Espero qe les esté gustando a todos la novela ..

Sorry qe tarde tanto, siempre con todas, pero es qe... tengo demasiada tarea en el colegio .. :S Los qiero a todos !!

Capítulo XIII: ¡A la enfermería, idiota!

By R.Martínez

¿Sabría Hermione que el le había salvado la vida? Ni siquiera sabía si recordaba quien era el, ni siquiera sabía si ella sabía quién le había salvado la vida... No se había enterado de nada de ella... Pero no podía ir a la enfermería, si ella no recordaba lo pasado la noche anterior... Tal vez, lo más probable era que se enojara aún más con el... Y no sabía porque, pero... Esta vez, sentía vergüenza...

- Te tienes que controlar Draco... No puedes comportarte así solo por... Ella – se dijo a si mismo, se sentó en la cama y hundió el rostro en sus manos – por lo menos deberías esperar... No lo sé, unas horas... Tal vez... – repitió, pero luego empezó a reír – Que diablos...

Se levantó y salió de la sala común.

Hermione estaba durmiendo, recordando la noche pasada... ¿Quién la había salvado? En sus sueños aparecía como su salvador, Malfoy... Pero era imposible, ellos dos estaban peleados y el no la amaba... No le importaba... Nunca le salvaría la vida. La cabeza le volvía a doler, pero a ella no le importaba... No podía sacarse a Draco de su cabeza, por más que lo odiara, era un estúpido... Siguió sumergida en un sueño de mentiras...

Draco se arrodilló frente a la camilla en la que ella estaba acostada... Allí estaba, durmiendo... Tan hermosa, tan delicada como siempre... Su rostro se veía relajado, y sus labios revelaban una pequeña sonrisa, se notaba que estaba soñando algo... Tenía el pelo suelto y los mechones estaban esparcidos no por toda la almohada, sino por que se escurrían por sus hombros, sus pecosos hombros... Su nariz también estaba llena de pecas. Y sus cejas, sus delineadas cejas, perfectas... Aquellos labios... Aquellos labios que tan pocas veces había probado, pero que tantas veces querría haberlo hecho y nunca lo había logrado... La tentación que tuvo que contener en ese momento por no despertarla fue gigante... Tenía ganas de agarrarla delicadamente, tal como ella lo era y despertarla, para poder ver sus hermosos y castaños ojos... Se había quedado absorto en ese momento, en su cuello... Era perfectamente suave, y tenía una forma al igual que todo en ella hermosa... Tenía las manos cerca del rostro, una apoyada sobre la almohada, boca abajo, y la otra en la mejilla, mostrando la palma hacia arriba. Se repente, notó que unos hermosos y atentos ojos lo estaban mirando...

- Hermione – susurró sobresaltado -, estás despierta...

- ¿De veras?, no lo había notado... – añadió sarcásticamente, se restregó los ojos tiernamente, y se acomodó en la cama. Se mordió el labio inferior, y cerró los ojos...

- Hermione... – llamó, ella lo miró de reojo con ojos fastidiados, apenas moviendo la cabeza de lado – Lo... Lo siento... – continuó apenado... Miró al suelo – sé que piensas que no... Que no siento nada por ti, pero... – le costaba... Todavía le costaba decirle la verdad, nunca lo había hecho con nadie, y el sabía que ella no se dejaba engañar fácilmente... – Dios – bufó, pasándose una mano por el rubio pelo. La muchacha tomó una mano de Draco y lo miró con una mirada tierna... Sin que el lo notara, se sacó el anillo.

- Malfoy, no me interesan tus disculpas, así que... Si quieres irte... No hay cuidado, ya me enteré que todo eso era una apuesta en la que yo caí, así que... – abrió la mano de Draco y dejó el anillo allí. El perfecto círculo yacía en la mano de Draco, como una marca de un cigarro, que lo había quemado, y era esa misma sensación... Quemar, lastimar, doler, matar...

