Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.

Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.

xXx

Comentario de la Autora:

…I was quite surprised that what many people responded to most the last go around was Ed and Winry's little conversation, but I'm so glad that there are other people out there who see their relationship in much the same way that I do. Who better than her to smack a little sense into Ed's head so that we can get to the shamelessly mushy public proclamations of undying love and affection?

Okay, get real. That last bit's never happening in this AU of mine. First of all, Auric would have hives. Secondly, it wouldn't be terribly in character for either Ed or Roy. Any statements of affection in public are likely to be short, sweet, and cloaked in banter. They're men of action when it comes to their personal lives, remember, and words and secrets are only spoken openly between the two of them, certainly not in public and never in front of Ling. But we can do a lot with that, believe me! If not in this chapter, then in the next.

Estuve bastante sorprendida de que de lo que mucha gente respondió más en el último capítulo fue a la pequeña conversación entre Ed y Winry, pero estoy tan contenta de que hubo otra gente por ahí que ven su relación casi de la misma forma que yo. ¿Quién mejor que ella para pegarle un poco de razón dentro de la cabeza de Ed para que así podamos tener las desvergonzadas y melodramáticas proclamaciones públicas de eterno amor y afecto?

Okay, seamos realitas. Esa última parte nunca va a ocurrir en este UA mío. Primero porque a Auric le saldrían ronchas. Segundo, no estaría dentro del personaje ni de Ed ni de Roy. Cualquier declaración de afecto en público es probable que sea corta, dulce y llena de bromas. Ellos son hombres de acción cuando se trata de sus vidas personales, recuerden, y las palabras y secretos sólo son dichos abiertamente entre ambos, ciertamente no en público y nunca frente a Ling. Pero podemos hacer mucho con eso, ¡créanme! Si no en este capítulo, entonces en el próximo. Nike Femme


Full Circle
(Círculo Completo)


Capítulo 35: Familia

El Mayor Alphonse Elric se meció nerviosamente sobre sus pies hacia delante, luego hacia atrás sobre sus talones, sus zapatos de gala haciendo un crujido de satisfacción sobre la entrada de grava que curvaba grácilmente alrededor de la cúpula geodésica que servía como pabellón de la ceremonia. Él lo había diseñado juntamente con Ed, los hermanos cayendo en su calmado y usual ritmo de trabajo en equipo: Ed ideando la estructura básica en un rayo de inspiración antes de desaparecerse dejando a Al trabajando metódicamente sobre cómo esa idea podía hacerse más eficientemente; Al jugueteando con los detalles que tornaban lo estético en arte y lo bueno en genial mientras Ed se ponía nervioso con asuntos de velocidad, seguridad en general y seguridad estructural. Nada como esto se había hecho antes, pero a juzgar por los murmullos impresionados de los invitados al momento de arribar, traspasar y llegar al elevado interior, ellos iban a ver muchas copias de su diseño dentro de poco. Pero en fin, se suponía que un alquimista se debía al pueblo.

Sólo por si las moscas, sin embargo, él ya había registrado la forma básica bajo el nombre de los Alquimistas de Acero y Tierra para asegurar que recibieran las regalías a las que tenían derecho. Por la integridad de la investigación de Alquimista Estatal y todo eso, y de todas formas, era su trabajo encargarse de esa clase de cosas debido a que en realidad jamás se le ocurriría a Ed. Ésa era la razón por la que formaban un buen equipo, pensó con cariño, aunque habían ocasiones en las que se sentía como su hermano mayor. Y por cierto…el susodicho hermano mayor estaba retrasado. Al igual que Winry. Estaba a punto de empezar a pasearse de un lado al otro cuando se estacionó un vehículo oficial y ambos prácticamente salieron expulsados de allí, ligeramente sin aliento. Al se volteó para darles la bienvenida y fue él quien casi se quedó sin aliento ante la imagen de su esposa, sus ojos azul cielo centelleando y su atractivo rostro enmarcado por algunos rizos colgantes, el resto de su cabello tirado hacia atrás en un elegante peinado elevado.

Ed sonrió ampliamente con complicidad a la joven pareja, sus ojos suavizados con afecto. "Hey Al. Te traje a tu esposa – disculpa que lleguemos tarde pero alguien no podía decidirse qué vestido ponerse, y luego no pudo evitar hacer todo un escándalo por mi uniforme. Por favor llévatela antes de que la estrangule. Y recuerda," le siseó con un susurro teatral, "te gusta más de azul y no, no la hace lucir gorda."

Al rió y le ofreció su brazo a su esposa cubierta de azul, la cual lo tomó después de golpear mordazmente la parte superior de la cabeza de Ed. "¿Lista? Vi a la Mayor Hawkeye entrar hace unos minutos, ella mencionó que estaba esperando que la alcances, Winry. ¿Vienes con nosotros, hermano?"

