Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.
Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.
xXx
Comentario de la Autora:
In re: details of interrogations and assassinations. Patience is a virtue. That's all I'm gonna say.
Con referencia a los detalles de los interrogatorios y asesinatos. La paciencia es una virtud. Eso es todo lo que voy a decir (Nike Femme)
Full Circle
(Círculo Completo)
Capítulo 29: Casi Como en los Viejos Tiempos
El Fuhrer-electo levantó la mirada, desconcertado. Podía haber jurado que había oído que golpeaban la puerta, pero a pesar de la invitación para entrar, nadie lo había hecho. Él debía de estar imaginándose cosas; a menudo, los edificios antiguos hacían curiosos crujidos y golpes en la noche cuando las vigas y tablas calentadas por el sol empezaban a enfriarse y retornaban a sus viguetas. Aún así…por si las moscas, se puso sus guantes, disfrutando de la sensación de la tosca tela contra su piel, deleitándose de poder flexionar sus manos sin tener dolor. Los doctores finalmente lo habían declarado lo suficientemente curado como para chasquear los dedos, y había atormentado inmensamente a Hawkeye toda la tarde lanzando chispas peligrosamente hacia la derecha e izquierda, cerca de varios documentos muy importantes, secretos y confidenciales. Él ni siquiera le dio importancia al nuevo agujero de bala justo detrás y a la izquierda de donde estaría su cabeza si estuviera sentado, y le sonrió a la pequeña imperfección antes de regresar a su papeleo, echando una vez más una sospechosa mirada hacia la puerta. Y entonces, un movimiento en su visión perimetral lo hizo sacudir su cabeza e instintivamente chasqueó los dedos y dijo en forma brusca, "¿Quién anda ahí?"
Hubo un gruñido apagado, y luego Edward Elric se encontraba de pronto parado ante su escritorio en medio de su alfombra, luciendo extremadamente irritado, mechones de cabello cayéndole por el rostro por la velocidad de su teletransportación al escapar de la ráfaga de fuego que Roy había hecho aparecer. "Cuidado, bastardo ¡pudiste haber lastimado a Winnie! ¿Acaso no me escuchaste? Te pregunté si no te importaría abrir la puerta, ¡mis manos están ocupadas!" Y de verdad que lo estaban, más para desconcierto de Roy, ya que Winnie lo miró sospechosamente y soltó una burbuja de saliva, retorciéndose con entusiasmo en los brazos de su tío.
"Ah. Acero. Veo que todos mis subordinados parecen ser incapaces de tocar antes de entrar. Y yo sabía que ser Fuhrer tenía sus ventajas – trabajar hasta tarde en la noche, un café malísimo, tener que abrir la puerta a la gente…." Los ojos de Roy destellaron sardónicamente, pero al menos él no estaba actuando…bueno…extraño, pensó Ed algo aliviado, en todo caso, esto era exactamente como en los viejos tiempos cuando Ed regresaba de una misión y entraba reacio a tropezones para dejar su reporte. Era mucho más fácil – y mucho más interesante – pelear con Roy que dejar corteses comentarios a un grupo de risueñas mujeres. No que en realidad se lo vaya a admitir alguna vez al hombre – alguien tenía que mantener controlado su ego.
"Tú todavía no eres Fuhrer, y yo sí toqué, ¡imbécil! Pero pensé que teletransportarme a la oficina era mejor que tirar abajo la puerta. Podría patearla si gustas, por los buenos tiempos." Los ojos de Ed viajaron lentamente de los guantes de Roy al agujero de bala en la pared, y una mirada de paciencia revoloteó por su rostro. "Es bueno ver que has regresado a tu antigua forma. Hawkeye debe de estar bien molesta. Bastardo," añadió Ed, por si acaso. Después de todo, no había sentido en romper la tradición. "En fin, ¿dónde están todos?"
"Hawkeye salió a recoger a sus padres a la estación de trenes, y Havoc se ofreció a llevarla. Ellos vienen desde su casa en Ciudad Occidental para la investidura. A Maes lo estaban esperando para cenar, así como a Armstrong, y le ordené a Fury que aunque sea por una vez deje la oficina temprano – él ha estado corriendo todo irritado escogiendo y arreglando la logística en torno a las varias delegaciones diplomáticas, alojamiento, protocolo y cosas por el estilo." Ed notó que Roy había, como siempre, hecho caso omiso de la orden general – porque no tenía duda que cualquiera haya sido la orden había puesto en libertad a Hawkeye – de salir temprano de la oficina y descansar algo antes de las ceremonias del día siguiente. ¿Quién se creía el hombre, un mártir? Winnie escogió ese momento para soltar otro chillido, y las cejas de Roy se levantaron hasta la altura de sus mechones. "Mi oficina no es una guardería, Acero."