- ¿Por qué me haces esto? Me... Me haces daño, y lo peor es que no se por qué, pero --

- ¿Qué no sabes porque? ¿Qué eres idiota? ¿Acaso no escuchaste lo que tú me hiciste a mí? – Preguntó con una sonrisa burlona en el rostro Hermione - Me usaste Malfoy, me hiciste creer que me amabas y yo como una estúpida me lo creí... Y encima de todo, yo nunca me había enterado, pero sigues con Pansy, y para tu información... Eso es lo que más odio de todo... Así de veras me amas como estás tratando de fingirlo, mentirlo o lo que sea que estés tratando de hacer... Ayúdame a olvidarte, a borrarte lo más rápido de mi vida, y... Y déjame sola – pidió Hermione – aparte... Piénsalo bien, estás tratando con una sangre sucia aquí... Nosotras, jugamos sucio también - y sin dar tiempo a Draco a protestar, se dio vuelta y se durmió...

- Como quieras – bramó Draco, furioso. Salió del lugar y se fue nuevamente a la Sala Común. No había nadie, no notó la presencia de nadie, hasta que una voz lo detuvo,

- ¡Draco! – este se dio vuelta...

- ¿Qué quieres Pansy? – le preguntó irritado, dándose vuelta...

- Estaba pensando, hace mucho que no hablamos... Y que no hacemos nada interesante... – le dijo tironeándole juguetonamente de la corbata. Levantó la ceja seductoramente y sonrió.

- Mira, Pansy... Eh... – comenzó, pero luego el aqueó la suya al igual que Pansy y sonrió maliciosamente de lado Si Hermione juega sucio, yo también puedo pensó. La agarró fuertemente por la nuca atrayéndola a el, la besó con todas sus fuerzas, haciéndole daño... Quería desquitarse con ella, lo que no había podido desquitarse en Hermione... Pansy le devolvió el beso, cruzando sus manos por el cuello de el...

Como lo hacía Hermione... Luego, también, frenó un segundo para respirar...

Como lo hacía Hermione... Pero, a pesar de esas similitudes en ellas dos, tan solo en eso, Pansy no besaba con ternura ni con delicadeza,

Como lo hacía Hermione... Era inevitable pensar que Hermione era hermosa en todos los sentidos, mientras que Pansy, también... Pero ella nunca sería como Hermione. Esta última era sensible, cariñosa, atenta, considerada, y sobre todo... Perfecta. Respecto a lo emocional y físico. Pansy lo era también, pero no tenía la personalidad de Hermione. Tal vez fuera más seductora que ella, pero no tenía el sentimiento que Hermione tenía hacia el... Nunca lo tendría. En ese momento se dio cuenta, que aunque Hermione fuera sangre sucia, Gryffindor, y aunque en esos momentos estuviera siendo distante y fría con el, lo hacía para darle una lección a Malfoy. Pero el no se podía dejar vencer por eso, el no se arrastraba hacia nadie... Todas iban a el, seguiría con el plan, por más que supiera que nadie nunca lo amaría ni lo haría sentir,

Como lo hacía Hermione...

Draco se separó de ella, y la miró a los ojos, trató de mirarla como si la amara, claro que ella se lo creería... Nunca se separaría de el, y cuando el estuviera listo para volver a algo con Hermione o a, tal vez, olvidarla, se la sacaría de encima como lo hacía con todas... Sacó el anillo de Hermione de su bolsillo y se lo dio.

- Esto es para que nunca me olvides y para que lo muestres por ahí, presumiendo, ¿quieres? – le preguntó, mientras le tomaba el rostro gentilmente y se lo daba. Le sonrió sinceramente y secó con su manga una de las pocas lágrimas que Pansy había dejado caer... La abrazó y le dio unas palmaditas en la espalda – Ya, ya... No llores, no fue mi intención – le susurró al oído, tratando de tranquilizarla...

