Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.

Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.


Full Circle
(Círculo Completo)


Capítulo 28: Problemas de Mujeres

El tren traqueteó sobre las secciones de la antigua y nueva vía férrea, sacudiéndose un poco más de lo usual al momento que sus ruedas pasaban sobre las uniones que todavía no calzaban perfectamente. Sin embargo sus pasajeros, la mayoría de ellos de la alta sociedad, no se quejaban – ya era suficiente milagro el que las vías hayan sido reinstaladas en tan corto tiempo, y todos ellos estaban deseosos por llegar a Central a tiempo para la investidura del nuevo Fuhrer. Pocos de ellos estaban al tanto, sin embargo, de que las personas responsables de tal pequeño milagro se encontraban entre ellos.

Alphonse Elric se extendió cansado cuan largo era a lo largo de toda la extensión del asiento del tren, agradecido de que tuvieran el compartimiento para ellos solos – era increíble lo que podías conseguir con el destello de un reloj de Alquimista Estatal y una mirada asesina, y Ed era muy, pero muy bueno en esto último. Habían sido unos días muy agotadores. Primero, ese feo asunto del General Hakuro y su intento de asesinar al General Mustang, después un viaje de emergencia hacia un pequeño poblado al norte que había sido virtualmente diezmado durante los conflictos y cuyo sistema municipal estaba exigiéndose hasta el punto del colapso cuando los refugiados del extremo norte les dieron una visita. Las vías que los dirigían al pueblo habían sido voladas en cierto punto del trayecto, así que Ed había tenido que teletransportarlos de un polo al otro, pero al menos el pueblo ahora podría solicitar ayuda si surgía algo más. Al se movió nerviosamente mientras recordaba el hedor de la madera quemada y carne putrefacta que había gravitado sobre el pueblo cuando recién llegaron, y la mirada ausente de los niños, y la desesperación en los rostros de los adultos. Gracias al cielo que su familia había estado a salvo en Risembool – aunque habían estado sujetos a la racionalización como el resto del país, el pueblo había escapado intacto en su mayor parte, permitiendo a la gente alimentarse de sus tierras. Ya era casi primavera, y se preguntaba frívolamente si estaría de regreso a tiempo para sembrar el jardín de verduras. Tal vez podría pedir permiso por un par de semanas, una vez que las cosas estuvieran más estables.

Miró al otro lado del compartimiento hacia la tendida forma de su hermano, quien estaba acurrucado sobre el asiento de enfrente envuelto en su capa con la capucha sobre su rostro, un bulto amorfo y verde que se movía levemente con la respiración de Ed. El Alquimista de Acero había entrado prácticamente a tropezones al compartimiento, había caído sobre el asiento, había murmurado algo sobre despertarlo cuando llegaran a Central, y había perdido el conocimiento, ni siquiera se había despertado cuando había pasado el carrito de la comida. Aunque por si acaso, Al le había guardado un par de sándwiches y un termo de café – un Edward Elric cansado era una cosa, Al podía lidiar con ello, pero uno cansado y hambriento era simplemente – ni siquiera valía la pena contemplar esa situación. Ed había sido una inagotable fuerza de la naturaleza en los poblados, un torbellino de ojos dorados que parecía estar en todas partes al mismo tiempo, reforzando edificios y espíritus por igual a través de su pura fuerza de voluntad, su menuda figura no concordaba con el poder y el calor que literalmente irradiaba con sólo permanecer de pie, pero aún así, un cuerpo podía soportar sólo hasta cierto límite antes de agotársele la energía. Los niños se le habían pegado en forma instantánea, y sin poder evitarlo, él estuvo arrastrando un pequeño séquito donde quiera que ellos permanecían por más de media hora, para disgusto de Ed y diversión de Al. Algunos de ellos eran tan pequeños que le hacía recordar a su hija, y se preguntaba con nostalgia cuánto se había perdido de ella durante el último mes. No había transcurrido tanto desde que Ed había regresado, primero como Auric, y luego como él mismo, y aún así había sido demasiado fácil regresar a las familiares pautas de trabajar para la milicia y de vigilar a su hermano, lejos de su rol de padre y esposo. Winry se había oído un poco preocupada la última vez que había hablado con ella, justo antes de que partieran. Pero está bien, pensó con optimismo, ella y Winnie estarían pronto llegando para la investidura, y las cosas iban a volver a ser normales. ¿Verdad?