Ed y Winry sonrieron mostrando los dientes, y Al miró a los dos rubios con duda – aquellas sonrisas jamás habían presagiado algo bueno en el pasado, y no creía que esta vez sí lo harían. Su esposa sabiendo esto, tiró de su manga. "Vamos, Al. Ed necesita hacer su entrada. Solo."

"¿Por qué?" preguntó Al desconcertado. "Winry, tú bien sabes que Ed odia la atención, y de cualquier forma, ¿a quién necesita impresionar? ¡Todos ya están bastante impresionados con él! Allí hay toda una horda de fotógrafos esperando conseguir una fotografía del famoso Alquimista de Acero."

Su hermano se puso colorado y pateó ferozmente un desventurado guijarro, y Winry puso una sonrisa maliciosa. "Excelente."


Jean Havoc recorrió un dedo alrededor del tieso cuello alto de su uniforme de gala. Como una concesión a sus padres, Riza había optado por arribar con ellos, y de esa manera él estaba atascado en su papel de escolta en espera. Risa afeminada se arremolinaba a su alrededor al momento que los invitados se movían con facilidad por los muchos compartimentos dentro de la cúpula, todos ellos irradiando hacia el compartimento central que era el foco del pabellón y desde los que se podían levantar la vista y ver el abovedado interior del inmenso techo curvado que se elevaba allá arriba. Todos parecían extremadamente complacidos, felices y cómodos, y eso estaba haciéndolo sentir infinitamente miserable. Se sentía terriblemente fuera de lugar en este gran grupo de gente, y no era la primera vez que envidiaba con todo su corazón a Roy Mustang y su fácil elegancia social.

"Deja de moverte nerviosamente, Jean. Y el cuello se va a sentir menos incómodo si dejaras de enderezarlo." Hablando del diablo.

"Cielos, Roy – uh, quiero decir, Fuhrer Mustang, señor – ¡vaya forma de asustar a un hombre al punto de sacarlo fuera de su piel!"

El pelinegro, quien de pronto se había materializado a la altura de su hombro, arqueó una ceja con elegancia y dobló sus manos pulcramente tras de su espalda, la cual se mantenía erguida pero relajada – él ciertamente parecía estar muy a gusto. "Mientras permanezcas dentro de tu uniforme – no quiero estar plantado explicando tu desnudez al Barón Hawkeye. Encuadra esos hombros, éste es un baile militar, no una cantina."

Sintiendo como si estuviera en un desfile y bajo inspección, Jean abrió su boca, luego la volvió a cerrar con un audible click. A pesar de la convicción del jefe de que Roy todavía era su amigo, era el gobernante de facto de Amestris a quien le estaba hablando, y si había algo que el paso del tiempo y su largo servicio en la milicia le había enseñado, era que siempre debía de callarse la boca en público. Quizás estar con Riza había sido contagioso. "Sí, señor."

Roy levantó una ceja. "Es sólo un amigable consejo para darle una buena impresión a los padres de Riza, Jean. Estamos hablando como amigos. Puedes llamarme por mi nombre, sabes."

"Sí, señor…digo, Roy. Señor. Ah, rayos." Su boca sencillamente no estaba cooperando. ¿Acaso las copiosas cantidades de champagne que había bebido en un intento por calmar sus nervios habían sido una mala idea? Dios, quería un cigarrillo.

Un destello divertido apareció en los ojos de Roy. "Riza realmente te tiene entrenado. ¿Todavía no ha llegado?"

"No." Una seca contestación, pero Roy no pareció ofenderse por ello. Havoc pudo ver numerosos personajes importantes rondando a la pareja militar, obviamente intentando atraer la atención del Fuhrer, pero éste parecía estar ajeno a ello. Lo que significaba, conociendo a Roy, que los estaba ignorando deliberadamente para ser más exacto.

"El Barón siempre es de los que llegan 'elegantemente tarde'." Havoc dio una furtiva mirada rápida a su oficial superior, quien ahora estaba teniendo cuidado de no mirar a Jean. Llevaba una irónica sonrisa que hizo que el joven recordara sesiones de borrachera de tarde en la noche, sus chaquetas lanzadas descuidadamente sobre los respaldos de las sillas, mangas remangadas y cartas tiradas ante ellos mientras Hughes le tomaba el pelo a Mustang acerca de sus flirteos amorosos y Armstrong balbuceaba sin parar acerca de alguna tradición familiar y Riza rodaba sus ojos y mostraba su mano ganadora, y de pronto se dio cuenta de que Mustang estaba tratando de demostrarle que él, Jean Havoc, era alguien importante en su vida. Alguien a quien el Fuhrer le prestaría atención sobre otros. Alguien a quien consideraba un amigo. Se apartó torpemente, y Roy educadamente ignoró eso también, mientras proseguía, "Él tiene algunas nociones desacertadas en ese grueso cráneo suyo, pero en realidad es una buena persona una vez que lo conoces. Riza es su única hija; él tiende a ser un poco sobreprotector. Sólo trátala bien y demuestra…el joven excepcional que eres, y se le pasará. O si no…."

