Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.
Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.
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Nota de la Autora:
Warning: some mention of shounen-ai in this chapter. Brief and non-graphic but there. If such things offend you, please skip this chapter.
And again, in re: interrogations and assassinations. Patience is a virtue. That's all I'm gonna say.
Advertencia: alguna mención de shounen-ai en este capítulo Breve y nada gráfica, pero ahí está. Si eso los ofende, por favor omitan leer este capítulo.
Y nuevamente: sobre los interrogatorios y asesinatos. La paciencia es una virtud. Eso es todo lo que voy a decir (Nike Femme)
xXx
For an explanation of the Chapter Title, please see the end of the chapter.
Para una explicación del Título del Capítulo, por favor vean el final del mismo.
Full Circle
(Círculo Completo)
Capítulo 30: Fines Y Medios
"¿Qué quiere decir con, 'No se aceptan Niños'?" El ronco retumbe de Ed era peligrosamente calmado, y de conocer a Ed de la forma como Roy sí lo conocía, el maitre'd debería de estar temblando de miedo dentro de sus baratos y brillantes zapatos ahora mismo. Roy usualmente habría entrado y le habría cortado el paso a Acero en el proceso, pero aún se encontraba distraído con lo último que le había dicho Ed; todavía no había descifrado si estaban jugando con él, pero la verdad era que esos pantalones encajaban en esas esbeltas caderas como si se los hubieran pintado….
"Éste es un establecimiento altamente respetable, señor. Contamos con muchas personas reconocidas entre nuestra clientela – debido a eso, hasta el Fuhrer-electo es conocido por pasar por aquí de cuando en cuando. Los niños causan molestias a nuestros clientes."
"En serio," observó Ed secamente, lanzándole a Roy una mirada que éste ignoró. Dado que ellos simplemente escogieron el restaurante más cercano al Cuartel General y que parecía más o menos decente, pero que Roy ya había admitido nunca haber entrado debido a, en las propias palabras del Alquimista de Fuego, "no soy fanático de ningún lugar decorado con mármol falso," él dudaba muchísimo de la afirmación del maitre'd. Y ahorita mismo, se estaba arrepintiendo de desautorizar a Roy e insistir que debían probar el lugar sólo porque él tenía hambre y no quería ir a un lugar más lejano. Regresó su atención al maitre'd, controlando aún su temperamento mientras intentaba sonar razonable. "La niña no va a hacer nada. Ella tiene mejores modales que la mayoría de sus clientes, ¡por cielo santo!" Ed cambió de lugar a Winnie en sus brazos, y la pequeña niña balbuceó suavemente y se volteó para ofrecerle al maitre'd una dulce sonrisa. Sin embargo, eso tampoco estaba funcionando.
"Lo siento, señor. Tengo que hacer respetar las reglas del establecimiento como está publicado en ese cartel colocado justo ahí."
Ed apretó los dientes, porque el hombre no sonaba como que lo sentía ni un poquito. Roy estaba murmurando algo sobre que los disculparan por el alboroto y que buscarían otra alternativa en otro sitio, pero Ed ya había tenido suficiente. Se volteó hacia Roy y le ordenó bruscamente, "No nos vamos a ir. Carga a Winnie." El tono en la voz de Ed no toleraba ninguna oposición, y Roy tomó a la niña en sus brazos, colocándola cuidadosamente contra su cadera, incluso mientras le levantaba una casi divertida ceja a Ed, sospechando lo que estaba a punto de suceder. El Alquimista de Acero se volteó hacia el maitre'd y sonrió, pero no era la sonrisa dulce que su sobrina le acababa de entregar. Como un mago a punto de ejecutar un truco de magia, levantó sus manos justo frente al rostro del hombre, volteándolas para mostrar primero sus dorsos, luego sus palmas, antes de extenderlas bien separadas. "¿Ve algo?"
Un despectivo arqueo del labio superior del hombre que tenía un delgado mostacho. "No."
Un cortante asentimiento de cabeza. "Bien." Y antes de que el confundido maitre'd pudiera abrir su boca, Ed puso sus manos juntas, luego rozó casualmente una de ellas contra el cartel de metal, el cual se desintegró instantáneamente en un crepitar de energía alquímica azul, sus brillantes restos se espolvorearon suavemente sobre el piso. "Oh, qué desafortunado. Debieron ser las termitas o algo así. Pero eso se ocupó del problema de las reglas. Sin cartel, no hay regla que hacer cumplir. Ahora o nos busca una mesa, o va a leer en el periódico de mañana acerca de cómo su restaurante echó al Alquimista de Acero y a su sobrina. Oh, y al Fuhrer-electo, por supuesto," añadió el rubio tardíamente. "Le apuesto a que eso le hará mucho bien a su clientela. ¿Acaso no se encuentra por ahí el cronista de chismes del The Central Times?" y el destello de un colmillo fue puramente de Auric.
