro mensaje a otros potenciales demandantes de la posición de Fuhrer. Y prefiero no inclinarme hacia la evidencia sembrada – las confesiones son mucho más limpias si las puedes conseguir. Aunque si ése es el caso…." Se encogió de hombros, sólo el más leve movimiento de arriba y abajo de sus hombros mientras una sombría sonrisa tiraba en los extremos de su boca. "Las necesidades obligan donde el diablo manda, Mayor."

Ella se apartó del joven, su boca seca, y él le alzó una curiosa ceja. Finalmente, ella graznó, "Eso suena como algo que diría el General…señor."

"No es verdad," él dijo a la defensiva, hasta en forma infantil. Arrugó la cara ante la formalidad de ella, sabiendo que ambos estaban recordando la misma noche de hace ocho años atrás. "Es sólo que…es práctico. Es la política." Pero él se vio reflejado en los tristes y conocedores ojos de ella, y supo que lo que ella había dicho era verdad, y un irrazonable resentimiento se le subió a su boca como bilis.

"Tú ya no eres un niño, Edward."


"Lo dije con respecto a Auric, y lo diré de nuevo con respecto a Ed – él ya no es un niño, Roy." El General de Brigada tomó ventaja del receso en la actividad ocasionado por el retiro de un grupo de oficiales del estudio de Roy y el ingreso del siguiente para moverse un poco más cerca de su amigo y así continuar con la sosegada discusión que habían estado teniendo en el auto mientras iban en camino. A través de la ventana que dominaba la parte frontal de la casa, él pudo ver a Havoc mirando con ojos resentidos a un mayor que parecía nervioso antes de saludarlo – él estaba tomando las responsabilidades de la seguridad muy en serio luego del susto que casi recibieron todos hacía tres horas atrás. Maes Hughes tenía que admitir que los pocos minutos que él había pasado en su sala esperando que Roy y Ed llegaran habían sido de entre los más largos de su vida, habiendo aparecido ambos de la manera como lo hicieron justo pisándole los talones a la tensa llamada de Alphonse, todo eso era ahora un revoltijo en su memoria. Grillos. Ed. Asesinos. Guardias. Roy. Y gracias a dios por los instintos del Guardián. Recorrió una mano a través de su cabello y se sacó los anteojos para limpiarlos, un hábito nervioso que Gracia nunca había podido quitárselo.

Roy se sobó la longitud de su nariz mientras cerraba los ojos y se acomodaba en su silla, agradecido de estar en los conocidos ambientes de su propia casa, incluso si el constante ir y venir de botas en sus alfombras estaban dejando manchas y ralladuras que seguramente iban a poner en forma a la señora de la limpieza cuando venga el próximo martes. Oh bueno, tal vez podría hablar con Alphonse Elric para que use un poquito de alquimia en las manchas más rebeldes – el joven sin lugar a dudas sería más servicial en esto que su hermano mayor. Mucho más fácil que llenar él mismo la alfombra con tiza. "Creo que ya hemos confirmado que yo estoy enteramente al tanto de ello, Brigadier. Generalmente, cuando uno tiene más de dieciocho…."

"Otra vez te estás haciendo el gracioso, Roy. Y tú sólo haces eso cuando sabes que estoy en lo cierto." Maes Hughes negó con su cabeza con cansancio mientras se acomodaba cuidadosamente los anteojos en su nariz. "¿Cuándo vas a dejarlo tomar sus propias decisiones?" Por su bien y por el tuyo, quería agregar, pero se contuvo, sabiendo que las palabras no apropiadas probablemente forzarían la paciencia de Roy a un punto de quiebre.

Ojos circundados por sombras se abrieron para reposar fríamente en él, el duro destello en sus insondables profundidades eran una advertencia. "Como con todos mis hombres, Brigadier, yo nunca le he dejado hacer nada más que eso." Y Maes tuvo que esquivar esa implacable mirada, conociendo la verdad en ella, viendo el dolor que revoloteaba detrás de esa intensa mirada de obsidiana en el pálido rostro que se había tornado gris debido a la fatiga. "Sí tú amas algo, déjalo libre; si regresa a ti, es tuyo…"

"…si no, ¿nunca fue para ti?" terminó Maes suavemente. "Ten fe en él, Roy."