"¿Si no?" La voz de Havoc era muy baja, y Roy pareció notarlo, porque lo miró finalmente a los ojos. Jean casi pudo sentir la oleada de confianza que el hombre era capaz de proyectar a sus subordinados – él juraría que pudo sentir su columna poniéndose rígida bajo esa mirada de medianoche. Finalmente, el Fuhrer asintió y dejó que sus ojos se deslizaran hacia un punto por encima del hombro de Jean.

"Es algo terrible para un noble el estar en la lista negra del Fuhrer," finalmente dijo Roy arrastrando las palabras. "¿No está de acuerdo, Barón? Eso tiende a conducir a toda clase de desafortunados incidentes con el estado."

Havoc giró, su corazón saltándole a la boca ante el avistamiento del Barón y la Baronesa Hawkeye. Riza permanecía parada detrás de ellos como una hija obediente, pero en vez de las voluminosas yardas de chifón y encaje que vestían las otras mujeres del salón, ella llevaba su uniforme de gala, una chaqueta corta, un fajín rojo y una oscura falda larga que podía perderse entre tanta finura, pero que en vez de eso hacía que su figura de reloj de arena sobresaliera aún más. Sus medallas y condecoraciones estaban prendidas orgullosamente en su pecho, y cuando los ojos de ambos se encontraron y su pequeño mentón se levantó con determinación, él supo que había escogido vestir su uniforme en el baile en vez del opcional vestido de gala de los civiles que las oficiales mujeres tenían permitido para recordarle a sus padres dónde yacían sus decisiones y lealtades. Y en ese instante, él la amó más que nunca.

El Barón resopló, y Jean tuvo que admirar su compostura ante el rostro del Roy Mustang de sonrisa socarrona; hombres más grandes habían temblado ante aquella felina mirada. "Fuhrer Mustang. Mis…felicitaciones por su promoción." El corpulento hombre parecía como si quería decir algo más, pero Roy detuvo cualquier palabra adicional con el más leve arqueo de ceja.

"Gracias. Permítame presentarle a uno de mis más confiables y veteranos subordinados, ¿el Capitán Jean Havoc?" Aunque lo fraseó como una pregunta, era obviamente una afirmación que no toleraba oposición, y el Barón lo sabía.

"Gracias; ya nos hemos conocido. Capitán Havoc."

"Barón, Baronesa, me da gusto verlos otra vez," logró decir Havoc, inclinándose sobre el guante de la Baronesa, orgulloso de no estar tartamudeando sorprendido ante los tonos conciliadores del Barón. Su madre siempre le había enseñado a ser educado con sus mayores, y esa arraigada cortesía era algo en que sabía podía depender sin pensar concientemente. "Mayor Hawkeye."

Riza sonrió. "Jean," y el uso de su nombre lo hizo sobresaltarse y estudiar aquellos sonrientes ojos color caoba. "¿No me vas a pedir que baile contigo?"

"Yo…por supuesto," dijo vacilante, lanzándole una rápida mirada al Barón, quien la retornó con una nota impasiva. "¿Me haría el honor de bailar conmigo?"

"¿Padre?" preguntó Riza recatadamente.

El canoso hombre carraspeó ruidosamente. "Bueno, ve pues, pequeña. Pasa un rato con el joven. Tú, trátala como la dama que es, ¿oíste?"

Jean asintió, boquiabierto, y le ofreció su brazo a Riza, quien sonrió graciosamente en repuesta y lo tomó. Mientras la guiaba hacia la línea que se formaba para el siguiente baile, él todavía estaba sacudiendo su cabeza desconcertado, y ella debió de haberlo notado, porque sus siguientes palabras fueron, "tuve una charla con mi Padre. Él lo entiende, Jean." Sus ojos brillaron traviesos. "Claro está que ayudó verte hablar tan íntimamente con nuestro Fuhrer. Mi Padre no es estúpido – él reconoce el poder cuando lo ve, incluso si este poder tiene que gritar para irrumpir en su cabeza. Los viejos títulos de nobleza están empezando a perder su brillo, incluso para aquellos quienes aún los poseen."

"¿Le pediste a Roy que hiciera eso?" Havoc se sonrojó. Él debió de haber sabido que Roy estaba utilizando su influencia en beneficio de Riza.

Riza rodó sus ojos. "Por favor. Roy no es ningún idiota, y ha conocido a mi familia por años. ¿Y desde cuándo he podido hacer que haga algo sin ponerle un arma encima? Cualquier cosa que él hizo, lo hizo porque te atañe a ti. A nosotros," y con esto ella reposó ligeramente su cabeza sobre su hombro. "Puede que ahora sea Fuhrer, pero él todavía sigue siendo nuestro amigo, Jean."