"Vete al diablo, bastardo. Ésta es la hija de Al y Winry, Winnie. Estoy de niñera por esta noche, y ella está sobreexcitada y necesita calmarse para que coma, así que la traje al lugar más aburrido que se me vino a la cabeza." Y Ed la hizo saltar de arriba a abajo en el recodo de su brazo, ojos brillando desafiantes mientras Winnie arrullaba feliz.
El rostro de Roy no cambió ni un poquito, y de alguna manera se las arregló a su vez para expresar la marcada sensación de que cuestionaba la prudencia en la decisión de Al mientras arrastraba las palabras en un tono de voz sospechosamente neutral. "Ellos dejaron a una bebé. Contigo."
"¿Qué?" Preguntó Ed a la defensiva y con algo de exasperación. "Yo soy perfectamente capaz para cuidar de ella – yo cuidé de Al cuando éramos pequeños, ¿no?" Roy continuaba mirándolo cuidadosamente, y Ed se desinfló ligeramente. "Bueno, yo ayudé a mamá, más o menos. Y a los Guardianes les gustan los niños – ellos son como una esperanza y una promesa de un nuevo comienzo. Una vez tuve que quedarme por unos cuantos meses con una familia que tenía tres niños."
La expresión del Alquimista de Fuego se suavizó mientras asimilaba la vista panorámica del famoso Alquimista de Acero retirando con suaves toques la baba de las mejillas y mentón de su sobrina. Winnie levantó la mirada, balbuceando, y se concentró brevemente en el alto hombre que le sonreía desde su escritorio. Acaso fue el inusual color de sus ojos y cabellos oscuros que brillaban como negro azulado a la luz de la lámpara lo que atrajo su atención, tan diferentes del color rubio que prevalecía en su conocido entorno, porque ella de pronto sonrió ampliamente, mostrando dos perfectos dientes en miniatura, y extendió sus brazos para que Roy la cargue. "¡Hey!" protestó Ed cuando su peso cambió de repente. "No también tú, cariño, él no es realmente el tipo de chico del que te deberías de enamorar, créeme. En más de una forma. Te vamos a encontrar un chico lindo como tu papi, no como este manipulador, presumido, de sonrisa socarrona…."
"Admítelo, Acero, todas las chicas lindas me aman," Roy sonrió socarronamente en el momento justo, y Ed rodó sus ojos. Y más para sorpresa del joven, el Alquimista de Fuego no se aprovechó del momento, en vez de eso extendió sus brazos hacia la niña luego de remover sus guantes cuidadosamente para que la tosca tela no arañe su delicada piel. "¿Puedo?"
Ed lanzó un suspiro. "Bueno, sólo no me vengas lloriqueando cuando te babee tu uniforme, oh altísimo." Caminó alrededor del escritorio y se la entregó al Fuhrer-electo, notando con algo de sorpresa la facilidad con la que Roy tomó a la pequeña y la colocó en sus brazos. Winnie gorjeó alegremente mientras Roy tiraba delicadamente de su mentón. "¿Practicaste con Alicia?"
Roy levantó la mirada sonriendo, una pequeña pero genuina sonrisa que iluminó su rostro y lo hizo parecer más joven. "Algo…pero es más por ayudar con mi hermano menor cuando era más joven." Ed ladeó su cabeza hacia un costado y miró a Roy. Ésta era la primera vez que el hombre había mencionado alguna vez a su familia.
"¿Tienes un hermano menor?"
Y así tal cual, la animación se volvió a esfumar. "Tuve." Una suave máscara se deslizó sobre sus facciones, y Ed tuvo que contenerse para no gritarle por hacer eso, por siempre levantar murallas que no necesitaban estar ahí sólo con el fin de parecer fuerte. Eso podía ser necesario con cualquier otra persona, pero no con Ed. O es que no debería de serlo.