"Ni me atrevería a no hacerlo," suspiró su amigo. "Él me patearía el trasero si no." Y un leve brillo de humor iluminó sus oscuros ojos.


II. Ablución

"¿Todavía insiste en que usted y solamente usted planeó el asesinato del Fuhrer-electo Mustang?"

"¡Sí!"

"¿A pesar de que sus cómplices entre la guardia ya han confesado que fue alguien más el que lo planeó, el que dio la orden para su accionar?"

"¡Sí! Y si ellos han confesado, usted no debería de estar así de desesperado por un nombre, ¿no es así, Alquimista Estatal?" Las palabras fueron dichas venenosamente entre dientes a Armstrong, los pálidos ojos ahora iluminados con la llama de un ferviente creyente. El interrogatorio había continuado por horas ya, y Ed tenía que admitir, mientras observaba a través del espejo, que estaba impresionado de que Armstrong haya sido capaz de llegar tan lejos con el Oficial Técnico Hendricks. Al menos ahora el hombre estaba hablando, aunque sólo para burlarse. Tal vez las chispas rosas que inducían al delirio servían a un propósito de esos, pensó socarronamente, y luego sacudió su cabeza en confusión – él obviamente necesitaba más café si realmente estaba pensando en eso. Era bueno de que Hawkeye ya hubiera salido a buscar un poco. Con dificultad, trajo a su mente de vuelta a la escena que se sucedía delante de él, reposando su mano levemente contra el frío vidrio mientras observaba al miserable prisionero juntando fuerzas y escupiendo en la cara de Armstrong. "Ustedes jamás va a sacarme nada. ¡Peones tontos y blandos de ese inmoral, cobarde y mujeriego fenómeno alquímico!"

Si su brazo izquierdo no hubiera sido humano, Ed indudablemente habría golpeado su puño a través de la placa de vidrio, aunque en realidad, cuando te ponías a pensar en ello, los insultos del Oficial Técnico no eran peores a las cosas que él le había dicho entre gritos a Roy durante todos estos años. Irónico. En vez de ello enterró sus uñas en su palma y observó con una curiosa mezcla de rabia y extraña distancia mientras Armstrong lentamente buscaba entre su bolsillo y sacaba un doblado y monogramado pañuelo. Con el mismo deliberado movimiento, el Alquimista del Brazo Fuerte levantó su mano y limpió su rostro, su expresión no cambió ni una pizca. Se movió hacia el otro extremo de la mesa y jaló la silla, sentándose pesadamente, la endeble silla común chirriando preocupadamente bajo su peso. Hendricks lo observó con ojos medio temerosos mientras Armstrong se guardaba su pañuelo y doblaba sus manos frente a él sobre la mesa. Y cuando finalmente habló, fue con una despreciable frialdad la cual Ed jamás había creído capaz en el sentimental alquimista.

"Aparte de cualquier otra cosa que sea el General…él es la mejor esperanza de una paz y un futuro para Amestris. Y al menos nosotros quienes lo seguimos decidimos hacerlo así con nuestros ojos abiertos a la verdad. Lo cual es mucho más de lo que yo puedo decir de usted."

El rostro de Hendricks se retorció. Y en el otro lado del espejo, el rostro de Ed hizo lo mismo mientras caía de rodillas, el entendimiento golpeándolo en una vertiginosa ola, esa nauseabunda sensación del piso desapareciendo bajo sus pies regresando con toda fuerza.

Decisión. Una decisión. Eso era lo que el bastardo le estaba dando – siempre se lo había dado. Y él había estado demasiado cerrado como para comprender.