Jean volteó y volvió a mirar la alta figura del nuevo Fuhrer. Roy simplemente les sonrió a través de sus pestañas, una de sus raras sonrisas dadas en momentos de descuido que podía iluminar una habitación con su calidez, luego se volteó para hablar con el Barón y la Baronesa. Cómo pudo haber dudado del hombre, Jean no lo sabía, pero prometió que nunca volvería a escuchar a sus demonios de inseguridad. Él estaba aquí, y Riza estaba aquí, y tenían buenos amigos quienes se preocupaban por ellos y los cuidaban. Eso los convertía en familia, ¿no es así?

Él se sintió como el hombre más afortunado del mundo.

"Sí. Sí que lo es."


"¡El Alquimista de Tierra y su esposa, el Mayor Alphonse Elric y la Señora de Alphonse Elric!"

La atención de Roy fue desviada por el anuncio, el cual resonó por encima del sonido de la orquesta, el mudo tintinear de copas y la algarabía de sus invitados. Se excusó cortésmente de hablar con la Duquesa de Baden-Baden, quien parecía estar decidida a presentarle a su hija. La joven dama era bastante agradable, una jinete consumada que tenía una desafortunada semejanza con los caballos que montaba, y sonrió disculpándose cuando ésta le hizo una reverencia – no era su culpa que su madre pareciera determinada a negar el hecho de que Roy no tenía ningún interés en tener otra potencial pareja. Él estaba bastante contento con su elección, incluso si dicha elección era un inquieto, temperamental y fiero rubio con un ego fuera de proporción con su real estatura física, y que no había dado ninguna indicación, de alguna forma u otra, de que se sentía cómodo de que pensaran en él de esa manera, y que seguramente no se había dado cuenta todavía de que él estaba – o lo sería de dentro de poco – catalogado de esa manera por todos. El Fuhrer suspiró.

Él y Maes tenían una apuesta en pie sobre lo que Ed le haría a la primera persona que le diga Consorte en su cara.

Le había costado una gran determinación para mantener sus manos lejos de su joven amante durante la mayor parte del día, pero Roy estaba dispuesto a poner su considerable fuerza de voluntad para hacerse cargo de ese asunto si eso mantenía feliz a Ed, aunque esa resolución había sido profundamente puesta a prueba después de que el fastidioso Embajador de Xing había…bueno, él todavía no estaba completamente seguro de lo que había acontecido entre esos dos, pero Ed había parecido agradecer la no tan sutil reafirmación de dominio territorial de Roy. Sus ojos se entrecerraron ante ese recuerdo y recorrió con la vista al gentío buscando a Ling Yao, encontrando finalmente al joven brillantemente vestido girando jovialmente alrededor del piso en un frufrú brocado en amarillo brillante, y parecía preocupado con su pareja de baile, para satisfacción de Roy – parecía que el asignar a María Ross para ser chaperón del embajador había resultado ser una buena idea. Con eso cubierto, continuó con su previa tarea asignada de buscar y saludar a los Elrics.

Winry lo ubicó primero, y le codeó a Alphonse, quien se volteó y levantó una mano enguantada como saludo. Roy se preguntaba distraídamente qué círculo de transmutación había elegido el joven alquimista – los uniformes de gala para Alquimistas Estatales incluían sus guantes blancos con una diferencia: los guantes estaban marcados con un círculo de transmutación de su preferencia para diferenciarlos de los guantes que los otros asistentes pudieran estar usando con sus trajes de etiqueta. Él sonrió apaciblemente a la joven pareja mientras se dirigía hacia ellos, la multitud se abría respetuosa para su nuevo Fuhrer.

"Fuhrer," lo saludó Al respetuosamente.

"Después de todo por lo que hemos pasado, Alphonse, puedes llamarme Roy," el Fuhrer sonrió sarcásticamente. "Al menos en eventos sociales. ¿Has visto a tu hermano?"

Winry resopló. "Directo al grano, ¿verdad? ¿Y qué con nosotros, acaso estamos pintados? Somos prácticamente familia. Deberíamos de llamarte como se nos venga en gana y cuando nos venga en gana."

"Buen punto," reflexionó Roy. "Loca de automail."

"Engreído perro de los militares. Sólo por eso, no te voy a decir dónde está Ed – ¡y tú tampoco Al!" refunfuñó Winry mientras jalaba a su esposo hacia la pista de baile. Al se despidió con la mano en tono de disculpa mientras desaparecían entre la multitud.

Roy los observó irse, divertido. Justo en ese momento el guardia en la puerta volvió a anunciar:

"¡El Alquimista de Acero, Teniente Coronel Edward Elric!"