"Lo siento." Una frase común si venía de cualquier otro, pero no de Ed. Y pudo ver que Roy sabía que él entendía más que cualquiera que se creyera con derecho.
El Alquimista de Fuego asintió, sintiéndose de pronto extrañamente desnudo bajo esa abrasadora mirada leonada que parecía brillar con más intensidad que las lámparas de la habitación, y tuvo que contenerse las ganas de, o salir corriendo, o saltar sobre Ed y besarlo hasta dejarlo sin sentido, ambas ideas enteramente inapropiadas para el futuro Fuhrer. Y él se había prometido a sí mismo que cualquier cosa entre ellos sería decisión de Ed, porque él se merecía ese derecho y no ser retenido por una promesa hecha en los excesos de la inexperiencia juvenil. Y después de todo…desde un punto de vista puramente práctico, el peso de Winnie en su regazo lo tenía atrapado en su asiento. "Entonces. ¿Viniste a dejar tu reporte, asumo?"
"Sí," y Ed se desplomó cansadamente en uno de los pequeños sofás de la oficina, arrojando un fajo de papeles sobre la mesa de centro y apoyando sus botas lodosas al lado de ellos. Roy se puso de pie, todavía cargando a Winnie, y se fue a sentar al frente suyo. Ed se encontraba desparramado descuidadamente en el pequeño sofá en lo que podría considerarse una posición incómoda para cualquier otro. Sin embargo de alguna forma, con su cabeza reclinada hacia atrás y sus ojos cerrados, la línea de su garganta puesta al descubierto en el cálido destello de las lámparas sobre las mesas del fondo, él más se asemejaba a un ángel caído, y Roy se encontró observando fijamente con asombro. Con gran esfuerzo dejó de mirar y se aclaró la garganta avergonzado.
"Escuché que tuviste algunos…problemas en la estación."
Ed jaló un cojín sobre su rostro y gruñó. "¿Cómo diablos es que siempre sabes esas cosas? ¿Y por qué me molesto escribiendo reportes si tú ya sabes lo que he estado haciendo?" Una mancha de vergüenza se asomaba por su cuello, tornando rosas las puntas de sus orejas. "Odio a los reporteros."
El Fuhrer-electo se encogió de hombros. "Ellos pueden ser útiles. Además, deberías de irte acostumbrando – tú eres ahora una celebridad nacional. Bienvenido al club."
"¿Acaso no existía un hombre sabio que decía, 'yo no me uniría a ningún club que me tuviera?' " Ed preguntó secamente detrás del cojín. "Sin mencionar, fíjate en la lista de miembros – tú figuras en ella. Con eso basta."
"Piensa en eso más como un reclutamiento," aconsejó Roy, decidiendo ignorar mordazmente el desaire con dignidad. "Lo quieras o no, tus días de relativa privacidad terminaron, salvo que te decidas a convertirse en ermitaño. Y si es así, debo insistir en que esperes hasta después de la ceremonia de investidura – Maes lloraría si algo saliera mal con sus 'planes fiesteros', como los ha denominado, y yo creo que tú figuras predominantemente en ellos. Él ya ha prometido el placer de tu compañía en el baile de mañana a las varias delegaciones de diplomáticos. Por alguna razón, el embajador de Xing parece particularmente ansioso por conocerte – escuché decir que tiene una hermana soltera."
Ed se quitó el cojín de la cara y le lanzó una mirada asesina a Roy, quien estaba tratando de permanecer completamente sereno, aunque un movimiento en el extremo de su boca descubrió su juego. "¿Es por Maes o por ti, bastardo? ¿Necesitas un impulso en tu camino al estrellato?"
"Aunque niego vehementemente esa última sugerencia…¿sería tan malo el que yo quiera que estés allí?" La voz de Roy se volvió dulce al llegar a final, y de pronto éste se encontró muy ocupado con Winnie, quien se las había arreglado para quitarse uno de sus zapatitos y ahora estaba ensimismada en tratar de pararse sobre el regazo de Roy. Ed lentamente se sentó erguido, atónito ante la natural sinceridad de la confesión.
"¿Es una orden?"
Roy levantó la vista, sonriendo levemente, aunque la mirada en sus ojos decía otra cosa. "Una…petición. Una decisión."