Imágenes de su última conversación con el hombre se desenrollaron desarticuladamente a través del ojo de su mente como cuadros entrecortados de un rollo de película. Él había terminado de contarle a Mustang lo mismo que él le había contado a Al más temprano. Le había mostrado la cicatriz. Había admitido – y eso había sido realmente difícil – que se sentía perdido, confundido, vulnerable – inútil. Y que el contrato le daba un propósito. Un deber que debía ser cumplido. Una meta por la cual moverse hacia delante. Que por más que lo controlaba, él necesitaba esa estructura, algo a lo cual aferrarse en un mundo intransigente. Y después de todo eso, él había levantado la mirada hacia el pelinegro, esperando por algo – cualquier cosa – a lo cual aferrarse…rayos, él incluso se había preparado para uno de aquellos famosos comentarios ofensivos que le hacían rabiar. Pero Roy había permanecido tercamente en silencio.

"¿Y entonces?"

"¿Y entonces qué, Acero?" Roy había juntado sus dedos frente a su rostro y había cerrado los ojos mientras escuchaba la historia de Ed. A medida que éste hablaba, él abrió los ojos, pero Ed no había podido leer la emoción que estaba escondida en sus oscuras profundidades.

"Demonios bastardo, no me tomes por estúpido como si fuese una de tus marionetas," él había gruñido, desenfrenándose a falta de algo más qué hacer, usando al hombre como un saco de arena para golpear como siempre lo había hecho, ignorando la voz en su cabeza que le señalaba que estaba siendo irracional e infantil – una voz doblemente fastidiosa por el hecho que sonaba notablemente como la suya.

Roy se había examinado las uñas en un elaborado acto de despreocupación. "Contrario a la creencia popular, no me produce diversión el tomar por estúpida a la gente, Acero. Bueno, quizás sólo a ti, una y otra vez." Y luego en respuesta al gruñido sin palabras de Ed, él había levantado una delgada ceja en un aparente y momentáneo arrebato de cólera. "Vamos, Ed, ¿tú piensas que tengo a todo el mundo bajo mis hilos?"

Entonces, ojos dorados habían soltado chispas de sorpresa; el comentario aplicadamente descortés de Mustang le resonó en su lejana memoria, sacudiendo a su mente dentro de un estado de despierta conciencia, trayendo consigo una recordada frustración, enojo, culpa…culpa que había canalizado mal, se dio cuenta con el beneficio de años de retrospectiva. Con la típicamente infantil visión del mundo de un niño, él había querido que el hombre le dé lo que quisiera, cuando lo quisiera, sin pensar en lo que le podría costar a Mustang, y parado allí en la sala de Maes, él había sentido una lenta quemazón subiéndole a sus mejillas mientras recordaba todo lo que le había demandado al hombre en ese entonces, y todo lo que había recibido a pesar de él mismo. Los ojos oscuros de Roy habían reposado pensativamente en su rostro, observándolo cuidadosamente como si buscaran algo, y luego un aire de satisfacción había cruzado su rostro al tiempo que se levantaba grácilmente. "Esto ha sido de lo más instructivo, Acero, pero creo que escucho un auto afuera, lo cual significa que es hora de irme. Tienes mi más sincero agradecimiento por tus…servicios de esta noche," y la exasperante sonrisa socarrona que torcía los labios del hombre mientras permitía que su fingido tono provoque e insinúe le había dado una bizarra apariencia de normalidad a la situación. Sin embargo, volviéndolo a recordar, el rubio alquimista pudo ver que lo que él había tomado como la usual arrogancia del hombre realmente había sido una fachada para ocultar una más profunda capa de dolor.

Espera un minuto!" Dijo Ed bruscamente, parándose de un salto mientras miraba beligerantemente al otro alquimista. "Quid pro quo (1), cabrón. Te di mis razones, ahora dime las tuyas. Nosotros teníamos un acuerdo."

Roy se había alzado de hombros. "Mis razones son obvias, si tan sólo te dieras el tiempo de pensar en ellas. Ahora que ya no eres un niño, podrías intentar usar tu cabeza en vez de recurrir a la violencia, Acero, lo verás como un cambio estimulante, estoy seguro." Y con ello, el hombre se había dirigido hacia la puerta, dejando a Ed boquiabierto, atrapado entre la incredulidad y ciega furia.

