Hola, acá estoy con el noveno capítulo
Sorry qe tarde tanto en subir, pero no tengo mucho tiempo, y mi computadora me anda para el orto casi siempre, ¬¬
Bue, me encantan los reviews qe me dejan, si no lo hicieran, no seguiría escribiendo .. Y como ya les dije, ya tuve ideas de dos novelas más...
Roo
Capítulo 9
La dolorosa verdad
Hermione se quedó en la lechucería, sola, confundida... Notó que Draco había dejado su abrigo apoyado en la ventana, se lo había olvidado, podría ir a buscarlo y devolvérselo como excusa de seguir hablando... De repente el dolor de cabeza se profundizó.
- ¡¡AAAAAAAAAAAH!! – gritó. Se tiró al suelo y con lágrimas en los ojos se agarró la cabeza – ¡¡Draco!! – volvió a gritar, con la esperanza de que la escuchara, ya que no hacía mucho que se había ido... Pero este no respondió, de todas maneras a Hermione en ese momento, lo que menos le importaba era Malfoy. Siguió gritando, con un inmenso dolor en la sien, sintió como si se le fuera a salir en cerebro y la cabeza se le fuera a partir a la mitad. Se tocó la parte de atrás de la cabeza cerca de la nuca y en la oscuridad solo pudo divisar una cosa... Sangre. Apenas se dio cuenta el dolor de cabeza se calmó. Hermione cerró los ojos, los volvió a abrir, seguía allí en la lechucería pero acostada en el suelo, y alrededor de su cabeza todo un anillo de líquido rojo la rodeaba, formando un halo. ¿Qué le estaba pasando? De repente todo se empezó a volver borroso... Y lo último que escuchó fue...
- ¿Hermione?
Todo había cesado. El dolor de cabeza, la sangre, la presión sobre su cráneo, la angustia por lo sucedido con Draco, todo... Lo único que en aquellos momentos le llenaba su cabeza era una sola cosa: lo que le había pasado la noche anterior. Le había empezado a sangrar la cabeza de la nada, y lo único que recordaba era que había estado con Draco. ¿Le habría hecho algo el?
- Allí esta, ¡ya se despertó! – escuchó una voz entusiasmada a lo lejos – Nos vemos luego Spencer, ¿Hermione? – preguntó una voz, la misma voz que antes, pero más cerca. No la reconoció. Abrió los ojos, y esperando encontrarse con Harry o Ron, no se decepcionó, pero si la sorprendió...
- ¿Theodore? Oh, hola...
- ¿Ya estás mejor? – la interrumpió.
- Si, gracias – le respondió con una sonrisa. El se la devolvió - ¿Qué me pasó? – preguntó llevándose una mano a la cabeza, tenía un dolor, muy suave y no doloroso... Pero aun así le dolía. Tenía una venda en la nuca.
- No tengo idea. Lo único que me dijo Madame Pomfrey fue que si no hubiera llegado yo, probablemente estarías... Eh...
- Entiendo – concluyó, con un tono asustado - ¿Qué haces aquí? – preguntó Hermione, cambiando de tema, mientras que se incorporaba de la cama.
- Eh... Nada, solo vine a verte... Toma, tengo algo para ti... – extendió su mano y le entregó una rosa. Una rosa... Rara. No era ni roja, ni rosa, ni amarilla, ni blanca, ni negra. Era de un color... Gris Iceberg. El mismo Gris Iceberg que el tenía. El mismo Gris Iceberg que ella amaba. La única respuesta de la muchacha fue una sonrisa llena de nostalgia - ¿Qué te pasó ayer? – le preguntó sentándose en la camilla al lado de ella. La luz del sol se filtraba por la ventana.
- No tengo idea... Me fui a encontrar con – Hermione se frenó en ese instante, pensando en que decir... ¿Le tendría que decir a Nott que se había encontrado con Draco?, pero antes de siquiera pensar en ello, Theodore terminó la frase por ella...