Ed dejó escapar el aire que no sabía estaba aguantando. Se tomó un momento para serenarse, rogando que su voz no le temblase al momento que la forzó a través de los súbitamente agarrotados labios, "Alguien tiene que estar allí para evitar que se te suban los humos a la cabeza."
"¿Es eso un sí?"
"Sí." Fue casi como una risa atorada, y Ed se preguntó cómo algo tan importante podía reducirse a una simple palabra.
"Qué bueno." Y así tal cual, la tirante tensión en el aire pareció disiparte. Ed se encontró sonriendo como idiota, pensó en suprimirla, y decidió que no importaba, ya que los extremos de los ojos de Roy se arrugaban con afecto. Winnie escogió ese momento para volver a soltar un hipo, y luego su labio inferior comenzó a temblar.
"Rayos, lo olvidaba," murmuró Ed, zambulléndose en el bolso. "Tiene que comer. Al me dijo que aquí había alguna clase de comida de bebé."
Roy ojeó el maltrecho bolso escépticamente mientras distraía a la lacrimosa Winnie con su reloj de bolsillo. "¿Ya cenaste?"
"He estado un poco ocupado, por si no te has dado cuenta," fue la tajante contestación al tiempo que sacaba un biberón y lo calentaba con un breve toque de sus palmas. Observar a Ed – o Al, de ser el caso – realizar su alquimia, no importando cuán pequeña fuere la tarea, era siempre un placer estético que podría asemejarse a observar a un atleta en su deporte: eficiente, subestimado, y con una gracia que provenía de la absoluta confianza, de la clase que provenía de ser tan bueno en algo que se convertía en su segunda naturaleza, como respirar, o correr, o reír. El joven probó un par de gotas sobre su muñeca y asintió, satisfecho. "Verás, tengo un Comandante en Jefe sumamente fastidioso, él algo así como que insiste en que los reportes sean entregados inmediatamente…" se detuvo, volteándose para mirar a Roy. "Aguanta, ¿acaso es una invitación para cenar?"
"Lo era," dijo Roy secamente. "Pero ya que pareces estar completamente dedicado a tu trabajo…."
"¿Podrías ser menos enigmático?" gruñó Ed, aunque agachó su cabeza para ocultar una sonrisa mientras un rubor rosa de contento que Roy encontró bastante encantador ascendió por sus mejillas. "Está bien – puedes pedirme que te revele lo que llevo dentro (1) durante una cena de la misma manera como lo harías estando tras tu escritorio. Y tú pagas." Se acercó a Winnie, quien se obligó a extender sus brazos cuando observó el biberón bajo el brazo de su tío con inmensa satisfacción.
"Realmente," murmuró Roy con interés, la suprimida diversión bajo el cuidadosamente neutral terciopelo de su voz hizo que el joven levantara los ojos bruscamente. "Yo siempre había pensado que te favorecían los boxers, Acero."
El Alquimista de Fuego se preparó para el inevitable arranque, pero para su sorpresa, nada pasó. En lugar de ello, el joven colocó a Winnie en el recodo de su brazo en majestuoso silencio, dándole el biberón a la ansiosa bebé y asegurándose de que esté cómoda. Manteniendo aún su rostro completamente sereno, tomó el bolso de cuero y giró hacia la puerta, lanzando una mirada sobre su hombro para asegurarse de que Roy hubiera recogido el cada vez más arrugado reporte de la mesa de centro. Roy atentamente le abrió la puerta y lo hizo pasar por ella con esmerada cortesía, y Ed salió pisando fuerte, emanando una fría y superior prepotencia mientras abrazaba a su sobrina protectoramente y se rehusaba a hacer contacto visual. No fue hasta que Roy se había volteado para echar llave a su oficina que éste escuchó el característico barítono gutural ronronear sugestivamente algo que lo mantendría mirando muy de cerca hacia una específica parte de la anatomía de Ed durante todo el camino hacia el restaurante mientras trataba de imaginarse si estaban jugando con él…o si era cierto.
"Y yo que pensaba que tú ya te habías dado cuenta, Roy – no puedes llevar nada debajo de estos pantalones, sabes."
Ed volteó su dorada cabeza y salió ofendido por el corredor, los sentidos del Guardián le decían que Roy estaba siguiéndolo por detrás en aturdido silencio. Sonrió engreído al tiempo que aseguraba el babero de Winnie bajo su mentón. Acero – 1, Fuego – 0.