Justo como lo haría con Hermione...

Solo que Pansy no le importaba mucho. Hermione si...

- Dios... – suspiró Hermione... Estaba cansada de Draco, de el y de todas las cosas que pasaban entre ellos dos... Se tiró en su cama del cuarto de Gryffindor, al fin... Al fin en casa. Su cuarto le transmitía tal tranquilidad que hacía que los libros, el estudio, y tal vez hasta sus amigos en sus momentos más tranquilos, significaran un escándalo para ella... Un escándalo, un ruido insoportable... Parecido a un sonido molesto, todo el tiempo ahí... Así era como se sentía con esas cosas, siempre igual... Su vida, siempre era igual... Pero esos últimos días había cambiado y Draco suponía gran parte de ese cambio. Solo que Draco, era diferente a los libros, el estudio, sus amigos, sus amigas, su vida... El siempre la sorprendía y cada vez cambiaba más... Draco no era ruido, ni sonido... Era algo más, tranquilo, algo de lo que Hermione nunca se cansaría... Música... Como ese tipo de canciones que uno no se cansa de escuchar nunca... Siempre descubre algo que la última vez no había notado, o siempre se sorprende con detalles que resultan ser encantadores, pero que nunca fueron muy bien mostrados, bueno... Así, ella se sentía con Draco... Nunca se cansaría de el, lo amaba, y nadie podía negar eso... Ni si quiera ella...

- Hermione... ¿estás bien? - llamó Harry a la puerta. La castaña no había notado pero su amigo estaba allí desde hacía ya unos minutos...

- Oh, sisi... Es solo que... Eh, no te había escuchado Harry, lo siento - se disculpó.

- Tenemos que ir a clase de pociones, ¿vamos? - la incitó el moreno.

- Oh, si, claro. Esperame que tengo que agarrar mis cosas e iré en unos momentos - pidió, Harry la miró cariñosamente por el hueco de la puerta y asintió. Salió del cuarto dejando sola a Hermione. Esta se levantó de la cama con los ojos humedecidos y guardó todos sus libros en una mochila que tenía. Miró por la ventana, estaba nevando. Ahora que lo notaba, hacía bastante frío y ella aún así, con la ropa que tenía que era la normal, no estaba desabrigada, pero tenía frío. Agarró un par de buszos y una bufanda que había regados por el suelo.

- ¿Lista? - preguntó Harry.

- Si - Hermione la miró con una sonrisa triste mientras se frotaba 'los guantes'.

- Estás preciosa Hermione - le dijo Harry con una sonrisa sincera.

- Gracias Harry - agradeció un poco sonrojada y siguieron caminando.

- ¿Todavía no sabes que fue lo que te pasó el otro día en la cabeza? - inquirió disimulando un poco. Tenía la leve impresión de que la última vez que le había preguntado Hermione no le había dicho la verdad.

- Eh... No. No recuerdo nada que me haya pasado para poder haberme lastimado de tal manera - mintió Hermione. Aunque en realidad no estaba del todo segura qué le había pasado, podría haber sido la caída a la lechucería, pero no podía estar segura de nada.

- ¿Segura? - se aventuró no muy seguro.

- Segura - afirmó Hermione - gracias por preocuparte de esa manera por mi Harry - agradeció y lo abrazó. El chico se sorprendió un poco, no esperaba aquella reacción de la castaña, pero era su amiga, y no iba a rechazarla ni nada por el estilo. La abrazó fuertemente, protegiéndola del frío que se filtraba por las ventanas de los pasillos del colegio.

- Dios... Que cariñosos que son... Me conmueven. Deberían buscarse un cuarto - dijo una voz fría.

- Dios, Parkinson. Ya sufrimos bastante con tu existencia, ¿hace falta que aparte de existir te cruces en nuestros caminos todo el tiempo? - dijo Hermione molesta.