El hombre se puso rígido y observó sospechosamente a Ed, dándose cuenta de la capa llena de manchas y las lodosas botas. "Realmente dudo que usted…" y entonces sus ojos captaron el brillo de la luz sobre el metal cuando Ed jaló hacia atrás su capa por sobre sus hombros, revelando la cadena de plata de un reloj de bolsillo…y las empuñaduras de dos dagas en su cinturón. Las cuales parecían como si hubieran recibido mucho uso. El maitre'd levantó la mirada, sus ojos muy abiertos – y luego se pusieron aún más abiertos cuando Roy se contuvo un suspiro interno y dio un paso para permitirle al hombre una mejor vista de las insignias de su uniforme. Sus ojos viajaron muy despacio desde las franjas de sus hombros, de regreso a la cadena del reloj de Ed, luego de nuevo a la dura y nada alegre sonrisa en el rostro del rubio, y luego se desvió por sobre el hombro de Ed a través del vidrio de la puerta y hacia afuera, donde pudo ver un resplandeciente auto negro estacionado al borde de la acera y al menos dos guardias armados junto a él. Tragó saliva. Winnie le parpadeó coquetonamente.
"Por aquí, señor."
"Tú no debiste hacer eso, sabes," Roy le reprendió. Ellos habían sido ubicados sin demora en la mejor mesa luego del despliegue de Ed, y el servicio por lo tanto había sido más que impecable, con el restaurante incluso arreglándoselas para surtir una silla alta para Winnie a pesar de la ostensible prohibición con respecto a los niños. Ella se estaba comportando de manera impecable hasta ahora, divirtiéndose garabateando sobre una servilleta con una gruesa crayola que Ed había transmutado apresuradamente de una de las velas que estaban sobre la mesa. "Haciendo a un lado el pésimo gusto puesto en la decoración interior, la comida resultó ser de hecho bastante buena, y me gustaría poder regresar después de esto."
"No me vengas con eso, bastardo," dijo Ed irritado, haciendo girar y girar la base de su copa de vino entre sus dedos. "Vas a ser el maldito Fuhrer, todos los restaurantes del país van a rogarte que los visites. Ellos deberían de agradecerme por la publicidad – he contado al menos tres reporteros en este establecimiento, y esos flashes que siguen disparándose y dañándome la vista no son relámpagos, sabes." La determinada expresión de su rostro traicionaba su malestar de que le tomen fotos, y de pronto Roy recordó la predilección de Auric en no querer llamar la atención. Irónico, realmente, que una persona con una belleza tan deslumbrante como la de Ed se sienta tan incómoda bajo los reflectores, pero tanto Ed como Auric siempre habían preferido que les rindan honores por sus logros y habilidades, no por sus apariencias. "Así que tuve que bajarle los humos al maitre'd. Fines y medios."
"En efecto. Interesante táctica," observó Roy neutralmente. "Pensé que odiabas a los reporteros."
Los ojos dorados se levantaron un momento para encontrase con los suyos. "Los odio. Pero como alguien señalaba no hace mucho, ellos sirven de algo. Para un lugar como éste, una mala publicidad sería el beso de la muerte. ¿Y cuál es el punto de tener una reputación si no le puedes sacar provecho?" Los ojos de Ed revolotearon barriendo la habitación con la mirada en un patrón definido de búsqueda. Él había insistido que sería él quien tomaría el lugar con vista a la puerta, y cuando Roy había señalado que no le gustaría que le disparasen por la espalda, habiendo acabado justo de escaparse de un intento de asesinato, fin de la historia, Ed había resoplado y señalado que era más probable que él y no Roy pueda reconocer y reaccionar ante cualquier peligro que venga de la calle. Al final Roy se había rendido y se había sentado, dándose cuenta que lo único que estaba haciendo era captar más la atención sobre su presencia entre los comensales. El nivel de ruido de la conversación en el establecimiento ya se había apagado precipitadamente cuando los otros clientes se forzaban en intentar oír la conversación entre los Alquimistas de Fuego y Acero. Una pareja incluso había empezado a mover sus sillas discretamente, pero Roy había removido sus guantes del bolsillo de su chaqueta y los había colocado de forma ostentosa sobre la mesa, mirando deliberadamente alrededor para asegurarse de que el gesto sea advertido, resultando en una retrocedida apresurada y ganándose una casi imperceptible sonrisa por parte del rubio alquimista. Pero luego Ed había retornado a su caparazón al que se había retirado después de asegurarles su mesa, y nada parecía poder persuadirlo para que saliera de él, ni siquiera su sobrina, quien, Roy pudo ver, ya tenía a su famoso tío firmemente atrapado alrededor de su pequeño dedo.
"Y luego dicen que yo soy el manipulador. Guardián."