"Pase lo que pase, estoy seguro de que Mustang nos mostrará el camino." Ed había recitado amargamente a la espalda del alquimista, recordando a un joven Teniente Coronel a quien había visto salir en Risembool ocho años atrás y sus palabras a Al en ese tiempo. La contraparte mayor de ese hombre se había detenido en el umbral de la puerta, pero no se había dado vuelta. "Ja. No me jodas."

"Yo te guiaría, Ed, si tan sólo te decidieras," y Ed se había sobresaltado ante el uso de su nombre y al delicado pero enfático tono con el que habló el General. "Pero yo nunca pude retenerte. Ni siquiera cuando eras niño, y nunca como hombre. Auric entendió eso cuando se decidió a aceptar el contrato." Con eso, Roy se había ido, el destacamento de seguridad de Havoc revoloteando alrededor suyo, armado hasta los dientes, mientras lo metían a empujones dentro de un inmenso auto negro que salió ronroneando hacia la noche, Maes dándole al rubio alquimista una preocupada mirada hacia atrás mientras había seguido en el auto de escolta. Y Ed se había teletransportado de regreso a Central en un estado de extrema confusión, un estado que no se había disipado con las horas. Hasta ahora. Maldito hombre. En cuanto Ed lo encuentre, lo primero que le iba a enseñar al bastardo era cómo hablar claramente y no en clave. Sea o no sea un Alquimista, tenían que haber ciertos límites.

El delgado y rubio alquimista envolvió sus brazos alrededor de sus rodillas mientras colocaba su espalda contra la pared y se mecía levemente hacia un lado y otro, absorto en sus pensamientos. "Mis razones son obvias…Yo te guiaría, Ed, si tan sólo te decidieras…." Las palabras de Roy resonaban en su adolorida cabeza. Mierda. ¿Cómo había sido tan ciego? Él había estado tan atrapado en sus propios problemas que no había conseguido recordar el viejo adagio del Guardián: Existen dos lados en cada puerta. Esto es, la forma más fácil de entender una situación era mirándola desde el punto de vista del otro. Roy había disuelto el contrato porque Ed lo había hecho parecer como si éste lo estuviera honrando bajo coacción, y el maldito código de honor de Roy no le permitía obligar a sus hombres a través del temor, o coerción, o nada más que una decisión salida de su propia voluntad. Él con gusto asumiría la carga de liderarlos, pero sólo si ellos estaban dispuestos a reconocer que había sido su propia decisión de seguir y de vivir con las consecuencias de dicha decisión. Hawkeye, Havoc, Fury, Hughes y Armstrong – todos ellos habían tomado la decisión de seguir al hombre con los ojos muy abiertos. Y ahora él le estaba dando la oportunidad a Ed de hacer lo mismo.

Ed se frunció el ceño a sí mismo. Eso era lo que Mustang había querido decir cuando dijo que Auric lo había entendido. El Guardián había sido el que selló el contrato, un reconocimiento implícito de que él estaba tomando la decisión bajo su propia voluntad, de que él y sólo él era responsable de sus decisiones – de que él era un adulto, libre e independiente. En otras palabras un igual, y Mustang lo había tratado como tal. Pero Ed no había decidido entrar en ese contrato, y Mustang no lo iba a retener por una promesa hecha por otro – más que eso, no le permitiría usar el contrato como un problema para así evitar tener que tomar decisiones de los cuales ahora él sería único responsable como adulto. Si él escogía permanecer al lado de Mustang, ésa sería su total y exclusiva decisión – como lo sería si decidiera irse. Una reacia sonrisa reptó lentamente en su rostro mientras escuchaba su propia voz diciéndole a Al, "Él presiona a todos hasta los límites de sus potenciales – e incluso más allá de ellos." Bastardo, insertó automáticamente. ¿Qué harías si yo simplemente me alejara?

Dejarte ir, fue la despreocupada respuesta. Él casi podía ver al hombre parado frente a él, mirándolo con esa exasperante sonrisa socarrona y esos burlones ojos. Pero eso sería una lástima – yo le di a Auric la misma oportunidad, ¿recuerdas? Y él decidió quedarse y enfrentar sus miedos, buscar su propósito. Pero bueno, no podemos esperar el mismo coraje en un enano, ¿no es así?