Su hermano escogió justo ese momento para sacudirse hacia arriba con un grito sordo que hizo saltar a Al. "¿Hermano?"

Dorados ojos adormilados parpadearon desenfocados hacia Al por un momento, luego se aclararon. "Oh. Al." Ed miró hacia alrededor, quitándose su capucha y restregando su cara con las manos. "Todavía estamos en el tren, ¿ah?" preguntó de forma aburrida.

"Sí. Está retrasado por el momento, pero deberíamos de estar en Central en media hora," dijo Al amablemente, entregándole a su hermano la comida que con buen criterio había comprado y observando con desconcierto cómo lo ofrecido era tragado vorazmente. Cómo Ed no se atoraba mientras comía así de rápido era todavía un misterio para el joven. "De hecho, estaremos por allí a la misma hora que el tren de Winry."

"Quizá entonces debiéramos esperar en la estación para encontrarnos con ella," sugirió Ed, sacudiéndose algunas migas de su regazo. "Siempre es bueno tener a alguien esperando por ti cuando bajas del tren, y he estado esperando con ansias verla a ella y a Winnie. Después de todo no tenemos que reportarnos de inmediato – ya les enviamos un telegrama haciéndoles saber que teníamos que reparar las vías antes de subirnos a un tren que nos lleve de regreso." Al se había rehusado a que él los teletransportara de regreso, alegando que él ya se había sobre-esforzado demasiado y lo había presionando por ello, y Ed ni se había molestado en discutir. Aunque no era tan agotador como abrir una Puerta, la teletransportación podía ser extenuante si se hacía con demasiada frecuencia. Igualito como cada maldito poste telegráfico derrumbado, por ejemplo.

"Seguro," Al estuvo de acuerdo amigablemente. "Entonces, ¿qué era lo que estabas soñando?"

Los ojos de Ed brillaron en la luz del sol de la tarde que entraba a su compartimiento mientras éstos se movieron rápidamente para encontrarse con los de su hermano y luego esquivarlos. "Nada importante."


El tren llegó a Central con un chirrido de frenos y un penetrante silbido, y los sonidos de las puertas abriéndose violentamente y pasajeros recogiendo sus maletas de los portaequipajes encima de sus cabezas sacó a los hermanos de la cómoda meditación en la que habían caído. Ed se puso de pie y lideró el camino por el corredor hacia la salida, sólo para detenerse inmóvil en el umbral de la puerta, provocando un aullido por parte de Al al chocarse con su espalda. "¿Qué pasa?" Miró detenidamente por encima del hombro de Ed. "Oh…."

La plataforma estaba abarrotada de reporteros. Ellos parecían estar interesados en las varias personas importantes que bajaban del tren, gritando preguntas idiotas acerca de lo que pensaban de la guerra, cómo había sido el viaje en tren, y qué-pensaba-de-nuestro-nuevo-y-altamente-cotizado-soltero-Fuhrer, esto último dirigido principalmente a las ruborizadas jóvenes damas escoltadas por varios chaperones de apariencia exigente; era evidente que las hijas solteras eran enviadas a las ceremonias de investidura con la esperanza de causar una buena impresión. Al observó nerviosamente el rostro de su hermano, sabiendo lo reacio que era Ed con esa clase de cosas, pero más para su favor, Ed aparentaba permanecer bastante calmado, salvo por la tensión de un músculo en su mandíbula y un gruñido entre dientes mientras empezaba a hacerse paso a codazos entre la rebosante multitud. "Esto es ridículo. Vamos, Al, veamos si podemos escabullirnos y encontrar la plataforma por donde va a llegar Winry."

"¡Es el Alquimista de Acero!" El grito estalló justo antes de que el pie de Ed se posara en la plataforma, y él maldijo su idiotez de no colocarse su capucha para cubrir su revelador cabello mientras era cegado abruptamente por un mar de flashes. "¡Coronel Elric! ¡Aquí! ¡Señor! ¡Alquimista de Acero! ¿De dónde está regresando? ¿Está listo para la investidura de mañana? ¿Va a vestir su uniforme para las ceremonias? ¿Cuál es su color favorito? ¿Puede darnos detalles de su participación en el frustrado atentado del General Hakuro contra la vida del General Mustang? ¿Dónde estuvo durante los últimos cuatro años?" Las preguntas se entrechocaban unas con otras, dejando la cabeza de Ed flotando mientras éste amargamente cubría su rostro con una resplandeciente sonrisa que evidentemente no se reflejaba en sus ojos. A pesar de que nada le gustaría más que teletransportarse hacia la relativa cordura del Cuartel General, él no podía dejar a Al, y además se suponía que iban a encontrarse con Winry. Unos cuantos nobles que salían de sus vagones privados miraban vagamente ofendidos al ser virtualmente ignorados por los sabuesos de la prensa, pero los fotógrafos sabían qué cosa era lo que realmente vendía, y los editores ciertamente pagarían mucho más por unas sinceras tomas del altamente fotogénico Alquimista de Acero que por otra fotografía del Conde Orff o de la Duquesa von und zu Resdesdale. Especialmente con su cola de caballo y su capa batiéndose detrás de él de esa forma en el viento.