"Esto es muy bonito," sonrió Winry, mientras apoyaba su mentón en sus manos dobladas y miraba juguetonamente hacia todos lados a través de sus pestañas frente a la alta figura de su esposo al otro extremo a la blanca mantelería de lino. "Es difícil creer que alguna vez hubo una guerra, ¿no lo crees?" El sonido de la música del cuarteto de cuerdas que se encontraba en la esquina flotaba en el aire, no tan alto como para cubrir el agradable murmullo de las conversaciones en voz baja y de las risas en el abarrotado restaurante, al tiempo que familias, parejas y amigos celebraban el retorno de la paz y a un nuevo líder. Se sentía un aire de contenida emoción en la mayoría de los comensales, y siendo el León Verde de la categoría que era, Winry estaba más que segura de que la vasta mayoría de los comensales sentados a su alrededor iban todos a asistir al baile de investidura que se daría la noche siguiente. ¡Al igual que ella! A pesar de que ella prefería los mamelucos a los vestidos y estaba más feliz cuando tenía grasa hasta en los codos, y ya no era la niña de mirada estrellada y encima era una madre, todavía había bastante de niña dentro de ella para que la joven sintiera mariposas de emoción en su estómago cuando meditaba el innegable hecho de que ella, Winry Rockbell Elric, iba a asistir al baile con su propio príncipe, y suspiró de puro contento.
Al levantó la vista de donde había estado afanosamente haciendo dobleces al borde del mantel. Él ya había ordenado por colores a los cubitos de azúcar en el azucarero y ya había tirado tres veces el pequeño jarrón de plata en el medio de la mesa. "Seguro. Bonito. No hay Guerra. Sí." A él todavía se le hacía difícil expresarle a Winry cómo había sido la guerra, la devastación, la muerte y destrucción…la línea que él casi había traspasado, y para ser franco, la bizarra yuxtaposición de este completamente civilizado marco contra sus recuerdos de carpas cubiertas de lodo y de hombres cubiertos de sangre con miedo en sus voces le estaba generando una jaqueca. Él entendió de pronto por qué Ed y Roy habían estado tan desesperados en mantenerlo al otro lado de esa línea que ellos habían cruzado hacía mucho tiempo…por otro lado, él estaba muy seguro de que le sería imposible sentarse aquí y escuchar a su esposa contarle alegremente sobre la siembra de primavera y de los últimos chismes locales de su pequeño pueblo. Así como estaban las cosas, él se sentía como si se estuviera moviendo a través de un distorsionado mundo de sueños, como observando la realidad reflejada en una titilante y dilatada burbuja de jabón que era bonita e iluminada y que tú sabías podía reventarse y desaparecer en cualquier momento.
De todos ellos, fue Havoc quien le había hablado una vez acerca de ese sentimiento, tratando de explicarle al muy joven Mayor Elric el por qué sus enlistados hombres se acercaban con confianza a él, su comandante en jefe, pidiendo consejo sobre cómo hacerle frente al mundo al que ellos habían regresado. El larguirucho Capitán podía llegar a ser sorprendentemente locuaz cuando se encontraba de humor. "Es como…es como ser un fantasma, ¿sabes?" Había dicho Havoc, jugando con su colilla de cigarro en sus largos y nerviosos dedos. "Moviéndose a través de un mundo sin ser parte de él, un mundo que tú creías que querías, que tú peleaste por salvar, pero un mundo donde la gente no entiende por lo que has pasado porque no pueden, porque nadie puede salvo que hayan estado realmente en él. Con el tiempo, para la mayoría, eso pasa…tú sigues adelante, te haces de nuevo parte de la vida normal. Para algunos de ellos sin embargo, eso nunca ocurre, y sin gente que lo comprenda, es…es difícil."
"¿Eso te pasó?" había preguntado Al. "¿Existe algo que te ayude?"
"Algo. Yo soy un chico del campo, tomo las cosas con calma. Nunca quise nada más que servir a mi país, encontrar una linda chica y tener una familia. Y ahora tengo dos de ellas, y espero que la tercera venga con el tiempo. Pero una que otra vez, yo recuerdo cosas. Y ni siquiera he visto lo peor." Havoc pisó la colilla del cigarro. "Gente como el General y el jefe, ellos han visto y han hecho más de lo que alguna vez pueda empezar si quiera a imaginarme. Yo no sé cómo pueden sobrellevarlo y siguen adelante. Pero lo hacen, y es por eso que los sigo. Los respeto. Los quiero."