¡No me llames enano! Y yo no tengo miedo, dijo de forma exasperante. Y no puedo creer que esté discutiendo contigo en mi cabeza. Manipulador, escurridizo, holgazán imbécil….

Lenguaje, Acero. Ya eres grandecito como para conocerlo mejor. Y técnicamente, ya que yo estoy en tu cabeza, como tú claramente lo expusiste, yo creo que te acabas de llamar a ti mismo ena….

No seas condescendiente conmigo, hijo de perra.

Una risa divertida. Déjà vu. No hagas que lo sea.

El Alquimista de Acero gruñó y golpeó su cabeza contra la pared. Decisiones. Siempre con las malditas decisiones. El único tiempo que él podía recordarse libre de esta constante lucha era cuando su mamá había estado viva y él había sido un niño…se quedó paralizado y recorrió ese pensamiento nuevamente. Él había dejado de ser un niño desde el momento en que había tomado esa primera decisión de intentar traer de regreso a su madre. Y esa primera decisión había derivado en tantas muchas otras. Sacrificando su brazo para fijar el alma de Al a la armadura. Decidiendo vivir y aceptar el automail. Y luego recordando el ofrecimiento hecho por ese joven oficial de cabello oscuro…sus ojos se abrieron desmesuradamente y miraron a la nada mientras caía en cuenta de otra mini epifanía.

Esa aterciopelada voz volvió a hablar en su mente. Así que ya estás empezando a ver. Tú siempre has tomado tus propias decisiones. Y la voz de Roy era tan endemoniadamente amable y comprensiva, y Ed se encontró teniendo que contenerse el nudo en su garganta. Lo único que yo podía hacer por ti en ese entonces era ayudarte, abrirte más opciones para que tú decidieras. La milicia y sus recursos. Los exámenes para ser Alquimista Estatal. Las misiones – y los viajes 'no autorizados'. La mente de Ed flotaba mientras él de pronto miraba su vida entera con otros ojos.

Pero Roy había hecho algo más que simplemente proveer opciones. Él le había permitido mantener a Ed cierta apariencia de normalidad al convertirse a sí mismo en un escudo y un chivo expiatorio – y no sólo por los incontables edificios que Ed había dañado durante sus misiones, cualquiera de ellas. Permitirle a Ed tomar su rabia – su miedo y miseria al ser empujado tan rápido hacia la adultez – y desquitarse con él significaba que Ed podía evitar tener que aceptar que sus acciones generalmente tenían consecuencias. Él ya había luchado con la más grande de ellas, y le era recordada cada vez que veía a su hermano atrapado en la voluminosa armadura – al menos Roy podía protegerlo del resto por un tiempo. Y así lo había hecho, permitiéndole a Ed perseguir sus metas sin impedimentos. Lo había dejado caer. Se había entregado a sí mismo – y había dejado que Ed se alejara, y había aceptado el dolor y la soledad que fue la consecuencia de dicha decisión. Lo había honrado al nunca rebajarse ante algo tan vil como la lástima. Y así ahora, después de cuatro años, ellos habían llegado a una encrucijada. Si ser un niño significaba vivir sin preocuparse de las consecuencias de tus decisiones, ser un adulto significaba aprender a aceptar esas consecuencias. Y si Ed quería ser visto como un adulto…un igual…un compañero, y su traidora mente se quedó más rato de lo que debía en esa palabra, recordando la sensación de piel desnuda y hábiles manos y sedosos labios….