"Todos, ¡por favor!" dijo Al en voz alta desde detrás de Ed. Se movió protectoramente hacia adelante, armándose con una impresionante mirada de ira que hizo que todos los reporteros dieran muy rápidamente dos pasos hacia atrás, y por un momento Ed se preguntó cómo Al podía ser tan tranquilo cuando se trataba de sus propios asuntos y tan intimidante cuando se trataba de defender a otros. Desafortunadamente, los reporteros estuvieron amilanados sólo momentáneamente, cayendo en silencio por unos cuantos segundos antes de que los gritos volvieran a empezar, "¡Mayor Elric! ¿Cuánta influencia tuvo su hermano sobre usted para que se decidiera a convertirse en un Alquimista Estatal? ¿Podría por favor colocarse más cerca de su hermano para una fotografía?, gire hacia aquí, ¡bien! ¡Excelente! ¿Sabe dónde estuvo su hermano durante los últimos cuatro años? ¿Ambos siguen siendo unidos? ¿Es cierto que usted se casó con una amiga mutua de la infancia y que su hermano está celoso?"

"¿Celoso?" chillaron los hermanos al unísono.

"¡Alquimista de Tierra! ¿Se casó usted con la chica para sobrepasar a su hermano menor de la forma como él lo sobrepasó en Alquimia?"

Alphonse hizo una mueca, preparándose para lo que se venía. Hubo un fuerte aplauso y el crujir de energía alquímica azul brillante, y un rugido, "¡Yo soy el hermano mayor!" y Al arremetió hacia delante para coger el brazo de Ed antes de que su hermano pudiera hacerle un daño permanente al desafortunado interrogador. "¿Y a quién le estás llamando enano? ¡Y no hay nada malo con la habilidad alquímica de mi hermano! Y…."

"¿Eso significa que está disponible, Coronel Elric?" La pregunta, pronunciada en una peculiarmente chillona y penetrante voz por una flacucha reportera vestida en chocantes colores disparejos, se abrió camino por entre el tumulto como un cuchillo. Ed se paralizó como ciervo ante faros de luz, ojos muy abiertos y atónitos, y la reportera aprovechó la oportunidad para agregar, "¡Existen muchas jóvenes hermosas en Amestris a quienes les encantaría conocer la respuesta a esa pregunta! ¡Yo no creo que haya una pareja de solteros más elegibles por la sociedad de Amestris como el Fuego y el Acero!"

"Mi hermano ya tiene a alguien en su vida," Al soltó precipitadamente, esperando poner fin a esa línea de preguntas. Desafortunadamente, eso fue como lanzarle carne a los lobos cuando estalló un coro de excitados aullidos.

"¿Quién es ella? ¿También es de Amestris? ¿Cuál es su nombre? ¿Cómo la conoció? ¿La boda será pronto?"

Rayos, eso no fue lo más correcto para decir. Eso estuvo…mal, decidió Al. Muy mal. Miró a Ed, quien se veía cada vez más turbado con el transcurrir de los segundos. Su hermano siempre había sido una persona extremadamente privada cuando se trataba de sus asuntos personales, y a él no se le pudo ocurrir un tema más personal que éste. Sin mencionar que existía ese otro asunto. Y entonces una bienvenida voz vino flotando hacia ellos por sobre la multitud.

"¡Apártense del camino! Permiso, mujer con bebé pasando, y ése es mi esposo. ¡Quítate! ¡Imbécil! ¿O es que te tengo que golpear con este martillo?" Un fuerte estrépito metálico y un grito de dolor fue lo que siguió casi inmediatamente.

A una, los hermanos Elric exclamaron con mezclado alivio y estremecimiento, "¡Winry!"