- Draco... Si, ya se... Fui a buscar su abrigo, me dijo que se lo había olvidado y que no quería volver porque no te quería ver. Fue ahí cuando te encontré... Hermione, ¿estás bien?, ¿qué te pasa? – Theodore se mostró preocupado, y un poco asustado. La muchacha estaba ahora pálida y con el entrecejo fruncido, con la vista perdida en el suelo de piedra de la enfermería. Luego, levantó los ojos humedecidos en lágrimas hacia su amigo.
- No... ¿No quería verme? – le preguntó con una breve sonrisa rota y la voz temblorosa. Su esfuerzo por no llorar era incontrolable.
- No – le dijo. Con voz, no fría... Pero si calmada, como si fuera algo normal. No era como si Draco siempre la hubiera querido ver a ella, pero le dolió física y emocionalmente aquel hecho. Hermione miró para el otro lado, y mientras que abrazaba sus rodillas y apoyaba el lado derecho de su rostro sobre ellas, dejó que una fría lágrima rodara por su mejilla y cayera a la blanca sábana. Tan suave que se podía confundir con su piel.
- No te entiendo, no entiendo como lo puedes decir de esa manera, tan... Tan calmado – reprochó confundida Hermione. Se volvió hacia el con una sonrisa burlona en los labios. Soltó otra lágrima.
- Lo digo de esta manera, en este tono, tan solo porque es como soy. Y no lo puedo evitar. Se que el te ama, se que estaba enojado contigo, que solo por eso no te quería ver – explicó todavía tranquilo.
- ¿Por qué estaba enojado conmigo? Eso es lo que no logro --
- ¡Porque te ama Hermione! El, te ama... Se lo que digo, no lo quiere admitir eso es todo.
- Malfoy nunca podría amarme, ni a mi ni a nadie – aseguró. Apoyó su fría barbilla sobre el hueco que había entre sus dos rodillas, con un aire triste.
- Malfoy nunca podría amarte, ni a ti ni a nadie. Aún así, lo hace... - Hermione lo miró de reojo y le regaló una pequeña sonrisa.
- No logro entenderte... ¿Cómo es que estás tan... seguro? – le preguntó, despegando la cabeza de sus piernas y alzando la vista al techo. Se abrazó las rodillas con las manos entrelazadas y se tiró hacia atrás, apoyando la cabeza contra la pared -, digo es Malfoy, nunca puedes tener razón acerca de el. Siempre estás tan calmado, tan seguro de todo, tan... sereno.
- Yo te digo lo que veo, solo eso. Draco no es como todos creen que es, no nos engaña solo a todos nosotros. Se engaña a el también, y eso no lo va a poder cambiar nadie. Excepto, tal vez tú, Hermione – la agarró suavemente por la barbilla, haciendo que lo mire a los ojos -, de eso si que estoy seguro.
Lo único que la Gryffindor hizo fue soltar una risita nerviosa y sarcástica, nada más. Luego, se recostó nuevamente en la camilla, de lado mirando hacia la puerta de salida. Theodore se levantó, se dirigió hacia las puertas de cristal, pero de repente, una dulce voz lo detuvo.
- ¿Está rosa... es de parte de... – no pudo seguir, su conciencia y sus ojos, fueron invadidos por rápidas y dulces lágrimas.
- Si – fue lo único que le respondió, con una tierna mirada.
- ¿Pero el sabe que estoy...
- No – Hermione frunció el ceño, ¿cómo podía haberle mandado esa rosa, sin saber en que condiciones estaba?
- ¿Le podrías... decir?
- Claro – afirmó, y con una amable sonrisa de lado, se marchó.
- Draco... ¡Draco! – llamó Theodore. El rubio estaba durmiendo, tirado en el suelo. De repente se levantó del suelo bruscamente - ¿Te caíste de la cama?
- No seas estúpido... – dijo, y se quedó callado. Theodore lo miró fijamente y enarcó las cejas – Si ..
- Me parecía – le dijo, entre risas. Verdaderas de el, sarcásticas de Draco -, Draco, ahora dime... ¿Por qué le mandaste esa rosa a Hermione?