El vals que se estaba tocando fue casi sofocado por el rozamiento de los vestidos con el piso, cuando aquellos invitados que no estaban circulando por la pista de baile se voltearon con aire expectante hacia las puertas principales, las cuales se abrieron con un estruendo para revelar una delgada figura en uniforme. Roy parpadeó ante la visión y sintió un extraño golpe sordo detrás de su esternón ante el avistamiento de su amante, sólo en ese momento se dio cuenta de que casi había supuesto que Ed desistiría de ir al baile a pesar de su promesa de la noche anterior. Una genuina sonrisa tiró de sus labios en el momento que el Alquimista de Acero alzaba su cabeza ligeramente en compungido reconocimiento de su audiencia y empezaba a bajar lentamente las escaleras en dirección al salón principal, deteniéndose luego de algunos escalones para mostrar una rápida sonrisa pícara a través de sus mechones para el rabioso tumulto de fotógrafos, abriéndose paso con facilidad entre la muchedumbre como si lo hubiese hecho durante toda su vida.

Aunque la sonrisa de Ed carecía de su habitual brillantez, sólo aquellos quienes lo conocían bien podían haber podido detectar la incomodidad en la tensión de sus hombros mientras se metía las manos a los bolsillos de sus pantalones hasta que sólo se pudo ver un trocito de guante blanco en los puños de sus mangas. Su brillante cabeza resplandecía en la radiante luz de las velas que se reflejaba en cada superficie pulida, creando una cálida y brillante aureola alrededor de su rostro que contrastaba sobresaltadamente con el oscuro, muy oscuro azul de su uniforme de gala de cuello alto. La corta y entallada chaqueta abrazaba la delgada figura de Ed favorecedoramente, el corte frontal cayendo sutilmente sobre el flamante chaleco blanco que escondía la pretina de los largos pantalones oscuros, los cuales caían perfectamente sobre los zapatos negros que habían sido brillados con un acabado de espejo. Las insignias de rango guiñaban en la garganta y mangas mientras él se volteaba grácilmente aquí y allá, asintiendo cortésmente a los saludos y evadiendo preguntas educadamente con una fácil practicidad que sugería que Auric era por mucho la persona que llevaba el control en ese momento, ya que el Edward Elric de antaño en estos momentos habría sido un revuelo de dientes apretados, trenza voladora y energía alquímica.

Bueno, la cola de caballo era bastante atractiva, pensó Roy con firmeza, especialmente cuando Ed ladeaba su cabeza justo así, y pudo trazar sus ojos a lo largo de la línea de la mandíbula del joven y la siguió por todo el camino hacia la tentadora cascada de lustroso oro. En su permitida opinión parcial, jamás un uniforme había lucido tan bien en ninguna persona que se le viniera a la cabeza – y eso incluía sus juveniles fantasías de hacer que todas las mujeres de la milicia usaran minifaldas – y entonces todo pensamiento coherente se fue volando de la mente de Roy cuando la mirada de Ed barrió la habitación y se quedó encuadrada en Roy. Él pudo sentir el calor emanando de esos destellantes ojos ámbares y el sonrojo de respuesta en su propio rostro incluso mientras luchaba por mantener su expresión bajo control, encontrándose con la mordaz mirada de Ed e igualándola y permitiendo que una lenta sonrisa socarrona se esparciera en su rostro mientras inclinaba su cabeza una fracción en reconocimiento. Para su sorpresa, Ed no asintió, o sonrió, o saludó con la mano. En vez de ello, el joven alquimista continuó mirando intensamente al nuevo Fuhrer, su rostro curiosamente sin mostrar expresión alguna, sólo su ardiente mirada controlada. Pasaron largos segundos, los suficientes como para que la rabiosa prensa se volteara, dándose cuenta del objeto de atención de Ed y empezando a especular emocionadamente sobre qué-significa-todo-esto y realmente-está-pasando y acaso-no-es-eso-romántico y por-favor-díganme-que-alguien-está-tomando-una-fotografía-de-esto.

Y entonces, como si meramente hubiese estado esperando que la ola de susurros se encreste, Ed sonrió predadoramente, volteó su cabeza y le dio una última mirada prolongada al Fuhrer antes de girar bruscamente sobre sus talones y desaparecer entre la multitud. Roy lo buscó con la mirada, sintiéndose extrañamente decepcionado y súbitamente frío ante la falta de esa mirada incandescente sobre él. Se quedó inmóvil tratando de recuperar el aliento y entender qué diablos acababa de suceder. La mirada maliciosa en el rostro de Ed le había parecido inexplicablemente familiar, aunque no podía identificarlo…frunció el ceño, dando con sus dedos leves golpecitos a su barbilla y se paralizó cuando apareció su respuesta. Por supuesto que le era familiar, era la misma expresión que había practicado miles de veces frente al espejo. Ese desenfadado enroscamiento de labio y destello de ojo que decía el-diablo-debería-tener-cuidado y que hacía que tanto mujeres como hombres se pusieran de rodillas rogándole. Esa expresión que decía que él sabía que era deseable y que se merecía una alegre persecución. Esa mirada que decía: si me deseas, ven por mí.