"Aprendí del mejor. General." Una respuesta forzada.
Roy suspiró. "Ed, si te sientes incómodo aquí, no tenemos que quedarnos."
Un encogimiento de hombros. "No habría diferencia. Igual nos seguirían donde quiera que vayamos." Vaciló un poco, luego añadió, "¿Te das cuenta que nuestra cena juntos estará mañana en todas las ediciones matutinas de los periódicos?"
"No te habría invitado a cenar de no haber estado conciente de ese hecho, Edward," le aseguró Roy, deslizando una mano a través de la mesa, con la palma hacia arriba, una invitación que Ed aceptó lentamente luego de un momento de deliberación. Pudo sentir la tensión en la presión del agarre del joven, e intentó calmarlo recorriendo delicadamente su pulgar sobre los nudillos de Ed, maravillado aún ante la sensación de piel donde una vez hubo un frío metal. El Alquimista de Acero le elevó una retadora ceja.
"¿Así que eso es todo? ¿Querías que todo Amestris supiera que el Alquimista de Acero te apoyaba incondicionalmente, eso es todo?
El Alquimista de Fuego sonrió socarronamente, sin picar la carnada, sabiendo que Ed realmente no quería decir lo que estaba diciendo, sino que simplemente estaba buscando una afirmación de que él había escogido sabiamente al permitirse ser vulnerable. "Bueno, eso es, por supuesto, un beneficio marginal. Pero yo simplemente estaba pensando que sería una buena forma de darte la bienvenida luego de una cansadora misión. Y también para dejar en claro ante la sociedad que yo, Roy Mustang, elegante hombre de mundo, Alquimista de Fuego, Fuhrer-electo y demonio devastadoramente apuesto…estoy fuera del mercado." Continuó acariciando dulcemente con su pulgar el dorso de mano de Ed, esperando una respuesta.
La cabeza de Ed se levantó bruscamente, y la expresión en sus ojos era imposible de descifrar. "Tú no…digo…¿no estás preocupado por las repercusiones de que esto…nosotros…lo que sea que pasa entre nosotros…sea de dominio público? Digo, una cosa es entre Hughes y Hawkeye y los demás…."
Roy negó con su cabeza delicadamente. "Ed. Soy Fuhrer. Lo que podría ser considerado como un pecado atroz en un prometedor oficial, a menudo es visto con mayor indulgencia cuando la persona involucrada es el gobernante de la maldita nación," y sonrió con satisfacción cuando Ed se sobresaltó al escuchar la blasfemia saliendo de sus labios. Roy casi nunca lo hacía, salvo que fuera para resaltar un punto. "Además a los héroes de guerra que son famosos Alquimistas Estatales a menudo se les concede un poco más de amplitud. Creo que la pregunta es…¿estás tú preocupado por eso? ¿Piensas que Al se opondría?"
"Ni hablar," y Ed rió con pesar, "en primer lugar fue Al quien hizo que yo…que Auric…te hablara de eso. En tu carpa. ¿Lo recuerdas?"
"¿Cómo podría olvidarlo?" y el calor que apareció en los ojos oscuros de Roy hizo que a Ed se le revolviera el estómago, pero en una buena forma. "Aunque es una lástima lo de tu trenza, disfruté mucho haciéndotela." Roy estaba siendo un perfecto caballero hasta ese momento, y una pequeña, aturdida, pero feliz voz en la cabeza de Ed estaba chillando algo como que técnicamente ésta era su primera cita real, pero cuando Roy lo miraba de esa manera, Ed tuvo que contenerse de no lanzar el decoro por la ventana más cercana y hacer suyo al hombre allí mismo y en ese momento. Estaba algo agradecido por la presencia de su sobrina que lo mantenía encallado en tierra.
"Idiota. Va a crecer de nuevo, y de cualquier forma, eso en realidad fue culpa tuya, Alquimista de Fuego," y el afecto y alivio en la voz de Ed era música para los oídos de Roy. "No puedo creer que estés tan obsesionado con mi cabello. ¿Qué harás cuando yo sea viejo y canoso?"