- No se, me sentí un poco culpable por haberla... "abandonado" ayer, entonces le mandé la rosa. Tenía un pequeño mensaje junto a ella, para que lo lea y me deje en paz – respondió indiferente. Nott se puso serio, ¿cómo podía haberle hecho eso?
- ¿Qué te pasa? – preguntó Draco divertido.
- ¿Cómo pudiste haberle hecho eso?
- ¿Qué cosa?
- ¡¡ESO!! Tu sabes que ella está loca por ti, y tu juegas con ella --
- Siempre juego con ella... Con todas Nott, aprende...
- Pero ella no es como las demás, yo te lo estoy diciendo. Con el tiempo aprenderás a amarla, y a darte cuenta de que ella es diferente. Las demás son idiotas, son fáciles y se dan por vencidas al instante. No les importa si tu estás con ellas y con un millón más, se sienten contentas al estar contigo... En cambio Hermione... Hermione te hace sentir que tienes que estar solo con ella, porque de otra manera le estás siendo totalmente infiel, sientes como si fuera el fin del mundo y --
- ¿ESTUVISTE CON GRANGER, NOTT? – le preguntó Draco, su cara se había tornado roja, estaba furioso. Hermione era solo de el. Theodore sonrió.
- No, pero provoqué la reacción exacta que quería provocar en ti. Esto me demuestra que de veras la amas... – dijo sin dejar de sonreír, pero luego volvió a ponerse serio. Su rostro se volvió tenso y... Temeroso.
- ¿Qué diablos te pasa ahora? – preguntó su amigo pasándose una mano por el cabello, exasperado.
- Es acerca de... Hermione – explicó apenado Theo.
- Ah... Eh, Theodore, lo siento... Pero no me interesa Hermione, por el momento, no quiero saber nada más de --
- ¡¿QUÉ NO ENTIENDES?! Está... – quiso decir "herida", pero no le salieron las palabras - Mal. Muy mal, y --
- ¿Qué le pasa? ¡¿QUÉ LE PASÓ THEODORE?! ¡¡DIME YA LO QUE SABES, DE OTRA MANERA JURO QUE TE MATO!! – exigió. Lo agarró por el cuello de la camisa y lo aplastó contra la pared. La cara se le puso roja de la ira y furia que tenía. Pero los ojos se volvieron de un color más... Oscuro, como nunca lo habían hecho, eso indicaba preocupación. Theodore nunca lo había visto, pero Draco se lo había dicho en segundo año. Cuando sus ojos se volvían de un color azul oscuro, era porque estaba preocupado y asustado. No sabía porque pasaba, pero no lo podía evitar - ¡¡QUÉ DEMONIOS LE PASÓ NOTT?! ¡¡Respóndeme de una maldita vez por todas!! – gritó.
- ¡Hermione!, ¡¡Hermione!! – entró en la enfermería gritando, con los ojos abiertos como platos. Se dirigió a la recepción - ¡Estoy buscando a Hermione Granger, necesito que me digan donde está! ¡De inmediato! – exigió aferrándose a la mesada, en la cual se encontraba la recepcionista de la enfermería.
- Una de las enfermeras está hablando con ella, en momentos se encontrará disponible, Sr. Malfoy – informó la mujer, que sin importarse demasiado por Draco siguió escribiendo. Malfoy golpeó violentamente la mesa y fue en ese momento cuando la señora levantó la vista, sorprendida.
- NECESITO HABLAR INMEDIATAMENTE CON ELLA – gritó Malfoy.
- Un segundito, por favor – pidió. Se levantó de la silla detrás de la mesada y desapareció por una pequeña puerta.
- Hermione, estás hirviendo de fiebre. No se que te pasó, hace poco tiempo también te había dolido la cabeza, pero no tenías fiebre. ¿Te caíste de alguna parte? – Preguntó Madame Pomfrey. Pero Hermione estaba con la vista perdida en el techo, cerró los ojos, harta. Hacía unos minutos una enfermera le había estado haciendo preguntas incesantes y molestas. Ahora era el turno de Madame Pomfrey.