- ¿Quién te crees que eres Granger? No eres más que una sangre sucia y --

- Callate antes de que te mate Parkinson - Harry sacó su varita de la túnica y la clavó en la garganta de Pansy, a esta se le llenaron rápidamente los ojos de lágrimas. Harry sintió un brazo colgandose suavemente del suyo.

- Déjala Harry, no vale la pena, aparte... - comenzó Hermione, pero no completó la frase por dos razones. Porque Pansy la había interrumpido y segundo, porque notó algo muy peculiar en la mano de Pansy. Era... Un anillo, cosa simple. Pero un anillo al fin, le sonaba familiar. Parecía el que... No, no podía ser. No, no había manera alguna de que eso fuera verdad. Pero, sin embargo, Hermione pudo notar como una serpiente se movía sin cesar. El dolor, el dolor había vuelto. Pero esta vez no era en la cabeza, ni en la sien, era en el pecho. Exactamente en el lado izuierdo del pecho, el corazón ¿Cómo podía haber hecho eso? La chillona voz de Pansy seguía sonando atrás, pero el sonido había desaparecido. Antes de que ella misma se diera cuenta estaba apuntando al pecho de Pansy con la varita de Harry, quien estaba estupefacto.

- Dime ya Parkinson, ¿de dónde sacaste ese anillo? - le preguntó Hermione violentamente.

- ¿Y a ti qué te importa?

- ¡¡DÍMELO YA!! - vociferó hundiendo aún más la varita.

- Me lo dio Draco, ¿qué diablos te importa? - preguntó mostrándole el anillo. Hermione hizo un gran esfuerzo por contener las lágrimas, pero lo logró.

- Oh, pensé que... Era otra cosa - comentó con una triste expresión en el rostro.

- Bueno, pensaste mal, ahora si me disculpas tengo cosas más importantes que hablar con una sangre sucia - se disculpó sarcásticamente, y se largó, empujándola. Pero Hermione no reaccionó, tenía la mirada perdida en el vacío, y los ojos anegados en lágrimas.

- Hermione, ¿te encuentrás bien? - preguntó Harry sacándola de sus pensamientos.

- ¿Eh? Oh, si... - mintió levantando levemente una ceja.

- De acuerdo, vamos... Que tenemos que ir a pociones.

- Oh, pocion-- - no podía ir, Draco estaría allí. En esos momentos no podía enfrentarse con nadie, ni mucho menos con el... Apenás lo viera, se largaría a llorar, y tenía que ser fuerte - eh... Yo, no quiero ir Harry, ¿podrías decir que me siento mal? Te iré a... "Buscar" cuando salgas.

- Pero, ¿te sientes mal de verdad Hermione?

- No, pero... Tan solo no quiero ir... - dijo Hermione - muchas gracias - terminó. Y sin ninguna palabra más se marchó, lentamente. No volteó para ver a Harry ni nada parecido, tan solo siguió caminando. Justo cuando dobló la esquina se encontró con una persona... Si, con el. Lo miró a los ojos casi sin levantar la cabeza, los ojos se le llenaron rápidamente de lágrimas, para evitar que siquiera una se resbalara por su mejilla miró al cielo, con los ojos cerrados. Malfoy no sabía que le pasaba, solo la miró. Estaba más hermosa que nunca, era tan estúpido, ¿cómo podría haberla dejado ir? Pero tenía que ser fuerte, debía seguir con el plan y cuando ella volviera a el sería todo mucho mejor.

- ¿Qué haces Granger? ¿Es que no te olvidas de mi, y por eso lloras? - le gritó al ver que se iba alejando - ¿O es que ya viste el anillo? - dicho esto, Hermione se detuvo en seco. Draco sonrió satifactoriamente. Hermione se volteó. Abrió la boca, pero no salió nada de su boca. Ni siquiera un suspiro.