"Ellos se tienen el uno al otro. Y a nosotros."
"Eso es seguro," Havoc había estado de acuerdo. "Lo hace más fácil para ellos, de muchas formas, porque ellos se entienden el uno al otro como nadie puede hacerlo. ¿Por qué otra cosa crees que Roy andaba por ahí como gato en celo pero nunca se enamoró de nadie? ¿De alguien que no entendía? – una novia civil, una esposa, esa clase de cosas – siempre es más simple el sólo dejarla ser, especialmente si ella te importa. Ellas hablarán incesantemente de querer saber qué pasó, pero en realidad no lo harán. ¿Y acaso no es esa la inocencia que luchamos por preservar?"
Al había asentido, le había agradecido al hombre por su comprensión y se había alejado para pensar sobre este nuevo acontecimiento. En ese entonces él no lo había sentido realmente, aunque había proporcionado un oído comprensivo y consejo a más de unos pocos enlistados y a un par de jóvenes tenientes, pero ahora, sentado ahí en la mesa rodeado de conversadores civiles quienes probablemente no habían visto las consecuencias negativas de la guerra, él sacudió su cabeza ante su ingenuidad. Tener a Ed con él lo había protegido de tener que reengancharse apropiadamente con el mundo real y a un estilo de vida normal, ya que pudo regresar al fácil ritmo y entendimiento que era el lazo entre ambos, y lo mismo probablemente había sido válido para Ed, aunque Al todavía tenía dificultad para olvidar la mirada desolada y perdida en los ojos de su hermano la noche que le había explicado el significado de su cicatriz. Winry, por otro lado, era parte de su mundo real, y como tal, un discordante detonante para esta extraña sensación de irrealidad. Aún así, él estaba agradecido de tenerla como su guía de retorno hacia una vida de paz. Su ceja se arrugó al preguntarse si su hermano podría adaptarse a este desafiante nuevo mundo que había ayudado a dar forma. Pero Ed tenía a Roy. Por cierto, estando juntos, ¿ellos estarían bien?
Winry frunció el ceño ante el tono distraído en la voz de su esposo. Al se había mostrado adecuadamente atento al inicio de la cena, tallando una gallarda figura vestido en su uniforme con su reveladora cadena del reloj de plata parpadeando contra su cinturón, y las miradas de admiración lanzadas en dirección a ellos por otros comensales femeninos habían sido una simultánea fuente de irritación e intenso orgullo para ella. Sin embargo, a medida que la noche había transcurrido lentamente, Al se había vuelto cada vez más distante, ofreciendo respuestas monosílabas a sus conversadoras preguntas. Así no era cómo se suponía debía de actuar un esposo que había estado separado de su esposa por meses, ¡demonios! "Al," y el afilado tono en su voz lo hizo levantar la mirada rápidamente, "¿qué te pasa?"
"Nada. Tú estabas diciendo que todo parecía igual otra vez, ¿verdad?" Al cubrió su rostro con una seria mirada de afecto. Él siempre había sido mejor en esto que Ed. Desafortunadamente, lo estaba intentando frente a una de las pocas personas que podían leer a los hermanos Elric como si fuesen un libro abierto. Su esposa bufó.
"Al…."
Habían desventajas al casarse con alguien así de observador. "Todo está bien, Winry. ¿Ya terminaste? ¿Puedo pedir la cuenta?" Una pequeña mano se extendió por la mesa para tirar de su brazo imperiosamente cuando lo levantaba para llamar al camarero.
"No vamos a irnos a ninguna parte hasta que me hables y expliques por qué tu mente ha estado en cualquier otro lugar menos aquí durante la última media hora, Alphonse Elric."
Al miró fijamente a su esposa en el otro lado de la mesa. Winry estaba claramente enfadada con él, el brillo de felicidad que había iluminado su rostro un rato antes se estaba esfumado al tiempo que sus ojos azul oscuro le destellaban amenazadoramente, y él sintió una punzada de culpa por arruinar su noche. Ella tenía razón; no había estado pensando en ella, o en la estupenda cena, o en otra cosa más que en… "Lo siento, Winry. Es que estaba preocupado por mi hermano."