- No señora, por décima vez, no... No me caí de ningún lugar – respondió con aire cansino, mientras que se restregaba los ojos con las manos hechas puños. Estaba, en realidad, a medias mintiendo... El pasadizo que había tomado para ir a ver a Draco a la lechucería tenía la caída del techo del lago al suelo. Pero no podía ser por eso, por dos razones. Primero que nada, porque la cabeza ya le había estado doliendo desde unos minutos antes de salir de la Sala Común. Y segundo, porque ninguna otra vez antes, (y ya había tomado ese pasadizo muchas veces) le había pasado eso. Aunque le pareció recordar que esa misma noche el techo estaba un poco más elevado, o el piso más... Hundido. Serían solo ilusiones, efectos secundarios por la pérdida de sangre... Sangre. Hermione hizo una mueca de asco. A continuación, bostezó.
- Estás cansada... Te daré unas pastillas para dormir, ¿de acuerdo? – dijo la enfermera. Hermione asintió, todavía con los ojos cerrados, mirando al techo. La anciana mujer hizo unos golpecitos con su varita en la mesa de noche, al lado de la camilla de Hermione y aparecieron, en un frasquito de vidrio color marrón vívido unas pastillitas. Destapó el frasco y dejó caer dos sobre su mano, las pastillas eran circulares y tenían unos ojos dibujados en el centro de cada una, estos se cerraban y se abrían a la par.
- Tómalos cuando los ojos estén cerrados.
Hermione recogió la rosa de la mesa de noche a su lado derecho. Notó que al tallo de la flor había una pequeña nota... Era, claramente, de Draco, ilusionada la abrió.
Granger,
Un pequeño aviso, no te creas que me importas... Todos estos días he estado comportándome de esta manera
Tan solo por una simple y estúpida apuesta, lo siento... Pero esta acabó, así que no
Estaré más contigo, no me reuniré contigo en las noches, ni en los días. Espero que aguantes
Sin morirte, bueno... A decir verdad, no me importa
Si lo haces o no, solo te avisaba, para que no te hagas falsas ilusiones
Ni nada por el estilo. Ya se que te pondrás a llorar cuando leas esta carta. Dios, ¿de verdad creías
Qué yo, Malfoy, me podría sentir atraído a una sangre sucia como tú? ¡JA!
Buen intento, bueno... No hace falta que me alcances mi abrigo, le diré a Theodore que me lo traiga, así que ni te molestes, si lo haces... No creas que te iré a dar las gracias.
Hermione no lo podía creer, había caído en su estúpida trampa... ¿Cómo podía creer que Malfoy gustaba de ella? Que idiota que había sido, el amor la había cegado. "Amor", no existía tal cosa. Y menos cuando se está hablando de Malfoy, Draco Malfoy. Pero lamentablemente ella había caído en un pozo sin fin, y no podía salir de el. Ni en ese momento, en el que se había enterado de toda la verdad, no podía trepar por las paredes del pozo. Si trataba de llegar a la superficie, se resbalaba en el intento. Dejó caer unas cuantas lágrimas. Enfadada agarró las pastillas y se las tragó.
La enfermera volvió a los minutos y se encontró a Draco, impaciente dándole pequeños golpecitos a la mesada.
- ¿Y?
- La enfermera terminó ya hace unos largos minutos, pero en estos momentos Madame Pomfrey dice que la niña necesita descansar.
- ¡¡Me importa un bledo la señora Mombrey!!
- Madame Pomfrey... – corrigió.
- Da igual, ¡NECESITO VER A HERMIONE!