Entonces así era cómo Ed quería jugar esta noche, ¿eh? De hecho todo eso le resultaba muy excitante, y sintió que un agradable calor acrecentándose muy profundo dentro de instintos por largo tiempo sin usar se conmocionaba y despertaba. Los ojos oscuros de Roy destellaron. Este perro de los militares acababa de olfatear a su presa. La cacería había comenzado.


Ed maniobró hacia la izquierda y se agachó detrás de una conveniente planta en su maceta. Lo molesto del elevado domo que Al y él habían ideado para la ceremonia de investidura era su falta de pilares interiores, el domo era sensacional arquitecturalmente hablando, pero proveían a atractivos jóvenes que intentaban escapar de las atenciones de hordas de desesperadas jóvenes de escasos lugares para esconderse. Suspiró aliviado cuando la ferviente morena pasó rápidamente en un susurro de lo que aparentaba ser seda y encaje cosidos en alguna forma de espumoso brebaje. La única cosa espumosa que quería en este momento era un buen y frío jarro de cerveza, el cual desafortunadamente no era servido en la recepción, así que lo apañó con la siguiente mejor cosa, levantando a tientas una copa de champagne de un camarero que pasaba por ahí. La fría efervescencia en su lengua era tanto relajante como refrescante, y justo estaba empezando a relajarse otra vez cuando chocó con alguien que pasaba por detrás y se volteó para disculparse, sólo que las palabras murieron en sus labios cuando se encontró mirando intensamente a los ojos de Roy.

Sólo que el rostro detrás de ellos no era el de Roy.

Ojos azul oscuro, tan oscuros que aparentaban ser terciopelo negro bajo la luz de las velas se entrecerraron y evaluaron fríamente a Ed. Sin embargo habían más líneas alrededor de aquellos ojos, líneas de dolor y crueldad, de orgullo y pérdida. Una curvada nariz en forma de pico daba al angosto rostro una expresión dura, y los labios blanqueados por la edad se dibujaron hacia abajo en un fruncimiento. Reflejos grises en las sienes del hombre le daban un vago aire siniestro que estaba claramente fuera de lugar en la optimista atmósfera reinante.

"Es tan bueno saber que miembros de nuestra fina milicia continúan siendo apreciados por sus buenos modales cuando son rudamente asaltados por civiles."

Las palabras eran duras y con toda la intención de ofender, y de ser cuatro años más joven, Ed podría haber mordido el anzuelo. Pero el hecho es que no lo era, y este hombre no tuvo nada con Roy cuando éste quiso ser ofensivo, así que Ed simplemente inclinó su cabeza una fracción de una manera que no condecía nada. "Mis disculpas. No lo vi."

Los delgados labios se curvaron en una forma desconcertantemente familiar. "¿Sabe quién soy, muchacho?"

"No. ¿Debería?" dijo Ed con deliberada negligencia que ocultaba la mentira incluso mientras suprimía un reflexivo deseo de golpear en la cabeza al hablador por la implicación sobre su estatura. Aunque nunca había conocido antes al hombre, nunca había visto una fotografía, él sabía exactamente quién era el viejo – estaba escrito en las profundidades de sus ojos y en la elegancia de los huesos bajo su piel, en la gracia de su postura, poderosa y mandona a pesar de su avanzada edad, y en el aire de titularato que portaba sobre sus hombros a pesar del desgaste del abrigo que había visto tiempos mejores. Rasgos de la alta nobleza.

Rasgos que al menos uno de sus hijos que llevaba su sangre había heredado.

" 'O tempora! O mores!' (1) Pero no hay duda que el sentimiento se pierde en sus pésimamente educados oídos. ¡Hubo un tiempo, muchacho, en donde pude haber dispuesto de su vida por tal insolencia!" gruñó el Gran Duque Maximillian St. Just.

Ed rodó sus ojos. Asombroso. Él realmente parecía atraer a pomposos sinvergüenzas presumidos como polillas al fuego, ¿no es así? "Oh, por favor. Como si usted fuera el que debiera quejarse constantemente de lo moral," y el aristócrata se sobresaltó. "Usted no me conoce, pero le puedo asegurar que mi conocimiento del Latín sobrepasa por mucho al suyo. Gajes del oficio. Pero si eso le ayuda a sentirse mejor consigo mismo, hey, ¿quién soy yo para interferir?" Levantó su copa de champagne en un fingido brindis, notando cómo los ojos del Gran Duque se apartaban mientras su mirada caía en el caduceo y corona nítidamente bordado en el dorso de su guante. Los guantes de Al llevaban la serpiente y la cruz, amorosamente bordado por una sorprendentemente diestra Winry, y si alguien había pensado que era extraño que dos de los más famosos Alquimistas Estatales hubieran escogido símbolos alquímicos atípicos en vez de círculos de transmutación conocidos, nadie había sido lo suficientemente estúpido como para traerlo a colación. "Y para usted soy Alquimista Estatal o Coronel."