Roy reflexionó sobre la pregunta con una falsa seriedad. "Bueno, yo soy un Alquimista Estatal…y me parece recordar una misión en tus años mozos cuando fuiste forzado a cambiar el color de tu cabello…¿Crees que te gustaría ser pelirrojo?" Eso le ganó un resoplido divertido, y la pequeña Winnie rió feliz, contenta de que su tío parecía estar de mejor ánimo, gracias a ese buen hombre de ojos oscuros. Ella ofreció la crayola en dirección a este último, el cual la aceptó con solemne cortesía, y luego le pasó la servilleta a su tío, quien la tomó con algo de desconcierto. Un atento camarero cayó en picada y la cambió por una nueva servilleta, rehusándose al ofrecimiento de Ed de regresar la servilleta a su inmaculada condición. Los ojos de Roy se encontraron con los de Ed al otro lado de la mesa, y en el arqueo de las cejas de Roy y la onda en el labio de Ed, se podía leer el mismo cínico pensamiento: la servilleta sin duda pronto aparecería como un souvenir de la vez en que los Alquimistas de Fuego y Acero habían agraciado al establecimiento con su presencia. Winnie no estaba convencida con ella misma, y obviamente buscaba alguna nueva diversión, y Roy le pasó apresuradamente la crayola y su propia servilleta. Con el corto lapso de atención de un niño, ella regresó ávidamente al trabajo como si nunca hubiera sostenido antes una crayola. "Ah, la energía de la juventud," observó Roy, no de mala manera.
"¿Qué ocurre, anciano?" Ed parecía mucho más cómodo ahora, y su boca finalmente se había relajado dentro de las líneas de risa que habían sido una de las diferencias más marcadas entre Auric y el Ed que habían conocido. Roy pensó que podía acostumbrarse a ver ese rostro del otro lado de la mesa, especialmente con esa sonrisa y la cálida mirada en esos ojos dorados – era casi como si la fotografía que Hawkeye le había dado años atrás hubiera vuelto de pronto a la vida y se hubiera salido del marco para cumplir la promesa implícita en esa mirada. "¿Sintiendo tu edad ahora que estás rodeado de nosotros los jóvenes?"
"Yo creo que sí he tenido mi cuota como niñero," replicó Roy con cierta aspereza. "Viendo cómo se me asignó la responsabilidad por cierto enano no mucho tiempo después de ser promovido a Coronel. No puedo culpar a un hombre por desarrollar un complejo, ¿no crees? Y para tu información, tener treintaicuatro no quiere decir que esté con un pie en la tumba." Pero sintió una reacia sonrisa que tocaba sus labios cuando el joven frente a él le dio una mirada asesina lo suficientemente larga como para enviarle en mensaje de que él ya lo había oído, y luego abruptamente…se puso a reír, y en un grácil gesto que probablemente le pertenecía más a Auric que a Ed, se llevó la punta de los dedos de Roy a sus labios para un beso fugaz que calmó el impase.
Otro camarero se llevó los platos y les ofreció café, el que aceptaron ansiosamente. Casi ceremoniosamente, inhalaron, luego sorbieron. Ed fue el primero en romper el confortable silencio con un dramático y afligido suspiro. "Tampoco es tan bueno como el mío."
"No lo discuto," admitió Roy. "Algún día me tienes que mostrar cómo lo haces. Pero éste servirá para lo que tenemos que hacer."
"¿Y eso es?"
Roy bajó cuidadosamente su taza, el más suave tintinear de la porcelana contra el platito. "Reporte de la misión, Coronel."
Ed asintió y se sentó un poco más erguido, nada afectado por el súbito cambio de humor en Roy. Esto era, después de todo, parte de lo que eran ellos.
"Suena a que Al y tú pudieron estabilizar la situación en el norte lo suficiente como para que ellos pudieran ser capaces de aguantar hasta que consigamos unos cuantos alquimistas civiles más por ahí para que vayan a ayudar. Buen trabajo." Roy puso un par de meticulosas notas en el cada vez más desgastado reporte mientras Ed observaba, tratando de leer desde su posición al revés los garabatos del Alquimista de Fuego.
"¿Cómo es que un hombre que puede dibujar los más elegantes círculos de transmutación pueda tener tan mala caligrafía?" preguntó divertido el rubio alquimista. "Con razón algunas veces Hawkeye te hace rehacer tu papeleo."
Roy levantó una sobrecogedora ceja oscura mientras un extremo de su boca se arqueó en una compungida expresión que figuraba entre vergüenza y fastidio. "Trata de poner tu rúbrica en lo que pareciera ser un millón de reportes al día y mira por cuánto tiempo se mantiene tu caligrafía." Ordenó la pila de papeles frente a él. "Además, tú no tienes exactamente la mejor caligrafía del mundo. Aunque ésta es una gran mejora comparado con tus años de juventud."
"Auric tiene buena mano," el rubio se encogió de hombros. "Yo la he adoptado. Me sale más fácil que mi antiguo estilo."
"¿La tiene?" preguntó Roy maliciosamente.
"¿Quién crees que soy, Roy?" Ed rodó sus ojos. "Yo ya no soy el chico de doce años que apareció y atacó al Fuhrer con una lanza, sabes. Obviamente existe una buena parte de Auric en mí. Aunque pienso que finalmente mi cabeza está empezando a entender." Él todavía no le había contado a Roy – o a Al, o a nadie, por decirlo así – acerca de su pequeña epifanía la noche del asesinato, aunque el pequeño teatro en la oficina de Roy obviamente le había dicho al Alquimista de Fuego que Ed finalmente había entendido las reglas del nuevo campo de juegos en el que estaban. Y a Roy todavía le faltaba recibir un manazo en la parte superior de su cabeza por ser tan ridículamente enigmático acerca de todo ese asunto, pero ahora ya tendrían tiempo para eso, y de nuevo tuvo que contenerse la estúpida sonrisa que amenazaba con partir su cara en dos.