- MIRE, SEÑOR MALFOY, "SEÑORA MOMBREY" ESTÁ CUIDANDO DE LA SEÑORITA GRANGER, ASÍ QUE EXIGÓ MÁS RESPETO! – se levantó del asiento bruscamente, dejando que la luz que entraba por las ventanas marcara sus hundidas y viejas facciones. Tenía la cara cubierta de arrugas. Tenía la pinta de una anciana que llevaba muchos días comiendo nada más que dulces. Estaba gorda como uno de los cerdos que cuidaba Hagrid, y los anteojos que llevaba la hacían parecerse a Dumbledore, al igual que sus bigotes. Luego, el tono de su voz fue bajando a medida que, más calmada, se iba sentando nuevamente - Es mi último aviso, o no podrá verla ni siquiera cuando esté despierta a su querida Hermione – amenazó la robusta señora, y volvió a escribir en el viejo y arrugado pergamino. Al decir "a su querida Hermione" un escalofrío recorrió la columna dorsal de Draco. Se preguntó si estaba haciendo lo correcto al ir a visitarla. De todas maneras, ella no se enteraría nunca que el había estado ahí. De seguro que estaba durmiendo.
- Mire, señora... Necesito, por favor que me deje ver a esta chica, le juro que es importante para mi, muy importante – pidió amablemente Draco, la señora le dio una pequeña sonrisa y lo miró con ojos tiernos.
- No la despierte, en lo posible.
Draco se dirigió a las puertas de cristal, se frenó ante ellas, tomó una bocanada de aire y entró. Buscó con la mirada a Hermione. Allí estaba, justo como lo había dicho la recepcionista, descansando. Emocionado, contento, pero aun así un poco asustado se dirigió a ella, apresurando el paso. Se arrodilló en el piso frente a su rostro. Parecía un ángel. Sus ojos estaban rojos, ¿habría estado llorando? La luz de la ventana le iluminaba el rostro, haciéndolo más blanco de lo que le había dicho Nott, en consecuencia de la pérdida de la sangre. Esto hacía que sus rojos labios resaltaran, como lo habían hecho la noche anterior. El castaño cabello, del cual, algunos mechones se veían dorado a la luz de la ventana. Tenía pelo cayéndole por el hombro opuesto, sobre el que estaba recostada. Los hombros se dejaban ver un poco por la bata que le habían puesto, aquellas pecas que tan loco lo volvían a Draco lo volvieron loco, y sin poder evitarlo, le acarició la cabeza. Suavemente le corrió unos mechones que tapaban su rostro. Su tranquila y lenta respiración transmitían un inmenso sentimiento de... "paz" a Draco. Las pecas se extendían sobre toda su nariz y hacia sus mejillas. El rubio llevó una de sus manos hasta los pálidos pómulos de la muchacha, y lo acarició delicadamente. De repente, una helada mano agarró la suya bruscamente, al mirar los ojos de la muchacha notó que estaban entreabiertos y la mirada era fría.
- Hermione, estás despierta. ¿Qué fue lo que te pasó? – le preguntó, con los ojos, nuevamente, oscuros. De un oscuro azul. Estaba asustado y preocupado, pero más lo hizo al ver la mirada de la muchacha.
- No se, dímelo tú. ¿Qué demonios haces aquí? – le preguntó en un tono descortés. Apartó la mano del muchacho de su cara de una manera violenta, pero el casi ni se enteró -, ¡¿eh?! – Draco se levantó del suelo y se sentó en la cama al lado de la de Hermione.
- Vine a ver como estabas, Theodore me dijo que estabas aquí y yo, me... Me preocupé --
- ¡Pffffff! Si, claro. Dime Malfoy, ¿por qué me mientes?, o mejor aún ¿para qué? ¿Qué sentido tiene querer seguir engañándome si sabes que ya se la verdad. Ya se lo que piensas verdaderamente de mi. Una sangre sucia... pensé que eso había cambiado, no se como pude ser tan estúpida – dijo, con una pequeña risa irónica – ahora, si me disculpas, no hables, y vete. Quiero descansar, lo necesito. Y estarás muy contento al enterarte que te voy a dejar en paz, porque no te necesito a mi lado para poder dormirme – le espetó en un descorazonado y frío tono, agarró la carta y se la tiró en el rostro, lleno de furia y decepción, por parte suya, de Malfoy. El Slytherin la tomó por el brazo, Hermione no pudo evitar soltar un gemido de dolor.
- ¡Me lastimas, idiota! – se quejó la muchacha.