Decisiones. Vivir o morir. Quedarse o irse. Levantarse o caer. Rendirse…o seguir presionando. Él conocía su decisión. Incluso había sermoneado a la Puerta sobre ella, y él se sorprendería si ahora la dejara que haga de él un hipócrita. Y así tal cual, él de pronto sintió una sensación de propósito fusionarse en su pecho e instalándose con ecuanimidad. Es hora de levantarse y seguir viviendo. Así que él no sabía exactamente lo que se suponía debía de hacer ahora – él improvisaría de la manera como lo había hecho siempre, después de todo, eso no era tan diferente a despertarse al otro lado de la Puerta y sin memoria. Puede que Al ya no lo necesite, pero ese bastardo de sonrisa socarrona ciertamente podía necesitar la ayuda. Su destino estaba frente a él, a pesar de que todavía no lo podía ver con claridad, y él sólo podía lidiar con una decisión a la vez, y pudo jurar que escuchó a Alp suspirar de alivio de que su tonto compañero Guardián finalmente había recordado el lema no oficial de su Gremio. Es curioso, esa dualidad de pensamiento y sentimiento con la que había estado forcejeando se había ido, quedando en su lugar una centrada certeza, y la idea cruzó su mente de que una corona también simbolizaba la perfección de un metal, de una manera extrañamente apropiada a la luz de su título oficial como Alquimista Estatal. Y en una súbita liberación de tensiones, él empezó a reír, agarrando firmemente su estómago, lágrimas rodándole por su rostro mientras reía y caía sobre su costado, haciéndose un ovillo mientras se entregaba a un leve caso de histeria. Muy a lo Acero.

Él todavía seguía riéndose cuando la puerta se abrió para revelar a Hawkeye parada ahí con una cafetera en una mano y un par de tazas en la otra, luciendo sorprendida al encontrar al Alquimista de Acero riéndose en medio del piso como si hubiera perdido la razón. "Señor…Edward, ¿te encuentras bien?"

El joven luchó valientemente para amansar su histeria, ocultando su rostro entre sus manos, detrás de ellas se podían oír estranguladas risas. Finalmente, levantó la vista para mirarla, una sonrisa de auto-desprecio tirando de sus labios. "Todo está bien, Mayor. Sólo…problemas de crecimiento." Él no dio más detalles, y ella no presionó, pero a veces Riza Hawkeye se preguntaba si existía un requerimiento de Alquimista Estatal para que todos ellos hablen en clave siempre que les sea posible para volver locos a los que los rodean. Y el Acero se estaba volviendo casi tan grave como el Fuego por sus oscuros lenguajes particularmente ambiguos. "A veces ser un adulto apesta, ¿sabes?"

Bueno, esa última parte, al menos, había sido bastante clara. Riza giró una rueda mental en su mente, seleccionando de las cuatro respuestas que todos los soldados aprendían para cubrir cualquier eventualidad: No, señor; señor, sí señor; perdón señor; y oh, el que ella estaba buscando…"Sí, señor" Y ellos compartieron un momento de perfecto y mutuo entendimiento mientras los ojos de ambos se encontraban. Ella elevó más arriba la astillada cafetera azul. "Aunque pienso que esto puede ayudar – agregué un chorro de whiskey que el General esconde en el cajón de su escritorio. Es del bueno."

Ed le levantó una sardónica ceja, luciendo sorprendentemente igual que el Alquimista de Fuego al arrastrar las palabras, "Hawkeye…¿tú robaste el whiskey de Mustang?"

"Lo liberé temporalmente, señor," corrigió ella. Él rió socarronamente, y ella añadió defendiéndose, "yo ya lo devolví. Y después de todo…¡él se roba mi bolígrafo favorito todo el tiempo y cree que yo no lo noto!" Ella le frunció el ceño desafiante, pareciéndose sorprendentemente a cierto muy rubio alquimista en sus años mozos.

"Oh créeme, no me estoy quejando," Ed lanzó un suspiro mientras levantaba su brazo para tomar la taza de café que ella le ofrecía. El primer sorbo le escaldó la lengua, pero se sentía bien mientras descendía, y se regocijó en el cálido rubor que lentamente llenaba su cuerpo mientras rodaba delicadamente su cabeza de lado a lado, tratando de aliviar la tensión en sus hombros.

"¿El Coronel Armstrong ha tenido algún adelanto con el prisionero?"