"Bueno eso es ciertamente tranquilizador, para mi propio sentido de auto-conservación física," murmuró Roy secamente. "Las lanzas y mi pellejo son elementos que generalmente considero como mutuamente excluyentes."
Ed bostezó ampliamente. "Claro, bueno, como sea. ¿Ya terminamos? Debería de llevarme pronto a Winnie, ellos ya deben de haber terminado de cenar. Y mañana tú tienes un gran día. Oh casi-Fuhrer. Al igual que yo, ya que soy el que te va a nombrar como Gran Búfalo (1)." Él realmente esperaba que Maes haya conseguido las medidas correctas de su uniforme. Ya se había sentido bastante mal cuando el General de Brigada le había informado que iba a usar uno, pero cuando Al le había señalado, más tarde, que en realidad él necesitaría dos, uno para las ceremonias de investidura y otro traje de gala para el baile, no lo había recibido nada bien. Sólo se había animado un poco cuando Al le había señalado luego que también vería a Roy en traje de gala, y que era muy probable que el Alquimista de Fuego encuentre la vista de su recalcitrante subordinado vestido de uniforme como una visión lo suficientemente inusual como para no quitarle los ojos de encima. Y así como una novia en su vestido de boda, Ed iba cuidadosamente a tomar medidas para asegurarse de que Roy no se haya olvidado de ese hecho, apilando cuidadosamente la baraja en favor de una positiva sorpresa. Axioma de Guardián: sólo aceptar apuestas que sabes que vas a ganar, y no es malo si inclinas las apuestas a tu favor. Él realmente debería de empezar a poner esas cosas en papel, tal vez podían añadirlas al Manual de Oficiales, siendo el sentido común algo que Ed había encontrado bastante poco común en la milicia.
"Hay sólo una cosa," Roy arrastró las palabras en un tono de voz aparente pero nada afable que puso a Ed con los nervios de punta. "La Mayor Hawkeye entregó un reporte sobre el interrogatorio al Oficial Técnico Hendricks. Fue bastante exhaustivo, con excepción de una notoria falta de detalle cuando se refirió a tu participación en ella, así como tu arresto al General Hakuro – y su…desafortunado deceso. Ella dijo que debería de hacerle seguimiento contigo, y repito lo que ella dijo, 'los rumores no son parte de un reporte, señor.' ¿Te importaría si me lo aclaras?"
Era realmente extraordinario, pensó Roy, cuán voluble podía ser Ed, y qué efecto podían tener sus cambios de estado de ánimo en la gente. Cuando Ed se encontraba en un estado de ánimo expansivo, por ejemplo, él literalmente parecía brillar con la misma intensidad de la luz del sol, sus ojos y cabellos parecían emitir chispas de oro cuando reía, envolviendo instantáneamente a aquellos que lo rodeaban con un calor y un espíritu inspirador que aparentemente se daba a través de su propia voluntad; cuando Ed estaba malhumorado – por cierto un estado de ánimo favorecido durante sus años de adolescencia – ese mismo brillo era instantáneamente cerrado, como el sol cuando pasa por detrás de altas nubes, cejas bajándose sobre los ojos dorados que se cerraban y oscurecían para opacar el ámbar mientras éstos observaban sus entornos hostilmente, una criatura salvaje asomándose de detrás de su cubierta y dejaba a todos desconcertados; y cuando Ed estaba furioso, pues…todos échense al suelo y busquen dónde esconderse. Excepto Roy, y de pronto se preguntó si eso era lo que había atraído al joven hacia él. Aunque en este momento, Ed había optado por la cautela; y mientras no era el repentino cierra-puertas de su estado "malhumorado", definitivamente era una retirada precipitada, la suave expresión en sus ojos se desvaneció para ser reemplazada por una afilada atención que le hizo recordar a Roy a un halcón planeando mientras deliberaba si se decidía a posarse sobre el brazo de su halconero…o a rehusarse al llamado y tomar vuelo.
"Mi rol fue relativamente menor," dijo Ed con menosprecio. "Amstrong hizo todo el trabajo pesado con Hendricks. Yo sólo terminé el interrogatorio." No había falsedad ahí; axioma de Guardián: nunca mentir. Desviar. Disimular. Y si eso falla, ser económico con la verdad. Aunque había que estar en sus zapatos – éste era el sonriente-Coronel-bastardo-yo-inventé-la-manipulación-y-el-encantamiento a quien estaba tratando de evadir. Y luego un pensamiento más inquietante le siguió los talones al anterior: ¿por qué se lo estaba ocultando a Mustang? Ed frunció sus labios con irritación. Al parecer el bastardo no era el único que levantaba murallas.