- ¿Por qué diablos me tratas así? ¿qué fue lo que hice para merecerme esto?
- ¿Qué me crees estúpida? Ya leí tu cartita, Malfoy...
- Si, ¿y? – le preguntó en un tono, mitad sarcástico, mitad serio. Hermione se echó a reír.
- Que ya la leí, te digo que leí las estúpidas verdades que escribiste ahí.
- ¡¡Dios, Granger!! De veras que eres estúpida, ¿no te diste cuenta aún?
- No, y no quiero – Draco no pudo contener una carcajada, la chica se estaba tratando de hacer la inteligente y astuta, y como no sabía de que le hablaba Draco decía cualquier cosa.
- Ni siquiera sabes de que estoy hablando – la reprimió entre risas.
- ¡SI QUE SÉ DE QUE ESTÁS HABLANDO! – gritó Hermione.
- ¡NO, NO LO SABES! ¿Sabes porqué demonios te escribí la carta esa?, ¿sabes por qué estuve hablando contigo estos días?
- Por una estúpida apuesta, ahora, si no te molesta. Déjame sola, no me interesan ni tus explicaciones, ni tus disculpas – ladró Hermione, con esto se dio vuelta y se durmió. Al instante, parecía casi broma. Malfoy agarró la carta y la dio vuelta. Escribió en el pergamino con una pluma que había en un cajón de la mesa de luz correspondiente a la cama de Hermione, la dobló y dio toda la vuelta a la cama, hasta quedar frente a frente con la cara de la Gryffindor. Abrió con muy poco esfuerzo la mano de Hermione y puso ahí la carta. La sostuvo, firme pero tiernamente. No podía dejar de odiarla, pero al mismo tiempo, no podía dejar de amarla... Soltó la mano de Hermione y se largó.
Hermione se levantó, no se había dormido, solo lo había fingido, abrió la mano, esperando encontrar un largo mensaje que dijera algo como "Lo siento, pero te amo y esa es la razón de mi comportamiento" o alguna cursería así, al contrario. Encontró un mensaje corto e indiferente,
Hablamos de esto luego, dirígete a la lechucería y mándame un mensaje diciéndome cuando llegues.
Justo, luego de unos minutos después de ella haber arrugado y tirado la carta al piso, entró Madame Pomfrey con un paso apurado, su constante gesto de preocupación y miedo permanecía en su rostro, y llevaba una botella color púrpura apagado en la mano.
- Srta. Granger, ¿le duele algo? – le preguntó, cuando estuvo al lado de ella. Se fijó si tenía fiebre y luego retiró su mano.
- No, me encuentro perfectamente... – aseveró, con la mirada en la pared que tenía enfrente, no movía los ojos, tenía los dientes apretados y una furia interna era lo único que la hacía saber que todavía podía sentir. Pero Madame Promfey siguió con el ceño fruncido y los ojos abiertos, sorprendida de que la fiebre hubiera parado. Justo cuando iba a dirigir su mano a la frente de la niña nuevamente, Hermione le agarró el brazo fría y firmemente – De verdad – le aseguró con una leve fría mirada – lo siento – se perdonó, y la soltó suavemente.
- Está bien – dijo, y se marchó. Dejándola sola. Las noches pasaban lento, muy lento... Ron y Harry la habían ido a visitar, pero justo en el momento que habían llegado ella estaba durmiendo. Le sorprendió que ellos no hayan estado junto a ella todo el tiempo, no le dio importancia. En ese momento solo podía pensar en el idiota de Malfoy. Otro día más en aquel infierno, otro más y luego se podría ir. A la noche, la oscuridad y la soledad la envolvieron en las sábanas negras de tortura. Nunca antes había tenido tantas pesadillas, lo peor era que no estaba conciente de ellas. Sabía que algo malo estaba pasando, pero no se daba cuenta de que estaba dormida, sentía como si todo lo que pasaba era real, pero al mismo tiempo... No podía ver... No podía ver nada, menos la perfecta y al mismo tiempo torturadora imagen de Draco acariciando su mejilla...