"Un perro de los militares." El desprecio en la severa voz, titubeante por los años, fue no obstante claro.

Ed se encogió de hombros. "Qué puedo decir. Un momento de temporal de demencia en mi juventud, usted sabe cómo es la cosa cuando se es joven. Oh, espere, lo siento – usted probablemente no recuerda tanto tiempo atrás, ¿o sí?" La idea cruzó momentáneamente por su mente de que estaba sonando mucho como Roy en sus más jóvenes y menos cautelosos días - ¿o era que esa cautela sólo había sido levantada por Ed? – pero a él realmente no le importaba. El champagne se le estaba subiendo a la cabeza – no había cenado – pero eso estaba bien, de veras; la ligera bruma hacía más fácil el permitir que los instintos de Auric tomaran el control. Y ya que el Guardián era mucho mejor manteniendo su temperamento y socializando, Ed pensó que era probablemente para mejor.

Incluso si el hombre había sido un completo y total pendejo, él no estaba enteramente seguro de que Roy quisiera que su padre se convirtiera en una columna de sal en su ceremonia de investidura. Ed había sido un Guardián por cuatro años. Había lidiado con caudillos y déspotas, él podía lidiar con un Gran Duque. Él podía ser calmado y adulto….

"Es sorprendente que ahora acepten niños dentro de la milicia. ¿La cama de quién tuvo que calentar para así ser promovido tan rápido?" dijo St. Just despectivamente.

Y quizás Ed simplemente se olvidaría sobre eso de ser calmado y adulto.

"Yo me gané cada puta cosa que he conseguido con sangre y muerte, cabrón," gruñó Ed, y el súbito cambio de indolente joven oficial a empedernido veterano en posición de pelear hizo que St. Just retroceda involuntariamente. Hubo un sonido como de hielo resquebrajándose cuando el agarre de Ed rompió la delgada parte posterior de la copa que estaba sosteniendo, y los ojos del Gran Duque se abrieron asombrados cuando Ed juntó sus manos brevemente y reparó la copa en un rápido crujir de energía alquímica sin apartar su mirada de él. Ed suspiró para sí mismo – él había estado en la parte receptora de muchísimos sermones de Roy acerca de 'La Milicia No Es Un Agujero Sin Fondo De Dinero', 'Balance De Presupuesto Y Control De Gastos' y el favorito de Roy, 'Tú Lo Vuelas Por Los Aires, Tú Lo Pagas' como para saber que era mejor en todos los aspectos si Roy nunca viera la copa rota. "Me gustaría hacerle una demostración si usted quiere. Aunque morir es demasiado bueno para los de su calaña. Gran Duque St. Just."

"Así que sabe quién soy," pero había el más ligero toque de desprecio y engreído orgullo en ese rostro devastado por el tiempo.

"Sí – el último de la línea cuyo tiempo es pasado," replicó Ed, y fue gratificado al ver el enojo saltarle al rostro del hombre. "Debe matarlo el estar aquí y ver a nuestro nuevo Fuhrer y pensar en todo eso que pudo haber sido si hubiese sido un mejor hombre."

"¡Cómo se atreve!" farfulló el hombre incoherentemente, consciente de los susurros y de la multitud de espectadores que se empezaba a formar alrededor del dúo. El hecho de que el nuevo Fuhrer fuera su…bastardo era de conocimiento general entre la élite de Amestris, pero tener el hecho restregado en su propia cara era inaguantable. "Lo voy a desollar vivo por esto, Coronel…." Paró en su oración, dándose cuenta de que aún no sabía quién era el enigmático y fiero joven alquimista parado ante él.

Ed se burló. "Me gustaría verlo intentar. Se lo ruego." Todo el estrés contenido de su pésimo mal día le estaba aflorando a la superficie a borbotones; estaba buscando pelea, St. Just se lo merecía y en realidad él no se metería en problemas si el viejo la iniciaba, ¿verdad?

"¡Demando compensación! Y un nombre, así sabré a quién enviar su cadáver," vino el comentario despectivo.

El rubio lanzó su cabeza hacia atrás y rió a carcajadas. Realmente no podía contenerse – toda esta situación era simplemente muy divertida. "¿Se supone que eso me va a intimidar?" Dejó su copa en la bandeja de un camarero que pasaba por allí y se sobó las manos alegremente, flexionando sus dedos y oyendo el crujido mientras éstos se deleitaban en su nueva libertad después de haber estado apretados alrededor de un bolígrafo la mayor parte del día. "Permítame explicarle algo: ya he muerto antes. Dos veces. No tengo ningún miedo. Y en cuanto a mi nombre…" sus ojos brillaron salvajemente mientras un recuerdo de años pasados afloró a la superficie, y sus labios se arquearon en irónica diversión al recordar a un par de niños sobre una plataforma de tren y a un oscuro y atractivo arrogante, y las palabras se vinieron espontáneamente a sus labios. Realmente se le estaba pegando eso del Coronel bastardo, pensó casi aturdido.