"¿De veras? Un interrogatorio posterior al Oficial Técnico Hendricks pareció indicar que tú tuviste un papel decisivo en asegurar su cooperación."
"Qué puedo decir, Mustang, soy un muchacho amigable. La gente me quiere. Y no estuve con la perorata sobre el legado de mi familia todo el tiempo – tal vez fue el puro alivio al no tener que escucharlo más lo que lo hizo hablar." El tono de Ed era aplicadamente casual incluso cuando sus ojos se fijaban inocentemente en el rostro de Roy, y mientas era verdad que parte de él estaba contento admirando la atractiva forma en que la luz de las velas estaba distinguiendo la elegante estructura ósea del hombre, especialmente sus ojos. Tú podías tener una considerable ventaja de esa forma, y Ed no tenía dudas acerca del calibre del oponente que aquí se encontraba enfrentando, lo cual significaba que no iba a privarse de la oportunidad de ganar el control. Aunque Mustang sí tenía una injusta ventaja, pensó Ed enfadado; aquellos ojos seductores hacían difícil distinguir la pupila del iris, lo que significaba que una de las señales para las que había sido entrenado sería virtualmente imposible de ver. Era una complicación adicional que su traicionera mente se mantuviera distrayéndose por la sugestiva promesa en esas profundidades azul oscuro.
Roy resopló delicadamente, aunque Ed pensó que vio un momentáneo parpadeo en los ojos del hombre mientras la detestable mente observadora de Roy notó el uso de su apellido en vez de su nombre. "Lo cual ciertamente no eres, Acero," y la mirada de Ed se agudizó ante el uso de su título incluso mientras gruñía por el insulto. "Estás en lo cierto cuando dices que la gente sí te quiere. Tú puedes ciertamente ser lo suficientemente agradable cuando quieres serlo; eso se hizo bastante claro incluso cuando eras niño. Tienes la inteligencia para discernir lo que la gente desea oír y escuchar, y la apariencia y el encanto para dárselos sin comprometer tu propia agenda. Eres elogiablemente leal con aquellos que te importan – Al, Winry, Winnie…" se detuvo, y el nombre que dejó en la lista colgaba sobre ellos sin ser dicho, aunque las chispas internas que ardían en la cauta mirada de Ed eran una silenciosa afirmación de que también él pertenecía a esa letanía. Con esfuerzo, Roy se volvió a concentrar en su punto. "Pero eres, por naturaleza, más inclinado a la introversión. Y un hombre entrenado como Hendricks es poco probable de que se rinda por simple alivio. Así que vuelvo a preguntar: ¿qué hiciste?" En garde.
"¿Seguro que no te estás describiendo, Alquimista de Fuego y Maestro de la Manipulación?" Parada.
"En este caso, me temo que el estudiante pudo haber sobrepasado al maestro," Estocada.
Ed levantó cuidadosamente a Winnie de su silla alta mientras la pequeña niña bostezaba somnolienta. Envolvió una pequeña manta alrededor de ella y la colocó en su regazo, su cabeza reposando confiada contra su hombro mientras se quedaba dormida. "Ya te lo dije, yo simplemente lo terminé. Ya que llegamos al final. ¿Podríamos arreglar cuentas con el restaurante para que pueda llevarla a casa?" Contra-parada.
"¿Vas a usar a la niña como un escudo, Acero?" Contra-réplica. La voz de Roy era apenas audible, pero Ed escuchó perfectamente cada palabra, como lo comunicó el oscurecimiento de su ceja. El Alquimista de Fuego se dio cuenta que había dado en el blanco, mientras observaba al joven luchando consigo mismo, ojos nublados con indecisión. Si lo deseaba, el Alquimista de Acero se habría ido en un destello de alas y garras, ya que tú nunca llegas realmente a domesticar a un halcón, sólo a amansarlo en tu mano, y Roy contuvo la respiración mientras esperaba en el borde de su asiento para que Ed decida. Ya que durante el espacio entre una respiración todas las cosas se enfrentan a esa dolorosa claridad que ocurre en los momentos que importan: el tintineo de tenedores y el ruido de la conversación alrededor de ellos, la brillantez de las arañas de cristal que salpicaban el techo, la interacción entre la luz y la emoción en el curiosamente resuelto rostro y abrasadores ojos de Ed. Y entonces Ed tragó saliva y él supo que el joven había decidido. Touché.
"Roy…por favor."