"Pues claro que deberías estarlo," musitó Winry, cruzándose de brazos y apoyando su espalda en el respaldo de la silla. "Yo hasta ahora no puedo creer el descaro de ese pervertido…."
"No es por eso, Winry," gruñó Al, sonrojándose ligeramente. "Además…lo del General y mi hermano…de alguna forma…funciona. No sé cómo explicarlo. Sólo tienes que verlos juntos…" y su mente retrocedió a ese horroroso día cuando Ed había sido llevado otra vez por la Puerta. La expresión en el rostro de Roy era algo que la mente de Al evitaba recordar con demasiado detalle, lo cual probablemente era por una buena razón. Y luego cuando Ed había regresado…Al cerró sus ojos, viendo las siluetas de dos figuras en la parte posterior de sus pestañas, ellos parecían tan unidos, casi como si fuesen una sola persona, el fuego, la ceniza y el polvo azotando a su alrededor mientras ellos ignoraban todo menos la sensación de tener al otro ahí, vivo, a salvo…. Sacudió su cabeza para zafarse del recuerdo y levantó la vista para encontrar la mirada desconcertada de su esposa. "No es eso. Ellos se aman – se necesitan – todo va a salir bien. Ya vas a ver."
Winry lo dejó así, aunque la curva en su labio decía que no estaba enteramente convencida. "¿Entonces qué es?"
Al se encogió de hombros. "Es que…es extraño no estar con él, es todo. Nosotros siempre hemos estado juntos."
"Nosotros tres," asintió Winry, una sonrisa de evocación jugando en sus labios. "Desde que éramos pequeños. Jugando en la colina. Metiéndonos en problemas por recoger las manzanas de los vecinos sin permiso…" dejó de hablar otra vez cuando vio que Al parecía incomodarse. Su esposo era la persona más veraz que conocía, y hasta el más ligero prevaricato ocasionaba una gran molestia – ésa era una de las cosas que más amaba en él. En ese sentido, él era mucho más predecible que Ed, quien era mucho mejor haciendo que el fin justificase los medios. Y así había tenido que ser, dado que era el hermano mayor, supuso. "¿Qué?"
"Me refería a él y a mí, Winry." Al se mordió el labio, tratando de buscar una forma de hacerse entender. "Tú sabes. Como cuando estábamos buscando la Piedra Filosofal. E incluso ahora último. Casi como en los viejos tiempos. Éramos nosotros contra el mundo."
"Casi como en los viejos tiempos," ella repitió con voz apagada, sintiendo que se entumecía mientras luchaba por entender. "Cuando me dejaban y se iban en sus misiones, solos ustedes dos, en alguna gran aventura que nunca se molestaron en explicarme o contarme." Ella pudo oír el veneno en su propia voz, y eso le causó temor.
"Winry, por favor." Al luchó por mantener un tono de voz razonable. "Tú sabes por qué no podíamos…."
"Oh, yo sé por qué ustedes no podían – ¡pero aún así no lo hicieron!" siseó ella, tratando de no llamar la atención, conteniéndose las lágrimas que le quemaban los ojos. "Y tienes razón, esto es como en los viejos tiempos – ustedes dos dejando de lado todo y a todos por el otro…a mí, a la Abuela…y qué de Winnie, ¿también la vas a ignorar por Ed?" miró intensamente hacia su regazo, sus dedos haciéndose nudos con su servilleta mientras se reprendía a sí misma por reaccionar exageradamente, pero se sentía impotente contra la ráfaga de miedo que la paralizaba, el oscuro secreto que no le había contado a nadie, el miedo de que la vuelvan a dejar de la misma forma como sus padres lo habían hecho. Ella sabía que no había sido su intención, sabía que ellos habían estado haciendo lo que creían era su deber solemne como doctores cuando la habían dejado con la Abuela Pinako y se habían ido a la guerra, pero eso no cambió el hecho de que jamás regresaron. En ese entonces Ed y Al habían jurado que estarían con ella, pero eso había sido antes de que muriera sus madre y de que tuvieran que enredarse con fuerzas más allá de su entendimiento y también habían sido forzados a dejarla. La diferencia fue que Al había regresado a ella, y le había jurado nunca dejarla otra vez, y había sellado esa promesa con una niña. Ella estaba casi avergonzada de admitir que mientras había extrañado terriblemente a Ed, una pequeña parte egoísta de su ser había estado contenta de ya no tener nunca más que competir con él por las atenciones de Al. Pero ahora él estaba de vuelta, y la pequeña niña dentro de ella temblaba ante la idea de que el lazo entre los hermanos arrastrase a Al del lado de Ed una vez más, olvidando su promesa de quedarse con ella.