"Ah. Conque soltero de la sociedad, ¿eh? ¿Acaso no te dije que te cuidaras?" Resopló Winry Rockbell Elric con incredulidad. Ella admitió que si lo veía objetivamente, Ed realmente había crecido hasta convertirse en un joven muy atractivo. Para ella, sin embargo, él siempre sería el travieso y a la vez extremadamente protector hermano mayor, más unido que por la sangre, y encontró difícil encontrarle un pero. "Escuché que esas jóvenes damas de la sociedad son peores que las del campo; todas ellas están como locas buscando esposos y un Alquimista Estatal sería un verdadero pez gordo. Tú vas a ser forraje para los periódicos y revistas de chismes por un tiempo."

"Eso se lo dijiste a Auric, y yo no creo que ese momento te estabas refiriendo a debutantes desesperadas o a rabiosos reporteros, Winry," protestó Ed pobremente, su estómago se le revolvió ante la sola idea. Ésta era una complicación imprevista para la que particularmente él no se sentía equipado para manejarla, aunque una pequeña voz en su cabeza le señalaba que él la debería y habría previsto de haberle ocurrido a otra persona. ¿Cómo podía Mustang manejarlo con tanto aplomo? De pronto la idea apareció en su mente de que una gran parte de la reputación del General probablemente había sido inmerecida, generada puramente por la frenética prensa y juiciosamente utilizada en favor del hombre, y un relámpago de furtiva admiración e intenso anhelo por las diestras habilidades políticas del hombre – y por el hombre en sí – brotaron a través de sus venas.

Su amiga de la infancia y cuñada removió su objeción moviendo su mano airosamente. "Como sea. Entonces," y los ojos azules de Winry destellaron predadoramente, "¿lo estás?"

Ed casi vuelca su café. Los tres estaban sentados en una mesa de un pequeño café no lejos de la estación de trenes, con Winnie sobre el regazo de Al, habiendo despachado exitosamente a la prensa por medio de la juiciosa aplicación de la astucia del Guardián y a unas bien dirigidas llaves inglesas voladoras. "¿Que estoy qué?"

"Que si estás con alguien, idiota. Al dijo que tú tenías a alguien en tu vida. Me parece demasiado pronto, si acabas de recuperar tu memoria recién hace unas pocas semanas atrás."

El renovado Alquimista de Acero se puso blanco como un papel y le lanzó una mirada asesina a su hermano, quien se alzó de hombros como disculpa. "Eso fue lo primero que se me vino a la mente, ¡Yo pensé que con eso dejarían de hacer preguntas!"

"Al…" Ed se sobó las sienes en forma cansada, forzándose a recordarse a sí mismo que el joven, aunque extremadamente inteligente, no era Alp y por ende no estaba necesariamente bien versado en las sendas del mundo y en el gran juego que era la política. Demonios, él lo había hecho por cuatro años y todavía odiaba a la entrometida prensa. "Ésta es la primera regla para lidiar con la prensa: No. Lo niego, lo niego, lo niego. Mejor aún, sólo sonríe y sé enigmático y elusivo y no respondas a las malditas preguntas."

Winry lo miró como queriendo matarlo. "¡Ese lenguaje, Ed! No en frente de la N-I-Ñ-A." Y luego su expresión cambió abruptamente fundida dentro de una completa consternación. "Espera un momento… ¿'sólo sonríe y sé enigmático y elusivo'? Suenas igual que el General Mustang. Ed, ¿Qué han hecho contigo?"

"Nadie me ha hecho nada, Winry; es sólo que…¡es práctico! Es la política," y Ed se encontró a sí mismo nervioso mientras se forzaba a defenderse de otra aterradora rubia. Realmente, Riza y Winry podían ser a veces tan parecidas. "Y yo no sueno igual que Roy…."

"¿Roy?"

Mierda, pensó Ed. Me atraparon.

Al echo una mirada casi imperceptible y atrajo a su hija más cerca de él. La pequeña Winnie pareció saber instintivamente que algo pasaba, porque de pronto cesó su balanceo y miró atentamente y con fascinación a su madre y a su tío, este último evitando premeditadamente la incrédula mirada de ella.

"Edward Elric…Alphonse Elric…¿hay algo que ustedes no me han contado?"