"Ed…confía en mí. Así como yo confío en ti. Con todo mi ser." Esto era lo más cercano a una confesión de amor que Roy había llegado, y pudo ver que los ojos de Ed se agrandaban ante eso. "No intentes pasar por eso solo."
"Tú lo hiciste." A pesar de la monotonía del tono en que fue dicho, era claramente una pregunta.
"Al principio tenía a Maes y a Hawkeye para sostenerme. Y después, justo cuando mi fe estaba empezando a flaquear…tú," y la cruda verdad en la voz de Roy hizo que la garganta de Ed le doliera como si se hubiera quedado tendido inconsciente para que el otro lo vea, abierto, vulnerable y confiado. Abrazó a Winnie más cerca de él, aspirando su fresco olor a bebé y sintiendo la calidez de su inocencia que lo envolvía cuidadosamente y lo separaba tan sólo por capas de tela. De alguna extraña forma, le recordó a estar inclinado contra la armadura de Al, a pesar de que su exterior era un frío y duro metal. Los ojos de Roy siguieron el movimiento, y una sonrisa triste apareció levemente en sus labios. "¿Todo lo hacemos por ellos, no es así? Tanta inocencia debe ser apreciada y preservada. Pero con frecuencia…no existe tal esperanza para aquellos que como nosotros hemos decidido proteger. La esperanza está a salvo…pero no para nosotros." Vaciló, luego añadió en voz baja, "Para obtener…"
"…algo de igual valor debe perderse. Hacemos lo que hacemos para que ellos puedan estar a salvo. Fines y medios." Ed cerró sus ojos y se quedó muy quieto. Por un momento, Roy pensó que había ido demasiado lejos, y estuvo a punto de estirar su brazo y tomar la mano de Ed, esperando retener al joven, rogarle que se quedara. Y entonces Ed suspiró y abrió los ojos, los cuales estaban despejados y decididos. "Sabes, ya me estoy cansando de esa ley de mierda." Se levantó bruscamente, con cuidado de no despertar a Winnie. "Está bien. No haré esto delante de ella. Al y Winry ya deben de estar en casa – la voy a dejar. Nos vemos en tu casa. General. ¿Todavía conservas la misma casa?"
"Por supuesto. Tú me prometiste un 'más tarde'," replicó levemente Roy, conteniéndose las ganas de saltar de su silla y bailar un indigno baile folklórico por todo el restaurante. "No habría sido bueno si hubieras regresado y no pudieras encontrarme, ¿verdad?"
"Tu falta de interés es, como siempre, uno de tus más notables atributos," observó Ed sarcásticamente. "Nos vemos en diez minutos, Oh Fuhrer-mío. Y no olvides el reporte," e indicó con un hombro a la pila de papeles. "Odiaría ver mi meticulosa caligrafía mostrada como un souvenir en un restaurante como éste."
En una de esas extrañas singularidades, el viento estaba bramando alrededor de los aleros de la casa de Mustang como lo había hecho hacía cuatro años atrás y Ed caminaba con dificultad hacia la modesta vivienda. Había dejado a la dormida Winnie con sus padres, se había rehusado cortésmente al ofrecimiento de pasar la noche en el hotel, había esquivado el golpe de una sonrojada Winry luego de haberles dicho que no hicieran nada que él no haría, especialmente con una bebé en la habitación, y se había teletransportado hasta el final de la calle de Mustang. Era una zona muy cara de Central donde muchos de los ricos y con títulos de nobleza tenían sus casas de la ciudad, y como tales, muchas de las viviendas eran enormes, floridas y embelesadas mansiones que le hacían recordar al observador que el dinero y el gusto no necesariamente iban de la mano. La casa de Mustang sobresalía por su tamaño relativamente pequeño y su exterior de gusto minimalista, y por lo que Ed pudo recordar de su interior, sus preferencias iban hacia la comodidad y el lujo sencillo. Se preguntó lo que pensaban sus vecinos de eso. Por otro lado, dudaba que alguno de ellos hubiera aventurado una opinión sobre el asunto, sabiendo quién era su vecino. Roy no era alguien que armonizara realmente, incluso si los grandes autos militares estacionados diariamente al borde de la acera no fuera suficiente para delatarlo. O los guardias apostados en la entrada de la cerca, quienes le asintieron cortésmente. Ed estaba un tanto perturbado por la actitud caballeresca que los guardias tenían para con los visitantes – él había esperado que lo detuvieran y le preguntaran qué asunto quería – pero el pequeño parpadeo de reconocimiento en sus ojos le dijo rápidamente que era probable que Roy les haya puesto sobre aviso de que lo estaba esperando. Bueno, eso y que su rostro era el único en la portada de todos los periódicos en estos días, y dada la forma en que la prensa disfrutaba utilizando las frases "Fuego y Acero," "Fuego vs. Acero," "Fuego o Acero," era muy probable que los guardias pensaban que Ed pasaba cada hora del día con el hombre. En un sentido puramente platónico, como un buen subordinado cuidando a su Comandante en Jefe, claro está.