- Olvídalo - susurró con una triste sonrisa. Se dio vuelta y siguió caminando. Draco pensó nunca haberla visto tan hermosa, tan triste y nunca creyó haber oído su voz tan dulce. Como el brillo y el aroma que irradiaba de ella. Era un aroma que Draco adoraba, y que la hacía única además de todas las cosas. Un olor... Miel y Caramelo. Una mexcla exótica, todas las chicas con las que el había salido apestaban a flores de los lugares más tontos que existían, pero ella era simple. Sus labios eran tan delicados que parecían estar hechos de azúcar. Miel en toda su suave piel, y Caramelo en su suave y castaño pelo. Un escalofrío recorrió toda su columna, dejándolo con una sensación agria y fría en la boca. Debía ser fuerte, ¿qué demonios le pasaba? No era así con nadie, ni siquiera con Pansy cuando de verdad la quería.

- Dios - sacudió su cabeza, para alejar todos aquellos pensamientos de su cabeza y se largó hacia las mazmorras.

Aquella clase de pociones a Draco se le hizo más larga, más aburrida y más simple que nunca. No se la podía sacar de la cabeza, la imagen de ella con los ojos llenos de lágrimas, de ella como la había visto hacía unos minutos se había perforado para siempre en su mente. La tristeza que la aislaba de todo lo demás llegaba al pecho de el también. Observó su anillo, alli estaba el león. Con su gran melena. Estaba descansando, no de la manera en la que estaba la última vez que lo vió, no estaba muerto. Estaba tan solo tranquilo, con una sonrisa en el rostro y acostado allí... De repente Draco notó como este abría lentamente los ojos y le dedicaba una mirada salvaje, como si estuviera viendo a una presa y como si fuera a atacarla. Pero lo único que llegó a hacer fue soltar un bufido y acostarse dándole la espalda. Draco frunció el ceño, ¿estaría Hermione tan enojada como para ni siquiera hablarle? ¿cómo para ni siquiera verlo?

- No, no puede ser... - escupió por lo bajo entre angustiado y enfadado. Miró al frente y vio a Snape explicando cosas. Palabras sin sentido. Oraciones sin interés. Movimientos sin gracia. Pensamientos sin sentimiento. Miradas sin calidez. Así era todo cuando estaba lejos de Hermione. Ya empezaba a decaer, necesitaba estar cerca de ella, pero al mismo tiempo, debía estar lejos de ella. Al estar cerca de ella, se hacía daño, y al estar lejos de ella también. Era tan todo tan complicado, ¿no podía ser todo un poco más simple? La repuesta era no. No, tan solo no. Nada podía ser simple, nada podía ser normal, nada podía ser fácil, y menos cuando se trata del amor. Menos cuando se trata de una pareja como ellos dos. No había pasado mucho tiempo desde que se habían... 'conocido', pero sentían como si fueran millones de años. Conocían todo el uno del otro, y todo lo que sabían les encantaba. Todo, gestos, expresiones, vicios, tics nerviosos, las voces, los ojos, los labios, las miradas... Los besos, las caricias, las verdades que se decían, o que creían decir... Todo. Al igual que las mentiras y la frialdad que había entre ellos dos podía ser tan fuerte como la cálidez que compartían, eran los dos hermosos, simples, pero hermosos. Todo lo que estaba conectado con ellos dos era hermoso. Ellos sentían que era hermoso, y claramente lo era. Pero la distancia cada vez parecía más grande, aunque solo hubieran pasado unos días.

- Eso es todo por hoy - comenzó Snape - ahora, ¡lárguense! - aulló el profesor, con su típico tono de superioridad - Draco, ven un segundo - ordenó mientras que sin quitarle la mirada de encima iba hacia su escritorio y se sentaba. Agarró una lapicera y comenzó a escribir, esta vez sin mirar al muchacho, con la mirada fijada en el papel.

- ¿Qué quieres Severus? - preguntó respetuosamente Draco.