"Puede llamarme Edward Elric. O simplemente Teniente Coronel. Rayos, incluso puede llamarme el Alquimista de Acero. Pero cualquier cosa que usted…."

"¿Usted es el Alquimista de Acero?" la quebrada voz ahora era incrédula. "¡Pero si es todavía un mozuelo – incluso apenas un hombre! ¿Cómo es que ha hecho todas esas cosas de las que la gente habla?" Y entonces una desagradable realización pareció llegarle al hombre ya que dio un grito ahogado, "¡Usted es el amante del que él ha estado alardeando en los diarios!"

"Sip, ése debo de ser yo en ambos campos," gruñó Ed sin vacilación. "Con énfasis en lo último. Y por cierto, la habilidad y la edad no están relacionadas, imbécil. Lo cual es más de lo que puedo decir de usted y del Fuhrer, desafortunadamente."

Imperceptibles venas rojas empezaron a irradiar hacia afuera de los oscuros soles de los ojos del anciano. "¡No tiene ningún derecho de hablar de cosas de las cuales no sabe nada! ¡No piense ni por un momento que ser el niño sexual de mi hijo le da derecho a dirigirse a mí de esa manera!"

"¡Oh, así que ahora es su hijo!" rugió Ed, queriendo lastimar a este hombre por lastimar a Roy, olvidando completamente el desaire para con su persona y sin prestar la más mínima atención a la audiencia que se había congregado alrededor de ambos, Ling Yao prominentemente al frente con una complacida sonrisa en su rostro. ¡Era tal el privilegio de observar a un qilin a punto de castigar la maldad! Edward definitivamente apreciaría que Ling incluso hubiera traído a rastras a algunos selectos miembros de la prensa para grabar esto para la posteridad. "¡Lástima que usted no se haya dado cuenta de eso antes cuando tuvo la oportunidad de ser un verdadero padre en vez de un completo huevón que dejó que su hijo sea golpeado por cosas que ni siquiera fueron su culpa!"

"¡Yo dejé que viva! ¡Le di una educación salida de la bondad de mi corazón, dejé que oyera las mismas lecciones que mis herederos! ¡Le estaba enseñando que nadie le debía nada en el mundo, y lo hubiese tenido como el gerente de mi propiedad una vez que hubiera aprendido cuál era su lugar! Y él me pagó escapándose e interesándose en la alquimia. Él fue transformado por ese tutor que despedí…" y fue entonces que el anciano se quedó atónito al observar fijamente a la fiera de cabello dorado parada ante él, las cosas abruptamente encajaron a la perfección. El mismo cabello…los mismos ojos.

El mismo apellido.

"La sangre es la sangre, ¿eh, St. Just? Qué gracioso, ni Roy ni yo pedimos ser hijos de nuestros padres, pero aquí estamos. Y si lo hace sentirse mejor, Hohenheim Elric también fue un huevón. Quizás adquirió sus habilidades paternales al observarlo." Ed inclinó su cabeza hacia un lado, evaluando a St. Just con ojos entreabiertos. "Pero al menos hizo algo más y me dio su apellido."

"Junto con tu encantadora personalidad, no hay duda," vino una irónica y familiar voz. "Acero, ¿es que siempre tienes que meterte en esta clase de situaciones? Yo sé que tienes un pequeño mal genio, pero ya pues…."

Y Ed desvió la vista de un par de ojos azul oscuro a otro par que danzaba con silencioso regocijo, una torcida sonrisa en su rostro. "Cierra la boca, bastardo. Que lo estoy haciendo por el hombre que amo."


Nota de la Traductora:

(1) O tempora, o mores! (Marcus Tullius Cicero: Catilinam orationes 1:2) es una locución latina que se puede traducir como ¡Oh tiempos!, ¡oh costumbres!.
En su discurso contra Catilina, quién había intentado asesinarlo, Cicerón deplora la perfidia y la corrupción de su tiempo. La frase se emplea, generalmente en tono jocoso, para criticar usos y costumbres del presente, recordando la época de las buenas costumbres.
Fuente: Wikipedia

Me había olvidado de decirles hace mil capítulos atrás (salvo algunos que dejan review) que Neferyami había publicado un fanart de Auric a todo color, vayan a mi profile y hagan click en el link.

Sólo uno más… me voy a poner muy triste la próxima semana… ¿por qué no alegran a esta linda traductora con un review?

Hasta la próxima y última semana…