La puerta parecía bastante inofensiva. Roble, probablemente, un bien lustrado tirador de bronce en el centro de ella, los pocos diseños tallados en su superficie se habían alisado por el uso. Ed pensó en obviar la puerta, sólo para asustar un poco al hombre, pero decidió que debido a que sin querer, ya había ido en contra del simbolismo de sus acciones al caminar el tramo de la calle de Mustang en vez de teletransportarse más cerca, también había podido obviarlo todo, aunque como regla general, las cosas excesivamente sentimentales le causaban comezón. Ignoró ostentosamente el tirador, sonrió ampliamente, levantó su puño y golpeó la puerta, el viento azotaba su cabello contra su rostro, y no paró de hacerlo hasta que la puerta se abrió para a revelar a Roy rodando sus ojos, una conocida sonrisa socarrona en sus labios y una llama en la punta de sus dedos. "Acero."
Maldito el hombre por ser tan bien parecido. Oh al diablo con todo. Cuatro años era mucho tiempo. Y ellos acababan de tener su primera cita.
Y Ed pasó por encima del umbral de la puerta, cerró la puerta de una patada, levantó la mirada con determinación – y lo besó ahí mismo, con todo el ardor de su ser de dieciséis años y toda la experiencia de un Guardián de veinte, usando dientes, labios y lengua para mordisquear, roer, chupar, lamer y saborear, una mano firme detrás de la cabeza del hombre y la otra deslizándose hacia arriba de la espalda de la camisa de Roy al tiempo que el Alquimista de Acero luchaba con el de Fuego en esta danza por el control hasta que ambos fueron forzados a apartarse por la falta de aire. La sensible piel en la parte inferior de la espalda de Ed quemaba donde lo había sujetado el áspero guante de Roy, y mantuvo sus ojos fijos en los de Roy mientras lentamente levantaba sus brazos y aflojaba la cinta que sostenía su cabello, moviendo su cabeza para sacudir los mechones dorados que cayeron libres sobre sus hombros. El pecho de Roy se hinchó, sus labios magullados y ligeramente entreabiertos y sus ojos oscuros por el deseo, aunque de algún modo se las ingenió para encontrar el control para mantener su voz ligeramente burlona mientras se quitaba los guantes y recorría sus dedos posesivamente por los cabellos de Ed, deleitándose con la familiar calidez de seda mientras atraía a Ed nuevamente hacia él. "Ah. ¿Entonces me revelarás más tarde lo que llevas dentro?"
"Ya te lo había dicho, bastardo," vino el ronco gruñido en su oído mientras caminaban a tropezones hacia la habitación de Roy dejando atrás un rastro de ropa sobre el piso. "No tengo nada dentro de…"
El resto de la oración se perdió en un gemido que emitió el rubio cuando Roy descubrió, más para su inmensa gratificación, que Ed realmente no había estado mintiendo sobre ese asunto en particular.
Nota de la Autora:
Ends and Means: contraction of the idiom, "The ends justify the means." Used when the actions we take are considered acceptable because of the specific desired end results.
Fines y Medios: contracción del idioma, "El fin justifica los medios." Usado cuando las acciones que tomamos son consideradas aceptables debido a los específicos resultados finales deseados.
Nota de la Traductora:
'(1) 'Grand High Poobah' es la expresión que utilizó la autora para definir el nuevo status de Roy según la broma de Ed.
Término derivado del altanero personaje Pooh-Bah en El Mikado de Gilbert y Sullivan y popularizado a los inicios de los 60's en el show televisivo Los Picapiedras, donde Pedro y Pablo eran miembros de la Orden de los Búfalos Mojados. En donde el Gran Poobah o el Gran Poobah Imperial era la posición más alta. Fuente: The Free Dictionary.
No recuerdo exactamente cuál era la traducción en español de la máxima autoridad de esa logia, así que me quedé con 'Gran Búfalo'. Si alguien lo recuerda, por favor me avisa para poder hacer el cambio.
Y si hasta ahora no se han dado cuenta que Ed se 'dejó caer' en este capítulo y que 'dejarse caer' significa tomar decisiones que marcarán tu vida; pues…vuelvan a revisar la canción en el capítulo 10.
Y si a alguien no le gustó el capítulo o su significado, pues qué penita, a mí personalmente me encantó. Ah, y las palabras en francés de 'en garde' (en guardia) y 'touché' (toque) son por los movimientos de esgrima que junto con los de ataque y defensa que sí traduje, utilizó Nike para ejemplificar el nuevo 'campo de juegos' durante la conversación entre ambos.
Mil gracias por haber hecho que esta maravillosa historia haya llegado a los 300 reviews. Ahora, ¿más reviews?