"Hey," dijo su esposo suavemente, levantándose y dando la vuelta a la mesa para arrodillarse a lado de su silla, ignorando las expresiones de sorpresa de los otros comensales del restaurante. "Winry. Mírame." Una gentil mano se cerró encima de sus cerrados puños, paralizando sus nerviosos movimientos. "No es así. Te amo a ti y a Winnie, eso lo sabes. Yo no te dejaría salvo que sea algo importante, y yo siempre he regresado. Pero no puedes esperar que yo deje de preocuparme por Ed sólo porque ahora te tengo en mi vida. Es un diferente tipo de amor – nosotros sólo nos teníamos el uno al otro después de perder a mamá, y siempre hemos velado por el otro. Tú y yo tenemos esto únicamente porque él se sacrificó por mí hace cuatro años, ¿recuerdas? Yo le debo tanto…él me dio la oportunidad de tenerte a ti y a Winnie. Así que no hagas que elija entre los dos. Por favor."
Winry bajó la mirada, incapaz de encontrarse con la cristalina mirada gris de Al, sintiéndose como la peor persona que existía. Tomó un tembloroso aliento, sintiendo la calidez de la manos de Al alrededor de las suyas, callosas y fuertes manos que conocían su propia fuerza y que sostenía las suyas tan leve y cuidadosamente como si fuesen hechas de vidrio forjado. "Yo sólo…lo sé. Lo sé, Al. Y tú sabes que también quiero a Ed. Sólo…por favor…prométeme que vas a recordar que ahora eres padre. Ya no somos los niños que éramos…tú también tienes otras responsabilidades, no sólo cuidar de Ed. Winnie te necesita aquí…yo te necesito aquí." Y ella se acercó y lo besó en la frente, reposando brevemente su mejilla contra el cabello color arena en un gesto de disculpa y afecto antes de separarse y mirarlo con ojos serios. "Promételo."
Al sonrió. Esa serena expresión que siempre lo hacía parecer sobrenaturalmente mucho más sabio que los años que tenía. "Lo prometo, Winry. Además," y un toque travieso apareció en sus ojos al tiempo que su sonrisa se ampliaba una fracción, "tengo el presentimiento que yo no soy la compañía que mi hermano escogería para recorrer la siguiente etapa en su senda por la vida. Ya ves, él prefiere a los morenos."
Los comensales del León Verde se sobresaltaron por un sorpresivo arranque de risas histéricas que provenían de cierta mesa, pero nadie se atrevió a quejarse con la gerencia. Después de todo, el alto y fornido Alquimista Estatal asemejaba tener una fuerza formidable con su uniforme, incluso si en estos momentos se encontraba desparramado contra la pata de la mesa luchando por respirar mientras su rostro se tornaba morado de la risa. Y una rubia de ojos azules recostándose en su silla parecía tener una llave inglesa metida en su portaligas.
Nota de la Traductora:
(1) 'Debrief' tiene dos significados.
- Interrogar (a un soldado, diplomático, astronauta, etc.) a la finalización de una misión. Solicitar un informe vía reporte verbal.
Fuente: The Free Dictionary
- Desnudar a una persona de sus 'briefs' (calzoncillos), shorts, o ropa interior con el propósito de obligarla a hablar.
Fuente: The Urban Dictionary
La autora quiso dar los dos significados en el contexto para darle picante a la escena. Roy tenía que solicitar el reporte oral de la misión, además de preguntarle sobre ese famoso interrogatorio que aún no ha sido develado, pero optó por utilizar el otro significado al responder.
Esto es lo peor al traducir, cuando la autora utiliza homónimos cuya traducción en español son dos palabras o expresiones totalmente diferentes. Espero que igual haya podido darle el mismo efecto sugestivo usando mi imaginación.
Y que ni se les ocurra perderse el próximo capítulo… eso es lo único que les puedo decir.
Ahora dejen review… ya sólo quedan siete capítulos…