Ed caminaba dando zancadas por el corredor que se dirigía a la suite oficial de oficinas del Fuhrer frotándose su punzante sien con una mano, su reporte bajo el brazo y un maltrecho bolso de cuero colgándole en su hombro mientras hacía suaves malabarismos con Winnie en el recodo de su otro brazo. Aunque los rápidos reflejos le habían permitido evitar la mayoría de las llaves inglesas de Winry, él había galantemente escogido que le cayera una en la sien para proteger a la aterrorizada mesera que les había estado trayendo otra taza de café. Un rápida y callada comunicación mental entre los hermanos había resultado entonces en Ed agarrando a Winnie mientras que Al agarraba a Winry y la llevaba a rastras a una cena romántica, cortesía del León Verde, para que se tranquilizara. El rubio alquimista bendecía a Havoc en silencio por contarle acerca del camarero y su adoración por los héroes – él había pasado por ahí poco antes de Al y Winry para asegurar una mesa para dos, y a pesar de la aglomeración de gente desesperada por hacer una reserva, lo único que le había costado a él fue un rápido garabateo de su rúbrica sobre un viejo recorte de prensa con una foto de él y Roy en pleno duelo, el gran escrito en negro en la parte superior se leía, "¡Fuego vs. Acero!" Él sonrió con nostalgia ante ese recuerdo mientras se acomodaba la correa de cuero del bolso que contenía las cosas de Winnie, tratando de sentirse más confortable. ¿Quién habría pensado que las cosas de los bebés pudieran pesar tanto? Winnie dormitaba contenta contra su otro hombro, segura en los brazos de su tío, y Ed suspiró – él podía sentir un punto húmedo formándose en su capa a pesar del pequeño pañuelo sobre la mejilla de la bebé haciéndole de almohada. Pero se veía absolutamente angelical, tenía mucho de Al cuando era pequeño. Él se preguntó perezosamente si sus ojos quedarían azules como los de Winry o si se oscurecerían al gris plata de Al cuando creciera.

El Cuartel General estaba extrañamente vacío, siendo pasada la hora de la cena. La poca gente que quedaba en el edificio estaba, o estudiando minuciosamente los preparativos de último minuto para la investidura, o en servicio, y Ed asintió a algunos de ellos a medida que pasaba, respondiendo a los bruscos saludos militares incluso mientras guardaba sus rostros en su mente. Incluso si no siempre podía recordar sus nombres, él recordaba los rostros, y uno de los cambios en que él había insistido después de incidente de Hakuro era que los guardias personales de Fuhrer-electo consistirían en los hombres escogidos a dedo por él mismo o Jean Havoc por destreza militar y lealtad. Y discreción – él notó divertido que aunque Winnie atraía muchas miradas curiosas, los hombres estaban cuidadosamente ignorando su presencia en el edificio, lo cual probablemente no era estricto reglamento. Pero él estaba haciendo de niñera por esta noche para darles tiempo a solas a Al y Winry, y él tenía que entregar su reporte y el de Al, así que…se encogió de hombros a sí mismo filosóficamente. Hawkeye tiene que traer a su perro aquí, por todos los cielos.

La oficina externa de Mustang estaba vacía, pero el abanico de luz bajo la puerta de su oficina indicaba que el hombre todavía se encontraba en el edificio trabajando. Ed hizo como que iba a tocar la puerta, luego vaciló. Él no había visto a Roy desde la noche del intento de asesinato, ya que la llamada de emergencia del norte había solicitado su partida tan precipitadamente que ni siquiera había tenido la oportunidad de ser interrogado al respecto, y una pequeña voz en su cabeza le señalaba que en estos momentos ya no había marcha atrás con lo ocurrido. Mientras continuaba parado dudando en el umbral de la puerta, Winnie escogió ese momento para despertarse y meter su pequeño puño dentro de su boca, antes de retirárselo y dejar escapar un hipo preliminar que Ed ya había aprendido que significaba que tenía hambre y que necesitaba que la alimentaran. Él le sonrió sarcásticamente. "Tú si que sabes cómo forzar una situación, ¿no es cierto, pequeña? Igualita que tu madre. Bueno pues. Entonces deséale suerte a tu tío." Y con eso, tomó un hondo respiro y golpeó la puerta firmemente.

"¡Entre!"


Nota de la Traductora:

No me maten, yo no escribí el fic original, por lo tanto no dejé este capítulo así… cualquier cosa pueden reclamárselo a Nike… jeje.

Esta semana estoy muy contenta. Hace dos días empecé la publicación de una nueva traducción: Returning Echoes, un fic más que excelente y espero que me acompañen en este fantástico proyecto. Es un fic imperdible y muy popular del fandom en inglés. Vayan y denle una mirada.

Ahora pónganme más contenta y dejen review!