Ed hizo una mueca mientras se paraba y se estiraba cuidadosamente. Él pudo sentir la rigidez de sus músculos por su entrenamiento de más temprano – lo que no daría por un buen masaje. Mmm. Él se preguntó ociosamente si las manos de Mustang todavía no se habían sanado. "No lo creo. Ah bueno. Creo que es hora del Plan B." Está bien, bastardo, estoy decidiendo hacer esto. Por ti. Porque yo lo quiero. ¿Contento? Una silenciosa sonrisa socarrona fue la única respuesta, y se negó a sí mismo con su cabeza. Él necesitaba encontrar al verdadero Mustang y discutir de eso con él…pero primero lo primero, él tenía que conseguir la seguridad del hombre, y sólo había una forma de hacerlo. Ah, la dicha de la intriga política. Debido a toda su propia ambivalencia al respecto, era extensamente conocido entre la comunidad de Guardianes de que el único entre ellos llamado Auric hacía un despliegue de un particular refinamiento para manipular excepcionalmente las situaciones complejas, y el Gremio había estado más que feliz de hacer uso de esa creencia. Había llegado el momento de usar algo de aquello en sus propios asuntos.

Hawkeye miró con sospecha a su oficial superior que sólo lo era de nombre, porque el joven había sonado completamente muy displicente acerca de la situación. Un cierto General tendía a adoptar ese mismo tono donde quiera que estuviera a punto de hacer algo que él sabía que ella no iba a estar enteramente de acuerdo – tal vez eso se le estaba pegando a Edward. "¿Cuál es el plan B?"

Un repentino destello de un colmillo la hizo retroceder involuntariamente. "Eso sería Hendricks y yo solos en la habitación y ustedes dos esperando afuera, por favor. No tienes que enterarte de nada de lo que no puedes ver."

Hawkeye palideció. "Señor…usted sabe que las reglas de la milicia prohíben cualquier forma de tortura. Y usted es un oficial, así no se haya decidido a vestir el uniforme…."

Él le mostró burlones ojos tristes. "Mayor Hawkeye, ¡me siento herido! ¿No confía en mí? Además, aquí la clave es…que yo no visto uniforme. A pesar de eso, usted y yo sabemos que yo estoy…sujeto a las reglas de la milicia. ¿Pero él lo sabe? El miedo puede ser una palanca muy útil – axioma del Guardián cuando actúa como…controlador." Juntó abruptamente sus manos en un aplauso, sonó un agudo estallido como el de una pistola, y ella saltó buscando instintivamente su propia arma mientras sus ojos revolteaban alrededor buscando los reveladores disparos de energía alquímica. Ed levantó sus manos en un gesto de paz a pesar de que una brillante sonrisa se extendía por su rostro. "¿Ves?"

"¿Existe algún rol que los Guardianes no hayan tomado?" preguntó ella malhumorada mientras respiraba hondo, tratando de nivelar su acelerado pulso. "Y con todo respeto, Teniente Coronel Elric, señor, si usted alguna vez vuelve a hacer eso, yo le dispararé."

La dorada mirada se tornó maliciosamente burlona. "Anotado, Mayor. Y casi todo está tomado. Aunque yo trato de evitar lavar los platos. Y las ventanas, son una lata. Sin embargo yo puedo cocinar y tender camas."

"Estoy segura de que el General estará más que agradecido, señor," dijo ella seriamente – y fue recompensada por una genuina carcajada.


Nota de la Autora:

The litharge (or letharge) is the leftover scum, spume, or ashes of a metallic operation.

El litargirio es la capa de suciedad sobrante, la espuma, o las cenizas de una operación metálica.

Ablution is the process of washing a solid with a liquid, usually in water. Spiritually and psychologically, it is facing one's emotions and letting feelings flow, so that innocence and purity can be restored.

Ablución es el proceso de lavar un sólido con un líquido, usualmente agua. Espiritual y psicológicamente, es enfrentar las emociones de uno y dejar que tus sentimientos fluyan, para que así esa inocencia y pureza pueda ser reestablecida.

Nota de la Traductora:

(1) Quid pro quo: 'algo por algo', 'toma y daca', 'una por otra'. Del latín original.

Éste ha sido uno de los capítulos más complicados para traducir. Mil disculpas si no entienden algo. Por favor, pregúntenme si no entienden alguna frase. Hago mea culpa con pleno conocimiento.

La próxima semana empezaré la publicación de un nuevo fic. Returning Echoes. Estoy muy emocionada por ello. Espero que me acompañen en esta nueva experiencia.

Ahora… ¡review!