- ¿Estás de mal humor hoy? Porque entonces tal vez no sea el mejor día para hablarte de lo que quie--

- ¡No estoy de mal humor! No dije nada malo, ¡dios que insoportable! No estoy de mal humor, dime lo que me querías decir - dijo Draco despeinándose nerviosamente. Lo único que Snape hizo fue levantar la mirada y mirarlo fríamente pero con una sonrisa burlona en los labios, aunque cuando empezó a hablar esta desapareció.

- Tu padre, me dijo que te diga que tu madre está un poco enferma - explicó Snape, su rostro se tornó en una mirada seria, y el de Draco adaptó una expresión tensa y enojada.

- ¿Dijo porqué? - inquirió todavía con paciencia.

- No - soltó el maestro. Draco apretó las mandíbulas -, pero dice que--

- ¡DIABLOS! - bramó el rubio, golpeando el puño contra la mesa de madera, derramando el frasco de tinta sobre toda la mesa y el pergamino de Snape, quien lo miró cansinamente.

- ¿Era necesario? ¿Qué tienes, ocho? - preguntó retóricamente echándose hacia el respaldo de la silla.

- No está enferma, es el pretexto que usa cuando le pasa algo malo.

- ¿Me está diciendo que cuando dice que está enferma es un pretexto para evitar decir que está mal?- bromeó todavía serio, pero con ojos vagos.

- ¡¿Es que no entiendes?! No está tan solo enferma, esta peor que eso, la última vez mamá se enfermo de anemia y casi se muere y me dijo la misma basura. 'Tiene unos leves grados demás de temperatura, nada serio'. ¡Encima yo lo creí! Dios, ¡que idiota! - se lamentó derramándose sobre una silla de madera, frente al escritorio del profesor. Este sacó la varita y limpió el escritorio.

- No se que decirte, no hay nada que pueda hacer, ahora si me disculpás, necesito dar otra clase, pues hace unos minutos que estamos aquí y los insoportables de Ravenclaw y Hufflepuff ya deben de estar afuera - dijo mientras seguía escribiendo.

- De acuerdo, gracias... Supongo - bufó, pateó uno de los pupitres mientras que salía del aula y salió con la cabeza gacha. Sintió unas frías manos sobre su brazo.

- ¡Qué demonios! ¿Qué quieres Potter? - preguntó violentamente, Harry puso los ojos en blanco.

- ¿Has visto a Hermione? - le preguntó.

- ¿A Granger? No, ¿por qué? - respondió imitándolo.

- Porque me dijo que iba a venir a buscarme, pero no la encuentro por ninguna parte... ¿Pero que te importa a ti? - inquirió al ver que Draco parecía interesado.

- No te pregunté por qué me preguntabas dónde estaba, sino por qué me preguntabas a mi - suspiró Malfoy irritado pasándose una mano por el rostro.

- Oh, pues porque veo que tu te quedaste hasta más tarde y tal vez la habías visto. Tal vez habían arreglado para tomar algo - contestó irónicamente - ¡Yo que sé, Malfoy! Porque fuiste el primero al que vi - contestó buscando a alguien con la mirada. Draco miró su mano, tenía al anillo ardiendo nuevamente.

- ¡Potter! - llamó Draco poniéndose frente a el.

- ¿Qué quieres ahora? - dijo.

- No tengo tiempo para estas estúpideces--

- ¿Qué te pasa? ¿Es que te sientes débil para pelear? - comenzó Harry riendo.

- Eres un idiota, Hermione está en la enfermería. Está mal - dijo y miró de reojo su anillo, el león estaba jugando con una mariposa que pasaba, pero de una manera muy débil. Luego, notó que el león notaba que dirigía la mirada a Draco y empezaba a rugir y a mover la cabeza de un lado a otro.

- ¡¿Qué?! ¿Cómo sabes? - le preguntó - Espera, ven conmigo.

- ¿A dónde?

- ¡A la enfermería, idiota!